Gold se sentía asqueado cada vez que recordaba a su antiguo ser. Él era antes de esa forma, no se preocupaba por sus Pokémon, no les importaba el dolor que estos podían sentir, tan sólo quería ganar.

Los veía como Herramientas de Guerra.

Lance apenas podía creer lo que acababa de suceder.

-Creo que entiendo cómo fue que Typhlosion resistió el ataque -Dijo-. Sólo se me ocurre una explicación, aunque jamás creí que llegarías a tal extremo.

-Como ya he dicho -Dijo Gold- No vine aquí para discutir.

Gold había eliminado todo rastro de emoción en su rostro, como si la sonrisa de antes se le hubiese escapado sin querer.

De cualquier forma, Lance ya conocía el truco.

Se trataba de exponer al Pokémon a una o más de sus mayores debilidades. Al principio no funcionaría, pero pasado un tiempo, se suponía que el Pokémon ganaría algo de resistencia al tipo de ataque al que se le esté exponiendo. A según la resistencia aumentaría un cincuenta por ciento, y quedando el daño reducido a la mitad, se le puede usar contra tipos contrarios, como Fuego contra agua en éste caso. Aun así, no hay muchos que quieran entrenar al Pokémon de esa forma, ya que es un proceso muy doloroso, incluso cuando se gane algo de resistencia lo sigue siendo. Por esta razón, sólo existen algunos que usan éste método, los entrenadores más malvados y despiadados: Los del equipo Rocket.

Lance lo descubrió al derrotar no nada menos que 10 miembros del equipo Rocket en su misma guarida bajo tierra, todos ellos usaban el mismo truco. Se imaginó las semanas de dolor que debieron soportar todos esos Pokémon.

«Después de todo si hay un infierno para los Pokémon.»

-Los frutos del esfuerzo, le llaman, ¿no? -Preguntó Lance-. Los Rocket solían llamarlo de esa manera.

-¿Frutos?, no, te equivocas, se llaman Valores de Esfuerzo. -Respondió Gold.

Sus palabras carentes de emoción resonaron por toda la sala.

-Sólo les cambiaste el nombre. Los Rocket no se alegrarán de que les hayas robado la idea.

-Los Rocket ya no existen -Afirmó Gold.

-No todavía. Aún existe un miembro, y de alto rango. Verás, lo tengo justo delante de mis narices.

-¿No te dije que no quería discutir?

-No discuto...Gold, creía conocerte, creía que tenías un lado bueno. Pero me he equivocado. Eres malvado Gold, y no se que será de la Liga una vez estés en el Poder.

Hubo un silencio inquietante. Gold miraba al vacío. Lance pensaba en que clase de cosa dañó la mente y el corazón de una persona tan joven. Gyarados continuaba en el suelo. Typhlosion seguía de pie, aunque esos instantes de descanso parecieron tener efecto pues al Pokémon se le veía mejor.

Un momento después, el silencio fue roto por Lance.

-Hora de continuar. Pero antes, quiero advertirte que desde ahora haré todo lo posible para evitar que te hagas con EL puesto. ¿Entendiste?

Gold permaneció en silencio.

-¡Gyarados, regresa! -Gritó Lance. Con la mano que sostenía la Ultraball al frente. El Pokémon regresó a su Pokéball, y después Lance la dejó caer por un agujero que había en un aparato de forma rectangular con el logotipo del Centro Pokémon a no más de 2 metros de distancia del terreno de batalla.

En menos de dos minutos la Pokéball llegaría a las instalaciones del centro Pokémon de la liga. Las enfermeras lo recibirían y lo curarían al instante, pero un Gyarados en ese estado quizá tardaría uno o dos días en mejorar.

Lance regresó a su puesto de batalla.

-¿Cambiarás de Pokémon? -Dijo Lance- Se ve muy mal, deberías darle descanso.

-Se quedará -Escupió Gold.

-Como quieras, ya sabes que no tendré compasión con él.

«Le daré el golpe de gracia a ese Pokémon -Pensó Lance-. Ese Pokémon se ve muy mal, pero es lo que quiere que piense, seguro tiene otro as bajo la manga que tanto presencié en sus batallas contra los Rocket. Necesito un ataque rápido y efectivo, es una suerte que tenga el Pokémon perfecto para esa labor.»

Buscó en su Cinturón, la Pokéball de su Pokémon preferido, su Pokémon más poderoso, su amigo, con el que compartía gran parte de su tiempo. Más que un Pokémon para él era como parte de su familia.

De su cinturón sacó una Masterball.

Al otro lado del campo de batalla, Gold no se sentía tan impresionado como los otros entrenadores que habían luchado antes con Lance. Gente de todo Kanto hablaba del Pokémon Místico de Lance, el Pokémon que lo llevó al puesto que ahora posee. Lance no había perdido nunca desde que obtuvo ese Pokémon. Un Dragón, un Pokémon único, un Pokémon Legendario. Y ahora ese poder se enfrentaba con el poder de Gold.

Aun sabiendo de ese Pokémon, Gold sentía una extraña sensación, lo invadían pensamientos pesimistas, y sentía ansiedad, mucha. Gold empezaba a sudar. Sus manos temblaban. Y por primera vez en mucho tiempo, sintió miedo.