El Jefe ya casi estaba listo para salir.

"Hoy será el día" -Pensó, mientras echaba un fajo de papeles al fuego. Sus

reportes, notas, y el pasado de la pequeña organización, ahora ardían

junto al renovado ánimo del Jefe. Los días de estar solo en su oficina,

esperando nuevos reportes, ya habian terminado.

"Hoy será el día" -Susurró esta vez.

El Jefe recogía todas sus cosas, las únicas de valor que tenía. Objetos

materiales que garantizaron su entretenimiento por mucho tiempo. A la vez

que hacía eso, escuchaba la radio, como hacía normalmente a esa hora.

"...y la reciente demostración suya, en la cual se reveló un nuevo tipo de

ataque, según él tipo Dragón." -Dijo la adictiva voz de una mujer,

"¿Y cómo fué que lo llamó? ¿'Aotreich'?" -Respondió la voz de un hombre.

"Algo así, ya sabemos que Lance no está muy bien de la cabeza. Smog-On! hace

unas horas anunció que se iban a devatir bien el nombre en nuestro idioma, un idioma

que obviamente no nos acabamos de inventar." -Dijo la mujer.

El hombre se burló.

"Estaremos pendientes a este caso...un caso muy loco. Y para cerrar, debo admitir que

no pude evitar pensar en algo cuando presencié esa demostración pública."

"¿Qué pensamiento puede ser?"

"Imagínate miles de Dragonites utilizando ese ataque por todo Johto y Kanto, pasaría algo

muy parecido a las lluvias esas de meteoritos de los cuentos."

"Jaja, les acabas de dar una buena idea a los terroristas, oops, verdad

que ya no queda ninguno."

El Jefe no supo que cara poner. Después de todo, el una vez fué el cabecilla de una gran

organización, y ahora no era practicamente nadie. Pero su nuevo plan no

incluía ataques de terrorismo, el quería vivir legalmente y sin problemas, cosa

que estaba a punto de lograr. Listo para irse, se dispuso a apagar el radio, pero

se detuvo al escuchar algo de su interés.

"...historia sobre el famoso mito del Campeón de Kanto"

-¿La historia? -Se dijo el Jefe- A esta hora pasan el programa rídiculo de Oak.

"Gracias Mary, creo que ya es hora de que cuente la historia verbalmente, y no

por medio de letras."- Dijo Oak.

"¿Piensa hacer lo mismo con su libro de la historia de GHOST?." -Dijo la mujer.

"Creo que no, es mejor contar una historia feliz y no algo que termine de traumar a nuestros

pequeños. Y bien, es hora de empezar"

El Jefe escuchaba atentamente, era la primera vez que Oak decidía contar otra cosa

aparte de poemas ridículos sobre los Pokémon. Un programa que por cierto era muy

popular, cosa que el Jefe no acababa de comprender.

"El Campeón de Kanto, fué un joven igual que los demás. Obsesionado desde niño por

las batallas Pokémon, decidió dejar la escuela a los 10 años para iniciar su

carrera como entrenador..."

-Ni que fuese algo muy anormal. Tajiri empezó a los ocho.- Se dijo el Jefe.

"...su personalidad era tranquila y solitaria, tampoco hablaba mucho con las personas. Era

un joven muy callado..."

-Cierto, el Campeón ya ha callado por mucho tiempo.

"...y su Pikachu, el legendario, el Pokémon más fiel que tuvo, pues ni siquiera necesitaba

de una Pokéball, y que además nunca evolucionó."

-Porque si lo hacía podía perder su habilidad especial.

"...ambos hacían una pareja perfecta. Derrotaron a todos los líderes de Kanto con

facilidad, debilitando a sus Pokémon de un sólo golpe. En esa época todos

estuvimos de acuerdo con que ese entrenador era el mejor."

-Pero su secreto ya ha salido a la luz.

El Jefe sintió algo vibrando en su bolsillo, asustado, el Jefe comprendió un momento

después de que era su teléfono.

Lo sacó y respondió. Era su Comandante.

-Empleados de Smog-On! a la vista- Dijo.

El Jefe frunció el ceño.

-¿Para eso me ha llamado?

-Usted me dijo que me daría nuevas ordenes en cuanto llegaran, y no sabe cuanto

las hemos esperado todo nuestro personal y yo.

"Se les pagará bien por su fidelidad"- Se dijo el Jefe, aún sabiendo que todo

su equipo estaba con él sólo porque no tenían otro trabajo.

-Por ahora no hay órdenes, pero si le diré algo, estaré allá en los próximos

minutos, así que hagaselo saber a todos.

La voz al otro lado no dijo nada por un momento.

-¿Jefe, va usted a mostrarse públicamente?

-Ya es la hora, pronto todo Kanto me conocerá.

-¿Ahora sí me puede decir que está sucediendo?

-Le repito, lo sabrá más pronto de lo que cree.- Y colgó.

"...la Pokédex que yo mismo le regalé." Decía una voz en la radio.

-Va siendo tiempo de que te calles Oak, y lo digo en serio.- Se dijo el Jefe. Y apagó

la radio, pues sabía que Oak no diría nada que no estuviese ya en su libro.

"Hoy es el día" -Pensó mientras caminaba por los estrechos pasillos que llevaban

hacia la salida. La vía subterránea, en otros tiempos acceso de Ciudad Lavanda

a Azafrán, ahora era la Sede de su organización. Desde que fué cerrada 3 años

atrás, el Jefe lo consideró su lugar perfecto para montar su sede, necesitaba

un lugar oscuro y en donde nadie se atrevería a entrar.

"El Campeón hizo lo mismo que yo"

Toda la mañana había estado llamando a la gente que a según lo iba a apoyar

en su búsqueda, pero ninguno aceptó al fin.

"¿Y cree usted que un ermitaño con pupilas hipersensibles será lo que necesitamos?"- Le habían

dicho la mayoría, los cuales no se creyeron que el Campeón se escondía en la montaña. Pero

hubo una persona lo suficientemente desesperada para apoyarlo: El presidente de Smog-On!

Ahora tenía toda la ayuda que necesitaba, el Campeón ya no podría escapar, y si salía

todos le seguirían el rastro.

"Hoy es el día" Dijo en voz alta. Y abrió la puerta cerrada con llave.

La luz lo atacó.

El cielo iluminado de la ruta 8 era una cosa que el Jefe trataba de evitar, la

luz lo hacía visible y distinguible.

Desde la altura en donde estaba, podía ver Ciudad Lavanda, y el enorme edificio que había

allí, antes la torre de los fantasmas, ahora una estación de radio recién construida.

Al Jefe le parecía irónico encontrase siempre tan cerca de las víctimas de GHOST, y

en donde se encontró el último rastro de aquel Pokémon mítico.

"¿Cómo funciona el Magnetotren?"- Leyó en una pancarta publicitaria en medio de

la ruta - probablemente vayan a organizar una conferencia explicando el uso

del novedoso aparato.

Luego de leer. El Jefe sacó una Pokéball del bolsillo de su chaqueta. Y la

lanzó al suelo.

"Hora de irnos" -Le dijo a su Pokémon volador, y ambos alzaron vuelo hacía

el Monte Silver.