Gold tosió y se encogió más en la roca, sabía muy bien por qué, había cogido un

resfriado. Le dolía la garganta, la cabeza, el ojo le ardía cada vez más, y

tenía dolor de estómago.

"Estando tan cerca."

Gracias a Typhlosion iba ganando, el obsequio del Profesor Elm resultó ser su

tiquete a la victoria. El Pokémon de Fuego conocía los ataques necesarios para

atacar con fuerza a todo lo que se le viniera en frente. Con el brazo derecho:

Frío, con el brazo izquierdo: Electricidad, su fuerza física: Tipo Normal, su boca:

Fuego. Limitado en 4 elementos, Typhlosion era el Pokémon más versátil

de su tipo. Pero ya era hora de hacerlo descansar.

-¡Ty...typhlosion...debes re-regresar!

Typhlosion lo miró con fiereza. La respuesta era no.

-No le hagas caso Gold, puede morir. -Sugirió el Campeón.

Gold no le escuchó.

-Typhlosion, ¡regresa!

El Pokémon gruñó en desacuerdo, y desvió la mirada.

-¡No me jodas! -Dijo Gold levantando su Pokéball- ¡Regresa!

Y en un destello rojo Typhlosion entró en su Pokéball.

"Sé que me la cobrarás después."

-Eso significa que tu primer Pokémon está fuera de batalla. -Afirmó el Campeón.

-Sí...

"No le da ordenes a sus Pokémon, y eso es una ventaja para mí."

Hace un momento el Campeón decidió romper su norma y le dio la última orden a Charizard,

quien obedeció al instante. ¿Seguiría con el mismo juego o tomaría las cosas en serio?

Eso estaba a punto de verse.

El cabello castaño del Campeón ondeaba por el viento, y retiró la mano de su bolsillo

para decir.

-Bueno Gold, lo mejor viene para el final. Mi tercer Pokémon es el más poderoso,

perfecto, jamás ha sentido dolor, nunca ha sido herido...

"¿Cómo?"

-¿Te suenan las palabras? Deja que te lo muestre de una buena vez, antes de que caigas

desmayado.

Gold temblaba por el frío, o eso quiso, lo que sentía era miedo.

El Campeón levantó una Pokéball: una Masterball, pero esta era distinta, tenía un color más

antiguo, más clásico.

El Campeón, con mirada fría, lanzó la extraña Ball y esta estalló en el aire, algo

todavía más extraño salió de ella.

Gold temblaba el doble que antes y todo color desapareció de su rostro.

-¡P-pero...qu-e es eso! -Balbuceó.

Ese Pokémon era una mancha de color morado, parecido a una sábana, y flotaba en el

aire. Dos ojos rojos miraban a Gold malvadamente, como inyectados en sangre.

-Gold, te presento a GHOST.

A cientos de metros de allí, una figura encapuchada se terminó de beber una soda, y

tiró la botella al suelo lleno de hierba. Miró el coloso que tenía en frente, y echó

una mirada a su reloj de bolsillo.

"Ya es hora de irme."

Aleteos de aves se oían por todos lados junto con voces llenas de autoridad, y el cielo se llenaba

de nubes, era probable que empezara a llover pronto.

El Jefe sacó la Pokéball del bolsillo de su chaqueta, y la lanzó al suelo.

Su Pokémon volador apareció, atrayendo de nuevo la mirada de varios empleados.

"Yo tampoco me canso de verlo."

Lo montó, y volvió a llamar a su comandante. Este regresó en un Pidgeot.

-¿Señor?

-Yo me adelantaré, así que mantenga las cosas en orden, ya sabe, no dejen

escapar a nadie que salga de esa montaña.

Su comandante asintió.

-Bueno, es hora de irme.

Y él y su Pokémon empezaron a subir.

-¿GHOST? -Preguntó Gold, apenas creyendo lo que tenía ante sus ojos.

El Campeón se encogió de hombros.

-Ya lo dije, no hay tiempo para explicaciones.

Gold tampoco tenía mucho tiempo. Su cabeza era como una bomba que podía

estallar de un momento a otro. "¿Cómo que ese es GHOST?" Se preguntó, si él mismo dijo

que ese Pokémon había muerto. Pero este fantasma era simpático, aunque con aspecto malvado,

el Campeón seguramente quería jugarle una broma.

Gold tomó una Pokéball de su cinturón y la lanzó. Un Pokémon bicho apareció dando

saltos, acorazado, con un cuerno en forma de 'V'.

Heracross.

-Buena elección -Le apremió el Campeón, luego suspiró profundamente, y dijo- acaba

con ese bicho, GHOST.

"Incluso lo llama así."

Heracross era otro preferido de Gold por su desastroza fuerza física, cualquier

Pokémon que recibiera un ataque de sus puños o de su cuerno no volvía a levantarse.

El Pokémon fantasma se movió de un lado a otro, rodeando a Heracross. Aquel Pokémon

hacía un chillido extraño, escalofríante.

-¡Heracross Megacuerno!

Otro detalle importante en Heracross era su habilidad para saltar, dos metros

máximo. Aunque no tanto como Typhlosion, tampoco necesitaba tanta altura, los

fantasmas no eran Pokémon voladores, sólo eran espectros, creados por hombres,

no volaban: flotaban.

Heracross saltó para alcanzar a GHOST con el cuerno, pero este desapareció. Al caer al suelo

el Pokémon luchador estaba incluso más confuso que Gold.

-Dos a dos -Dijo el Campeón.

"¿Cómo?"

El plan de Gold consistía en atacar varias veces con el cuerno al fantasma, no resistiría más

de tres golpes, ningún fantasma era bueno a la defensa.

GHOST se apareció justo en las narices de Heracross con sus ojos rojos brillandole,

luego una onda amarilla salió del Pokémon, enviando a Heracross fuera del hoyo.

-¡E-eso fue...Psíquico!

El Campeón volvió a suspirar.

-Buena elección...sarcásticamente. GHOST conocía ese ataque, claro. Y además no

hay ataque físico que pueda golpearlo.

"¡Esto no tiene sentido!"

Gold jamás había visto a ese Pokémon antes, no sabía que ataques podía aprender, tampoco

conocía su habilidad, no sabía nada. Decían que había gente que vivía en la felicidad de la ignorancia,

pero Gold necesitó encontrarse en una situación así para descubrir que ese dicho era falso.

Volvió a toser, y sintió que lo que expulsaba era la esperanza. Algo maligno se estaba

apoderando de él, y Gold poco podía hacer para detenerlo.

Con un tembloroso brazo regresó a Heracross a su Pokéball. Cientos de días de entrenamientos,

cientos de consejos, y su Heracross no pudo nisiquiera herirlo.

"¡Mierda!"

-El tercero Gold, el tercero.

Las palabras del Campeón venían desde lejos, como un objetivo inalcanzable. Él provenía

de otro mundo, en el cual Gold ya no podía entrar. Sus pensamientos de miedo y tristeza

lo arremolinaron para llevárselo lejos de allí. Lejos del Campeón...lejos de su

padre. De pronto todo se volvía negro, luego blanco...ya no sentía fatiga, ni dolor,

no sentía nada. Gold era libre.

"¡Ni hablar!"

Gold volvió en sí, y no se arrepintió de saber que había regresado a un mundo en donde

sentía dolor y angustia. No podía irse sin ganar.

"¡Todavía puedo vencer!"

El Campeón lo miraba sorprendido, o eso logró ver con su vista nublada.

Se incorporó, sus piernas le decían a gritos que las dejara descansar.

"A callar ustedes dos."

Tomó una Pokéball de su cinturón. El sabía muy bien cuál era, el Pokémon que atrapó

luego de haber perdido contra Lance. Un Pokémon Dorado que le recordó por qué

se había puesto ese sobrenombre, que lo incitó a no rendirse.

Una Masterball tocó el suelo.

-Menuda sorpresa. -Advirtió el Campeón, a la vez que recobraba la fría mirada.

El cielo estaba lleno de nubes oscuras.

"Nubes de tormenta traerá,

como un espantoso rayo descenderá,

igual que relámpago las tierras rasga,

y a su andar como el golpe eléctrico ladra."

Era Raikou.

Y mostraba amenazadoramente los colmillos.

Gold y su Pokémon se miraron mutuamente. Esta era la batalla que le había prometido.

"Estarás en mi pelea más importante."

Gold se metió las manos en los bolsillos.

-Mi Pokémon Dorado acabará con el tuyo de ojos Rojos.