«Vaya, Raikou.» -Pensó Red.

"El Relámpago" le decían los conspiratorios, que creían que las tormentas eléctricas

se le atribuían a Raikou. Hasta que el Instituto Climático en Hoenn los hizo bajar de la

nube. "La caída del Relámpago" le habían dicho esa vez en el periódico.

Que el cielo presagiara tormenta justo en ese momento era pura coincidencia.

«Es un Pokémon igual a los demás.»

Pero algo era verdad, ese Pokémon rugía como el golpe del Rayo.

Su vista se enfocó en Gold, sujeto ahora por una fuerza invisible: Su voluntad.

Por mucha admiración que mereciera, Red estaba empezando a pensar negativamente

contra su adversario.

«Con ese Fantasma de mi lado, no ganará.»

-GHOST, acábalo como más te guste.

Gold lo miró fríamente.

«¿Esperas que me asuste por un Pokémon eléctrico?»

Red odiaba profundamente a los Pokémon eléctricos, sorpresa suya fue cuando supo que

su Pokémon inicial iba a ser un Pikachu. El ratón aún así se volvió su mejor amigo,

pero eso no calmó el odio de Red, pues Pikachu era su único Pokémon eléctrico.

«Con más ganas lo haré polvo.»

Raikou se devatía en si esperar la orden o no, quería atacar.

-¡Raikou usa Trueno!

Cientos de hilos de eléctricidad salieron del cuerpo de Raikou, pero el fantasma

simplemente se burló al tiempo que los esquivaba a gran velocidad. Apareciendosele

por detrás, lanzó otra onda amarilla.

Raikou apenas pareció verse afectado, y dando rápidamente la vuelta, volvió a

atacar, y el fantasma a esquivar.

«¿Cómo se le ocurre usar Psíquico de nuevo?»

El fantasma al parecer necesitaba más experiencia luchando sin recibir ordenes,

ya que algunas veces atacaba usando movimientos incorrectos. En este caso, Raikou

necesitaría unos doscientos Psíquicos para caer.

-¡Raikou usa Rayo! -Ordenó Gold.

De una nube oscura salió el ataque dirigido rápidamente hacia el Pokémon fantasma, pero éste

se dividó en 8, evadiendo así el rayo. Un estruendo se escuchó y un círculo negruzco

cubrió el impacto.

«Ya sabía yo que no funcionaría.»

Un ataque de tanta potencia como rayo necesitaba de un Pokémon con experiencia y

poder para usarse debidamente. También requería un campo de batalla al aire libre,

y un clima como el de ahora. Gold quería aprovechar esa ventaja, pero no le serviría,

ya que Rayo era esquivado fácilmente por Pokémon de alta velocidad, pues a

diferencia de Trueno, que lanza varios hilos de energía, éste los concentra

todos en uno sólo, y la zona de impacto se reduce significativamente.

Raikou miraba a las varias réplicas, pero sus ojos no daban con el real. Y lo más

notable era que el fantasma se dividía cada vez más veces, formando un círculo giratorio

alrededor del tigre. Y Red ya conocía ese truco, que no se llamaba ni doble,

ni triple, ni cuantas-veces-quiera usted llamarlo equipo. El Fantasma podía

duplicarse infinitamente al igual que dos espejos reflejandose. Un minuto más y

su adversario no vería más que la oscuridad cerrándose sobre él, distinguible apenas

por los rojizos ojos del fantasma llendo de un lado a otro que sin duda lo volverían loco.

«La caída del Relámpago, bien dicho.»

Gold no lucía sobresaltado. Con las pálidas y sudorosas manos puestas en sus bolsillos,

abrió la boca para ordenar.

-¡Raikou sal de ese círculo!

Raikou saltó por arriba de las réplicas, pero se sintió cayendo en el mismo sitio.

El círculo se había desplazado también, y giraba y giraba más rápido.

Red se burló por dentro, a ese fantasma se le daba bien desesperar a sus adversarios.

Luego, un montón de esferas color carbón empezaron a salir de los fantasmas, se

dirigían muy lentamente a donde estaba Raikou. Habían demasiadas; por arriba,

debajo, por los lados. Raikou ya no podría volver a saltar.

«Este Pokémon es magnífico»

Como Raikou era veloz y podía esquivar las esferas si se disparaban rápidamente, el fantasma

usó todo lo contrario: lanzarlas con lentitud, así Raikou ya no podría salir del círculo con las

esferas por todos lados. El Pokémon eléctrico pronto se vería presa del desespero cuando las esferas

empezaran a rodearlo...y a debilitarlo poco a poco. Cada segundo tendría menos

espacio para moverse. Pero ni Gold ni su Pokémon se iban a quedar sin hacer nada.

-¡Raikou atácalos a todos con electricidad!

Raikou empezó a lanzar ataques eléctricos a todos lados, pero pasaban de largo por el

círculo morado. Ya las esferas estaban más cerca.

Se oyó a Gold tosiendo, pero permanecía todavía de pié y con expresión congelada.

«De nada le sirvió volver a levantarse."

Pronto Gold caería presa de la inconciencia, y Red no sabía que hacer con él. No podía

llevárselo, y Chansey no podía hacer nada tampoco. Gold iba a morir, y Red se alivió

por eso. Ya no podía dar a conocer el secreto que compartió con él, ni tampoco traicionarlo.

Gold fallecería, pero "confiado" y feliz en que su padre todavía seguía vivo.

«Y aun si ganaras, nadie lo sabría.»

Pero el mismo Gold se ocupó de hacer a un lado los pensamientos de Red.

-¡Raikou usa Bola Sombra!

Raikou disparó por su boca una esfera de color un poco más claro a comparación con las

que tenía alrededor, las lanzaba a gran velocidad, pero estas nisiquiera

salían del círculo giratorio.

«Una copia mal hecha.»

Raikou no poseía la habilidad para controlar las esferas, e incluso estas no tenían

gran alcanze, desaparecían en el círculo y por todos lados.

Las esferas ya cubrían casi completamente a Raikou, ocultándolo a la vista excepto

entre el mar de ojos rojos que lo observaban.

«Al final, el Rojo bastó para inundar al Dorado.»

Pero Red escuchó algo que le sacó la expresión de sorpresa a la fuerza.

Un chillido de dolor, se escuchaba como el llorar de un niño.

«¿Cómo?"

Y lo que vió lo sobresaltó todavía más. El círculo desapareció, y las esferas negras

se desvanecieron. Menos algunas, que quedaron flotando en el aire. Y entonces Red

comprendió.

«¡Maldito!»

Las 'Bolas Sombra' de Raikou no se desvanecían entre el círculo, se quedaban en su

interior, esperando a que el auténtico fantasma pasara por allí, y entonces una

logró hacer contacto. El Fantasma cayó, y ahora yacía en el suelo, quejándose

del dolor. Y Red entonces confirmó lo que decían, que los ataques especiales eran

los que más dolían, y no los físicos.

Gold no logró disimular su alegría.

-¿Ese Pokémon fantasma no pudo notar la diferencia? Creo que ese en verdad

no era GHOST.

Red seguía todavía en Shock. Se suponía que el fantasma era igual de fuerte que

el antiguo GHOST, pero no era así. Cayó de un sólo golpe, o quizá de varios,

no podía decirse a ciencia cierta. Ahora sólo sabía que fue derrotado, un

entrenador con cientas de batallas de experiencia, por uno con sólo uno o dos

años de entrenamiento. Sentía odio, maldecía al tal Gold para sus adentros,

eso no podía estar pasando, un niño no...

-Tu título de Campeón me pertecene -Dijo Gold.

Gold miraba al Campeón, o mejor dicho, al ex-campeón, ahora sólo era Red, un

entrenador común y corriente. Sabiendo que Raikou conocía el ataque Bola Sombra,

lo utilizó sabiamente para eliminar al fantasma. Ese tigre no sólo era poderoso, sino

también inteligente. No podía celebrar todavía, no con ese cuerpo débil.

Ahora sólo quedaba pedirle ayuda a Red para sacarlo de allí, lo cual era muy

posible. Un entrenador jamás guardaba remordimientos por lo ocurrido en una batalla,

dados los cambios de personalidad de los contrincantes.

Pero Red empezó a caminar hacia él, Rojo completamente de algo que Gold no alcanzó a indentificar.

La vista a Gold empezó a fallarle de nuevo, y cayó de rodillas. Entre tos y malestar levantó

de nuevo la mirada.

Red caminaba con prisa, pasando al lado de Raikou y GHOST, y Gold pudo ver que tenía una

Pokéball en la mano.

Ahora no veía nada claramente. Pero Gold supuso lo que Red estaba por hacerle.

Una persona con problemas mentales como Red podía ser peligroso cuando el odio se

apoderaba de la situación. Habiendo sido interrogado, desvelando un peligroso

secreto, luego obligado a pelear, pese al afán de irse de allí, para luego perder...

Todo eso jugaba ahora en contra de Gold, que apenas lograba sentir miedo.

«No me queda mucho tiempo.»

Su único consuelo consistía en saber que su padre continuaba vivo, y que logró vencer al Campeón

de Kanto. Quiso la ayuda de Raikou, pero ya se había ido. A un

Pokémon como él no le gustaba mucho ser mascota de alguien, por lo que Gold le

prometió que sería libre luego de pelear. Sus otros tres Pokémon estaban exhaustos

y ninguno podría serle de ayuda. Ampharos: Lo necesitó para iluminar con destello.

Golem: Lo necesitó para escalar. Fearow: Lo necesitó para cruzar varios precipicios.

Y Typhlosion...no duraría mucho en un combate a muerte.

Gold no tenía medicina para curarlos, confiaba en que el Campeón podría ayudarle,

pero lo iba a ayudar era a otra cosa.

Tampoco sentía las piernas como para irse corriendo. No tenía fuerzas para luchar ni

para defenderse. Pero se alivió al saber que todavía podía hablar, e iba a usar esa

ventaja para informarle a Red de algo que sabía que tenía que decirle cuando se lo

encontrara.

Red se detuvo a escasos centímetros, se oía su respiración alterada.

«Ahora o nunca.»

-Yo soy igual que tú. -Tartamudeó.

Hubo silencio.

-Empezaste como entrenador a los diez años.

Silencio.

-Yo también.

Ventaba fuertemente, y Gold se aferraba con fuerza a la roca en donde estaba. Notó

que lágrimas corrían por sus ojos, nublándole todavía más la vista.

-Derrotaste a todos los líderes del Gimnasio de Kanto. Yo de Johto.

Silencio.

»Acabaste con el equipo Rocket en tu región, yo en la mía.

Silencio.

»Completaste la Pokédex de Kanto, yo la de Johto.

Silencio.

»Triunfaste ante el Alto Mando y te enfrentaste a Lance, igual yo.

Red dejó caer su Pokéball.

-Somos iguales, tú de Kanto, yo de Johto.

"Yo siempre quise ser igual que tú."

Y ese pensamiento le recordó a Gold la vez que estuvo en Pueblo Paleta, en el

mismísimo cuarto del Campeón, admirando el lugar donde nació la leyenda.

Unos días que jamás se le borrarían a Gold de la cabeza.

«You Must Construct Aditional Pylons.»

-Ahh...Pylons...-Murmuró Gold.

Luego escuchó a alguien tocando la puerta, y después de su aprobación, esta se abrió.

-¿Todavía jugando? -Dijo la voz de una mujer madura.

-Ah, señora, ya sabe usted. Me encantan los juegos de estrategia.

Gold apagó la consola N64 junto con el televisor, y se levantó. Ante lo cual se encontró con

el ceño fruncido de la mujer.

-Gold. Ya ha pasado una semana.

-¡No se desespere! ¡No se desespere! -Dijo apresuradamente mientras se ponía su gorra dorada-,

sólo unos días más...mientras me preparo para regresar a Johto.

-¿Y por qué entre todo Kanto decidiste venir aquí?

Gold se sentó en la cama, y miró al estupendo cuarto que lo rodeaba.

«¿Por qué aquí? La respuesta es simple, y no tiene nada que ver con encontrar a su hijo.»

-La cosa es que...yo siempre lo admiré.

La hermosa mujer de cabello rojo se le acercó.

-¿Por eso te le pareces tanto? Una vez en el periódico dijeron que o bien eras su clon,

o eras él.

Gold sonrió débilmente.

«Es todo un honor.»

-Bueno, es que desde los ocho años mi historia favorita era la del Campeón de Kanto.

La mujer se sentó a su lado. Le encantaba oir a Gold hablar de su hijo, y no al revés como

debería ser.

-Sigue. -Le pidió.

-Sentí tanta admiración por él que incluso dejé la escuela a su misma edad,

empezé a actuar como se le mencionaba en el cuento y vestí de un color en

específico. -Luego soltó una pequeña risa- Incluso me reservé y no traté de

conseguir amigos, creo que fuí un tonto.

La mujer lo miró simpáticamente.

-No dudo que hayas sido un tonto, pues él si tuvo un amigo...bueno, dejando de lado a Pikachu.

A Gold eso le sorprendió, y se giró a ver a la mujer.

-¿Cómo que un amigo, y humano?

Ella sólo ladeó de un lado a otro la cabeza.

-Ya me lo temía, Oak y sus mentiras...

Gold se llenó de curiosidad.

-Cuéntemelo por favor.

-No Gold, esa historia es algo triste -Luego se levantó-. Ahora duerme y ya hablaremos mañana.

Gold la tomó de la mano.

-Dígame por favor, puede que ese tipo tenga una pista para encontrarlo.

La mujer le puso una mano sobre la gorra.

-Gold, ¿No te cansas de preguntar? Lo haces todo el día.

A Gold eso no le hizo gracia.

-Es que ya sabe, mi padre...Quiero encontrarlo de una vez por todas.

La mujer puso una expresión de incomodidad. La misma que ponía Red cuando se trataba de

contar algún secreto peligroso.

-No conozco mucho del asunto, ya que nunca llegué a conocerlo bien. Pero lo

consiguió desde los nueve años, y a menudo me hablaba

de él...Jaja, hasta un día me dijo que él era el único lugar seguro a donde podía ir.

Gold asintió, pero todavía no veía por qué ella le dijo que era una historia triste.

La mujer desvió la mirada y sus ojos encontraron la luz exterior que se filtraba por

la ventana.

-Dejaron de serlo el día antes de que él se...fuera en la Cueva sin Nombre. Ese mismo

día ambos se esfumaron de la tierra, no se volvió a saber de los dos.

Gold le soltó la mano, y le preguntó algo tan común que nisiquiera necesitó pensarlo.

-¿Cuál era el nombre de ese tal amigo?

La mujer se lo dijo.

-Ya veo...ahora necesito encontrar a ese tipo, hasta en los bosques, pueblos y

montañas más alejadas yo...

Un segundo después, cayó en la cuenta. Al otro día ya estaba en las profundidades

del Monte, herido de gravedad en la cabeza.

«Nunca debí imitarlo.»

Ahora ya habían pasado diez días, y luego de encontrar, interrogar y luchar con el

Campeón, no supo que iba a morir en la tan buscada cima de la maldita montaña.

Y menos por la mano de la persona que más llegó a admirar.

Gold fue en su infancia un niño maleducado y grosero, que se dejaba manejar siempre

por sus emociones, más que todo por saber que no tenía un padre. Hasta que escuchó

el cuento del Campeón, su vida cambió totalmente. Su forma de ser, hablar y actuar,

ahora eran distintas, y más asemejadas al Campeón de Kanto. A los 10 años inició

su carrera como entrenador, y esta fue todo un éxito. Gold era el entrenador más

inteligente de su región, lo que lo llevó a ganar las ocho medallas en sólo dos

años y medio, cuando lo normal serían cuatro. Al ganar las ocho medallas de Johto

se podía acceder a la Meseta Añil para luchar contra el alto mando, pero no había

prisa ninguna para Gold. Decidió viajar al mismísimo Kanto y ganar las otras ocho

medallas, lo que lo convirtió en el entrenador más famoso sólo por detrás de Lance.

Su sueño lo llevaría a ser el mejor, y sólo hasta pasar por el reto más

grande de su vida, pudo lograrlo. Y estando en la cima, apunto de caer, no pudo

evitar sentir algo de arrepentimiento.

«Lo que busqué fue la muerte.»

Gold escuchó unas palabras en susurro provenientes de Red. No entendió nada. Un momento después,

un rostro malvado y negro cubrió su campo de visión, y supo que era la muerte,

llevándoselo por fin, pues antes decidió darle un poco más de tiempo para lograr

su meta.

Mientras se le oscurecía la vista, pensó en cómo sería su padre, en cómo se parecerían

y también qué clase de vida tendría ahora si los entrenadores hubieran aceptado al

Pokémon Mítico...si tan solo...

Gold alzó una mano hacia Red.

«Tengo que tocarlo antes de...»

Pero su brazo cedió, y cayó como plomo al suelo.

-Siempre quise ser como tú...- Pudo decir mientras caía-. Y lo logré.

Luego todo se volvió negro.