Las nubes cubren el sol con frecuencia, dejándolo morir temporalmente, algunas veces hasta

finalizado el día. Y desde hace rato el Dorado había muerto entre las nubes, pero no

en cualquieras, sino en unas más violentas, que sólo presagian la tristesa del cielo.

Pero el Dorado, decidió mostrarse sólo por un rato más, pues el día no había

acabado para él, necesitaba iluminar por un poco más, quería iluminar sus sueños,

hasta que lo logró.

Y Red, quien decidió acabar de una vez por todas con el sufrimiento del Dorado,

lo sostenía entre brazos, evitando que cayera al frío y traicionero suelo.

«Hay que moverlo.»

Logró arrastralo, y lo dejó en la plataforma de piedra de la silla que apuntaba al

Oeste.

«Hacia Johto.»

Luego depositó a todos sus Pokémon en sus respectivas Balls, terminando con

la agotada Chansey y el dormido Pikachu que estaban en el trono. Se paró al

lado de la silla y se preparó para empujar.

«Al fin me será de verdad útil.»

Se le ocurrió la vez que su Onix cayó debilitado al suelo en su pelea con

Golem, haciendo todavía más grande el hoyo del suelo. «Si siguen así ese

hoyo llegará hasta...» Dándose cuenta de la brillante idea, decidió crear

su propia vía de escape, que lo llevaría a ese lugar abandonado y olvidado

desde hace ya tres años.

«Nadie se dará cuenta.»

Con fuerza empezó a empujar, pero el trono permanecía firme, seguramente por

no haberse movido en mucho tiempo.

Empujaba y empujaba con más fuerza, pero no lograba moverlo ni un centímetro.

«Mierda.»

Con rabia le lanzó una patada a la silla mientras la maldecía entre dientes.. sonidos que

no le permitieron oir los que venían de su lado.

«Gold me quitó mucho tiempo.»

No tenía Pokémon que pudieran servirle, todos los demás estaban en su cuenta de depósito.

Chansey no le serviría para nada, y Gengar...

Con prisa sacó a Gengar de su Ball. Y le ordenó retirar la silla.

No pasó nada, no había forma de que Gengar la moviera. Al contrario de la piedra, los fantasmas

no eran sólidos.

-¡Piensa en cómo moverla!

Gengar no entendía la forma de actuar de su amigo, pero aun así obedeció, se lanzaba

hacia la silla, pero siempre la traspasaba.

«Válgame la...»

Pronto estaría rodeado de Buscadores y toda escapatoria sería nula. Red estaba seguro de

que el Jefe ya podía haber mandado gente a la montaña para escalarla, y con los

rastros de pisadas y fogatas que pudo haber dejado Gold, más fácil no la podían tener. Además, el

mismo Jefe tenía a ese Pokémon volador, que sin duda sería capaz de subir hasta esa altura.

Siguió intentando moverla, utilizando fuerzas que se le habían acumulado por

años. Pero no pasaba nada.

-¡Inténta usando Psíquico o lo que sea! -Le gritó a Gengar.

Gengar usó Psíquico, nada. Otra vez, tampoco. Hasta que decidió usar Bola Sombra.

La esfera le fue devuelta en la cara.

-¿Pero qué...?

El ataque de Gengar había pegado en la silla, y esta se devolvió al igual que una

pelota cayendo al suelo.

Gengar no pudo soportar su propio poder, y ahora estaba inconciente.

Red no sabía que diantre había pasado, alguien tuvo que haberlo hecho. Miró donde

estaba Gold, seguía igual. Miró a la entrada de la cima, nada. Miró hacia el

Sur...entonces lo vió, y se preguntó cuantas veces se había sorprendido ese día

por culpa de sus ojos.

Había un Pokémon volador gigante.

El tiempo se detuvo para Red mientras se miraba a los ojos con esa criatura. Era

inmensa, de color plata, su par de ojos penetraban la mente. Parecía una

criatura marina, salida de los rincones más profundos del oceáno.

Y la voz de Oak resonó en su mente.

«En noches de tormenta, decían haberlo visto,

en el fondo del mar, decían haberlo sentido,

guardián del oceano y señor de la marea,

siempre guardado y durmiente porque su poder muy grande era.»

-¡Es Lugia!

Alguien soltó una carcajada.

-Vaya, vaya, ahora resulta que las leyendas se asustan de ellas mismas, Campeón de Kanto.

Esa voz era madura, autoritaria.

Guiado por el sonido, Red dio con el dueño de ese Pokémon gigante.

Una figura encapuchada.

Un rayo iluminó el par gigantes ojos de Lugia, haciendoles parecer bolas de cristal,

y Red pudo ver su pálido rostro en ellas.

El extraño personaje le ordenó a Lugia aterrizar, y éste cayó encima del Trono, aplástandolo

y tirando a Red al hoyo.

Red, apenas creyendo que ese día era real, se levantó.

-¿Quién eres?

-¿Cómo que quién soy? Tú me conoces muy bien, Red.

El hombre se retiró la capucha de la cabeza, dejando descubierto su rostro. Alrededor de

treinta años, cabello rojo...Y Red entonces supo muy bien quién era.

Silver.

Silver...Silver...Silver...

-¡Silver! ¿Seguro que puedo llamarte así?

-Claro.

El hombre se acostó en el suelo de hierba, desde esa colina veía el atardecer.

El mar se extendía hasta desaparecer en las montañas, y a la derecha, la punta del Volcán de Islas

Canela era visible desde esa distancia.

-¿Pero no es eso un apodo? -Preguntó alguien a su lado- ¿Es porque eres un entrenador?

El hombre siguió mirando el paisaje.

-Algo así. La cosa es que me puedes llamar Silver, y no 'señor', eso hace que me

sienta viejo.

-Está bien. Y pues yo si voy a ser un entrenador -Dijo luego de una pausa.

-¿Un entrenador, esos que a según pelean por el bien?

-¡Claro! -Le gritó con entusiasmo- y lo seré desde el próximo año.

El hombre se levantó un poco, apoyado con la mano derecha.

-Bueno, cada quien elige lo que quiere ser, y cómo va a hacerlo.

Se quedaron callados por un momento, hasta que el hombre se inmutó de

que ese niño, que se hacía llamar Red, parecía incómodo por algo.

-¿Te pasa algo? -Preguntó, volviendo a mirar el paisaje.

-Es ese horrible cuento de GHOST -Contestó Red-. No he podido dormir yo solo varios días.

-¡JAJAJA! Ese viejo cuento aún sigue asustando a todo el mundo.

Red lo miró algo sorprendido, era la primera vez que veía a alguien burlándose

del cuento de GHOST.

-¡No es de risa, murió mucha gente! Y algún día...él volverá. ¡Nos matará a todos!,

a ti, y a mí. Hasta la gente del pueblo, a todos ellos...

Red empezó a llorar, pero Silver sólo volvió a reirse.

-¡Red! ¡Despierta! Todo eso es mentira. GHOST si existió, claro. Pero eso de que

volverá es absurdo. Ese tal GHOST está muerto, y puedo asegurartelo.

Red, que se escondía el rostro tras la gorra, continuó hablando tristemente.

-Para tí es fácil decirlo, eres un adulto, y ellos no sienten miedo. Pero yo

no he vivido nada, ¡No quiero morirme!

Silver se burló todavía más.

-Red, GHOST está muerto. Y si volviera, ¿No te protegerían tus padres? ¿Tu madre,

o padre no darían la vida por ti? Porque ellos son adultos y no sienten miedo de morir...

-Yo no tengo padre. Y no creo que mi mamá dé su vida por un 'malcriado' como yo.

El hombre esta vez si lo miró.

-Yo si daría la vida por ti.

Luego sonrió.

-Y con gusto seré tu padre.

Pero ahora, ese simpático y protector amigo no se parecía en nada al actual.

Ahora estaba mucho más viejo, su rostro era el de un demonio, y por las gafas

de sol que llevaba probablemente sería sensible a la luz, cual murciélago encerrado en una cueva.

«La última vez que lo ví ya estaba en inicios de convertirse en esto.»

-¿Y esa cara Red? ¿No te alegras de verme?

Red lo miró con asco.

-Me alegraría verte muerto.

Silver volvió a reír, y sus lentes oscuros inspeccionaron todo el lugar.

-Parece que te has divertido desde que llegaste aquí.

Luego su vista se detuvo en donde estaba Gold.

-¡Y mira! Mataste al entrenador más famoso del momento. ¡JAJA! Sólo echa un vistazo

al color del que lo teñiste, todo esto me parece irónico.

Red intentaba no hacer estallar su ira, pues tenía miedo que su actitud violenta acabara

matándolo.

-Dime a qué viniste, necesito irme de aquí.

Silver lo miró sonriente.

-¿Irte? Me temo que eso es imposible. Hay como sesenta buitres esperando su presa

allá abajo.

-Son los Buscadores, lo que resta de tu preciada organización.

-Lo que queda es sólo un Cohete, y hoy al fin alcanzará su objetivo.

Red se desplazó un poco más a la derecha.

-Ya no hay por donde escapar. Es mejor que me des lo que quiero, a estas alturas

ya deberías saberlo.

-Lo que buscas ya no existe.

Silver soltó una pequeña risa burlona.

-Existe en tu cabeza, y mi pequeño amigo y yo tenemos los medios necesarios para sacartelo todo.