«Nunca debí haberte conocido.»

Desde ese día, Red deseó no haberlo conocido. Tanto tiempo a su lado, hablándole del

pasado y lo que depara para el futuro, aconsejándole como si fuera un padre. Pero

todo era una mentira.

Y eso mismo se preguntaba el día que estaba sentado dentro de aquella cafetería, viendo

como iba la gente de aquí para allá, al otro lado del cristal.

Cientos de almas distintas caminaban encima de las calles sin pavimento,

aisladas de las grandes ciudades y los pueblos prósperos, azotadas de la

lluvia y el barro, grises y deprimentes.

Miró a su reloj de bolsillo, la persona que lo invitó estaba tardando.

«Después de todo no va a venir.»

Sus ojos vieron por un momento su rostro reflejado en el cristal, pero eso no fue

lo que divisó. Su mirada había perdido la vida, y su juvenil figura estaba

ahora marcada por las preocupaciones y el desvelo. Se preguntaba si esa era la

razón por la que nadie logró reconocerlo.

Buscó a su alrededor, por las otras mesas, gente que podía haberle familiarizado con

alguien, pero ellos estaban concentrados en sus propios asuntos, distantes al

mundo exterior.

«Ignorantes...»

Ahora supo por qué fue que Oak le citó expresamente a ese sitio, y se sorprendió

al verlo entrar por la puerta.

Antes, Red siempre sonreía al ver su rostro. El Científico que patrocinó su carrera

como entrenador y le consiguió a su Pokémon inicial. Pero esta vez, Red no sonrió,

y tampoco lo hizo Oak. Se sintió volviendose a ver en el reflejo, encontrándose

con un viejo con cada vez menos color, y probablemente con el horrible sonido de la ansiedad y

los problemas aterrándolo por las noches.

Oak caminó lentamente hasta la mesa y tomó el asiento enfrente de Red.

-Te ves mal Red.

-Está usted mirándose al espejo.

Red creyó por un momento que Oak sonreiría como siempre, pero él solo

se cruzó de brazos.

-Entonces, saltémonos las introduciones, hoy vamos a hablar sobre los archivos.

Red ya lo sabía, y volverlo a escuchar no hizo sino incrementar su malestar. Había pasado

varias semanas estudiándolos. Datos que nisiquiera eran hojas de papel, sino documentos

virtuales: para ordenador.

-Yo los saqué de esa Mansión, casi muriendo, y ahora quiere que me deshaga de ellos.

Oak juntó sus dedos, y lo miró más serio que preocupado.

-Los leíste.

-Todos. Excepto el que usted me dijo que podía ser peligroso.

Oak pareció aliviarse un poco.

-Ese es el tema principal de nuestra cita, tengo que decirte varias cosas sobre ese GHOST.

Pero Red necesitaba aclarar algo primero.

-Usted trabajó para los Rocket, los archivos lo dicen. Usted me ha engañado.

Oak vació ante la acusación, y dijo clara y fuertemente.

-Todos hemos sido engañados.

Red puso los ojos en blanco.

«¿Todos?»

-En especial tú Red.

-¿A qué se refiere?

-Silver no es quien crees.

Red se inclinó hacia atrás, asombrado, sólo algo así le faltaba ese día para confirmar lo que

era su amigo.

-Era un miembro del equipo Rocket, desde hace años. Hará seis meses, cuando decidí

contratar un equipo de investigación, ayer me lo confirmaron. -Hizo una pausa para

dejar sonar bien las palabras- Y es hasta de alto rango.

Red forzadamente intentó mostrar esceptisismo.

-Miente, yo lo conozco desde hace...

-¿Tres años? Eso es muy poco tiempo. Además, incluso yo noté cómo cambió ese

hombre desde que acabaste con Giovanni.

Red quería que todo eso fuera falso. Y más que todo por lo que le había dicho el día

anterior a Silver: Le había contado sobre los archivos de GHOST, y su reacción había traumado a Red,

tanto que salió corriendo de allí.

«¡Red! ¡Despierta! -Había dicho, paranoico- ¡Con esos datos podemos ser ricos, podríamos

venderlos y...imagínate! ¡No necesitariamos trabajar más Red! ¡Viviríamos felices

por siempre!»

No había Silver terminado de gritar cuando Red ya estaba a metros de él, dejando

lágrimas a su paso.

«Y si lo que Oak dice es cierto...»

-Lo siento mucho Red, sé que él era practicamente un padre para ti, pero terminó

siendo un fraude. Además, ¿No había él intentado reclutarte?

Red recordó ocasiones en las que Silver le decía que cuando tuviera la mayoría de edad,

lo llevaría a trabajar con él. Ahora comprendía todo.

«¡Me ha engañado!»

No pudo evitar llorar frente a Oak, las personas se giraron a ver lo que pasaba,

y el Científico los calmó con gestos. Duraron así varios minutos, y cuando

Red al fin pareció haberse calmado un poco, Oak continuó hablándole.

-Tranquilízate, tenemos un asunto más serio pendiente, ya ahondaremos después en lo

de Silver.

«¡Cómo quiere! ¡No sabe usted cuánto me afecta!»

Red se secó las lágrimas con un pañuelo. Pero simplemente no podía olvidar el

engaño, y no lo haría jamás.

Intentó concentrarse en el asunto de los archivos, y a duras penas pudo.

-Red, nunca te he mentido, ni pienso hacerlo ahora. Admito que trabajé para

los Rocket, como muchos otros. Y te digo, que me arrepiento totalmente.

Red ocultaba su sonrojado rostro tras la gorra, e intentó aclarar sus pensamientos.

Y dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

-Usted fue miembro de GHOST, ha ayudado usted a crear el más grande asesino de los

últimos años y...

-Ya Red, detente. No es necesario que me digas todo eso, y menos aquí. -Llamó a

la camarera con la mano-. ¿Quieres tomar algo?

-Agua.

Después de que la camarera los atendiera y se fuera mirandolos raramente, Oak se llevó la taza de

té a la boca.

-Seguro ya leíste todo sobre los proyectos de GHOST. -Preguntó luego de un sorbo.

-Varias veces.

-Pues, Red, hay un tercer proyecto.

Esta vez Red si logró concentrarse en las palabras de su compañero.

-¿Un tercer proyecto? -Repitió Red- Pero nunca leí algo sobre...

-Nunca llegó a documentarse, -Aclaró el Científico- los mismos entrenadores se

encargaron de eso.

-Pero usted lo sabe porque sí fue miembro de GHOST.

Oak fingió no haberlo escuchado.

-Y es de gran importancia que te hable de ese último (Sí, último) proyecto, porque

tú te harás cargo de ello después.

-Eso depende.

Oak volvió a tomar de su bebida, y luego de haber elegido por donde empezar, dijo.

-Pasó cuando los Rocket descubrieron que se había creado el Pokémon Mítico y su

Masterball.

-¿Llegaron a saberlo? -Preguntó Red.

-Giovanni nos torturó, y al final alguien decidió contarlo todo. Luego de eso,

no pasó mucho tiempo para que Giovanni nos volviera a poner a trabajar,

deberíamos crear un Nuevo Pokémon Mítico y su Masterball. Pero crear esa

Ball nos tomaría mucho tiempo debido a que el creador había muerto en el

ataque a Islas Canela. Un Mewtwo nacería, con la capacidad de eliminar tanto

a los fantasmas como a los Psíquicos, y pudimos hacerlo.

Red tomó agua por primera vez, le temblaba el pulso.

-Ustedes crearon a otro asesino. -Exclamó Red-. Y me imagino que no pudieron

controlarlo sin el creador de las Masterball por allí cerca.

-Tienes razón, ese Pokémon escapó, y lo más raro es que podía hablar.

-¿Hablar?

-Através de la mente, -Explicó con rapidez- nos dijo que no pensaba ayudarnos

en la guerra contra los entrenadores, y escapó. Pero este caso no se conoció

en Kanto, porque a diferencia de GHOST, este no hizo una matanza...hasta hace poco.

Red lo miró confuso.

-No he oído de asesinatos extraños en los últimos días.

-¿Estás seguro? ¿Y qué me dices de la erupción en Islas Canela?

Red conocía muy bien la noticia. Un Volcán que se creía inactivo y fuera de peligro,

de un momento a otro estalla, llevándose más de la mitad de la Isla.

-¿Y cree usted que ese tal Mewtwo provocó el accidente?

Oak volvió a beber su té, el cual ya estaba frío.

-Estoy seguro Red, él mismo me lo dijo a través de su mente, quería acabar

completamente con el lugar en dónde se crearon sus 'hermanos' por así decirlo.

Y si fue capaz de hacer eso, no me imagino lo que hará después.

Red entonces se dio cuenta de algo, y empezó a sentir algo de miedo.

-Cuando usted dijo que yo me tendría que hacer cargo, ¿se refería a que yo

acabara con ese Pokémon?

Oak lo miró severamente, como para decir que no estaba de broma.

-Y con los otros dos.

Esta vez Red no pudo disimular su miedo.

-¿Hay más?

Oak se inclinó en la mesa.

-Red, por ahora tenemos que encarganos de Mewtwo, que es el más peligroso, luego te hablaré

de los otros. En este momento sólo puedo decirte que uno de ellos es el Pokémon

Mítico que intentamos regalarle al líder de los entrenadores.

Red también se inclinó en la mesa, y le devolvió la mirada.

-Oak, no sé como quiere enviar a alguien de 13 años a una misión suicida.

-¿Quieres saber por qué envío al mejor entrenador de Kanto a eliminar a sólo tres Pokémon,

el cual tiene un amigo capaz de debilitar a sus contrincantes de un sólo golpe?

Esas palabras lo halagaron completamente. Y porque sabía que era sólo un truco para

convencerlo, todavía no tenía intención de aceptar.

-Pero no entiendo por qué usted esperó a que naciera un entrenador como yo para

eliminar a esos Pokémon -Quiso saber luego de volver a apoyar su espalda en la silla.

-Tuve que tomar medidas drásticas Red. Además, -Empezó a decir mientras golpeaba

la mesa con el dedo índice- aparte de los ex-miembros de GHOST

y yo, nadie más conoce esto que te acabo de decir -Levantó el dedo-. Te he confiado

algo muy importante.

Red se sintió honrado de alguna manera, y por todo lo que hizo Oak por él en el

pasado, tuvo la sensación de tener que agradecerselo.

-Usted gana Oak, dígame que tengo que hacer.

El Científico volvió apoyar su espalda en el asiento, y se le notaba algo más animado.

-Ya tenía todo arreglado Red. Mañana irás a Ciudad Celeste, y entrarás en la

Cueva Sin Nombre. Gente de Kanto, Johto, Hoenn, hasta de la lejana

Sinnoh, vendrán a verte. Acabarás con ese Pokémon, y lo harás como un héroe.

«Eso soy ya»

-Red, -Replicó Oak- y como te confío ésa misión, te confío otro trabajo. Debes

destruir los archivos, en especial uno.

-¿Cuál? -Inquirió Red, al tiempo que levantaba la vista hacia su compañero.

-El procedimiento Red, el procedimiento. Y no lo vayas a leer antes de hacerlo.

Red no entendía completamente por qué demonios tenía que borrar una información que

volvería un ser poderoso a aquel que la obtuviera.

-¿Pero por qué quiere usted que esa sabiduría se pierda?

-Es mejor que así sea Red, ya sabes lo que pasó cuando decidieron hacer ese experimento.

Sólo crearían más Pokémon invencibles y el mundo se volvería un desastre total.

Lo mejor es que los destruyas todos, y pase lo que pase no se lo digas a nadie, al

menos que ese alguien sea digno de saberlo.

Red sintió un profundo temor. «Se lo dije a Silver.» Hasta ese entonces, apenas se

daba cuenta de su gran error, Silver era miembro de los Rocket, y le

había contado el secreto al enemigo. De pronto su tristeza se volvió odio.

«¡Maldito seas Silver!»

-Es una suerte que el primero esté dentro de esa cueva, así no podrá escapar

fácilmente. Lo atacarás con Pikachu, y una vez paralizado...lo demás es obvio.

Red apenas lo escuchó. Y volviendo al tema, preguntó para cerrar.

-Ahora sólo queda buscar una forma de cubrir las muertes y esconder el temido nombre -. Dijo Red.

-Ya tengo algo en mente, no te preocupes -Le tranquilizó Oak- Y bien, es hora de irme, mañana a las

nueve en punto, no se te ocurra faltar. -Luego se levantó y se marchó.

Mientras lo veía alejándose hasta la puerta, Red pensó en todo lo que le había dicho

sobre Silver, sus primeras palabras las recordaría por siempre.

«Hemos sido engañados Red, en especial tú.»

«Y por Silver»

Aquel día Red no se levantó de su asiento hasta entrada la noche, cuando practicamente lo

echaron a patadas.

A la mañana del día siguiente, Red se dirigía a toda velocidad a Ciudad Celeste. Desde

su Charizard, veía al montón de gente reunida, pero eso no lo asombró; las multitudes

y los halagos ya eran parte de su vida.

Cientas de personas, conocidos y extranjeros, lo esperaban ansiosamente en la Ciudad.

Cuando pudo deshacerse de la prensa y de las miles de preguntas sobre su estado físico, llegó

por fin a la entrada de la Cueva.

La cueva sólo era un hoyo, por dónde se filtraba el agua del río en algunos lugares,

y entre más se adentraba, más cerca se escuchaban los lamentos de la criatura que residía allí.

Aunque aún no la había visto, la criatura parecía hablarle desde la mente, entrando

en sus recuerdos, atacándolo por dentro.

«¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?»

Nunca se imaginó que lo que buscaba estaba en lo más profundo de la Cueva. Desde

un oscuro rincón se le apareció, y cuando intentó ordenarle a Pikachu que lo

atacara, de sus labios abiertos no salió ningún sonido, y ya no podía moverse.

La criatura lo había paralizado.

El Pokémon humanoide lo miraba con odio, y la voz dentro de su mente se escuchaba

claro y fuerte.

-¿A qué viniste?

Como no podía hablar, intentó responderle usando su mismo método.

-A matarte.

Por alguna razón, Red no podía mentir. Y eso no hizo sino incrementar su temor.

La criatura rugió fuertemente y el sonido se escuchó por todo el espacio cavernoso.

Con los tímpanos casi destrozados, Red de pronto se sintió víctima de tortura.

-¿A matarme? -Le habló la criatura- ¿Con qué derecho te crees capaz?

-Nosotros te dimos la vida, podemos quitártela. -Contestó la mente de Red.

La criatura esta vez se burló.

-¿Qué ustedes nos han dado la vida? ¿Viven todo este tiempo creyendo que fueron capaces de

crear vida?

-¿Si no fuimos nosotros los hombres? ¿Entonces quién?

-¡Qué idiotez! ¡Su especie sólo nos pudo crear un cuerpo, un contenedor! ¡La vida

sólo pudo dárnosla nuestro Dios.

-¿Su Dios? ¿Y dónde está ese tal Dios?

-¿'Su'? ¡Ignorante! ¡El Dios que nos creo no es otro que el que los creó a ustedes

también! ¿Y sabes por qué permitió que nosotros cobraramos vida? ¿Sabes por qué

ataqué Islas Canela? ¡Pues porque Dios quiere destruirlos a todos ustedes, que

nos tratan igual que esclavos y como armamento para su propia guerra!

Red sintió que la cabeza estaba a punto de estallarle, y su mente contra-atacó

por sí sola.

-Nosotros les damos cariño, cuidado y una razón para vivir. ¿De qué forma entonces

nos devolveran el favor?

Alivio suyo fue cuando supo que sus Pokémon no lo estaban escuchando.

-¿Creen que desde un principio necesitamos de ustedes?

Los ojos de la criatura se volvieron rojos de ira, levantó un brazo amenazador, y

dijo desde su mente.

-Nuestro Dios vendrá un día, y entonces todas sus armas se volverán en

su contra. Poco tiempo les queda.

El Pokémon se iluminó completamente, y Red no recordó nada más. Desde ese momento, su mente

no volvió a funcionar como solía. Malos recuerdos y experiencias lo asaltaban en cada sonrisa,

y tanto las palabras de Oak como las de ese Pokémon le resonaban en su interior

a diario, siempre presentes, nunca olvidadas.

Despertó siendo electrocutado por Pikachu, quien desde ese momento lo sacaría de sus

trances y sus delirios cuando éstos llegaban. Habían pasado casi una semana inconcientes,

y todavía seguían dentro de la cueva. Los pensamientos de Mewtwo ya no estaban, y

al salir, no le sorprendió saber que los periódicos anunciaban su

desaparición, incluso una posible muerte. Sin ser visto volvió

a Pueblo Paleta en su hambriento y débil Charizard, pero no entró a su casa, no podía

mostrarse a su madre en ese estado.

«Tengo que hablar con Oak.»

Luego de alimentar a todos sus Pokémon, Red se infiltró a mitad de la noche en el laboratorio

de Oak, nadie tenía que saber que el Campeón de Kanto seguía vivo, y menos sin eliminar

a ese Pokémon.

Cuando lo encontró en su escritorio, estaba más viejo y con cara de estar a punto de

morirse. Ya no tenía color, nisiquiera en el cabello.

-¡Red, estás vivo! Y éste notó que el científico, gracias a su expresión, llevaba

varios días sin sonreir. Luego de contarle su encuentro con Mewtwo, Oak volvió

a perder el poco color que había ganado.

-Esto es grave, no creo que ese tal Mewtwo haya mentido. Lo cierto es que

nunca supimos cómo demonios ganaban vida esos monstruos, parecía el milagro

científico del siglo.

Red, que estaba sentado en una silla de plástico, empezó a frotarse las sienes.

-No sé, ¿Cree usted que en verdad existe ese tal Dios? Yo digo que hay que

buscar una forma de matarlo, por todo el mal que causó, y más que todo

a mí, me ha acabado afectando el cerebro.

Oak lo miró, preocupado.

-Lo siento mucho Red, él es un Pokémon Psíquico, dañar las mentes es su especialidad,

y tienes razón al decir que tiene que eliminarse, junto con los otros. Los errores

tienen que corregirse.

-Y yo me ocuparé de eso.

Oak le puso una mano en el hombro.

-No Red, tenías razón, eres todavía muy joven, y tienes que descansar como se debe, yo mismo...

-Ni hablar, y le repito lo que nos dijo a su nieto y a mí el día que nos dio la

Pokédex, usted está muy viejo. Yo, siendo joven, tengo más resistencia, y le juro

que esos Pokémon desaparecerán por mi mano.

Los ojos del Científico empezaron a derramar lágrimas, no creía que Red siguiera con

esa idea luego de su experiencia con Mewtwo. A lo mejor el daño en su mente le

estaba afectando.

-No puedes hacerlo tú, yo intentaré...

-¡Usted no me entiende! ¡Tengo que hacerlo yo y nadie más!

Luego retiró la mano de Oak de su hombro.

-¡Porque le dije todo a Silver!

Se hizo el silencio por un momento, y cientos de pensamientos cruzaron por las cabezas de

ambos en ese breve instante.

«Ya era hora de decírtelo.»

Oak se derrumbó en su asiento, y con expresión en blanco, quitó la vista de Red.

-¿Lo hiciste antes o después de que yo te dijera que era miembro de los Rocket?

-El día anterior. Acabó obsesionandose hasta tal punto que parecía estar loco, yo

salí corriendo de allí.

-¿Le contaste la identidad de-?

-Claro que no, sólo le dije que había encontrado los archivos en Islas Canela, y lo

que más me sorprendió fue que él ya sabía de qué tema hablaban esos documentos.

Oak hizo girar su silla y volvió a mirar a Red.

-Todo esto cambia las cosas Red, demasiado. Entiendo que hayas confiado en

Silver, pero te equivocaste, no te culpo por eso.

Red se sentía alividado, pero más allá de las palabras de Oak, veía...decepción.

-Me disculpo con usted -Exclamó mientras se arodillaba-. Me ha confiado un

secreto y yo traicioné esa confianza. Y para redimir mi culpa, sepa que tengo

que eliminar a esos Pokémon -Luego levantó la cabeza para mirarlo-. Por usted,

por Kanto, y por mí.

Oak, todavía con lágrimas, le pidió que se levantara.

-Red, has resultado ser alguien de mucho valor. Pocos rechazan ofertas de

riqueza, y menos viniendo de un amigo. Tienes un alma de entrenador.

Pero ahora -Dijo secándose las lágrimas- tenemos que pensar en las consecuencias

de tu metida de pata.

Ambos se volvieron a sentar.

-Aceptaré toda la responsabilidad. -Dijo Red sonriendo-. Dígame que tengo que hacer.

Oak se frotó los ojos con una mano.

-Pues, ya tus 'actos heroícos' no se podrán hacer públicos, ese tal Silver lo sabría.

Segundo, tampoco puede saber que sigues con vida, así Silver creerá que los archivos

se perdieron contigo. Tercero, si supieramos en dónde está...ya sabes, nos

haríamos cargo de él, antes de que le pase el secreto a otro.

Red sintió un escalofrío y su sonrisa casi desapareció.

-¿Asesinarlo?

-Por el bien de Kanto -Aclaró rápidamente Oak-. Es lo único que me temo que puede

hacerse para proteger el secreto.

Red vaciló, eliminar un Pokémon asesino estaba bien, pero...¿Una persona? Y no cualquiera,

sino alguien que lo acompañó por casi cuatro años.

-Ya sabes Red, -Dijo de nuevo Oak- ahora debes buscar un escondite, y por favor no

me digas en dónde te vayas a ocultar, así no tendría nada que decir si resultara

siendo torturado, ya que, no sé hasta cuando la mentira sobre tu muerte tenga

efecto. Pero ya hablaremos después, tienes que descansar.

-Como usted quiera, Oak.

Y dicho esto, Red salió por el mismo lugar por el que entró, apenas dándose cuenta

de lo mucho que había cambiado su vida.