Lugia era, en teoría, el Dios del Mar. Leyendas hablaban de una bestia plateada que hacía

subir la marea caída la noche, y se decía que a esa misma hora se le veía salir del

mar, bañada por los rayos de la luna. Y ahora que Red veía al personaje de varios libros

antiguos, llamada en su tiempo la luna en miniatura de la tierra, no comprendía cómo

un ser tan malvado como Silver pudo domarlo, ¿Por qué un Pokémon considerado un Dios

en su tiempo querría ser mascota del Jefe de los Buscadores?

Una criatura tan pura y tan poderosa, no se aliaría con el mal porque sí, tenía que

haber trampa. El Pokémon Psíquico y volador, capaz de penetrar el la mente de las

personas, sólo le recordó a Red a Mewtwo, y el daño irreparable que le dejó éste

en su cerebro. Pero pronto Mewtwo caería, y ese día marcaba el final de muchas cosas.

Ahora Red entendía todo, la visita de Gold, la confianza de su madre, y el

encuentro con Silver.

-Red, o me lo dices por las buenas, o lo haré yo mismo por las malas.

Silver ya no sonreía, y se había quitado las gafas de sol.

Ya no había Dorado, no había luz, Silver triunfaría, controlando a ese Pokémon volador,

o eso creía.

"La tienes tú" Pensó Red.

Los Rocket tenían un buen objeto en sus manos, desde varios años atrás, y en quien lo

usarían era un misterio, hasta ese momento.

-Oak, ya decidí dónde esconderme. -Dijo Red, pero fue como si le hubiera hablado a la

sala, el Científico pareció no haberlo escuchado.

-Me parece bien. -Dijo Oak todavía con los ojos clavados en sus apuntes.

Red guardó silencio. El Científico lo había llamado y todavía no le había contado nada.

Miraba y miraba sus papeles sin mostrar expresión, y Red empezaba a sentirse incómodo.

-Red, no te haré perder más tiempo, he descubierto algo recientemente. -Dijo Oak,

llamando la atención de Red, quien se acomodó en su asiento y se preparó para escuchar.

-¿Recuerdas el ataque a Silph. Co? -Preguntó el Científico luego de girar su silla en dirección

a su invitado.

-Cómo no. Su nieto y yo, con los Rocket, los echamos como a ratas. Ni una sola víctima.

Allí gané mi Lapras.

Oak lo miró preocupado, Red últimamente estaba hablando de una forma algo extraña.

-Pues bien, seguro sabrás por qué atacaron ese edificio.

-Dinero. Silph. Co lo tiene todo.

Oak negó con la cabeza.

-No Red, ellos buscaban otra cosa, una Masterball.

Red frunció el ceño, las Masterball ya no eran tan raras como antes, cualquiera

con un mes de sueldo podía conseguirlas. Una fuerte lucha mantenía Silph. Co

con Smog-On!, por la insistensia del segundo para prohibirlas, pues obtener el

Pokémon que uno quisiera obligandolo a entrar en una Masterball les parecía

trampa y causaría un fuerte desbalance en las batallas Pokémon. Al

haber montones de Pokémon Élite en las peleas como los indomables Houndoom,

Rhydon, fantasmas, entre otros, Smog-On! quería, o prohibirlas, o limitar a una

Masterball por entrenasdor.

-No entiendo. -Admitió Red.

Oak ya se esperaba algo así.

-Red, ellos buscaban la Masterball del Pokémon Mítico, la primera Masterball creada.

-¿Buscaban a Mew?

-Al mismo, la querían para atrapar a algún Pokémon legendario. De eso me he dado

cuenta en mi investigación. No encuentro otro motivo Red.

-Pero, aún no entiendo por qué eso lo tiene preocupado.

-¿Por qué?, porque ellos lograron conseguirla.

Red se mostró escéptico.

-Imposible, esa Masterball la tengo yo. Me la dió el Presidente, como premio por

haberlo librado de esos terroristas.

El Científico también se esperaba eso.

-¿Creíste que el Presidente te iba a dar la mejor Masterball de todas?

-Por qué no -Dijo Red- salvé practicamente a esa organización.

Oak cruzó las piernas.

-Red, la primera Masterball la robaron los Rocket ese mismo día. El Presidente te

dió su copia personal, pero esa era distinta. Creada a partir del mismo diseño que

la original.

Red empezaba a entender. Antes de la muerte del creador de la Masterball, este

se había asegurado que la fórmula no muriera con él, y se la dió a un miembros

de GHOST, pero el muy condenado pasó la fórmula incompleta, y la única y

verdadera Masterball era una sola, que pasó a ese miembro de GHOST, actualmente presidente

de Silph. Co, y ahora la tienen los Rocket.

-Entiendo Oak, así que según usted, los Rocket quieren poseer un Pokémon Legendario,

¿Cuál?

Oak lo miró y empezó a asentir con la cabeza.

Entonces Red cayó en la cuenta.

-Ojalá no sepan en dónde está Mewtwo.

Y Red se alivió al saber que no había sido el Segundo Nuevo Pokémon Mítico en su

Masterball, sino una criatura marina gigante.

Entonces entendió por qué diablos Silver podía montarla y manejarla sin problemas.

Él tenía la Masterball, la única, la original, la mejor.

-Empiezo a perder la paciencia, Red. Dime lo que necesito saber, o mi Pokémon

te exprimirá hasta la última palabra de tu cerebro.

Red volvió a caminar un poco hacia la derecha.

«He de alcanzarlo.»

-Silver, no entiendo por qué me hiciste todo eso, tú me engañaste. -Le dijo Red.

-Yo te quería Red, como a un hijo. Y al final no confiaste en mí, lo tiraste todo

por el estúpido sueño del entrenador. Pero ahora, -Dijo abriendo los brazos- puedes

venir a mí. Ambos seremos las personas más poderosas de Kanto.

Red dió dos pasos más a la derecha.

-Ni hablar, hoy será el fin de todo, Silver, vas a morir.

Silver pareció sorprenderse, para luego dibujar una sonrisa burlona en su rostro.

-¿Cómo? ¿Acaso no te has quedado sin Pokémon gracias a ese tal Gold? Además,

¿Te crees capaz de eliminar a Lugia?

Red no estaba seguro, su plan debía funcionar.

-Silver, te repito, vas a morir.

-¡Y una mierda! -Gritó Silver, furioso- ¡Lugia usa Psíquico!

Y Red sintió el fuerte dolor de cabeza, arañando sus neuronas, defectuando sus recuerdos.

Cuando se dió cuenta estaba en el suelo agarrandose la cabeza con fuerza.

-¡Morirás! -Gritó.

-¡Vuelve a usar Psíquico!

El Pokémon no necesitaba ni moverse, o hacer sonido alguno. Para él usar ataques

era como pensar: imaginarse el daño y hacerlo real.

Red logró levantarse, y con pasos torpes corrió hacia un gran cubo de hielo al lado

derecho del refugio, casi tocando la pared de la montaña.

-¡Red! ¡Despierta! ¡Todavía puedes elegir!

Un poco antes de llegar al Cubo, Red cayó al suelo, presa del horrible dolor. Y

levantó una mano.

Sus dedos tocaron el Hielo.

-¿Cómo?

El Cubo empezaba a agrietarse, y más debajo, se podía ver a Red sonriendo entre

una mueca de dolor.

-¡Mi último y sexto Pokémon!

Y luego de romperse por la mitad, el pico de un Pájaro gigante empezaba a asomarse,

como un Pichón saliendo de un huevo. Era el pájaro Blanco, no llamado así por su color,

sino por el de la nieve que dejaba al volar. Ese Pokémon fue la pista que salvó a Silver.

Ahora iba a acabar con él.

Tanto Lugia como su dueño miraban al Pokémon romper el cubo, listo para luchar.

-¡Usa Ventisca! -Le ordenó Red.

Y Silver sintió sus esperanzas lléndose con ese ataque.

Había pasado años preparando ese momento, el momento de su gloria, pero no se esperaba

que Red tuviera consigo a un Pokémon Legendario, un Pokémon al cual en la antiguedad se le

atribuía, como a muchos otros, la presencia de un clima: El invierno.

«¡Imposible!»

Silver estaba seguro de que ese Pokémon venía de Hoenn.

El Pokémon del ártico, el primero entre las tres aves legendarias antiguas.

Articuno.

«¡El Pájaro Blanco no tenía porque ser este!»

Y mientras sentía el frío cubriendole el cuerpo junto a Lugia, recordó a su padre,

la tarea que le había confiado. Ese día Silver estaba en Ciudad Lavanda, disfrazado

de un viejo totalmente distinto a él, visitando la tumba de su padre. Cuando pudo

encontrarla, leyó una frase que lo hizo romper a llorar en ese mismo instante.

«Y que la Plata termine de llenar mis bolsillos.» Y Silver entendió, tenía que

acabar con la tarea que su padre dejó a medias. Desde ese día contactó con los

antiguos miembros de su perdida organización, y todos aceptaron mientras se les

pagara con su heredada fortuna. El Cohete Buscador había sido disparado, y ya

nadie podría detenerlo. La Policía y más de la mitad de Kanto creía que el Campeón

estaba muerto, y eso era una ventaja y una desvantaja para los Buscadores, gracias

a Oak y sus exageradas historias. Y con la información que le vendió Gold,

pudo dar con el rastro de Red. «El Pájaro Blanco marca el camino.» Pero Silver no le

creyó, hasta que supo que había desaparecido en el Monte Plateado, el cual

llevaba su mismo nombre.

Pero Silver había fallado. En su venganza, en obtener la información...derrotado

por el mismo que venció a su padre.

Desde sus congelados ojos vio a Lugia abandonandolo, llendose a dormir de nuevo al

mar. Lo último que vio fue el Monte Plateado, y descubrió algo que lo hizo caer

con una sonrisa en el rostro.

«Gracias a mí el Rojo y el Dorado se encontraron.»

«Kanto y Johto unidos en su centro»

«En su corazón, en el Monte Silver.»

Y se perdió en el abismo, para no volver a aparecer más.