Un niño se encontraba de rodillas en un espacio abierto. Miraba y miraba a todos lados, y no
veía sino hierba desapareciendo en líneas perfectas que lo rodeaban.
«¿En dónde estoy?»
Pero nadie podía oirlo, hasta que llegó él.
«¿Quién eres?»
Él no le respondió. Sólo levantó una mano y una figura oscura apareció a su lado.
«¿Qué es eso?»
Él sólo sonreía, su único rasgo distinguible en su borrosa cara.
«¡Gengar usa Hypnosis!»
Gold despertó, y la luz le hirió los ojos. Pero al momento se dió cuenta de que tenía
el ojo derecho vendado. Estaba confuso, no recordaba casi nada, como si le
hubieran modificado la memoria.
«Me siento víctima de un Hipnotrón»
Miró a su alrededor, y distinguió equipo médico, suero conectado en su brazo derecho, y
paredes blancas.
«Si no estoy loco, esto debe ser un hospital.»
Y como anticipándose a su despertar, una figura entró por la puerta.
-¡Despertaste! -Dijo la enfermera.
Esa voz no hizo sino alegrar a Gold.
-Aparentemente. Por favor dígame dónde estoy.
La mujer estaba esperando expresamente esa pregunta.
-Hospital de Pueblo Paleta, llegó usted hace dos días. Y mire, alguien le dejó una nota.
Gold tomó la hoja de papel, le temblaba el pulso. Y mientras la enrollaba en su mano, le pidió a la
mujer que lo dejara solo. Y empezó a leerla treinta segundos después.
«Gold, perdón por no explicarte nada, ya que tuve que dormirte con Hypnosis. Y por
dos razones. La primera es que estabas a punto de morirte, y si seguías forzando
tu cuerpo era lo más seguro que podía pasar. Segundo, no podía mostrarte por dónde ibamos
a escapar, con todo el respeto. Y esas últimas palabras tuyas me llegaron hasta el
alma, nunca creí que tú...serías el mejor fanático de mi leyenda, la cual
ya debes conocer bien, tanto como para decir qué es mentira y verdad en ella.
Perdona si te asusté, yo siempre me pongo asi cuando pierdo, no te preocupes.
Y ojalá vengas un día a mi casa, para platicar, ya sabes...sin los Buscadores
me siento un poco más libre. Además, quería que me ayudaras en otra tarea, pero
de eso ya hablaremos. Suerte.»
-El Ex-campeón de Kanto necesita mi ayuda -Luego sonrió irónicamente-. Allí estaré
amigo, y me ayudarás a encontrar a mi Padre.
Tomó el trozo de papel, y empezó a juguetear con él, enrollandolo, y apretandolo...
hasta que vió el reverso. Con prisa lo acomodó para leer lo que decía.
«Eso de ocultarte cómo pudimos escapar de los Buscadores(esos tipos que
resultaron siendo arrestados por actividad sospechosa) ahora que lo pienso me parece absurdo.
Si te confié uno de los secretos mejores guardados de Kanto, no veo por qué
no puedo contarte la localización de ese lugar. Y bien, ¿Recuerdas el Pokémon H.Q?»
