.

-La cadena con la bailarina que le regalé.- Dije mientras me agachaba para tomarla.

-Qué harás con ella?- Preguntó Edward.

-Me la quedaré, aunque mañana se dé cuenta de su ausencia y crea que la robaron… de alguna manera se la devolveré y demostraré que sigo a su lado.

-No sé si sea buena idea…

-Haría cualquier cosa por ella, está sufriendo porque me cree muerto… yo trataré, desde las sombras, de aliviar su dolor.

.

Ese era mi plan, seguiría a su lado… tendría que ser más cuidadoso pero si ese era el precio por verla sonreír de nuevo, valdría la pena.

Le comenté mi idea a Carlisle, él no se opuso pero había una condición… estar siempre acompañado. Tenía razón, no era bueno que estuviera rodeado de personas, podía perder el control. Trabajaríamos sobre eso, primero yendo a lugares con poca gente e ir aumentando.

Le mandé un ramo de flores, en la tarjeta le escribí: "Pueden haber cientos de flores pero sin ti mi jardín no está completo".

Edward fue personalmente a entregarlo, quería saber de su reacción.

-Ella sonrió y me preguntó quién las había mandado, yo le dije que sólo era el chico del envío… que no sabía nada. Cuando me alejé, antes de cerrar la puerta de su oficina ella recordó haber recibido ese mismo ramo, para después asomarse a la ventana y hacerte una seña.

-Gracias Edward, me has alegrado el día.- Dije sonriendo.

.

Todas las semanas le mandaba flores, mis ganas de escribir aunque sea mis iniciales eran inmensas pero no debía, no tan pronto. Le ponía cosas como: "Si tú sonríes, yo sonrío", "Mi mundo gira en torno a ti", "Tus ojos son los más dulces que haya visto", "Yo fui hecho para amarte", "Quiero desvanecerme dentro de tu beso", "Sentimientos por ti que no puedo ocultar, perdóname si te ofendo pero no puedo controlarlos", "Créeme cuando digo que te amo y que lo haré por toda la eternidad".

Según Edward, Alice esperaba ansiosa la llegada de las flores, leía una y otra vez la tarjeta con una gran sonrisa en su rostro. Pudo observar que las guardaba todas en un cajón.

-Cómo te sientes?- Me preguntó Esme, sentándose a mi lado.

-No lo sé, no creo que esté funcionando lo de las flores.

-Pero ella te recuerda…

-Ese es el problema, me recuerda como a un muerto, necesito que sepa que sigo aquí, que estoy cerca de ella, en carne y hueso.

-Entiendo tu deseo Jasper pero no estás listo para salir… es reciente tu transformación.- Aclaró Carlisle, sumándose a la charla.

-Lo sé, no quiero lastimar a nadie pero estar lejos de ella…- Mirando a cada uno.- …me consume.

-Trabajaremos tu autocontrol, lo más rápido posible, créeme.- Acotó Edward.

.

Han pasado cuatro meses desde esa charla, mi sed está relativamente más controlada. He salido acompañado de Edward y Esme, cada día era un progreso. La cantidad de gente con la que tenía que lidiar aumentaba, ponía todo mi esfuerzo en pasar desapercibido, sólo por y para ella. Alice era en lo único que pensaba para controlarme, debía seguir siendo un hombre y no un monstruo.

Sabía su horario de memoria, esperaba a que saliera por la puerta del edificio y caminara hacia la cafetería, pediría café con leche y dos sobres de azúcar. Cuando estuvo sentada en su mesa, supe lo que tenía que hacer.

Toqué mi bolsillo para asegurarme que lo llevara y corrí lo más rápido posible, entré y salí. Cuando estuve en frente del local, cruzando la calle, noté que mi acción había producido una corriente de aire, haciendo volar algunas servilletas y dándole un suave movimiento a su delicado pelo. Nadie alcanzó a verme, una empleada cerró la puerta pensando que por allí entraba el viento.

Alice bajó su mirada y encontró mi regalo, le había devuelto su cadena. La tomó sonriendo y giró su cabeza hacia todos lados, queriendo ver al que había dejado eso allí. "No puede ser" se dijo y preguntó a la camarera si había visto a alguien, la empleada negó amablemente.

-Dime qué piensa ahora?- Le pregunté a Edward, quien estaba al lado mío.

-Está dudando, quiere creer que fuiste tú quien dejó la cadenita pero al instante se retracta, dice que es imposible. Recordó el momento en que se la regalaste…

-Se le llenaron los ojos de lágrimas.- Dije apenado.

-Son de felicidad, Jasper… no la estas lastimando, ella está feliz.

.

Un día salió más tarde del trabajo, tomó el taxi pero la dejó a dos cuadras de su casa. Se bajó en una pizzería, a los pocos minutos salió y camino en dirección a su hogar. La observé detenidamente, ya había oscurecido, no me gustaba que anduviera sola por la calle.

Un hombre que caminaba en dirección contraria, la choca con su brazo y comienza a forcejear con ella. La bolsa que cargaba fue a parar al piso, se aferró a su cartera, eso era lo que el hombre quería. No podía permitir que ese delincuente le robara o la lastimara. Corrí hacia el lugar donde se encontraban, lo tomé de la garganta levantándolo unos centímetros del pavimento y le dije: "Suelta la cartera y discúlpate con la señorita". Tuve que cambiar el tono de mi voz. El tipo obedeció y salió corriendo a penas sus pies tocaron el suelo.

Me dispuse a irme, dando media vuelta, en dirección opuesta a la suya. Su voz me distrajo.

-No te vayas, déjame agradecerte… de alguna manera.- Dijo dulcemente mientras acomodaba sus cosas.

-No hace falta, lo importante es que no has salido herida. Buenas noches, señorita.- Salí corriendo a velocidad humana, di una vuelta rápida y regresé para acompañarla, a distancia, en su trayecto. Ella miraba a cada rato hacia los lados, tendría miedo o me buscaría?

Llegó sana y salva a su departamento, la escuché abrir la llave de la ducha, aproveché y pasé una nota por debajo de la puerta.

"La próxima vez no camines sola a estas horas… pide delivery, Alice"

La leyó en voz alta cuando encontró el pedazo de papel, sé que sonrió y dijo "Yo sé que tú me proteges, Jasper".

-Eso hiciste?- Preguntó Edward.

-Así es.- Haciéndome el héroe.

-Vaya! Tuviste suerte, pudo haberte reconocido…

-No, estaba algo oscuro y yo tenía puesto esta gorra y lentes… hasta hice mi voz más gruesa.

-Lo tenías todo planeado.

-Claro que no, pero no podía quedarme de brazos cruzados.

-Hiciste lo que tenías que hacer, un gran gesto de tu parte, Jasper.- Me felicitó Esme.

-Percibiste su aroma? Te fue difícil?- Preguntó Carlisle.

-Me enfoqué tanto en el delincuente que no lo noté, ni siquiera tuve tiempo de pensarlo.

.

Acostado en mi cama, cerré los ojos y reviví cada uno de los momentos con Alice, desde que la vi por primera vez en una fotografía en el despacho de su padre hasta el día que nos secuestraron.

Yo la necesito a mi lado para ser feliz y sentirme completo… la amo y nunca dejaré de hacerlo. Debería parar con esta "obsesión" de mostrarle que sigo aquí? Podría soportar que encontrara el amo junto a otra persona? Mi inmortal existencia valdría de algo sin una razón, siendo ella la más importante?

Preguntas y más preguntas pero ninguna respuesta. Razoné y reflexioné durante horas, permaneciendo en la misma posición. Mis pensamientos venían acompañados de imágenes grabadas en mi mente, donde ella estaba en todas.

De pronto, algo me iluminó, cambió algo en mí… estaba formulando las preguntas equivocadas, todo este tiempo. Esto me llevó a la más esencial: Qué es lo que ella querría hacer?

Solo hay una manera de averiguarlo y es que me vea, que sepa la verdad y que decida qué hacer conmigo. Estoy dispuesto a aceptar cualquiera sea su decisión, sólo si es lo que realmente quiere y la hace feliz.

Le mandaría una carta, eso haría. Seis meses desde mi "muerte", ya no aguantaba más estar escondiéndome como un criminal, necesitaba que ella supiera de mí… que me amara o me odiara, pero que sepa que no morí, no del todo.

.

Alice:

Te llamará la atención recibir esta carta, en tu casa y a estas horas de la noche. Espero no interrumpir tu ejercicio sobre la caminadora.

Créeme que no ha sido fácil para mí todo este tiempo alejado de ti, pero debes saber la verdad.

Sé que te gustaron las flores de cada semana y lo ansiosa que esperas el día de su llegada. No quiero llenarte de ilusiones, no quiero verte sufrir y mucho menos ser yo el causante.

No he muerto, Alice. Todavía sigo en este mundo, sigo pendiente de ti aunque no pueda acercarme… no podría perdonarme si llegara a hacerte daño. Es por esta causa que no me he hecho presente, además de temer tu rechazo.

Te ruego que no me odies, no fui quien armó esta mentira sobre mi muerte. Cuando estuve al corriente, ya todo estaba hecho. No fue la intención de nadie lastimarte, digamos que lo hicieron por bien.

Te echo de menos todos los días, quiero regresarte algo que te pertenece… que he tenido conmigo para sentirte un poco más cerca. Hazme saber si lo quieres de regreso… si me perdonas y si todavía sigues amándome. En dos días, a esta misma hora, alguien pasará por de tu casa… no tocará la puerta, debes responder esta carta.

La decisión que tomes, la entenderé… sin reprocharte nada.

.

Te ama, Jasper W.

.

En esta oportunidad fue Esme quien llevó la carta, nadie pensaría mal de una mujer tan bella y tierna, paseándose por los pasillos de un edificio en la noche.

Dos días después, Esme entró a nuestra casa con un trozo de papel en su mano. La respuesta de Alice, decía:

.

Sea quien seas, sé que estás jugando conmigo… detesto que la gente me mienta. Ahórrate las próximas flores, ya no las quiero.

No creo que seas quien dices ser, simplemente no puede ser.

Te daré una oportunidad para que te muestres… y poder ver realmente, quién ha estado detrás de esto, todo este tiempo.

Habrá una fiesta, realizada por mi trabajo… te invito a que vayas y terminar con esta farsa.

.

Debajo de esas… amargas palabras, estaba la dirección a la que tendría que ir.

Esa noche llegó, nos vestimos elegantemente y partimos hacia la fiesta. Nos dejaron pasar al mostrar la tarjeta de invitados, ella había puesto una… siempre pensando en todo, aunque fuera para el impostor que la lastimaba.