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Debajo de esas… amargas palabras, estaba la dirección a la que tendría que ir.

Esa noche llegó, nos vestimos elegantemente y partimos hacia la fiesta. Nos dejaron pasar al mostrar la tarjeta de invitados, ella había puesto una… siempre pensando en todo, aunque fuera para el impostor que la lastimaba.

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Apenas entré, escoltado de mi familia (como nos hacíamos llamar), la vi. Estaba en el medio del salón, observando a su alrededor… en mi búsqueda.

Avancé en su dirección hasta que nuestros ojos se encontraron, detuve mi marcha dejando unos 10 metros de distancia entre nosotros.

Se veía tan hermosa con ese vestido, negro con un cinto color lila en su cintura. Siempre ha sido la mujer más hermosa e interesante que conocí pero esta noche estaba radiante.

Me mantuve firme, sin mover ni un solo músculo, observando detenidamente su reacción al ver que era yo el que estaba parado frente a ella.

Su boca fue generando una sonrisa y sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Caminó hacia mí, acelerando cada vez más su paso… yo copié su acción. Cuando estuvimos suficientemente cerca, se lanzó a mis brazos... rodeó con los suyos mi cintura y apoyó su cabeza en mi pecho. Rompió en llanto… yo estaba paralizado, no creí que tendría esa reacción, además de estar muy cerca mío. Su olor bajó por mi garganta, giré mi cabeza para mirar a Edward y decirle con mi pensamiento que estuviera atento, tanto él como Carlisle y Esme.

-Te extrañé, te extrañé mucho…- Me dijo Alice secándose las lágrimas.

-También te he extrañado… como no tienes idea.- Acariciando su suave pelo.

Permanecimos así por varios minutos, si mi corazón latiera, en estos momentos estaría descontrolado.

Me sentía bastante bien, tranquilo y pleno con ella entre mis brazos.

Nos separamos unos centímetros para vernos fijamente a los ojos y sonreír como niños.

-Te encuentras bien?- Pregunté.

-Sí, estoy bien…- Su mirada me cautivó.

-Bailarías conmigo?

Ella tomó mi mano y me condujo hacia el centro de la pista. La música era lenta, Alice volvió a su antigua posición, con su cabeza apoyada en mi pecho; mientras yo, pegándola más a mi cuerpo, giraba al compás. La canción terminó y empezó otra, podía estar toda la noche así con ella.

-Creo que te debo una explicación.- Rompiendo nuestro agradable silencio.

-Por ahora, me conformo con bailar.

-Alice no puedo quedarme por mucho tiempo… hay personas que pueden reconocerme.- Deteniendo nuestro baile.

-Me voy contigo.- Mirándome a los ojos, sin titubear.

Busqué a Carlisle con la mirada, cuando lo encontré, él afirmó con la cabeza.

-Bien, vamos.- Le ofrecí mi brazo.

Caminamos hacia la camioneta, los demás ya estaban allí.

-Antes que nada, déjame presentarte al Dr. Carlisle, quien me salvó, a su esposa Esme y a Edward, su hijo.- Todos la saludaron con un gesto.- Ella es Alice.- Finalicé.

-Un placer conocerlos.- Dijo sonriente.

-Te llevaremos a tu casa…

-Te quedarás conmigo?- Mientras subía al coche.

-No, no puedo quedarme.- Apenado.

-Entonces llévame a donde tú vayas.

-No sé si…

-Está bien Jasper, puede venir a nuestra casa.- Me interrumpió Esme, con una sonrisa.

-Te lo agradezco.

-Gracias.- Acotó Alice.

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-Bien… ahora sí necesito escuchar tu explicación.- Sentándose en mi cama.

Le conté todo lo sucedido, desde que recibí el balazo en el galpón hasta ahora. Utilicé las mismas palabras que Carlisle me había dicho a mí, en su momento. Ella permaneció quieta, escuchando atenta y sin interrumpirme.

Una vez que terminé, me fui hacia uno de mis cajones y saqué la cadena.

-Ya has escuchado la historia, es hora de que te devuelva esto…-Depositándola sobre su pequeña mano.

-Gracias.- Recibiendo su cadena.- Sólo tengo algo que decir...

-Dime lo que quieras, por favor…- Dije desesperado.

-Te amo.- Sonrió y acarició mi mejilla.

La abracé con la mayor delicadeza aunque quisiera hacerlo con todas mis fuerzas, seguía amándome sin importarle mi condición.

-Te amo, Alice.- Le dije al oído, sintiendo su respiración en mi cuello, junto con el contacto de sus brazos.

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Bien, les seré sincero… eso es lo que yo hubiera querido que pase, pero no fue así. Por qué? Porque ella no se presentó a la fiesta. Mis ojos me lo informaron al no verla, mis oídos al no escucharla y Edward al no poder leer su mente.

Le habría pasado algo camino hacia aquí? O simplemente no quiso saber…

Tal vez estuvo aquí, me vio antes que yo a ella y se fue… quien sabe. Si eso llegó a pasar, fue porque estaría dolida por el engaño, no supo manejar la situación y hasta le llevaría varios días digerirlo.

Debo ser el idiota más grande del planeta, trato de acercar a la chica que amo pero en vez de eso, termino alejándola más de mí.

La fiesta había terminado y yo seguía en la puerta, esperando.

Carlisle y Esme ya no estaban, sólo quedábamos Edward y yo en la solitaria cuadra.

-Qué crees que pasó?- Me preguntó.

-No sé, no puedo pensar claramente… lo único que sé es el vacío que siento, me imagino un gran agujero negro en medio de mi pecho, que me comprime más y más.

-Vamos a casa.- Posando su mano en mi hombro.

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Ayer fui hasta su departamento, sólo para sentir su presencia y saber que estaba bien. Nada. Alice no se encontraba dentro. Comencé a preocuparme, a dónde podría haber ido? A casa de una amiga, quizá. Sí, sí, eso puede ser… la situación de la fiesta la sobrepasó y acudió a una persona cercana para desahogarse.

Tendría que esperar hasta mañana, seguirla como era mi costumbre hasta su trabajo, observarla y esperar hasta su hora de salida.

-Ella no fue a trabajar, Jasper.- Me dijo Edward al traer de vuelta el ramo de flores.

-No dejaste el ramo? Lo vería mañana, así sabría que...

-No, ella no irá mañana ni pasado, renunció y según dicen se fue de la cuidad.

-Qué? Cómo…?

-Es lo que me dijo su secretaria, no mentía. Lo lamento.

-La perdí, Edward. Se ha ido, quién sabe dónde…

-La buscaremos.- Dándome ánimos.

-Ella no quiere ser encontrada. Déjame solo, necesito pensar.- Le dije con los ojos cerrados y los dedos presionando mi tabique.

Se fue rápidamente, a pesar que titubeó un segundo… seguro que para decirme "No cometas una locura". Sabe que no haría nada.

Caminé a paso lento por diversas calles, sin rumbo alguno. Mi cabeza era máquina que no paraba y estaba a punto de colapsar.

Tal vez, será que esta historia ya tiene final… pero por más que lo pienso, no encuentro una sola razón para seguir sin ti.

Aquí estoy en mi soledad, dentro de mi ser solo hay tristeza. Sin ti me siento tan solo, sin ti no puedo más.

Solo tú podrás darle la pasión a mí corazón que no está latiendo. En tus besos quiero desahogar este sentimiento.

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Un mes ha pasado desde la partida de Alice. Un mes sumergido en las tinieblas que produce mí mente y el vacío, que con el contar de los días, aumenta.

Tampoco he acompañado a mi familia en las actividades realizadas, por ejemplo: la caza.

Encerrado en mí cuarto, sin nada que hacer… sin motivación alguna. Enciendo la radio para tratar de despejarme.

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"…Traigo en los bolsillos tanta soledad

Desde que te fuiste no me queda más

Que una foto gris y un triste sentimiento…

Lo que más lastima es tanta confusión

En cada resquicio de mi corazón

Como hacerte a un lado

De mis pensamientos…"

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No fue buena idea y la apagué.

Todo lo que escucho, lo que veo, absolutamente todo me hace acordar a ella.

¿Qué estará haciendo? Estará bien? Se habrá olvidado de mí? Me preguntaba una y otra vez. ¿Qué sentido tiene amar? Cuando en ese lugar no te encuentras tú, sólo tú sombra.
¿Qué sentido hay en vivir? Si no puedo compartir las flores de estación, con tu sonrisa. Sólo queda aroma amargo.
Tú, en mi mente vives tú, puedes encontrar la luz que ilumina al mundo.
Tú, en mi alma vives tú, como en la eternidad… siempre estarás tú. Sólo tú.
Yo me obligo a estar de pie, por si caso regresaras tú me puedas ver. Te esperaré.

Me propongo enmendar, esta dura desunión que nos acorraló. Que me desarma.

En ese momento di un vuelco de 180º, cambié mi errada postura y saldría de mi deplorable estado. Volvería a ser yo, lo haría por ella.

Hoy veo el sol brillar y en mi mente tú recuerdo, está creciendo cada día. Para que puedas volver a encontrarte en mi camino, ser el centro de mi vida.

La sonrisa volvió a mi desacostumbrado rostro.

Lo primero en hacer fue cazar, acompañado de Carlisle y Edward.

-Me alegra que estés compartiendo esto con nosotros.- Dijo animoso Carlisle.

-También me alegra, no podía seguir allí encerrado, sin hacer nada. Aunque me sirvió para pensar mucho y tomar una decisión…

-Cuál?- Preguntó Edward.

-La buscaré, recorreré todos los lugares del planeta si es necesario… pero tengo que encontrarla.

-Estás seguro?

-Estoy seguro que quiero que sepa la verdad. No puedo quedarme con el "Qué hubiera sido si…" No me parece justo. Tanto para ella como para mí.

-Si lo has pensado bien y es eso lo que quieres, tienes nuestro apoyo.- Aseguró Carlisle.

-Gracias, sabía que entenderían. Por lo pronto, me iré por unos cuantos días. Los mantendré informados, no se preocupen. Estaré bien.- Dije optimista.

-Lo sabemos.

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Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses. Ya han pasado 5 desde que empecé mi búsqueda. Recorrí bastante, diversos lugares. Caminé, corrí, subí tanto a trenes como a autobuses, sin importarme el clima. Tenía que hallarla, cueste lo que cueste.

Sentado en un bar, pasada la medianoche, el mozo me pregunta si deseo ordenar algo.

-Una cerveza, por favor.

-Enseguida.- Y caminó hacia la barra.

Dejaría el vaso intacto, como era costumbre… sólo para dar el motivo suficiente de estar allí, solo.

Llevaba un bolso, no muy grande, con lo justo y necesario. Ropa, elementos de higiene, documentos y dinero. Me hospedaba en donde podía y cuando quería, ya que hubo varias veces que mis días parecían no tener 24hs.

Sobre la mesa estaba el mapa que usaba, para marcar los lugares que recorrería y por los que ya había pasado. Los que me desilusionaron al no contener su presencia.

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Algo me dice que ya no volverás

Y ahora es que me doy cuenta, que sin ti no soy nada.

Vuelve que sin ti la vida se me va, vuelve que me falta el aire si tu no estas.

Vuelve, nadie ocupara tu lugar…

Esas palabras cruzaron por mi cabeza, segundos antes de que la bebida fuera depositada en la mesa, frente a mí. Interrumpiéndome.

Nuevamente, dejé volar mi mente lejos de todo. Ni siquiera me di cuenta que ya no me encontraba en el bar, sino que caminaba por una transcurrida avenida. Siendo fin de semana, los boliches estaban abiertos y se podía ver las filas de personas, esperando para entrar lo antes posible.

Un auto, bastante llamativo y de primera marca, llamó mi atención. Estacionó frente a una de las entradas. Estalló la música al abrirse las puertas y dar lugar para que se bajaran tres personas, dos de ellas chicas.

De un momento a otro, se generó un alboroto. Imagino que alguna de las tres personas sería famosa o algo por el estilo.

Mientras avanzaba, incrementaba mi atención a las dos chicas. No llegaba a verlas del todo, además de que cada una llevaba sus anteojos oscuros. Sólo distinguí el tono color castaño oscuro, casi negro de una y el rubio de la otra.

El guardia de seguridad del boliche dejó pasarlos, lo más rápido posible y la gente fue volviendo a su estado anterior de serenidad.

Inesperadamente, la intriga de saber quién era se apoderó de mí. Rato después, estaba parado frente a la zona VIP, observando directamente hacia esas dos chicas.

Una especie de locutor anunció un desfile y nombró varios nombres, según los jóvenes allí, conocidos. Que poco interés tenía yo en mí alrededor, que ni siquiera sabía quién estaba de moda y quién no. Nombre de alguna modelo reconocida, algún suceso extraordinario, fechas de recitales de música o la reciente película taquillera.

No pude acércame al sitio reservado, demasiado exclusivo para alguien tan simple y poca cosa como lo era yo.

Di un par de vueltas, conociendo el lugar. Terminé apoyado sobre la barra, viendo todo y nada a la vez.

Se hizo escuchar, de nuevo al locutor. Dio por comenzado el desfile, tan esperado por la muchedumbre. Una a otra fueron pasando las chicas, debo decir que muy bellas. Pero solo una captó mi atención, era la misma que bajó del auto y del VIP. Llevaba una camisa a cuadros, unos shorts, sandalias y no podían faltar los lentes.

Era increíble el parecido a Alice. Un momento, podría…? No, debo estar volviéndome loco. Pero… y si no? Debía acercarme más a ella y verificar.

-Para atrás, muchacho.- Me dijo un hombre de seguridad.

-Creo que la conozco.- Tratando de zafarme.- Necesito acercarme un poco, hablar con ella.

-Todo el mundo la conoce y todos quieren hablarle, sacarse fotos y no haré ninguna excepción.

-Usted no entiende, yo…

-No, el que no entiende eres tú. Sólo hago mi trabajo, apártate por favor.

Me aleje, pero no demasiado. Tuve mi oportunidad cuando se fue al baño, su seguridad no podía entrar. Al lado, un chico salió vistiendo una remera que decía: Personal de limpieza. Me metí rápidamente, cambié mi vestuario y esquivé al de seguridad.

-Chicas, las que hayan terminado, por favor retírense que debo limpiar. Tomará unos minutos.- Dije.

La mayoría de las mujeres, salieron. Dejándome prácticamente solo y más cerca de descubrir quién era esa modelo.

La rubia la acompañaba, mientras se lavaban las manos y observaban al espejo. Fui acercándome.

-Alice?- Toqué fugazmente su codo. Giró en mi dirección, al igual que su amiga.

-Creo que te confundiste.- Me respondió mientras se quitaba los lentes y me ofrecía una visión más clara de su rostro.

-Sí, me equivoqué. Disculpa.- Le dije antes de salir. Me volví a cambiar, tomé mi bolso y fui hacia la salida.

Ya en la calle, miré el cielo lleno de estrellas.

-Te has vuelto loco.- Me dije.

Si todo fuera más simple, tal vez ahora estaría contigo, en lugar de perseguir chicas que se te parezcan. La ilusión de encontrarte es lo que me lleva a hacer cosas como ésta.

Sin ti… todo quedó por la mitad. Estoy a medio vivir… y se me pasan los días, y no encuentro salida sin ti.

-Buenas noches Alice, donde quiera que estés.

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