Me encanta caminar por las calles, sin tener que prestarle atención a nadie. Los veo a todos, se lo que hacen, cada movimiento. Pero aunque lo haga no les presto atención.
Recuerdo haberte visto caminar al igual que yo, chico serio de cabellos crema. La luz estaba en rojo para lo automóviles y cruzaste justo al ponerse en verde.
Yo lo sé, sé que mis reflejos son más veloces de lo normal. Siempre me sucede que al necesitarlos, el tiempo camina más lento, todos los colores se vuelven opacos, y aunque no soy más veloz que los demás, puedo percatarme antes de lo que sucederá.
Te vi, el tiempo se torno en cámara lenta, los colores se opacaron, el tráiler venía hacia ti. Sin pensarlo dos veces, corrí hacia donde estabas. Iba lento, parecía que el auto llegaría antes a ti. Eso no me detuvo y seguí mi camino. Ambos estábamos a solo unos metros de alcanzarte…
Recuerdo haber visto al trailer justo antes de que me atropellara, comencé a correr pero era muy tarde para escapar del impacto. Antes de poder estar a salvo alguien me empujo por la espalda, dándome un gran impulso, el correcto para poder escapar.
Caí al duro suelo de asfalto, al tiempo que, escuche el rechinido de las llantas y un fuerte golpear contra el.
Levanté mi cabeza y junto a mi vi tu cuerpo inmóvil y tu camiseta rasgada, que comenzaba a sangrar. Que estúpida fuiste…
-Te explicaré Goenji- Dijo un doctor amigo de su padre. Ya había pasado un día desde el accidente. Frente al joven estaba unas radiografías de la extraña que lo había salvado.
Había caído en un coma al igual que su querida hermana- El impacto del tráiler no la golpeó por completo, pero si alcanzó el costado del estomago- Dijo señalando las costillas derechas -Como puedes ver toda esta área esta fracturada… y en esta parte- Señalo el cráneo –Tuvo una fuerte contusión, provocando el coma. En resumen eso es lo que tiene la chica.
-¿Y… ya han preguntado por ella, algún amigo… o familiar?- Preguntó de brazos cruzados, aunque algo preocupado.
-No no se le han encontrado registros.
-Ya veo…- Suspiró y se levantó –Gracias Rupert- y salió de la habitación de radiografías. Camino unos pasillos hasta el cuarto 113. Se quedo unos largos segundos frente a la puerta. Se escucho el abrir de ella y entro.
-Pii—Pii—Pii- Era un curioso sonido al, cual él ya estaba acostumbrado.
Tenía un largo cabello ondulado de color café, recordó que cuando estaban tirados en el asfalto resplandecía con algo de rubio. Poesía un delicado rostro y en cierto modo inocente.
En fin pasaron dos largas semanas, todo era exactamente igual en el hospital. Aunque Yuka trataba de animarlo era imposible.
Ella estaba allí, otro día sin levantarse, inmóvil como una estatua. Y lo único que puedo hacer es quedarme sentado observando. Que patético…
Me sentí pesada no podía abrir mis parpados, estaba muy débil como para moverme, pero ya no podía dormir. Me decidí a hacer un esfuerzo y lentamente gire mi cabeza, trate de abrir mis ojos y finalmente lo logré…
Frente a mi había un chico con una expresión realmente sorprendida, con las cejas levantadas y la boca casi abierta.
Se estaba levantando, realmente, por primera vez pude ver sus ojos de un intenso azul y un escondido verde esmeralda. No puedo creerlo, despertó…
-¿Donde estoy…?- Preguntó débilmente. Goenji se levantó con rápidez y se acercó a la camilla –No puedo moverme- Suspiró cansada.
-De-descuida se te pasara- Tartamudeó aún sorprendido.
-¿Dónde estoy?- Insistió entre dormida y despierta.
-En el hospital- Trató de tranquilizarla.
-¡El hospital!- Reaccionó súbitamente, al momento en que trataba de sentarse –No puedo estar en el hospital. Te-tengo que salir- Trato de pararse pero un potente dolor en su costado derecho la detuvo.
-Recuéstate estas muy mal- Le regañó agarrándola de los hombros para que no resbalara. Ella lo agarró fuertemente de la camiseta, viéndolo con una mirada desgarradota de desesperación. Tenía un inmenso temor reflejado en sus ojos.
-¿Debo salir de aquí? Déjame salir- Pidió, pero al darse cuenta de que Goenji reaccionó asustado se calmó. Le soltó lentamente la camiseta, retiró su mirada y se sentó.
-No puedo- Dijo Goenji.
-No debo… estar aquí- Dijo resignada.
-Pero aquí estas bien- Dijo recostándola.
-Eso es mentira- Le lanzo una mirada fugaz –Si me quedo, no saldré- Susurro.
-¿A que te refieres?- Pregunto confundido.
-Ya no saldrán, nunca lo hacen- Dijo con una mirada perturbada.
-Tranquilízate- Dijo Goenji si comprender nada de nada – ¿De que hablas?- Evitó mirarlo y se acostó de manera en que él no le viera la cara.
-Los hospitalizaron, dijeron que estarían bien, dijeron que no tenían nada- Dijo con voz quebrada –Mintieron, nunca salieron, no se lo permitieron, si me quedo me pasara lo mismo.
-¿De qué hablas, quienes son ellos?
-Ellos- Dijo de nuevo –Mis padres- Finalmente Goenji comprendió de lo que hablaba, sus padres murieron en un hospital. El delantero estaba apunto de decirle que lo sentía pero no le fue permitido –Tu pena no me sirve de nada y a ti tampoco, solo son palabras vacías.
-Lo sé- Recordó Goenji decaído –Me las dijeron muchas veces- Cuando mi madre murió –Me salvaste la vida.
-¿Qué?- Preguntó, ahora lo recuerdo –Así termine en el hospital- Se dijo. Giró su cuerpo delicadamente para poder mirarlo.
-Gracias- Dijo fría pero sinceramente.
-Pues… de nada- Dijo lentamente.
-Yo… me gustaría agradecerte.
-Sácame- Dijo con firmeza. Esto lo cacho desprevenido y no pudo más que mirarla tristemente.
-No… puedo- La chica de bellos ojos suspiro –Por cierto me llamo Goenji –Trató de aligerar la situación.
-Yo Corale- Cerró sus ojos y se recostó –Si me quedo mas tiempo no lograré salir.
