–Tenemos que levantarnos –lo dijo casi para sí, esperando que la castaña acomodada a su lado no lo escuchara para poder tenerla así un rato más.

–¿Seguro que no quieres renunciar? –Hyuga río ante la pregunta sintiendo como ella se abrazaba más a él.

–Renunciaré cuando tú lo hagas –acariciaba lentamente su espalda.

–Estaré lista en 5 minutos –le arrancó otra carcajada.

+.+.+.+

–Ya estando todos, comenzaré –paseó atentamente su vista por la gran mesa donde se repartían los trece capitanes–. Número uno: nada de lo que se diga aquí saldrá de aquí. Número dos: ninguno de ustedes estará fuera de esta aldea, no mientras pasen los cinco días. Número tres: si me entero de que alguno de ustedes desacató las órdenes, serán expulsados de ANBU.

¿Entendido?

–Sí –dijeron todos.

–Bien, el hombre que quiere entrar es… antes de decirles quiero que recuerden que tienen que analizar, no den una respuesta precipitada ahora… –se cruzó de brazos.

–Está bien, ya puede decirnos quien es.

Respiró profundo y dijo:

–Uchiha Sasuke.

Hubo un largo silencio.

–¿Qué? –al fin logró articular uno. Entre las caras de sus compañeros se podía ver la sorpresa, ira, desprecio, confusión ¿Quién iba a pensar que volvería?

–Uchiha Sasuke –repitió.

–¿Cómo es posible que nos prive de nuestro mando y el campo de batalla por él?

–Es un traidor, ¿cómo siquiera puede contemplar dejarlo entrar?

–Alguien que da la espalda a Konoha y la ataca merece la muerte.

Las palabras de descontento siguieron, hubo solo una persona que no dijo palabra alguna.

–¡Basta! –silenció el lugar– El Consejo me pidió no tomar la decisión tan precipitadamente, me entregaron evidencias: los archivos de su conducta según algunos ninjas que le siguen el rastro desde que se fue. Encontraron que se volvió contra los suyos y dejó las matanzas de inocentes, dicen que tiene derecho a una posibilidad–. En su tono de voz no se podía distinguir un sentimiento en particular.

–¿El Consejo, estamos fuera de combate porque el Consejo lo pidió? –el capitán sonaba realmente enojado.

–Soy yo, su Hokage, el que los está dejando fuera, Hyuga. Pude haberle dicho al Consejo que no y punto; en cambio estoy aquí, pidiendo su ayuda y su apoyo para este asunto tan delicado.

–Está bien, lo haremos, pero ¿no le parece excesivo el tiempo que nos tendrá inactivos? En cinco días pueden pasar muchas cosas allá afuera. Sería mejor si en cuanto tuviéramos una respuesta regresáramos a nuestro trabajo, ¿no? –intentó disuadir Chouji.

–Sería mejor si en lugar de estar con nuestros traseros pegados a estas sillas, estuviéramos allá afuera planeando un ataque...

–Kiba –le llamó la atención el Hokage–. Está bien, si logran ponerse de acuerdo en menos de cinco días, son libres de volver al patrullaje. Aunque sinceramente –observó a cada uno deteniéndose un poco más en la peli rosa–, lo dudo mucho.

Diciendo eso, salió del cuartel y el portazo fue el único sonido que hubo en la habitación durante tiempo indefinido.

–Argumentaremos y haremos una votación por día terminando las juntas –Shikamaru que normalmente sonaba aburrido, ahora se notaba frustrado.

Todos asintieron en acuerdo.

–Bien, terminemos por hoy… mi voto es no –Sakura se levantó y salió dejando de nuevo a los presentes sumidos en el silencio.

No había necesidad de decir que este día se había perdido, había mucho que analizar y claramente la mujer que los había abandonado tendría que hacer el quíntuple de trabajo mental para elegir la mejor decisión, aunque no era como si alguno se atreviera a decir en voz alta la razón. Eso y que todos tenían aún que asimilar la noticia y sí, necesitaban a los trece presentes para emitir un juicio. Estando así las cosas, todos desaparecieron.

+.+.+.+

Llegó a su departamento rápidamente y cerró la puerta detrás de sí, arrastrando los pies ahora lentamente. Con la mente hecha un lío se acercó y apoyó las manos en el tocador. Pasó un rato antes de que mirara su reflejo en el espejo. Las lágrimas brotaban sin cesar de sus ojos verdes.

Había salido entera del cuartel pero ahora que estaba sola se podía desmoronar.

+.+.+.+

–Uchiha –dijo seriamente sentado en la cama.

–Esto será difícil y no solo lo digo por la aldea.

–¿Entonces? –vio inquisitivamente a la castaña que en ese momento le regalaba una maravillosa vista: su hermoso cuerpo desnudo siendo cubierto lentamente por el algodón de su ropa para dormir y su largo y suave cabello cayendo por la espalda.

–Sakura –dijo ella y él tuvo que luchar por volver a la conversación.

–No me digas que después de tanto tiempo, aun lo…

–Neji, el amor no se olvida así de fácil –la chica giró y se encaminó hacia él. El ojiblanco observó el balanceo de caderas.

–¿Pero cómo es que Sakura ama a un traidor? –dijo con desprecio lo último– ¿Y tú por qué estás tan segura de que todavía siente algo por él?

–Uno no elije de quien se enamora –acercó su cuerpo y rostro a él–, míranos.

–En eso tienes razón –la besó profundamente–. Pero no has respondido la otra pregunta.

–Porque si siente por él la mitad de lo que yo siento por ti, entonces estoy segura de que lo ama.

El hombre se abrazó a ella y hundió la cabeza en su cuello, oliendo su cabello. En verdad era afortunado de tener el amor de Tenten.