El atrio del ministerio se estaba volviendo rápidamente su lugar menos favorito de Gran Bretaña. Desgraciadamente el ministro no podía ser su persona menos favorita, pues aún después de todos esos años ese era Snape, pero el que le estuviera haciendo competencia al murciélago ese ya era muestra de cuantas ganas tenia de pegarle un buen puñetazo.
Tenía gana de salir corriendo del maldito lugar, incluso si había logrado bloquear lo que el ministro decía, el sonido de su voz era suficiente para que deseo de violencia ardiera en él.
Cornelius Fudge, chaparro, nervioso, poca cosa y tan parecido a Peter. Lo recordaba, había estado ahí cuando lo atraparon, había sido uno de los muchos que lo habían mirado con asco ese día, le habían dicho que siempre habían sabido que era un traidor, que sería la muerte de los Potter, que era un Black.
Claro que era un Black, maldita sea si Snape no podía afirmarlo.
Claro que era un traidor, había abandonado los ideales de su familia, a su hermano pequeño, a su ahijado.
Tantos errores…
-…Y en compensación por las faltas cometidas contra el señor Black, se le otorgan todos sus derechos como cabeza de familia, la custodia de su ahijado, la cantidad de un millón de galeones y una Orden de Merlín, segunda clase, por sus servicios en la guerra e incluso después de esta.-dijo Fudge, provocando que la multitud frente a ellos aplaudiera estruendosamente, mientras reporteros anotaban a toda prisa y los flashes de las cámaras se veían una y otra vez.
Sirius se limitó a verse solemne y asintió cortésmente al ministro. Después de todo necesitaría al bastardo cuando Dumbledore se opusiera a darle la custodia de Harry. No que el vejete fuera en verdad un obstáculo, después de todo podía utilizar su influencia como cabeza de familia y celebridad, e incluso aprovechar la carta de "nuestro-salvador-viviendo-como-muggle" y si eso no funcionaba entonces "el-heredero-de-una-línea-pura-viviendo-como-muggle", y así ya fuera por adoración o por perjuicios la batalla con el público estaría ganada. Aun así preferiría no tener problemas con alguien tan poderoso como el metido del director. Después de todo si causaba demasiados tendría que matarlo, y no quería perder uno de los pocos lazos que existían con aquel pasado donde la vida no era perfecta pero él era feliz.
Alguien toco su hombro, y él, hundiéndose más en su "modo asesino" no dio muestras de notarlo, cuidando que nadie notara como reunía su magia, lista para soltarla de un golpe y noquear al potencial atacante.
-Búscame hoy en la noche en la habitación privada en Cabeza de Puerco. Si no vas, no te molestaré nunca más.-susurró una voz cerca de su oído, luego sintió la mano dejar su hombro mientras escuchaba los poderosos aplausos de la multitud apagarse.
Todas la firmes y determinadas emociones que lo habían invadido desde que dejó a Harry frente a esa casa años antes comenzaron a tambalearse. Reforzó sus barreras de oclumancia y respiro hondo. Su prioridad en la vida era Harry, y solo cuando tuviera a su ahijado en sus brazos se permitiría considerar a algún otro ser humano.
Pero aún así, el resto de la ceremonia la voz del Sirius quebrado y desilusionado que ocultaba dentro susurraba Moony.
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Un pequeño de cabello azabache muy despeinado dormía apaciblemente en un diminuto colchón, que parecía pertenecer a una cuna grande. Murmurando entre sueños el pequeño se revolvía en su cama haciendo muecas cuando en su sueño se recargaba en su costado derecho…
De repente el niño despertó abruptamente, sentándose con rapidez. Jadeando, dejó escapar un pequeño grito mientras entre muecas intentaba no moverse.
-¡Cállate mocoso!- se escuchó desde la cocina.
-Lo siento- dijo Harry en voz lo suficiente alta para ser escuchado.
-¡Que te calles!
-Morsa estúpida- respondió murmurando mientras se recostaba cuidadosamente sobre las delgadas mantas. Sabiendo que no podría dormir de nuevo intento recordar todos los detalles de su sueño.
Estaba en un sillón con un hombre de cabello igual que el suyo y lentes redondos que de un palo de madera sacaba burbujas de colores muy lindas que al tocarlas cambiaban de color. Luego una señora bonita de largo cabello rojo entraba sonriente trayendo una bandeja con una mamila y un plato con galletas de chispas de chocolate. Llevaba un delantal blanco de cuadros amarillos con bolsillos, donde había otro palo de madera. La sentía sentarse junto a él y sus manos calientes tomarlo y alzarlo en el aire, y el solo sentía ganas de reír, y lo hacía, y la señora no lo regañaba, solo reía con él mientras lo abrazaba. Se sentía tan bien ahí, podía sentirla acariciar su pelo mientras lo mecía con un solo brazo. Una mano enorme y dura aparecía con una galleta; era el hombre que ahora estaba en el suelo frente a ellos y sonreía mientras él tomaba la tomaba.
-Espera Lily-decía- no puede dormir sin antes probar una de tus maravillosas galletas- ella solo reía más. Le respondía algo, podía escuchar su voz, pero no lo entendía. E incluso si se aferraba a su delantal podía sentir como el sueño se iba. Lo ultimo que recordaba haber sentido antes de despertar era como era abrazado contra su pecho, la sensación de ser llevado por alguien que corría, los gritos, el miedo…
-…rry, se fuerte, se valiente, sobrevi…
No podía escuchar todo lo que le decía la mujer de pelo rojo y suave, pero podía escuchar el estruendo, sentir el dolor. Pero incluso si en cada sueño sentía el dolor, no podía evitar dormirse con el deseo de revivirlo y cada día al despertar rezaba.
-Seré fuerte, seré valiente y sobreviviré, lo prometo.
T.B.C.
