Ok, me ausente, todos lo hacen, pero continuo aunque no halla un millón de rr. Pero no importa, jeje, espero que este cap satisfaga sus gustos.
Capitulo VI: Sacrificio musical
-¿Mamushi? –gimió desde el suelo el oji-violeta.
-Kaoru –musitó boquiabierto y sin habla. ¿Qué estaba sucediendo? Su mente, en ese instante estaba tan en blanco como su ahora piel pálida.
Kaoru intentó ignorar a Sadaharu. ¿Cómo iba a hacerle frente¿Cómo¿Cómo explicarle a Sadaharu todo lo que había pasado? No solo era difícil de explicar, era difícil de entender. ¿Qué pasaría ahora?
-Muy bien, Mamushi, ahora tienes cosas que explicar¿no? –dijo sentándose en el suelo y limpiando un poco la sangre.
De verdad, tenía un grandísimo interés en ver como su compañero salía de esa victorioso. Es que ya estaba harto de que el otro continuara con ese jueguito, ya no le daba risa, ahora quería que fuera el mismo Kaoru de siempre. El que le había enseñado que el Do sostenido no era una comida. Se había comportado tan raro desde que había conocido a ese tipo. Cuando todo comenzó, pensó que Kaoru solo quería que le dieran un poco de cariño, pero después hizo todo ese teatro para no matar al pianista, eso era demasiado. Era algo impropio de Caído, pero existía la posibilidad de que fuera un cambio de rebeldía hacia Atobe que le había extendido la "esclavitud". Pero Mamushi seguía actuando raro. Si necesitaba que alguien le diera cariño, el podía hacerlo y mejor. Aunque lo peor de todo era que Caído no parecía mostrar interés ni siquiera por ese beso que se habían dado, ni por él. Todo giraba entorno a Inui. Quizás cuando Inui lo rechace y este muerto, quizás así Kaoru va a ser el mismo Kaoru de siempre. Su amigo.
-Sadaharu…
-Kaoru –dijo recuperando el habla y la lógica -. Supongo que hay un 99.99 de probabilidades de que me hayas mentido, y un 00.01 de que hayamos sido testigos de un milagro. Y sé cual es mi elección. Entonces, muéstrame que mi visión de los escritores es la correcta, demuéstrame que sólo eres un gran mentiroso frente de un gran payaso que te ha creído todo.
¡Si! pensó enseguida Momoshiro, con una emoción tan grande que lo habría hecho saltar de alegría. Punto para Momoshiro – Shh-datta pair cero .
Sadaharu en vez de mostrarse enfadado, parecía ofendido, herido, muy herido y decepcionado. O por lo menos, eso le pareció al chico de la bandana. ¿Por qué tenía que pasar por eso? Si él había sido tan…
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-Soy un… un maldito intento de ser¿verdad? Kaoru, Kaoru –se escuchó su voz que se sentía adormilada y torpe. Mas en ese recuerdo que como había sido, pero la esencia era la misma.
Sus gafas estaban a punto de caer, su cabello revuelto y sus mejillas pálidas. Estaba allí, arrodillado frente a su inspiración, frente a su regalo, frente a su castigo. Frente a la persona que más amaba y que se suponía que estaba vegetal por su culpa.
-Perdóname, por favor. Porque había un 68 de probabilidades de que me suicidara antes de los treinta sino te hubiera conocido, pero te conocí. Conocí tu rostro, tu cuerpo, tu voz, tu personalidad, tus ojos, a ti Kaoru. ¡Respóndeme, maldita sea! Respóndeme que también me amas. Porque este corazón late por ti –dijo ya muy deprimido. Se levantó un poco y le tomó de la mano, la puso sobre su propio pecho palpitante mientras lo miraba con intensidad a los ojos -. Tengo miedo de que haya la más mínima probabilidad de que no sientas nada por mi, Kaoru.
Sus gafas terminaron de resbalar de su cara, para mostrar unas tristes lágrimas en sus ojos. Se quedó mirando con anhelo aquella boca que nunca había tocado, aquel rostro… Se acercó y con sus labios únicamente, rozó su piel. Sus dedos se entremezclaron en su cabello moreno, sus ojos se cerraron mientras la esencia propia de su amado se apoderaba de sus sentidos.
-Eres un ladrón –dijo mientras daba un primer beso sobre la nariz del otro y con último beso en ese lugar, continuo -: No puedes robar el corazón de un músico.
Finalizó con un pequeño roce en sus labios, un destello de felicidad, un trozo del cielo. ¿Por qué¿Por qué vegetal? Era un mal nacido, todo era por su culpa.
Juntó su mejilla a la de él y lloró, lloró por su castigo. Tener al ser que amaba tan cerca pero tan intocable, y todo por su culpa.
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Lo que no sabía Sadaharu era que casi moría al no poder responderle, al no poder decirle que lo amaba. Pero ese era su propio castigo. Atobe era un gran verdugo. Preferiría preservar la vida de Sadaharu, a poder volver a sentir.
-Sadaharu –dijo una voz mitad temblorosa. ¿Qué diría¿Cómo comenzar? No sabía cómo explicarle. Una sola cosa cruzaba su mente. Las palabras que siempre soñó decirle -: Te amo.
¿Cómo¿Por qué¿Qué hacía Mamushi? RESULTADO: Shh-data 1 – Momo 1.
Vio como el labio de Sadaharu tembló levemente, casi imperceptible. Sus rasgos se tensaron de forma pronta y exabrupta.
El chico de la bandana pronto sintió la respuesta del otro en su mejilla y cara, sintió como le había golpeado de un puñetazo violento, que lo dejó totalmente adolorido. Un hilillo de sangre corría desde su labio hasta su mejilla de una forma irreverente. Sadaharu tenía sus razones, y quizás sí, el era un maldito, maldito por amarlo, o por ser un vulgar esclavo. ¿Cómo terminó siendo un esclavo maldito? Atobe era el peor verdugo.
-Es lo primero que debía decirte –dijo sin moverse siquiera -. Soy empleado de Atobe…
-Esto no tiene ciencia, Mamushi. Yo te ayudo –dijo Momo resuelto a terminar el problema -. Un empleado enviado a matarte. ¿Y sabes por qué Kaoru es su empleado?
-Momoshiro –lo reprendió.
-Bien, no lo diré. Pero te diré que tu eres una desgracia, Inui. Y Kaoru es un inútil que no pudo asesinarte… -dijo de pronto quedándose mudo. ¡No¡Que idiota, bello, pero idiota! Los estaba ayudando. Shh - data 2 – Momo 1.
-Supongo que son amantes –respondió Sadaharu entendiéndolo todo, pero al revés.
-¡No! Yo nunca tendría nada con Momoshiro, ni siquiera somos amigos. Somos por desgracia compañeros de trabajo y nada más –respondió Kaoru.
¿Era tan malo así¿Por qué de pronto se sentía como mal del estómago sino había comido hamburguesas de pepitona? Shh – data 3 – Momo 1. ¿Acaso Kaoru no lo consideraba su amigo?
-¿Qué te pasa, Mamushi¿Quieres pelea? –lo retó muy enfadado el pelisparado poniéndose de golpe de pie y frente a él.
-Quitate, baka.
-Mamushi.
-Imbécil.
-Reptil.
-Idiota.
-¡Bravo! –escucharon una voz fría y sobria acompañada de unas palmadas -. Atobe tiene que agradecerme por ser su amigo y eliminar a su basura, porque sus trabajadores sólo son unos payasos.
Todos giraron sus rostros para encontrarse con jun chico de cabello castaño vestido absolutamente de negro y apuntándoles con un arma.
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-Sabía que regresarías, Kunimit…
-¿Fuji? –no podía creer lo que sus ojos veían -. Fuji –repitió pero ahora con seguridad y con un repentino tono seductor. Es que se le había hecho agua la boca. Syusuke Fuji desnudo en su despacho, sentado en su escritorio y con una expresión endemoniadamente sexy.
-Atobe –dijo saltando de un golpe del escritorio y buscando el abrigo de Tezuka para cubrirse -. No pienses lo que estás pensando.
-¿Qué? –dijo ahora tomando de la mano al castaño y haciendo que este girara a hacerle frente -. ¿La nueva estrategia para seducir a Tezuka? Ay, como eres. Porque eres mi amigo puedo dejar que salgas con Eiji, pero… pero Tezuka tiene su precio. Aunque se me ocurre la forma de pago.
Se sintió sumiso doncella ante Atobe. Por algo eran amigos. Dice el dicho que Dios los cría y ellos solitos se juntan. Pero eran eso, amigos¿qué era esa mirada lujuriosa¿Será que estaba falto de cariño?
-¿Y cuál será? –preguntó sonriendo de forma sugerente. De todas formas, él tambien se sentía triste y frustrado. El asunto de Yunta, el de Eiji y ahora Tezuka, quien lo había mirado de esa forma tan cruel.
Atobe sonrió complacido. Se acercó de bruces y juntó sus labios a los de Syusuke, los cuales dejó prontamente para dar paso a su boca explorar los pezones del ojicerrado, y con el asalto sorpresivo de su propio estómago dando vuelcos de emoción y éxtasis. Dios mío, era una delicia ese amigo suyo. ¿Por qué nunca se le ocurrió? Le corrió completamente el pecho, entre besos lascivos y mordidas ardientes, acompasadas con los gemidos melodiosos del chico. Y de nuevo, atacó sus labios, lo rodeó con sus brazos juntando sus cuerpos, pero de inmediato Syusuke lo separó para quitarle la camisa.
-Pero sólo esta noche –aclaró Syusuke.
-Eres delicioso.
-Soy un manjar de dioses –volvió a aclarar.
-Yo soy un dios.
Por fin Syusuke desnudó completamente a Atobe. Syusuke se montó en el escritorio mientras Atobe le besaba el pecho y él echaba hacia atrás la cabeza y comenzaba a gemir de veras cuando empezó a sentir las manos del peliplateado en su masculinidad.
-Ah, ah –gimió. Sí, sí; ojala fueras Tezuka.
Atobe daba pequeñas y furtivas lamidas en el sexo de Fuji, que era lo que estaba volviendo al castaño demente… Eso era un decir. Pero en un instante que él odió con la fuerza con que odiaba al tipo de los rizos que andaba con Yunta, Atobe se detuvo.
-Oresama quiere recompensa –respondiéndole con un puchero caprichoso la cara interrogante del violinista.
-Oresama la tendrá… si hace que Fuji se sienta bien –respondió Syusuke obligando a Atobe, empujándolo con su mano hacia su masculinidad de nuevo.
Atobe se sintió ofendido, ofendido como nunca lo había estado en una sección de sexo. ¿Cómo se atrevía¿Es que no sabía que trataba con Oresama, no con Eiji? Pero si quería jugar sucio, él también tenía sus trucos.
Recostó por completo al ojiscerrado en el escritorio y empezó a regar mordiscos por su vientre, mientras acariciaba su entrada. Comenzó a lamer su sexo hasta que se lo introdujo por completo en la boca. Siguió cada vez con más intensidad hasta que de pronto lo penetró con un dedo, arrancándole un quejido. Lo cual provocó a su vez que lo sacara de inmediato.
-Desgraciado.
-Pareces un virgen –dijo Atobe con sarcasmo.
-Lo soy –respondió Syusuke con sinceridad, claramente débil por las caricias y repentino dolor que le había producido Atobe.
-¿Ah, si? –preguntó mientras cuidadosamente se situaba sobre él y le besaba la boca con largos y lujuriosos besos.
¿Qué imbécil creería que era un virgen¿Tezuka? Pues él no. Conocerlo desde clases en el conservatorio le daba derecho de pensarlo.
Colocó su masculinidad en la entrada del castaño y aunque no lo penetró, hacia un movimiento de vaivén que estaba desesperando al violinista.
-¿Intacto? –preguntó irónico -. ¿Y cómo juegas con Eiji?
-Ah… Ah… -gemía sin poder callar una vez había abierto la boca, y aunque no estaba seguro, sus instintos le pedían que Atobe continuara con su movimiento de cadera -. Soy siempre seme. ¡Hazlo!
Atobe sonrió con ganas. Era mejor darle lo que quería¿no? Y es que eran amigos y todo eso… ¡Na! Era que él ya estaba muy excitado también.
-¡Atobe!
-¿Ah? –preguntó Syusuke tan de golpe como sus ojos se abrieron y miraron al frente -. ¿Tezuka? –musitó dándole un empujón a Atobe, quitándolo justo antes de que lo penetrara.
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¿Acaso era que su mente le estaba jugando sucio o era victima de un programa de comedia televisiva? No, y había un 00.20 de probabilidades que sus ojos lo engañaran, confiaba mucho en sus gafas. Seria, entonces que el destino podía ser más despiadado y maligno; jugando con él como con un peón en una tabla de ajedrez. ¿Por qué¿Por qué a él? No le bastaba con el intento de asesinato o el engaño de Kaoru…
-¿Renji?
-El mismo –dijo el castaño dirigiéndole una mirada de rencor profundo y mucha determinación a matarlo.
-¿Qué…¿Qué haces aquí? –preguntó Momo desconcertado.
-Vine a hacer su trabajo, un favor a un amigo. Sadaharu, vine a matarte –dijo de forma acida.
-¿Matarlo? –preguntó sin entender Kaoru -. Pensé que te había enviado a ti –dijo señalando a Momoshiro.
Momoshiro tampoco parecía entender nada.
-¿Por qué¿Renji, por qué? –preguntó intentando recuperar su actitud y enfrentar con calma los hechos, de todas formas, las probabilidades no fallaban.
Renji caminó un poco para situarse frente al pianista. Lo miró con una expresión que sólo Sadaharu conocía y luego se acercó un poco más.
-Para ganarme tu perdón –dijo con un hilillo de voz, que seguramente sólo Sadaharu había oído -. Para que me perdones.
Por otra parte Momoshiro no sabía cómo (o tendría que ver con las hamburguesas de pepitona) pero estaba sudando frío. Renji no debía estar allí. ¿Por qué Atobe había hecho eso? Todo sonaba tan raro, sobretodo porque Atobe no es que se llevara tan bien con Ranji, decía que era el peor director orquestal que había tenido en el conservatorio de Paris. Y además, que era un pedante y… se puso a recordar ese momento con más detalles.
-Es un pedante, arrogante, director de segunda con ínfulas de malvado –se quejó el peliplateado sentándose en la misma mesa que Momo, donde estaba comiéndose unas hamburguesas variadas que Eiji había hecho. Era la tarde, el bar estaba cerrado, Eiji estaba cocinando tarareando una partita de Bach. Kaoru algo más alejado, en el piano sacaba algunas notas perfeccionando una composición para la canción de Momoshiro, que era un arreglo entre piano suite número 2 de chopin con el capricho número 5 de Paganini. Todo con el acompañamiento a violín de Vanessa Mae y Syusuke Fuji.
-Pero tú aceptaste ser dirigido por él¿no? Nya, jefe, seguro que le irá bien –dijo Eiji saliendo de la cocina y abrazando a Atobe de una forma que solo había abrazado al señor Tomego y… y a todos los demás que se le interponían y a él le parecía agradable de abrazar.
-¡Fuera! Recuerda las leyes de convivencia. No tocar a Oresama –dijo Atobe exasperado quitándose de encima al pelirrojo.
-Recuerda cuando lo dirigió ese venezolano, Gustavo Dudamel –le recordó Eiji -. Usted quería asesinarlo y fue un buen concierto, hasta se hizo su amigo, y eso que no hablaba japonés. Mire, aquí tengo las fotos.
Y como por arte de magia el pelirrojo se sacó unas fotos de yo no sé donde.
-Es diferente, Renji es un asco. Se atrevió a amenazar a Oresama –dijo Atobe rojo -. Me amenazó con cambiarme con Inui Sadaharu. Me dijo engreído niño rico. ¡ARCH! A veces me dan ganas como de matarlo.
Kaoru levantó su rostro de las hojas pentagramazas, dejando una fusa en la línea de "la" a medio escribir. Su rostro se puso como gris al ver a su jefe y temiéndose lo peor.
-Usted dirá jefe –dijo Momoshiro tragándose un buen pedazo de hamburguesa y con su rostro sonriente como siempre.
Atobe miró a un punto incierto por unos segundos y luego miró al pelisparado, poseyendo ya una expresión definida.
-No –dijo con una voz fría y levantándose de la silla para salir seguramente, del cuadro inusual que formaba sentado en esa silla -. Es otro niño rico y engreído con mucho poder.
-¡Nya! –saltó Eiji desde el mesón del bar, aterrizando frente a Atobe y enseñándole un plato con una hamburguesa -. ¿No quieres una hamburguesa de anguila y chocolate?
Atobe lo miró de la unica forma en que lo podía ver en ese instante, como con ganas de vomitar.
-Con razón andas con Fuji –le contestó tan sinceramente como nunca le había hablado a nadie. Después de eso, se marchó.
-¿Eiji? Si no te la vas a comer me la das –dijo Momo babeando, no era que le gustaba pero nunca la había probado.
En fin, ese día aprendió dos cosas. Que Atobe aborrecía a Renji. ¿Qué sería aborrecer? Esa era la palabra que había empleado Atobe. Lo segundo que aprendió era que… La hamburguesa con anguila y chocolate sabía a diablos.
-Adiós, Sadaharu –dijo apuntándole, apuntándole a dispararle.
-¡No! –exclamó Kaoru interponiéndose entre el arma y el pianista.
El arma en la mano del castaño ahora apuntaba directamente al pecho de Kaoru, agitado en ese momento.
-Fshss, no dejaré que lo mates –dijo Kaoru con voz definitiva -. Perdóname, Sadaharu, pero yo no quería matarte y la única forma que había era…
-¡YA! –gritó Renji, al momento que se disponía a disparar.
Para Momoshiro todo pasó muy rápido. Estaba más confundido que cuando tenía que elegir entre sushi y hamburguesa. Pero si tenía una cosa clara era: Kaoru no iba a morir.
Se tiró sobre Renji para quitarle el arma, prevenir la muerte de Kaoru, asesinar a Renji y Sadaharu y continuar la vida normal. Él cantando todas las composiciones de su mejor amigo, mientras Eiji cocinaba y saltaba como mono, y Atobe se adulaba a si mismo como Narciso. Todo estaría bien, todo sería igual, todo como siempre entre su familia (los del bar) y su mejor amigo, con quien más le gustaba estar aunque sólo fuera para pelear.
Entonces, una detonación resonó en la habitación mientras terminaba el forcejeo entre Renji y Momoshiro.
-¿Momoshiro? –preguntó mirando la escena.
El piso estaba lleno de sangre y ambos chicos estaban en completa pausa, mirándose directamente a los ojos.
¿Quién¿De quién¿De quién era la sangre?
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-Siento la interrupción –dijo con la mirada fija en el violinista, quien estaba completamente desnudo sobre el escritorio intentando taparse con el abrigo que él mismo le había dado. Estaba sudado, con las mejillas encendidas y con el cabello húmedo pegado al rostro. Algunas marcas, marcas violentas se notaban por un camino desde su cuello a su pecho, y de allí a uno de sus pezones. El otro estaba parado, casi en frente de él, con las mejillas igual de escarlatas, igual de desnudo, igual de sudado. ¿No era obvio lo que había estado haciendo?
-Tezuka –escuchó que el pianista lo llamaba y viendo como se ponía detrás de él y rozaba con sus labios húmedos y calientes su oreja -. Quédate.
No lo miró. Sus ojos estaban clavados en Syusuke. Pero pronto retornó a la realidad. Miró a Atobe con una mirada de muerte y se dispuso a marcharse. Pero Atobe lo detuvo.
-Te daré lo que quieras –dijo perdiendo la pose arrogante o seductora. Lo único que quería era estar un poco más cerca de Yuu… De la tranquilidad, de su sueño¿por qué no¿Tezuka tenía precio¿Su heterosexualidad tenía precio? Todo tiene precio¿no?
Pero la respuesta que consiguió fue desprecio, de desprecio profundo. De repugnancia.
-Lo que sea –repitió Atobe. Si lo quería le daría los diez millones de yenes que aún necesitaba. Acaso… ¿Acaso no valía la pena? El dinero estaba para gastarse.
-Quiero a la pianista.
-No –respondió de inmediato. Todo tenía límites y se quería quedar con la pianista. ¿Cuál era el interés del rubio en la niña?
Tezuka hizo un nuevo intento por marcharse, pero fue retenido de nuevo.
-Mitad y mitad –dijo Atobe.
-No –respondió de inmediato.
Con razón era pobre. No sabía negociar. Si no tuviera tantas ganas…
-Los fines de semana es mía –dijo como ultima oferta, no importaba cuantas ganas tuviera, iba a conservar a la pianista. Le gustaba, le gustaba su actitud, su música tosca, su rostro, su figura…
Cerró la puerta con la mano izquierda produciendo un sonido brusco que indicó cuando esta llegó a cerrarse por completo.
Atobe sonrió. Se alzó un poco sobre sus pies e intentó besarlo, pero Tezuka no se lo permitió. Volteó el rostro de forma rígida. Atobe no se detuvo, acepto las reglas de Tezuka. Estaba muy emocionado, tenía al rubio para él. Se arrodilló, introdujo una de sus manos por la cremallera que acababa de abrir. Aquello era lo que se imaginaba de Tezuka y un poco más., si, si valía la pena.
Syusuke se había quedado como en una pausa indefinida de la cual no podía recuperarse con facilidad. Sin movimiento, ni reacción. Lo cierto era que ahora si que sentía mal. Pero… ¿por qué¿Acaso no era el Eiji a quien quería? Tenía que recordar que era el blondo su obsesión mal sana. Era los límites entre la cordura y la locura. ¿Por qué amar a alguien que te aborrece? Alguien que está recibiendo sexo oral de la persona que había estado a punto de penetrarlo por primera vez. Pero esa mirada, eso era lo que lo asesinaba, como si estuviera ardiendo en un fuego eterno. Deseaba que Tezuka lo dejara de mirar, lo miraba con esa expresión que no sabía calificar. Lo estaba mirando mientras Atobe le hacia sexo oral. ¿Por qué¿Por qué Tezuka también tenía precio¿Por qué lo hacia con Atobe y no con él?
Se levantó de golpe, se iba a ir de allí, tenía que buscar a Eiji y arreglar todo con él.
-Quie… to –respondió Tezuka rozándolo con su mirada de hielo.
Tezuka levantó a Atobe del suelo y con ninguna delicadeza lo tiró boca abajo en el mismo escritorio en que Syusuke estaba sentado. No lo acarició, no quería ni tocarlo. Se colocó de una vez en su entrada y sin previa preparación ni nada, lo penetró con tanta fuerza que hasta Syusuke se tambaleó. Atobe soltó un grito que no pudo ocultar, unas pequeñas gotas de sangre recorrieron sus piernas marcando una línea, descripción de un dolor terrible.
Atobe se agarró con fuerza del escritorio. Apretó los parpados lo más que pudo y se mordió los labios esperando una nueva embestida. ¿Eso era placer? –se preguntó -. Un castigo porque no es contigo –se resolvió a concluir su pensamiento el peliplateado.
Tezuka se preparó para una nueva embestida que volvió hacer gemir a Atobe del dolor.
Syusuke apretó el abrigo contra su cuerpo. ¿Eso era dolor¿Por qué era él el que sentía dolor¿Qué era entonces ese miedo que sentía al observar los ojos de… de su amor platónico? Tenía esa mirada llena de furia, de rabia, de cosas malas… Una mirada demente que estaba dedicando sólo a él. Aunque ya no lo veía.
Lo penetró unas cuantas veces más, tan brusco, tan torpe, tan duro…
Esto no era placer –cruzó por la cabeza del pianista, ni siquiera el éxtasis y la lujuria que sentía por Tezuka podían borrar el dolor. Sólo… Sólo si fueras Yuushi, sólo si fueras él, eso fuera placer.
Sí, castígame, Tezuka, por no merecerle. Castígame por no tenerle y aunque su cuerpo encierro, su corazón que deseo está afuera de mi alcance. ¿Acaso merece amor el pianista asesino? Una música sin alma, un sacrificio musical, una lágrima. Sólo una mezcolanza. La música de Ryomiko no tiene alma, está tan vacío como tu cuerpo, Yuushi. Estás tan vacío como esta sección de sexo.
-¡AH! –exclamó finalmente cuando sintió que todo aquello había llegado a su fin. Imprescindible, el dolor lo excitaba, su cuerpo reaccionó al sexo y al dolor. Aquel orgasmo era tan placentero que llegó al compás exacto de Tezuka.
Lo penetró por última vez, con la misma fuerza o más u sin sentirse culpable, sintiendo aunque no lo quisiera, placer. Pero… no comprendía ese rostro mojado.
Se acomodó la ropa y perdió una vez más otro de sus abrigos, tirándoselo a Atobe, quien se enderezaba con delicadeza y suavidad. Pero… su rostro. ¿Por qué ese rostro mojado?
Atobe tomó el abrigo y tomó sus cosas entre sus brazos. Sonrió con amargura, antes de decir:
-Aunque tú mismo no lo quieres, sueles ser un caballero siempre –dijo Atobe -. No te la lleves hoy –fue lo ultimo que dijo antes de salir.
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-Vamos a casa, Kaoru –dijo finalmente sonriendo Momoshiro.
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Ok, ok, final de capitulo.
El próximo capitulo se titula: La sinfonía del frío.
¿Por qué¿Por qué todo era tan frío?
Pero un nuevo chirrido en la habitación, proveniente de la puerta lo interrumpió. Observó la presencia tan impresionante y tieso como antes.
-Buenos días, Yuushi –saludó.
¿Cómo podía ser? Esa persona allí, era la última persona que esperaría ver encerrado en el sótano de Keigo Atobe.
Ok, bueno, espero que el capi sea del agrado de las persona y que dejen un rr. Es mi regalo de navidad. A que si me lo merezco. Bueno, escribí, y pronto pienso montar el proximo capitulo, no depende de los rr, la mera, depende la motivación que tenga. Jejeje.
Besos y saludos a todos.
Que tengan Feliz navidad y un prospero año de sueños.
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