Me he propuesto terminar este ff, pase lo que pase. Gracias o más bien disculpa a todos los que leen este ff, no tengo perdón. Pero mi vida se me enrolló toda… En serio que si. En fin, pensé que nunca más escribiría una historia y hoy estoy aquí para decir que sólo quedan tres capítulos… bueno, o dos.

Disfruten!

Disclaimer: Es más que obvio que nada es mío.

Capitulo VIII: El maestro, el pupilo y el asesino.

Berlín, 10 años atrás.

-Nunca nos hemos llevado mal, no espero ahora comenzar –dijo mientras sacaba otras partituras de la biblioteca.

-Ni yo… Quiero empezar a planear tu muerte lenta y dolorosa –respondió, luego sonrió de forma grácil, como solo él lo hacía, se acercó más y estando frente a frente dejó de hacerlo -. Un músico como tú no puede hablar de frustrados intentos de instrumentista cuando tu no eres más que el sonido de una lata vacía.

-No lo hagas sufrir, Fuji, él sólo sufrirá intentando lograr algo imposible. Sinceramente, no nació para eso –respondió Oshitari, no sería él una de las marionetas del castaño.

Syusuke volvió a cerrar los ojos y volvió a sonreír, pero todo aquello parecía más siniestro que una muñeca de porcelana con un cuchillo a cuestas. Ochitari nunca lo aceptaría, pero se le había erizado los vellos de todo el cuerpo.

-Están tus gafas un poco rotas, siento que Yuuta no te haya hecho mucho daño –agregó el violinista -. Yuushi espero que en Viena gane el mejor. Mándale a Atobe mis felicitaciones por adelantado.

Salió algo perturbado de la biblioteca. Tanto que el peso del violín se volvió totalmente nulo en sus manos. Cuando llegó al salón de ensayos, notó que esta ya estaba ocupado. Y aunque decidió marcharse, algo se lo impidió.

-Fuji –escuchó ser llamado.

-Echizen sensei –reconoció a Nanjiroh Echizen, estaba frente del piano, mientras su pupilo más avanzado sentado en el banquillo esperaba.

-Excelente concierto –reconoció el pianista -. Haz hecho un excelente trabajo como concertino. No eres un ridículo regañón, molesto y lame… Bueno, y la orquesta suena. Jajaja.

-Gracias, sensei.

-¿Quieres acompañarnos una pieza? –se atrevió a preguntar el sensei con una sonrisa bonachona.

-Claro –respondió. Eso era lo que necesitaba, tocar un poco y acompañar al mejor pianista de la Berlín sería una idea perfecta.

Se acercó al maestro y a su pupilo, miró la partitura y luego al pianista.

-¿Rachmaninov? El do menor de Rachmaninov –reconoció Syusuke, sonrió algo más sarcástico -. Ya veo, de verdad haré de acompañante.

-Sólo será práctica… Hagamos un popurrí de piezas de violín y piano… Vamos, nada fuera de lo común. Puedes comenzar tú con lo que gustes.

Si, sólo una práctica. Pero eran integrantes de la orquesta más famosa del mundo. No sabía que el pianista estuviera montando un repertorio tan complejo, era ese el concierto más difícil que conocía para piano. ¿Y él le pedía que lo siguiera? Ese sí que era un reto. Se sintió un poco decepcionado de sí mismo, tendría que estudiar más o serio un simple estorbo para el resto de sus compañeros… Le gustaba mucho ser llamado tensai como para llegar a eso.

Comenzó con la pasacaglia de Handel, le encantaba la fuerza de sus acordes, y a veces el virtuosismo que exigía. El pianista lo siguió hasta que le cambió la melodía a una sonata de violín y piano de Beethoven. El mismo Syusuke luego, lo dirigió hasta la expectante pieza de Rachmaninov.

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Se imaginó de inmediato de quienes se trataba. Yukimura y Fuji. Ese sonido… Un piano amable, el violín ácido y intrépido. No quería interrumpir el ensayo aunque tuviera razones tan…. Indispensables como el pequeño que llevaba de la mano.

Se quedaron observando desde la entrada. Él, el atril número uno de los cellos: Sanada Genichirou. Y el pequeño del cabello oscuros y realmente grandes ojos dorados, semi escondidos debajo de una gorra demasiado grande para él, seguro, futuro pianista. El hijo de Echizen sensei.

La pieza terminó… O los músicos la dieron por finalizada.

-Fue divertido –sonrió Yukkimura -. Excedes las expectativas.

-Liberador –respondió Syusuke -. Casi no te sigo.

-¡Que modestos! –dijo Nanjiroh sin poder creerse la sarta de mentiras que se decían esos dos.

-Sensei –llamó Sanada desde la puerta -. Lo conseguí perdido en la sala de historia de la música.

-¡Ryoma! –lo saludó, pero el niño ni se inmutó. Caminó hacia donde estaban Nanjiroh y Yukimura, y mirando a este último dijo:

-Mada mada dane –tenía un rostro realmente serio.

-¿Cuántos años tienes? –preguntó Syusuke sonriéndole.

Ryoma acomodó sus dedos para formar un tres. Syusuke mantuvo la sonrisa.

-¿Quieres demostrarle a tu sempai lo que puedes tocar? –preguntó Syusuke sin un ápice de broma.

Ryoma sólo lo miró sin expresión. Nanjiroh y Yukimura sonreían también, aunque no de la misma manera que el tensai.

Yukimura se levantó del banquillo e hizo el ademan para acomodarlo para el chico, pero Ryoma no lo dejó y lo hizo él mismo. Miró de forma significativa a los otros tres para que se apartaran del instrumento y después colocó sus dedos en las teclas monocromáticas. Comenzó con sus movimientos torpes la última frase del concierto de Rachmaninov y después de unos pocos segundos se vio trancado por la interrupción de su padre, quien le colocó la mano en la cabeza y le volvó la gorra tapándole los ojos. Entonces, cargó al pequeño depositándolo sobre los brazos de Yukimura y sentándose el mismo al banquillo. Y fue entonces, cuando tocó la misma pieza: tercer movimiento del do menor de Rachmaninov, un allegro scherzando donde el piano comienza con un agitado tema que lo embulle por completo en un aturdido y doloroso desafío, la tensión crece considerablemente y la energía es frenética. Ni infantil, ni frágil, es simplemente frenética y aturdida. Era una melodía muy rusa. Ni como la de Ryoma, ni como la de Yukimura. El camino para llegar a ser como Nanjiroh era avasallante.

-La música no son sólo notas –les dijo -. ¿Quién quiere pastel?

Syusuke y Yukimura sonrieron. Ryoma estaba tan enojado que casi se cayó al suelo cuando Yukimura intentó sostenerlo es sus brazos.

A un paso lento y pintoresco caminaron por los pasillos para llegar al lugar en donde celebrarían la fiesta de cumpleaños de Ryoma. La razón por la cual esta Ryoma ahí ese día. Su padre, quien ahora jugaba con el niño, le había organizado una fiesta para pasar más tiempo con él. Sanada, Syusuke y Yukimura iban unos pasos atrás.

-Me sorprendió –dijo Syusuke con tranquilidad.

-Es el hijo de Echizen sensei –solo respondió Yukimura.

Tenía tres años y lo único que sabía decir era nada nada dane, y ya sabía tocar el piano a pesar de ni siquiera poder correr sin caerse al suelo. Su padre lo quería más que a nadie en el mundo, y por eso había dejado de ser el pianista oficial de la filarmónica y teniendo que decidir entre uno de sus pupilos quien sería el nuevo pianista.

-Atobe parece feliz en el conservatorio de Viena, le falta mucho todavía para ocupar el puesto más importante para un pianista –dijo Nanjiroh durante una conversación con Sumire, quien era la directora artística de la filarmónica -. Tiene que aprender que es lo más importante, reflejarse en el piano o tocarlo.

-Ja, ja, ja. Eso es verdad, Nanjiroh, sin embargo, Atobe es el alumno de tu pupilo: Yukimura –dijo Sumire proponiendo al pelilargo.

-Si.

-Es el mejor.

-Si –asintió una vez más Nanjiroh.

-Podría superarte.

-Si.

-¿Y entonces? –preguntó con desesperación, algo molesta por sus monosílabos.

-Podría morirse también –dijo pensativo y con un deje de dolor en el fondo de su mirar -. La enfermedad de Yukimura está avanzando… Él mismo lo sabe y por eso entrenó a Atobe para el puesto, para que lo supliera…

Sumire se acercó a Nanjiroh y sonriendo con dulzura le puso una mano en el hombro.

-Vive el ahora, muchacho. Yukimura está vivo y es el mejor. Claro, a menos que no te quieras retirar ya.

-No, quiero estar cerca de mi bombón de azúcar día y noche. Y los mejores momentos de mi vida los he pasado con el enano… Jeje. En el futuro será un amargado arrogante.

-Pues, aún te queda una opción –dijo la anciana -. ¿Oshitari Yuushi?

-¿Yuushi? No vale, el odia la música, sólo lo hace porque no sabe hacer más nada y le gusta hacer sufrir a Atobe. Y antes de que nombres a la Anne Tachibana, prefiero poner a Ryoma, es una mala persona, toca sin sentido ni sensibilidad, para colmo tiene mala rítmica. Sin nombrar que intentó seducirme para obtener el puesto.

Al final, como era de esperarse Nanjiroh le dejó el puesto a Yukimura. Que feliz era al no tener tantas obligaciones, sólo le daba clases a Yukimura y eso era como estar de vacaciones.

-Cumpleaños feliz, te deseamos a ti. Cumpleaños Ryoma, cumpleaños feliz.

Todos cantaban y aplaudieron en el momento de culminar la canción. Se acercaban y felicitaban al pequeño, las chicas besaban sus mejillas y su frente; los chicos generalmente le tumbaban la gorra cada vez que le daban golpecitos bonachones.

-Sensei, su hijo es precioso –dijo una voz femenina.

Ryoma parecia distraído tomando ponta que le daba el mismísimo violinista.

-Sí. Gracias, Anne.

-¿Quiere ponta?

-Ah, bueno, gracias. –respondió agarrando el vaso y tomando enseguida. La hipocresía le resecaba la garganta.

En ese instante, ya algo rosado por el calor del lugar y el ajetreo, se acercó a Yukimura.

-Echizen sensei, el obsequió de Ryoma.

-Ah, sí, si es verdad. ¿Dónde tengo la cabeza?-se preguntó mientras que casualmente tenía un repentino mareo.

Sanada notó como Yukimura y Echizen sensei desaparecían por la puerta. Estaba preocupado por Yukiumura, se le veía desmejorado y hacía apenas unos días le había dicho cosas muy extrañas que le sonaban a despedida. De hecho, le había entregado algunos papeles para que se los entregara a Atobe en caso de que él muriera. Sabía que sólo había acompañado a Echizen sensei a buscar el obsequio de Ryoma, pero no podía evitar preocuparse.

-¿Sensei?

El lugar se veía muy oscuro y borroso para Nanjiroh, se tambaleó y estuvo a punto de caerse. Se apoyó de una persona a su lado: Yukimura. El chico siempre había estado con él, apoyándolo como si no tuviera que ser al revés. Él era el niño, el pupilo, el enfermo. Sin embargo, nunca había Yukimura necesitado de él, como lo hacía Nanjiroh.

-Gracias, Yuki… -observó su rostro. Ese no era Yukimura.

-¿Quién eres? ¿Qué clase de monstro…?

En lo que apenas podía ver observaba que el sujeto enfrente de él tenía un rostro leproso, con pústulas y un tono verdoso de tez.

-¡Ahh!

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Tezuka Kunimitsu a unos metros le había sido imposible no escuchar ese grito. Había estado estudiando con Oishi hasta ese momento en que falló la electricidad en todo el conservatorio y todo quedó en penumbras.

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Nanjiroh estaba realmente asustado. No veía, no escuchaba bien y un montón de monstros: hombres horribles con aspectos tenebrosos lo atacaban y a Yukimura podía escucharlo lejanamente. Aunque las fuerzas lo abandonaran tenía que levantarse y luchar porque a Yukimura no le podía pasar nada. Era un joven tan talentoso y condenado a esa terrible enfermedad. Debía protegerlo y resguardarse a sí mismo porque tenía que salir de esa (no era la primera vez que era atacado por personas que lo querían fuera del mundo de la música), pero tenía una familia y la medalla en forma de clave musical que había comprado para Ryoma en sus manos.

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Tezuka corrió por los pasillos con Oishi detrás, habían escuchado los gritos de Yukimura y de Echizen sensei. Corrió hasta conseguir a tientas entre la oscuridad, el lugar de donde provenían aquellas voces.

Reconoció en el suelo a Yukimura siendo golpeado. Debía ayudarlo de inmediato, estaba débil, y él era de los únicos que sabía de la enfermedad del pianista.

Intentó golpear al hombre para que lo dejará, y aunque lo logró, este también lo golpeó a él. Vio como tomaba una silla para ser reventada contra el frágil cuerpo de Yukimura.

Oishi intentó sujetar al hombre por detrás, pero estaba como loco y tenía mucha fuerza. Se zafó e intentó estrellar la silla contra el cuerpo de Yukimura, pero la silla se hizo añicos sobre la espalda del rubio que había servido de escudo al inconsciente pianista. Delirando, Tezuka utilizó la fuerza que le quedaba en que el sujeto no lo terminara asfixiando, ya que este lo apretaba con toda su fuerza en el cuello. Ya que le había inmovilizado un brazo cuando le había enterrado algún objeto punzante en este.

-¡Auxilio! –gritó Oishi al darse cuenta de la situación -. ¡Auxilio!

El ojisverde había ido en su auxilio, intentó quitarle de encima las manos al tipo, pero este tenía manos fuertes, dedos largos y fuertes, así que le fue imposible.

Tezuka quedó inconsciente, como un muñeco sin vida y cayó al suelo. Justo en ese momento llegó Syusuke que había sido atraído por los gritos y cogiendo lo primero que había conseguido para defenderse había atacado a aquel que le había arremetido contra la vida de Tezuka, arrancándosela de la piel. Se echó a la espalda del hombre y enrollándole la cuerda de piano en el cuello lo asesinó, sintiendo como el hombre cedía hasta caer muerto. Era lo menos que se merecía por haber asesinado a la persona que más amaba después de Yuuta; a Tezuka.

Con esa cálida sangre corriendo por sus dedos, se pasó las manos por el rostro para quitarse el pelo de la cara y a la vez manchándose con ese líquido lleno de muerte.

-Está muerto –afirmó Syuichiroh.

Syusuke se recostó cerca del cuerpo de Tezuka.

No supo cuánto tiempo estuvo sobre Tezuka hasta darse cuenta de que la luz lo iluminaba de nuevo.

Tanto él como Syuichiroh eran los únicos conscientes, eran ellos los primeros en atinar a la realidad. Tras los segundos de estupefacción de Syuichiroh, se terminó de acercar a Tezuka luego de revisar que Yukimura aún estuviera con vida, aunque con el pulso débil.

-Fuji, Tezuka… Tezuka está vivo –anunció el ojisverde.

Con su rostro ahora siniestro, manchado de roja sangre y sus ojos de par en par, observó con intensidad los tres cuerpos inertes en el suelo.

-Llama a una ambulancia –dijo Oishi.

-Aún no –respondió fríamente -. Deshagamonos del cuerpo.

-Pero… pero… Es…

-¿Quieres estar en la carcel? –preguntó Syusuke -. Pasaras la mitad de tu vida en la cárcel y el resto en la calle, lamentándote. Tus huellas están por todos lados, como las mias y las de Tezuka, estaremos en la penumbra hasta que muramos.

Syuichiroh lo pensó bien por segundos y viendo que Syusuke tenía razón. Él no quería ir preso, y Tezuka… No podía privarlo de convertirse en director o el futuro de Syusuke, era un tensai, el concertino de la Berlín. No fue que planearan un asesinato. Fue un error.

Habían asesinado a Nanjiroh Echizen.

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Todo fue un gran boom publicitario. Los titulares variaban pero todos bochornosos y sorpresivos eran. "Nanjiroh Echizen se retira de la Filarmonica de Berlin", "Echizen cambia filarmónica y piano por chicas de las islas de America del sur", "Echizen se casa a escondida con Americana".

Solo Syusuke y Oishi sabían la verdad. Habían formado un complot para desaparecer el cuerpo endeudándose con algunos yakusas. Fuji vendiendo el violín Stradivarius único que le había pertenecido. Oishi había hipotecado su casa, ganándose una deuda eterna por mantenerla.

Tezuka se recuperó pronto, pero sus días como músico terminaron, ese brazo no serviría más para ese oficio, sin mencionar que había ganado el peor tormento que podía tener un ser humano.

Yukimura parecía no mejorar y un día , luego de una semana del incidente, murió.

Rinko marchó de vuelta a Japón con su hijo, Nanjiroh había decidido nuevamente que había algo más importante que su familia. Criaría a Ryoma sola y sería mejor pianista que él.

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Pasaron diez años en un abrir y cerrar de ojos.

Anne fue la pianista de la filarmónica hasta el día en que Tezuka y Oishi la asesinaron, junto a Kawamura. Por simple casualidad (o eso pensaba Tezuka) Atobe había mandado a asesinar a los únicos pianistas que él estaba interesado en matar, los que había organizado una trampa para droga a Nanjiroh sensei para que enloqueciera y matara a Yukimura para que Anne pudiera ser la nueva pianista oficial y su maestro, Kawamura subir también. Y aunque las cosas no había sucedido como las habían planeado, que era matar a Yukimura y culpar a Nanjiroh, encerrarlo en la cárcel y matar dos pájaros de un solo tiro, aún todo le había servido como anillo al dedo.

Tezuka se llevó la mano al colgante que siempre llevaba. Tenía que pagar por todo lo que había sucedido ese día. El regalo de Ryoma era el que estaba en su cuello. Un cristal caro con una figura musical dentro, lo que Nanjiroh había endido en su cuello cuando intentó estrangularlo. El regalo del niño. O niña, como pensaba él que era. No había estado en la fiesta y nunca había visto al muchacho. Lo peor era haberse convertido en matón de Atobe sólo para pagar esa oscura deuda que habían adquirido con los yakusas, la deuda con Fuji (que le molestaba como ninguna). Pero lo más importante era el futuro de Ryomiko. Pero eso lo aseguraría ahora mismo.

Actualidad

Ryoma se quedó mirando a la señorita enfrente de la computadora. Luego miró a su sempai.

-¿Tezuka sempai viajará? –preguntó.

Estaban en una agencia de viajes comprando boletos de avión, era pequeño, pero no estúpido.

-No, viajaremos. No soy tu sempai –respondió secamente.

-Señor, solo tengo boletos para Londres para mañana a las nueve.

-No importa –dijo Tezuka tomándolo.

Muy cerca de la escena, un chico castaño tomaba su celular y al otro lado de la línea a la que conectaba sonaba el timbre de Paganini. Pronto respondieron.

-Alo, van hacia casa de Syuichiroh Oichi. Compró dos boletos de avión para mañana a las nueve. A nombre de Tezuka Kunimitsu y Ryomiko Echizen. Mostro un permiso de la madre autorizando el viaje –informó el castaño detective.

-Gracias, Kajimoto te pagaré pronto.

-Es sólo un favor a un amigo, Syusuke.

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-Así que piensa marcharse con el heredero de Echizen sensei. Supongo que no quiere que Atobe le haga daño –caviló para sí mismo.

-Syusuke no sé de qué hablas, pero me da miedo tu actitud –dijo Eiji mirándolo con temor.

Syusuke lo miró con una sonrisa. Él, Oshitari y Eiji estaban en su departamento.

-Tú no tienes de que preocuparte, recuerda que te amo –dijo el ojiscerrado, posteriormente lo beso.

Próximo capitulo: Cuerdas de violín.