Faltaba sólo un día más para el fin de semana, y eso se notaba, sobre todo en los mayores que se iban a ir a Hogsmeade. El ambiente estaba más concentrado en el Gran Comedor, pero Harry, Ron y Hermione eran muy pequeños para notarlo. Desayunaban tranquilamente, menos el pelirrojo, que engullía. Fred y George aparecieron por detrás de su hermano y miraron a Harry que estaba enfrente de éste.

—Tenemos reservado el campo de Quidditch para ir a entrenar después de comer. No faltes. —Alguno de los dos le dio una colleja a Ron y se fueron riendo.

—Podríamos ir a verlos, no hay nada que... —Hermione se calló al ver entrar a una chica morena por la puerta.

Jade los miraba y ellos a ella, después siguió su camino hasta la mesa de Slytherin.

—Es que todavía no me lo creo —dijo Harry mirando a sus amigos—. Dime que fue un sueño y que no es verdad —le suplicó a Hermione.

—No Harry, sí que pasó, y los alumnos lo repiten demasiado para creer que es un sueño. —Harry asintió apesadumbrado.

Al otro lado del comedor se encontraba una Slytherin cabizbaja, observada por algunos alumnos de otras mesas y de la suya misma. Se atrevió a levantar la cabeza y mirar a su alrededor. Evitó desviar la mirada a la mesa de los profesores, pero a consecuencia se encontró con un par de ojos grises que la observaban. Agachó la cabeza de golpe y siguió comiendo.

Harry se dirigía al campo de Quidditch con el equipo para entrenar y Hermione y Ron se despidieron de él para verlo desde las gradas. Vieron aparecer al equipo de Slytherin y, Wood, el capitán del equipo de Gryffindor, se acercó a ellos. Al verlo, Ron y Hermione se pararon y se unieron al grupo.

—¿Qué? —murmuró el capitán de Gryffindor—. ¿Qué hacéis aquí? Hemos reservado el campo para nosotros.

—Lo siento, Wood —ironizó Marcus Flint, capitán de Slytherin—, el profesor Snape nos ha firmado una autorización para entrenar hoy en el campo.

—¿El profesor Snape? ¿Y por qué?

—Por la importancia de entrenar a los nuevos —sonrió victorioso Flint.

—¿Quiénes son?

Todos se hicieron a un lado para dejar paso a los nuevos. La sorpresa se reflejaba en las caras de los Gryffindor y eso alegró más a los Slytherin. Jade miraba a Harry temerosa.

—¡¿Malfoy? ¿Jade?! —Harry se adelantó junto a Wood y los miró extrañado.

Se escucharon algunos comentarios sobre que por eso Snape los había dejado, provenientes de los de Gryffindor.

—Sí, soy buscador, Potter, y Prince golpeadora, así que prepárate. —Achicó los ojos mientras sonría con malicia—. Y no es la única novedad. —Draco movió su escoba para que se fijaran en ella.

—¿Nimbus 2001? ¿De dónde las habéis sacado? —Ron estaba totalmente alucinado, puesto que esas escobas eran muy caras.

—Gentileza del padre de Draco. —Flint parecía muy orgulloso y sonrió provocador.

—Como ves, algunos podemos permitírnoslo. —Malfoy seguía provocando a Ron y éste enrojeció de furia.

—Al menos en Gryffindor nadie ha pagado su ingreso, han entrado por su talento. —Esta vez fue Hermione la que enfrentó al rubio.

—Nadie ha pedido tu opinión. —Se acercó a ella y escupió—: asquerosa sangre sucia.

—Vas a pagar por eso Malfoy... ¡tragababosas! —Ron le había lanzado un hechizo con su varita, la que estaba rota desde el principio de curso, y el hechizo rebotó en él.

Harry y Hermione fueron a recoger al chico del suelo pero éste sólo vomitaba babosas. Jade también fue a ayudar a su amigo.

—¡Eres imbécil, Malfoy! —le dijo la morena golpeándole con el brazo mientras pasaba por su lado.

Entre los tres llevaron a Ron a casa de Hagrid para que lo ayudara. Ahora la excusa de los Slytherin no servía y se fueron del campo, para así cederle el campo a Gryffindor.

Hagrid sólo había podido darle un cubo a Ron para tirar las babosas, mientras buscaba algún antídoto. Hermione se sentaba junto a él con Harry, Jade estaba de pie y ahora se sentía incómoda; se supone que estaban enfadados unos con otros, pero allí estaban, por ayudar a un amigo.

—¿Qué ha pasado para que Ron quisiera hechizar a Malfoy? —Hagrid parecía entre divertido y serio. Se sentó frente a los tres Gryffindor.

—Pues, Malfoy me llamó algo, pero no sé qué significa. —Hermione frunció el ceño intentando encontrar la respuesta en alguno de los libros que se había leído.

—La llamó sangre sucia —habló por primera vez desde que estaban allí. Jade estaba realmente enfadada con Draco por eso.

—Oh, ¿en serio? No tiene derecho ese niño mal criado.

—Pero, ¿qué significa? —Harry parecía tan confundido como Hermione.

—Significa que no desciende de magos directamente, hija de muggles. La gente que lo dice no suele respetarlos. —Draco era uno de esos. No sabía por qué, pero Jade se sintió defraudada por ese hecho.

—Sí, ¿pero dime qué hechizo puede hacer él que tú no hayas descubierto ya? Hermione, la condición de la sangre no importa a la hora de hacer magia. —Hagrid le sonrió y ella asintió modestamente.

—Gracias, Jade, por defenderme. —La castaña se levantó y la abrazó, ella se lo devolvió.

—Gra... gracias también... de mi parte —dijo Ron entre arcadas y finalmente vomitó otra babosa.

Harry la miró y cuando captó su atención le sonrió. Ella también lo hizo.

—Lo siento Harry, no debí alterarme tanto ni gritarte. —Agachó la cabeza y de repente se encontraba entre sus brazos. Ella también lo rodeó con los suyos, ninguno de los dos estaba acostumbrado a muestras de afecto.

—Ejem... ejem. —Alguien carraspeó y se soltaron de golpe. Ron había parado por un momento de vomitar para interrumpirlos—. ¿Nos vamos ya?

Estaba en la sala común, esperando a que Parkinson saliera de la ducha para poder entrar ella. Estaba distraída, pensando en todo un poco, cuando unos pasos se interrumpieron al acercarse. Jade alzó la mirada de la chimenea y miró al chico.

—Por culpa de tus estúpidos amigos no hemos podido entrenar. Así que si perdemos será responsabilidad tuya —le soltó el rubio alzando una ceja.

La morena se puso en pie y lo enfrentó, girando su cuerpo hacia él. Esta vez se había pasado y no lo volvería a consentir.

—Me da igual si perdemos o ganamos, pero la próxima vez que insultes a alguno de mis amigos te las verás conmigo —dijo amenazadoramente la chica.

Draco rió, enfureciendo cada vez más a Jade. Después la volvió a mirar, pero con fiereza.

—¿Crees que Granger no se merecía que le dijera sangre sucia? Pues sí, porque lo es, por muy amiga tuya que sea —escupió entre dientes el chico, antes de alzar el brazo para sostener la mano que iba directa a su cara.

Jade se desasió del rubio y dio un paso atrás, no por miedo, sino para verlo mejor.

—Entonces, tengo todo el derecho a llamarte niño estúpido de papá, mimado y arrogante. —La morena alzó un momento la ceja y se cruzó de brazos, saboreando una victoria, que aunque él no lo reconociera, era suya.

La puerta de las habitaciones se abrió y apareció Parkinson. Jade no miró a Draco antes de colarse por la puerta, sólo hizo un gesto de asco dirigido a sus dos compañeros de casa.

La chica siguió a los de su casa cuando terminaron de cenar; sus amigos ya se habían marchado, aunque Harry no estuvo en ningún momento en el Gran Comedor. Los prefectos los guiaron, pero Jade no fijaba su atención en ellos, sino que fulminaba con la mirada al rubio de ojos grises que caminaba seguido por sus dos amigos idiotas y Parkinson, como perritos falderos.

Llegaron a un pasillo que empezaba a estar concurrido por alumnos de otras casas y todos se sobresaltaron al ver a tanta gente. Empezaron los murmullos después de leer la pared. Los profesores pusieron orden y tranquilizaron a Filch; su gata estaba colgada de la pared, junto a unas palabras escritas con sangre: La Cámara de los Secretos ha sido abierta. Enemigos del heredero temed. Draco se adelantó un poco más del grupo de Slytherin, llegando casi a la altura de Harry, Ron y Hermione, los cuales quedaban justo frente al escrito.

—Enemigos del heredero temed. Seréis los siguientes, sangre sucia. —Volvió a mirar a Hermione provocadoramente.

Jade se hizo paso entre los alumnos cuando se enteró de que les echaban la culpa a sus amigos de no sabía qué. Había escuchado el comentario tan inoportuno de Draco así que lo empujó por la espalda y casi cae de frente.

—Ups, lo siento, no podía pasar. —Sonrió maliciosamente y se quedó mirando a sus amigos.

—Bueno, todo el mundo a la cama —ordenó el director y todos hicieron caso—. Menos vosotros tres. —Señaló a Harry, Ron y Hermione, así que Jade siguió a su casa después de intercambiar unas miradas con ellos.

Hoy la morena se había levantado lentamente, sin ganas de hacer nada. Si seguía así podía ser un día muy largo. Aunque hoy tenía entrenamiento de quidditch, eso podría animarla un poco. Se vistió con desgana, pero aún así bajó más pronto que muchos. El Gran Comedor casi estaba vacío, un par de grupos en cada mesa. Sin pensar se fue a sentar a la mesa de Gryffindor. Un poco más tarde llegaron los tres acompañados por Ginny. La saludaron sin pensar que seguía siendo extraño que una Slytherin se sentara en la mesa de los leones. Harry se sentó a su lado y los demás en frente.

Comían mientras conversaban de los deberes y los exámenes que se acercaban.

—Una cosa, ¿qué os dijeron anoche? ¿Por qué estabais allí? ¿Quién escribió en la pared?...

—Pues —empezó Hermione sin esperar a que Jade acabara de preguntar—, Filch quería echarnos la culpa de lo que había pasado pero el profesor Dumbledore nos declaró inocentes. No sabemos quién puso eso en la pared, pero Harry… —pensó si debía decirlo— oyó una voz. Después llegamos y la señora Norris ya estaba petrificada.

—¿Una voz? ¿Qué clase de voz? ¿Qué decía?

—Decía que quería… matar. —Parecía que a Harry no le gustaba hablar de eso. Jade decidió cambiar de tema.

—Otra cosa… Mmm, espero que no te enfadaras conmigo por no decirte lo del quidditch. —Se mordió el labio mientras ponía ojos de corderito.

—¿Por qué debería estar enfadado? —Le sonrió para quitarle del todo ese sentimiento de culpa—. No te preocupes, sólo espero no recibir ningún golpe en los partidos —dijo divertido.

—Gracias, eres el mejor —dijo muy emocionada y se lanzó sobre él para abrazarlo.

Se estaba acostumbrando mucho a esos abrazos. Ginny los vio sorprendida y frunció los labios para no empezar a gritarle a esa… Slytherin.

Unas mesas más allá, Draco dejaba la cuchara en el camino a su boca al ver a Jade abrazando a Potter. Ya volvían a tener la misma amistad, o incluso más que antes. Casi a su lado estaba Pansy Parkinson que los miraba sorprendida y al mismo tiempo se cercioraba de que los cotilleos eran ciertos. En la mesa principal, la de los profesores, algún profesor sonreía al ver a Harry y a Jade abrazados, pero uno en especial sólo pensaba maneras de fastidiar a Potter y decirle que esa chica no era para él, no estaba a la altura de su hija. Hermione sonreía ante aquel abrazo, ya visto en la casa de Hagrid.

Ese abrazo de tan sólo unos pocos segundos había dado mucho en lo que pensar, pero ellos dos ni se enteraron.

Siguieron hablando de quidditch, del primer partido y de los próximos exámenes. También hablaron sobre la inscripción en la pared y la gata de Filch petrificada, lo que les explicó McGonagall sobre los cuatro fundadores y la rivalidad entre ellos y Harry sugirió un posible heredero de Slytherin: Draco. Ron estaba con él porque Harry tenía razón respecto a que su familia era "sangre limpia" y que alardeaban mucho por esa razón. Hermione no estaba muy convencida pero para estar más segura sugirió que tomaran poción multijugos para sonsacarle algo a Draco. Jade era la que decía que no podía ser posible; Draco alardeaba mucho pero eso no decía nada. De todas maneras les iba a ayudar a averiguarlo y ella estaría presente en la sala común de Slytherin ese día. Hermione dijo que la poción tardaría unos meses, para después de Navidad.

Y llegó el primer partido de quidditch de la temporada. Gryffindor contra Slytherin, Harry contra Draco, los dos buscadores. Todo el colegio bajaba al campo para ver el partido, se colocaban cada uno en las gradas del color del equipo al cual defendían y los profesores en donde no había un color definido. Los jugadores salieron de los vestuarios y se colocaron en las posiciones ya entrenadas anteriormente. La profesora de vuelo dio comienzo al partido y todos alzaron el vuelo. Gryffindor había empezado llevando el quaffle.

Se acercaba un jugador de Gryffindor y llevaba el quaffle, cada vez se acercaba más a los aros, el guardián se ponía más nervioso, el Gryffindor era alto y fuerte y el guardián del otro equipo no podría con él. George lanzó la pelota con una sonrisa de victoria pero no se fijó en el golpeador del otro equipo que le había lanzado una bludger. El quaffle entró dentro del aro pero la bludger de Jade ya no se podía parar, impactó directamente en su escoba provocando que se quedara colgando de ella. Jade se acercó a él y con una mano le ayudó a subir. George la empujó levemente en señal de "te perdono" y se sonrieron. Cada uno siguió su camino de vuelta al juego.

En uno de esos momentos en los que Harry dejaba de buscar la snitch para enterarse de la puntuación de cada casa, escuchó un sonido siseante que se acercaba rápidamente. Giró su cabeza para buscar la procedencia del sonido y abrió los ojos desmesuradamente mientras agachaba la cabeza. Una de las bludgers iba directa a por él, sin control. Harry voló huyendo de ella y la bola lo siguió. Voló por todo el campo, por arriba y por abajo, sin parar hasta que consiguió despistarla y siguió buscando la snitch.

Cuando llevaban una hora y veinte minutos en el aire y Harry había intentado conseguir la snitch un par de veces, ocasiones que Draco no había tenido por no haberla visto, la volvió a ver, pero al mismo tiempo la bludger loca lo encontró de nuevo. La siguió unos metros y enseguida se unió Draco a la persecución. Iban pegados y con la bludger detrás, empujándose por los hombros para conseguir desequilibrar al otro, pero ninguno cedía. La snitch cada vez corría más y ahora los guiaba hacia el abismo, cada vez más cerca del suelo, cada vez más posibilidades de chocar contra el suelo y acabar hecho añicos, y la bludger los seguía. Intercambiaban miradas nerviosas para comprobar que seguían hacia delante, sin miedo, sin pensar que podían no parar a tiempo. Draco fue el primero en retirarse de la persecución, pero cuando Harry debía sentirse más relajado por tener la snitch para él solo… era al revés, ahora sólo pensaba en cómo detener la escoba antes de dar contra el suelo. Miró hacia atrás un segundo y ver la bludger lo puso más nervioso.

La snitch seguía descendiendo directa al suelo, con lo cual Harry calculó el momento para frenar y salir ileso. Los centímetros se consumían muy deprisa y Harry sudaba, temblaba, pero se centró rápidamente y con toda la fuerza que tenía hizo girar su escoba para que no chocara contra el suelo y volara en paralelo con el suelo. Lo consiguió. Todos aplaudían y gritaban. La bludger chocó contra el suelo y Harry le puso toda la atención a la snitch que estaba a solo unos palmos de sus dedos.

De repente el sonido de antes y luego una fuerza increíble chocó contra su brazo estirado, lo que provocó que se alejara un poco de la pelota y que sofocara un grito para no retenerse más. Encogió el brazo en su pecho y se arriesgó a estirar el otro brazo, dejando todo el control de la escoba en sus piernas. Ganó velocidad, a pesar de todo, y se volvió a arriesgar poniéndose de pie sobre la escoba. Sorprendentemente no se cayó y eso le dio ánimos, sin contar los aplausos y las exclamaciones procedentes de las gradas. No quiso alargar más el momento y se lanzó desde la escoba hacia la snitch. Había atrapado la snitch… pero con la boca, la pelota había entrado directa en su boca. La cogió y la levantó en señal de victoria mientras todos aplaudían y coreaban su nombre.

Después de que Lockhart intentara arreglar su brazo y en vez de eso dejarlo sin huesos, se encontraba en la enfermería rodeado de sus amigos. Ya le quedaba menos para recuperarse, sólo un par de días más pero sus amigos seguían aprovechando su estado para librarse de algunas clases.

Una noche, en la enfermería, Harry se sobresaltó al escuchar unos ruidos y se encontró con Dobby, un elfo doméstico que había conocido antes del curso. Estaba sobre su cama y hablaron sobre el partido y que fue el elfo quien hechizó esa bludger, sólo porque decía que Harry no debería haber ido ese año al colegio.

Cuando Harry intentaba agarrar a Dobby para que dejara de golpearse, escuchó unos ruidos que se acercaban a la puerta de la enfermería. El elfo desapareció y Harry se tumbó en la cama y fingió dormir. Era Dumbledore, McGonagall y la enfermera y cargaban con un alumno que tumbaron en una de las camas. Harry se enteró que era Colin Creevey, el fotógrafo, y parecía que también había sido petrificado como la señora Norris. El "monstruo" había vuelto a atacar y como habían dicho, había atacado a un hijo de muggles. Dumbledore parecía más preocupado que antes y dijo que Hogwarts ya no era tan seguro.

Habían avisado de que el profesor Snape y Lockhart iban a dar una clase de duelo antes de la cena una semana después de que Harry se curara, para defenderse de los enemigos. Pero antes estaba el entrenamiento de quidditch del equipo de Slytherin, donde Jade no puso mucho entusiasmo.

Flint estaba muy enfadado por la derrota contra Gryffindor y por eso desde el día del partido convocaba continuamente a su equipo para entrenar y estar mejor preparados para el partido de antes de pascua. Jade notó a Draco más distante de ella, como si no existiera. Le resultó extraño pero no le importó demasiado.

Cuando faltaba una hora para la cena todos los alumnos menores de trece años se dirigían a la sala donde se impartirían las clases de duelo. Muchos parecían muy emocionados por aprender a batirse en duelo… otros pensaban más en Lockhart, más bien otras. Había una tarima, en forma de pasarela, en medio de la sala y sobre ella los profesores correspondientes. Los alumnos los rodearon y cuando pidieron silencio éste se hizo rápidamente.

—Hola a todos. Como vuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras debo enseñaros a saber defenderos en una pelea. Por lo tanto necesitaba a un compañero que me ayudara y el profesor Snape se ofreció encantado. —Realmente Dumbledore se lo había ordenado pero no dijo nada—. Ahora os haremos una demostración de cómo debéis actuar. No te haré mucho daño Severus —Miró sonriente a Snape; éste solo sonrió cordialmente.

A Snape no le fue difícil lanzar un hechizo para defenderse del de Lockhart y éste acabó en el suelo. Todas las chicas ahogaron un grito y se preguntaban si estaba bien, menos Jade. Después, para librarse de otra paliza de Snape, decidió elegir a dos alumnos que pelearan entre ellos.

—Muy bien, ¿quién quiere pelear ahora? —Nadie se atrevía, no querían hacer el ridículo porque no tenían ni idea. Sólo Pansy se atrevió a levantar la mano para demostrar lo que sabía hacer. Entonces cuando pedían otro voluntario Jade levantó la mano, tenía muchas ganas de enfrentarse a su compañera—. Genial, Pansy, Jade, podéis empezar.

El profesor Snape se puso serio. Pansy no era muy justa que digamos, y eso le preocupaba por lo que le pudiera pasar a su hija.

Se miraron directamente a los ojos y tras dar los pasos necesarios alzaron sus varitas. Se volvieron a mirar mientras pensaban un hechizo para atacar a la otra. Pansy fue la primera en lanzarlo…

¡Pus! —Parkinson gritó rápidamente. Si el hechizo le daba a Jade le provocaba una erupción en la nariz de donde empezaría a salir pus, pero…

¡Protego! —Se defendió a tiempo y rápidamente gritó—: ¡Incarcerous!

Pansy quedó amarrada de pies y manos por unas cuerdas al no ser tan rápida. Cayó al suelo de la tarima y tumbada boca abajo levantó la cabeza para mirar furiosa a su contrincante. Ella sonrió maliciosamente levantando las cejas, después se dio la vuelta para bajar por las escaleras y mientras, miró a su padre sonriente. Snape se sentía muy orgulloso por ver que le había enseñado bien a su hija, porque por lo que parecía ella no se esforzaba mucho en las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras. Lockhart intentó liberar a Pansy de las cuerdas pero solo consiguió que éstas se convirtieran en gusanos con lo cual la chica bajó rápidamente gritando y dando saltitos desesperados para quitarse todos los gusanos.

—Excelente trabajo Jade. —Le mostró una de sus sonrisas más "encantadoras", que causó suspiros entre las chicas menos en ella. Buscó a Pansy para decirle—: Y tú, no has estado mal. Ahora quiero a dos chicos aquí arriba. Eh… Harry, Ron, subid conmigo y demostrad lo…

—Permíteme elegir a uno de mi casa, la varita de Ron podría causar muchos inconvenientes. —Snape le interrumpió y con un gesto de la mano señaló a un chico mientras decía su nombre—. Draco, sube aquí, ya.

Malfoy obedeció y sonrió ante la idea de pelear contra Potter. Para subir por las escaleras de detrás de Snape tuvo que pasar junto a Jade. Se miraron y ella lo miró como pidiendo que no le hiciera nada. ¿Me lo estaba pidiendo? Mejor estaba suplicando a través de sus ojos. ¿Cómo puede manipularme así? Suspiró y se paró junto al profesor Snape. Después de dar los pasos apuntados por Lockhart, se miraron provocadores. No estaban asustados, para nada, sólo querían probar quien era mejor, algo nada peligroso, dependiendo de cómo lo probaran.

Se apuntaron con las varitas, preparados. Jade empezó a asustarse, Draco podía ser muy cruel cuando se lo proponía y Harry podía hacer cualquier cosa al tener enfrente a alguien que le caía mal y que trataba mal a sus amigos. El rubio parecía listo para empezar.

¡Tarantallegra!

Harry voló por los aires y cayó de espaldas a los pies de Lockhart. Éste le ayudó a levantarse y Harry miró a Draco que sonreía maliciosamente. Jade también lo miró y se enfureció. Se dio la vuelta y salió de la sala enojada.

Salió al jardín y se encontró con George y Fred que tiraban piedras al lago molestando así al calamar gigante. Sólo reían pero, al ver a Jade que se acercaba a ellos enfadada, pararon y la detuvieron cuando ella intentó esquivarlos.

—¡Hey! ¿Dónde vas señorita Snape? —George se divertía mucho haciéndola rabiar y los dos corearon unas carcajadas.

—Vuelve a decirme eso y te dejo sin descendencia.

—Vale, vale princesita, no me escupas tu veneno. —Los tres rieron y Jade se olvidó del porqué estaba enfadada.

—Pero di, ¿por qué no estás en eso de la clase de duelo? Se supone que Harry, Ron y Hermione están allí.

—Ya, pero… los chicos sois idiotas. —Los dos fruncieron el ceño—. Harry y Malfoy se están batiendo en duelo y les da igual lo que le pase al otro.

—¿Qué? ¿Y qué haces aquí? ¡Yo no me lo perdería por nada del mundo! Que pena que no nos dejen entrar… somos muy mayores —dijo apesadumbrado Fred mirando a George, pero después se rieron.

Jade estaba recostada en su cama leyendo un libro. Llevaba media hora en su habitación sola, sin sus indeseables compañeras, ellas estaban en la clase de duelo pero no tardarían mucho más en llegar a molestarla. Y evidentemente llegaron de golpe y haciendo mucho ruido. Parecían sorprendidas por algo pero Jade no se preocupó, si debía saberlo ellas se lo dirían o explotarían, sino, le daba lo mismo.

—Jade, no nos habías contado nada. —La aludida levantó una ceja y Pansy suspiró—. Pues lo de Potter, no sabíamos que un Gryffindor pudiera ser descendiente de Slytherin.

—¿Qué? ¿De qué hablas? Harry no tiene nada que ver con nuestra casa. —Entonces se dio cuenta de a donde quería llegar—. Harry no tiene nada que ver con lo que le ha pasado a la señora Norris y al otro chico. No sé cómo habéis llegado a esa conclusión pero no…

—Habla pársel. —Jade se calló y la miró extrañada—. Cuando Draco le ha lanzado una serpiente a Potter, empezó a hablarle y ésta intentó atacar a un sangre sucia.

—No vuelvas a decir esas palabras delante de mí. —Y sin decir nada más dejó el libro en su mesita y salió de la habitación.

Cuando salió de las mazmorras se fue directa a la torre de Gryffindor y allí tocó a la puerta ya que no se sabía la contraseña. La Señora Gorda empezó a gritarle para que dejara de golpearla, pero ella no paró hasta que la puerta se abrió. Salió Percy, uno de los prefectos de Gryffindor.

—Señorita, no debe estar aquí, su casa es Slytherin.

—Ya lo sé, no soy tonta. Déjame entrar.

—No, no tienes derecho a…

—Percy, ¿por qué eres así? Sabes que es nuestra amiga. —Fred estaba detrás de Percy y un poco más atrás estaba George.

—Son las normas del colegio. No puedo dejar pasar a un alumno de otra casa.

—Va Percy, no seas aguafiestas. Por una vez que una chica guapa viene a buscarme.

El pelirrojo cedió finalmente y Fred cogió a Jade por los hombros y la llevó a un sofá. La chica ya se había olvidado de por qué había subido a la torre.

—Bueno, ¿qué te cuentas "princesita venenosa"? —La morena estaba acostumbrada a sus incansables chistes, así que ya no se daba cuenta.

—Pues… no me acuerdo. ¡Ah! —Jade se levantó rápidamente y Fred se asustó—. Lo siento, se me había olvidado.

Corrió escaleras arriba hacia la habitación de los chicos de Gryffindor. Parecía que le hubieran hecho un confundus, había ido rápidamente a hablar con Harry y se le había olvidado, ni siquiera había pasado cinco minutos.

Abrió la puerta de golpe asustando a los chicos que allí se encontraban. Ron dio un salto hacia atrás, Seamus salía del servicio enrollado en una toalla y se encogió sobre si mismo para que no se viera nada, Dean cayó de culo al suelo, Neville se puso colorado como un tomate porque iba en pijama y Harry cerró de golpe su baúl por el susto.

—Tranquilos, sólo soy yo. —Todos hicieron gestos como diciendo "¡Pues por eso!"—. Harry, tengo que hablar contigo —miró a su alrededor—. A solas.

Fueron saliendo uno a uno, aunque alguno no iba vestido de la mejor manera. Harry la invitó a sentarse en su cama y lo hizo a su lado. Jade fue directa al grano.

—Harry, dime que no es cierto que hablas pársel. —El chico agachó la cabeza sin decir nada—. Lo siento, pero es que no es muy normal hablar esa lengua, la de las serpientes. Y no sé si lo sabes pero están circulando rumores sobre que tú eres…

—¡Ya lo sé! —La chica se sobresaltó—. Jade, Hermione me acaba de dar la misma charla y… me da miedo. Voldemort hablaba pársel y pienso que el día en que me hizo la cicatriz me pasó algunos poderes. Pero la gente no lo ve así. —Harry enterró la cabeza en sus manos y Jade le pasó un brazo por los hombros.

—Lo siento, no quería preocuparte. Perdóname.

Jade apoyó su cabeza en uno de sus hombros y le cogió la mano. Harry no quería llorar, pero se dejó mimar.

Entonces entraron Ron, Hermione y Ginny y se quedaron mirándolos desde la puerta. Los dos se separaron lentamente para mirarlos. Hermione sonrió y se acercó a ellos para apoyar a Harry. Ron se puso detrás de Hermione sonriendo a su amigo. Ginny, nada más entrar, fulminó con la mirada a Jade y frunció los labios. Siempre pegada a él, la muy… víbora. A Ginny seguía gustándole Harry y verlos juntos la enfermaba.

En Hogwarts los rumores crecían, sobre todo después del siguiente ataque. Filch se había encontrado a Justin Finch-Fletchley petrificado en un pasillo y a su lado el fantasma de Gryffindor, Nick Casi Decapitado, que parecía haberse muerto de nuevo. Harry estaba por esa zona cuando pasó y como pensaban que había lanzado la serpiente contra Justin en el club de duelo, los rumores se incrementaron. Ahora lo llamaban "el Heredero de Slytherin". Aunque los gemelos Weasley lo decían para atemorizar a los equipos contrarios, y funcionaba.

Llegó Navidad y con ello las despedidas. Harry, Ron, Hermione y Jade se quedaban en Hogwarts a pasar las vacaciones y aprovecharían para terminar la poción multijugos. Jade se había encargado de recoger los pelos de los Slytherin necesarios para la transformación, pero Hermione había conseguido el suyo ella misma.

Los alumnos se congregaban en la entrada deseosos de irse a sus casas. Los que se quedaban se despidieron de ellos cuando se subieron a las carrozas.

—Entonces, seremos como los guardaespaldas de Hermione. Así que tranquila, nadie podrá petrificarte. —Ron asentía y se sentía más grande cada vez que lo decía.

—Y no olvidéis que yo también puedo ser atacada, no sé qué sangre tengo. —Jade miró a Ron sonriendo y éste asintió todavía más orgulloso.

—¡Hey! Que para proteger estamos nosotros, y por cierto, a Jade la protejo yo. —Fred le sonrió a la chica y le pasó el brazo por los hombros.

—¿Qué pasa, Harry? —Jade miraba preocupada a su amigo ya que no había dicho nada; seguía mirando hacia el lago. Harry negó con la cabeza—. Vamos, no pienses más en eso. Todo se aclarará dentro de poco. —Se miraron y Harry asintió.