La poción multijugos casi estaba terminada y lista para tomar. Jade había conseguido todos los ingredientes necesarios del armario de su padre. Hermione se había negado a recibir ayuda de Jade para hacer la poción y ahora estaban los tres mirando como la castaña la hacía ella sola. El baño de las chicas del tercer piso siempre estaba desierto, bueno exceptuando el fantasma de Myrtel la Llorona, que sólo los salpicaba para molestar.

—A ver si lo he entendido bien —continuaba Ron dándole vueltas al mismo tema todo el tiempo—, Snape te adoptó, tu madre murió cuando naciste y tu padre desapareció.

—Sí, Ron, no sé dónde le ves el misterio —volvía a repetir una Jade aburrida.

—No, es que… me resulta extraño imaginar a Snape con un bebé en brazos y cantando nanas. Es… espeluznante.

—Ron, vale ya, al fin y al cabo es su padre y lo querrá como tal aunque a ti no te caiga bien. —Hermione intervino en la conversación dejando un momento de lado los ingredientes de la poción.

—Gracias, Hermione, aunque realmente no se ha comportado tanto como un padre. Como siempre estaba dando clase aquí, mi elfina me cuidaba.

—¿Una elfina doméstica? Pues me parece muy irresponsable por parte del profesor. Si adoptas un bebé es tu deber criarlo, no darle todo el trabajo al elfo doméstico.

—Ya empieza… —Harry rodó los ojos y se quedó mirando los grifos del baño. En ese momento Myrtel se acercó al moreno y miró de arriba abajo a Jade.

—He oído por ahí que a ti te gusta Harry. —El chico se sonrojó y la susodicha empezó a reír.

—Sí, ya me había enterado de ese rumor —seguía riéndose—. No sé de dónde han sacado esa tontería. Harry y yo sólo somos amigos, ¿verdad? —Miró al chico que cada vez estaba más rojo.

—Claro —contestó Harry sin apenas mirarla.

—Entonces, ¿estás libre? —El fantasma se acercó más al chico mientras lo miraba fascinada.

—Yo… bueno… verás —tartamudeó Harry.

Jade empezó a reírse junto con los otros dos amigos. Entonces se levantó y besó a su amigo en la mejilla para así enfurecer a Myrtel.

—Bien, ya está lista, sólo hace falta que metamos los pelos en el vaso y bebérnoslo. —Hermione repartía la poción a los chicos mientras que éstos miraban los vasos con repugnancia.

—Esto debe de estar asqueroso.

—Vamos, Ron, sólo es un trago —le animó Jade.

—Claro como tú no la tienes que tomar. —Sonrió y los tres se tragaron la poción.

Hermione y Ron fueron a vomitar mientras que Harry se transformaba delante de Jade.

—Vaya, Harry, estás muy horroroso. Prefiero mi Harry. —Se sonrojó mientras se miraba al espejo.

—Me siento raro —miró a Jade y después buscó a su amigo—. Ron, ¿dónde estás?

—Harry —dijo mientras salía de uno de los baños—. ¿Qué tal estoy? Tú… pareces Crabbe.

—En eso consistía. —Jade suspiró mientras se acercaba a Harry y le quitaba las gafas—. Mejor, más o menos, de todas maneras eres Crabbe. —Se rieron los tres.

—¿Y Hermione? —Harry se acercó a la única puerta cerrada de los baños— ¿Hermione, estás bien?

—Sí, id sin mí. Marchaos. Los efectos de la poción duran pocas horas.

—Hermione, ¿quieres que me quede?

—¡No! —Suspiró y abrió la puerta—. Lo sé, parezco un gato. Puede que el pelo no fuera de quien yo creía.

—Te llevo a la enfermería. Vosotros debéis aprovechar los minutos. ¡Vamos!

Jade llevó a Hermione a la enfermería mientras Harry y Ron bajaban a las mazmorras. El plan se había complicado porque se suponía que la Slytherin les iba a abrir la puerta, pero ninguno se había dado cuenta de ese detalle cuando ella se fue con Hermione. Ahora buscaban la forma de entrar sin la ayuda de Jade, pero era imposible.

—Crabbe, Goyle, ¿qué hacéis aquí? —Malfoy había aparecido por las escaleras y los pilló por sorpresa.

—Esto… eh… te esperábamos —intentó arreglar Ron.

—Sí, claro. Realmente me da lo mismo. —Hizo una mueca de desinterés—. Pasad.

Los condujo a la sala común y se sentó en uno de los sillones. Harry y Ron lo imitaron lentamente y se miraron nerviosos. Estuvieron hablando un rato sobre los ataques pero se callaron cuando la puerta de la sala común se abrió. Era Jade y atravesó la sala mirándolos a todos y deteniéndose en Draco. Se miraron unos segundos largos y después desapareció por las habitaciones de las chicas. Draco se quedó mirando por donde se había marchado unos segundos y después se giró para mirar a sus "amigos". Cada uno se entretenía con un cuadro diferente o con la alfombra, como Goyle. Draco se quedó mirando a Goyle (Ron) y frunció el ceño levemente.

—¿Qué te pasa? ¿Ya no te gusta Prince?

—¿Qué? ¿Por qué lo dices? —Ron se puso colorado.

—No sé, como siempre te quedas embobado cuando pasa por tu lado. Bueno, me da igual. —Draco hizo un gesto con la mano, como restándole importancia.

—¿Y a ti no te gusta? —se atrevió a preguntar Harry—. He oído que está con Potter —añadió para provocarlo.

—¿Qué? —Draco se puso tieso y lo fulminó con la mirada—. ¿Por qué preguntas eso? Además, no me importa si está con Potter o no. —Se levantó bruscamente y se fue a su habitación.

Harry y Ron salieron corriendo hacia el baño donde hicieron la poción ya que les quedaba unos minutos para dejar de ser Crabbe y Goyle.

—No ha servido de nada. —Ron siempre tan negativo.

—Pero ahora sabemos que Malfoy no es el heredero de Slytherin. Aunque seguimos preguntándonos quién es. —Suspiraron y seguidamente salieron en busca de Hermione.

Se encontraba en la enfermería sola, ya que sus amigos estaban desarrollando el plan. Los efectos se iban yendo poco a poco gracias a los cuidados de la señora Pomfrey. Si no fuera por ella podría estar así durante meses. Estaba leyendo cuando entraron Harry y Ron y se sentaron en su cama.

—¿Y Jade? ¿Ha salido todo bien?

—Sí, no creo que tarde mucho en…

—Lo siento chicos. —Jade interrumpió a Harry y se sentó junto a éste—. Siento no haber llegado para abriros la puerta. Entonces, ¿habéis averiguado algo? ¿Es él quien creemos? No habrá sospechado nada, ¿verdad?

—No, no es él —contestó Harry con tono cansado. Sentía que iban hacia atrás en la investigación, que aquello no había servido para nada. Siguió contestando—. Y no, no ha sospechado nada.

—Aunque Harry casi nos descubre cuando… —Ron recibió un cachete por parte de Harry—. ¡Ay! Vale, me callo. —Las chicas se miraron confusas pero lo dejaron pasar.

Cuando Hermione se recuperó los estudiantes ya volvían de vacaciones de Navidad y las clases ya habían empezado de nuevo.

Era viernes y se dirigían a la primera clase. Se separaron ya que Jade iba a Historia de la Magia, que por cierto odiaba, y ellos se iban a Astronomía. Se sentó en la segunda fila junto a Theodore Nott, un chico muy atractivo a pesar de sus doce años.

El profesor entró lentamente y se puso detrás de su mesa. Intentó llamar la atención de los alumnos, pero algunos jugaban pasando de él, como siempre.

—¡Atención! Debo informaros de un nuevo trabajo sobre las revueltas de los duendes que entregaréis el viernes de la semana que viene, y en parejas que se formarán al azar. —Los alumnos empezaron a quejarse—. ¡Silencio! Repartiré un papel con un número en cada uno y tendréis que encontrar el mismo número. Esa será vuestra pareja.

Les repartió los respectivos papeles y enseguida se levantaron y la clase se convirtió en un gallinero. Se veían a alumnos abrazados a la pareja que les había tocado, otros sonriendo, otros con cara de asco y otros indiferentes como Jade.

—Bueno, creí que sería peor. —Jade lo miró de arriba a abajo, pero después sonrió.

—Ya… aunque me habría gustado estar con otra persona —dijo Draco mirando a Theo Nott. Jade levantó una ceja y lo miró llamando su atención.

—Pues te aguantas. Y hoy empezamos a hacer el trabajo, quedamos a las seis en la biblioteca —era prácticamente una orden.

—¿Hoy? De acuerdo, pero no puedo ir a las seis, así que iré a las ocho —dijo Draco sin achantarse.

—Está bien, a las ocho pues. Pero no te retrases. —Dicho esto cada uno se sentó en su sitio para seguir con la clase.

Los cuatro amigos estaban sentados en el árbol, que estaba al lado del lago, relajándose después de las clases y disfrutando del comienzo del fin de semana.

—¿Con quién os ha tocado para hacer el trabajo de Historia? —preguntó Jade a sus amigos mientras estaba tumbada de lado con la cabeza sobre la mano.

—A mí con Romilda Vane —contestó Hermione que estaba sentada al lado de Jade.

—Yo voy con Harry, tuvimos suerte de caer juntos —dijo Ron contento, que estaba junto a Harry con las piernas encogidas.

—Que suerte. A mí me ha tocado con Draco. —Los chicos la miraron con lástima. Ella se incorporó y miró su reloj que marcaban las ocho y diez— ¡Oh no! Había quedado a las ocho. Nos vemos luego. —Se levantó rápidamente y salió corriendo hacia la biblioteca.

Cuando llegó, estaba casi desierta por la hora que era. Ella empezó a buscar a Draco por las estanterías y lo vio al fondo del pasillo pero no estaba buscando información. Estaba hablando con Pansy muy animado.

—Ejem…ejem ¿no deberías estar buscando información para el trabajo? —preguntó Jade interrumpiendo a la parejita.

—Perdona, pero tú eres la que llega tarde —contestó Draco mientras Pansy se iba con su pareja de trabajo.

—Se me olvidó. ¿Empezamos o qué?

—Claro —dijo frunciendo el ceño. Cogieron varios libros y se sentaron en una de las mesas. Sólo estaban ellos dos, los demás ya se habían retirado.

—¡Que aburrimiento! —Draco se desperezaba mientras bostezaba.

—Lo sé, pero no nos queda otra que aguantar —le contestó Jade que también estaba harta.

—Podemos seguir el lunes, después del fin de semana. —Jade lo miró y levantó los hombros. Se levantaron y llevaron los libros a su sitio—. ¿Es verdad que sales con Potter?

Jade se le quedó mirando con los ojos muy abiertos. ¿A qué viene eso? Me estoy hartando de los malditos rumores.

—No deberías creerte todo lo que oyes, y menos si proceden de tus amiguitas.

—¿Eso es que no?

—¿Acaso te importa? —Jade se giró para mirarlo y quedarse frente a él.

—La verdad es que no. Sólo era curiosidad. —Draco se dio la vuelta y se dirigió a la puerta para salir—. El lunes a la misma hora.

—Pero… —La dejó con la palabra en la boca; él ya se había marchado.

Era fin de semana y hacía un día horrible, no paraba de llover y encima hacía un frío que hacía tiritar los dientes. Los alumnos mayores de tercero no pudieron ir a Hogsmeade así que todos estaban resguardados dentro del castillo. Hermione, Ron y Harry estaban delante de la chimenea de su sala común. En ese momento entraban Fred y George con Jade por el retrato de la Dama Gorda.

—Hola, chicos —saludó Jade— ¿Os vais a quedar ahí todo el día?

—¿Has visto el tiempo que hace? —contestó Ron señalando la ventana donde golpeaba la lluvia.

—Pero eso no impide que disfrutemos del día. —Al ver que sus amigos no se animaban se giró para mirar a los gemelos— ¿Y vosotros que decís?

—Pues… que desesperada me gustas más. —Se rieron los dos hermanos por el comentario de George pero en cuanto vieron la cara de Jade se lo pensaron mejor—. Eh… no sé… no hay mucho que hacer.

—Increíble. Y yo que pensaba que a vosotros no se os acababan las ideas. —Jade se sentó a los pies de Hermione.

George y Jade jugaban al ajedrez mágico en el suelo mientras Hermione leía, Harry y Ron hablaban de quidditch con Fred. Ginny también había llegado, se sentó junto a Hermione y observaba a Harry y a Jade alternativamente. Parecía cansada y enseguida se quedó dormida apoyada en Hermione.

Cuando ya pasaban los minutos de la una Hermione cerró su libro y despertó a Ginny para que se fuera a la cama. Hermione se despidió de todos y antes de irse le dio un beso en la mejilla a Ron que se le iban cerrando los ojos. Jade también se levantó y antes de ir hacia la puerta pasó la mano por el pelo de George, que seguía en el suelo, y lo despeinó.

—Espera, te acompaño abajo. —George se levantó y la siguió por la puerta. Los demás también se fueron a sus habitaciones cuando se cerró la puerta de la sala común.

A Jade le pesaban los párpados, pero tenía que llegar a su habitación para poder desplomarse. George la agarraba por los hombros porque veía que se iba a caer del sueño. Llegaron a la puerta de la sala común de Slytherin y cuando ya Jade abría la puerta, se giró y sonrió a George.

—Gracias por acompañarme. —Se acercó a él y cogiéndole la cara le dio un beso en la mejilla— Buenas noches.

Cerró la puerta después de ver como George subía las escaleras de regreso a su casa. En la sala común de Slytherin había muy pocos alumnos, entre ellos Draco Malfoy que la miraba. Pasó por su lado sin decirle nada pero él sí que le habló.

—Primero con Potter y ahora con un Weasley. No sabía que te gustaran tantos. —Draco estaba sentado en uno de los sofás de espaldas a ella.

—A ver si queda claro: a mí no me gusta nadie, ¿vale?

—Ya, ¿y ese beso de despedida? —Sólo quería provocarla y lo estaba consiguiendo, o eso creía…

—Ah, claro, ya caigo.

Draco se quedó confundido por ese comentario y antes de poder girarse para mirarla y preguntarle, ella estaba justo a su lado y se acercaba más a él. Entonces sus manos le cogieron la cara y recibió un beso en la mejilla. La miró a los ojos cuando se alejó un poco de él y ella sonreía.

—¿Contento? —Se giró y con una sonrisa divertida en la cara entró a su habitación.

Draco no se había movido del sitio, pero su cara mostró un leve sonrojo en las mejillas. ¿Me ha besado? Seguía sin moverse y lo peor es que no sabía que decir, ni aún después de que se fuera. Las pocas personas que habían presenciado la escena, tampoco dijeron nada, se fueron a dormir sin comentar nada. Los imitó.

—¿De dónde vienes Harry? —Harry se sentó junto a Jade y antes de empezar a cenar los miró y contestó.

—Me he encontrado un diario en el baño de Myrtel y… —bajó la voz y se inclinaron hacia él—… y he entrado en él.

—¡¿Cómo?!

—Espera Jade, déjame terminar —la cortó antes de que empezara a preguntar sin parar—. Cuando empecé a escribir en él…

Harry les explicó todo lo que vio en el diario y cada vez abrían más los ojos. Al terminar empezaron las preguntas.

—¿Quiere decir que Hagrid es el dueño del monstruo? —empezó Jade.

—Habría que ir a hablar con él antes de sacar conclusiones. —Jade asintió mirando a Hermione.

Al día siguiente Jade iba directamente desde el Gran Comedor a la biblioteca a acabar el estúpido trabajo de Historia. No había nadie allí, todos estarían cenando o terminando los deberes. Se sentó en una de las mesas del fondo a esperar. Draco no tardó mucho y cuando se vieron recordaron lo del sábado. Jade no pudo reprimir una sonrisa y él directamente no quiso hablar de eso.

—Podríamos dejar hecho el trabajo hoy, aunque terminemos más tarde de lo permitido. —Draco asintió indiferente y se pusieron a buscar libros por la biblioteca.

Les faltaba unas cuantas hojas más para terminar cuando Pince los echó fuera y les ordenó que se marcharan a sus habitaciones. Jade y Draco ya habían planeado esperar a que se fuera y entrar a escondidas para terminar el trabajo.

Eran casi las doce de la noche cuando terminaron, sólo había un inconveniente: Filch. Draco decidió ir delante para controlar si lo veían y Jade iba pegada a él. Llegaron a un pasillo muy oscuro y en cuanto Draco vio una luz al final del pasillo cogió a Jade de la cintura y la arrastró con él detrás de una estatua.

—¿Qué pasa? —susurró Jade que estaba a unos centímetros de él.

—Shhhh… es Filch —contestó también en susurros mientras le ponía un dedo en los labios; los sintió fríos.

Draco se quedó pensando en la poca distancia que los separaba y en la respiración de ella pegándole en la barbilla. Se miraron a los ojos y eso llevó a que sus labios estuvieran a escasos centímetro de los suyos. Se le cortó la respiración y sintió un hormigueo en el estómago cuando notó que ella se acercaba más a él. Se escuchaban los pasos de Filch acercándose pero parecía lejano.

Ahora fue Draco el que se acercó a Jade. No podía creer que estuviera tan cerca de él. La cogió por los brazos y la atrajo hacia él todo lo que pudo. Una luz se reflejaba en la pared, entonces se pudieron ver a los ojos. Unos ojos azules que se tornaban grises con la luz miraban directamente a unos grandes ojos verdes intensos detrás de unas largas pestañas rizadas. ¿Qué haces Draco? No te dejes engatusar… eres un Malfoy y debes ser fuerte… no debo caer en la tentación. Draco tenía un dilema interno, mientras que Jade no se explicaba la situación. Es Draco, sólo es él… venga, me voy ya y se acabó. Así continuaron a pesar de que Filch estaba a unos pasos de ellos. Parecía que no les preocupaba lo más mínimo si les pillaban o no, sólo se miraban.

Filch pasó por al lado de la estatua con la linterna en alto y pareció no verlos. En ese momento los dos se dieron cuenta de que ya no estaban en peligro y que podían continuar andando. Jade se separó de Draco y no sabía porqué se sentía… ¿desilusionada? Se inclinó a un lado de la estatua para ver como Filch se iba cuando las manos que todavía la cogían hicieron presión y la atrajeron de nuevo a él. No les dio tiempo a mirarse a los ojos, Draco no tenía tiempo para eso. Sus labios se habían encontrado bruscamente, pero ese segundo fue muy dulce y tierno. Se separaron y ahora sí que se miraron. Draco no se creía lo que acababa de hacer. Me ha hechizado… esto no lo he hecho yo… Jade no decía nada, no sabía cómo actuar, no sabía dónde mirar.

Draco salió de detrás de la estatua y emprendió de nuevo el camino. Jade lo siguió y no se hablaron durante el trayecto.

La semana pasó lenta por el tan esperado partido de quidditch del viernes. Gryffindor contra Ravenclaw. Los alumnos bajaban muy animados al campo para después sentarse en sus gradas. Los jugadores ya sabían donde tenían que ir y que tenían que hacer. Harry y los gemelos Weasley esperaban fuera de los vestuarios con Ron, Hermione tardaba mucho en llegar y el partido parecía esperarla a ella. La profesora Hooch no les daba la entrada para empezar y los capitanes de cada equipo estaban más nerviosos a cada momento. Entonces vieron aparecer a la profesora McGonagall que se acercaba a ellos muy apresurada.

—Wood, McGonagall viene a decirte… —empezó a decir Fred.

—Debo informar que el partido se suspende.

—Pero eso no se puede hacer.

—Señor Wood, esto es muy importante. Vosotros dos me acompañaréis —dijo señalando a Harry y Ron—. La señorita Prince ya está informada.

Los dos siguieron a la profesora hasta que llegaron a la puerta de la enfermería. Allí estaba Jade con las manos junto a la cara y Snape hablándole pero sin cogerla. Se pararon a escasos metros de ella y en cuanto los vio corrió hacia ellos. Se enganchó de los dos y apoyó la cabeza entre los hombros de ambos. La consolaron aunque no sabían porqué lloraba.

—Tranquila, Jade, no pasa nada —Harry intentó calmarla con palabras, pero él no sabía lo que pasaba.

—Harry… —pasó a agarrarse de él sólo y juntó sus manos para taparse la cara y apoyarse en él. Harry la abrazó lentamente, intimidado por las miradas de Snape—. Harry, es Hermione. La han… atacado.

Esas palabras hicieron reaccionar a Ron y Harry se le quedó mirando mientras seguía abrazando a Jade. Quería entrar pero no le dejaban. Decían que podía ser traumático, pero Ron insistía que él era fuerte. Finalmente los dejaron y Jade lo primero que hizo fue llorar encima de Hermione. Harry se sentó en una silla observando a las chicas. Ron se sentó al otro lado de Jade en la cama y sólo miraba a la castaña.

—Hermione. —Jade sollozaba y el momento se hacía más difícil de llevar a cada espiración entre lágrimas.

—Jade, está viva. Se curará, no te preocupes. —Ron la consolaba y al mismo tiempo se consolaba a sí mismo. Se inclinó sobre Hermione y le besó la frente.

Jade durmió con ella, porque Snape le había dejado, pero los chicos volverían a sus habitaciones; podrían verla al día siguiente, aunque ese no era el plan que tenían.

El sábado, la noticia de otro ataque, ya había recorrido hasta el último rincón del castillo. Harry y Ron le habían comentado a Jade que esa noche irían a visitar a Hagrid y averiguar de una vez quien era el responsable de todo esto. Jade se pasaría la tarde con Hermione, leyéndole y hablándole.

Sin darse cuenta ya era la hora de cenar, pero Jade no quería irse de allí y dejar a Hermione sola, pero había dos personas que no la dejarían que se quedara sin cena. Fred y George entraban sigilosamente a la enfermería para que la enfermera no los tirara (tenían un largo historial de desastres en la enfermería).

—¿Qué haces aquí? —preguntó Fred a Jade y ésta lo miró divertida.

—Es obvio… —dijo señalando a Hermione.

—No nos referimos a eso. Es hora de cenar. —George se acercó a ella para empujarla fuera de la enfermería— Vamos, Hermione se puede apañar sola unas horas.

—Pero…

No le dio tiempo a protestar, porque ya estaban fuera de la enfermería. Bajaban las escaleras, cada uno a un lado de ella, para que no escapara. Llegaron a la entrada y habían tardado más de lo que esperaban, Jade iba cabizbaja y arrastrando los pies. Se tuvieron que esperar a que un grupo de Slytherin pasara y les dejaran paso. Caminaban muy lentos y eso los desesperó. Jade se dio cuenta de que Pansy iba en ese grupo y parecía que todos le prestaban atención, algo importante decía.

—Pues sí, han atacado a esa sangre sucia de Granger y todavía no me explico cómo sólo pudo acabar petrificada. —Hizo un gesto de asco y miró a su alrededor para comprobar que los demás opinaban como ella.

Jade se quedó petrificada de verdad, pero no hacía falta que ningún monstruo la atacara, el monstruo lo tenía delante con forma de chica. Se acercó rápidamente a Pansy, pasando entre sus amigos y entrando al Gran Comedor donde estaba todo el mundo cenando ya, y cuando la tuvo delante levantó el puño derecho y con toda la potencia que pudo le golpeó la cara. El golpe la hizo caer de espaldas al suelo mientras su nariz comenzaba a sangrar. Se llevó una mano a donde salía tanta sangre y levantó la mirada hacia Jade confundida.

—¡Te lo avisé! No vuelvas a llamar así a nadie y menos a mi amiga —repitió Jade mientras se frotaba la mano. Había dolido el puñetazo.

—Genial —dijeron los gemelos a la vez con una sonrisa en la cara.

Todos se habían quedado con la boca abierta, nadie se lo esperaba y menos siendo dos de la misma casa. Los profesores reaccionaron un poco tarde, también por la sorpresa. Snape fue el primero en levantarse y seguidamente McGonagall. Dumbledore se había puesto de pie y observaba a Snape. McGonagall llevó a Pansy a la enfermería y antes de salir miró a Jade.

—Está usted castigada, señorita. —Se volvió a girar antes de seguir andando— No me esperaba esto de usted. —Jade no agachó la cabeza, sabía que Pansy se lo merecía.

La profesora desapareció con Pansy por la entrada.

—Ven conmigo —Snape le cogió por el brazo y la sacó de allí.