Después del encuentro con Pansy en el comedor, su padre se la llevó a su despacho y la sentó en la silla delante de su escritorio.
—¿Qué te ha llevado a hacer eso? No puedes ir agrediendo a la gente así porque sí.
—¡Llamó sangre sucia a mi mejor amiga! Sí, se merecía eso y mucho más.
Snape se quedó callado. En realidad tenía un poco de razón, pero no podía actuar así.
—Jade, entiendo que te enfadaras ante su comentario, pero tengo que castigarte por tu reacción. —La miró fijamente—. No jugarás el último partido de quidditch. —Jade hizo intención de quejarse pero él continuó—. Además ayudarás a la señora Sprout con las mandrágoras todos los viernes por la tarde.
—¿Por qué me castigas con el quidditch? ¡No es justo! —Se levantó y salió dando un portazo.
—Mis hermanos ya me han contado tu numerito en la cena de ayer —dijo Ron después de acomodarse en la cama de Hermione—. Que por cierto, según ellos fue el acontecimiento del año —miró a Harry y sonrieron.
—La verdad es que ahora me siento mejor, pero por eso me han castigado. Mi padre no me dejará jugar el último partido de quidditch —dijo cabizbaja. El último partido lo volvían a jugar Gryffindor contra Slytherin.
—Bueno, en parte es bueno para nosotros. —Harry recibió un cachete cariñoso de Jade—. Pero es un asco.
Los tres suspiraron y se quedaron viendo a Hermione. Jade preguntó si habían averiguado algo y Harry le explicó todo. Lo de las arañas, lo de que se habían llevado a Hagrid a Azkaban y lo de que tampoco era culpable.
—Entonces, seguimos donde estábamos, aunque descartando otro sospechoso.
—Sí. —Harry suspiró mirando a Jade. Éste le agarró la mano a Hermione como pidiéndole ayuda aún estando así y notó algo bajo su mano. Lo sacó y vio que era un trozo de papel arrugado. Los otros dos se acercaron a él y leyeron lo que ponía.
—¡Claro! Un basilisco, por eso sólo tú podías oírlo. Pero entonces, ¿cómo se ha paseado todo este curso por ahí sin ser visto?
—Hermione ya ha respondido a eso —dijo Harry señalando el papel—. Cañerías.
Jade observaba el campo de Quidditch a lo lejos desde el invernadero junto a la profesora Sprout. Cada vez que escuchaba los gritos de las gradas, le daban ganas de salir corriendo para saber qué estaba pasando. Suspiró y siguió con su trabajo. Al menos así ayudaría a Hermione a recuperarse. Eso la aliviaba. Ella se encargaba de conseguir las partes necesarias de la mandrágora para poder utilizarlas en la poción curativa. Así fue toda una hora infinita.
Al salir de los invernaderos caminó hacia un lugar concurrido de gente para que la sacara de dudas y, precisamente, vio a sus amigos subir hacia su sala común.
—¡Harry, Ron! Por favor, por favor, decidme quién ha ganado. —Jade los miró con cara de corderito, suplicando una respuesta.
—Hola, Jade —Ron acentuó el saludo y la chica le sonrió pidiendo disculpas.
—Pues… ha ganado de nuevo Gryffindor —dijo Harry inocentemente.
—¡Jo¡ Eso es porque no estaba yo. —Empezaron a reírse, cuando aparecieron George y Fred.
—¿Por qué siempre nos perdemos lo gracioso? Siempre llegamos tarde. —Fred puso cara de pena, pero Jade lo miraba con una ceja alzada—. Ah, hola princesita venenosa.
—No me llames eso.
—¿Prefieres señorita Snape? —Los gemelos se reían cuando escucharon una voz carraspear a sus espaldas.
—¿Alguien ha dicho mi nombre? —Los dos chicos se pusieron blancos y se giraron lentamente.
—Déjalos, sólo bromeaban. —Jade le sonrió a su padre y tras recibir una fría mirada de él pasó por su lado y siguió su camino.
Los tres se encontraban en la enfermería, acompañando a su amiga. Jade leía un libro de Hermione mientras Ron jugaba una partida de ajedrez mágico contra Harry. Se escuchaban suspiros de vez en cuando, de desesperación, de cansancio, de aburrimiento.
Después de ir a cenar y volver junto a la castaña, Harry y Ron se fueron a su habitación mientras que Jade se quedaba con ella. Mientras caminaban oyeron a varios profesores hablando en el pasillo y cuando llegaron a éste se escondieron para escucharlos.
—Ha aparecido otra inscripción en la pared, debajo de la otra. —McGonagall miró a los otros profesores y continuó—. La inscripción dice: Sus huesos reposarán en la cámara por siempre.
—¿Y a quién se han llevado? —preguntó la señora Hooch.
—A Ginny Weasley.
Ron no pudo mantenerse en pie al escuchar ese nombre y se dejó caer al lado de Harry. En ese momento apareció Gilderoy Lockhart.
—¿Me he perdido algo? —preguntó el profesor que no tenía ni idea de lo ocurrido.
—Se han llevado a una alumna a la Cámara de los Secretos —contestó Snape—. Ahora tienes tu oportunidad, ¿no decías que sabías dónde estaba la entrada a la cámara?
—¿Yo? —Su cara reflejaba miedo—. Claro. Voy a coger lo que necesito y me pondré a ello. —Dicho esto se fue tan rápido como pudo.
En la enfermería Jade dejó el libro que estaba leyendo y se relajó en la silla que estaba al lado de Hermione. Todo estaba en silencio y eso hizo que se distrajese pensando. Como no había nadie en la enfermería empezó a contarle a la Hermione petrificada su momento con Draco, ya no podía contenerlo más, aunque no la escuchara.
—Malfoy me besó. Fue mi primer beso. Sólo fue un segundo pero… —Recordó el momento—. Da igual, voy a olvidarlo. Además, a mí no me gusta Malfoy. Me dejé besar porque… ¿y si el monstruo, el basilisco, me ataca a mí y… muero sin ni siquiera haber besado a un chico? —Ella continuó pensando y poniendo excusas por su reacción en voz alta hasta que se quedó dormida.
Cerca de la puerta alguien escuchaba sus pensamientos. Draco se marchó enfurecido hacia las mazmorras. Pues como si para mí hubiese significado algo, pensaba Malfoy mientras caminaba deprisa. ¡Ni se te ocurra volver a acercarte a ella jamás!
Harry y Ron volvieron corriendo a la enfermería para decirle a Jade lo que habían oído. Cuando llegaron se acercaron a ella y le tocaron el hombro para que despertara.
—Jade despierta. —La chica abrió los ojos y miró a sus amigos.
—¿Qué pasa? —preguntó adormilada.
—Se han llevado… a Ginny… a la cámara —dijo Ron afectado.
—¡¿Qué?! —Se levantó rápidamente al escuchar aquella noticia—. ¡Tenemos que encontrarla!
—Lockhart va intentar bajar.
—Pues iremos con él.
Los tres salieron de la enfermería para buscar al profesor y bajar con él a la Cámara de los Secretos. Llegaron a su despacho, pero encontraron todo lo contrario a lo que esperaban. Gilderoy estaba recogiendo sus cosas para marcharse.
—Pero ¡¿cómo se atreve a dejarnos tirados? —chilló Harry—. ¡Es un cobarde!
—Mira chiquillo, no voy a morir por…
—Mi hermana está ahí abajo —dijo Ron mirando con rabia al profesor.
—Usted viene con nosotros, quiera o no —sentenció Harry. Apuntaron a Lockhart con la varita para que los acompañara y lo sacaron del despacho.
—¿Cómo vamos a encontrar la entrada a tiempo? —preguntó el pelirrojo con impaciencia. Caminaban por los pasillos hacia el baño—. Podría mostrarse ante nosotros… —Ese comentario hizo que Jade recordara el día de su cumpleaños.
—¡Pues claro! Ahora vuelvo. —La chica salió corriendo hacia las mazmorras.
Corrió lo más rápido que pudo y entró jadeando a la sala común. Ni siquiera miró quien había y chocó contra alguien que estaba de espaldas.
—¡Mira por dónde vas! —Se dio la vuelta—. Ah, eres tú —dijo con desprecio. Recuerda Draco, no te acerques a ella. Pero no pasará nada si la molesto.
Jade no dijo nada, no tenía tiempo, la vida de Ginny corría peligro. Subió a su habitación y abrió la puerta de golpe. Pansy se asustó al ver a su agresora, abrió los ojos desmesuradamente y se puso a temblar. Prince ni la miró, fue directa a su baúl y lo vació en busca de la poción que su padre le regaló. Encontró el calcetín donde lo guardó y sacó un frasco donde se leía: Poción Reveladora, los lugares ocultos se descubrirán a tu paso. Sin demorarse más se fue y bajó de nuevo a la sala común.
—¿A qué viene tanta prisa? —preguntó Draco mientras le impedía el paso.
—Déjame Malfoy, ahora no tengo tiempo para tonterías.
Este comentario enfureció más al chico. Vio el frasco que llevaba en la mano y con un movimiento rápido se lo quitó.
—¿Qué es esto? —dijo mientras levantaba el frasco.
—Por favor, Mal… Draco, devuélvemelo. —Lo miró con la cara más triste que pudo poner—. Por favor.
—No me vas a convencer —dijo mientras se llevaba la mano con el frasco a la espalda—. Tal vez ese truco te sirva con Potter, pero no conmigo.
Jade empezó a impacientarse y se tiró a coger el frasco a la fuerza, pero no consiguió nada. Se separó y echó mano a la varita.
—¡Accio poción! —El frasco salió volando hasta las manos de la chica. Antes de que Draco pudiera hacer nada, se dirigió a la puerta y, sin mirar atrás, se fue.
Llegó por fin al baño donde la esperaban Harry, Ron y el profesor Lockhart.
—Con esto podremos encontrar la entrada —dijo enseñándoles el frasco—. Me lo tomaré y me pasearé para encontrar la puerta. —Jade se bebió toda la poción y esperó a que hiciera efecto. Unos segundos después vio como se abría un hueco donde estaban los grifos del baño—. No puede ser. —Se acercó—. Harry, está aquí. Intenta abrirla mientras yo voy a avisar a Dumbledore, ya os alcanzaré.
—Bien, pero ten cuidado —contestó Harry mientras se preparaba para abrir la entrada.
Recorrió el castillo hasta llegar al despacho del director. Mientras iba observó varias puertas ocultas que aparecían gracias a la poción, no les prestó atención y siguió su camino hasta llegar al despacho. En ese momento escuchó a Filch hablar con Hooch, le contaba que Dumbledore había sido echado del castillo por algo que hizo Lucius Malfoy. Jade decidió escribir una nota que dejó en el escritorio del director y regresó al baño.
Al llegar se tiró por el hueco del suelo y alcanzó a los chicos.
—Han echado a Dumbledore. Le he dejado una nota. —La chica informó a sus amigos, que se sorprendieron por la noticia.
—Deberíamos esperar a que alguien venga —se quejó Lockhart que estaba muerto de miedo.
—No, no tenemos tiempo. —Ron siguió caminando hasta que se encontró una piel de serpiente—. Mirad, al final sí era un basilisco.
—Vaya, es enorme. —Jade miraba la piel que mediría unos siete metros. En ese momento oyó como alguien caía al suelo al lado de Ron.
—Lockhart se ha desmayado. —Ron soltó un bufido. Pero el profesor aprovechó ese descuido del chico y le quitó la varita. Lo apuntó con ella mientras que Harry y Jade levantaron también sus varitas al mismo tiempo.
—Si hacéis algo lo desmemorizo. Soy experto en ese hechizo, lo utilicé para borrar la memoria de los magos que escribieron "mis" libros. —Sin más pronunció ¡Obliviate! , pero la varita produjo una pequeña explosión que hizo que Harry y Jade se lanzaran a un lado para evitar las rocas que empezaron a desprenderse del techo. Cuando miraron a su alrededor vieron una pared de rocas que les impedía volver.
—¿Jade, estás bien? —Se acercó a ella para ayudarla a levantarse—. ¡Ron! ¡Ron!
—Estoy aquí Harry, estoy bien. —Se escuchó detrás de la pared de piedras—. Pero Lockhart no, el hechizo se volvió contra él.
—No podremos mover estas piedras. Iremos nosotros, tú intenta quitarlas para que podamos regresar.
—Vale. Tened cuidado.
Harry y Jade continuaron hasta que por fin llegaron a la Cámara. Era una sala poco iluminada donde había un pasillo con columnas. A lo lejos pudieron divisar una figura tumbada al final del pasillo. Corrieron con las varitas en alto y llegaron al cuerpo desmayado de Ginny Weasley.
—Ginny. Despierta Ginny. —Ambos se habían inclinado al lado de la chica y el moreno intentaba despertarla.
—Harry, está muy fría —murmuró Jade que temía que hubieran llegado tarde.
—No despertará. —Una voz interrumpió a los chicos.
Ambos se levantaron de un salto y se quedaron mirando al muchacho que tenían delante.
—Tom… ¿Tom Riddle? —Harry reconoció al chico.
—¿Qué? —Jade miró a su amigo—. ¿El chico de tu diario? —Harry y Tom asintieron.
—¿Cómo que no despertará? ¿No estará…? —El chico no quería decirlo.
—No, aún sigue con vida —contestó Riddle—, pero por poco tiempo.
—¿Eres un fantasma? —preguntó Jade temblorosa por las palabras del chico.
—Soy un recuerdo —contestó mirándola.
—Vamos Jade, tenemos que salir de aquí. El basilisco podría… —Pero fue interrumpido por Riddle.
—No vendrá si no es llamado. —Harry buscó su varita pero la encontró en la mano del chico.
—Dame mi varita Tom. —Jade levantó la suya instintivamente hacia Riddle.
Tom no le devolvió la varita a Harry e ignoró a Jade. Tenía una sonrisa dibujada en la cara mientras lo miraba.
—Tenía ganas de hablar contigo Harry Potter. —Éste lo miró desconcertado—. Quería preguntarte, ¿cómo un bebé sin talento mágico extraordinario pudo derrotar al mago más poderoso del mundo?
—¿Y eso por qué te preocupa? —intervino Jade—. Voldemort es posterior a ti.
—Voldemort es… —Se giró hacia la chica— mi pasado, presente y futuro.
Levantó la varita y empezó a escribir en el aire: TOM MARVOLO RIDDLE. La agitó y las letras cambiaron de sitio dejando ver otro nombre: SOY LORD VOLDEMORT.
—Tú —Jade no salía de su asombro al igual que Harry.
—Ginny Weasley fue la que abrió la Cámara de los Secretos y mandó matar a los sangre sucia. —Riddle seguía sonriendo—. Claro que ella no sabía lo que hacía. Estaba como en una especie de trance. Ahora yo volveré, ¡el hechicero más poderoso del mundo regresará con más vida que nunca!
—No. —Harry lo miraba con rabia—. Albus Dumbledore es el hechicero más grande del mundo.
—Dumbledore ha sido expulsado del castillo gracias a mi simple recuerdo.
—No está tan lejos como crees —En ese momento vieron como aparecía el fénix que Dumbledore tenía en su despacho, Fawkes. El pájaro dejó caer en manos de Harry el Sombrero Seleccionador y dejó de cantar.
—Esto es lo que envía Dumbledore a su defensor: un pájaro cantor y un sombrero ajado. —Rió pero calló al instante y miró a los ojos a su oponente—. Ahora enfrentemos los poderes de Lord Voldemort, heredero de Salazar Slytherin, contra el famoso Harry Potter. —Riddle se giró y llamó al basilisco que salió de la estatua de Salazar Slytherin.
Jade no había podido hacer nada hasta ahora y no reaccionaba. Harry la cogió del brazo y salió corriendo hacia el pasillo. En ese momento ella se hizo consciente de la situación y se giró para lanzar un hechizo a la serpiente, pero antes de lanzarlo miró esos ojos amarillos que a tantos había atemorizado. Lo más sorprendente fue que… no pasó nada y logró lanzar un hechizo que hizo estremecer al basilisco. El fénix aprovechó para picotear los ojos a la serpiente y Harry pudo mirar al monstruo. El mago miró extrañado a Jade pero en ese instante la serpiente se lanzaba hacia ellos haciendo que Harry cayera de espaldas y la chica saliera despedida hacia una de las columnas haciendo que sus costillas fueran golpeadas contra la piedra. Se incorporó como pudo y vio como Harry se levantaba y salía corriendo con el basilisco detrás de él.
—¡Saca a Ginny! —le ordenó a Jade que sin pensarlo corrió hacia la chica mientras se sujetaba el costado por el dolor.
—¡Enervate! —Pero la joven maga no respondía—. Vamos Ginny, tenemos que salir de aquí. —Intentó cargar con ella pero el dolor no la dejó.
Harry logró despistar a la serpiente y volvió a la sala donde estaban las chicas. Al ver que no habían conseguido salir se apresuró para ayudar a Jade a sacar a Ginny de allí. En ese preciso instante en el que Harry se inclinó para coger a la hermana de Ron, apareció de nuevo el basilisco. El chico pudo ver como aparecía una espada dentro del sombrero, saltó por encima de Ginny, sacó la espada de Godric Gryffindor y la empuñó. Jade se tiró encima del cuerpo de la chica para protegerla del ataque del basilisco y Harry atacó al monstruo para alejarlo de ellas. Logró subirse a la estatua de donde había salido la criatura para así poder atacar mejor. Esquivó varios golpes mientras intentaba malherir al animal, pero lo único que logró fue que la espada se le escapara de las manos y quedara indefenso.
Jade había presenciado la lucha aterrada y le invadió una sensación de pánico al ver a Harry desprotegido. Vio como la serpiente se lanzaba para matarlo.
—¡Para! —chilló Jade en una reacción involuntaria. El basilisco pareció detenerse por unos segundos.
—¡Acaba con él! —El recuerdo de Riddle dio un paso al frente desesperado por la vacilación del monstruo.
Harry aprovechó esos segundos de titubeo del basilisco para coger la espada y clavársela en la boca. Este hecho hizo que un colmillo se le incrustara en el brazo y el veneno entrara en su cuerpo. La serpiente cayó muerta a los pies de su dueño.
—¡No! —gritó el joven Voldemort al ver al monstruo derrumbado.
Harry bajó hasta donde estaban las chicas mientras se sujetaba el brazo herido.
—Vamos Ginny, tienes que despertarte. —El moreno se arrodilló junto a su amiga.
—El daño que puede causar un simple diario en manos de una necia y ridícula chiquilla. —Observó como Potter se arrancaba el colmillo y hacía muecas de dolor.
—Harry —los ojos de Jade empezaban a humedecerse—, el veneno del basilisco es…
—Mortal —continuó Riddle sonriendo—. Estás muerto Potter, me voy a sentar aquí hasta que te mueras. No tengo prisa.
Pero Harry se había quedado pensando en el diario. Lo cogió y levantando la mirada para clavar los ojos en Voldemort incrustó el colmillo en medio del diario.
—¿Qué haces? Para, ¡no! —Empezó a salir una especie de tinta oscura que parecía sangre y el recuerdo de Tom Riddle desapareció tras un grito desgarrador.
Ginny despertó justo después de destruir el diario y se quedó mirando a sus amigos.
—Jade. Harry. Yo no quería… fue Riddle… él me obligó.
—Lo sabemos, no te preocupes. Todo ha acabado ya —la consoló el chico.
—Harry —dijo Jade entre sollozos—, ¿qué hacemos? —preguntó mientras miraba su brazo y la mancha negra que se extendía alrededor de su herida.
—Coge a Ginny y sal de aquí. Debe ir a la enfermería.
—Pero, ¡¿y tú qué?! —Jade le gritó enfurecida—. ¿Piensas que te vamos a dejar aquí sólo muriéndote?
—¿Qué? —Ginny se alarmó y se puso más pálida de lo que estaba.
—¡He dicho que os marchéis! —Las palabras de Harry hicieron que Ginny rompiera a llorar.
—Pero…
—No, Jade, aquí nos despedimos. —Una lágrima resbaló por la mejilla de la chica. Se secó las lágrimas e ignorando el dolor de su costado, se arrojó a los brazos de su amigo. Esta vez Harry no tuvo ningún pudor en abrazarla y la estrechó más a él.
—Harry, eres muy valiente. —Le miró a los ojos y ya no hicieron falta las palabras.
—Lo siento, Jade —Harry no pudo evitar derramar algunas lágrimas—. Has demostrado que nuestras casas no nos definen. Me alegra haberte conocido.
—No, Harry no…
—Tranquila Ginny. Todo irá bien.
Jade cogió a Ginny de la mano y caminaron hacia la salida de la cámara. Se giró para mirar a Harry por última vez.
—Adiós… Harry.
Ron no quería creer lo que le contaban las chicas y después de insistirle de que no había otra solución, regresaron al castillo. Era hora de desayunar y los tres entraron en silencio y con la cabeza gacha al Gran Comedor donde se dirigieron directamente a la mesa de los profesores para contarles lo sucedido. Jade consiguió sacar fuerzas y describió paso por paso lo ocurrido en la cámara. Mientras, el salón se iba llenando de alumnos que despertaban hambrientos.
—No pude hacer nada. —Jade había empezado a sollozar—. Yo lo intenté pero…
—Tranquila —la profesora McGonagall abrazó a la chica para consolarla.
Todos miraban a la chica llorar desconsolada y murmuraban entre ellos. Pero en ese momento las puertas del Gran Comedor se abrieron dejando paso a un joven que buscó con la mirada a sus amigos. Harry vio a Jade que lo miraba desconcertada y él le sonrió mientras caminaba hacia ella. La morena corrió para encontrarse con él y sumirse en un abrazo muy diferente al otro, este estaba cargado de alegría y no de tristeza.
—¿Cómo? No puede ser, ¿estás bien? —Jade preguntaba mientras que Harry abrazaba a Ron y a Ginny.
—Estoy perfectamente —contestó sonriendo—. Fawkes apareció y lloró lágrimas sobre mi herida.
—Las lágrimas de fénix son curativas —aclaró Snape que se había acercado a ellos.
Jade volvió a abrazar al chico y se sentaron a desayunar. Tenían mucha hambre, esa noche había sido muy larga.
Pasaron los días y Dumbledore regresó al castillo. Al parecer Lucius Malfoy había sobornado a algunos magos para que lo echaran. Hagrid había salido de Azkaban, Gilderoy Lockhart fue llevado a San Mungo y Jade se recuperó rápidamente con los cuidados de la señora Pomfrey. Parecía que todo volvía a la normalidad.
Harry, Ron y Jade caminaban por el castillo en lo que sería su última semana en Hogwarts, el curso casi había llegado a su fin.
—Lucius Malfoy fue el que le dio el diario a Ginny —comentaba Harry— aquel día en Flourish y Blotts.
—¿Tú crees? —Jade escuchaba atenta—. Tal vez no sabía que era —los chicos la miraron incrédulos—. Vale, vale, no me miréis así.
—Jade, intentó atacarme cuando lo descubrí y liberé a Dobby. Si no llega a ser por él…
—¿Quién es Dobby? —la chica lo miró extrañada.
—Era el elfo doméstico de los Malfoy. Fue el que no nos dejó pasar en la estación, el que me lanzó la bludger… —Harry enumeró todo lo que le había hecho pasar el elfo durante ese año.
—Que bien que lo liberases, seguro que ahora será feliz. —No pudo continuar porque una chica castaña había aparecido frente a ellos.
—¡¿Hermione?! —gritaron los tres amigos a la vez mientras se abalanzaban sobre ella para abrazarla.
—Me he enterado de todo lo ocurrido. —La castaña sonreía por poder ver otra vez a sus amigos—. Pudisteis resolverlo.
—No lo hubiéramos hecho sin ti.
—Por cierto, gracias Jade. Me han dicho que ayudaste a crear la poción curativa.
—Bueno, en realidad me castigaron a hacer eso por el golpe que le di a Pansy.
—¿Ah, si? ¿Y por qué hiciste eso?
—Pues… te insultó delante de mí. La muy arpía.
Los cuatro amigos se sentaron en el primer vagón libre que encontraron. Regresaban a sus casas. Ese verano Jade iba a pasarlo junto a Hermione. Snape le había dado permiso y los Granger estaban encantados de tener como invitada a la mejor amiga de su hija. Se acomodaron en el compartimento y sonrieron por estar todos juntos y a salvo.
Hermione discutía con Ron por algo que dijo el chico sobre los elfos domésticos que no le gustó nada. Harry aprovechó y se sentó al lado de Jade.
—Quería preguntarte… —El chico la miró, ella ya sabía que le iba a preguntar—. ¿Por qué no te ocurrió nada cuando miraste al basilisco a los ojos?
—La verdad es que ni yo lo sé. Pensé en preguntarle a mi padre pero no tuve oportunidad.
Hablaron de lo que pensaban hacer ese verano y de otros muchos temas más, hasta que llegaron a la estación. Bajaron del tren y Ron se despidió mientras se iba con su familia. Harry vio a sus tíos acompañados de su primo.
—¿Esa es tu familia? —le preguntó Jade. Él asintió—. Preséntamela. —Harry la miró como si estuviera loca, pero la chica ya se dirigía hacia ellos.
Los Dursley se giraron al ver a su sobrino y miraron a su acompañante.
—Hola, soy Jade Prince —saludó ella mientras extendía su mano, pero no le devolvieron el gesto—. Amiga de Harry.
—Hola —saludaron secamente los tíos de Harry. Dudley no había dicho nada, se dedicaba a mirar a la chica que tenía delante. ¿Cómo puede ser amiga de Harry?
—Tú debes de ser su primo Dudley. —La chica se giró hacia esos ojos que no dejaban de mirarla. Sólo asintió, las palabras no querían salir de su boca—. Encantada de conocerles. —Miró a Harry que no había dicho nada—. Adiós Harry, Hermione me espera —besó la mejilla del chico y se marchó.
Hermione la llamaba con la mano y Jade corrió hacia ella esquivando a la gente que seguía bajando del tren. Su amiga desaparecía entre ellos para aparecer de nuevo. Jade pasó corriendo por detrás de un grupo de alumnos mayores que acababa de pisar la estación. Entonces chocó contra alguien que parecía que se había rezagado del grupo. Cayó de espaldas y miró a esa persona entre enfadada y confusa. Era un chico y le ofrecía la mano para ayudarla a ponerse en pie. Ella se dejó ayudar sin pensarlo y no dejó de mirarlo mientras hablaba.
—Lo siento, no te había visto —le dijo el chico con una sonrisa.
—No pa-pasa… nada —fue la primera vez que tartamudeaba y le resultó raro. Normalmente eran los demás los que tartamudeaban delante de ella.
Hermione empezó a llamarla por su nombre y casi gritaba. Jade despertó de su ensoñación y después de sonreírle una vez más, corrió hasta donde estaba su amiga. Saludó a sus padres y salieron de la estación hacia el coche. Ya allí, junto a su amiga, se olvidó del chico para disfrutar de su primer verano fuera de casa.
