Dudley se había pasado todo el verano pinchando a Harry diciéndole que "esa chica", Jade, era su novia y Harry contraatacaba diciendo que Dudley estaba celoso.
—¡Lo sabía! Estás celoso.
—¡Eso es mentira! —al ver que Harry no le creía, recurrió a otro método más efectivo— ¡Mamá! ¡Mamá!
—¿Qué pasa cariño? —Petunia aparecía por la puerta de la cocina.
—Harry me está llamando mentiroso —hizo un sonido que indicaba que iba a llorar.
—Harry, vete a tu habitación y no quiero ver que molestas a mi Dudley ¿entendido?
—Vale —Harry sonó indiferente pero ya se estaba hartando de la situación. Pero lo peor estaba por llegar. La hermana de su tío iba a pasar unos días con ellos, y odiaba a los padres de Harry.
Era sábado y no había nada que hacer ese día, así que salieron a dar una vuelta. Hermione disfrutaba viendo a Jade tan perdida en un mundo en el que ella era experta. Jade se sorprendía a cada cosa que su amiga le explicaba sobre los muggles. Paseaban solas por un parque, observando a los niños jugar con esos aparatos no mágicos y viéndolos sonreír.
—Herms, es el primer verano que no quiero que empiece Hogwarts —decía mientras le pegaba un lametón a su helado de limón. La castaña sonrió.
—Tienes razón. Me lo he pasado muy bien. Bueno, pero creo que sí quiero empezar el colegio.
—Por supuesto. —De todas formas era Hermione y ella sin estudiar no era ella.
Se sentaron y Jade se puso a pensar sobre lo que había aprendido ese verano mientras Hermione leía El Profeta; habían acampado en la montaña sin necesidad de la magia, había visto conducir al señor Granger, la madre de Hermione le enseñó a cocinar algunas comidas, incluso había ayudado a limpiar la casa entera sin magia. Aunque el sólo hecho de limpiar era nuevo para ella.
—Mira Jade —Hermione la sacó de sus pensamientos y le enseñó el periódico—. Sirius Black se ha escapado de Azkaban. ¿Cómo lo habrá hecho?
Jade contempló la imagen de ese hombre en movimiento, le atemorizaba. Su padre le había explicado lo que decían que había hecho y ahora andaba suelto. De repente le recorrió un escalofrío, no sabía si por una brisa fresca o por instinto, pero se levantó y le dijo a Hermione que quería irse a casa. Hermione aceptó y se fueron.
Tía Marge seguía sentada en la mesa con el plato vacío esperando a que Harry lo retirara. Cuando éste empezó a limpiar los cacharros, tía Marge aprovechó para seguir "hablando" de sus padres.
—Sí, ese Potter era un vago y un borracho. Eran raros y al parecer eso se hereda —dijo mirando de reojo a Harry.
—Mi padre no era un borracho. —Harry se giró para mirarla a los ojos con rabia. Había tenido que soportar sus críticas toda la noche y no aguantaba más. De repente, Tía Marge empezó a hincharse y a ascender hacia el techo. Salió por la ventana y desapareció en el cielo.
Harry estaba tan enfurecido con todos que recogió sus cosas mientras los demás intentaban contener a tía Marge y bajó las escaleras. Llevaba la varita en uno de los bolsillos del pantalón y la sacó cuando tío Vernon intentó detenerlo. No sabía a dónde ir cuando salió a la calle, pero cualquier lugar era mejor que la casa de sus tíos.
Recordó la noticia que había visto en la televisión sobre un tal Sirius Black que se había fugado y se dio cuenta de que podía haber muchos como él, incluso más peligrosos. Llegó a una calle más oscura que las anteriores y se detuvo. Miró a su alrededor buscando algo o a alguien. Sentía que lo estaban siguiendo, pero casi no había luz allí. Vio moverse algo al final de la calle y le pareció que era un perro negro. Se empezó a asustar y caminó de espaldas en sentido contrario al animal tropezando con el baúl. De repente vio aparecer un autobús que parecía de dibujos, iba demasiado deprisa y giró la esquina de una forma extraña.
Estaban cenando sin conversación, no había mucho que decir. La cena estaba deliciosa, la madre de Hermione tenía muy buena mano para la cocina. Jade siempre estaba felicitándola a cada cucharada que se metía en la boca.
—Espero que te lo estés pasando bien. —La Sra. Granger le dedicó una sonrisa amable a la morena.
—Sí, aunque todavía queda un mes espero hacer más cosas. —Jade le devolvió la sonrisa, una sonrisa muy alegre.
—¡Ah! Hay que enviarle el regalo y la carta a Harry. Seguro que a Ron se le ha olvidado y ahora creerá que no recordamos su cumpleaños. —Jade asintió.
Hedwig empezó a picotear su jaula pidiendo que lo liberaran. Harry se despertó sobresaltado y se desperezó, salió de la cama y se acercó a la lechuza. Había llegado hacía un mes, escapando de su casa, y el único lugar mágico que conocía para hospedarse fue el Caldero Chorreante.
—¿Qué pasa Hedwig? Es muy temprano. —Entonces se calló y prestó atención a las voces que se oían en el bar. Abrió la puerta de su habitación y asomó la cabeza.
—Aleja a esa bola peluda de Scabbers.
—Crookshanks, ignora al enano mental. Y Ron, podrías vigilar más a tu rata.
—Basta chicos —la voz de Jade indicaba que esa discusión no acababa de comenzar y ya estaba harta.
Los tres habían quedado en ir antes solos al bar y esperar a los Weasley allí y desde entonces no habían parado de discutir.
Harry entró rápidamente cerrando la puerta y se vistió deprisa para después salir escaleras abajo. Vio a sus tres amigos de pie junto a la mesa.
—¡Harry! —Jade fue la primera en verlo ya que los otros dos seguían discutiendo. Corrió a abrazarlo y casi lo tira al suelo por el impulso.
—¡Felicidades, Jade! Ah, y gracias por el regalo de mi cumpleaños —dijo mirando a las chicas. Le había llegado un par de guantes para el quidditch y una tarjeta de felicitación.
Harry estaba muy feliz de verlos de nuevo y el efusivo abrazo de Jade lo animó del todo. Entonces la puerta del bar se abrió y los Weasley entraron.
—¡Eh! Nosotros también queremos un abrazo así. —Los gemelos se rieron. Jade se soltó de Harry y corrió a abrazar a Fred fuertemente, después fue con George— Por cierto, ¡felicidades!
Ron le presentó a Jade y a Hermione a su familia ya que sólo se conocían de vista; también la felicitaron. Molly, la madre de Ron, era una mujer muy agradable, se comportaba de manera muy cercana.
—¿Sabes que eres muy guapa? —La Sra. Weasley le acarició la mejilla a Jade y sonrió—. No me importaría que fueras mi nuera —dijo levantando la voz levemente y mirando a Ron.
—¿Cómo? Mamá, ¿cómo esperas que Jade se quede con éste? —Fred dijo señalando a Ron—. ¿Para qué estoy yo?
—¿Qué? En todo caso se quedaría conmigo, ¿a que sí? —George miró a Jade muy confiado.
—Claro, ¡despierta! Te eclipso, sabes que soy el más guapo de los dos. —Fred le guiñó un ojo a Jade y ésta no pudo evitar soltar una carcajada.
—¡Pero si sois los dos iguales! Además, a mi me gusta el primo de Harry, tan guapo, apuesto, encantador… —dijo entre carcajadas y miró a Harry que también se reía recordando el verano con Dudley.
—Tendremos que hablar con ese primo de Harry, no me gusta eso de que acapare la atención de la princesita venenosa. —Jade lo fulminó con la mirada mientras los dos hermanos se desternillaban de risa.
—Harry, ¿ya tienes todo lo necesario para empezar el curso? —Molly siempre se preocupaba por Harry, era como otro hijo más.
—Sí, he pasado un mes aquí y me ha dado tiempo para ocuparme de muchas cosas. —Entonces Ginny se acercó a Harry con las mejillas encendidas.
—No te di las gracias por salvarme hace unos meses. Gracias —cada vez estaba más colorada y Harry solo asintió—. Gracias a ti también Jade, tú me sacaste de la Cámara —dijo mirando a la chica.
—De nada. —Jade le dedicó una gran sonrisa. No sé por qué me da la sensación de que no me lo agradece del todo pensó la chica.
Era la primera vez que empezaban el curso juntos. Siempre pasaba algo que lo impedía. Se habían sentado en un compartimento ocupado por una persona, más bien por un profesor: Remus Lupin.
—¿Estará dormido? —Harry se inclinó para comprobar que así era—. Tengo que contaros una cosa. —Se levantó para cerrar la cortina y volvió a su sitio—. Es sobre Sirius Black. Tu padre, Ron, habló conmigo sobre él y me avisó de que me estaba buscando para matarme. Me contó por qué estaba preso en Azkaban y tiene que ver con la muerte de mis padres, pero no me dijo nada más.
Tras varios minutos asimilando esa información, cambiaron de tema y hablaron de las vacaciones y de lo que les podía esperar el nuevo curso. De vez en cuando echaban miradas hacia el profesor pero estaba tan escondido entre la chaqueta que no estaban seguros de si dormía de verdad.
—Espero que me dejen entrar en el equipo de quidditch de nuevo, así podré daros una buena paliza —Jade dijo con voz maligna.
—No sé cómo os puede gustar tanto ese juego, tampoco es… —Hermione se cortó en medio de la frase, de repente la temperatura había bajado y los cristales estaban empañados.
Sintieron como el tren frenaba hasta que se detuvo. Se miraron temerosos y por instinto se acurrucaron unos contra otros. Hermione se escondió detrás de Ron y Jade estaba entre el profesor y Harry, tirando de éste último para si misma. Vieron como la cortina oscilaba y después se iba retirando por un lado y cuanto más se movía más se podía distinguir una mano negra y en carne viva.
La cortina se plegó del todo a un lado y pudieron distinguir a la criatura oscura que había subido al tren. Llevaba una especie de capa pero parecía humo, con una capucha que le ocultaba el rostro.
El lugar se tornó más frío todavía y sintieron un vacío en el pecho, como si les hubieran robado la felicidad, únicamente recordando los momentos más oscuros de sus vidas. Entró lentamente por la puerta y por alguna razón fue directo hacia Harry. Pasó algo extraño, primero Harry se puso pálido y su mirada estaba perdida, y después cayó desmayado sobre Jade. De repente vieron aparecer una luz desde la ventana que ahuyentó a la criatura. Jade se giró hacia ésta al mismo tiempo que sus dos amigos y resultaba que esa luz la había hecho el profesor. Se acercó a la puerta y antes de salir se giró.
—Tomad esto, os ayudará —sacó unos cuantos trozos de chocolate y se los entregó—. Voy a preguntarle al maquinista que ha pasado.
Dicho esto cerró la puerta al salir. No se comieron el chocolate, lo dejaron a un lado y fueron a ayudar a Jade con Harry. No tardaron mucho en despertarlo.
—¿Qué ha pasado?
—Que te has desmayado y el profesor Lupin ha ahuyentado a ese dementor. —Jade todavía recordaba esa sensación desoladora. Miró a los demás que, como ella, se sentían extraños después de ese encuentro.
Habían llegado a la estación de Hogsmeade y todos los alumnos se apiñaban en los pasillos para bajar cuanto antes y coger las primeras carrozas. Jade y sus amigos acostumbraban a retrasarse e iban al final de la fila cuando se detuvieron para dejar pasar a unos alumnos de primero que corrían para llegar a tiempo. Jade se había apartado quedando de espaldas a una de las cortinas de un compartimento. En ese momento se abrieron, Jade se giró por el susto y se quedó mirando a quien estaba tras las cortinas. Ella no reaccionó cuando uno de los alumnos que corrían la empujó haciendo que chocara contra el chico que la agarró por la cintura para que no cayera por el rebote.
—Creo que esto está empezando a ser una costumbre —le dijo el chico mientras le sonreía divertido—. Lo de que choques conmigo —le aclaró al ver que ella no decía nada. Jade no se había movido, no sabía que decir.
—Yo… lo… lo siento —logró tartamudear mientras sonreía nerviosa.
—Jade, deberíamos irnos. —Ella asintió a Harry mientras el chico la soltaba.
—Adiós —éste se despidió y salió del tren reuniéndose con el grupo de prefectos.
Jade bajó con sus amigos del tren y se quedó mirando embobada hacia el grupo donde se había ido él. ¿Qué te pasa Jade? Sólo es un chico, un chico guapísimo, que tiene una sonrisa encantadora suspiró. ¿Por qué me pongo tan nerviosa delante de él? Va a pensar que soy tonta.
—Jade, Jade, ¡Jade! —gritó Hermione a la chica que no le prestaba atención.
—¡¿Qué?! —dijo la chica saliendo de sus pensamientos.
—¿Nos vamos o vas a seguir mirando el camino?
Los cuatro amigos se dirigieron al castillo donde entraron al Gran Comedor que ya estaba abarrotado. Esta vez Jade se sentó en su mesa ya que tenía que apoyar a los nuevos alumnos que entraban a Slytherin. Se sentó de forma que pudiera ver a sus amigos de frente, esto hizo que delante de ella quedara Draco Malfoy y Pansy Parkinson que estaba a su lado.
—Parece que tu novio es un debilucho —sonrió maliciosamente Pansy.
—¿No se ha desmayado Potter en el tren? —dijo Draco mientras reía con ésta. Jade miró con odio a los dos, pero no pudo responderles porque la selección había dado comienzo. Al terminar, Dumbledore comenzó su discurso.
—¡Bienvenidos! Tengo varias cosas que deciros: la primera es la más importante, como habréis comprobado en el trayecto, este año el colegio será custodiado por dementores. No debéis acercaros a ellos, no está en la naturaleza de un dementor ser compasivo —el director miró levemente a Harry y continuó—. Pasando a cosas más alegres, este año tengo el placer de presentaros a dos nuevos profesores. Por una parte el profesor Lupin que impartirá Defensa Contra las Artes Oscuras. —Los alumnos aplaudieron al profesor, sobre todo los cuatro amigos— Y por otro lado, la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas será impartida por Rubeus Hagrid que compaginará las clases con sus obligaciones de guardabosques. —Los alumnos aplaudieron de nuevo. Así Dumbledore dio paso al banquete y todos empezaron a comer.
Jade miraba a sus amigos para compartir la alegría que sentían de tener a Hagrid como profesor. Pero no pudo evitar buscar esa sonrisa que la cautivaba.
—Ahora vamos a tener a ese zopenco de Hagrid dándonos clase —Draco hablaba con Pansy pero en un tono que Jade podía oír perfectamente haciendo que volviera la mirada bruscamente.
—Vuelve a decir algo malo de Hagrid, de Harry o de cualquiera de mis amigos y te juro que…
—¿Que qué? —Draco la miró fijamente mientras que Pansy soltaba alguna risita —. ¿Qué me vas a hacer?
—Que te lo diga tu amiguita —Jade sonrió al ver la cara de susto de Pansy y se levantó para irse, Dumbledore había dado por terminada la cena.
Se despertó antes que sus compañeras de habitación. Jade dormía en la cama que quedaba al lado de la puerta y podía ver como Pansy, que dormía en la cama contigua, estaba con media pierna colgando de la cama con la boca abierta. La seguía Millecent Bulstrode que dormía bocabajo totalmente tapada y por último estaba Daphne Greengrass que estaba encogida sobre ella misma totalmente destapada.
Se vistió rápidamente y subió a desayunar. No había muchos alumnos y los que había estaban en grupo. Ella pasó la mirada por todas las mesas buscando a alguien conocido pero sólo encontró un par de ojos grises que la miraban. Empezó a ponerse nerviosa pero en ese momento Hermione llegaba al comedor.
—Buenos días, Jade. ¿Jade? —preguntó al no recibir respuesta.
—¿Eh? Ah, hola Hermione.
—¿Qué mirabas?
—Nada. —Jade se encaminó a la mesa de Gryffindor, pero Hermione había seguido la trayectoria de su mirada y descubrió aquello que tanto distraía a su amiga.
—¿No me tienes que contar algo? —Hermione siguió a Jade hasta su mesa y se sentaron en el lugar de siempre.
—¿Qué? ¿A qué te refieres?
—A ese chico del tren, he visto como lo mirabas —dijo con una sonrisa pícara mientras lo señalaba con la cabeza—. La verdad es que es muy guapo.
—¿Pero qué dices? Miraba… —empezó a mirar a su alrededor justo cuando vio a Ron y Harry—. ¡Mira! Son Harry y Ron.
—Hola, chicas, que madrugadoras.
Los dos se sentaron con ellas y empezaron a comer. Unos minutos después, les repartían los nuevos horarios.
—Tenemos Adivinación a primera hora —Ron puso mala cara y observó el horario de Hermione—. ¿Por qué tienes más asignaturas? ¿Y a la misma hora? No puede ser.
—Ron, es problema mío, ya lo he hablado con la profesora McGonagall.
—Pues yo tengo Runas Antiguas, que horror. Aunque la prefiero a Adivinación.
Cada uno se fue a su clase, Jade fue directamente a Runas Antiguas. Se sentó sola, ya que, más vale sola que mal acompañada, y antes de que comenzara la clase Hermione estaba sentada a su lado.
—¿Qué haces tú aquí? ¿No tienes Adivinación? —Jade la miró confusa.
—Sí, bueno… lo tengo todo controlado —y con una sonrisa empezó la clase.
Los cuatro amigos se dirigían a su clase de Cuidado de Criaturas Mágica muy emocionados y dudosos al mismo tiempo. Hagrid tenía tendencia a tratar con criaturas muy peligrosas. Bajaban los primeros y cuando Hagrid los vio aparecer sonrió ampliamente, se le notaba excitado.
—Hola chicos, yo soy vuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas —anunció cuando todos los alumnos ya estaban reunidos en la cerca de detrás de su cabaña—. Hoy os voy a enseñar una mezcla de dos estupendas especies. Abrid los libros por la página 449.
Todos sacaron el Monstruoso Libro de los Monstruos e intentaron abrirlo, pero como el mismo libro se llamaba… era monstruoso. Se escuchaban gritos por las mordeduras y los golpes que recibían los libros a consecuencia.
—¿Cómo se supone que tenemos que abrirlos? —dijo un Draco harto de esa clase que ni siquiera había empezado.
—Acariciándole el lomo, ¿cómo sino? —contestó Hagrid de manera obvia y suspiró.
Cuando algunos alumnos lo consiguieron, otros empezaron a aburrirse.
—Eh, Potter, mira… mira detrás de ti. Un… ¡un dementor! —Draco se burló de él, poniéndole tono tembloroso a su voz. Los Slytherin soltaron carcajadas acompañando a Draco. Menos uno.
—Eh, Malfoy. Te lo avisé. —Jade fue directa hacia él con el puño alzado, amenazadora. Draco dejó de reírse y dio un paso atrás. Jade empezó a reírse mientras volvía junto a Harry—. ¿Quién tiene miedo ahora?
Draco destilaba rabia por los poros y no lo dejaría pasar. Se la devolvería. Harry se lo agradeció a medias a Jade; no quería sentirse débil.
—Muy bien, ahora quiero que me digáis qué es un hipogrifo —el profesor empezó la clase.
Enseguida un par de manos se alzaron velozmente. Hermione y Jade se miraron y esperaron a que el profesor dijera algo.
—Eh, no sé, decidlo alguna.
—Estas criaturas tienen cabeza de águila y… —empezó Jade, pero la cortó la castaña que tenía al lado.
—… y cuerpo de caballo. Son muy peligrosos pero…
—… pero pueden ser domesticadas por expertos, con una reverencia… —Jade había cortado a Hermione, y así siguieron.
—… y siguiendo otros métodos, se le puede llegar a tocar. —Hermione había puesto el punto final, después se miraron y sonrieron.
—Estupendo chicas, cinco puntos para cada una. Ahora… —dijo mientras se alejaba un poco. Se acercó a ellos con una especie de animal compuesto con varias partes de animales—. Éste es Buckbeak, mi hipogrifo. ¿Quién quiere ser el primero en presentarse? —Todos se echaron hacia atrás espantados por la absurda idea, excepto Harry que al estar en primera fila no notó el cambio de posición de los demás—. Muy bien, Harry, acércate.
Harry obedeció tembloroso y tras seguir las indicaciones de Hagrid consiguió ganarse el respeto del animal, incluso volar sobre él. Cuando regresó junto a sus amigos estaba radiante de felicidad, había sido una gran experiencia. Jade tenía envidia y por eso se acercó a Hagrid.
—Yo también quiero probar —Hagrid aceptó y la guió durante el proceso.
—Debes mostrarle cómo eres en tu interior, demostrarle que eres de fiar.
Jade se acercó lentamente y cuando estuvo a una distancia prudente se inclinó y se acercó más mirándole a los ojos. Entonces cuando creían que lo estaba haciendo bien, el hipogrifo se alzó sobre las dos patas y gruñó. Pataleó intentando alejar a Jade y ésta tropezó en su afán de huir. Su pecho se movía muy deprisa y sólo podía ver a esa criatura amenazante casi encima de ella. Hagrid reaccionó un poco tarde al no entender esa situación: Jade lo había hecho todo correctamente. Harry y Ron corrieron hacia ella para apartarla de allí y tranquilizar las cosas.
—Hagrid, ¿qué ha pasado? Ha hecho lo mismo que yo pero a mí sí me ha dejado acercarme. —Todos se habían marchado y sólo quedaban ellos cuatro y Hagrid en la cabaña de éste.
—Pues no lo sé, Harry, no me lo explico. Si hubiera sido Malfoy todavía podría dudarlo, pero tratándose de Jade. La conozco y sé que sus intenciones no eran malas. —Observaron a Jade que seguía como en estado de shock junto a Hermione.
La castaña cogía a su amiga por la cintura y los chicos caminaban delante de ellas para abrirles paso. Llegaron a Pociones y, como esperaban, la clase había dado comienzo. Todos los vieron entrar y cuando Snape iba a castigar a Ron y a Harry por llegar tarde, Jade apareció por detrás.
—¿Qué ha pasado? —se apresuró a acercarse a Jade y la cogió por los hombros.
—No pasa nada, estoy mejor. Ha sido un susto, nada más —Jade intentaba calmarse para no asustar a su padre y no le echara la culpa a Hagrid.
—En la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas Hagrid nos ha hecho acercarnos a esa bestia suya: el hipogrifo —Pansy había dicho justo lo que Jade quería esconder.
—¿Qué? ¿Un hipogrifo? —se giró hacia Jade—. ¿Te ha dicho que subas? —su voz sonaba monótona, pero Jade notaba su nerviosismo. Sin esperar una respuesta añadió:— Tómate la poción que hay sobre mi mesa, te tranquilizará. Yo voy a hablar con el profesor Dumbledore. Ya sabía yo que no podíamos fiarnos —dijo entre susurros que escucharon.
—¡Espera! —Jade lo detuvo antes de que cerrara la puerta. Al ver que no quería hacerle caso, insistió—. Espera… papá —Snape se detuvo en seco y la miró. Nunca lo había llamado así. Pero antes de que dejara ver toda su debilidad, recordó quien era. No era su hija, la cuidaba pero no era suya. Y lo estaba manipulando, algo que ya esperaba de ella.
—Draco, encárgate de la clase. Vengo enseguida —fulminó con la mirada a la chica y se soltó bruscamente para después seguir su camino.
—Ya le has escuchado Prince, ahora mando yo así que… ¡siéntate! —Draco lo hacía todo para provocarla y le satisfacía verla impotente ante él.
Jade se dejó arrastrar por Hermione hasta su mesa, después enterró la cabeza en sus manos. La castaña le acariciaba el pelo cariñosamente y Harry la miraba preocupado, al igual que Ron.
—La he fastidiado, ahora por mi culpa pueden despedir a Hagrid. —Miró a su amiga en busca de un indicio que le dijera que eso no iba a pasar, pero Hermione sólo frunció los labios y Jade suspiró.
—Tranquila, no va a pasar nada. —Jade no respondía de ninguna manera y Harry lo intentó de nuevo—. Venga, que después nos toca Defensa Contra las Artes Oscuras y te olvidarás de todo.
—No, no quiero ir. El año pasado fue un sufrimiento, igual que el anterior. Ya no me gusta.
Los chicos se cansaron de esa actitud tan negativa y la dejaron en paz, con sus pensamientos. Snape ya había hablado con el director y estaba en clase. No pudo avanzar mucho ya que cuando empezó la clase sólo quedaban unos minutos para la siguiente.
—¿Por qué no te has quedado para preguntarle a Snape lo que le ha dicho el director? —Ron caminaba de espaldas, mirando a sus amigos ir hacia él.
—No me apetece hablar con él. Es muy tozudo. —Harry se rió por el comentario de Jade y ella lo miró—. Sabes a que me refiero, de todas maneras es mi padre pero podría confiar un poco en mí.
Llegaron a la clase y se sentaron en la primera mesa delante de la pizarra, a la derecha. El profesor apareció por la puerta que Lockhart había utilizado el curso pasado. Pero a diferencia del año anterior, sólo Jade estaba embobada.
Remus Lupin bajaba lentamente las escaleras y cogía la tiza para escribir su nombre en la pizarra. Jade seguía cada movimiento del profesor, cada gesto. Su pelo, un poco largo y rubio tirando a castaño, se tambaleaba a cada movimiento, suave y fino. Sus ojos, esos ojos color miel, lo observaban todo mientras su boca se movía. Pero lo más increíble, aparte de su cuerpo alto, donde se veían rastros de su no muy lejana juventud, eran sus cicatrices. Tenía la cara llena, una de las más grandes atravesaba su mejilla derecha, otra su cuello y otra parte de su ojo. Eso solo conseguía hacerlo más atractivo. Jade tenía una sonrisita que la podía delatar. Esos ojos color miel la miraron y le devolvió una sonrisa amable. Jade se sobresaltó y desvió la mirada.
—Como os decía, esta clase será práctica, no necesitaremos los libros. Os voy a enseñar cómo ganar a un boggart. Para ello pronunciar conmigo: Riddíkulo.
—Riddíkulo —dijeron todos al unísono.
Lupin les dijo de hacer una fila y rápidamente ésta se formó. Delante de ellos había un armario antiguo que se tambaleaba y el profesor se puso a un lado. Neville Longbottom estaba el primero de la fila seguido de Ron. El profesor se acercó a Neville.
—Dime, ¿a qué tienes miedo? —El chico balbuceó algo ininteligible— Perdón pero no le he entendido.
—Al profesor Snape. —La clase empezó a reír y el chico se giró para mirar a Jade pero se relajó al ver que ella también reía.
—El profesor Snape. Mmm… Vives con tu abuela, ¿verdad? —El chico asintió—. Cuando aparezca el boggart imagina al profesor Snape con el atuendo de tu abuela. —Neville lo miró extrañado pero se preparó y levantó la varita hacia el armario. Lupin abrió la puerta y de ella salió el profesor Snape.
—Ahora, Neville —le alentó el profesor.
—Riddíkulo. —El boggart-Snape apareció vestido de señora mayor y la clase estalló en risas.
—Esto me va a crear un trauma —decía Jade entre carcajadas, lo que provocó que rieran más.
Le tocaba el turno a Ron, cuando estuvo delante del boggart se transformó en una araña gigante. Se escucharon algunos gritos ahogados pero Ron pudo decir el hechizo haciendo que de las patas de la araña salieran patines haciendo que ésta resbalara.
La siguiente era Parvati y ante ella había una momia envuelta en vendas y llena de sangre. La chica con un movimiento de varita hizo que las vendas enredaran los pies de la momia haciendo que ésta cayera al suelo.
—¡Excelente! —el profesor alababa a sus alumnos.
Jade era la siguiente y se acercaba hacia el boggart.
—Yo no temo a nada —dijo la chica algo nerviosa por no saber que aparecería ante ella.
—Vacía tu mente —le aconsejó Lupin.
Jade cerró los ojos y cuando los abrió, ante ella había una mujer alada que se alzaba unos centímetros del suelo. Su cara era terrorífica y a la vez hermosa. Jade se asustó y dio un paso hacia atrás dejando a Harry delante del boggart, por lo que éste se transformó rápidamente en un dementor haciendo que Harry se estremeciera. Antes de que el chico pudiera hacer nada, el profesor Lupin se interpuso entre ellos y el boggart pasó a ser una esfera luminosa que logró introducir de nuevo en el armario.
—Bueno, ya está bien por hoy. —Los alumnos se quejaron—. Lo bueno y breve, dos veces bueno. —Dicho esto los alumnos recogieron sus cosas y salieron del aula.
Las semanas pasaban y las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras eran las más interesantes que habían tenido nunca. Los sucesos del primer día quedaron olvidados, Jade nunca quiso hablar del tema. Ella y sus amigos acudían a las clases alegres de poder aprender tanto y de una forma tan entretenida. Pero ese día, a principios de octubre, después de su clase favorita con Lupin, tenían Pociones con Snape, que se había vuelto insoportable ya que se enteró de lo del boggart y lo que hizo Neville.
Hermione y Jade se sentaron juntas como siempre y Harry y Ron se sentaron detrás de ellas.
—Me ha encantado la clase de hoy —Jade no ocultaba su felicidad al recordar la clase con Lupin—. Se explica tan bien y consigue que las clases sean tan entretenidas.
—¿Pero no se supone que a ti no te gustaban las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras? —Hermione la miró mientras levantaba una ceja.
—Eso era antes de conocer al profesor Lupin —contestó soñadora—. Es tan…
—Si lo prefiere puede abandonar mi clase y esperar a que el profesor Lupin le enseñe también esta asignatura, señorita Prince. —Snape la miró fríamente y ella tragó saliva mientras negaba con la cabeza y se enderezaba en la silla.
A las seis de la tarde, Jade se dirigía al campo de Quidditch para su primer entrenamiento, ese año también la habían elegido como golpeadora. Cuando llegó, entró por la puerta de los vestuarios justo cuando los jugadores de Hufflepuff salían después de haber estado entrenando. Jade se giró al ver que la llamaban.
—¡Jade! Entrenamos en cinco minutos, date prisa. —El capitán de su equipo salió por la puerta mientras ella lo miraba con enfado por meterle prisa.
En ese momento, ella se giró para seguir su camino pero antes de poder dar un paso unas manos la cogían de la cintura evitando el choque. Ella contempló como unos ojos grises la miraban desde lo alto y como se dibujaba una sonrisa en esa cara vista anteriormente.
—Así que Jade es tu nombre —El chico le volvió a sonreír poniendo más nerviosa a la morena. Vamos Jade, tranquila. Contéstale como si no fuera él.
—Sí. —Di algo más… Pero antes de seguir él se le adelantó.
—¿Juegas al quidditch?
—Sí, soy golpeadora en el equipo de Slytherin. —¡Bien, has dicho más de dos palabras!—. ¿Tú también juegas?
—Sí, soy buscador y capitán del equipo de Hufflepuff —le dijo orgulloso.
—Que bi…—no pudo continuar porque su capitán la volvía a llamar—. ¡Ya voy!
—Veo que estás ocupada. Encantado de conocerte Jade, nos volveremos a… chocar —sonrió por su comentario y se dirigió a la puerta para marcharse.
—¡Espera! —Jade chilló antes de que se marchara—. No me has dicho tu nombre.
—Me llamo Cedric Diggory.
