El partido que daba inicio a la competición de los equipos de quidditch se jugaba en unas pocas semanas. Ese hecho obligaba a los equipos a entrenar más duro y durante más tiempo. Gryffindor entrenaba por lo menos tres días a la semana y a Harry se le iban acumulando los deberes. Pedía ayuda a Hermione, pero cada vez que la veía estaba tras una montaña de libros, apuntes y otras cosas, así que ni se acercaba. Su segunda opción era Jade, ella también era lista y no tenía que entrenar tanto como él.

Salió a la entrada y la encontró en los terrenos de Hogwarts, estaba bajo un árbol mirando hacia el lago. Se sentó junto a ella y se saludaron en silencio.

—Que día más bonito ¿verdad? —Jade cogió aire y lo soltó en un suspiro. Tenía una sonrisa en la cara y los ojos cerrados.

—Sí, precioso —contestó Harry un poco confuso—. Jade, te quería pedir un favor —se atrevió a interrumpir el precioso pensamiento de la morena. Jade abrió los ojos y lo miró, esperando la petición—. Como ya sabrás, mi equipo y yo estamos entrenando muy duro para el partido contra Hufflepuff así que, pensaba que podrías ayudarme con los deberes. Es que no tengo mucho tiempo libre.

—Claro, no hay problema —Harry se extrañó por ese entusiasmo, pero lo dejó correr.

De esa forma Harry pudo compaginar las clases con los entrenamientos, aunque de vez en cuando hubiera preferido no pedirle ayuda a Jade. La chica había veces que parecía no estar allí. Miraba un punto imaginario y sonreía. Muchas veces acompañó a Harry a los entrenamientos de quidditch y se sentaba a verlos jugar, pero después no le acompañaba de vuelta al colegio, se quedaba para ver entrenar al otro equipo.

A parte de los entrenamientos, había algo nuevo y que lo molestaba. El primer fin de semana que se organizó una excursión a Hogsmeade él no pudo ir; no había entregado la autorización, y tampoco podría ir durante el curso. Hermione y Ron se despidieron de él con pena pero a la vez emocionados por ser la primera vez que visitarían Hogsmeade. Los veía alejarse desde las escaleras de la entrada mientras escuchaba unos pasos detrás de él. Se giró para ver quien se había quedado y se sorprendió.

—¿Por qué no te has ido con ellos? —una morena de ojos verdes miraba al frente.

—Lo mismo te pregunto. Yo porque mis tíos no han querido firmarme la autorización, pero tú tienes a Snape que puede dejarte ir —Harry no se acostumbraría nunca a ver a Snape como el padre de su amiga.

—No me ha dejado salir. Estoy castigada por no hacer los deberes, puaj —dijo en tono de burla y suspiró—. Cuando le entra la vena de ser padre no lo aguanto, cuando no quiero que sí lo sea —volvió a suspirar. Miró a Harry y vio que no llevaba chaqueta—. Vamos dentro que te vas a congelar.

El chico la siguió sonriendo por lo que acababa de decir. No aguantaba que la cuidaran, pero ella sí podía cuidarlo a él. Estos tres años había conocido realmente a Jade. Se notaba que era una Slytherin, pero también contaba con una parte Gryffindor. Era valiente y un poco vengativa. Vale, era vengativa a secas. Podía ser fría y calculadora, pero también amable y cariñosa. Posiblemente si Hermione y ella no se hubieran conocido el primer día en el tren, Jade sería una completa Slytherin.

—¿En qué piensas? ¿En mí? Ya, ya sé que te gusto. —Se echó el pelo hacia atrás y soltó una carcajada. Harry sonrió mientras la miraba. Jade lo agarró por el brazo y caminaron más unidos.

Ginny deambulaba sola por los pasillos, no tenía otra cosa que hacer. No decidía a donde ir, sólo se dejaba guiar por sus pasos mientras deseaba tener un año más para poder ir a Hogsmeade. Entonces escuchó unas risas y deseó encontrarse con alguno de sus amigos. Giró la esquina con la cara iluminada, pero duró muy poco. Se detuvo en seco y su rostro se ensombreció de pronto. Delante suyo estaba ella… con él. Jade iba abrazada a Harry y lo peor era que él parecía incluso más feliz así. Se acercó con una sonrisa falsa a la parejita y cuando estuvo delante de ellos miró a Jade.

—He escuchado que alguien ha entrado a la sala común de Slytherin y no era de tu casa. Dicen que lo ha destrozado todo, incluso las habitaciones —mintió Ginny.

—¿Qué? Después nos vemos —le dijo la morena a Harry. Éste asintió.

Corrió hasta las mazmorras y una vez dentro frunció el ceño. Sólo había dos alumnos en la sala común y se acercó a ellos.

—¿Ha pasado algo? —Los dos la miraron confusos y negaron con la cabeza.

Entró a su habitación y vio lo mismo que abajo: no había pasado nada. Suspiró al darse cuenta de la situación. Ya había notado que a Ginny le molestaba que ella estuviera con Harry y la había engañado para apartarlos. Fue hasta su cama y se desplomó, aunque no tardó mucho más en volver a levantarse. Fue a darse un baño y relajarse un rato, abrió el grifo de la bañera y esperó a que se llenara.

Mientras esperaba observó su reflejo en el cristal que se humedecía por momentos. Notaba sus facciones más marcadas, la cara más alargada que el año anterior, los ojos más grandes. El pelo le había crecido un palmo y le llegaba a media espalda, y ya no lo tenía tan ondulado, era prácticamente liso. Se metió en el agua y allí estuvo unos largos minutos.

Cuando casi se quedaba dormida escuchó cómo la puerta de la habitación se abría y se cerraba de golpe. Salió y se enrolló en su toalla y cuando iba a salir del baño se detuvo a escuchar desde allí.

—Sí, he pasado el día con Draco Malfoy, ¿a que es genial? —Pansy estaba muy emocionada por ese hecho. Jade ahogó una risa con la mano.

—¿Y qué tal? ¿Os habéis besado? —esa parecía ser Millecent, también muy emocionada.

—No, eso será en la siguiente cita, y sé que va a haber una siguiente. —Jade escuchó unas risitas coquetas y casi le dan ganas de darles un cachete a cada una. La verdad es que sabía que Pansy llevaba un tiempo detrás de Draco.

Ya no podía aguantar más la risa y salió escondiendo una carcajada. Las otras tres, porque eran tres contando a Daphne que no había dicho nada, la vieron con unos ojos como platos y Pansy se levantó de la cama.

—¿Lo… lo has escuchado todo?

—Obviamente. —Jade estallaría en carcajadas de un momento a otro—. Tranquila, no diré nada. O si… —se llevó una mano a la barbilla aparentando que pensaba, pero después se rió.

—No me hace gracia. Además, como digas algo… —Pansy se dirigió a la mesita de noche de la chica y cogió el colgante de jade que le había regalado Snape años atrás—… no te devuelvo esto. —Pansy estaba aprendiendo a no temer a la morena y se mostraba firme mientras le enseñaba el colgante a Jade.

—¿No te atreverás? —Jade la miró con rabia y se dirigió hacia ella para quitárselo.

Pansy al ver que se acercaba a ella abrió la puerta de la habitación y corrió escaleras abajo. Jade no lo pensó y la siguió hasta la sala común que por suerte estaba prácticamente vacía a excepción de Draco Malfoy, que se encontraba al lado de las escaleras que daban a las habitaciones, y sus dos amigos Crabbe y Goyle, que estaban sentados delante de la chimenea.

Jade se quedó parada al ver a los chicos y darse cuenta de que estaba descalza y que lo único que cubría su cuerpo era la toalla que no le llegaba mucho más abajo de su muslo. Draco no pudo evitar mirarla de arriba abajo con la boca abierta, sólo estaba a unos pasos de ella.

Pansy siguió corriendo y salió de la sala justo cuando entraban varios alumnos que regresaban de Hogsmeade. Jade no supo qué hacer al ver tantos ojos mirándola y con un movimiento rápido se escondió detrás del rubio, al que agarró por la cintura para que no pudiera moverse. La chica lo arrastró a su habitación.

—Ya te puedes ir —dijo Jade soltando la cintura de Draco.

Antes de que el chico pudiera girarse ya había cerrado la puerta. Se puso unos vaqueros y un jersey de media manga y volvió a la sala. Los alumnos empezaron a murmurar cuando la vieron pero ella no hizo caso y se dirigió a la puerta para salir.

—Me gustaba más como ibas antes. —Draco mostraba una sonrisa pícara e hizo que Jade se girara para mirarlo.

—Realmente eres idiota Malfoy. —Draco se acercó a ella.

—Pues si quieres la próxima vez no te ayudo —le dijo enfadado—. Por cierto, ¿por qué perseguías a Pansy?

—Porque tu novia ha robado mi colgante —le contestó mirándolo fijamente.

—¿Mi novia? —Draco puso cara de desconcierto. Jade aprovechó para vengarse de Pansy.

—Sí, tu novia. O al menos eso es lo que va diciendo Parkinson por todo el colegio. —Sonrió descarada—. Y también dice que eres muy dulce con ella y que le encantó el beso que le diste. —Vale, había mentido, pero se la debía.

—¿Qué? Eso no es cierto. —Draco frunció los labios—. No te creas una palabra…

—A mi me da lo mismo lo que pase entre tú y esa arpía —dijo Jade cortando al rubio. Dicho esto salió de la sala para buscarla por todo el castillo.

Caminaba enfurecida por los pasillos y no miraba a los alumnos que pasaban por su lado.

—¿Estás bien? —Jade paró para poder encontrarse con esos ojos grises con los que tanto soñaba.

—Ahora sí —contesto a Cedric con una sonrisa y cuando él se la devolvió su corazón se aceleró.

—¿A dónde ibas? —entonces ella recordó el motivo de su furia. Su cara se crispó de repente y el chico la miró entre divertido y sorprendido.

—Estaba buscando a una arpía, ladrona… —siguió con los insultos mentalmente y después lo volvió a mirar a los ojos—. No es nada. Me voy.

—Espero que encuentres a esa ¿arpía? —Se sonrieron y mientras se iba caminando de espaldas añadió:— Nos vemos por ahí.

Jade levantó la mano lentamente para despedirse y no le importaba que Cedric ya no la mirara. Recibió un golpe en el hombro de alguien de un grupo que acababa de pasar de camino al Gran Comedor, eso hizo que se diera cuenta de donde estaba y los siguió. Su rabia aumentaba a cada paso y sabía que Pansy se las pagaría el doble, peor que la otra vez.

Llegó al comedor y después de echarle un vistazo a la mesa de sus amigos miró la suya. La vio y eso bastaba para que dejara a sus amigos con la frente arrugada al ver que no iba con ellos. Llegó casi al final de la mesa y sin sentarse miró a Pansy que la observaba desde el otro lado de la mesa un poco alicaída. Jade tenía a Draco a su derecha y junto a éste estaba Theo. La morena se cruzó de brazos y la fulminó con la mirada.

—Dame- mi- colgante —exigió apretando los dientes para controlarse.

—No lo tengo yo. —Jade abrió los ojos imaginando cualquier cosa que podía haber hecho con su colgante—. Ya no.

—¿Quién lo tiene entonces? —preguntó mirando a la chica con odio.

—Lo tengo yo. —Jade se giró hacia Draco que la miraba serio. Antes de que la morena dijese algo el rubio se le adelantó—. Me mentiste sobre lo de Parkinson y ahora tendrás que pagar un precio para recuperarlo.

—No te mentí.

—Claro que sí. Yo no he dicho nada sobre Draco nunca. —Pansy ponía cara de corderito mientras miraba al chico para que la perdonara—. Te lo juro.

—¿No irás a creerla? —Jade miraba al chico esperando su respuesta.

—¿Por qué debería confiar en ti antes que en ella, Prince?

Jade no podía creer que esa estúpida fuera a quedar impune, así que decidió darle donde más le iba a doler. Jade sin pensarlo dos veces se acercó a Draco y agarrándole la cara con las manos le dio un beso en los labios.

Empezó como un murmullo y se fue extendiendo por toda la sala, llegando hasta la mesa de los profesores. Jade se separó de él tras varios segundos que se hicieron eternos. Se quedaron mirando a los ojos unos segundos más y cuando Jade se dio cuenta de lo que había hecho miró a su alrededor y sin querer mirar a nadie en concreto, salió rápidamente del comedor.

Pansy miraba a Draco con la boca abierta, esperando la reacción de éste. Ni él mismo sabía cómo reaccionar. No sabía si le había gustado o si no, si era lo que quería después de haberse obligado a no pensar más en ella o todo lo contrario a lo que debía hacer, si estaba bien por parte de un Malfoy dejarse controlar por una mujer. Draco tenía un dilema interno, aparte de que casi todo Hogwarts clavaba su mirada en él.

Miró un momento a Pansy, por mirar a algún lado, y después se levantó para seguir el camino de Jade. Sabía que había cientos de ojos en su espalda, pero no le preocupaba lo más mínimo, ni lo que pensaran de él. Nada más salir del comedor, éste estalló en muchas conversaciones.

—Que suerte tiene el crío. Ya me gustaría a mí estar en su lugar. —Un chico de Hufflepuff sonreía ante esa idea.

—Ya te digo, creo que es una de las chicas más guapas del colegio —dijo el amigo del anterior.

—Sí —suspiró Cedric Diggory que estaba enfrente de los dos chicos. Estaba claro que tenía que tener novio. Lo que le molestaba es que ese novio fuera Malfoy, ese niño pijo y mal criado. No se la merecía.

Unas mesas más allá había un grupo de Gryffindor con la boca abierta. Harry y Ron se habían girado para poder ver la escena que tanto murmuraban, después se sentaron bien mirando a Hermione que era la que lo había contemplado todo desde el principio al estar mirando directamente hacia la mesa de las serpientes. Ginny a su lado no sabía qué hacer, si cantar o reír. Ahora ya no debía preocuparse porque se acercara a Harry; ella ya tenía novio. Neville estaba al otro lado de Hermione pero su cara no advertía nada: ni sorpresa ni júbilo ni nada.

Había caminado sin parar, sin saber a dónde iba, cualquier lugar era bueno para estar sola ya que todos seguían en el Gran Comedor. Caminaba y caminaba, sus pasos la guiaban por el castillo, tal vez huyendo de algo o yendo hacia él. Llegó a un pasillo cercano a la biblioteca, donde se podían diferenciar a duras penas unas estatuas pegadas casi del todo a las paredes. La luz de las velas iluminaban escasamente los contornos; allí no había ventanas. Ya había visto antes esas estatuas, aunque esa vez no se hubiera fijado exactamente en ellas. El recuerdo de esa noche, de ese segundo tan largo y corto a la vez, la ponía nerviosa y furiosa.

Esa noche se sintió débil, fue como si la que controlara su propio cuerpo fuese otra persona, sus acciones, sus impulsos. Sensación que aún no sabía si le gustaba. Se aproximó a la estatua más familiar y se sorprendió de la diferencia desde la primera vez que la vio hasta ahora. Casi era más alta que la estatua, cuando aquella vez era una cabeza más baja. Se apoyó en la pared junto a ésta y se resbaló hasta el suelo. Abrazó sus piernas y hundió la cabeza en sus brazos.

No podía explicarse qué pensamiento había pasado por su cabeza para llegar a hacer eso. Odiaba a Pansy, pero no hasta el punto de humillarse en público. Si hubiera tenido tiempo para reflexionar se habría dado cuenta de que se había dicho ella misma que no se acercara a Draco. Ella misma había decidido que eso era lo mejor. Draco era insensible, frío, un niño mal criado y que lo quería dominar todo. No era bueno para ella. No era bueno para nadie. Pero ahora volvía a estar ahí, en su cabeza, sólo para estorbar. Y para colmo se había detenido justo en el sitio donde más lo recordaba, o mejor dicho, donde mejor lo recordaba. Sabía que eran unos niños cuando pasó, aunque sólo hubiera pasado hacía un año, pero lo veía muy lejano. Recordó que no pasó nada en realidad, sólo fue un segundo, un simple segundo. Sintió un escalofrío en el cuerpo y alzó la cabeza de manera instintiva.

Lo vio, delante de ella, apoyado en la otra pared de pie. La miraba con las manos en los bolsillos. Su pelo había crecido de un año para otro y su cara era más estirada, y se había dado cuenta ahora.

—¿Qué quieres? —Jade puso el tono más desafiante que pudo.

—¿Que qué quiero? Pues no sé —dijo Draco en tono irónico—. Que me beses delante de todos sin avisar y después te vayas sin decir nada… mmm, no, creo que no quiero nada —siguió con su tono irónico y burlón.

—¿Quieres que te explique por qué lo he hecho? Bien, te lo diré. —Jade se levantó rápidamente mientras Draco se adelantaba un paso separándose de la pared—. Odio a Pansy, te odio a ti, sé que me odiáis, sé que sólo queréis fastidiarme y sé que si esto sigue así soy capaz de hacer cosas que ni yo me imagino. —La morena fue acercándose un paso a cada frase—. Lo que te he hecho en el comedor no es ni la tercera parte de lo que puedo llegar a hacer. Sólo quería que Pansy me odiara más porque sé que le gustas y eso la ha hecho polvo. Así que si te imaginabas otra cosa ya puedes quitártelo de la cabeza. Porque te diré una cosa más: tú Malfoy, no significas nada para mí. —Jade sentía su pecho subir y bajar rápidamente por la rabia que estaba intentando contener pero que de todas maneras escupía en cada palabra.

Se giró bruscamente haciendo ondear su cabello y se apresuró a salir de allí. En cuanto a Draco, se había quedado de piedra ante las palabras. Aún no sabía si esas palabras lo afectaban o no, pero lo que sí sabía era que Jade tenía razón: se había imaginado otra razón para la actuación de la chica. Mientras había caminado por los pasillos buscándola parecía que una pequeña esperanza había nacido en él. Esperanza que se había diluido.

No le apetecía ir a la sala común, con toda esa gente murmurando. Estaba molesto, más que eso estaba enfadado y mucho. Solo tenía trece años y ya aburría las mujeres. Primero le besa y después se enfada con él porque… no sabía ni por qué. Andaba muy deprisa, casi corría. Cuando se dio cuenta ya estaba en los terrenos de Hogwarts, en dirección al bosque prohibido. No tenía intención de adentrarse, además de que si lo pillaban por allí a esas horas le podían castigar. Se detuvo en la linde del bosque pero sin parar de andar, caminaba dando vueltas a un punto. No entendía nada, ni a Jade por besarle, ni a Pansy por ir detrás de él, ni a la gente del colegio por cotillas, ni a la ardilla que lo miraba desde un árbol, ni…

—¿Tú qué miras? ¿Te crees mejor? ¡Tú, engendro de pollo! —Draco se acercó amenazador al hipogrifo, sin pensar en las consecuencias—. ¡Siempre una reverencia, o un saludo… pero no siempre puedes recibir eso, muchas veces te pueden insultar, o peor! —La criatura no retrocedió y se alzó en las dos patas traseras, con las garras a punto.

Fue entonces cuando Draco se dio cuenta del peligro y calló repentinamente. Pero fue demasiado tarde: estaba encima de él, para atacar. Le arañó un brazo lo que provocó que se cayera al suelo. Se cubrió la cara con el otro brazo y antes de que volviera a lanzarse contra él algo enorme se interpuso entre los dos.

—¡Alto! ¡Quieto, Buckbeak! Tranquilo. —El guardabosque había conseguido calmar al animal y ahora se arrodillaba junto a Draco para cogerlo en brazos y llevarlo a la enfermería.

Al día siguiente, Jade, fue directa a desayunar sin mirar a nadie. Mientras subía las escaleras recordó lo que se desencadenó en su habitación al regresar de su paseo por los pasillos…

Pansy tenía un cojín entre las manos y lo estrujaba mientras pensaba en la cena. Millecent y Daphne le acariciaban de vez en cuando la espalda para tranquilizarla, pero otras veces huían porque le entraban rabietas y lanzaba cosas. El pelo de la chica estaba totalmente fuera de lugar, despeinado de tantos movimientos bruscos. Jade abrió la puerta y cuando la vio con ese aspecto no hizo nada. En otra ocasión se habría reído de ella, pero ahora no cambió la expresión de la cara y se dirigió a su cama. Pansy se levantó furiosa de la cama llevando el cojín en una mano y respirando entrecortadamente se acercó a la morena.

Sé cuáles son tus intenciones y me las pagarás. —Pansy agarró el cojín con las dos manos para contener la rabia al ver que la ignoraba—. ¡Te estoy hablando, Prince!

No estoy sorda. —Jade seguía de espaldas a la chica. No le apetecía discutir en esos momentos. El tiempo que estuvo sola se dio cuenta de realmente quien tenía la culpa.

¡Pues mírame cuando te hablo! —Intentó calmarse y buscó otra táctica para que Jade se girara a hablar—. Que, ¿ahora me tienes miedo? —usó su tono de superioridad y burla. Y funcionó.

Deja de decir tonterías. —Jade se había girado bruscamente, pero no se había molestado tanto como Pansy esperaba. Entonces se iluminó un pensamiento que se le había pasado fugazmente por la cabeza pero que había desechado inmediatamente.

No… no es posible. —Jade volvió a mirarla arrugando la frente—. No lo has hecho para molestarme. Es porque… ¡Ah!, te gusta Draco.

Millecent y Daphne se llevaron una mano a la boca y miraron a la morena con sorpresa. Jade se puso en pie y se paseó alrededor de Pansy.

Uy, sí, me muero por él —ironizó mientras se volvía a sentar en su cama—. También por Harry y por Ron y por Fred y George y por Ce… por Theo —su corazón se aceleró cuando casi dice su nombre.

Se metió entre las mantas y se tumbó mirando hacia la pared. Pansy estaba más enfadada todavía: ahora a Jade podía gustarle Draco y era una rival que debía eliminar.

Atravesó las puertas dobles del Gran Comedor y sin mirar a ningún lugar se dirigió a donde estaban sus amigos de Gryffindor. Se sentó junto a Hermione y sintió las preguntas sin pronunciar de sus amigos. Después de suspirar decidió levantar la mirada y responderles.

—No, no estoy con Malfoy. Ni me gusta si quiera. —Ron suspiró aliviado y siguió desayunando. En cambio Harry y Hermione la seguían mirando—. En serio chicos, sólo lo hice para enfurecer a Pansy. —Harry titubeó un momento pero después asintió. Pero a Hermione costaría de convencer. Abrió la boca para seguir argumentando pero la castaña no la dejó.

—Después hablamos. —Hermione sabía cómo sonsacarle información y estaba segura que conseguiría lo que quería.

En cuanto Hermione siguió desayunando, Jade miró hacia una pelirroja que estaba al otro lado de la castaña. Apretaba la mandíbula y echaba chispas por los ojos. Ginny percibió esa mirada y al principio se asustó, pero en seguida la miró provocadora. Ella era la responsable de todo. Por su culpa murmuraban cosas sobre Jade, se había tenido que humillar y encima la retaba. Ninguna apartaba la mirada y llegó un momento en que sus amigos se dieron cuenta de la tensión tan agria que se respiraba. Hermione se puso recta en su sitio e hizo que las dos dejaran de mirarse. Harry y Ron parecían asustados por ese intercambio de palabras no pronunciadas, pero no le dieron mucha importancia, era "problemas de chicas" como les había dicho Hermione.

Ya habían salido del Gran Comedor de camino a sus clases y como siempre a esa hora se tenían que separar. Jade se fue directa a Historia de la Magia y sus amigos a Astronomía. Llegó un poco tarde pero había asientos vacíos donde poder elegir estar lo más lejos de esos dos. Cada uno estaba en una fila diferente, Draco junto a Theo y Pansy con Millecent. No miró a ninguno a la cara, pero si se fijó en que Draco llevaba un brazo vendado.

Fue directa a la última fila junto a un chico de Hufflepuff. Cuando faltaban cinco minutos para que la clase acabara se escuchó un barullo en el pasillo y el profesor se asomó para ver qué pasaba. Vieron como el profesor Snape se paraba en la puerta y hablaba con Binns, el profesor fantasma de Historia de la Magia, y antes de marcharse miró a Jade un segundo. Volvió a cerrar la puerta y después de decirles que daba por concluida la clase, se fue rápidamente a través de una pared. Hubo un silencio y seguidamente los alumnos se apiñaban en la puerta para enterarse de lo sucedido.

Jade logró pasar entre los alumnos y siguió a los estudiantes hasta la tercera planta donde se apelotonaban todos frente al retrato de la Señora Gorda. La morena miró a su alrededor y distinguió a Cedric entre los alumnos. Se dirigió hacia él para que le contara qué estaba pasando.

—¿Qué sucede? —El chico se giró hacia ella sin cambiar la expresión.

—La Señora Gorda no está. Parece que la han atacado. —Dicho esto se alejó dejando a Jade preocupada.

Ella intentó encontrar con la mirada a alguno de sus amigos pero no lograba verlos. Encontraron a la señora gorda escondida en otro cuadro, parecía asustada, decía que Sirius Black la había atacado. Eso asustó más a Jade.

—¡Harry! —Éste bajaba por las escaleras junto a Hermione y Ron—. ¿Es cierto lo que dicen? ¿Que Sirius Black ha entrado a Hogwarts? ¿Y por qué?

—Sí Jade, eso dice la Señora Gorda y no sé porqué —Harry no estaba de humor para volver a repetirlo. Siguió bajando y lo siguieron.

Después de las clases todos los alumnos bajaban por los terrenos del colegio hacia el campo de Quidditch, sin importarles que lloviera. Gryffindor quiso bajar la guardia porque el equipo de Hufflepuff nunca había sido muy bueno que digamos, pero Wood los sermoneó por ese comportamiento y, siguiendo sus instrucciones, entrenaron de otra forma. En realidad Wood tenía razón porque ese año el equipo contrario había realizado algunos cambios muy importantes. Había un nuevo capitán y era el buscador: Cedric Diggory. Un excelente buscador y jugador, y todos esperaban ver un partido Potter contra Diggory.

Las gradas estaban llenas, Gryffindor a un lado y Hufflepuff al otro, Slytherin con este último y Ravenclaw dividido en dos. Hermione, Jade y Ron llegaron junto a Gryffindor y las serpientes miraron con asco a ese grupo. Jade sabía que los miraban así por su culpa pero no le importaba. Realmente no sabía a quien apoyar y eso era grave: Harry era uno de sus mejores amigos y a Cedric casi ni le conocía. Hermione notó la preocupación de su amiga y la empujó para apartarse un poco de Ron.

—Ahora podemos hablar. ¿Qué te pasa? —Jade no quería contestar, pero después de mirar a su amiga a los ojos suspiró.

—No lo sé. —Hermione levantó una ceja—. Estoy confusa.

—¿Tiene algo que ver con Malfoy?

—Pues si. —Jade suspiró— El año pasado pasó algo que me hizo verlo de otra manera. —Se acercó más a Hermione y bajó la voz. Lo diría todo de un tirón—. Quedamos para hacer un trabajo y mientras nos escondíamos de Filch… me besó.

—¡¿Me estás diciendo que te gusta Malfoy?!

—Shhh, baja la voz. No sé si me gusta, no creo. Es odioso, creído… —negó con la cabeza con repulsión.

La gente empezó a gritar y las chicas vieron que el partido había comenzado. Volvieron junto a Ron y cuando vieron a Harry cerca de ellos lo animaron. Desde el primer minuto los jugadores volaban velozmente de aquí para allá, habían empezado fuerte a pesar de que cada vez llovía más. De vez en cuando veían a los buscadores ir tras la snitch, pero después paraban en seco al perderla. Ahora parecía que Harry la había vuelto a ver y subía hacia el cielo, entre las nubes oscuras.

Cedric parecía prestar más atención a sus jugadores y no percibió el movimiento de Harry. Entonces desapareció en el cielo y todos empezaron a preocuparse. Hermione, Ron y Jade dejaron el partido de lado y siguieron mirando hacia las nubes. De repente escucharon cómo gritaba el otro lado de las gradas y miraron hacia el campo para ver qué pasaba. Cedric había cogido la snitch.

Entre un tumulto de alumnos vestidos de rojo se distinguía una figura de color verde que levantaba los brazos y gritaba acompañando a los Hufflepuff. Al parecer sólo se habían dado cuenta de la reacción de la chica los de esa grada y un buscador que sostenía una bola dorada. Cedric miraba a Jade entre divertido y preocupado por lo que los leones pudieran hacerle. La morena recibió un codazo en el costado que hizo que recapacitara sobre dónde estaba. Miró a su alrededor y se asustó de verdad por las caras de odio de los leones. Agachó la cabeza mientras se sonrojaba pero entonces la volvió a alzar al escuchar como todos inspiraban súbitamente. Vio caer algo desde el cielo y cuando se dio cuenta de quién era se llevó ambas manos a la boca.

De repente fue como si se detuviera el tiempo, pero no para ellos, si no para Harry. Descendió lentamente hasta que tocó el suelo y enseguida lo llevaron a la enfermería. Los tres amigos bajaron de las gradas antes de que nadie se moviera del sitio y corrieron en busca de su amigo.

Ya en la enfermería, informaron a Harry de que su escoba estaba destrozada por culpa del Sauce Boxeador. Y él les contó que había escuchado gritar a su madre otra vez mientras le atacaban los dementores, como en el tren. Harry no presentaba ningún rasguño así que no se quedaron mucho en la enfermería.

Se dirigían a la siguiente clase de DCAO. Entraron y se sentaron en sus sitios de siempre. Ya estaban todos sentados cuando vieron aparecer al profesor Snape que cerró las ventanas y dejó la clase casi oscura.

—Abrid vuestros ejemplares por la página 264 —dijo mientras iba hacia el final de la clase para preparar las diapositivas.

—Señor ¿y el profesor Lupin? —Hermione había aparecido de repente al lado de Harry, nadie la había visto entrar.

—El profesor Lupin estará incapacitado unos días. En su lugar os daré la clase yo. —Jade no se lo podía creer. Sin Lupin unos días y en su lugar a su padre. Genial.

—Ahora que está todo aclarado, id a la página 264 —arrastró las palabras mientras con un movimiento de la varita hacía que las páginas del libro de Ron pasaran más rápidas.

—¿Licántropos? Pero señor, estamos dando criaturas marinas —a Hermione no le gustaba desviarse del tema.

—Eso era con el profesor Lupin. Empecemos —añadió ignorando las demás quejas.

Ya era sábado. Esa semana había pasado muy lentamente, sobre todo por lo del intruso. El director ordenó que se durmiera en el Gran Comedor para proteger a los alumnos y los profesores cerraban totalmente las clases: ventanas y puertas.

Estaban desayunando en la mesa de Gryffindor y los únicos que hablaban eran Ron y Hermione, además muy animados. Esa tarde irían a Hogsmeade mientras Jade y Harry se aburrirían como ostras.

—Tampoco es para tanto. Sólo puedes comprar golosinas, o tomarte algo en Cabeza de Puerco, o… —Jade dio un golpe con el puño en la mesa y fulminó a Ron—. Vale, me callo.

—¡Que rabia! No he ido a Hogsmeade aún y ya llevamos dos meses de curso —miró hacia la mesa de los profesores y fulminó a su padre—. Te odio —susurró la chica provocando unas cuantas risas entre sus amigos.

—Me tengo que ir. Nos vemos después. —Harry se había levantado pero Jade le cogió por la camisa.

—¿A dónde vas? Vamos a estar todo el día juntos —elevó la voz un poco para que una niña de segundo la escuchara. Ginny cambió la expresión— así que me tienes que decir a dónde vas. —Harry sonrió.

—He quedado con el profesor Lupin para que me dé unas clases particulares —Jade inspiró de golpe y se le fue dibujando una sonrisa.

—¿Vas tú solo? —preguntó intencionadamente. Va a una clase con Lupin, ¿y no me dice nada? Harry la miró divertido.

—Si quieres le pregunto al profesor si puedes venir.

—Mejor voy y seguro que no me echa. —Jade estaba muy emocionada.

—Vale, como quieras. Nos vemos después —se despidieron de los demás y salieron juntos del comedor, pero antes Jade se giró y miró a Ginny provocadora—. Nos enseñará a combatir contra los dementores —le explicó el chico mientras cruzaban la puerta.

Llegaron a la clase y el profesor ya estaba esperando a Harry. Cuando vio a Jade entrar detrás del chico, levantó una ceja y sonrió.

—Veo que se ha unido un nuevo alumno. —Jade aparentó ser inocente y recibió una gran sonrisa del profesor—. Aunque contigo tendré que utilizar otro método. —Recordó en lo que se transformó el boggart ante Jade.

Lupin los condujo hasta su despacho que lo había cambiado para dejar más espacio. Se detuvo de espaldas a un baúl y los miró.

—Antes de hacer nada, quiero que penséis en un recuerdo feliz. —Levantó las cejas y esperó a que los dos asintieran—. Primero puede empezar Harry. Ven, ponte aquí. Dentro de esto hay un boggart —dijo señalando el baúl que tenían enfrente.

Harry ya estaba preparado y después de apuntar con la varita hacia el baúl asintió hacia el profesor. Éste lo abrió y salió una criatura negra que ya conocían: un dementor. Harry estaba nervioso y se le olvidó lo que tenía que pensar. Para cuando lanzó el hechizo tenía el dementor encima y Jade no pudo quedarse quieta y estando detrás del chico lanzó el hechizo. Sorprendentemente salió una luz plateada de su varita que creó una pared entre ellos y la criatura. Notó como su mano cosquilleaba y tuvo que coger la varita con las dos manos. Tenía una nueva sensación en el cuerpo porque podía con el dementor, lo dominaba, era más fuerte que él. Consiguió meterlo en el baúl que el profesor Lupin cerró para no dejarlo escapar.

Harry se despertó mareado después de desmayarse y se comió el trozo de chocolate que el profesor le ofreció. Jade estaba a su lado y lo animaba para que lo intentara de nuevo.

—¿Cómo lo has hecho? —miró extrañado a su amiga.

—Pues no sé, sólo pensé algo feliz y lancé el hechizo. No hay más —la verdad es que no se lo creía ni ella aunque quería aparentar calma.

—Es extraño. Nunca había conocido a nadie que lo hubiera conseguido a la primera. —Lupin la miraba con la frente arrugada y Jade se puso un poco colorada.

—Venga, que lo vuelva a intentar Harry, seguro que lo hace bien ahora. —Jade cogió por el brazo a su amigo y lo levantó.

Después de comer, todos los alumnos mayores de trece años, iban y venían preparándose para ir al pueblo a pasar la tarde. Exceptuando unos cuantos, entre ellos Harry y Jade, los demás hacían fila en la entrada esperando a que McGonagall o Filch los nombrara. Hermione y Ron se despidieron de sus amigos y junto a Neville empezaron a caminar desapareciendo entre los árboles nevados. El invierno se había adelantado unas semanas.

—Otro sábado, solos —Jade suspiraba deseando conocer ese pueblo.

—Sí —contestó Harry con otro suspiro—. Oye, Jade, quería preguntarte, ¿cómo fuiste capaz de conjurar un patronus tan fácil? —Jade lo miró unos segundos recordando el suceso.

—La verdad, yo hice lo que nos dijo Lupin. Además, a ti no te funcionó porque tu recuerdo no era bueno. —Harry desvió la mirada hacia el camino—. ¿Sabes qué recuerdo elegí? —Harry la miró de nuevo y negó con la cabeza—. Uno tuyo, en segundo año, cuando apareciste en el Gran Comedor después de que pensara que estabas muerto. —Harry sonrió.

—¡Hola chicos! —Los dos se giraron para ver a los gemelos acercarse. Llegaron junto a ellos y George le hizo una reverencia a Jade—. Princesita. —Cogió su mano y la besó. Jade sonrió, pero entonces Fred apartó la cabeza de su hermano de un empujón.

—Cuidado, como te vea Malfoy… Nunca beses a la novia de otro —había una nota chistosa, pero Jade ya estaba bastante enfadada así que eso acabó por enfurecerla del todo.

—No tiene gracia. No estoy con Malfoy, ni siquiera me gusta. —¿Cuántas veces lo había repetido? Esta vez había controlado mejor su mal genio.

—Realmente no veníamos a veros por eso. —George miró a su hermano y sonrieron—. ¿Queréis ir a Hogsmeade?

—Claro, ¿pero vosotros qué podéis hacer para conseguirlo?

—Calla y observa, Harry. —Sacó un pergamino de su bolsillo y lo puso a la vista de todos—. Esto es un mapa, un mapa de Hogwarts. Mirad. —George pasó su varita por el papel y pronunció unas palabras:— Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

En la parte exterior aparecieron unas líneas que formaron unas palabras:

El Señor Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

proveedores de artículos para magos traviesos

están orgullosos de presentar

EL MAPA DEL MERODEADOR

Al abrirlo vieron dibujado el mapa de Hogwarts, cada pasillo, cada patio, cada clase, incluso mostraba a las personas, sus nombres y donde estaban. También vieron nuevos pasillos y puertas.

—Cuando hayáis acabado con él decís: Travesura realizada. Así nadie más podrá leerlo.

Estaban bajo la capa de invisibilidad, que Harry recibió como regalo el primer curso, en la despensa de Honeydukes (en Hogsmeade) y esperaban alguna oportunidad de cruzar la puerta hacia la tienda sin ser percibidos. Mientras atravesaban la tienda vieron a varios conocidos como Dean Thomas y Seamus Finnigan, o Theo Nott y Draco Malfoy. Enseguida Jade miró hacia otro lado pero fue peor: Cedric iba acompañado por una chica. Sintió su cuerpo arder de rabia y quiso ir hacia ellos pero se acordó que iba con Harry y bajo la capa.

Salieron de allí y buscaron a sus amigos por la calle. Se metieron por detrás de una casa que lindaba con el bosque y a unos metros los vieron. Harry se iba a quitar la capa y saludar a sus amigos, pero Jade lo detuvo. Se acercaron lentamente a ellos y Jade acarició suavemente la nuca de Ron. Se aguantaron unas risas cuando el pelirrojo se golpeó allí donde Jade le había tocado.

—¿Qué hay por aquí? Algo me ha tocado. —Ron miraba a Hermione un poco asustado.

—Serán hadas del bosque —le contestó indiferente.

Se quitaron la capa mientras se reían y los otros dos dieron un pequeño respingo.

—Habéis sido vosotros, ¿no? —Eso provocó que se rieran más.

—Sí, tranquilo. —Miró a Hermione—. Nos hemos escapado. Fred y George nos han dado un mapa del colegio. —Le cogió el mapa a Harry y se lo enseñó.

—Tendríamos que dárselo al profesor Dumbledore, es peligroso. Alguien como Sirius Black puede encontrarlo y utilizarlo. —La morena la miró con los ojos abiertos y negó con la cabeza.

—Ahora vengo —dijo Harry mientras se volvía a poner la capa y salía detrás de la profesora McGonagall.

De vuelta al castillo Harry les explicó lo que había oído mientras McGonagall hablaba con Madame Rosmerta, y entonces entendieron el enfado del chico. Sirius Black era su padrino y había traicionado a sus padres. Y ahora quería matar a Harry también.

Harry rodeaba a Jade con un brazo para sujetar mejor la capa. Ella también tenía un brazo alrededor de él como muestra de apoyo.

Veían como la gente los adelantaba sin saber que estaban ellos allí escondidos bajo la capa. Entonces Jade vio a una persona, que aunque no la conocía le caía mal. Era ella, la chica que estaba con Cedric en la tienda. Harry percibió el cambio de humor de su amiga y la miró extrañado pero ella sólo negó con la cabeza y sonrió. Se inclinó para acercarse más a Hermione y susurrarle.

—¿Quién es esa? La rubia de delante. —Hermione se sobresalto un poco pero enseguida miró a la chica que Jade le había dicho.

—Creo que es Erika. La conocí en la biblioteca y es muy agradable. Tiene un año más que nosotras. ¿Por qué lo preguntas?

—Por nada —arrastró las palabras mientras apretaba los dientes y fruncía los labios.