Las semanas pasaban y los exámenes cada vez estaban más cerca. Cuando se dieron cuenta ya había acabado noviembre.

Estaban sentados en la sala común de Gryffindor recordando la noche de Halloween del mes pasado cuando sólo se escuchaban los gritos de las chicas mientras cruzaban los pasillos, o cuando Fred y George se escondían en lugares ocultos del castillo, que sólo Harry y Jade conocían bien, para después salir y asustar a los alumnos más pequeños. El fantasma Peeves también hizo un buen trabajo; por primera vez colaboró con los gemelos. Desde las esquinas de los pasillos tiraban globos de agua y más de un alumno se enfadó en vez de divertirse, entre ellos Jade y Hermione.

Entró por la puerta Hermione seguida de Jade y se quedaron de pie al ver que no había sitio libre. Los gemelos ocupaban los dos sillones, Ron y Harry estaban en el sofá junto a Ginny. Dean y Seamus se sentaban en el suelo a los pies de Fred y George.

—Hablando de la princesita de Roma y de su amiga el libro —George ya estaba metiendo cizaña—. Estábamos comentando que vuestras caras del día de Halloween fueron lo más gracioso que hemos visto. —Los gemelos soltaron varias carcajadas y los demás las reprimieron.

—Pues no os conviene volver a verla. La próxima vez que nos gastéis una broma así os las veréis conmigo. —La morena se cruzó de brazos mientras levantaba la cabeza.

—Que miedo —Dijeron los chicos aparentando estar afectados.

—Vosotros probadme —Ambos sonrieron y agacharon la cabeza como rindiéndose ante ella—. Muy bien, así me gusta. —Las dos amigas se rieron mientras se acercaban a ellos.

—Pobrecitos. Jade, los tienes dominados —la castaña parecía más animada a pesar de ser muy tarde y de estar escuchando caer la lluvia.

Las chicas fueron a sentarse donde pudieron. Ron se movió un poco hacia Harry, haciendo que éste quedara pegado a Ginny. Hermione se sentó junto a Ron mientras miraba a la pelirroja sonriendo. Jade fue a sentarse sobre Fred. George fulminó con la mirada a su hermano para después reírse. Jade encogió las piernas y se acurrucó en el chico mientras éste la abrazaba.

—Creo que deberíamos apagar el fuego. Aquí hay alguien que se quema —George dijo divertido señalando con la cabeza a Fred y éste negó con la cabeza.

—Sé que te gustaría estar en mi lugar, Georgy —éste achicó los ojos y todos empezaron a reír.

Estuvieron una hora o dos hablando de todo: el quidditch, ocasión en que Hermione rodaba los ojos; de las clases, aunque no era el tema más emocionante. Cuando vieron que era muy tarde, se percataron de Ginny, que no había hablado aún.

—Es tan pequeña que nos podríamos haber sentado sobre ella y ni darnos cuenta de que se quejaba —la chica se puso colorada al recibir la mirada de todos, también de Harry.

Jade se puso en pié súbitamente y se desperezó. Le revolvió el pelo a los gemelos y en vez de irse hacia la puerta fue por detrás del sofá y abrazó a Harry mientras le daba un beso en la mejilla que daba al lado de Ginny para después mirarla desafiante y salir por el retrato dejando a Ginny muy enfadada.

Jade bajaba las escaleras sonriendo por la cara que había puesto Ginny. No se había dado cuenta de que era muy tarde para ir andando por los pasillos, si la veían la castigarían. Pero no había problema pues Harry le había prestado el mapa del merodeador.

Las semanas previas a las vacaciones pasaron sorprendentemente rápidas, a pesar de los últimos exámenes. Los entrenamientos de quidditch, retomados unas semanas después del primer partido, eran relajados y no duraban mucho. Las clases no eran aburridas, no mandaban deberes, solo pasaban el rato. Pero siempre hay una excepción y esta vez era Pociones. El profesor Snape no les dejaba ni un segundo de descanso, incluso los fines de semana se tenían que quedar estudiando.

Era el penúltimo sábado antes de las vacaciones y esa mañana había poca gente en el Gran Comedor, los alumnos no madrugaban los fines de semana. Jade había subido antes para desayunar tranquilamente y después dar un paseo por los jardines. Se había topado con varias personas pero al no conocerlas no tuvo que detenerse para hablar, fue directa a la sombra de un árbol al lado del lago.

Poco a poco el castillo fue despertando y con él todos los alumnos. Vio salir por la puerta a un grupo de alumnos mayores que ella, entre ellos Cedric. Se miraron unos segundos, Jade fue la que desvió la mirada al ver salir a sus amigos por la puerta. Se acercaron a la morena y Hermione se sentó a su lado.

—Que madrugadora —la castaña la abrazó y ella respondió de igual manera.

—Extraño, porque anoche me quedé hasta tarde haciendo los deberes de pociones. Al parecer mi poción era revitalizante porque no tengo sueño. —Jade sonreía a todo momento.

—Sí, pareces más feliz.

—Pues mi poción fue un desastre. Ya podríais haberme ayudado. —Ron las miró con reproche.

—Ni te digo la mía. Se hizo amarilla y después desapareció. —Harry no parecía tan afectado como Ron.

Después de un rato disfrutando de los rayos que calentaban sus ropas, húmedas por la nieve, volvieron dentro y fueron a la biblioteca a ayudar a los chicos con sus pociones.

Terminaron una hora antes de comer y Jade se dirigió a su habitación para dejar las cosas mientras sus amigos hacían lo mismo. Quedaron en verse en el Gran Comedor.

Jade bajó a las mazmorras y fue directa a su habitación. Cuando entró vio a sus compañeras de habitación que estaban tumbadas en las camas hablando animadamente. Callaron al verla.

—Hola, chicas. —Las tres se quedaron mirándola como si estuviera loca. ¿Qué le pasa a ésta? ¿Por qué saluda? Pensaban—. Perdón por si he interrumpido algo, sólo vengo a dejar unos libros. Ya me voy. —Jade guardó los libros en su baúl—. Adiós —se despidió con una sonrisa y salió por la puerta.

Pansy, Millecent y Daphne se miraron unas a otras sorprendidas por el comportamiento de la morena, ¿acaso se había vuelto loca?

Jade bajaba las escaleras, se sentía feliz, aunque tenía una sensación extraña, se había levantado rara, como si le faltara algo. Cuando llegó a la sala común se encontró cara a cara con Draco Malfoy.

—Tú otra vez. —Draco la miró asqueado. Jade se puso colorada y miró hacia el suelo. Sabía que las palabras del rubio siempre estaban envenenadas y que no debía escucharlo, pero le afectaban—. Eres insoportable.

La chica observó cómo pasaba por su lado y salir por la puerta. Mientras seguía el camino de Draco se preguntó qué le podía haber hecho ahora. Llevaban un mes sin decirse nada, ignorándose por completo, y ahora la miraba con odio.

Entró al Gran Comedor y cuando estuvo tentada a ir a sentarse con sus amigos, recordó que debía sentarse en su mesa. Eran las normas. Siguió su camino hasta sentarse al lado de una chica llamada Steph.

Por el camino había localizado a Cedric, el chico de ojos grises que la hacía suspirar. Comenzó a comer en silencio y de vez en cuando echaba miradas tímidas hacia la mesa de Hufflepuff. En una de esas veces el chico se giró para mirar justo los ojos de la morena. Fue un momento que la chica cortó por no poder mantenerle la mirada. En ese momento la puerta del comedor se abrió para dejar paso a una chica empapada; estaba totalmente mojada. Pansy se dirigió hacia su mesa mirando con rabia a Jade. Ésta la miraba con preocupación, nunca la había visto tan enfadada. Muchos se giraron hacia ellas.

—¡Estarás contenta! Verme humillada, ¿era lo que querías no? —Pansy estaba frente a ella y sólo las separaba la mesa. Jade no sabía qué decir—. ¿No vas a decir nada?

—Yo… no sé que… —sentía todas las miradas puestas en ella y se sintió realmente mal por Pansy.

—Te odio Prince.

Jade no soportó la situación y sin darse cuenta una lágrima le caía por la mejilla. Se levantó rápidamente y salió corriendo del comedor.

Hermione miró a Harry y a Ron. Los tres estaban muy extrañados por la reacción de la morena, ella nunca hubiera llorado, y menos delante de todo el mundo. La castaña se levantó y siguió los pasos de Jade; tenía que ir con ella.

Tras recorrer el castillo, Hermione encontró a la chica en la última planta, cerca de una ventana. Estaba sentada en el suelo con las rodillas encogidas y la cara metida entre éstas. Ella se acercó y se sentó a su lado, pasó una mano por su cabeza cariñosamente.

—¿Estás bien? —susurró dulcemente. La morena levantó la cabeza y Hermione pudo ver que había llorado, pues tenía los ojos rojos e hinchados.

—No sé qué pasa Hermione, no entiendo nada. Primero Draco y ahora Pansy. Yo no he hecho nada —sollozó de nuevo. Su amiga la estrechó contra sí.

Bajaron las escaleras y llegaron a la sala común de Gryffindor. Estaban todos allí esperando que llegara la hora de ir a Hogsmeade. Harry ya había cogido la capa pero como le faltaba el mapa, que lo tenía Jade, se acercó a la chica.

—¿Tienes el mapa? —Snape ya le había autorizado la salida a Jade, pero Harry todavía debía salir escondido.

—Sí, toma —dijo sacándolo de un bolsillo. El chico le sonrió pero no se fue.

—¿Vas a venir, no? —Jade hizo una mueca con la boca y luego negó con la cabeza—. ¿Por qué?

—No me apetece —no quería hablar de sus problemas ahora.

Continuó en la torre de Gryffindor cuando todos salieron hacia la entrada del castillo. Se giró al escuchar unas pisadas por las escaleras y vio a Ginny que se había parado en el último escalón. Iba a darse la vuelta para no tener que hablar con Jade, pero ésta la detuvo.

—¡Espera! —Ginny se paró con un pie en el escalón—. Espera Ginny. Lo siento. No sé por qué me comporto así. A mí no me gusta Harry, sólo quería hacerte enfadar. Y tampoco sé por qué. Quiero ser tu amiga. —La pelirroja se sorprendió por sus palabras y finalmente se giró para mirarle a los ojos.

—¿De verdad? —No se podía fiar del todo, pero bajó las escaleras hasta llegar a Jade—. No es una broma, ¿verdad? —La morena movió la cabeza negándolo mientras iba asomando una sonrisa tímida.

—Vamos a sentarnos y hablamos. —Jade fue hasta el sillón y Ginny se sentó junto a ella—. Empecemos de nuevo, como si no hubiera pasado nada.

—Está bien. Soy Ginny Weasley, encantada —dijo extendiendo la mano. Jade se rió, pero hizo lo mismo.

—Hola, yo soy Jade Prince, mucho gusto. —Se estrecharon la mano y sonrieron.

Estuvieron hablando mucho tiempo, incluso se rieron juntas, algo muy extraño tratándose de esas dos.

Jade salió de la sala común de Gryffindor para ir a la suya. Mientras caminaba se encontró con alguien que parecía que la estuviera esperando.

—¿Ha pasado algo? —preguntó la chica mientras miraba a su padre.

—¿Cómo que si ha pasado algo? Jade, una chica ha aparecido en el Gran Comedor empapada de arriba a abajo acusándote.

—Pero yo no he sido. Tienes que creerme, yo…

—Hay testigos —dijo Snape cortando a Jade—. No me hace ninguna gracia que estés peleando como una niña malcriada, pero lo que realmente me enfurece es que me mientas. —La chica intentó defenderse pero él no la dejó—. No saldrás del castillo en lo que queda de curso y me refiero a que sólo pisarás los terrenos de Hogwarts cuando tengas Cuidado de Criaturas Mágica.

Snape se fue dejando a Jade petrificada en medio del pasillo. Era totalmente injusto, para una vez que ella no había hecho nada la castigaban. Y menudo castigo.

Definitivamente había sido uno de los peores días de su vida.

Era hora de cenar y se fue directa al comedor al ver que se retrasaba. Abrió las puertas y todos estaban sentados, buscó con la mirada a sus amigos y…

—¿Cómo es posible? No puede ser. Estoy soñando.

Era el penúltimo sábado antes de las vacaciones y esa mañana se había levantado mucho más tarde de lo normal. Se incorporó en la cama y se desperezó, miró a su alrededor y vio que estaba sola en la habitación, lo que hizo que se alegrara por no tener que soportar a sus estúpidas compañeras. Se duchó y se vistió rápidamente para bajar a comer algo.

Pasaba por la sala común sin mirar a su alrededor, pero no pudo evitar girarse para ver esos ojos grises que la miraban. Draco llevaba la escoba a un lado y parecía dispuesto a salir. Jade se acercó a él, no sabía bien por qué quería hablar con él si se habían estado evitando desde lo sucedido en el Gran Comedor. En ese momento se acordó del por qué de aquello y puso la cara más desafiante que pudo.

—Malfoy. —El rubio le prestó atención con cierta sorpresa— Devuélveme mi colgante. —Ella extendió la mano con un movimiento seco—. ¡Ya!

—¿A qué vienen esas prisas? Hace semanas que lo tengo ¿y ahora te entra la urgencia? —le dijo con indiferencia.

—Bien, tú te lo has buscado. —Jade sacó su varita y con un movimiento de muñeca pronunció: levicorpus. Esto hizo que Draco quedase colgado bocabajo.

—¡Bájame! ¡¿Cómo te atreves?! —Draco no podía creer lo que le estaba pasando. Nunca pensó que ella pudiera utilizar un hechizo contra él.

—Dime dónde está el colgante y te bajo —lo dijo mientras dibujaba una sonrisa en la boca.

—¡Maldito colgante! Toma. —El rubio lo sacó de su bolsillo y se lo extendió.

—¿Siempre lo has llevado encima? —Jade sonrió más y se acercó a la cara del chico—. ¿Lo llevas para acordarte de mí? —Esto lo dijo mientras se acercaba a los labios del rubio. Pero cuando estuvo a punto de besarlo, se separó y antes de salir por la puerta lanzó el contrahechizo.

Jade seguía hambrienta y decidió ir a las cocinas para pedirles comida a los elfos domésticos. Después de saciar su apetito tras una grata acogida por parte de los elfos, se dirigió al lago. No había visto a ninguno de sus amigos en toda la mañana pero no le importó; ella sola podía divertirse.

Mientras caminaba hacia el lago pudo ver un grupo de alumnos de sexto y entre ellos a Diggory. El chico bueno que no le había dirigido la palabra en todas esas semanas. Como si a ella le importase; sólo era un chico más.

Al llegar a la orilla del lago, pudo ver cómo la gente se retiraba para ir a comer, pues ya era mediodía. Ella no pensaba ir porque acababa de comer y no tenía hambre. En ese momento pudo ver un grupo de chicas que pasaban por su lado. Al ver a Pansy sintió el odio crecer en ella y no pudo evitar dirigirse hacia la morena. La chica se giró para ver a Jade y sacó la varita instintivamente. Ésta también la apuntó con la suya. Jade sabía que era mejor en duelos que ella pero sin darle oportunidad le lanzó un hechizo que hizo que saliera por los aires haciendo que cayera en el lago. Jade empezó a reír mientras veía a Pansy chapotear en el agua. Ni siquiera se quedó para mirar cómo salía; tenía cosas mejores que hacer.

Se había recostado al lado de un árbol para relajarse cuando vio salir a sus amigos del castillo; parecía que se iban a Hogsmeade. Jade se acercó a ellos para apuntarse ya que Snape le había dado permiso para ir.

—Hola chicos. —Hermione y Ron se giraron extrañados—. ¿Qué, vamos a Hogsmeade?

—¿Pero no decías que no te apetecía? —esto lo preguntó Harry que estaba bajo la capa y asomaba la cabeza temiendo ser visto.

—¿Qué? Por una vez que puedo ir sin esconderme no voy a quedarme aquí.

Los cuatro llegaron a Hogsmeade y fueron a Cabeza de Puerco a tomarse algo. Se sentaron en una de las mesas y se relajaron.

—Ese viejo se parece al profesor Dumbledore —dijo Jade señalando al posadero.

—Jade, baja la voz. —Hermione miraba a su alrededor para cerciorarse.

—¿Qué? Es verdad, míralo bien. —No pudo evitar reírse por la cara de desconcierto de la chica.

—Vale, da igual, cambiemos de tema. —Hermione le dio un trago a su bebida—. Pobre Ginny, no se ha podido venir…

—Menos mal que no se puede venir. Esa niña me odia. —Jade miró a sus amigos que la miraban sorprendidos. Es verdad que sabían que entre ellas había ciertas tensiones pero de ahí a decirlo abiertamente y delante de su hermano—. No me miréis a sí. Ya sé que es tu hermana pero…

—Jade, ¿estás bien? Hoy estás muy rara. —Hermione la miró casi con preocupación—. No pareces tú.

—Pues si no soy yo, ¿quién soy? —Sonrió y se levantó para irse.

Sus amigos, tras mirarse unos a otros, se levantaron con ella y se fueron para el castillo. Estaba oscureciendo y faltaba poco para la cena. Cuando llegaron, Jade se sentó con sus amigos y empezaron a comer.

Definitivamente había sido uno de los mejores días de su vida.

Ginny se sentó con ellos junto a su hermano, quedando frente a Jade.

—Hola chicos. —La pelirroja sonrió—. ¿Qué tal en Hogsmeade? ¿Lo habéis pasado bien? —Los chicos asintieron—. Jade y yo lo hemos pasado muy bien también —dijo mientras la miraba y sonreía.

—¿Qué? ¿Qué dices, Ginny? Jade ha venido a Hogsmeade con nosotros.

—Y no me divertiría contigo precisamente —dijo Jade en tono de burla.

—Pero si… —Ginny no terminó la frase al ver que miraban las puertas del comedor.

Se habían abierto y muchos, sobre todo de Gryffindor, se habían girado, desconcertados. Jade miró con los ojos muy abiertos hacia las puertas.

—¿Cómo es posible? No puede ser. Estoy soñando.

En el Gran Comedor no quedaba ni un solo mago o bruja que no mirara desconcertado la puerta. Seguro estaban hechizados porque frente a ellos había dos Jades. ¿Cómo era posible? Tenían una Jade al cuadrado.

Las dos Jade se acercaron hasta quedar una frente a la otra. Snape se había levantado al igual que varios profesores, y miraban boquiabiertos la escena.

—Tú eres yo —dijeron las Jade a la vez—. No es posible. —Se miraban inspeccionando a la otra.

Snape se acercó a ellas y éstas se giraron para mirarlo con cara de preocupación.

—Jade, ¿qué hiciste con la poción que os puse de deberes? —El profesor imaginaba qué es lo que podía haber pasado.

—Quise experimentar y luego me la tomé. No pensé que fuera peligroso —una de las Jade había contestado.

—¿Cómo se te ocurre tomártela?, yo no lo hubiera hecho —protestó la otra.

—Pero si somos la misma.

—Basta chicas —Snape las calló para que lo escucharan—. Lo que os ha pasado es que la poción ha provocado que te dividieras en dos, y por lo que veo, en tu parte buena y en la mala. Sólo tengo que hacer otra poción y volverás a tu estado normal.

—Así que tú eres la buena —dijo la chica mala sonriendo.

—Y tú no habrás hecho nada de lo que luego me arrepienta, ¿verdad?

—La verdad es que hoy he tenido un buen día.

—Pues yo he pasado un día horrible y creo que es por tu culpa —dijo la chica buena.

—Dirás por nuestra culpa. Te recuerdo que formamos la misma persona.

El profesor Snape las observaba discutir esas tonterías y decidió empezar la poción cuanto antes.

—Será mejor que os vayáis a vuestra habitación mientras yo preparo la poción.

Las dos se fueron junto con su padre a las mazmorras. Snape fue directamente a su sala de pociones y ellas a su habitación, para, a ser posible, no causar más problemas.

Se miraron otra vez y la Jade mala sacó de su bolsillo el colgante de jade.

—¿Cómo lo has conseguido? —preguntó la Jade buena mientras cogía el colgante.

—¿Pues cómo va a ser? Se lo exigí a Draco. Por cierto me encanta ese chico. —A la mala se le dibujó una sonrisa pícara en la cara.

—¿Pero qué dices? Es un niñato. Además a mí me gusta Cedric. —Ahora era la Jade buena la que sonreía.

—¿El niño bueno ese? Ni siquiera se acerca a ti.

—Dirás a nosotras.

—Creo que esta conversación está siendo un poco extraña.

Snape acabó la poción lo más rápido que pudo y se la dio a beber a sus hijas. Tras tomarse la poción desaparecieron las dos chicas formando una sola. Jade recordó entonces los dos días vividos. Supo qué había estado haciendo un mismo día en dos sitios a la vez. Recordó a Draco, a Pansy, a Cedric y la nueva amistad que había formado con Ginny.