Deambulaba por los pasillos, sola, no se chocaba con nadie, el castillo estaba desierto. La navidad había llegado y con ella se habían ido casi todos los alumnos a ver a sus familias. Se había enterado de que Cedric se había ido unas semanas de vacaciones con su padre y sus tíos a la otra punta del país y que Draco estaba con sus padres en la mansión Malfoy. Ron y Hermione podían haberse ido también con sus familias, pero decidieron estar junto a Harry para no dejarlo solo al acecho de Sirius Black. Jade se tenía que quedar de todas formas, pero los chicos querían estar más seguros de la protección de su amigo. Habían quedado en verse todos en la cabaña del guardabosque, así que hacia allí se dirigía Jade.
Atravesó el castillo a todo correr y después los terrenos hasta llegar al huerto de Hagrid. Entró en la verja y se disponía a dar un paso para no tardar más, pero se detuvo cuando vio que el hipogrifo la miraba directamente. No movió ni un músculo. Casi ni respiraba. Tragó fuertemente y decidió hacer una reverencia.
Se miraban a los ojos, solo a los ojos. Jade no se atrevía a hacer ningún otro movimiento por si a caso pasaba como la otra vez. Pero no podía quedarse así para siempre así que avanzó un paso pero no debió hacerlo. El animal se había puesto de pie y tenía las alas desplegadas. Jade se agachó pero no quitó la mirada del animal. Sintió que algo le estrujaba el estómago que le hacía sentir ganas de atacar al enemigo. Sabía que era un suicidio así que continuó en la misma posición. Algo quería salir y enfrentarse, pero seguía pensando que era una locura. Menos mal que escuchó abrirse la puerta y vio salir a Hagrid y a sus amigos. Hagrid consiguió apartar al hipogrifo y así Harry cogió a Jade y la entró en la cabaña.
—¿Estás bien? Lo siento Jade, debería de haberme acordado de esa repulsión que siente Buckbeak hacia ti. —Repulsión sonaba demasiado fuerte, pero era cierto.
—Tranquilo, no me ha pasado nada. —Jade intentaba no demostrar su enfado, pero le costaba. No entendía por qué todo el mundo podía acercarse al animal y ella no. Era muy molesto.
—¿Qué te pasa? —Su amiga le cogía la mano para alentarla a que lo contara.
—Pues que... ¿por qué a mí no se me acerca? Todos lo han intentado durante el trimestre y todos se han subido sobre su lomo, bueno, menos Neville que tenía miedo. Pero el caso es que a nadie odia tanto como a mí y yo no he hecho nada malo. No a él —se corrigió cuando los chicos la miraron.
—En eso te equivocas. ¿No os habéis preguntado por qué Malfoy no lo ha intentado? Y no es por el brazo vendado. Me dijo el profesor Dumbledore que no dijera nada, por si acaso, pero su brazo está así porque se enfrentó a Buckbeak. Era de noche y yo ya iba a apagar las luces cuando escuché que alguien insultaba a no sé quién. Así que me asomé y entonces le vi. Malfoy estaba diciendo tonterías como ¡Siempre una reverencia, o un saludo, pero no siempre puedes recibir eso, muchas veces te pueden insultar, o algo peor! , no sé si fue exactamente así, pero estaba muy enfadado y lo quería pagar con mi hipogrifo. El caso es que salí corriendo y pensé que no llegaba a tiempo cuando vi que ya había recibido un zarpazo en el brazo. Enseguida lo llevé a la enfermería.
Los chicos ahora entendieron lo que pasaba. Pero Jade se dio cuenta de algo más. Sabía que el mismo día en el que le besó por segunda vez él se había hecho daño, porque al día siguiente llegó a clase con el brazo vendado. Tal vez era por su culpa.
Era el primer sábado de después de las vacaciones y seguía haciendo un frío mortal. Los cristales de las ventanas estaban empapados y la nieve cubría el alféizar de estas. Descorrió las cortinas escarlatas y se puso de pie para mirar a su alrededor y comprobar que no había nadie.
Se vistió rápidamente y bajó las escaleras. Se escuchaban gritos que provenían de la sala común e inmediatamente supo de quienes eran. Ron y Hermione discutían, para variar, en medio de un grupo reducido de alumnos somnolientos. Harry se acercó a ellos y sin ponerse en medio intentó callarlos.
—Harry, dile a Hermione que tengo razón.
—Dile a Ronald que mi gata no es capaz de comerse esa rata sucia y asquerosa.
—Ya lo ha intentado otras veces ¿Por qué no ha podido conseguirlo esta vez?
—Basta.
Sus amigos lo ignoraron por completo. Se rascó la cabeza y respiró hondo, después volvió a su cuarto para recoger su capa y el mapa, lavarse la cara y bajar de nuevo.
—O encuentras a Scabbers o me encargaré yo mismo de que esa alimaña tuya…
Salió por la puerta delante de sus amigos que no dejaron de pelearse hasta que llegaron al Gran Comedor. La sala ya estaba llena así que los pequeños, pero no en susurros, comentarios de Ron y Hermione quedaban ahogados por el bullicio de conversaciones ajenas. Caminó hasta donde estaban los gemelos y Jade, y se sentó enfrente de ésta. Después llegaron un poco más retrasados los otros dos y se sentaron uno frente al otro, pero sin mirarse.
—¿Qué les ha pasado?
—Lo de siempre, la rata de Ron no aparece y piensa que la culpa es de la gata de Hermione.
—Sé que es su culpa. Harry, podrías apoyarme, eres mi mejor amigo. —El pelirrojo lo miraba con reproche.
—Y también el mío. —Hermione había girado la cabeza para fulminar a Ron.
—Pues si tú no me vas a apoyar… —Ron fue girando la cabeza hasta mirar a un lado de Hermione—. Jade, ¿a que tú estás conmigo? —La morena miró a Harry y este levantó los hombros. La chica lo miró dubitativa—. ¡Genial! Ni mis amigos me creen.
Comieron dejando de lado el asunto y después salieron a dar un paseo por los jardines, para hacer tiempo hasta la comida que no faltaba mucho, pues se habían levantado más tarde de lo normal. Llegaron junto al árbol a la orilla del lago y se sentaron en el suelo húmedo.
—¿Os acordáis de cuando la poción hizo que salieran dobles de mí? —Los chicos la miraron al romper el silencio incómodo por la pelea—. Pues mi padre ya me ha puesto el castigo por lo que "en parte hice". —Harry sonrió ante aquellas comillas que simuló con los dedos. Ron y Hermione no estaban de humor todavía—. Ahora mismo si me viera aquí, me mandaría a fregar junto a los elfos. No puedo salir a los terrenos a menos que sea a la clase de Hagrid.
—Entonces tampoco podrás ir a Hogsmeade, al menos siendo visible.
Jade entendió lo último que dijo y asintió con una sonrisa malvada. Mientras que su padre no se enterara de que iba, no habría problema.
Los alumnos ya se acumulaban en la puerta del Gran Comedor para sentarse a comer. Los cuatro se levantaron lentamente para llegar cuando no hubiera nadie en la puerta. Se sentaron en la mesa de Gryffindor junto a los gemelos y Neville. Tenían un periódico abierto delante de ellos y los tres se inclinaban sobre una misma página. Ron, que era el más alto, se asomó por encima de las cabezas antes de sentarse y cuando vio la noticia se asustó.
—¿Qué pasa? —Hermione se desesperó cuando ninguno le contestaba. Se inclinó sobre la mesa y le arrancó el periódico de las manos a George. Su expresión fue distinta a la de Ron, ella solo levantó la mirada hacia Harry.
—¿Qué ocurre? —preguntó Jade cuando no entendió el intercambio de palabras no pronunciadas. Harry sí lo entendió.
—Han vuelto a ver a Sirius Black por aquí, en Hogsmeade. —La castaña seguía mirando a Harry, este había agachado la cabeza, estaba pensando. Entonces seguía por aquí, sin ser capturado.
Las semanas pasaban y el miedo volvía a instaurarse en los habitantes del castillo: aún no habían capturado a Sirius Black. Los alumnos recibían cartas de sus parientes aconsejando prudencia aunque no era necesario, ellos mismos llevaban cuidado. El ambiente dentro del castillo era muy distinto. Los exámenes se acercaban cada vez más y se acumulaban los deberes. Esta vez el profesor Snape no mandó hacer ninguna poción de deberes por si a caso a alguien se le ocurría experimentar otras cosas.
Harry y Ron hacían los deberes en compañía de Hermione para que ésta les ayudara, y aún así acabaron muy tarde.
Ya en la habitación, Ron se acostó sin hacer nada antes, pero Harry se demoró. Se metió en la cama y antes de tumbarse abrió el mapa del merodeador, siempre lo hacía. Nunca encontraba nada que le llamase la atención, siempre veía el nombre de Filch, al director, a algún que otro alumno husmeando por los pasillos, a los profesores patrullando.
Esta vez dejó vagar su mirada por más rincones de Hogwarts, por las clases, la torre de Gryffindor, la de Ravenclaw, el pasillo al lado de las cocinas que lleva a la sala común de Hufflepuff, las mazmorras con los Slytherin. Veía muchos nombres que conocía por compartir clase con ellos, otros que recordaba a duras penas, otros que no sabía quienes eran, pero lo que le llamó la atención es encontrar un nombre, o eso podía parecer, que le resultaba muy extraño.
Ese nombre cruzaba la sala común de Slytherin en dirección a los dormitorios. Entonces vio como se detenía en medio de la sala cuando Harry escuchó un aullido fuera del colegio, pero cerca. Fue un momento pero sirvió para que al ver de nuevo el mapa ya no encontrara el nombre: Deyanira. De pronto su mirada se posó en otro nombre, pero era imposible que pudiera verlo. Peter Pettigrew caminaba por los pasillos de un lado a otro sin parar. Harry no se lo pensó dos veces y ya estaba fuera de la cama, con el mapa y la varita salió en busca del supuesto muerto.
Al día siguiente Harry se dirigía junto con Ron a hacer el examen de Adivinación. Le contaba a Ron que anoche había visto a Peter Pettigrew en el mapa y que después de ir a buscarlo no lo había encontrado. El mapa no mostraba la realidad y para colmo se encontró con el profesor Snape que casi descubre el mapa, haciendo que Lupin se lo confiscara. Neville iba diciendo que los exámenes eran individuales, que tenían que mirar la bola y decir que veían. Ron entró antes que Harry y salió con cara de indiferencia.
—Me inventé algunas cosas. Creo que Hermione tiene razón, es una impostora. —Y con ese ánimo se despidió de su amigo para reunirse en el Gran Comedor con las chicas.
Harry fue el siguiente y entró un poco nervioso, la profesora siempre lo ponía nervioso. Se sentó frente a ella e intentó ver algo allí donde solo había una bruma. Tras varios minutos de intentar convencer a Trelawney de que lo que veía era cierto, se dio por vencido y se levantó de la silla para reunirse con sus amigos.
—Sucederá esta noche.
Harry se detuvo en seco al escuchar la voz rasposa de la profesora. Se giró para mirarla pero esta tenía la mirada perdida.
—¿Cómo dice? —Harry se asustaba más a cada momento. Pero la profesora parecía no escucharlo. Entonces volvió a abrir la boca.
—El Señor Tenebroso está solo y sin amigos, abandonado por sus seguidores. Su vasallo ha estado encadenado doce años. Hoy, antes de la medianoche, el vasallo se liberará e irá a reunirse con su amo. El Señor Tenebroso se alzará de nuevo, con la ayuda de su vasallo, más grande y más terrible que nunca. Hoy… antes de la medianoche… el vasallo… irá… a reunirse… con su amo…
La profesora se calló y mantuvo la cabeza doblada sobre su pecho, inmóvil. Harry la miraba sorprendido pero no podía decir nada.
Mientras tanto en el Gran Comedor se encontraban Ron, Hermione y Jade comiendo y charlando sobre los exámenes hechos y por hacer. Ron les contó lo que Harry había visto en el mapa aquella noche.
—No me hables de esta noche, casi mato a alguien —se serenó después de alterarse al recordar su discusión con Pansy. Hermione la miraba entre divertida y expectante por lo que iba a decir—. De nuevo Parkinson. Es insoportable.
Mientras Jade le relataba su bronca con Pansy y muchas otras cosas, llegó un niño de primero junto a Ron y le entregó un papel. Las chicas dejaron de hablar y esperaron a que Ron les pasara la nota y así entender la expresión del chico. Ron abría cada vez más los ojos conforme iba acabando de leer. Hermione se llevó una mano a la boca antes de pasársela a Jade. Antes de poder hacer algún comentario Harry había aparecido detrás de Ron, pero no se sentó.
—Os tengo que decir algo… —pero Jade lo detuvo mientras le entregaba la nota.
Harry la cogió, la abrió y leyó. Pudo ver que la tinta estaba corrida en algunas partes, por lo que supuso que Hagrid había derramado lágrimas mientras escribía. La nota decía:
Harry, Hermione, Ron, Jade:
Necesito que vengáis. Ha pasado algo. Esta mañana se ha celebrado el juicio contra Buckbeak. Parece que Lucius Malfoy le echa la culpa de lo sucedido a Draco y mis argumentos en su defensa no sirvieron ante los Malfoy. Lo han condenado a muerte...
Hagrid
Harry miró a sus amigos y tenía la misma expresión que ellos.
—Tenemos que ir a verlo. —Hermione rompió el silencio que se había creado entre ellos—. No puede ser que hayan decidido matar a Buckbeak.
—Hagrid debe de estar muy mal. —Jade pensó en el profesor que estaba muy orgulloso de su hipogrifo. Entonces recordó que estaba castigada y la caseta no estaría vacía, así que habría testigos. Suspiró profundamente—. Mierda, no puedo ir. Seguramente el director vaya y no puede verme por allí. Id vosotros y apoyad a Hagrid de mi parte. Ya me contaréis.
Los chicos asintieron y después de despedirse de la chica corrieron para salir del Gran Comedor. Atravesaron la entrada y los jardines, pero antes de poder visualizar la cabaña de Hagrid, se encontraron de frente con el menos indicado. Draco, Crabbe y Theo estaban de espaldas a ellos y miraban ladera abajo. Entonces Hermione aceleró el paso mientras que el ruido de sus pasos avisaba a los chicos. Hermione no se detuvo aunque estuviera a solo dos palmos de Draco, y sacó la varita apuntándolo.
—¡Tú! Maldito niñato estúpido. ¿Cómo te atreves? —Hermione no separaba los dientes. Harry y Ron la acompañaron y sacaron también sus varitas al ver que los otros dos pretendían hacerlo.
Draco estaba aparentemente atemorizado y al mirar a sus dos amigos Hermione bajó la varita. Pero entonces Malfoy soltó una carcajada y eso fue suficiente para que la chica se girara enfadada y le golpeara en toda la cara. Los Slytherin salieron corriendo, huyendo hacia el castillo.
—Que bien sienta esto. Ahora sé cómo se sintió Jade al golpear a Pansy. —Los chicos la miraron divertidos, pero no se demoraron mucho más.
Descendieron por el camino que llevaba a la cabaña de Hagrid y el hipogrifo se podía ver tumbado en el patio. Tocaron a la puerta en cuanto llegaron y esperaron a que Hagrid les contestara. El hombretón abrió la puerta y vieron sus ojos rojos e hinchados. Pasaron y cerró la puerta tras ellos. Ninguno se sentó y el silencio solo era interrumpido por un chirrido agudo y un poco molesto. Hagrid se dirigió hacia un cubo que reposaba encima de la mesa del café y sacó algo que se movía.
—Toma Ron, tu rata. La encontré merodeando por los jardines.
Ron se acercó corriendo a recoger a Scabbers que se retorcía en la mano de Hagrid.
—Creo que alguien se merece una disculpa. —Hermione se cruzó de brazos y alzó una ceja.
—Es cierto, en cuanto vea a Crookshanks me disculparé.
—Me refería a mí. —Hermione comenzó a enfadarse pero antes de que recibiera una respuesta Harry se quejaba por un golpe en la cabeza. Seguidamente algo golpeó un jarrón y lo rompió. Harry miró por la ventana y se apartó de ella.
—Ya vienen. —El ministro y Dumbledore bajaban por el camino conversando. Detrás de ellos iba un hombre que sostenía una guadaña.
—Debéis iros, no pueden veros aquí. Es mejor que no lo presenciéis. —Hagrid volvió a decaerse, pero guió a los chicos hacia la puerta trasera.
Deambulaba por los pasillos, no quería llegar a ningún lugar en especial. Pensaba en el pobre Hagrid y su monstruo, que no había querido acercarse a ella nunca. Pero Hagrid estaría sufriendo por él.
Pudo ver una melena pelirroja acercarse a ella. Ginny también estaba sola ese día y al ver a Jade se acordó de su última charla, ahora aclararían su amistad.
—Hola, Jade.
—Hola. —La morena no sabía cómo reaccionar.
—Quería hablarte sobre ese día…
—Ya, bueno. No hay mucho de que hablar. Te dije la verdad sobre Harry. —La pelirroja se tranquilizó un poco—. Así que olvidemos los malos rollos e intentemos llevarnos bien. —Ginny sonrió y la morena hizo un intento de sonreír. Su lado rebelde aún renegaba de ella.
Se despidieron con un seco adiós y cada una caminó en un sentido diferente. Jade siguió caminando pero esta vez se podían escuchar algunas voces. La puerta de la enfermería estaba abierta y había varias personas dentro. Sonrió al ver quienes eran y se apoyó en el marco de la puerta, observando.
—¡Estate quieto! Así no hay quien trabaje. —La señora Pomfrey negaba con la cabeza.
—Si le duele ¿qué quiere que haga? Tranquilo Draquito, estoy aquí. —Jade se llevó una mano a la boca para no dejar escapar una carcajada. Parecía que le doliera más a Pansy que a Draco. Él le echaba miradas de repulsión pero ella no se daba cuenta.
—Tampoco es para tanto, no es que te hubiera pegado un tío fuerte. Draco, fue solo Granger. —Theo metía cizaña mientras sonreía y recibió una mirada fulminante del rubio.
—¡Señor Malfoy! Si quiere que le cure, sus amigos tendrán que salir de aquí. —Pomfrey bajó las manos esperando que los Slytherin salieran de la sala.
Pansy se despidió de él con una sonrisa y se dirigió a la puerta. Theo solo se rió de Draco y con las manos en los bolsillos siguió a Pansy. Ésta pasó al lado de Jade mirándola con asco y después giró la cara. Theo dejó de sonreír, la miró de arriba abajo y continuó andando. Draco se había girado para mirar como sus amigos se marchaban y se encontró con la mirada de la morena. Ella sonreía, como siempre, burlándose de él. Sus miradas desprendían verdadero odio, pero era como un juego, haber quien ganaba a odiarse más. La señora Pomfrey le giró la cara a Draco para seguir curándolo y Jade, después de soltar una risita para enfadar más al rubio, siguió su camino. Ya le preguntaría a Hermione que tal fue esa sensación de golpear a Malfoy.
Harry y Hermione habían seguido el rastro de Ron cuando desapareció delante de ellos, y allí estaban ahora, subiendo las escaleras de la casa de los gritos. La chica se aferraba al brazo de Harry mientras él los guiaba. En el suelo había un rastro de color negro y otro de sangre, a esto Hermione se puso más nerviosa. Entonces escucharon un gemido de dolor y sintieron como una descarga eléctrica por el cuerpo al reconocer la voz de Ron. Subieron apresuradamente los escalones hasta llegar a una habitación entreabierta donde vieron a su amigo.
—¡Ron! —Hermione se había lanzado hacia el chico pero este no se relajó al verlos, solo abrió más los ojos señalando hacia un rincón de la habitación.
—¡Es una trampa! ¡Es él, es un animago!
Entonces pudieron distinguir un cuerpo en la oscuridad y enseguida supieron quien era.
Harry corrió para ponerse delante de sus amigos y plantarle cara a ese asesino. Sirius Black los miraba sonriente. Pero Hermione no estaba de acuerdo con Harry en defenderlos a los dos y se puso delante de éste.
—Para matarle a él deberás matarnos a nosotros también. —La chica temblaba levemente, pero había tomado esa decisión y Harry no podía hacer nada, Hermione lo sujetaba fuertemente detrás de ella.
—Hoy solo va a morir uno —dijo con una sonrisa malévola.
—¡Y serás tú! —Harry había logrado librarse de la castaña y se había lanzado sobre Sirius.
Cayeron al suelo y rodaron por allí, hasta que Harry cogió el control y sacó su varita para apuntarlo.
—¡Expeliarmo! —El profesor Lupin había entrado a la habitación y lanzó el hechizo a la varita de Harry.
Todos se quedaron parados y Harry se levantó de encima de Sirius para dejar que Lupin se enfrentara a él. Remus apuntó con la varita la cara de Sirius pero después, para sorpresa de los tres chicos, el profesor le entregó una mano para ayudarlo a levantarse y se abrazaron. Hermione se llevó una mano a la boca y comenzó a gritarle cosas.
—Escucha Hermione, hay una explicación…
—Estoy aquí para…
—Para matarme. Tú traicionaste a mis padres y ahora quieres acabar lo que empezaste.
—No Harry, él no fue, fue Peter Petigrew. —Lupin avanzó para ponerse delante de Sirius.
—Peter está muerto.
—Eso pensé yo Harry, antes de escucharte decir que lo viste en el mapa.
—Entonces el mapa mintió.
—¡El mapa nunca miente! Él está en este cuarto, justo ahí —dijo Sirius señalando hacia Ron.
—¡Yo! ¡Está loco!
—¡No, tú no! ¡Tú rata! —Scabbers chillaba y se retorcía en las manos del pelirrojo.
—Lleva viviendo en mi familia durante…
—¡¿Doce años?! Larga vida para una vulgar rata. ¿A que le falta un dedo?
—Petigrew lo único que dejó fue… —Harry fue interrumpido por Sirius.
—¡Un dedo! ¡El muy cobarde se lo cortó para que pensaran que estaba muerto!
Sirius cada vez se ponía más histérico y salían algunas chispas de su varita que Lupin había recogido del suelo. Ya no podría esperar más tiempo.
—¡Expeliarmo! —Snape había entrado por la puerta.
Jade había decidido subir a la torre de Astronomía para contemplar los terrenos que no podía pisar. El día se oscurecía y el sol decía adiós con sus últimos rayos. Corría una suave brisa de primavera que le erizaba el bello y hacía ondular su pelo. ¿Qué estarán haciendo? Sentía una curiosidad enorme y sus amigos no volvían. Miró hacia el bosque pero como siempre no se movía. Cambió el lugar de observación y bajó la vista hasta el patio de la entrada. Alguien caminaba con prisa cruzándolo y se veía como la capa ondulaba. Era su padre y se dirigía hacia el sauce boxeador. No lo pensó dos veces y corrió todo lo que pudo para alcanzarlo.
Estaba extenuada pero no se detuvo al ver un agujero en el tronco del sauce, por donde había pasado su padre. Entró y se encontró con un túnel de tierra que ascendía un poco a cada paso. Escuchó la voz de Snape y frunció el ceño, parecía muy enfadado. Llegó a una trampilla entreabierta y la abrió del todo para poder entrar a la habitación donde daba. Pisó un suelo de madera y enseguida se percató del rastro que las manchaba. Se estremeció al saber que era. Subió unas escaleras mirando a su alrededor, entonces escuchó un estallido seguido de un derrumbamiento. Subió los peldaños de dos en dos y se detuvo en seco en la puerta. Ante ella se encontraba Harry con la varita en alto, acababa de lanzarle un hechizo a su padre. El chico giró la cabeza para mirarla y de inmediato bajó la varita.
—Jade…
—Harry ¿Qué has hecho? —Lo miraba con cara desencajada.
—¡Has agredido a un profesor! —Hermione se veía asustada.
—¡Que más da! Se lo tenía bien merecido. —Jade se fijó ahora en él. Sirius Black apuntaba a Ron—. Remus, debemos acabar con él, ¡ya!
—¡Alto! —Jade había entrado a la habitación y apuntaba con su varita a Sirius.
—Jade, espera. Sirius, debemos explicarles por qué. —Black suspiró harto ya de tanta espera.
—¡Está bien! Peter mató a doce personas y me inculparon a mí. El muy cobarde se cortó un dedo para que pensaran que había muerto y también me culparon de su supuesta muerte. Ahora Remus, he estado esperando doce años encerrado y no pienso esperar ni un minuto más. —Levantó de nuevo la varita—. Ron, dame la rata.
—Dásela Ron —dijo Hermione cuando vio que el chico dudaba. Jade miraba confusa como Sirius cogía a Scabbers y la sostenía en el aire.
—Ahora Peter, déjate convertir. —Sirius dudaba que lo hiciera.
Mientras Lupin y él apuntaban a la rata, la dejó en el suelo y a la vez le lanzaron un hechizo, pero Peter lo esquivó. Tras varios intentos por fin consiguieron transformarlo antes de que se escapara. Y en efecto, era una persona. Peter era muy bajito, calvo y desaliñado. Jade no se lo podía creer, Sirius había dicho la verdad y era inocente. Ante la evidencia decidieron llevarlo a la torre para que recibiera el beso del dementor.
Harry y Sirius llevaban a Ron que cojeaba, iban charlando y riendo. Jade los observaba desde detrás sin comprender que ya se llevaran bien, no le parecía muy simpático. Ella arrastraba a su padre ayudada de Hermione. El profesor llevaba maniatado a Petigrew, y no decía nada, miraba al suelo. Harry y Sirius sacaron a Ron y lo depositaron en el suelo. Lupin sacó a Snape y lo dejó tumbado al lado del sauce cuando Sirius se hubo asegurado a Peter. Jade fue junto a Hermione que intentaba detener la sangre de la herida de Ron. Harry se alejó un poco con Sirius, hablaban.
—Es mejor que llevéis a Ron y a Quejicus a la enfermería —dijo Sirius cuando se plantó frente de ellos.
Jade lo miró con los labios fruncidos, conteniendo las ganas de decirle cuatro cosas. Pero Lupin empezó a retorcerse sobre sí mismo tras haber levantado la vista
—¡Remus! ¿No te has tomado la poción? —Sirius lo agarró por los hombros e intentó calmarlo, pero era inútil—. ¡Recuerda quien eres! ¡Somos tus amigos! —pero sabía que no serviría de nada, ya no podía evitarse: la luna llena estaba en lo alto del cielo.
Las extremidades del profesor se alargaban y se volvían más blancas, el pelo de la cabeza se le cayó, su cuerpo se hacía más grande y fuerte. Los chicos se asustaron mucho y temieron por Sirius. Pero éste enseguida se hizo más menudo y se convirtió en un perro negro y empezó a morderle las piernas al hombre lobo. Ahora Lupin respondió y con sus largas y fuertes uñas arañó al animal y lo lanzó contra una roca.
Su atención se desvió hacia los cuatro chicos que soltaron un pequeño grito cuando vieron que la bestia se acercaba. Peter aprovechó para utilizar una varita y volver a ser una rata y así huir. Harry quiso detenerlo pero Hermione lo detuvo, estaban en peligro. En ese momento Snape volvió en sí y en cuanto se dio cuenta de lo que pasaba corrió a ponerse entre el hombre lobo y los chicos. La bestia ni se inmutó, directamente lanzó sus zarpas contra él para atacarlo haciendo que cayera a un lado con la ropa rasgada y con las gotas de sangre mojándola.
Jade al ver a su padre tendido en el suelo, inmóvil y sangrando sintió un nudo en el estómago que tiraba hacia fuera, queriendo enfrentarse al lobo. Respiraba agitadamente y cada vez se sentía más fuera de sí. Y justo en ese momento, pasó. El nudo terminó de subir y cuando salió se llevó con él el cuerpo de Jade hacia el cielo, hecha un ovillo. Su cuerpo cambiaba y se estiraba, su piel se volvía dura y de la espalda notó como si dos agujas la perforaran desde dentro. Entonces se estiró y sorprendentemente no cayó al suelo, unas alas que salían de su espalda la mantenían en el aire. Pero no pudo entretenerse mucho con lo que sentía ahora ni en lo que se había convertido, pues el lobo había vuelto a lanzarse contra Harry, Ron y Hermione.
El monstruo voló hacia Lupin y se lanzó contra él arrastrándolo hasta un árbol. Hermione pegó un grito cuando vio pasar al monstruo tan cerca de ellos, porque ya no era su amiga. Harry no se creía lo que veía y Ron tenía los pelos de punta. En ese instante apareció de nuevo el perro y se lanzó contra el lobo para que no se levantara, pero no tenía suficiente fuerza y acabó de nuevo estampado contra una roca.
Harry corrió en su busca ya que esta vez había llegado más lejos. El monstruo alado arañó el pecho del lobo, pero solo hizo que enfurecerlo más y como respuesta recibió un zarpazo mucho más efectivo y cayó al suelo. No tardó mucho en volver a levantarse e intentar alejarse del lobo para ayudar a Harry. Se tocó el cuello rasgado y sangrante y echó a volar, pero entonces unas garras le atravesaron la piel del muslo derecho y tiraron hacia abajo. No se dejó vencer tan fácilmente y con toda la fuerza que pudo agitó sus alas para desprenderse de las manos del lobo. Pero como antes, no fue suficiente y se complicó más, porque la bestia se enfureció mucho más aún y con rabia lanzó al monstruo alado contra una roca. Allí se desmayó con la cabeza sangrante y dejó de ser un monstruo para volver a ser la chica de siempre. El lobo dejó como ganada esa pelea y corrió en busca del perro negro.
—Vi a mi padre, él ahuyentó a los dementores.
—Pero eso es imposible. Tu padre está muerto.
—Lo sé, pero lo vi.
Ron despertó después de haber descansado unas horas en la enfermería y vio a sus amigos allí. Hermione se sentaba en una silla en medio de dos camas: la de Ron y la de Jade. La morena seguía sin despertar y seguía blanca como la cera. Hermione cogía la mano de la chica mientras hablaba con Harry que se sentaba en la cama de su amigo.
—Me sentí muy rara cuando la hirieron, no sabía como actuar porque, vale, es mi amiga, pero en ese momento… no era ella. —Hermione agachó la cabeza avergonzada por haber sentido eso, al fin y al cabo era su mejor amiga.
—Te entiendo, era todo muy confuso.
—Sí, yo lo del profesor ya lo sabía así que me lo esperaba pero Jade… aún no me lo creo.
—Ni yo. —Harry y Hermione se giraron para ver a Ron que se había incorporado a la conversación.
—¿Estás mejor? —Ron miró su pierna vendada y luego miró a la castaña.
—Más o menos. Al menos ahora faltaré a clases durante un tiempo. —La chica rodó los ojos y rieron. Las risas hicieron que Jade se moviera y Hermione se puso en pie junto a ella. Harry también se acercó por el otro lado y Ron se levantó un poco sobre su cama.
—¿Jade? —La castaña le acarició el brazo suavemente. Harry se inclinó un poco más sobre la chica, impaciente. Entonces comenzó a mover los párpados.
—Mmm… —suspiró mientras que arrugaba la frente—. ¿Herms?
—Sí, soy yo. —La chica estaba emocionada, los ojos se le humedecían.
—¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy? ¿Y Lupin y Harry, y Ron? ¿Y mi padre? —los chicos rieron por sus muchas preguntas.
—Tranquila —sonrió Hermione—, están bien. Estás en la enfermería. —Jade hizo ademán de sentarse pero soltó un gemido de dolor y dejó de moverse—. Sigues herida, es mejor que te quedes quieta.
—Gracias por el consejo Herms —dijo irónicamente y la castaña sonrió.
Se hizo el silencio, roto por las respiraciones forzosas de Jade. La chica comenzó a darle vueltas a lo sucedido, algo que antes no pudo hacer por el peligro. Se decidió a hablar del tema, antes de que comenzara a dolerle la cabeza.
—Eh… ¿Cómo me visteis? —El silencio se volvió incómodo.
—Pues la verdad, me recordó a algo. Creo que ya lo había visto antes. —Jade buscó a Ron con la mirada y Hermione se giró para mirarlo también—. Sí, creo que en un partido de Quidditch.
—¿En un partido de Quidditch?
—Sí, pero no recuerdo… —El pelirrojo estrechó los ojos, intentando recordar—. ¡Ah! ¡Ya me acuerdo! Oh… —Ron se mordió el labio y se puso colorado.
—¡Pero dilo! —Jade había vuelto a moverse y cogió aire de golpe.
—Es que, no es algo que te vaya a gustar. —Se asustó por las miradas apremiantes de sus espectadores—. Vale, lo digo. Eran… las mascotas de un equipo. Eran veelas.
—¿Eran qué? —Harry frunció las cejas. Nunca había escuchado aquel nombre.
—Son unas mujeres bellísimas pero cuando se enfadan se transforman en criaturas atemorizantes.
Se quedaron callados. Jade pensaba en lo que había dicho Ron. Sabía lo que eran las veelas, pero nunca había visto ninguna. O eso creía.
—¡Esperad! ¿No será? Ron, ¿esas veelas no se parecerán al boggart de Jade, verdad? —Ron reflexionó en lo que su amigo le había dicho y cuando le apareció la imagen del boggart en la cabeza se le abrieron los ojos.
—¡Sí! Eran así.
—¡El boggart era como Jade! Entonces, eres una veela… —La castaña miró a Jade pero esta no miraba ningún punto directamente, estaba asimilándolo. Tenía que asegurarse, se lo preguntaría a su padre.
—¿Qué ha pasado con Black? —Los tres se dieron cuenta de que ya faltaba poco para que le dieran el beso. Harry comenzó a ponerse más nervioso.
—Hay que encontrar la manera. No podemos dejar que los dementores lo encuentren.
La puerta se había abierto y apareció el director con su larga barba y las gafas de media luna posadas sobre la nariz torcida. Anduvo hasta la cama de Ron y observó a los chicos.
—¿Qué tal está joven Weasley? ¿Y usted señorita Prince? Espero que se hayan recuperado bien. —De repente miró a Harry.
—Profesor, han cometido un error. Sirius no es culpable, Peter Petigrew…
—A mí no debe convencerme. —Se acercó a él y lo miró fijamente a los ojos—. Aún están a tiempo de salvarlo. —Ahora desvió la mirada hacia Hermione—. Conoce las normas señorita Granger. Si lo hacen bien podrán salvar más de una vida inocente. No deben ser vistos. —Se giró para marcharse y dirigirse hacia la puerta, pero antes añadió: —Con tres giros bastará.
Dicho esto salió cerrando la puerta. De inmediato Hermione rebuscó en su camisa mientras los otros la miraban confusos.
—¿Qué quería decir? —Hermione suspiró al encontrar lo que buscaba y después miró a sus amigos.
—Vosotros no podéis venir.
—Pero Herms…
—Esto es un giratiempos y con esto retrocederemos al pasado para salvar a Sirius. No nos pueden ver. —Le pasó la cadena del giratiempos por el cuello a Harry y le dio tres vueltas. Desaparecieron.
—¿Qué? ¿Dónde están? —De pronto la puerta se volvió a abrir y aparecieron Harry y Hermione—. ¿Qué? Estabais aquí y ahora estáis ahí —Ron se derrumbó en la cama suspirando.
—Ya está todo hecho. Sirius vive y Buckbeak también. —Hermione sonreía.
—Pero ¿Cómo lo habéis hecho?
—Es una historia muy larga, ya os la contaremos.
Ron se había recuperado pronto pues no estaba tan grave, y junto a él, Harry y Hermione iban a visitar a Jade que tardaría un poco más en estar totalmente curada.
—El profesor Lupin me ha devuelto el mapa del merodeador.
—Que bien. —Jade tenía un plato de comida entre las piernas y se inclinó para dejarlo en la mesa. Miró a Harry y su expresión había cambiado—. ¿Qué ocurre?
—Eh, es que me ha dicho que se marcha del colegio.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Parece que todos se han enterado de lo que ocurrió y se va antes de que lo echen. —Harry lo decía con tristeza, al igual que Jade, tampoco quería que se marchara.
—Entonces… también saben lo mío. —Harry asintió. Las puertas de la enfermería se abrieron dejando entrar al profesor Lupin que se acercó a los chicos.
—Buenos días. ¿Podrían dejarme a solas con la señorita Prince?
Los tres se despidieron de la chica y salieron de la enfermería. Jade miró a su profesor que se le veía preocupado. Ella notó que él miraba su cuello, donde se podía ver con claridad un gran arañazo que lo cruzaba.
—Profesor no fue culpa suya…
—Lamento lo que te hice.
—Ya lo sé. No hace falta que digas nada. En verdad fui yo la que se lo buscó —dijo Jade para quitarle importancia.
Lupin sonrió y ella se la devolvió.
El profesor Snape se dirigía a la enfermería para ver a Jade. Antes de entrar se topó con Lupin y se miraron unos segundos, pero no se dijeron nada. Snape se acercó a la cama de la morena y miró sus heridas.
—¿Cómo estás?
—Bueno… puede que tarde unas semanas más en recuperarme. —Él la miró seriamente frunciendo el ceño—. Vale, seguramente mañana me dejen salir de aquí. —Ella no dejó pasar la oportunidad para salir de dudas—. Eh, ¿puedo preguntarte algo?
—Eso ya es una pregunta. —Ella sonrió levemente y tragó.
—¿Qué soy? —Miró a los ojos a su padre esperando nerviosa la respuesta.
—Tú madre era veela. Tú eres semiveela.
—¿Y cuando pensabas decírmelo? En cualquier momento podría haberme convertido y dañar a alguien o…
—No pensé que te pudieses transformar.
—Espero que no me estés guardando más secretos —dijo Jade seriamente mientras le clavaba la mirada.
Silencio.
