Jade ya había salido de la enfermería tras haberse recuperado parcialmente de las heridas. Caminaba con cierta dificultad, ya que la herida que tenía en la pierna la hacía cojear. Su muslo estaba marcado con cuatro garras que le recorrían la pierna.

Faltaban pocos días para que terminara el curso y se dirigía al Gran Comedor antes de irse a dormir. Se sentó rápidamente al lado de Hermione, sentía muchas miradas puestas en ella. A esas alturas todo el castillo sabía lo de su "pequeña" transformación, y a cada paso que daba escuchaba murmullos de algunos alumnos.

Levantó la mirada de su plato y miró la lechuza que se acercaba volando hacia ellos con un paquete. Se posó delante de Harry que la miró desconcertado ya que él no estaba acostumbrado a recibir correo. Lo abrió mientras sus amigos se inclinaban para ver que era. Harry no podía creerlo, ante él tenía, nada más y nada menos, que la Saeta de Fuego, la escoba más rápida del momento. Todos empezaron a soltar gritos de emoción y Harry no esperó para salir a probarla, querían ver como Harry volaba sobre esa magnífica escoba. Hermione y Jade miraban al cielo mientras que la castaña sujetaba una pluma con su mano.

—Hermione, ¿qué es esa pluma? —preguntó la morena mirando la mano de su amiga.

—Venía con el paquete. Creo que está claro quien la envía —dijo la castaña con una sonrisa.

—Sí, esa pluma debe de ser de Buckbeak. —Jade recordó al animal que había ayudado a salvar a Sirius—. Ahora que lo pienso, puede que la causa por la que Buckbeak no me dejara montar era porque me veía como el monstruo que soy.

—Tú no eres un monstruo —dijo Hermione mirándola—, pero puede que te viese como una amenaza. —Las chicas se quedaron en silencio pensando en esa posibilidad—. Por cierto, ¿hablaste con Snape sobre esto?

—Sí. No te vas a creer lo que me dijo. —Jade miró a Hermione para ver su reacción—. Parece que mi madre era veela, por lo que yo soy semiveela. —Su amiga tenía los ojos muy abiertos y Jade sonrió.

—Tu madre… pero, ¿Snape nunca te había dicho nada?

—Parece que se le pasó por alto —dijo la morena en tono burlón.

—Una semiveela, quiere decir que eres veela y a la vez bruja. —Jade asintió.

Después de que Harry probase su nueva escoba (y que medio colegio también) se marcharon cada uno a sus habitaciones.

Jade se dirigía a la sala común de Slytherin, pero antes de llegar pudo ver a un par de prefectos que empezaban a hacer guardia. Se quedó parada mirándolo, hacía tanto que no había vuelto a hablar con él, ni ver su sonrisa, ni esos ojos grises… Ahora entiendo muchas cosas, él solo se acercaba a mí porque mi parte de veela lo atraía. Genial, ahora voy a pensar que todo chico que se me acerque es por el monstruo y no por mí. Jade desvió la mirada y agachó la cabeza tras recapacitar.

Se fue por el pasillo que tenía más cerca para no tener que cruzarse con él. Llegó al retrato y dijo la contraseña con desgana. Ese pensamiento había creado un sentimiento de tristeza en ella, pero fue peor al ver al chico rubio que estaba sentado en el sofá. ¿Cómo he podido ser tan tonta de pensar que le gustaba a Draco? ¿Acaso no era extraño que Malfoy fuera tan impulsivo conmigo? Maldita veela, ¿por qué no podía tener una madre normal? Draco se giró y vio como lo miraba, pero ella cruzó rápidamente la sala y se fue a su habitación.

Draco y Pansy estaban sentados en el sofá cuando vieron pasar a Jade. El rubio se había girado al sentir que lo estaban mirando y pudo ver la cara de tristeza de la chica. Pansy aprovechó para sacar el tema que tanto le intrigaba.

—Draco. —Él se giró para mirarla—. ¿Crees que será cierto que Prince es una veela?

—Parece que sí. Snape se lo dijo a mi padre después de decirle que el profesor Lupin era un hombre lobo.

—Así que por eso llamaba la atención, los chicos solo se sienten atraídos por ella por ser veela. —Pansy miró al chico para poder ver si había entendido la intención de su afirmación. Pero él solo levantó los hombros y se fue a su habitación sin decirle nada.

Draco pensó en lo que Pansy había dicho y recordó lo que había sentido en segundo año cuando no pudo evitar besarla. En verdad siempre se había preguntado por qué era tan impulsivo cuando estaba con ella, y ahora tenía la respuesta.

—Severus por favor —Jade estaba cansada de rogarle— déjame ir.

—No, ya te dejé el año pasado —dijo seriamente sin mirarla.

—Pero este verano no me voy con Hermione, me voy con los Weasley.

—¿Estás segura de que te han invitado? —preguntó recapacitando sobre dejar que Jade se fuera otro verano lejos de casa—. ¿No te parece que ya son bastantes como para que vayas tú?

—Con más razón, ni siquiera sabrán que estoy, pasaré desapercibida. —La chica sonrió y lo miró suplicante—. Por favor, la señora Weasley dice que le hace mucha ilusión que vaya y Ron y los gemelos fueron los que me dijeron de ir.

—Bueno, está bien. Pero compórtate y haz caso de…

—No soy una niña pequeña. —Al ver la cara de su padre rectificó—. Me portaré bien. —Y salió del despacho antes de que cambiara de opinión.

Fue en busca de sus amigos para contarles la noticia. Todo el colegio estaba revolucionado porque solo faltaba un día para las vacaciones de verano y todo eran risas y nervios. Jade cruzó el castillo hasta llegar a los jardines. Snape le levantó el castigo por ser el último día y pudo reunirse con ellos. Harry, Ron y Hermione estaban sentados cerca de un árbol, llegó y se sentó junto a Ron.

—¡Ron! —El chico se sobresaltó ya que estaba de espaldas a ella—. Mi padre me ha dado permiso para ir este verano a tú casa.

—¿En serio? Eso es genial.

—¿Qué es genial? —Los gemelos se habían acercado a ellos.

—Que me voy estas vacaciones con vosotros. —Ambos sonrieron ante la noticia.

—Vaya, nunca había tenido una mascota tan guapa. —Fred empezó a reír junto con su hermano, pero Jade le echó una mirada asesina.

—Cuidado Fred, que se convierte y no podemos con ella. —Ella se levantó y empezó a perseguir a los gemelos que corrían alrededor del árbol.

—¡No soy ninguna mascota! Cuando os pille lo lamentaréis. —Los tres amigos no paraban de reír mientras Jade intentaba alcanzarlos.

Los gemelos se fueron corriendo hacia el castillo y la chica los siguió, pero cuando iba a cruzar las puertas no vio que alguien salía y al chocar, cayó al suelo.

Cuando miró hacia arriba, se encontró con un par de ojos grises y una mano que pretendía ayudarla.

—Si te quedas ahí te aplastarán. —Ella solo lo miraba y asentía sin más—. Bueno, me están esperando. Adiós.

Cedric se alejó sin ni siquiera esperar una respuesta de ella. ¿En qué momento dejó de sonreírme? Ha sido un año muy largo. Demasiadas cosas han pasado.

El Expreso de Hogwarts había llegado a la estación y los alumnos empezaban a bajar del tren. Harry y Hermione se despidieron de Ron y Jade prometiendo escribirse durante el verano. Molly y Arthur Weasley esperaban a sus hijos y a Jade para marcharse a la Madriguera.

Llegaron con Aparición Conjunta y la chica pudo ver la casa que tenía delante. Era bastante grande y estaba rodeada de un gran jardín. Al entrar al salón, pudo notar el ambiente acogedor que emanaba aquella casa. Puede que a muchos les hubiera parecido sucia y caótica pero a ella le parecía un lugar muy agradable.

La Señora Weasley le enseñó su habitación, que compartiría con Ginny. No se había parado a pensar que la pelirroja también vivía allí, por suerte se podían soportar.

Tras acomodar sus cosas, Molly los llamó para que bajaran a cenar. Los gemelos y Ginny bajaban primero y Ron y Jade pudieron ver como se abalanzaban sobre alguien que acababa de llegar a la Madriguera. La morena vio como Ron sonreía y abrazaba a otro pelirrojo junto a sus hermanos.

—Vaya, si que habéis crecido. —Miraba a sus hermanos uno por uno revolviéndoles el pelo. Pero se fijó en una chica morena que estaba plantada al pie de las escaleras—. Hola, ¿quién eres tú? —dijo alegremente mientras Ron iba hacia ella para acercarla hacia ellos.

—Soy Jade Eileen Prince, encantada —se presentó mientras alargaba la mano hacia él—. Pero puedes llamarme Jade.

—Yo soy William Arthur Weasley, pero puedes llamarme Bill —dijo devolviéndole el gesto. En ese momento entraron los señores Weasley y tras saludar a su hijo se dirigieron a la mesa.

Jade se sentó junto a Ron y Fred que empezaron a comer como locos. La chica sonreía al verlos.

—Jade querida, estás comiendo muy poco. —Molly se preocupaba sin razón porque cualquier persona comía poco comparado con sus hijos—. ¡Ah! Charlie mandó una lechuza diciendo que vendría dentro de dos semanas, parece que tiene trabajo por aquí.

La semana había pasado muy rápidamente, no habían echo ninguna excursión todavía pero había una programada para dentro de poco. Irían a la montaña si hacía buen tiempo.

Jade ayudaba a Molly junto a Ginny a limpiar la cocina, aunque con la ayuda de la magia prácticamente no tenían mucho que hacer. Ya habían terminado y los gemelos propusieron jugar un partido de quidditch.

Los equipos estaban formados, por una parte Fred, Ron y Jade y por otro lado George, Ginny y Bill que se apuntó también. Percy nunca se apuntaba a los juegos, siempre estaba leyendo o estudiando.

Jade pudo comprobar que Ginny no jugaba nada mal, aunque le costara reconocerlo, la pelirroja era mejor que ella. Terminó ganando el equipo de Fred ya que logró coger la snitch antes que su hermano George.

Después de ducharse, empezaba a oscurecer, y a Ron y a los gemelos se les ocurrió acampar en el bosque. Antes de que oscureciera del todo, los tres hermanos, Ginny y Jade se fueron a buscar el lugar ideal para plantar la tienda de campaña. Encontraron una llanura cerca de un riachuelo y los chicos empezaron a montarla. Mientras, Jade y Ginny buscaban leña para encender un fuego.

—¿Sabes que juegas muy bien al quidditch? —dijo la morena con una sonrisa.

—¿Tú crees? La verdad es que me gustaría mucho entrar en el equipo de Gryffindor.

—Prueba este año.

Continuaron hablando y recogiendo troncos hasta que salieron las estrellas, entonces volvieron a la tienda. Ya estaba totalmente montada y los chicos encendieron rápidamente un fuego con la leña que habían traído las chicas.

Se sentaron alrededor del fuego y sacaron la cena que les había preparado la señora Weasley. Tras estar hablando y riendo un buen rato, decidieron entrar dentro para resguardarse de la brisa fresca que empezaba a soplar.

La pequeña tienda que parecía desde fuera, nada tenía que ver con el espacio que había dentro. En el centro había un pequeño salón y alrededor se encontraban las habitaciones. Los chicos se acomodaron en los sillones y continuaron con la charla y las bromas hasta que el sueño los venció. Jade y Ginny volvían a compartir cama, solo que esta vez era una litera y Jade prefirió la cama de abajo.

La morena se despertó tras una pequeña pesadilla y se levantó para beber agua. Pero comprobó que la cantimplora estaba vacía, así que cogió su varita y sin querer despertar a nadie salió fuera para ir al riachuelo y llenarla. No serían más de la una de la madrugada y todo estaba en penumbras. Levantó la varita y la encendió con un simple lumus. Caminó hasta llegar al pequeño río y se arrodilló para empezar a llenarla.

Por fin pudo beber y de paso mirar el cielo que esa noche estaba lleno de estrellas. De repente notó como algo caía de un árbol que tenía cerca y sin pensarlo levantó la varita apuntando hacia allí. La luz de su varita se reflejaba en unos ojos envueltos en una oscuridad que se cernía sobre ellos. No podía ver bien quien era y eso la hizo estremecerse. Pensó que podría ser un muggle así que empezó a bajar la varita, sería un desastre si la veían.

—Disculpe si le he asustado… —Jade empezó a hablar pero fue interrumpida.

—¿Jade?

—¿Quién eres? —Vio como se acercaba hasta ella y por fin pudo ver el rostro del chico.

—¿Qué haces tú aquí? —dijeron al unísono.

—Vivo aquí cerca. —Cedric la miraba desconcertado, era a la última persona que esperaba encontrarse.

—¿En serio? Pues yo he venido a pasar este verano con los Weasley. —La morena todavía no salía de su asombro—. Viven cerca de aquí.

—Lo sé —dijo con una sonrisa. Me ha sonreído, de nuevo. Ya lo echaba de menos—. Pero, ¿qué haces por aquí tú sola?

—Hemos acampado aquí al lado y me he acercado al riachuelo a por agua. ¿Y tú? No son horas de dar un paseo, solo.

—Bueno, me gusta ver el cielo, sobre todo hoy que está repleto de estrellas. —Le volvió a sonreír. Cedric dudó por un momento pero se decidió a preguntárselo—. ¿Te gustaría observarlas conmigo?

—¡Claro! —contestó la chica de inmediato—. Es decir, me encantaría —rectificó mientras un leve rubor asomaba por sus mejillas, a lo que él sonrió.

La ayudó a subir al mismo árbol por el que había bajado y se acomodaron en él. Como él ya era mayor de edad y podía hacer magia, había hecho aparecer anteriormente una especie de tarima donde poder tumbarse y, además, había apartado las ramas de la copa, mediante magia, para observar el cielo en su totalidad. La tarima no era muy ancha así que se tumbaron lo más pegado posible el uno al otro. Jade no podía creer que estuviera tan cerca de él, hacía tanto tiempo que ni siquiera habían hablado… Espera, olvidaba que él sólo se interesa por mí por la parte de veela que tengo. Su cara se volvió seria, algo que no pasó desapercibido para Cedric.

—¿Ocurre algo? —Ella se giró para mirarlo, lo que hizo que sus rostros estuvieran a escasos centímetros.

—Yo… estaba pensando en mi condición. ¿No te importa que sea un monstruo? —Él recordó el rumor que había corrido ese año sobre ella.

—No creo que seas un monstruo. Sigo viendo a la misma chica que tropezó conmigo el año pasado. —Tras dedicarle otra de sus sonrisas que hacían estremecer a la morena, acercó su mano a la cara de ella para retirarle un mechón de pelo que había caído sobre su rostro. El corazón de la joven se aceleró al contacto del chico y no pudo evitar mirarlo fijamente a los ojos—. ¿Puedo preguntarte algo?

—Claro.

—Mmm —Cedric desvió la mirada hacia el cielo—. ¿Tú novio que piensa respecto a ello? —Jade alzó las cejas sorprendida por la pregunta a lo que él volvió a mirarla.

—¿Mi novio? ¿Qué novio? —Pero en seguida supo de quién hablaba—. ¿En serio crees que saldría con Malfoy? Es un niñato mal criado, egocéntrico…

—Vale, vale. —Rió por lo que ella decía—. Sólo era una pregunta. —Cedric no pudo evitar alegrarse ante la respuesta.

—Hablando del tema, ¿qué me dices de esa chica con la que fuiste a Hogsmeade?

—¿Cuál de todas? —Él empezó a reírse de nuevo ante la mirada asustada de Jade—. No, en serio, sólo fui con Erika porque me pidió que la acompañara, no es porque estuviera saliendo con ella.

—Menos mal —suspiró la chica—. Es decir… —Venga Jade invéntate algo, ya van dos veces que no piensas antes de hablar.

Escuchó como Cedric contenía una risa, lo que provocó que enrojeciera y girara la cara hacia el lado contrario al chico. Las risas cesaron y Jade volvió la cabeza para ver que hacía ahora y se encontró con unos brillantes ojos grises a pocos centímetros de los suyos. Notó como el ambiente cambiaba entre ellos, el cambio en la postura de Cedric, él se encontraba más cerca de ella, todavía más. Sólo se escuchaban las agitadas respiraciones de ellos dos y la brisa soplar a través de los árboles. Cedric se aventuró a aproximarse más para acortar la poca distancia que los separaba. Entonces…

—¡Jade! —La chica se sobresaltó y se incorporó de golpe. Su corazón martilleaba en su pecho, descontrolado—. ¡Jade! —A lo lejos se escuchaban los gritos de sus amigos.

—Se han despertado. —Cedric también se incorporó junto a ella—. Debo irme. —Empezó a descender por el árbol.

—Espera. —El chico bajó tras ella y la detuvo sosteniéndole por la mano, lo que provocó un cosquilleo en ambos—. ¿No te vas a despedir de mí? —A Jade la pilló desprevenida y tras girarse para mirarlo, él ya se había adelantado para depositarle un beso en la comisura de los labios. Jade contuvo la respiración durante ese segundo—. Espero que nos volvamos a ver por aquí. —Y tras una sonrisa se marchó.

Jade recuperó la compostura y fue a reunirse con sus amigos que no dejaban de llamarla.

Los días pasaban sin darse cuenta, Jade no les había contado que había estado con Cedric y ella no podía dejar de pensar en su despedida.

Estaban sentados en el sofá del salón cuando la morena bajaba por las escaleras, y al ir a sentarse junto a George este no la dejaba al cambiarse de sitio cada vez que ella intentaba hacerlo. Justo entonces tocaban a la puerta y Molly salió de la cocina hacia la puerta.

—¡George, estate quieto! —dijo la mujer mientras se secaba las manos con premura para abrir la puerta. Jade miró al pelirrojo y le sacó la lengua en son de burla mientras se sentaba—. ¡Charlie!

Todos se giraron para mirar al chico que entraba por la puerta y se levantaron para abrazarlo al igual que hicieron con Bill. Jade también se levantó y vio como Ron se acercaba para presentarla.

—Charlie, ella es Jade Prince, es una amiga del colegio. —La chica sonrió—. Jade, él es mi hermano Charlie. El que trabaja con los dragones.

—Eso, trabaja con criaturas aladas… —empezó a decir Fred mirando de reojo a Jade—… que escupen veneno… digo fuego —empezó a reírse junto a George. Jade los miró pero en vez de enfadarse, se unió a sus risas.

Ese mismo día tenían planeado hacer una pequeña salida a la montaña, así que después de que Charlie se acomodara se disponían a salir.

—Chicos, he invitado a Amos para que venga con nosotros. —Arthur ya había cogido la mochila y todos salían al jardín.

Jade cogía sus cosas mientras se preguntaba quién sería ese tal Amos. Tras despedirse de Molly, que se quedaba en casa junto con Percy, que tenía que hacer un trabajo para su jefe, salió de la casa.

—Has venido —decía el señor Weasley— y parece que no vienes solo. Encantado de verte Cedric. —Ante ese nombre Jade se giró rápidamente.

—Hola señor Weasley. —El chico le extendió la mano y Arthur se la estrechó mientras le ponía una mano cariñosamente en la espalda.

—Vaya, veo que están todos tus hijos. —El señor Diggory pasó la vista por todos los pelirrojos dándose cuenta de que faltaba Percy. Sin embargo vio un rostro nuevo—. A esta jovencita no la conozco. —Todos se giraron hacia ella.

—Es Jade Prince, una amiga de la familia. —La chica se había acercado para saludarlos—. Jade él es Amos Diggory.

—Encantada —dijo la chica con una sonrisa.

—Y él es su hijo Cedric. Supongo que os habréis visto por el colegio. —Ambos se miraron, Jade no podía estar más nerviosa.

—Sí, nos hemos chocado más de una vez —dijo Cedric sonriéndole.

—Pues si ya estamos todos nos vamos.

Llegaron a una montaña repleta de vegetación, algo muy común por esas zonas, y siguieron una senda a través del bosque que, según Arthur, llegaba a un pequeño lago donde se podrían refrescar. Jade caminaba junto a Ron que le estaba contando como solían ser ese tipo de excursiones, pero Jade casi no le prestaba atención, siempre que podía miraba disimuladamente hacía donde estaba Cedric que hablaba animadamente con Charlie. En una de esas veces, sus ojos se encontraron y la morena desvió la mirada hacia otro lado encontrándose con los de Ginny, y ambas se sonrieron al darse cuenta que la había pillado.

Consiguieron llegar al lago y dejaron las mochilas a la sombra de un árbol. Los gemelos no tardaron en meterse al agua que, según ellos, estaba a una temperatura estupenda. Jade miró a Ginny que ya estaba en bikini y que se dirigía al agua. Ella dudó un momento pero el calor era insoportable, era uno de los días más calurosos que habían tenido, así que sin pensarlo dos veces se quitó la ropa y se metió al agua. Cuando entró notó el frío recorrer todo su cuerpo y se quedó parada con el agua llegándole a la cintura.

—¿Que estaba a una temperatura estupenda? —Jade miró a los gemelos—. ¡Está helada! —Ellos empezaron a reír mientras la salpicaban para mojarla del todo.

Ambos pelirrojos se acercaron a ella y tras cogerla cada uno por un brazo lograron sumergirla del todo.

El señor Weasley y el señor Diggory fueron a dar un paseo por los alrededores, mientras que Bill y Charlie buscaban una buena sombra donde poder comer. Los gemelos y Ginny estaban tratando de sumergir a Ron mientras que éste nadaba lo más rápido que podía para alejarse de ellos. Jade nadaba en el lado contrario del río, flotaba boca arriba mientras sentía el calor de los rayos del sol sobre su piel.

Se incorporó al escuchar las risas que provenían de los gemelos al haber atrapado a Ron cuando sintió un dolor en la planta del pie. Encogió el pie y eso hizo que perdiera el equilibrio justo cuando Cedric salía a la superficie mientras buceaba.

—¿Estás bien? —preguntó el chico mientras la sujetaba por la cintura quedando la espalda de ella pegada a su cuerpo.

—Me… me he hecho daño en el pie —decía mientras sacaba el pie del agua, a lo que Cedric la hizo girar haciendo que ella quedara de costado y pudiera ver su pie.

—Está sangrando, te habrás cortado con algún cristal. —Él pasó suavemente sus dedos alrededor de la herida causando cosquillas en la chica.

—No hagas eso, tengo cosquillas —decía divertida apartando el pie del chico y volviendo a sumergirlo. Al hacerlo, hizo que quedaran uno frente al otro. Ella podía notar su mano todavía en su cintura y sus cuerpos rozándose.

—Con la varita puedo curarte. —El contacto entre sus cuerpos hizo que la temperatura subiera, olvidando el frío del agua. Jade no podía pronunciar ni una palabra y al parecer Cedric tampoco, aunque lo disimulaba. La chica apoyaba sus manos sobre el pecho del chico, notando así la respiración agitada de él.

—¡Chicos y chicas! Salid que vamos a comer. —Se apartaron al oír la voz de Arthur y con desgana salieron del lago.

La herida desapareció al instante con un simple hechizo y todos se sentaron alrededor de una mesa que improvisaron Bill y Charlie.

Ginny y Jade subieron a su habitación después de la excursión. Habían andado mucho y tenían los pies doloridos. Ginny se tumbó en la cama y Jade se sentó para quitarse las zapatillas y hacer lo mismo que ella.

—Mi padre no conoce el significado de pequeña excursión. —Ambas rieron y Ginny se sentó en su cama para poder mirarla—. ¿Qué te han parecido mis vecinos? —preguntó en tono travieso a lo que la morena sonrió.

—Parecen muy buenas personas, el señor Diggory…

—Vamos Jade, ¿no me vas a decir nada sobre Cedric? He visto como os mirabais. Y por cierto. —la pelirroja se inclinó hacia ella mirándola pícara—, la próxima vez que queráis "acercaros" que sea cuando estéis solos. Por suerte la única que se dio cuenta fui yo, mis hermanos son muy memos para darse cuenta. —Jade se rió con ella.

—Vale, tienes razón —quería seguir hablando con ella, pero todavía recordaba que hasta hacía unas semanas no eran precisamente amigas. La miró y algo en su expresión la hizo proseguir—. Pero es que cuando lo tengo delante no puedo pensar en otra cosa que no sea él. —Ginny sonrió al ver que podía confiar en ella.

—Se lo que es. —Jade la miró coqueta y se rieron pensando cada una en sus "distracciones".

La señora Weasley las llamaba desde las escaleras para ir a cenar. Las chicas se miraron sonriendo y bajaron juntas al comedor.

Agosto empezó con un cambio de temperatura muy brusco. Pero a Jade no le importó en absoluto, lo que menos le preocupaba era el tiempo. Realmente lo estaba pasando genial con los Weasley, pero no podía dejar de pensar que llevaba más de un mes sin ver a Cedric. Desde aquella salida a la montaña no se habían vuelto a ver. Por suerte esta semana tenía una distracción, Hermione había venido a quedarse en la Madriguera el resto del verano. Dormiría con ellas en la habitación de Ginny, en una cama improvisada.

Las tres amigas se encontraban en su habitación con el pijama puesto y preparadas para dormir, cosa que no harían todavía.

—No sabéis lo que me alegra que estéis así, ya esperaba veros tirándoos de los pelos. —Rieron, fácilmente podría haber sido así.

—Bueno, digamos que tanto tiempo juntas afecta. —Jade sonrió mientras le daba un cariñoso empujón a la pelirroja—. Por cierto Herms. —Jade miró a su amiga con una sonrisita—, Ron ha estado muy nervioso esta semana, desde que supo que venías.

—Es verdad —continuó Ginny uniéndose a Jade.

—Pues que sepas —la castaña intentó salirse por la tangente— que Harry vendrá dentro de poco. —Ahora era Hermione la que sonreía ante el sonrojo de Ginny.

Jade también rió y la pelirroja contraatacó.

—Pues he oído decir a mi padre que un día de estos hemos quedado con los Diggory para ir a un sitio —dijo mirando a la morena.

—¿Los Diggory? —Hermione cambió la expresión al comprender las palabras de la pelirroja—. ¿Te refieres a que Cedric vendrá? ¿Hay algo que deba saber? ¿Qué ha pasado en mi ausencia?

—Pues… —Ginny miró de reojo como Jade agachaba la cabeza—… han tenido varios encuentros, solos, por decirlo de alguna manera —dijo recordando la excursión al lago.

—Contármelo todo.

La chica le contó con todo lujo de detalles los encuentros con el castaño de ojos grises. Estuvieron hablando hasta que no pudieron mantener los ojos abiertos.

A la mañana siguiente se despertaron por los acostumbrados ruidos que procedían de la habitación de los gemelos. Hermione se sobresaltó pero pronto se acostumbraría, como le pasó a Jade. Molly daba fuertes golpes en la puerta de donde salían los ruidos y de inmediato cesaron las explosiones. Las chicas se levantaron de la cama bostezando y en fila fueron bajando por las escaleras hasta el comedor. Éste estaba vacío, pues Charlie, Bill y Arthur habían salido a hacer unos recados, Molly seguía discutiendo con Fred y George, y Ron estaría maldiciendo por no poder dormir más tiempo. Ginny trajo a la mesa el desayuno para las tres y tranquilamente se lo tomaron.

Después de haber jugado al quidditch durante dos horas y detenido el partido por la fatiga y el aburrimiento de Hermione (a la que habían obligado a jugar), fueron llamados para comer. Más tarde, después de que todos los chicos se hubieran duchado, era el turno de las chicas y mientras ellas se duchaban, los gemelos, Ron y Arthur fueron a buscar a Harry a la casa de sus tíos.

Tras estar un rato charlando sobre las camas, escucharon unas risas que procedían del primer piso. Se levantaron y bajaron rápidamente las escaleras para después encontrarse con un grupo de pelirrojos llenos de ceniza y a un moreno de ojos verdes y gafas riendo junto a ellos.

—¿Y que hizo?

—Recogió el caramelo del suelo y se lo metió en la boca. Después comenzó a crecerle la lengua unos cuantos metros. —Los gemelos reían por algo que, seguro, habían hecho ellos.

—¡Eso está muy mal! No debéis aprovecharos de los muggles, y menos para probar vuestras bromas. Ya veréis cuando se lo diga a vuestra madre. —Entonces apareció la señora Weasley por detrás de Arthur.

—¿Qué debes decirme querido?

—No nada, ya les he reñido yo.

Continuaron discutiendo lo que habían hecho los gemelos mientras Ron, Harry, Hermione, Ginny y Jade subían a la habitación del primero. Se encontraron con Percy por el camino, que seguía hablando de su jefe el señor Crouch y de su informe sobre los culos de los calderos. Una vez cerrada la puerta, comenzaron a hablar del verano y de las tartas de cumpleaños que salvaron la vida a Harry cuando en la casa de sus tíos estaban a dieta.

—¿Sabéis a dónde vamos mañana? —Nadie respondió, así que continuó—. ¡Estamos invitados a ver el Mundial de Quidditch, Irlanda contra Bulgaria!

—¿En serio? —Harry estaba totalmente incomunicado con el mundo mágico cada vez que se iba a casa de sus tíos, que no se enteraba ni de los partidos de quidditch.

—Y estaremos en el mismísimo palco del Ministro de Magia.