—Hola, buenos días. —Hermione ya estaba vestida junto a la puerta. Jade y Ginny acababan de abrir los ojos y miraban a la castaña—. La Señora Weasley ha hecho el desayuno y como no os deis prisa los chicos se lo comerán todo.

La chica les sonrió mientras salía por la puerta. Ginny comenzó a vestirse sin mucho ánimo y con los ojos aún medio cerrados. Jade la imitó y se puso a arreglarse.

Bajaron al salón donde estaban los señores Weasley junto con Hermione, los gemelos, Harry y Ron.

—Buenos días chicas —saludó Molly mientras les daba el desayuno.

Los chicos comieron rápidamente porque habían quedado con los Diggory cerca de Ottery St. Catchpole, un pueblo donde podrían coger un traslador y llegar a los Mundiales de Quidditch.

—Vamos chicos —dijo Arthur—, ya llegamos tarde.

Todos se levantaron y se prepararon para salir.

Apenas había amanecido y corría una brisa fresca que causaba escalofríos. Arthur los guió hasta llegar a una colina pasado el pueblo.

Jade ya se había despejado del todo, sobre todo porque se acercaba el momento de volver a ver a Cedric. Desde el día del lago no se habían visto y no sabía cómo actuar. En realidad no había pasado nada entre ellos pero eso solo hacía más larga la espera.

A lo lejos divisaron a un hombre con una mochila y un bastón para andar: era Amos Diggory. Todos se habían vestido con ropas muggles para no llamar la atención, ya que serían muchos magos los que se reunirían en un mismo sitio.

—Buenos días a todos —saludó Amos con una sonrisa.

Jade se desilusionó al no ver a nadie más con él, pero rápidamente dibujó una sonrisa en su cara al ver como alguien saltaba del árbol, lo que la hizo recordar aquella noche de estrellas.

—Hola señor Weasley —Cedric saludó y miró a Jade. Ambos se sonrieron.

—Buenos días, esperamos no haberos hecho esperar mucho —dijo el señor Weasley.

—Tranquilo. Oye cada vez que nos vemos veo caras nuevas. —Amos miró a Harry y a Hermione.

—Oh, claro, estos son Hermione Granger, amiga de Ron y él es Harry Potter.

—¡Por las barbas de Merlín! —exclamó Amos Diggory—, ¿Harry Potter?

—Sí. Buenos días señor —dijo el chico algo intimidado, aunque ya estaba acostumbrado a ese tipo de reacciones.

—Por cierto, ¿sabéis cual es el traslador que usaremos? —preguntó el señor Weasley.

—Es éste. —El señor Diggory señaló una bota vieja que había en el suelo.

—Bien, chicos acercaros y poner un dedo sobre la bota. —Todos obedecieron.

De repente sintieron como algo tiraba de ellos haciendo que sus pies se despegaran del suelo. Cuando tocaron suelo de nuevo, todos cayeron exceptuando al señor Weasley, al señor Diggory y a Cedric. Este último se acercó a Jade para ayudarla a levantarse. Le extendió una mano que ella aceptó.

—Gracias. —Le sonrió y ambos se quedaron mirándose sin soltarse de la mano.

—De nada. —Se separaron y Jade fue a ayudar a Hermione.

Por fin llegaron al lugar exacto donde se reunirían magos de todos los países. Se trataba de un prado donde los magos, en un intento de disimular su estancia ante los muggles, habían plantado miles de tiendas de campaña. Pero el único problema era que esas tiendas tenían chimeneas, algunas medían tres pisos e incluso tenían timbres en las puertas. Harry no salía de su asombro al ver tanta magia a su alrededor, y no cabía en sí de felicidad.

Los Diggory se despidieron para irse a su parcela mientras que los Weasley se fueron a la suya. Jade comprobó que se trataba de la misma tienda que ellos habían utilizado a principios de verano y miró a Harry para ver su reacción. El chico se asombraba al ver cada estancia de aquella "pequeña" tienda de campaña.

—Me encanta la magia. —Jade sonrió al escuchar a Harry.

Cada uno dejó las mochilas en una cama diferente y después siguieron a Arthur fuera de la tienda. Al salir vieron a dos personas más que acababan de acercarse a ellos. Eran Bill y Charlie que se habían aparecido directamente allí.

—Hola chicos, íbamos a dar un paseo ¿os venís? —dijo alegre el señor Weasley. Los dos asintieron y anduvieron delante, seguidos de los gemelos, Harry y Ron.

Hermione se disponía a ir tras ellos pero se detuvo al ver que sus dos amigas no se movían. Jade y Ginny se miraron y giraron para volver dentro de la tienda seguidas de la castaña. Se sentaron en los sillones y en las sillas de alrededor de la mesa para charlar un rato.

Ahora estaban en silencio, pensando cada una por su cuenta. Se escuchaban las conversaciones de los magos del exterior, la gente ir y venir pasando por delante de la puerta de la tienda donde se encontraban, incluso la música de alguna fiesta. Ginny jugaba con su pelo enrollándolo en un dedo; Hermione tamborileaba con los dedos en la mesa, apoyada en una mano y suspirando; Jade estaba recostada, casi tumbada, en uno de los sillones mirando hacia la puerta de entrada que estaba entreabierta.

Los minutos empezaban a ser muy aburridos. Tendrían que haber ido con los chicos, pensaban. Entonces la morena vio a alguien pasar repetidamente por allí, parecía perdido o buscando algo o a alguien.

—Ahora vengo —dijo Jade mientras se levantaba y se acercaba a la puerta.

Asomó la cabeza para comprobar quién era, tenía una pequeña esperanza de saberlo.

Estaba de espaldas a ella moviendo la cabeza de un lado a otro, obviamente buscando a alguien. La chica sonrió y se dirigió hacia donde estaba él. Se acercó a su espalda lentamente mientras levantaba las manos y las llevaba a la cabeza del chico para taparle los ojos.

—¿Quién sooooy? —Notó como las comisuras de los labios se alzaban bajo la palma de sus manos.

Cedric se giró para quedar frente a ella y poder mirarla. Su sonrisa se ensanchó y se acercó para darle un beso en la mejilla, lo que provocó que se sonrojara.

—Te estaba buscando para dar una vuelta. ¿Vienes? —le explicó el chico y ella asintió rápidamente.

Pasaban por delante de muchas tiendas, todas diferentes. Unas llevaban banderas de color verde y blanco, otras rojas; Irlanda y Bulgaria. Algunas tiendas parecían casas de verdad, con todos los detalles de una normal, tenían jardín, buzón, timbres, caseta del perro, incluso verjas. Los colores seguían alternándose y se detuvieron enfrente de una "tienda" que les llamó la atención. Era enorme, la más grande de todas, con varios pisos; por las ventanas se veían las lujosas cortinas, las sillas antiguas...

—¿Quién es capaz de hacer todo esto solo para pasar unos días? —preguntó Jade mientras negaba con la cabeza inspeccionando el jardín. Cedric levantó los hombros negando.

En ese momento se abrió la puerta de entrada y salió el dueño de la casa, un hombre alto, delgado, rubio y con los ojos grises. Lo seguía un muchacho con la misma descripción, pero más bajito. Los Malfoy. Jade sin pensarlo llevó una mano a la de Cedric, la cogió y tiró de él para alejarse de allí.

Siguieron caminando aún cogidos de la mano y la chica intentaba no mirarle a los ojos, por vergüenza; en cambio él solo hacía que mirarla y sonreír. Hasta que vieron a Harry y a Ron junto a Seamus Finnigan que iba vestido totalmente de verde y blanco. Jade soltó la mano del chico de golpe y se acercó a sus amigos seguida de un Cedric entre divertido y extrañado.

—Hola Seamus, veo que has decidido cambiarte de casa, ahora quieres ser de Slytherin, ¿no? Bueno, obviamente es porque estoy yo —bromeó la morena y después rió.

—Que graciosa. Y no, esto —dijo señalando su indumentaria— es porque estoy con Irlanda —concluyó el chico altanero.

—Ya lo sabía —añadió Jade con una sonrisa.

—¿Vamos a visitar a Dean? —Seamus miraba a Harry y a Ron, pero no pudo recibir respuesta porque acababa de llegar una chica morena con rasgos orientales que se había parado junto a Cedric.

—Hola Ced. —Lo miraba con una sonrisa y recibió otra del chico.

Jade se sorprendió por ese intercambio de sonrisas y parecía confusa.

—Hola Cho, no sabía que fueras a venir al partido. —La voz de Cedric era amable y le hablaba como a una muy buena amiga.

—Sí, vamos a buscar a Dean —contestó por fin Ron y tocó el hombro de Harry para que los siguiera; Harry se había quedado contemplando a la nueva muchacha. Los tres caminaron en la dirección opuesta a la de Cho y se despidieron de Jade.

—Sí, vengo a ver nuevas técnicas para probar este curso —continuó Cho mirando de nuevo al chico.

Jade intentaba no mirar ni escuchar a aquellos dos. Solo son amigos, aunque ella es muy guapa… pero él no se fija en el exterior… creo. Pero se les ve demasiado amistosos. La chica seguía pensando que los chicos se fijaban en ella por el monstruo que la hacía atrayente, pero desde que Cedric había demostrado ese interés por ella, quiso ser egoísta y no preguntarse el porqué le gustaba.

Pero allí continuaban hablando, dejándola de lado aunque el tema del que trataban era del quidditch. De alguna manera esa chica conseguía toda la atención de Cedric. Llegó un momento en que le entraron ganas de irse a la tienda de los Weasley sin avisarle, pero su imaginación le jugaría malas pasadas enseñándole imágenes de Cho y Cedric en situaciones que no quería ver. Ahora también se las imaginaba, pero los tenía delante para comprobar que no era cierto.

Por fin se despidieron, pero fue peor eso. Cedric se acercó más a ella y mientras la cogía por la cintura con una mano le dio dos besos en las mejillas, provocando que enrojeciera.

—Vale, ya nos veremos. Y adiós a ti también —dijo la chica mirando a Jade. Cho no supo quien era y arrugó la frente—. Por cierto, ¿quién eres?

—Soy Jade. —Este era su momento, lo aprovecharía—. Soy una muy buena amiga de Ced, amigos íntimos mejor dicho —le soltó con intención de hacer daño.

Cho dejó de sonreír por un momento, pero enseguida volvió a mirar al chico.

—Adiós —dijo mientras se daba la vuelta y desaparecía por una puerta al final de la calle.

Finalmente, Cedric, la miró y seguía allí la sonrisa que le había dedicado a la otra chica. En cuanto vio la cara de Jade se le borró la sonrisa y la miró con el ceño fruncido, como pidiendo una aclaración a su humor. Pero no dijo nada, solo desvió la vista a un punto cualquiera.

—¿Qué ocurre? —se aventuró a preguntar el chico.

—Nada —respondió secamente todavía sin mirarlo. Entonces comenzó a andar.

—¡Eh, espera! —exclamó.

La siguió; se dirigía al bosque. Cuando la alcanzó la sostuvo por el brazo haciendo que su cuerpo girase y quedara enfrente del suyo.

—¿Por qué huyes de mí? ¿Qué he hecho? —Esa pregunta le hizo ver la respuesta, por lo que sonrió por lo absurdo de la situación, aunque también hizo que sintiera un cosquilleo en el estómago—. Estás celosa.

—¿Qué? ¿Por qué debería estarlo? —Pero el rubor de sus mejillas la delató de inmediato. Cedric sonrió todavía más y se acercó a ella.

—Que tonta eres. Cho es una amiga, nada más. —Pero la chica no le hacía caso, así que la cogió por los hombros y la pegó a su cuerpo, apoyando la cabeza en la de la chica. Jade se sorprendió pero no se quejó por tenerlo tan cerca—. Ella tan solo es una buena amiga. —A esto le siguió un largo silencio, pero no incómodo. Ella había cerrado los ojos para disfrutar del momento y lo había envuelto con sus brazos—. En realidad me gustaba —continuó y Jade tragó fuertemente. No quería escuchar más—, el curso pasado. Tenía pensado pedirle salir y menos mal que no se lo pedí. —La chica frunció el ceño; no tenía sentido lo que acababa de decir, pero no dijo nada, todavía estaba dolida—. Si se lo hubiera pedido, este verano habría pasado más tiempo con ella y menos en mi pueblo. —A la chica ahora le brillaban los ojos, adivinando lo que diría a continuación—, y no habría descubierto lo que de verdad deseaba tener. —No había concluido aún. Separó sus cuerpos y con una mano en un hombro de la chica y la otra en su barbilla se miraron a los ojos—. Si estuviera con ella no habría podido hacer esto.

Cedric se inclinó hacia delante para que sus rostros quedaran más próximos. Jade tragó de nuevo e hizo que el chico subiera una de las comisuras de su boca. Entonces ella cerró los ojos mientras sonreía, estaba realmente feliz. Tenía las manos sobre el pecho del chico, cogiéndole de la camiseta y atrayéndolo hacia ella. Él no necesitaba que nadie lo empujara, ya lo hacía él solo por propia voluntad. Los labios se acercaban cada vez más, los alientos se mezclaban, los corazones se aceleraban y el hormigueo en el cuerpo aumentaba. Por fin se unieron, sus labios estaban en contacto. Jade saboreó los labios de Cedric, sus labios cálidos y dulces, que le hicieron hormiguear toda la boca. Él había movido las manos a la cintura de la chica, atrayéndola más a él.

El primer beso había sido muy rápido, a los ojos de Jade, y se miraron después de éste. Cedric tenía los ojos entrecerrados por la diferencia de altura y la miraba con una leve sonrisa, también estaba feliz. Después continuaron besándose, fundiéndose en el sabor del otro. No eran besos apasionados ni desesperados, eran tiernos y suaves, como él.

Tras varios minutos sin separarse, se escuchó como se quejaba el estómago de Jade, causa por la cual separaron sus labios y ella enrojeció. Cedric sonrió y se separó de ella.

—Yo también tengo hambre. Es mejor que volvamos a las tiendas. Ya tendremos tiempo… de continuar —dijo el chico un poco nervioso y la cogió de la mano cuando ella asintió.

Ya oscurecía y aún así no cesaban las fiestas, las luces, la música, como si no tuvieran que descansar para que al día siguiente vieran un partido de quidditch. De todas maneras los Weasley, Harry, Hermione y Jade salieron a dar una vuelta por el campamento y ver las diferentes fiestas que allí se celebraban. Arthur, Bill y Charlie caminaban delante hablando con Ludo Bagman, el director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, que cuando vio a Harry con ellos lo saludó efusivamente, también había apostado unos galeones con Fred y George sobre quien ganaría en el Mundial de mañana. Los gemelos apostaron que Irlanda ganaría pero que Víktor Krum atraparía la snitch, algo un poco imposible para Bagman. Fred y George caminaban unos pasos por detrás de los adultos, y seguidamente el resto.

Se paseaban por todos los prados, saludando a todos los conocidos de Hogwarts o del Ministerio, entonces vieron a Percy que había decidido ir y se les unió a los adultos.

—He visto la tienda de campaña de los Malfoy. Son despreciables —dijo Ron de repente. Ponía cara de asco mientras miraba a sus amigos en busca de apoyo. Jade ya la había visto, pero desde el medio día no había dicho nada y solo sonreía.

—Es su estilo, solo quieren estar por encima de los demás. —Harry imitó la mueca de asco de Ron. Las chicas no decían nada y Hermione no dejaba de mirar a Jade, preguntándose por qué estaba así.

Recorrían ahora el segundo prado y éste parecía más verde y blanco por las banderas irlandesas. Los gemelos se detuvieron porque el señor Weasley, Bill, Charlie y Percy se habían parado para saludar a alguien. Era el señor Diggory y su hijo que tenían la tienda en ese prado. En cuanto Jade vio a Cedric se puso colorada y agachó la cabeza con una sonrisa más grande. Cedric en cambio solo la miraba, también con una gran sonrisa. Entonces, Hermione, se dio cuenta de la situación y mirando a su amiga sonrió divertida.

—Arthur, para agradecer vuestra amabilidad de este verano os invito a cenar en mi tienda. Y no acepto un no por respuesta —decía Amos Diggory con una sonrisa en la cara.

—Me halaga tu ofrecimiento y ya que insistes… Chicos, no os paséis —les dijo a los más jóvenes cuando se giró para mirarlos.

Amos le cogió por el hombro y entraron en la tienda, más grande por fuera que la de los Weasley, y los demás los siguieron. Cedric se quedó fuera a esperar que entraran todos, sosteniendo la puerta. Jade se retrasó un poco más que sus amigos y cuando el chico ya se disponía a empujarla dentro de la tienda y cerrar, ella se mantuvo firme y se quedaron fuera, solos.

La morena se puso de puntillas mientras se sostenía agarrada de su camisa, él, como respuesta, se inclinó hacia delante y volvieron a unir sus labios, después se separaron y entraron disimuladamente. Pero Hermione los miraba con los ojos achicados.

—Cedric, sirve la cena y siéntate allí —dijo el señor Diggory señalando un asiento junto a Harry, a la otra punta de Jade. El chico obedeció.

La morena se sentó junto a Hermione, George se sentó junto a Jade y Fred se había sentado junto a Cedric.

Cuando Amos, Arthur, Bill y Charlie llevaban más de una cerveza de mantequilla en el cuerpo, las risas aumentaron al igual que los comentarios idiotas.

—Cuando mi hijo me dijo que había ganado a Harry Potter —comenzó Amos riendo— pensé en hacerle una fiesta, invitando a Potter. —Cedric miró a Harry pidiendo disculpas por lo que decía su padre y Harry negó sonriendo.

—Pero Harry ha ganado más partidos que Cedric —remató Arthur.

Así continuaron diciendo bobadas sin sentido y riendo, y Harry y Ron reían de vez en cuando de las tonterías de los adultos.

—Bueno, entonces, ¿vas a salir este curso conmigo? —dijo George mientras rodeaba a Jade con sus brazos. La chica abrió los ojos por la sorpresa e instintivamente miró a Cedric. Pero éste solo intentaba no reírse a carcajadas.

—¡Eh! —gritó Fred para que le escucharan entre las risas de Arthur por algún comentario de Bill—. Que yo la vi primero.

—No me lo creo. Además… ¿Quién está más cerca ahora de ella? —concluyó George levantando una ceja y miró de nuevo a Jade—. ¿Qué me dices?

—Que… déjame cenar. —La chica intentó soltarse de su abrazo, pero no lo conseguía, así que lo miró y puso la cara más seria que pudo. George la soltó de repente.

—Tranquila, no quiero que me ataques —decía levantando las manos.

—Creo que no le gustas —se aventuró a decir Cedric, entrando en el juego. Hermione miró a Jade con una sonrisa maliciosa.

—Ya verás que acaba muriéndose por mis huesos.

Nadie quiso quitarle la esperanza al muchacho.

Ya era muy tarde y algunos iban demasiado bebidos, pero Percy se encargaría de ellos. Amos se despidió de todos, ya se verían en el partido.

Los chicos observaban a Percy controlando a su padre y a los gemelos coger a sus hermanos mayores. Ron se reía de vez en cuando viéndolos y Hermione le daba una colleja, y de inmediato se callaba. Ginny también intentaba ayudar a Percy, pero sin mucho éxito: era demasiado menuda. Harry y Jade caminaban un poco más atrás, sin hablar y escucharon a alguien correr por detrás de ellos. Se giraron y vieron a Cedric correr hasta llegar junto a Jade.

—Hola de nuevo, es que mi padre me ha dicho que os acompañe. —Miró hacia delante—, no se fía mucho de que lleguéis bien.

—Ya, yo tampoco me fío —dijo Harry.

Llegaron por fin a la tienda y, a pesar de lo tarde que era, todavía se celebraban fiestas. Percy se encargó de acostar a su padre y a sus hermanos, los demás esperaron fuera para despedirse de Cedric.

—Nos vemos mañana —decía Harry dándole la mano.

—Claro —contestó el chico.

—Vale, entremos todos en la tienda, Cedric ya se va —dijo de repente Hermione después de estar mirando un rato a Jade, que no entró.

La morena comprobó que nadie los observaba y miró a Cedric, que también la miraba desde hacía rato. Se acercaron, ya como costumbre, él la cogió por la cintura y ella por el cuello, entonces se besaron.

Dentro de la tienda, Fred buscaba a Jade para hacerle cualquier otra broma, pero no la encontraba.

—¿Y Jade?

—Se habrá quedado fuera —contestó George.

Harry y Ron fruncieron la frente y miraron a los gemelos, después los siguieron hacia la puerta de la tienda. Pero esos dos se habían parado antes de salir del todo y por curiosidad también asomaron la cabeza hacia el exterior.

Las bocas de todos se habían abierto por la sorpresa y no decían nada. La parejita seguía besándose, sin saber que había cuatro pares de ojos observando.

—¡Chicos! —Hermione los sacó de la parálisis en la que habían entrado al ver a Jade con Cedric.

Al mismo tiempo se separaron ellos dos enrojeciendo, intentando no mirar a su público.

—Bueno, ya nos vemos mañana. —Cedric rompió el silencio incómodo—. Adiós.

Dicho esto dio la vuelta y se fue sin mirar atrás. Jade pasó entre sus amigos sin mirarles a la cara. Todos la siguieron, todavía un poco sorprendidos, pero esperaban que ella dijera algo. En realidad solo los gemelos exigían que dijera algo.

—Entonces, es por eso por lo que no quieres salir conmigo —dijo George en un tono divertido y miró a su hermano—. Está bien. Pero creo que es un poco mayor para ti. —Jade sonrió cariñosamente y se acercó a los gemelos para pellizcarles las mejillas.

—No me olvidaré de vosotros.

Todos sonrieron al ver la cara de niños buenos de los dos y cada uno se fue a su cama.

Por la mañana Arthur, Bill y Charlie se tomaron una poción que les preparó Jade y el dolor de cabeza se fue. Cuando todos estuvieron preparados y desayunados, partieron hacia el estadio de quidditch, pero antes compraron algunas cosas en los puestos de venta de los equipos. Harry compró unos omniculares para sus amigos y cada uno se compró un trébol irlandés para apoyar al equipo.

Subieron a las gradas y el señor Weasley los dirigió hacia la Tribuna Principal donde se encontraría el ministro, Cornelius Fudge, pero al llegar vieron que solo había algunos funcionarios del Ministerio. Se sentaron y enseguida llegó el ministro saludando y presentando a algunas personas. Lo peor es que los Malfoy caminaban a unos pasos de Fudge.

—¡Harry Potter! No sabía que te encontraría aquí. —Se acercó al chico y se dieron la mano—. Ven, quiero presentarte a algunas personas.

Harry miró a sus amigos mientras era arrastrado hacia un grupo de gente muy bien vestida. Conoció al ministro búlgaro que hablando su idioma no lo entendió nadie. Lucius y Narcisa Malfoy también se unieron a esa reunión, mientras que su hijo se acercaba a Ron, Hermione y Jade y los miraba con superioridad.

—Veo que os han colado aquí, porque no hay otra explicación de que una familia sucia y pobre esté en la misma tribuna que los Malfoy y el ministro. —En su cara tenía una sonrisa malvada y repugnante.

—Cierra el pico Malfoy, hablas demasiado para saber tan poco —contraatacó la morena mientras se ponía delante de sus amigos.

—Como tú digas. No quiero que te enfades y salgamos heridos de esta —dijo el rubio mientras se marchaba con una sonrisa de victoria. Jade apretó los dientes y cerró el puño mientras se decidía a correr hacia él.

—No, no hagas nada Jade —la contuvo su amiga.

—No vale la pena —la apoyó Ron.

Llegó Harry junto a ellos y se sentaron para ver el comienzo del partido. Ludo Bagman, pidiendo permiso al ministro, se puso en pie y haciendo el conjuro sonorus su voz se amplificó.

—Damas y caballeros, ¡bienvenidos! ¡Bienvenidos a la cuadrigentésima vigésima segunda edición de la Copa del Mundo de Quidditch! —La gente vitoreó sus palabras y volvieron a callar esperando que diera comienzo. —Y ahora, sin más dilación, permítanme que les presente a ¡las mascotas del equipo de Bulgaria!

De un lado del campo se abrió una puerta y salieron unas bellísimas mujeres, o eso parecía, que bailaron hacia el centro del estadio.

—¡Son veelas! —gritó el señor Weasley quitándose las gafas.

Harry, Ron y Hermione giraron la cabeza para mirar a Jade que estaba con los ojos abiertos, sorprendida. Las veelas comenzaron a hacer una danza acompañadas de música que dejaba sin habla, la piel refulgía plateada y sus cabellos ondeaban aún sin haber viento que lo provocara. Todos los magos del género masculino se quedaron embobados por el espectáculo, incluso se levantaban del asiento para intentar acercarse a ellas, como Harry y Ron, pero estaba demasiado alto y tenían que saltar.

—¿Qué hacéis? —preguntaron Hermione y Jade a la vez mientras cada una cogía a uno de sus amigos. Los dos salieron como de un trance cuando la música cesó.

—No lo sé —dijo Harry mientras se volvía a sentar.

—Lo que hay que ver —refunfuñó Hermione. A esto Ron rompió su trébol irlandés, había cambiado de equipo.

—Ahora lamentarás haberlo hecho.

Miraron al señor Weasley curiosos por lo que quería decir pero tuvieron que volver a mirar el campo ya que las mascotas de Irlanda habían entrado. ¡Eran leprechauns! Ron y Harry contemplaban fascinados el gran trébol que estas mascotas habían dibujado en el aire y que después se convirtió en polvos plateados.

El partido había empezado de verdad y los jugadores sorprendían con muchas técnicas, que Harry probaría en Hogwarts. En uno de los descansos después de hacer una falta un equipo a otro, los leprechauns formaron una mano e hicieron un gesto de mal gusto dirigido a las veelas y como respuesta ellas les lanzaron bolas de fuego. Con los omniculares pudieron ver el nuevo aspecto de las veelas y realmente eran horribles y daban miedo.

—Veis chicos, por eso no hay que fijarse solo en la belleza —dijo Arthur mirando a las mascotas búlgaras.

Jade miró a sus amigos temerosa.

—¿Realmente me convertí en eso? —Ellos se miraron dudosos.

—No, tanto no. Era un poquito más leve, no eras tan… horrible. —La castaña se mordió el labio con miedo de haberla ofendido. Pero Jade asintió más tranquila y siguió mirando el partido.

Después de un largo y duro día de partido, poco tiempo comparado con los quince días que duró hace unos años, volvieron a la tienda. Al menos Fred y George habían ganado una apuesta: Irlanda había ganado pero Krum había atrapado la snitch. Ya le pedirían el dinero a Bagman.

Ron, por el camino, había comprado un póster de Viktor Krum y lo había dejado sobre su cama.

—Krum es el mejor, el más rápido, el más fuerte —dijo Ron de repente con los ojos brillantes—. Ojalá pudiera conseguir un autógrafo.

—Viktor te amo… eres mi amor… —canturrearon los gemelos mientras reían.

Ron frunció los labios y se fue a sentar a su cama. Jade miraba a los gemelos divertida, porque estos dos seguían dándole vueltas a la mesa cantándole a Ron. Se escuchaban los gritos de victoria de los irlandeses, celebrándolo a lo grande.

—Sí que se lo pasan bien los irlandeses —comentó Ginny divertida.

—No son los irlandeses. —El señor Weasley entró a la tienda y los miró a todos seriamente—. Debemos marcharnos ya.

—¿Qué pasa papá? —Bill se acercó a él.

—Han vuelto a actuar. —Bill se puso tenso y enseguida se acercó a Ginny—. Sí, cuida de Ginny, yo tendré que ayudar a los aurores. —Se giró hacia el resto—Vosotros huid hacia el bosque y no esperéis a nadie. ¿Entendido?

Todos, sin saber bien lo que pasaba, asintieron. Arthur, Charlie y Percy fueron a ayudar a los magos que se enfrentaban a los hombres con capa que habían hechizado a la familia muggle que cuidaba el prado y que ahora flotaban en el aire.

—Son mortífagos —dijo Fred.

—¿Qué es eso?

—Harry —George lo miró—, son los sirvientes del-que-no-debe-ser-nombrado.

En cuanto los chicos escucharon eso salieron corriendo en la misma dirección que todo el mundo. Tuvieron que pasar por muchos prados pero al fin llegaron al bosque, aunque no estaban del todo protegidos. En un momento Harry se separó y no lo encontraron por ningún lado. Quisieron volver a buscarlo, pero la gente los guiaba hacia el final del bosque donde se podrían desaparecer con Bill. Pero antes de llegar, Jade consiguió escabullirse entre la gente y pasando entre los árboles más alejados del camino, volvió.

Las ramas le enredaban los pies y le golpeaban la cara, pero cada vez estaba más cerca. Entonces se detuvo al escuchar como crujía algo a su espalda. Se giró lentamente mientras encendía su varita y vio una sombra al lado de un árbol.

—¿Jade, eres tú? —preguntó una voz de chico pero que sonaba muy débil.

—¿Quién eres? —la chica había alzado amenazadora la varita.

—Tranquila, soy Cedric.

La morena corrió y se abrazó a él, Cedric también lo hizo. Todo estaba muy oscuro y la gente todavía corría y gritaba.

—¿Qué haces por aquí? Deberías estar al otro lado del bosque.

—Harry. No sabemos donde está.

—Pero no tendrías que haber ido tu sola a buscarle.

—¿Por qué no?

Cedric, ante la insistencia de la chica, la cogió de la mano y la llevó hacia la parte del bosque que se había iluminado de verde. Poco a poco se acercaron a la linde del bosque y miraron hacia el cielo. Allí había una calavera y saliendo de su boca una serpiente. Era una marca, que Jade reconoció de inmediato.

—La Marca Tenebrosa —susurró la chica.

—Son mortífagos. Debimos habernos ido, esto es peligroso.

Escucharon un ruido un poco más alejado de ellos y se giraron de golpe. Brillaba algo en una sombra y Jade se acercó un poco más, pero Cedric la cogió e hizo que se agachara: una persona caminaba deprisa en dirección a ellos.

—Vamos —ordenó una voz a la sombra. Esa persona tenía el pelo largo y rubio; Jade ya sabía quienes eran. El otro no se movió y seguía mirando hacia donde se encontraban Jade y Cedric—. ¿Qué pasa? ¿Hay alguien?

—No, creí que… —contestó Draco mirando a los ojos a Jade.

—Como no comiences a caminar… —de inmediato Draco obedeció y se marcharon.

Jade se levantó y observó como corrían hacia el otro lado del bosque. Cedric se levantó también y cogió de la mano a la chica. En eso escucharon unas voces en el prado y varias varitas encendidas. Se acercaron un poco más para escuchar.

—Ya han ido en busca de algunos, no hay que preocuparse —decía una voz conocida.

—¡¿Que no hay que preocuparse? Ludo, se escapan y no sabemos quienes son —esta voz fue más clara y supieron que era Fudge.

Ya estaban a salvo, así que salieron de entre los árboles y caminaron hacia ellos. La conversación se interrumpió y todos los miraron apuntados con las varitas.

—¿Quiénes sois? Identificaros —ordenó Crouch.

—Soy Cedric Diggory, hijo de Amos Diggory y ella es Jade Prince, hija del profesor Snape.

Una figura se movió y corrió hacia ellos dos. Era Amos que quería comprobar que su hijo estaba bien. Tres figuras más se acercaron y fueron junto a Jade. Eran Harry, Ron y Hermione.

—Harry, chicos le habéis encontrado antes que yo —dijo la morena.

—Arthur, llévatelos a tu casa antes de que esto vuelva a repetirse —ordenó Fudge y Arthur asintió—. Amos, márchate con tu hijo, no creo que puedas hacer nada más aquí, pronto llegarán más aurores. —Amos asintió antes de que terminara la frase.

Caminaron por la senda del bosque y desaparecieron cuando llegaron al final de éste.