Se despertó sobresaltado por un movimiento del tren y miró a su alrededor; estaba junto a sus amigos. Harry no había dormido muy bien esa noche, a decir verdad, desde el partido no había conciliado el sueño. Además había estado soñando con algo que se repetía; un lugar, una casa donde aparecían tres hombres, dos de ellos conocidos por Harry: Colagusano y Voldemort, al cual no había conseguido verle la cara al haber despertado por el dolor de su cicatriz. Al tercero sí que le había visto el rostro, pero no era nadie que conociera. En el sueño se veía cómo Voldemort mataba a un hombre que Harry tampoco conocía, y cómo una serpiente enorme se acercaba sigilosamente hacia su amo.

—¿Estás bien Harry? —Ron lo miraba preocupado—. Tienes mala cara.

—No es nada —contestó el chico, pero el pelirrojo lo miraba fijamente—. Bueno, la verdad es que llevo varios días que no duermo bien. Tengo sueños en los que veo a Voldemort matando a un hombre —continuó contándoles a sus amigos todo lo que había soñado hasta entonces.

Todos se quedaron en silencio sin saber qué decirle.

—Harry —dijo por fin Hermione—, deberías informar a Sirius.

—Supongo que será lo mejor. —Harry sacó una pluma y un pergamino y empezó a redactar la carta para su padrino.

Pasados unos minutos, los cuatro escucharon la voz de un chico que en ese momento abría la puerta del compartimento.

—Vaya, Potter, ¿estás practicando tú firma para cuando te presentes? —Harry guardó la carta y lo miró extrañado y enfadado a la vez.

—¿De qué estás hablando, Malfoy? —preguntó Jade con la misma cara que Harry.

—¿No lo sabéis? —Se miraron unos a otros, mientras Draco adoptaba una postura de superioridad—. No me extraña que no lo sepáis, el ministro no hablará de cosas importantes delante de tu padre —dijo mirando a Ron—. Sin embargo yo lo sé hace un siglo. Mi padre sí se relaciona con gente importante del Ministerio.

—Claro —empezó a decir Jade en tono burlón—, es para lo único que sirve un Malfoy, para ser un perrito faldero.

—Tú no te metas, Prince. —Pero antes de que Draco continuara, Ron se levantó de golpe y cerró la puerta para no escucharlo más.

—¿A qué creéis que se estaba refiriendo? —Todos negaron con la cabeza ante la pregunta del moreno.

Harry se sentó entre Ron y Neville, mientras que Hermione y Ginny lo hacían delante de ellos. Jade se fue a la mesa de Slytherin como siempre hacía el primer día de cada curso, pero antes no dejó de mirar hacia la mesa de Hufflepuff para saludar con una sonrisa a cierto chico.

Tras la espectacular cena de bienvenida, Dumbledore se puso en pie y se acercó al atril para empezar con su discurso.

—¡Bien!, debo informarles de que la Copa de quidditch no se celebrará este año —empezó diciendo el director.

La sala empezó a murmurar mientras que Harry no podía creer lo que escuchaba al igual que Jade.

—Sin embargo —continuó—, este año tendrá lugar un acontecimiento que ocupará todo el curso. Tengo el placer de anunciar que este año en Hogwarts…

Pero el profesor no pudo continuar porque en ese momento la puerta del comedor se abrió de golpe dejando paso a un hombre apoyado en un bastón y que se abría camino hacia la mesa de los profesores.

Harry miró la cara deformada de aquel hombre, pudo ver que uno de sus ojos no era suyo, además de que se movía independiente del otro: de arriba abajo, de derecha a izquierda y de dentro a fuera.

Tras acallar los murmullos que se habían levantado, el director explicó quién era ese hombre.

—Os presento a nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras: Alastor Moody.

—¿Moody? ¿Ojoloco Moody? —susurró Hermione— ¿el ex-auror?

—¿Ex qué? —preguntó Harry mirando a su amiga.

—Auror, cazador de magos tenebrosos —contestó Ron—. A la mitad de Azkaban los ha apresado él.

—Como iba diciendo —empezó de nuevo el director—, este año tendrá lugar en Hogwarts ¡el Torneo de los tres magos! Y contaremos con la presencia de dos escuelas de magia que convivirán con nosotros durante todo el curso: Beauxbatons y Durmstrang.

La sala volvió a sumirse en murmullos pero esta vez de entusiasmo e ilusión. Pero para muchos no duraría.

—Debo advertir —volvió a hablar Dumbledore— que sólo podrán presentarse los alumnos mayores de diecisiete años. —Esto provocó que la gran mayoría empezara a quejarse.

El director dio por terminada la cena y mandó a los alumnos a sus habitaciones. Jade se unió a sus amigos antes de que salieran por la puerta.

—Chicos, ¿qué os parece? ¡El Torneo de los tres magos! —dijo entusiasmada.

—Ya, pero no podemos participar —le contestó Ron con cierta lástima.

—Pero lo vamos a presenciar. —Ron seguía con cara de pena, sin encontrar ánimos en las palabras de Jade.

—Oh, vamos Ron —Hermione miró al pelirrojo—, ha muerto gente en ese torneo. Es mejor que no podamos participar. A decir verdad, no sé cómo permiten que se celebre.

—¿Tan peligroso crees que sea? —preguntó Jade preocupada.

—Ponen a prueba a los participantes de las maneras más crueles. Al menos en los anteriores torneos fue así, incluso se suspendió la celebración. Hasta ahora.

Jade miró a su amiga y tras despedirse se dirigió hacia un grupo de chicos que se alejaban del Gran Comedor.

—Cedric. —El chico se giró al oír su nombre y sonrió al ver a Jade mientras se acercaba para besarla.

—¿Vienes a darme las buenas noches? —dijo el chico divertido.

—Sí, bueno… quería preguntarte algo. —Jade se mordió el labio, estaba nerviosa por lo que podría responderle.

—Dime —le alentó Cedric.

—¿Te vas a presentar al torneo? —ella lo miró a los ojos seriamente.

—Pues, sí, pensaba… —Pero no le dejó terminar.

—Es muy peligroso, ha… ha muerto gente.

—Jade —Cedric la cogió por los hombros y se acercó a ella—, tranquila, no pasa nada. —Le dio un beso en la frente y cada uno regresó a sus habitaciones.

A la mañana siguiente Jade se sentó junto a sus amigos, mientras veía cómo los gemelos planeaban la mejor forma de envejecer y así poder participar en el torneo.

Le dieron a cada uno su nuevo horario del curso y, como siempre, había muchas asignaturas que tenían en común con Slytherin. Jade miró su horario y vio que le tocaba Historia de la Magia con Ravenclaw, cosa que no le hizo ninguna gracia; posiblemente era la asignatura más densa, y tenerla un lunes a primera hora no lo mejoraba.

Harry, Ron y Hermione tenían Herbología con Hufflepuff así que se levantaron tras desayunar y se dirigieron cada uno a su clase, después de despedirse de Jade que prefirió esperar y no llegar tan pronto. Claro que ese no era el único motivo. Pronto se levantó y se sentó en la mesa de Hufflepuff junto a Cedric.

—Buenos días —le dijo el chico cuando ella se sentó.

—Buenos días —le contestó con una sonrisa.

Tras saludarse no tuvieron mucho más tiempo de hablar ya que la siguiente clase era dentro de unos minutos.

Jade llegó a la puerta y entró cuando todos estaban sentados y a punto de comenzar. Miró por encima y sólo distinguió una silla libre al lado de Theo Nott. Se sentó con desgana ya que, a parte de sentarse con uno de los amigos de Draco, éste último estaba en la mesa de detrás y, para colmo, tenía a Pansy en la mesa contigua.

La clase empezó pero como siempre ya comenzaba a ser aburrida, y Pansy tampoco tenía nada mejor que hacer que cotillear.

—Oye, Prince —susurró Pansy desde la mesa de al lado a lo que Jade ni se giró para mirarla—, ¿estás engañando a Potter con Diggory? —soltó con una sonrisita en la cara.

—Diggory —habló Draco mirando a Pansy.

—Es el capitán del equipo de Hufflepuff —contestó Theo a Draco.

—No era una pregunta —dijo el rubio a su amigo—. ¿Crees que no sé quien es ese?

—Ya basta —le cortó Jade—. ¿Podríais tener un tema de conversación en el que no salga yo o alguien referente a mí? —dijo girándose para mirar a Draco.

—A mí no me mires, ha empezado Pansy.

Dicho esto cada uno intentó seguir la explicación del profesor, pero aún se escuchaban los murmullos de Pansy.

Les tocaba Defensa Contra las Artes Oscuras con el profesor Moody y según los comentarios de Fred y George las clases con él eran muy emocionantes. Por eso Harry, Ron, Hermione y Jade ya deseaban llegar al aula. Una vez dentro se sentaron a la espera del profesor.

—Soy Alastor Moody, ex-auror y vuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo dando la espalda a la clase mientras cojeaba hacia la pizarra. En acabar de escribir su nombre se giró para contemplar a los alumnos que lo miraban entre miedosos y expectantes—. Este trimestre aprovecharé para explicaros lo que el Ministerio se niega que aprendáis: las maldiciones imperdonables —miró a cada uno por separado viendo las expresiones— ¿Alguien sabe qué son?

—Sí, señor —dijo dudosa Hermione Granger. Cuando Moody la incitó a seguir, ella se aclaró la garganta—. Son tres conjuros ilegales.

—¡Correcto! ¿Y alguien me podría decir cuáles son? —se formó un silencio incómodo en la clase; seguramente más de uno lo sabía pero no se atrevía a decirlo.

—Yo conozco una. —Ron esperó a que el profesor lo mirara y continuó—. La maldición imperius.

—¡Muy bien! Observad para qué sirve.

El profesor hizo una muestra con una araña de cómo reaccionaba ésta ante la maldición. Después prosiguió.

—¿Quién me dice otra? —Neville Longbottom fue el siguiente en levantar la mano—. ¿Longbottom, verdad? Muy bien chico, dime.

—Pues… está… el cruciatus.

—¡Correcto, correcto! Ven, ven conmigo. —Moody lo agarró por el brazo y le guió hasta la mesa donde estaba la araña. Miró un momento al chico y después lanzó la maldición. Neville miraba con horror el efecto que le causaba a la araña, pero el profesor parecía no darse cuenta.

—¡Profesor! ¡Pare! ¿No ve que está sufriendo? —Hermione se había puesto en pie y miraba a Neville con los ojos húmedos. Moody se detuvo pero luego caminó hasta Hermione.

—¿Podría decirme la última, señorita? —La chica negó con la cabeza mientras miraba hacia el frente.

Avada Kedavra, señor, esa es la última.

Alastor Moody se giró hacia Jade y la miró durante varios segundos, escudriñándola. Parecía sorprendido por algo. Después, lanzó la maldición, acabando así con la vida de la araña.

—La maldición letal. No hay posibilidad de escapar de ésta, pero sólo una persona ha sido capaz de hacerlo. —Moody cojeó hasta detenerse delante de la mesa de Harry y, cuando se miraron a los ojos, el profesor se puso nervioso.

El primer mes del curso había pasado velozmente, aún más rápido por la esperada llegada de los dos colegios de magia. A principios de octubre, en la cena del primer sábado de este mes, en dos mesas se había dejado más espacio libre para recibir a los invitados. Los alumnos de Hufflepuff se habían apiñado más juntos en un extremo de la mesa y los de Slytherin también habían hecho lo mismo.

Dumbledore ya estaba de pie detrás del atril mirando hacia los alumnos, aguardando silencio.

—Buenas noches a todos —dijo el director una vez la sala había quedado en silencio—. Tal como os dije el primer día de curso, conoceréis a los alumnos de Beauxbatons y Durmstrang, y será en unos escasos minutos.

Pero no llegó ni a pasar un minuto; la gran puerta de roble se acababa de abrir dejando paso a un grupo de alumnos vestidos de azul, seguidos de una gran mujer muy hermosa. Jade observó a Hermione explicando a Harry y a Ron quien era aquella mujer desde la mesa de Slytherin. Ella pudo escuchar los comentarios de su mesa y supo que era Madame Maxime.

Las chicas de esa escuela entraron haciendo un precioso baile que dejó a los chicos embobados. Pero hubo una chica que era la más hermosa de todas y que algo en ella hacía que la belleza de las demás chicas se apagara. Cuando llegaron al final de la sala hicieron una reverencia a los profesores, después a los alumnos y seguidamente se sentaron en la mesa de los tejones. Jade no pudo evitar que su expresión cambiara cuando vio que esa chica tan guapa se sentaba junto a Cedric.

De inmediato, por la puerta aparecieron más alumnos de fuera, esta vez eran los alumnos de Durmstrang. Eran todos varones y llevaban sobre los hombros largas capas de piel que parecían pesadas. También hicieron una entrada espectacular golpeando el suelo con los gruesos bastones y dando volteretas hasta llegar a la primera línea de la mesa de los profesores. Después se fueron a sentar a la mesa de Slytherin, cerca de Jade. Ésta sonrió al ver que Viktor Krum se sentaba enfrente de ella y la cara de rabia de Ron por querer estar en su lugar.

—Muy bien, espero que vuestra estancia en el castillo sea agradable —dijo Dumbledore haciendo acallar los últimos murmullos de los alumnos—. Ahora, podemos descubrir por fin: el Cáliz de fuego —mientras decía esas palabras señaló hacia el centro de la sala donde ahora se veía un gran cáliz con una llama azul en su interior—. Debo recordar que puesto que los menores de diecisiete años no pueden participar, he dibujado yo mismo una línea de edad alrededor del Cáliz. Sé que muchos intentaréis burlarla pero el que avisa no es traidor —dijo mirando hacia dos alumnos de la mesa de Gryffindor—. Para poder presentaros debéis escribir vuestro nombre y escuela, así saldrá elegido un campeón de cada colegio.

De todas maneras los gemelos seguían sonriendo, pensando y maquinando mejor su plan. A continuación el director dio por concluido el discurso y todos se pusieron a cenar.

Durante dos semanas los alumnos de las tres escuelas iban pasando por delante del Cáliz para echar sus nombres o mirar cómo lo hacían otras personas. Se escuchaban rumores de los que posiblemente serían los mejores representantes de cada escuela. Por parte de Beauxbatons estaba entre un chico no muy conocido, pero sí muy valiente, y una chica llamada Fleur Delacour, que casualmente era la chica que se había sentado junto a Cedric el primer día que llegaron. De Durmstrang todos estaban convencidos de que sería Viktor Krum, el jugador de quidditch, cuando se presentara. Y por último estaba el campeón de Hogwarts; este puesto también estaba ocupado por dos alumnos: Cedric Diggory y Angelina Johnson.

Jade se dio cuenta de que Cedric no despertaba mucha simpatía entre los alumnos de Gryffindor, pues más de una vez había escuchado a éstos hacer comentarios sobre que Cedric no se presentaría por miedo a perder su belleza. Pero a ella lo que le preocupaba era el hecho de que se presentase; después de escuchar a Hermione diciendo cosas horribles que había pasado en ediciones anteriores no dejaba de inquietarse por los resultados.

La morena se dirigió hacia la sala del Cáliz donde había quedado con Cedric.

—Hola —saludó el chico al verla llegar—. Ya creía que no ibas a venir.

—Lo siento, tenía que terminar una tarea —dijo la morena con cara triste.

—¿Te pasa algo? —pero enseguida supo de qué se trataba—. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no es peligroso? Eso era antes, ahora es… Además, hay mucha gente que se ha presentado, no es seguro que salga yo.

—Ya, pero una vez que hayas dejado tu nombre en el Cáliz no sabes lo que puede pasar —le cortó Jade, luego suspiró y él la abrazó.

—Te prometo que no me va a pasar nada, suponiendo que salga mi nombre. —Ella le correspondió el abrazo y asintió.

—De todas maneras, me gustaría que no salieras elegido —le dijo con una sonrisa mientras se separaba y se inclinaba para besarlo.

Ese beso no duró mucho porque acababan de entrar los gemelos Weasley y "accidentalmente" uno de los dos chocó contra la espalda de Cedric. Éste sujetó a Jade para no caer y se giró para fulminar con la mirada a los dos. Jade también los miró pero divertida y sonrió al ver que George le guiñaba un ojo.

Llegaron al centro de la sala y un grupo de alumnos los rodearon para ver cómo lo intentaban. Jade y Cedric se acercaron a Hermione que leía un libro en un banco y miraron la escena que tenían delante.

—¡A la una, a las dos y a las tres!

Cada uno de los gemelos bebió un sorbo de la poción para envejecer y se formó silencio alrededor de ellos; Harry y Ron también se habían acercado.

—No va a funcionar —susurró Hermione a Jade y ésta última sonrió.

Los dos sobrepasaron la línea de edad pero enseguida salieron disparados hasta la otra punta de la sala mientras les crecía una gran mata de pelo blanco en la cara. No duraron mucho las palabras de ánimo para una pelea, pues la puerta de la sala se acababa de abrir y había entrado un serio Viktor Krum seguido muy de cerca por Igor Karkarov. Se apagaron las risas y todos miraban al jugador de quidditch. Incluso Hermione había dejado de leer su libro y miraba al chico con una expresión extraña.

Jade se dio cuenta de la fugaz mirada que Krum le lanzó a su amiga después de echar el trozo de papel al Cáliz. Y como respuesta a esa mirada, Hermione agachó la cabeza.

Las chicas y Cedric se reunieron en la puerta con Ron y Harry y antes de que Ron pusiera una mala cara por ver a Cedric (cosa que ya había hecho anteriormente), Jade le dijo a su novio que ya se verían más tarde y se despidieron con un beso.

Estuvieron caminando un rato por el castillo hasta que acabaron en la sala común de Gryffindor, junto a Dean, Seamus y Neville, que ya ocupaban los sillones frente a la chimenea. Dean y Seamus lanzaron sendas miradas acusadoras a Jade, y Hermione se extrañó por ese comportamiento. Ellas dos se sentaron más apartadas del grupo para hablar.

—¿Por qué te han mirado así? —preguntó Hermione mirando de reojo a los chicos. Jade suspiró.

—Al parecer los Gryffindor tienen un problema con Cedric. A Ron tampoco le cae muy bien. —La morena negó con la cabeza apesadumbrada y después miró a su amiga; ella debía responder a otras preguntas más importantes—. Bueno, y dime, ¿a qué vienen esas miradas entre Krum y tú?

—Emm… —la castaña se puso colorada y tras suspirar un par de veces, miró a Jade con los labios fruncidos—. Verás, desde que llegaron al colegio él no deja de ir a la biblioteca y siempre… siempre me está mirando —eso último lo dijo en un susurro y después se puso más colorada.

—Será que le gustas.

—Calla, no es eso, es sólo que… es molesto. Y no sé cómo las demás chicas siempre piensan en él y siempre están detrás de él. No es tan guapo y no parece listo. En la biblioteca se limita a hojear libros mientras mira de reojo a su alrededor.

Después se calló pero siguió pensando en cosas de él que no entendía. Jade la miraba divertida y se dio cuenta de que uno de los chicos las estaba mirando: Ron. No le hizo mucho caso y siguieron hablando de otras cosas.

Ya era el día, ese día que tantos esperaban. La gente se acumulaba en las mesas del Gran Comedor, todos queriendo estar lo más cerca posible del Cáliz y del director. Los alumnos se sentaban en mesas de casas diferentes a las suyas, sólo por querer estar más cerca o por estar junto a sus amigos. Los únicos que se mantenían en su lugar eran algunos Slytherin y los profesores. Jade estaba con Harry, Ron y Hermione en una de las mesas más apartadas del Cáliz y de vez en cuando buscaba a Cedric con la mirada; éste hacía lo mismo.

—Bienvenidos a la ceremonia de la selección de los campeones —comenzó a decir el director de Hogwarts—. Y a pesar de todas las advertencias dichas, ha habido casos donde menores de diecisiete han intentado entrar en competición y —Dumbledore agachó la cabeza y miró por encima de sus lentes—, como ya dije, el que avisa no es traidor. —Su mirada se había detenido en aquellos alumnos que, como George y Fred, habían intentado poner su nombre en el Cáliz.

Sin que el director pudiera añadir nada más, la llama azul del Cáliz se tornó roja y enseguida salió disparado hacia arriba un trozo de papel que el director cogió al vuelo. Tenía los extremos quemados y Dumbledore con sumo cuidado lo desdobló y leyó.

—El campeón de Durmstrang —dijo elevando la voz— es Viktor Krum.

Aquel lado de la sala rompió en aplausos y las manos golpeaban por toda la espalda del campeón. Se escuchó a Karkarov decir que sabía que sería él, que estaba muy orgulloso. Pero Dumbledore prosiguió cuando Krum cruzó la sala hasta una puerta que había detrás de la mesa de los profesores. En ese rato había llegado Ludo Bagman y se había instalado disimuladamente al lado de esa puerta.

El director de Hogwarts volvió a atrapar un trozo de papel también quemado pero de color rosa y lo abrió.

—El campeón de Beauxbatons —leyó y miró a los alumnos de ese colegio— es Fleur Delacour.

Muchas de las chicas con uniforme azul se pusieron a llorar por no haber salido elegidas y miraban cómo una chica con una larga melena plateada, Fleur Delacour, caminaba sonriente y elegante hacia la puerta por donde Krum había desaparecido.

—¡Ron, es ella! —dijo Harry al pelirrojo.

—Sí, la veela —el chico lo dijo sin pensar y se dio cuenta de que Jade estaba allí. La morena miró a Hermione extrañada.

—Es que Ron se fijó en ella el primer día. Le gusta. —Jade sonrió y miró al pelirrojo.

—Así que te gusta porque es veela. —Ron intentó negar con la cabeza, que se le estaba poniendo del color de su pelo. Pero Jade levantó una mano y le revolvió el matojo rojo—. No pasa nada. Además, creo que ella tiene más de veela que yo, es más guapa, se parece más a las del partido de quidditch.

—Pero no sabemos si de verdad es veela, es sólo una suposición de Ron y Harry.

Dejaron el tema de lado cuando Dumbledore volvió a coger un trozo de papel. Ese papel diría quien sería el campeón de Hogwarts. Jade estaba muy nerviosa y a cada instante miraba a Cedric, éste sólo sonreía y hablaba con sus amigos, seguro gastando bromas sobre el torneo.

—El campeón de Hogwarts —apareció una sonrisa en su rostro y bajó el papel— es Cedric Diggory.

¡No! Fue lo primero que pensó Jade. Ella seguía mirando al chico pero éste no se había percatado; toda la mesa se había levantado y se había formado una revuelta alrededor del campeón de Hogwarts. Los Gryffindor sólo aplaudían, pero sin sonreír. Jade no hacía nada, más que mirarlo. Cuando por fin Cedric se acordó de Jade, él ya estaba cerca del Cáliz y la chica se había sentado cabizbaja.

—Fantástico, ahora ya podemos dar por comenzado el Torneo de los tres magos, así que podéis senta…

En ese momento el Cáliz volvió a tornarse rojo y salió un cuarto papel. La sala estaba en total silencio, expectantes por saber lo que ponía en ese papel intruso. El director lo atrapó y con las dos manos lo desplegó y leyó.

—Harry Potter.

No podía ser, era imposible. ¿Por qué aparecía su nombre allí? Harry respiraba agitadamente y miraba a sus amigos alternativamente.

—No puede ser, yo no metí mi nombre en el Cáliz —susurró el chico.

—¡Harry Potter!

—Vamos, Harry —lo apremió Hermione. Jade casi se pone delante del chico para que no se moviera, pero él ya se había levantado y caminaba despacio hacia la sala de los campeones.

Los comentarios en contra de Harry subieron de tono en la mesa de las serpientes. Para Jade ya era demasiado aceptar que Cedric participaba en aquello como para que Harry también lo hiciera.

Los profesores entraron tras Harry y eso calmó un poco a Hermione y a Jade: lo aclararían todo. Harry tenía tan solo catorce años e iba contra las reglas dejarlo participar. Pero, ¿cómo pudo aparecer su nombre en el Cáliz?

Pasaban los días y el ambiente seguía igual de tenso. Las escuelas de fuera seguían sin hablar directamente con los alumnos de Hogwarts, al igual que sus directores acusaban a Dumbledore de llamarse ahora el Torneo de los cuatro magos. Además, los propios compañeros de Harry lo miraban mal al pasar por su lado. Eran unos pocos los que apoyaban al niño que sobrevivió, pero entre ellos no se encontraba Ron. Éste se había enfadado con Harry porque según el pelirrojo, su amigo lo había hecho a sus espaldas.

Era viernes y Jade y Hermione hacían los deberes en la biblioteca. Al principio la castaña no quería ir por si Krum se encontraba allí, pero tras las insistentes palabras de Jade acabaron por ir. Llevaban un rato escribiendo y en efecto, al pasar unos minutos, el búlgaro se había asomado por detrás de una estantería y levantaba la cabeza del libro repetidas veces.

—Sigue haciendo los deberes —susurró Hermione a su amiga al darse cuenta de que ésta miraba hacia el interior de la biblioteca.

—Hermione, no te preocupes, no se dará cuenta. —La castaña negó con la cabeza y siguió escribiendo en su pergamino. En ese instante se sentó alguien en la silla contigua a la de Jade.

—Hola —dijo Harry con voz débil.

—¿Qué ocurre? —Harry miró a Jade y suspiró.

—Ron, sigue sin escucharme. Y encima vosotras me dejáis solo. —Jade lo miró con ternura y le acarició la mano. El moreno miró a su alrededor para comprobar que la señora Pince no andaba por allí y se inclinó más sobre la mesa—. ¿Podéis venir conmigo mañana a ver a Canuto?

—Pero —empezó Hermione—, no se encontrará cerca de aquí, ¿verdad?

—Pues… —Harry agachó la mirada— está en Hogsmeade.

—¿Qué? —Se escucharon unos pasos rápidos y Hermione se dio cuenta de que había levantado la voz—. ¿Qué? ¿Por qué hace eso? Es peligroso.

—Lo sé, pero el caso es que me ha dicho que le llevemos mucha comida.

Jade no había dicho nada, en realidad le importaba muy poco la suerte que corriera el padrino de Harry. Desde que insultó a Snape el curso pasado se había difuminado la poca simpatía que sentía hacia él por ser el padrino de Harry.

—Lo siento, pero tengo que estudiar. Tú podrías hacer lo mismo —dijo Hermione acusadora. El chico miró ahora a Jade.

—Es que tengo pensado ir con Cedric a…

—Bueno, ya buscaré una forma de llevarle comida.

Entonces vieron que un chico alto entraba por la puerta y se acercaba a ellos. Jade giró la cabeza e hizo como si no hubiera visto entrar a Cedric; seguía algo molesta por lo del torneo. El chico de todas maneras se sentó al otro lado de la morena.

—Jade —empezó a decir el chico. Harry y Hermione se miraron y comenzaron a levantarse para irse.

—¿Qué, Cedric?

—Venga, ya no hay vuelta atrás. No vas a pasarte todo el curso igual.

—Lo sé —la chica suspiró—. Pero, encima ahora también estoy preocupada por Harry.

—Pero eso lo tienes que hablar con él, yo no tengo la culpa de que se haya presentado sabiendo que no podía.

—Él no se ha presentado Cedric. —Jade lo miró hastiada y se levantó—. Nos vemos luego. —Corrió hacia Harry y Hermione que acababan de cruzar la puerta—. Harry, te acompaño mañana.

Se giró para mirar a Cedric que la miraba desde la mesa y la chica levantó las cejas para después irse.

Harry y Jade andaban bajo la capa de invisibilidad cargados de comida que los elfos domésticos les dieron de la cocina. Caminaban hacia una montaña cerca de Hogsmeade, habían aprovechado la salida del sábado para no levantar sospechas. Llegaron a una especie de cueva y pronto vieron un perro negro que miraba hacia fuera. Ellos se quitaron la capa para que los viera y rápidamente el perro entró dentro para, tras unos segundos, salir como humano.

—Sirius. —Harry abrazó a su padrino afectuosamente—. Te hemos traído comida —dijo señalando la bolsa que tenía Jade. Ésta se acercó y se la entregó.

—Gracias, chicos —decía mientras cogía la comida y empezaba a devorarla.

Después de no dejar ni rastro de lo que le habían traído, Sirius miró a su hijastro seriamente.

—¿Metiste tu nombre en el Cáliz?

—No —contestó rápidamente Harry.

—Tenía que preguntar.

—Pues yo nunca dudé de él —dijo Jade mirándolo. A lo que él sonrió.

—No dudo de él —contestó mirando a la chica—. Por cierto, Harry —cambió de nuevo la expresión de su cara—, ¿has vuelto a tener ese sueño?

—Sí, y siempre ocurre lo mismo —contestó el moreno afligido.

—Intenta averiguar quién ese tercer hombre que no conoces. Hay que estar atentos. —Sirius colocó una mano sobre el hombro del chico.

—Pero es sólo un sueño, ¿no?

—Claro, Harry, no te preocupes tanto —dijo Jade que había estado callada demasiado tiempo.

—Sí, es sólo un sueño. —Sirius volvió a mirar a Jade—. Pero sin duda alguien metió su nombre en el Cáliz y quién lo hizo no es amigo suyo —concluyó Sirius.

Jade se levantó de la cama. Un sol inusual de noviembre entraba por la ventana e incitaba a disfrutar de ese domingo. Miró a su alrededor y vio que se encontraba sola; al parecer sus compañeras de habitación ya se habían levantado. Tras arreglarse, bajó las escaleras y llegó a su sala común, donde un grupo de alumnos, entre ellos Draco y Pansy, reían mientras miraban algo. La chica no quiso saber lo que pasaba y se dirigió a la puerta para ir al Gran Comedor, pero Pansy la vio antes de que saliera.

—Eh, Prince, ¿quieres una? —Pansy le ofrecía una especie de chapa. Jade la miró confusa.

—No quiero nada que proceda de ti —dicho esto salió sin dejar que Pansy replicara.

Mientras caminaba en dirección al comedor alguien tiró de ella y la atrajo hacia un rincón. La morena miró los ojos grises del chico que se había acercado a escasos centímetros de ella y sonrió. Sin decirse nada comenzaron a besarse con más entusiasmo de lo normal. Las manos de Cedric recorrían cada centímetro de su espalda y la acercaba más a él. Jade rodeaba el cuello del chico con un brazo y con una mano le revolvía el pelo. La expresión divertida que al principio tenían en la cara desapareció dejando paso a otra distinta. Al estar en un pasillo solitario, pensaron que nadie los molestaría pero no era así.

—Creo que es hora de comer —se escuchó una voz que arrastraba las palabras.

Eso provocó que sus cuerpos se separaran como si de dos mismos polos se tratase. Los dos tragaron saliva compulsivamente y evitaron mirar a cualquiera a los ojos. Ese fue el silencio más incómodo que Jade hubiera tenido.

—Nos vemos después, Cedric —tartamudeó Jade. Instó al chico a que le hiciera caso para así relajar un poco el ambiente. Se marchó mirando el suelo y antes de girar la esquina miró a Jade.

—Bueno, me voy que tengo hambre.

—Un momento —dijo Severus cuando la morena se disponía a irse—. Si tengo que estar patrullando los pasillos hora sí y hora también ten por seguro que lo haré. Pero me encargaré de que esto no vuelva a ocurrir.

—Pero es mi novio —dijo por fin Jade molesta de que él se entrometiera en su vida.

—No añadiré nada más.

Dicho esto se giró y se marchó haciendo ondular su capa.

—No lo haré mientras tú no te enteres —se dijo a sí misma caminando hacia el otro lado del pasillo.

Hoy Hermione acompañaba a Ron y Jade a Harry, así lo habían acordado las chicas para no dejar a ninguno solo. Estos dos últimos paseaban por los jardines del castillo, callados. Harry caminaba con las manos en los bolsillos mirando hacia el suelo. Jade no sabía por qué estaba así de serio, lo había estado desde que se había juntado con él hacía unas horas, así que se detuvo delante de él y esperó a que la mirara.

—¿Qué te pasa? ¿Es por Ron? ¿Por el torneo? Venga, dímelo. —Harry sonrió y volvió a mirar el suelo.

—Es un poco de todo. Estoy preocupado por la primera prueba. No sé cómo la voy a superar.

—Pero todavía no sabes a qué te enfrentarás.

—Sí lo sé. —Jade frunció las cejas y esperó a que el chico lo dijera—. Tendremos que luchar contra un dragón.

—¿Qué? ¡¿Un dragón?! ¿Cómo lo sabes?

—Hagrid me mostró los dragones que Charlie, el hermano de Ron, trajo desde Rumania.

—Oh. ¿Y Ron no te dijo nada? —El moreno negó con la cabeza y Jade suspiró—. Se está pasando.

—Una cosa. ¿Se lo puedes decir tú a Cedric? Lo de los dragones.

—Claro. Pero…

—Así todos lo sabremos. —La chica levantó las cejas sorprendida por descubrir que todos habían hecho un poco de trampa. Se lo diría a Cedric también.

Llegaron a un jardín donde se apiñaban los alumnos entorno a un grupo de Slytherin. Jade miró a Harry pero éste sólo suspiró. Siguieron caminando para atravesar el jardín pero aquel grupo los detuvo.

—Qué, Potter, ¿quieres una? —preguntó una chica rubia que estaba al lado de Pansy y que le enseñaba una chapa a Harry. Jade pudo leer ahora lo que ponía: APOYA A CEDRIC DIGGORY, y continuaba después POTTER APESTA.

Jade se sorprendió y miró a Harry que quería marcharse ya de allí.

—Eh, Potter, ¿te gustan? —Harry lo miró furioso pero no quiso seguirle el juego a Malfoy.

—¿Por qué no le dejas en paz?

—Da igual Jade, es mejor que nos vayamos. —La chica le hizo caso y comenzaron a caminar en sentido contrario a esa gente.

—Pero, Prince, ¿por qué apoyas a Potter? Deberías estar con Cedric, tú tendrías que ser la primera en tener una chapa como ésta. —Pansy mostraba la chapa que tenía enganchada a la túnica mientras sonreía maliciosamente.

La morena decidió pasar de ella y salió de allí junto a Harry. Caminaron por los pasillos del castillo sin pronunciar palabra y cuando vieron a Cedric al final de uno junto a sus amigos, Jade miró al moreno y se despidieron. Caminó deprisa sin devolverle la sonrisa a Cedric y éste incluso se asustó.

—¿Cómo eres capaz de hacer semejante cosa?

—¿De qué hablas? —preguntó Cedric confuso. La chica suspiró nerviosamente y tras tranquilizarse un poco volvió a hablar.

—Harry ya tiene suficiente con participar en el torneo como para que estés tú poniendo a todo el colegio en su contra.

—Espera. No te estarás refiriendo a lo de las chapas, ¿verdad? —Cedric suspiró divertido y Jade se sorprendió más. El chico le rodeó la cintura y caminaron para alejarse de sus amigos, que siguieron su camino—. No fue idea mía. Les dije que le dejaran en paz pero como ves no me hicieron caso. —Jade seguía con los labios fruncidos pero lo estuvo pensando unos segundos y se relajó.

—Está bien, te creo. Perdona por echarte la culpa sin razón. —Entonces se acordó de la conversación con Harry sobre Cedric—. Por cierto, la primera prueba son dragones. —El chico abrió los ojos y la miró confuso.

—¿Cómo lo sabes?

No pudo contestarle, pues el profesor Moody había aparecido por una de las esquinas. Cedric se acordó de que el profesor Snape podría estar por allí y se asustó un poco.

—Vamos a otro sitio.