Durante los días previos a la primera prueba, los campeones de cada colegio intentaban calmar los nervios o perfeccionar la técnica que utilizarían contra los dragones; todos menos uno. Harry, al parecer, era el único que todavía buscaba un método para salir ileso de aquella prueba. No pedía ayuda pero siempre le llegaba ésta de una forma u otra. Si no era Jade que estaba preocupada por él y por eso le daba algún consejo, era Hermione, que como la morena, estaba aterrada por la suerte que pudiera correr Harry. Al final acababan los tres en un aula desierta practicando algunos de los hechizos que la castaña aprendía de los libros que sacaba de la biblioteca.
—No, Harry, es así —volvía a repetir Hermione cansada de ver cómo los cojines chocaban contra la ventana en vez de posarse a los pies del moreno. El chico suspiró y volvió a intentarlo. Esta vez cayó más cerca de él—. Vamos progresando.
—Venga, Hermione, no le agobies tanto. Lo hace lo mejor que…
—Da igual, Jade, esto es necesario. —Harry volvió a alzar la varita y apuntó al último cojín—. Accio. —Por fin logró que llegara junto a él—. Creo que ahora sí es suficiente.
Hermione se rindió y dejó que salieran para ir todos a cenar, pues estaban allí desde que se habían acabado las clases de la tarde.
Entraron al Gran Comedor y vieron que todavía no estaba lleno, así que no fueron muchas las miradas que se posaron en el grupo que acababa de entrar. Jade no quiso separarse de sus amigos y los siguió hasta la mesa de los leones. Se sentaron junto a Neville y Ginny; eran los únicos que seguían respetando a Harry.
Pasados unos minutos Harry se levantó para irse, excusándose de que estaba cansado. Sus amigos asintieron sin decir nada y cuando desapareció por el pasillo, volvieron la cabeza hacia la mesa y algunos suspiraron.
—Es por Ron, ¿verdad? Desde que están así Harry está muy distraído y no le pone empeño a nada. —La morena apoyó la cabeza en una mano y volvió a suspirar.
—Esto no puede continuar así, sino perderá la primera prueba. —Hermione se enderezó en su sitio y se puso firme—. Mañana no le dejaré salir de la clase hasta que le salga perfecto el hechizo.
Tan solo quedaban unos minutos para que los campeones se enfrentaran a un dragón y los nervios estaban en las expresiones de cada uno de ellos. Viktor Krum tenía el semblante serio, como siempre, pero se podía entrever un deje de tensión en sus ojos; Fleur Delacour seguía igual de hermosa pese a temblar por la mezcla de emociones y estar cada dos por tres mordiéndose las uñas; Cedric Diggory podía ser el que más temple tenía, pero era el que más nervioso estaba, pues no cesaba de caminar de un lado a otro de la tienda; y Harry era obvio que se sintiera así al ser el más joven e inexperto de todos, pero estaba sentado observando a Cedric caminar sin expresar sus emociones, ese nudo que le estrujaba el estómago.
Se escuchaban las conversaciones de la gente que ya esperaba verlos salir a campo abierto, algunos incluso sin llegar a la conclusión de que los cuatro se jugaban la vida. Harry estaba en parte aliviado gracias a Hermione que no lo había dejado en paz hasta que supo convocar objetos de mayor tamaño que un simple cojín; ahora podría convocar su escoba que estaba en el castillo, un tanto lejos de donde se encontraban ellos.
—¡Atención! ¡Dentro de unos instantes dará comienzo la primera prueba! —Los espectadores chillaron cada uno el nombre del campeón que apoyaban, hasta que Ludo Bagman volvió a llamar la atención de todos—. Si nuestros campeones están preparados, ¡que empiece el torneo!
Harry levantó la cabeza cuando vio que Cedric salía de la tienda y se dirigía al centro de rocas que había en medio de las gradas.
Hermione y Jade estaban en primera fila, justo enfrente de la tienda de los campeones. Cedric caminaba despacio hacia donde estaba el huevo de oro (ya les habían explicado que debían atraparlo) junto a los huevos reales de dragón. Todavía no había peligro, hasta que se escuchó un gruñido proveniente de una cueva. Se escucharon varios gritos de asombro al ver aparecer al dragón, pero Jade no tuvo tiempo para desesperarse, pues Cedric había decidido convertir una roca en un perro labrador de manera que el dragón estuviera pendiente de éste.
—¡Muy astuto! ¡Sí, señor, muy astuto! —se le oía decir a Ludo Bagman con voz ampliada.
Jade sonrió aliviada cuando vio que Cedric tenía ya el huevo en sus manos, pero de un momento a otro su suerte cambió: el dragón había cambiado de idea. Ahora su objetivo volvía a ser Cedric y el dragón debía proteger los huevos. Éste había lanzado una llamarada de fuego atacando al Hufflepuff y éste había salido malherido.
Los gritos volvieron a inundar las gradas y Jade sintió su corazón latir fuertemente. El dragón habría caído sobre Cedric si no llega a ser por los hombres que sostuvieron al animal y se lo llevaron. Cedric ya había conseguido el huevo de oro así que ya había pasado la prueba.
Ludo Bagman fue llamando a cada uno de los campeones, primero Delacour y después Krum.
—¡Continuamos! ¡Ahora, el último de los contrincantes! —seguía chillando Ludo— ¡Harry Potter!
El silencio se volvió a apoderar de los espectadores, esperando ver el dragón. Jade y Hermione agarraban la barandilla con fuerza. La morena no se había movido de su sitio pese a que Cedric estaba en la enfermería con una pierna quemada; Harry también era importante. Ron se les había unido cuando Krum acababa de conseguir el huevo y no les había dicho nada a las chicas.
Se escuchó cómo Harry convocaba la Saeta de Fuego al ver aparecer al colacuerno húngaro. Nada más aparecer la escoba, Harry se subió a ésta y comenzó a volar por todo el recinto, mareando al dragón. En un momento, el animal rompió la cadena y persiguió al chico por el aire, pero Harry era muy buen volador así que voló en picado directo hacia el suelo y en el último momento detuvo la escoba para atrapar el huevo de oro.
Prácticamente los cuatro campeones habían sufrido algún daño, aunque fuera un pequeño rasguño como el que tenía Harry en el brazo, aún así todos estaban en la enfermería. Había un grupo numeroso de gente en cuatro camillas diferentes, más personas de las permitidas por Madame Pomfrey.
—Fue genial lo que hiciste con la escoba, Harry —volvía a repetir Seamus.
—Sí, pero lo mejor fue cuando esquivaste el fuego —también repetía Dean, asintiendo a su amigo.
Harry sonreía a los Gryffindor que al parecer volvían a apoyarle. Hermione se sentaba junto a él y miraba a los chicos alternativamente. Jade estaba detrás de la castaña y como todos, sonreía.
—Yo te habría puesto un diez —decía Seamus entusiasmado.
En ese momento entró por la puerta un pelirrojo, alto y pecoso, que caminó hacia la camilla de Harry cabizbajo. Todos supieron que no debían estar allí y se dispersaron disimuladamente. Seamus y Dean salieron de la enfermería, Hermione dejó libre la silla y se fue al final de la camilla de Harry, y Jade decidió volver junto a Cedric.
—Eh… lo has hecho muy bien… y… —Ron miraba a todos lados menos a Harry, cada vez se ponía más nervioso— lo siento, debí escucharte.
—Tranquilo, Ron, olvídate.
—No, es que debí haberte escuchado cuando…
—He dicho que te olvides —volvió a repetir Harry—, ya está todo arreglado.
Por fin el chico hizo caso y después sonrió mirando a su amigo. Entonces Hermione comenzó a llorar y los dos se asustaron. Jade, que estaba enfrente de ellos, en la camilla de Cedric, se volteó para ver qué pasaba.
—Sois tan tontos —dijo Hermione entre sollozos. Los chicos y Jade sonrieron y volvieron a lo suyo.
—Ya se han reconciliado —dijo Cedric mirando a los Gryffindor. Jade lo miró y asintió sonriendo—. Menos mal porque ya comenzaba a afectarte a ti. —Jade levantó una ceja en su dirección, sin saber a qué se refería.
—A mí no me afectaba. Era su problema.
—Ya, claro. —Jade miró hacia otro lado para no seguir hablando sobre eso, pero luego se acordó de otra cosa.
—Por cierto —volvió a mirar al chico alzando una ceja—, me prometiste que no te iba a pasar nada malo. Y mira, aquí estás.
—Por Merlín —dijo suspirando Cedric—, si no me he hecho nada. —A esto la morena pestañeó sorprendida, pues tenía una pierna quemada—. Vale, algo sí me he hecho, pero no pasa nada.
El chico hizo el gesto de levantarse y cuando Jade lo vio, se acercó ella para darle un beso antes de irse con Hermione al Gran Comedor a cenar.
Los días de después de la prueba fueron notablemente más tranquilos. Por una parte, Ron y Harry volvían a ser amigos, y por otra, el peligro no acechaba a Harry pues la siguiente prueba no llegaría hasta dentro de unos meses.
El primer fin de semana de después de la prueba fueron a ver a Sirius, a llevarle más comida y como la primera vez, Jade y él no se hablaron bien precisamente. Le contaron cosas sobre la prueba de los dragones y cómo Harry burló al colacuerno húngaro, también de lo indignado que seguía Karkarov porque Harry participaba y encima lo hacía bien. El frío se iba notando cada vez más y la nieve caía sobre las montañas, incluso entraba dentro de la cueva.
—Como es costumbre en cada Torneo —decía Severus Snape con su acostumbrado arrastrar de palabras—, se celebra un baile de Navidad. Se hará por parejas.
No añadió nada más y salió de la sala común de Slytherin. Muchos no se preocuparon después de oír las palabras del profesor, entre ellos Jade y Draco, pero había otros, como Pansy y sus amigas, que cuchicheaban en un lado de la sala. No es que fuera cotilla, pero es que no susurraban precisamente y por eso Jade pudo escucharlas fácilmente.
—Veis, esta es otra oportunidad para estar con Draco y ahora sí vendrá el beso. —Jade no pudo reprimir una carcajada corta para después girarse y caminar hacia su habitación. Pansy y su grupito la siguió—. Te ríes Prince, ¿no? ¿Qué? ¿me vas a restregar que te has besado con él y yo no? —susurró Pansy al oído de Jade cogiéndola por el brazo.
Jade se detuvo y miró la mano con la que la sujetaban con desprecio, después miró a los ojos a Pansy.
—¿Crees que es por eso? ¿Qué disfruté cuando besé a Malfoy? —le preguntó la chica sin bajar el tono de voz—. ¿En serio lo crees? Pues te diré una cosa, me rio porque me da pena que alguien malgaste su tiempo pensando en un beso que nunca tendrá, además de que Malfoy no vale la pena.
Los que todavía quedaban en la sala miraban ahora a Draco, Pansy y por último a Jade. Draco no había cambiado la expresión de su cara, pero se sabía que nunca le había gustado que hablaran así de él. Pansy apretaba la mandíbula intentando contener todas las palabras que tenía reservadas para Jade y cada vez estaba más fea. Jade tenía una sonrisa torcida en el rostro que le daba un aspecto algo malévolo.
El rubio caminó lentamente hacia las morenas. Cuando estuvo enfrente, clavó sus ojos grises en los verdes de Jade. Pansy se echó un paso hacia atrás y sonrió, esperando escuchar los insultos que el rubio le diría a Jade. Ésta última le devolvió la mirada a Draco, provocativa, preparada para reírse de cualquier tontería que éste le dijera.
—Así que no valgo la pena, ¿no? —dijo Draco alzando una vez las cejas. Ese tono que utilizó hizo que Jade se pusiera alerta.
—Pues no y te lo puedo confirmar, porque he besado otros labios y ni punto de comparación.
Draco no pudo soportar que lo compararan con un Hufflepuff cualquiera y puso en marcha su plan de venganza por la que le debía. Desde el curso pasado había estado planeando la manera de devolverle a Jade el ridículo que le hizo pasar en el Gran Comedor, cuando le besó para molestar a Pansy.
Dio un paso acercándose más a Jade, después puso ambas manos en cada brazo de la chica y estrelló su boca en la de ella. Se abrió hueco entre sus labios bruscamente, todavía sosteniéndola contra él. Ella comenzó a intentar separarse, pero Draco ya tenía una cierta fuerza en los brazos y por muchos esfuerzos que Jade hiciera, eran en vano.
El chico soltó sus brazos para cogerla por la nuca y por la espalda, y así hacer que la chica sintiera más cerca sus labios y su cuerpo. Pero no desistió y con sus manos empujó el pecho de Draco para que se separaran, y hasta que él no quiso no lo consiguió. No habían sido unos pocos segundos como las otras veces.
Draco la soltó y después de mirarla entró en su habitación. Ahora sí tendría claro quién besaba mejor.
Jade no se había movido del sitio y miraba a su alrededor sin detenerse en los ojos de nadie. Pansy tenía la cara desfigurada y no dejaba de mirar donde Draco había estado. Los otros alumnos que habían presenciado la escena se dispersaron, pues todavía corría el rumor de que Jade se podía convertir en un monstruo.
Al día siguiente, después de terminar las clases de la tarde, Jade se reunió con sus amigos en la mesa de Gryffindor para cenar. Ellos ya estaban allí y la morena se sentó junto a Hermione y comenzó a cenar sin decir nada. Tras varios minutos, Jade levantó la vista del plato y miró a sus amigos.
—¿Os han dicho lo del baile de Navidad? —preguntó Jade sacando un tema de conversación.
—Sí —dijo Hermione sonriendo y mirando a Ron.
—¿Qué pasa? —Jade miró a Ron y luego a Harry que también sonreía.
—McGonagall hizo bailar a Ron con ella —decía el moreno intentando reprimir una carcajada.
—Ya vale —dijo seriamente el pelirrojo—. Ya me lo recuerdan suficientes veces mis hermanos cada vez que me ven.
—Vaya, que pena no haber visto eso. —Ron giró la cara para mirar a Jade—. Ron, piensa que si hubiese sido Harry tú también te reirías de él.
—A mí no me metas.
Estuvieron un rato riendo tras incitar al pelirrojo a que invitara de pareja a la profesora.
—Por cierto, Harry —Jade miró a su amigo con tristeza—, ¿has leído el profeta?
—Sí. —El moreno cambió la cara tras recordar el artículo que Rita Skeeter había publicado sobre él.
—Esa cucaracha —soltó Hermione enfadada—, ¿qué se cree? Además es mentira todo lo que escribe. Y llevad cuidado con lo que decís por aquí, dicen que se entera de todo y no sé cómo lo hace.
Jade deseó no haber sacado el tema, pero ya era tarde. Menos mal que la cena terminó pronto y se retiraron a sus habitaciones.
Después de despedirse de sus amigos que subían para la torre de Gryffindor, ella bajó hasta las mazmorras, envuelta en sus pensamientos, tanto que al principio no vio al chico apoyado en el muro. Cuando se dio cuenta tuvo que acercarse para ver quién era, pues estaba muy oscuro.
—Hola —dijo Jade mirándolo a los ojos.
—Hola —le contestó Cedric con una pequeña sonrisa—. Oye, he escuchado a unos alumnos de Slytherin hablar de algo que pasó ayer, ¿es verdad… es verdad lo que dicen?
—¿Qué dicen? —preguntó la chica intentando ocultar su preocupación. Que no se refiera al beso.
—Sabes de qué te hablo. —Cedric la miró acusativo.
—Ya. Bueno, sí es verdad —antes de que él pudiera añadir algo, Jade continuó—, pero fue él quien me besó.
—Creo que tendré un par de palabras con él. Sí, palabras —dijo el chico mirando hacia el muro que escondía la sala común de Slytherin.
—¡No! Es decir, no hace falta. —Realmente ella lo había empezado todo y pensando en un duelo entre ellos dos, Cedric era tres años mayor; lo mataría. Cedric la miró sorprendido—. Es que…
—¿Qué? Dime la verdad Jade.
La chica no dijo nada y el silencio cada vez se volvía más incómodo. Cedric esperaba la respuesta de la morena y no podría esperar mucho tiempo, pues ya era muy tarde y Filch estaría vigilando. Estaba sacando sus propias conclusiones, erróneas, pero Jade no lograba decir nada.
—Con tu silencio me lo dices todo. —Se giró de golpe y caminó hacia las escaleras para desaparecer por éstas.
Jade tragó saliva y se mordió el labio para intentar reprimir un sollozo. Quiso seguirlo, pero sus piernas no respondían.
Al cabo de unos minutos pudo caminar hacia la sala común y antes de entrar se puso seria y se limpió las pocas lágrimas que habían conseguido derramarse. Atravesó la sala sin mirar a nadie y entró en su habitación, entre las miradas de sus compañeras de cuarto. Se puso el pijama y se metió en la cama cerrando los doseles verdes.
Todo Hogwarts estaba revolucionado por la aproximación del baile de Navidad. La mayoría ya tenían sus parejas, pero no todos. Harry y Ron no encontraban el momento adecuado para pedirle a alguna chica que fuera con ellos y ya empezaban a preocuparse por ello. Pero mientras los dos chicos recorrían los pasillos en busca de sus futuras parejas, en la biblioteca alguien estaba a punto de ser invitada al baile.
Hermione se encontraba sentada en una de las mesas de la biblioteca estudiando muy concentrada. Notó cómo alguien se sentaba a su lado, lo que hizo que levantara la vista del libro. Lo miró boquiabierta, no sabía cómo reaccionar; una cosa era verlo desde lejos y otra tenerlo apenas a unos centímetros.
—Hola —dijo Viktor Krum que la miraba casi con fascinación.
—Ho… hola —le respondió Hermione algo nerviosa.
—Erres Grrangerr, ¿verrdad? —le preguntó el búlgaro.
—Sí, ¿cómo… ? —la chica lo miraba sorprendida.
—Se lo prregunté a tu amigo Potterr. —La castaña asintió—. Me prreguntaba si —continuó el chico— ¿vendrrías al baile conmigo?
—Oh, yo… —Hermione dudó por unos segundos, ya que si le decía que sí, no podría ir con cierto pelirrojo. Desechó esa posibilidad; si quisiera ir con ella ya se lo habría preguntado—. Claro, me encantaría.
—Bien —dijo ilusionado el chico—. Te dejo que sigas estudiando Grrangerr.
—Prefiero que me llames Hermione —le contestó ella con una sonrisa.
—Clarro, hasta luego E… ez-miope. —El búlgaro se levantó y se fue a una de las estanterías donde se quedaría toda la tarde.
La castaña rió por dentro al escuchar como Viktor pronunciaba su nombre pero decidió no decirle nada, aún. Pensó en qué diría Jade cuando se enterara de que iba a ir al baile con él, pero recordó que hacía varios días que no hablaba casi con ella, siempre decía que tenía cosas que hacer y se marchaba algo apenada.
Ya habían pasado casi dos semanas desde la discusión entre Cedric y Jade y desde entonces no habían hablado. El baile de Navidad era a finales de semana pero Jade no había reparado mucho en ello, ya que no dejaba de pensar en la estupidez por la que había roto su relación con el chico.
No podía soportar esa situación, necesitaba hablar, desahogarse, pero no quería hablar con Hermione ya que temía que Rita Skeeter pudiera escucharla, ya que parecía que las paredes de Hogwarts estuvieran escuchando para ella. Así que cogió la capa de Harry y el mapa del merodeador y se dirigió a Hogsmeade.
Hacía muchísimo frío, la nieve cubría las montañas con una gruesa capa, lo que dejaba un paisaje más navideño. Jade caminó hasta llegar a la cueva donde se encontraba el padrino de Harry. Entró en ella y vio que el mago se encontraba en su forma animal, seguramente para resguardar mejor el calor. En el fondo había una pequeña hoguera a la cual se dirigió rápidamente antes de quitarse siquiera la capa. La morena se desprendió de la prenda y miró al perro negro que se había levantado de golpe al verla.
—Tranquilo, soy yo —dijo Jade mientras se sentaba en el suelo llevando las manos al fuego para calentárselas. Vio como el perro se apartaba para transformarse pero ella no lo dejó—. No. Quédate así, necesito desahogarme y prefiero hablarte como perro. —El animal la miró y volvió a su lugar—. Y para que veas que tengo espíritu navideño te he traído unos dulces.
Jade sacó una bolsa y le ofreció la comida a Sirius, a lo que él no le hizo ningún asco y movió la cola a un lado y a otro. Ella también cogió un dulce y empezó a comérselo mientras miraba al animal.
—Sabes —empezó a decir la chica—, los animales deben ser más felices que los humanos. Ellos no se equivocan, ni dicen cosas que no deben. —La chica miraba el fuego mientras su mente divagaba—. Hay un baile de Navidad —dijo saliendo de su ensimismamiento—, y se va en parejas. El pobre Harry no encuentra la chica adecuada para ir. Ron tampoco lo lleva muy bien. Yo no pienso ir, me da igual que sea la primera fiesta a la que puedo asistir, no voy.
La chica continuó hablando de temas sin importancia mientras Sirius la escuchaba sin más, al menos eso parecía. Estuvo así hasta que decidió regresar al castillo antes de que alguien se diera cuenta de que no estaba allí.
Mientras tanto, en Hogwarts, alguien caminaba pensando en cómo iba a conseguir ir con alguien al baile. Harry no dejaba de darle vueltas, él era un campeón del torneo y no estaría muy bien que apareciera sin pareja. Iba tan envuelto en sus pensamientos que no se dio cuenta de lo que tenía delante y chocó contra alguien.
—Oh, perdona no te había vis… —Harry levantó la vista y miró a la chica con la que había chocado.
—Tranquilo, yo tampoco miraba por donde iba —le contestó Cho Chang con una sonrisa. Harry se quedó mirándola sin saber qué decir—. Bueno, me voy. Adiós. —Pero antes de que se alejara el moreno reaccionó.
—Espera. —Ella se giró para mirarlo.
—¿Si?
—Quería… quería pre…preguntarte si tú —el chico no podía estar más nervioso, lo que hizo que se le trabara la lengua y se pusiera completamente rojo— ¿quieresveviralmailecombigo?
—¿Cómo? —preguntó Cho desconcertada.
—¿Querrías… querrías venir al baile conmigo? —el moreno respiró aliviado por haberlo soltado.
—Oh —la chica lo miró contrariada y algo colorada también—, verás, Harry, yo… lo siento, pero ya tengo pareja.
—Oh —al moreno se le fue la ilusión y los nervios al suelo—, no te preocupes, no pasa nada.
—Lo siento mucho —dijo la chica con pena.
—Tranquila. —Se miraron a los ojos durante un rato.
—Bueno…
—Sí… —contestó Harry.
—Bueno, hasta luego.
—Hasta luego —Harry la miró como se giraba para irse—. ¡Cho!
—¿Si? —se volvió a girar la chica.
—¿Con quién vas?
—Con Cedric —dijo Cho—, Cedric Diggory.
Harry se quedó desconcertado por un buen rato. ¿Cómo era posible que Cho fuera con Cedric si él estaba saliendo con Jade? Tendría que ir a hablar con ella.
Harry llegó al retrato de la Dama Gorda donde pudo ver como Jade intentaba entrar sin éxito.
—No sé la contraseña pero usted me ha visto entrar varias veces —Jade llevaba un buen rato intentando entrar a la sala común de Gryffindor para devolverle la capa y el mapa a su amigo—, sólo quiero ver a Harry.
—¡Jade!
—Harry, creía que estabas en la sala común.
—He salido a dar una vuelta —le contestó el chico. Harry dijo la contraseña y ambos entraron a la sala, que estaba prácticamente vacía, y se sentaron delante de la chimenea.
—Toma —Jade le tendió sus cosas—, gracias por prestármelo.
—No hay de qué —el chico sonrió y guardó ambas cosas. —Por cierto Jade, ¿va todo bien?
La chica lo miró extrañada. Ella había ocultado a sus amigos lo que había pasado con Cedric y no creía haber dado muchas muestras de su estado de ánimo.
—¿Por qué lo preguntas?
—Hoy he visto a Cho y… —Harry no sabía si decirlo o no, tal vez no debía meterse.
—¿Y? —le insistió Jade. Pero en ese momento recordó cómo Harry se había quedado mirando a la chica en los mundiales y sonrió—. ¿Te ha dicho que va a ir contigo al baile?
—¿Qué? No, no. De hecho, me ha dicho que va con —ella lo miraba sin saber por qué Harry le estaba contando todo eso— con Diggory.
Los ojos de Jade se abrieron desmesuradamente, no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cedric había invitado a Cho al baile?
—¿Estás bien, Jade? —preguntó Harry mirando la cara que se le había quedado a la chica.
—Harry —la morena cambió su cara rápidamente y miró con una sonrisa al chico—, ¿vienes al baile conmigo? —Harry casi lo percibió como una orden, pero no le importó, por fin tendría con quien ir al baile.
—Claro.
Harry y Ron esperaban a sus respectivas parejas en la puerta del salón; Ron finalmente iría con una de las hermanas Patil. El pelirrojo estaba inquieto, su madre le había mandado una túnica clásica para ese día y realmente se veía horrible.
—Pobre Hermione —decía Ron—, seguro que ahora está sola en su habitación. Yo hubiera ido con ella si me lo hubiese pedido.
Mientras tanto, en la sala común de Slytherin, Jade intentaba no "matar" a Malfoy.
—¿Con quién vas a ir al baile, Prince? —decía el rubio con una sonrisita en la cara—. Me parece que con tu novio no.
Draco la había detenido en mitad de la sala cuando la vio caminar hacia la puerta. Él ya estaba vestido con un traje negro y esperaba a su pareja de pie junto al sofá.
—¿Y tú qué sabes Malfoy? —Pero cuando la morena ató cabos, tuvo que tranquilizarse si no quería transformarse allí mismo—. ¡Tú, lo hiciste todo para fastidiarme!
—¿De verdad creías que lo del año pasado iba a quedar así? —Draco ya no sonreía, sino que la miraba con odio—. Nadie juega conmigo, y mucho menos tú.
Jade salió rápidamente de allí, no podía creer que por su culpa no fuera a tener su noche de ensueño. La chica quería correr pero los tacones que llevaba no la dejaban, y el vestido tampoco era el adecuado para eso. Jade había decidido vestir de rojo, aun siendo el color verde su preferido. El vestido llegaba hasta el suelo, la falda le había nacido en la cadera y más arriba estaba ceñido a su cuerpo. Por último, dos tiras de un color rojo más oscuro le sostenían el pecho y se anudaban en la nuca.
Llegó a la puerta donde estaría esperándola Harry y cuando iba a traspasar el umbral, una chica también lo hacía con ella. No habría tenido ninguna importancia si esa chica no hubiese sido Cho Chang. Ambas se miraron unos segundos y al mirar al frente Jade pudo ver como Cedric las miraba a la espera de su acompañante.
Jade no pudo evitar sentir una profunda tristeza al saber que él no esperaba por ella. No aguantó mucho la mirada del chico, si continuaba mirando sus ojos grises no podría reprimir las lágrimas que desesperadamente pedían salir.
Cedric no podía evitar mirarla, realmente se veía hermosa y su mayor deseo era estar lo más cerca posible de ella. Había logrado evitarla bastante bien esas semanas pero ahora la tenía a escasos metros de él y de no haber sido por Cho, que se acercó a él, de veras que lo habría hecho.
Jade se acercó a su amigo que miraba embobado a Cho, pero cambió la dirección de la mirada al ver a su amiga acercarse a él.
—Hola, Harry —saludó la chica—. ¿Y Ron y Hermione?
—Hola —Harry iba a decirle lo hermosa que se veía pero se le daba tan mal que prefirió contestar—. Ron acaba de entrar con Patil, y Hermione no lo sé.
Antes de que alguno de los dos volviera a decir algo, una chica vestida con un bonito vestido de color azul bajaba tímidamente las escaleras. Ésta miraba a un chico corpulento que la esperaba al final de las escaleras. Cuando llegó junto a Viktor, miró a sus amigos que la miraban con los ojos abiertos y les sonrió. Seguidamente entró al Gran Comedor agarrada del brazo del búlgaro.
