La entrada había sido espectacular, y se podía comprobar en las expresiones de algún que otro alumno. En el centro se encontraban ahora las cuatro parejas bailando, dando comienzo a la gala. Viktor Krum manejaba fácilmente el cuerpo de Hermione haciendo que la falda del vestido le ondeara más que a ninguna. Fleur Delacour tenía el cuello estirado y los brazos extendidos hacia su acompañante, el cual todavía no se creía que estuviera bailando con ella. En este caso era Fleur la que guiaba al chico, y sus movimientos dejaban paralizados a cualquiera que estuviera a su alrededor. Cedric y Cho estaban más equilibrados que las otras dos parejas, pero no tan relajados. Cedric tenía una pequeña sonrisa en el rostro y Cho otra más grande, pero había cierta distancia entre sus cuerpos y sus movimientos. Por último estaban Harry y Jade que, a pesar de ser amigos desde hacía varios años, no se sentían muy cómodos bailando juntos, al menos Harry. Tampoco es que les interesara mucho el bailar, pues cada uno miraba de reojo al que todavía se mantenía en sus mentes, por eso Jade se dio cuenta de la expresión forzada de Cedric que intentaba sonreír.
Al pasar unas horas, algunas parejas ya se retiraban cansadas de dar vueltas por toda la sala. Los profesores se habían ido de la fiesta hacía casi una hora y a partir de ese momento los alumnos se relajaron más.
Hermione no se había separado de Viktor en toda la noche y seguía bailando con él. En cambio, Ron se había sentado en una silla y observaba a la chica y al búlgaro con rabia. Un poco más cerca de la puerta, se encontraban Harry y Jade bailando también y riendo, al final la chica se lo había pasado bien, incluso había logrado olvidarse de Cedric. Harry tampoco se preocupaba mucho por buscar con la mirada a Cho desde hacía un rato.
Pasado unos minutos, Harry se sentó a un lado de Ron y la morena al otro, todavía los dos con el rostro alegre.
—Ron, ¿por qué no bailas? —El pelirrojo giró la cabeza bruscamente y puso peor cara cuando vio la sonrisa de la chica.
—Ya sé que todos os lo habéis pasado muy bien —giró lentamente la cabeza para mirar a Harry— sin mí. Pero —volvió a mirar a Jade— yo no. —Por último miró al frente, hacia la masa de bailarines.
En ese momento dos personas salieron de entre la masa y mientras el chico salía de la sala, ella iba directa hacia los tres amigos.
—¿Os queréis venir con nosotros? Viktor ha ido a por unas bebidas. —Pero antes de que alguno pudiera contestar, Ron se puso en pie.
—No, no queremos ir contigo y con Vicky. —Se volvió a sentar y cruzó los brazos.
—Ron, ¿qué te pasa? —Hermione miró a sus otros amigos y estos levantaron los hombros.
—¿Que qué me pasa? Pasa que estás… ¡confraternizando con el enemigo! Sino, ¿para qué crees que te pidió ir al baile con él? —Miraba a la castaña con las cejas alzadas—. Pues para averiguar cosas sobre Harry.
Entonces Hermione puso los brazos en jarra y lo miró furiosa. Jade y Harry intentaron apartarse un poco, se levantaron y cada uno intentó distraerse con la fiesta.
La morena pidió una bebida y cuando la tuvo fue a dar una vuelta por la sala. Muchos de sus amigos de Gryffindor seguían moviendo el cuerpo y no se les veía nada cansados. Se fijó en Neville y Ginny que cogidos seguían bailando; pensó entonces que la pelirroja podía haberse tomado mal lo de ir con Harry de pareja, pero cuando se miraron y le sonrió a Jade no cabía duda de que no era así.
Continuó paseando la mirada entre los alumnos y vio a una chica rubia sentada en una mesa junto a otras de su mismo colegio. Se acercó a ellas y se sentó en una silla más apartada. Fleur se dio cuenta de su presencia y se giró en su silla para poder mirarla mientras le hablaba.
—Hola, tu eges Jade ¿verdad? Es que he escuchado hablag mucho sobge ti. Además, me llevo muy bien con Cedgic. Aunque no sé donde estagá —dijo estirando el cuello para mirar sobre los alumnos. La aludida se extrañó porque se dirigiera a ella, pero no tardó mucho en contestarle.
—Sí, soy yo. Encantada —Jade se levantó para estrecharle la mano y antes de sentarse Fleur se levantó para luego sentarse junto a la morena.
—¿Te puedo pgeguntag algo? —dijo Fleur tras unos segundos de vacilación, a esto Jade asintió—. ¿Es ciegto que el año pasado te convegtiste en veela?
—Oh. —Aquella pregunta la había pillado por sorpresa y tardó otros cuantos segundos en responder—. Pues sí.
—Oh. Entonces es ciegto que eges semi-veela, ¿no? —Jade asintió—. Yo también lo soy —dijo un poco más alegre—. Mi abuela ega una veela y pog eso mi hegmana y yo tenemos algo de ella. —Entonces era cierto lo que Harry y Ron sospechaban.
Cuando Jade iba a preguntarle más cosas acerca de aquellas criaturas, alguien se paró delante de ellas y las interrumpió.
—Disculpadme, pero Fleur, ¿te importaría dejarnos solos?
La chica miró a Cedric con una sonrisa y tras despedirse de los dos se marchó. El chico se sentó en el sitio libre que había dejado Fleur, entonces se formó un silencio muy incómodo. Jade miraba al frente, hacia el grupo de amigas de Fleur, y Cedric la miraba a ella.
—Jade, lo siento. —El chico seguía esperando recibir una mirada de Jade, pero ésta ni se movió—. Jade —dijo mientras se inclinaba hacia ella—, estaba muy enfadado, no sabía muy bien cómo actuar. —Agachó la cabeza suspirando y el aliento le dio a Jade en las manos—. Debí haberte escuchado. —Entonces, la morena dejó de ocultar sus verdaderas emociones tras aquella expresión altiva y lo miró.
—Yo también lo siento. —Cedric alzó la cabeza de golpe y se miraron—. Por mi culpa se lió todo. —Ahora fue Jade la que agachó la cabeza.
Cedric sonrió feliz y dirigió su mano a la barbilla de la chica para que levantara la cabeza. Cuando sus miradas se volvieron a encontrar se sonrieron, Cedric se acercó más a ella para besarla y ella cerró los ojos. Fue un beso suave, dulce, sabía a reconciliación y eso alegraba a cualquiera.
Cuando separaron sus labios, se volvieron a mirar y esta vez sonreían los dos. Él estaba realmente feliz, por fin lo habían arreglado todo. Aunque sabía que había cometido un error al haber invitado a Cho y que tarde o temprano Jade lo sacaría a relucir, pero mientras siguiera con ella no le importaba nada más.
Ella recordaba aquella vez que estuvo dudando entre dos personas que le gustaban y no sabía porqué. Estaba clarísimo que quería a Cedric y no se imaginaba cómo lo había dudado alguna vez.
El chico se levantó y con una sonrisa le extendió la mano. Jade no lo dudó y cogió su mano para después salir juntos de allí. Caminaron por los pasillos, atravesaron clases, subieron escaleras, incluso se metieron por algunos atajos que aparecían en el mapa del merodeador, hasta que Jade se detuvo en uno de esos pasillos escondidos del castillo. Aquella parte de Hogwarts estaba desierta, pues los alumnos seguían en el Gran Comedor y sólo se escuchaban sus respiraciones, agitadas por haber recorrido medio castillo y por los nervios.
Había pasado un mes aproximadamente desde esa estúpida pelea y desde entonces no se habían tocado, ni mirado prácticamente, y ni mucho menos besado y eso se podía ver en los ojos de los dos.
Cedric se detuvo a su lado y después se acercó a ella pegándola contra la pared. Alzó sus manos para cogerle la cara y besarla; Jade había puesto sus manos en la espalda del chico, haciendo que se pegara más a ella. Se besaron, pero seguía siendo tierno, ni los nervios ni la desesperación cambiarían la forma dulce de besar de Cedric, siempre sería así. Por eso las manos del chico rozaban la piel de Jade suavemente, erizándola allí donde sus dedos tocaban.
Los minutos que procedieron no fueron muy diferentes a los primeros, pero tampoco hizo falta cambiar de besos ni de caricias, pues cada una tenía un significado especial, diferente aunque fueran iguales.
Después de un rato, se separaron y se miraron con una sonrisa: ahora sí se habían reconciliado. Cedric la abrazó pasando los brazos por encima de los hombros de la chica. Jade lo rodeó por encima de la cintura.
Habían pasado un par de semanas desde el baile de Navidad y, en comparación con el trimestre pasado, el ambiente era muy relajado. Los alumnos de Beauxbatons y Durmstrang habían encontrado varias amistades entre los alumnos de Hogwarts y por eso no parecían ya tan antipáticos. Incluso quedando pocas semanas para la segunda prueba, los campeones parecían ajenos a este hecho.
Pero justamente ese día, Harry se había despertado sobresaltado por una pesadilla. Esta vez había sido más detallada y siniestra, por eso estaba sudando y decidió darse una ducha y relajarse.
Después bajó al Gran Comedor para contarles la pesadilla a sus amigos, que ya habían comenzado a desayunar y hablaban tranquilamente, bueno, al menos Jade.
—Al final de la noche la vi y —decía la morena— no parecía muy contenta.
—Normal, Cedric la dejó plantada en mitad del baile.
—No, Hermione, no me refiero a eso. Creo que tenía esperanzas de conseguir quedarse con Cedric. —Harry se sentó junto a Ron que comía con el ceño fruncido—. Hola, Harry. —El chico les hizo un gesto con la cabeza y se dio cuenta de la expresión que puso Hermione cuando vio a Ron. Aún seguían enfadados.
—Tienes mala cara. —Hermione arrugó la frente y se giró para hablar mejor con Harry.
—He tenido otra pesadilla, como la del verano pasado, pero peor. —Sus amigos se inclinaron un poco sobre la mesa—. Primero vi un cementerio y después otra vez la casa donde están Colagusano, Voldemort y el otro tipo. Ahora el hombre que no conozco le pedía a Voldemort…
—Mi señor, si me permitiera apartar de en medio a Deyanira sería más fácil, pues no sé si lo sabe, pero ella está aportando información a uno de los campeones. Es muy inteligente y sería menos complicado cumplir con mi cometido.
El señor tenebroso no decía nada; estaba sentado en un sillón de espaldas a la chimenea. El hombre y el vasallo observaban a su amo y se les reflejaba la luz de las llamas en la cara.
—Haz lo que sea necesario, pero siempre ten en cuenta el plan —se escuchó por fin una voz rasposa que ponía los pelos de punta.
—Como ordene, mi señor. No le defraudaré.
Los chicos no dijeron nada, todavía intentaban imaginarse lo que Harry les había explicado.
—Pero una cosa, ¿quién es Deyanira? —preguntó Ron harto ya de pensar una respuesta.
—Ni idea. —Jade suspiró y apoyó la cabeza en una mano.
—Pues, la verdad es que me suena —dijo Harry—. Creo haber leído ese nombre en algun… ¡Claro! —dijo dándose en la frente—. En el mapa del merodeador.
Sus amigos pusieron cara de incógnita, preguntándose quién se llamaría así.
—Pero ¿en Hogwarts? Es que no conozco a nadie que se llame así —dijo Hermione.
—Sí lo vi. No me acuerdo muy bien cuándo ni dónde, pero sé que lo vi por el castillo.
—Pero la pregunta es: ¿Qué tiene que ver esa persona con el-que-no-debe-ser-nombrado y el Torneo? —saltó de repente Ron.
—Pero tampoco sabemos quién es y eso es importante.
—Pero Hermione, es sólo un sueño. No sé por qué le dais tantas vueltas —concluyó Jade alzando una ceja y negando con la cabeza—. Lo importante ahora es que Harry consiga abrir el huevo y pasar a la siguiente prueba.
Justo en ese momento, un chico grande y robusto apareció por detrás de las chicas y miraba a Hermione.
—Hola, ¿quierres darr un paseo y hablamos?
Viktor se hizo a un lado para dejar que Hermione se pusiera de pie y se marcharon juntos después de que la chica se disculpara.
Era fin de semana y esta vez muchos decidieron no ir a Hogsmeade, entre ellos Jade y Hermione. Ellas prefirieron pasear por los pasillos y, a petición de la castaña, estudiar. Por eso ahora llegaban a la orilla del lago y estaba prácticamente desierto, a penas algún grupo de alumnos y un profesor. Iban acompañadas de Ginny, que también se había quedado, pues Harry y Ron sí habían ido al pueblo.
—¿Y te lo pasaste bien bailando con Neville? Se os veía muy contentos —decía Jade con una sonrisita divertida.
—La que sí se lo pasó bien fue Hermione —dijo Ginny después de eludir la pregunta de la morena.
—Bueno —Hermione se había puesto colorada—, estuvo bien. Aunque lo mejor fue enseñarle a pronunciar mi nombre.
—Me habría gustado escucharlo —dijo Jade entre risas mientras se agachaba a coger una piedra para lanzarla al lago.
Antes de que la morena pudiera coger una piedra, Hermione había caído a su lado en el suelo y tenía los ojos cerrados.
—¡Hermione! ¡Hermione! —gritó Ginny arrodillándose junto a Jade, mientras ésta ponía sus manos bajo la cabeza de la castaña.
—¿Qué te pasa, Hermione? ¡Hermione! —pero la chica no contestaba.
En ese momento el profesor Moody llegó junto a ellas apresuradamente y con un movimiento de varita hizo que el cuerpo de Hermione se alzara en el aire y caminó de vuelta al castillo.
Se encontraban en la enfermería y el profesor Moody estaba hablando con Madame Pomfrey. Ginny y Jade estaban sentadas en sendas sillas sin hablar casi; esperaban que en cualquier momento su amiga despertara.
Pasada una o dos horas se abrió la puerta y entraron Cedric y Viktor, que se acercaron a las chicas.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó de inmediato Viktor en cuanto llegó junto a la camilla de Hermione.
—No lo sabemos. —Jade se levantó y se acercó a Cedric.
—Pero, ¿no ha despertado en todo el rato? —La morena miró a su novio y negó con la cabeza.
La sala volvió a quedar en silencio. El profesor Moody terminó de hablar con Madame Pomfrey y se reunió con los chicos, esperando como todos que la chica abriera los ojos.
—Estás mucho tiempo aquí, ¿por qué no salimos fuera un rato? —preguntó Cedric en susurros.
—No, prefiero quedarme aquí —contestó Jade volviendo la vista de nuevo a su amiga—. Vete tú, después nos vemos. —El chico le hizo caso y se fue.
Uno o dos minutos después, Hermione empezó a abrir los ojos. Viktor se acercó más a ella, expectante.
—¿Herrmione?
La castaña frunció el ceño mientras abría del todo los ojos y después se sentó en la camilla. Miró a los que allí estaban y pestañeó varias veces.
—¿Hermione? —preguntó ahora Ginny.
—¿Qué… qué ha pasado? —miró a Ginny y a Jade, pero después miró a Viktor y volvió a mirar a sus amigas—. ¿Quién es él?
—Pues —empezó Jade después de mirar a la pelirroja—, Viktor.
—¿Viktor? Perdona, pero no recuerdo a ningún Viktor —dijo ahora mirando al chico.
—Perro ¿qué le pasa? —Ahora el chico estaba asustado y miró al profesor.
—Veo claramente que ha sufrido una pérdida de memoria, pero no sé desde qué momento no recuerda. Veamos. —Moody se acercó a Hermione—. ¿Qué es lo último que recuerdas?
—Pues, creo que… que ayer me fui de compras con mi madre. —Estuvo unos segundos pensando, hasta que apareció una sonrisa en su cara—. Sí, y después me dio permiso para pasar el resto del verano en casa de Ron.
Todos la miraban preocupados y la sala quedó en silencio de nuevo, hasta que el profesor Moody salió de la enfermería en dirección al despacho del director. En ese momento, Hermione comenzó a hacer preguntas, que las chicas no pudieron responder porque Harry y Ron acababan de entrar por la puerta, también preguntando.
—Hola, chicas. ¿Qué te ha pasado Hermione? —Ron ya se había acomodado en una silla junto a la camilla.
—No lo sé. Todavía me pregunto qué hago en Hogwarts. —La chica suspiró y miró a Jade y a Ginny—. Contadme qué ha pasado antes de que me desmayara.
—Pues estábamos hablando del baile de Navidad —Hermione frunció el ceño, pero la morena no dejó de hablar—, paseando por la orilla del lago y de repente te desmayaste.
—Pero, ¿qué baile? Y, por cierto, ¿qué día es hoy?
—Estamos a doce de enero y ayer fue once —dijo Ron divertido, aún sin saber nada sobre la memoria de la chica. No comentó nada del baile para no volver a enfadarse con ella.
—¿Enero? Pero…
—Te explico. Este año se celebra el Torneo de los tres magos en Hogwarts. Las escuelas de Durmstrang y Beauxbatons están conviviendo con nosotros, por eso que Viktor Krum estuviera aquí, porque fuiste al baile de Navidad con él. —Hermione no se lo podía creer, ¿por qué no había ido con Ron?—. Que, por cierto, —continuó Jade— es un jugador de quidditch profesional, por si no lo sabías. ¿Qué más? Ah sí, Harry también entró en el Torneo a pesar de ser menor —miraron al chico—, junto a Viktor, Fleur Delacour y Cedric.
—No creo que sepa que es tu novio —añadió Ginny y Jade asintió a Hermione.
—Que curso tan aburrido, se puede resumir en cuatro palabras —dijo Ron rascándose la barbilla.
—Aburrido para ti. Tú no tienes que enfrentarte a un dragón y después averiguar lo que quiere decir el huevo —dijo Harry rodando los ojos y Ron asintió dándole la razón.
Tan solo quedaban unas semanas para la segunda prueba y el chico no había vuelto a intentar descifrar el huevo dorado.
—Entonces ¿todavía no sabéis cómo le ha pasado?
Dos alumnos paseaban ahora solos por los terrenos del castillo, agarrados de la mano. Ella jugueteaba con los dedos de su novio mientras pensaba en la segunda prueba. Negó con la cabeza a la pregunta que Cedric le había hecho y él volvió a mirar al frente. Había varios grupos de alumnos bajo los árboles, pese a la fresca brisa que todavía había. Algunos profesores también habían decidido tomar un poco el aire, entre ellos el profesor Moody. Últimamente, Jade lo veía mucho.
—Cedric —El chico se detuvo para mirarla—, ¿sabes ya qué quiere decir el huevo?
Había querido hacerle esa pregunta hacía algunos días, pero no quería agobiarle y por eso agachó la cabeza.
—Pues… —comenzó a decir el chico mientras le levantaba la cabeza agarrándola por la barbilla.
—¡Jade! —Harry llegó junto a la chica corriendo—. Hola, Cedric. —Volvió a mirar a su amiga—. Hermione acaba de recordar algo más.
La chica miró a su novio como pidiéndole permiso y, tras darle un beso en los labios, siguió a Harry hacia el colegio. El chico los contempló marcharse y no se dio cuenta de quién había llegado a su lado hasta que habló.
—A los amigos hay que ayudarlos, ¿no crees? —El profesor Moody había cojeado hasta allí silenciosamente y miraba la puerta por donde Harry y Jade habían desaparecido, al igual que Cedric.
—Supongo —dijo no muy convencido de si se refería a Jade respecto a Hermione o de ayudar a Harry con el huevo. De todas maneras sí debería devolverle el favor al chico, le diría cómo y cuándo abrir el huevo.
Los días pasaban rápidamente y las horas casi se podían contar para que llegara la segunda prueba.
Harry, Ron y Jade volvían a estar reunidos en la enfermería viendo estudiar a Hermione.
—Necesito volver a las clases, lo necesito. Estoy perdiéndome muchas lecciones y eso no es nada bueno.
—Pero si los profesores te han traído todos los deberes del primer trimestre para que no te quedes atrás y no has parado desde entonces —protestó Ron arrugando la frente.
—Y han servido para que recuerde cosas —concluyó la chica volviendo a mirar los libros.
—Pero también es gracias a la poción que Madame Pomfrey hizo —añadió Jade.
—Vale, el caso es que ya recuerdo la primera prueba. Ah, hablando del Torneo. —La chica miró a Harry—. ¿Has descifrado ya el huevo?
—Sí, tranquila. —Miró a Jade y le sonrió—. Sólo me hace falta saber cómo superar la prueba. —Harry suspiró y miró por la ventana.
Harry y Neville iban de camino al lago, el primero cada vez estaba más nervioso. Neville lo miraba confuso y cada vez le asustaba más el comportamiento de su amigo.
—Es que no sé dónde están. Deberían haber bajado a desayunar. —Miraba a todos lados y no veía a sus amigos.
—Tranquilo Harry, no creo que tarden mucho más —dijo Neville inseguro.
—Al menos tú me has ayudado —agradeció Harry mirando las branquialgas.
Cuando llegaron a la orilla del lago se separaron; Harry fue junto a los demás campeones y Neville al lado de los espectadores.
El profesor Dumbledore estaba al frente de la fila de jueces y profesores. Harry se puso al lado de Cedric y éste lo miró con el ceño fruncido, seguramente preguntando por Jade, a eso Harry levantó los hombros; él tampoco sabía dónde podían estar sus amigos.
—¡Atención! ¡Al sonido del cañón, los campeones deberéis entrar al agua y en una hora haremos el recuento de puntuaciones! —El director los miró y volvió a llevarse la varita a la garganta cuando se escuchó un crujido atronador—. ¡Podéis empezar!
Harry se tragó las plantas y siguió a sus contrincantes al agua.
Cada uno nadó en una dirección, encontrándose con diferentes criaturas. Pero todos tenían que atravesar el campo de algas donde habitaban los grindylows: unas criaturas marinas muy feroces. Fleur no las superó y tuvo que abandonar la prueba, dejando a merced del lago su tesoro.
Le seguía Harry, que por haberse convertido en un medio pez pudo esquivarlos por los pelos. Cuando llegó al final del campo de algas divisó una ciudad sumergida, y un poco más escondidas habían sirenas. Nadaban a su antojo, dando vueltas por una especie de plaza submarina. Pero al fijarse Harry mejor, pudo ver que protegían algo, y había cuatro.
Se acercó lentamente y cuando estuvo a unos pocos metros de la plaza, comprobó que eran personas. Y más aún: eran sus amigos y una niña rubia. Se asustó mucho porque estaban muy pálidos, como si estuvieran muertos.
No lo pensó mucho y corrió a sacarlos de allí. Entonces volvió a escuchar la canción que había salido del huevo en el baño de los prefectos y le entraron más prisas. Liberó a Ron y cuando se disponía a liberar a Hermione, una de las sirenas se acercó y con un tridente lo amenazó, pues sólo podía salvar a uno. Quiso probar con Jade y antes de poder liberarla, Cedric apareció por detrás de una columna y soltó la cuerda de la morena. La cogió por el brazo y mirando a Harry le apresuró porque quedaba poco tiempo. Por suerte, pronto llegó Viktor y rescató a Hermione.
El chico miró a todos lados y cuando no vio a ninguna criatura cerca, lanzó un hechizo que liberó a la niña rubia, pues nadie había ido a salvarla. Y cuando lo consiguió se vio atrapado por los grindylows. Soltó a Ron y a la niña para que subieran a la superficie, mientras él se hundía en el fondo del lago.
—¡Ron, ahí está Ron! —decía Hermione que con una manta se había lanzado al agua y se disponía a sacar a Ron.
—¿Y Harry? ¿Dónde está? Se supone que debería haber salido ya. La hora ya se ha acabado. —Jade se había separado de Cedric para ayudar a Ron a salir.
Moody caminaba de un lado a otro, mirando en dirección al lago. El profesor Dumbledore también lo hacía, pero más disimuladamente. A Hermione no le faltaba mucho para dejar a un lado la manta y entrar a buscar a su amigo. Menos mal que éste salió disparado fuera del lago a los cinco minutos de haber acabado el tiempo.
Enseguida lo atendieron y, al mismo tiempo, Dumbledore se dirigió a la orilla donde una sirena muy ataviada de joyas y complementos había salido a su encuentro, y conversaron en la lengua de la criatura. Después, los directores y jueces se reunieron para hacer un recuento de las puntuaciones. Pasados unos minutos, Ludo Bagman se hizo el hechizo sonorus para decir las posiciones.
—La señorita Delacour, pese a su buen uso del hechizo casco-burbuja, no pudo superar a los grindylows y por tanto no consiguió rescatar a su hermana. Le concedemos veinticinco puntos.
Al señor Diggory, por utilizar también el hechizo casco-burbuja y por ser el primero, aunque ha llegado un minuto después de la hora establecida, le concedemos cuarenta y siete puntos.
El señor Krum ha hecho un hechizo incompleto, que pese a eso le ha funcionado y ha logrado regresar con su rescatada. Le concedemos cuarenta puntos.
El señor Potter ha hecho un buen uso del branquialgas y ha llegado bastante tarde. Pero hemos hablado con la jefa sirena y nos ha dicho que había llegado el primero y que por su decisión de rescatar a todos ha tardado más. Por lo tanto, por su altura moral le concedemos cuarenta y cinco puntos.
Los gritos de burla y de alegría se escuchaban por toda la orilla del lago, incluso se vio a Karkarov tirar algo al suelo de la rabia.
—En resumen, en primer lugar empatan Diggory y Potter; en segundo se encuentra Krum y por último está Delacour.
Harry se sentía muy aliviado. Ahora faltaba esperar la última prueba y todavía quedaba mucho para que llegara el día veinticuatro de junio.
De regreso al castillo, los gemelos los sorprendieron por el camino.
—¿Altura moral? —dijeron al unísono.
—Hasta cuando te equivocas te salen las cosas bien —dijo Fred divertido. Los dos sobrepasaron a los chicos y, antes de marcharse del todo, le revolvieron el pelo a Jade.
Hermione, Ginny y Jade conversaban en el Gran Comedor, mientras que Ron, Harry y Neville reían junto a los gemelos.
—Entonces —empezó a decir Jade—, ¿ya lo recuerdas todo?
—Sí, la poción hizo sus efectos —contestó la castaña sonriendo por volver a recordarlo todo.
—Menos mal, Viktor ya no sabía qué hacer para que lo recordaras —Ginny sonrió al ver el sonrojo de la chica.
Se escucharon los aleteos de varias lechuzas y una de ellas se acercó a la mesa de los Gryffindor y se posó delante de Hermione. Ella cogió el periódico y acarició al animal antes de que se marchara.
—¿Qué es eso? —preguntó Ron con cara de sorpresa al ver que se trataba de El Profeta—. ¿Desde cuando lees esa porquería?
—Desde que me enteré por los Slytherin del artículo que publicó Rita Skeeter, me inscribí para estar al corriente.
—Fue ese artículo donde decía que tu y Harry… —recordó Ginny.
—Sí. ¡Y lo ha vuelto a hacer! —dijo Hermione mientras leía el nuevo artículo publicado—. No entiendo cómo puede enterarse de todo si se supone que tiene prohibida la entrada a Hogwarts. —Todos se miraron sin saber la respuesta—. Voy a tener que averiguarlo.
