El día estaba siendo soleado, pero ahora eso era una nimiedad. Caminaba pisando fuerte hacia el despacho del director y, aunque quería estar solo, por otra parte sabía que debía ir a hablar con el profesor. Dobló la esquina del pasillo y divisó la gárgola que daba al despacho. Ésta se abrió al decir Harry la antigua contraseña y subió las escaleras, todavía mirando sus pies.
Cuando se halló frente a la puerta se abrió antes de que tocara, como si estuviera esperándolo.
—Adelante, Harry —lo invitó a entrar el director.
El chico entró despacio y se acercó a la mesa donde se encontraba Dumbledore. Se sentó en la silla que le indicó el anciano y tras suspirar, levantó la cabeza para mirar los ojos azules del director antes de hablar.
—Profesor Dumbledore…
—Te debo una explicación por mi comportamiento de este año. —Harry lo dejó hablar—. Pero creo que antes supongo que querrás saber sobre la profecía.
Harry asintió, pues quería cuanta más información mejor. Dumbledore se había levantado y ahora había dejado un pensadero frente a Harry y, tras llevarse la varita a la sien, depositó el pensamiento en la vasija.
De ésta salió la profesora Trelawney que giró sobre sí misma y empezó a hablar con un tono que Harry ya había escuchado en otra ocasión:
—El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida… Pero el Señor Tenebroso no estará solo… Alguien perteneciente a él será crucial en su victoria. Nacido a un mes de diferencia del elegido decidirá el destino de ambos.
Dumbledore hizo desaparecer a la profesora y miró la reacción del chico.
—¿Significa esto que tengo que… matar a Voldemort? —El anciano asintió. —Y esa tercera persona es… Jade.
—Siento tener que decirte todo esto ahora, pero pensé que ocultándote información te estaba protegiendo. Pero me equivoqué. —Dumbledore se levantó y caminó despacio hasta detenerse cerca de los cuadros de la pared—. No volveré a cometer el mismo error.
Harry se dirigía a la enfermería donde estaría Ron acompañando a sus tres amigas. Mientras caminaba pensaba en toda la conversación que había tenido con el director y cada vez se sentía más inseguro e inquieto.
Cuando llegó, encontró a Hermione y a Ginny hablando sobre todo lo ocurrido junto a Ron, mientras que Jade empezaba a despertarse poco a poco. Después de lo sucedido, todos empezaron a asustarse al no ver a Jade con ellos, pero alguien avisó a Dumbledore del paradero de la chica e inmediatamente fue a por ella.
—Jade —la llamó Hermione acercándose.
—¿Herms? —La chica se acordó del estado de su amiga la última vez que la vio y se levantó de golpe—. ¿Hermione estás bien? —Pero volvió a recostarse cuando se mareó.
—Sí estoy bien. Todos estamos bien. —Hermione miró a Harry, pues todos querían saber lo que le pasó y no sabía cómo preguntarle.
Jade se dio cuenta de las miradas entre sus amigos. Le iban a preguntar, pero… ¿qué iba a decir? Ni siquiera sabía lo que iba ha hacer.
—Jade ¿qué…? —Harry se calló pues alguien había entrado a la enfermería y se acercaba a ellos.
El hombre los miró a todos cuando se quedó al pie de la camilla.
—Veo que ya has despertado —dijo Snape mirando a la chica—. Bien. Recoge tus cosas, nos vamos esta misma tarde. —Dicho esto salió como había entrado.
—¿A dónde vas? —preguntó Ginny—. ¿Este verano no vienes a mi casa? Creía que podrías venir y… Vendrás más adelante, ¿no?
—Lo siento Ginny —contestó Jade agachando un poco la cabeza—, pero este verano prefiero pasarlo en mi casa. Y si no os importa, voy a recoger mis cosas. Nos vemos más tarde.
Tras decir eso, Jade se levantó de la camilla lentamente para no marearse de nuevo y se marchó ante el asombro de sus amigos que no entendían su comportamiento.
Llegó a su sala común casi sin darse cuenta de las miradas que le seguían. Nada más abrir la puerta, se encontró a Pansy y sus compañeras de cuarto cerca de la chimenea (ahora apagada) junto a Draco y sus inseparables amigos. Los miró durante unos segundos, deteniéndose en Malfoy que la miraba con una sonrisa en la cara, y siguió su camino hasta su habitación.
Una vez tuvo sus cosa recogidas, se fue al Gran Comedor pues ya era hora de comer. Cuando llegó se paró a mirar a aquellos que también lo hacían; la mayoría de las miradas reflejaban temor y otras nerviosismo, así que prefirió sentarse en su mesa donde las miradas le inquietaban menos (por extraño que pareciera).
El verano pasaba lentamente para Jade, pues era muy aburrido estar encerrada en casa con su padre, el cual no es que hablara mucho. Y lo único que conseguía era no dejar de pensar en aquella noche en el Ministerio y, por consiguiente, en la muerte de Sirius. Apenas salía de su habitación y se alimentaba gracias a los cuidados de Khelina, su elfina doméstica. Además estaba la "oferta" que le había hecho Voldemort y en la que debía recapacitar. Pero, ¿qué debía hacer? Por una parte, salvaba la vida de Harry pero por otra, no podría ayudar a sus amigos en la batalla. Se estaba volviendo loca, así que lo mejor era hablarlo con alguien, y quién mejor que Severus.
—¿Podemos hablar? —preguntó la chica entrando de golpe en la pequeña biblioteca.
—¿Acaso no te he enseñado modales? —le respondió sin mirarla—. Sí. —Terminó diciendo al ver como ella se sentaba frente a él.
—Khelina, sírvenos algo de té —le dijo Snape a la elfina doméstica que apareció en cuanto fue llamada.
—Enseguida señor. —Acto seguido apareció con una bandeja que depositó en la mesita que había entre ellos.
Khelina la había criado desde que era pequeña y sentía un gran aprecio por ella. Siempre había sido una elfina bajita, no tan escuálida como Dobby, y era bastante mayor, pero al tener un carácter tan alegre (nada común en los elfos domésticos), el paso de los años no se notaba.
—¿De qué querías hablar? —preguntó casi con impaciencia, pues sabía muy bien a qué había ido a verle.
Snape ya había sido sometido a todo tipo de preguntas por parte de Voldemort para averiguar si escondía algo. El Señor Tenebroso había salido satisfecho con las respuestas del mago y le había confiado sus planes con respecto a Jade. Acto seguido Dumbledore también estaba al tanto.
Se había impacientado mucho ese mes, pues la chica no había apenas salido de su habitación y lo único que hacía era llorar a escondidas. Pero a él no podía engañarlo, y le fastidiaba que llorara por ese estúpido chucho que lo único que había hecho era joderle la vida.
—Verás —Jade miraba hacia el suelo intentando alejar ciertas imágenes dolorosas de aquella noche—. Vol… el-que-no… Ya sabes de quién te hablo —le dijo al fin—. Él, cuando me sacó del Ministerio, me propuso algo. —Levantó la cabeza para mirarlo y él asintió alentándola a seguir. —Él me dijo que si le juraba que me pondría de su lado en la guerra no mataría a Harry. He estado pensando mucho en ello, pero no sé qué hacer… si me uno al él, ¿cómo podría estar con mis amigos sabiendo que no podré estar con ellos cuando más me necesiten? Sí, es para salvar a Harry, pero sería tan duro…
Snape se quedó en silencio durante unos segundos, pensando las palabras que tenía que decirle.
—Creo que deberías aceptar. Sólo te pide estar de su lado a cambio de salvarle la vida a Potter. Y lo mejor que puedes hacer es alejarte de tus amigos para que no te resulte tan doloroso. —Jade clavó la mirada en el rostro inexpresivo del mago.
—¿Alejarme de ellos? —La chica volvió a bajar la cabeza sopesando lo que le había dicho— ¿Y si les contara lo que me ha dicho?
—¿Crees que te dejarían aceptar?
Bellatrix miraba a su hermana con una sonrisa en el rostro, mientras que ésta se movía nerviosa de un sitio para otro. Draco miraba a su madre de pie frente a Bella.
—Vamos Cissy, es un honor para Draco —decía Bella—. Deberías estar orgu…
—¡Cállate Bella! —la cortó la mujer—. No tienes que hacer esto —dijo mirando ahora a su hijo.
—Madre, podré con ello —le contestó seriamente Draco.
—Ves Narcisa. —Volvió a sonreír Bellatrix.
—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Crees que es tan fácil matar a alguien? —preguntó mientras paraba y miraba fijamente a su hijo. Draco iba a replicar, pero ella continuó. —¿Y qué crees que te va a pasar si no consigues que esa chica se acerque a ti? ¿Crees que vas a salir indemne? Tú padre está en Azkaban porque cometió un error… no quiero que acabes como él.
—Por favor, confía en mi —dijo Draco sin creerse sus propias palabras. Él sabía perfectamente qué le pasaría si fracasara, y sería mucho peor que una temporada en Azkaban.
Jade no había dejado de pensar en la conversación que tuvo con Severus, y todavía no se decidía. Khelina entró a su habitación y dejó una bandeja con un vaso de leche sobre su mesita.
—Pensé que le apetecería un vaso de leche antes de dormir.
—Ya soy mayorcita para tomar leche como cuando era pequeña —dijo la chica mientras sonreía con dulzura—. Hace tanto tiempo que no nos veíamos… Te he echado de menos todos estos veranos.
—Y yo a usted señorita.
Jade pensó que sería bueno tener una segunda opinión sobre todo esto y decidió preguntarle a ella.
—Khelina, ¿tú qué harías si tuvieras la oportunidad de salvar a alguien que quieres a cambio de quedarte completamente sola?
—Usted nunca estará sola señorita. A mí siempre me tendrá. Así que salve a quien tenga que salvar, porque siempre podrá contar con esa persona después de todo.
Jade se quedó pensativa mientras la elfina se acercaba a la bandeja con el vaso de leche y se dispuso a llevárselo.
—No —dijo la chica cogiendo el vaso—. Déjalo aquí.
Agosto se había adentrado con sus lluvias habituales y ese día no iba a ser menos. Por la ventana se podía apreciar el cielo encapotado y las gotas que caían sobre la calle de la Hilandera. Jade bajaba las escaleras cuando vio a Severus dirigirse hacia la puerta.
—¿Dónde vas?
—Tengo que salir un momento. Volveré pronto. —Tras decir esto, salió dejando a la chica un tanto confusa.
Se acercó lentamente a la ventana y observó la calle por la cual su padre acababa de desaparecer.
Todo había cambiado mucho en un par de meses; de la tranquilidad que podía tener estando con Umbridge a tener que tomar una difícil decisión en la cual se jugaba la vida de Harry. Pero al parecer la decisión ya estaba tomada, la tomó cuando habló con Severus: debía estar con Voldemort y alejarse de sus amigos.
Subió las escaleras de dos en dos y entró en la última puerta del pasillo. La cerró y se quedó mirando su reflejo en el espejo. Tenía la cara muy pálida, las ojeras más marcadas de lo normal, al igual que los pómulos, el pelo largo hasta más abajo de los hombros y el flequillo grasiento que cruzaba su frente de lado. Sus ojos, al contrario que lo demás, brillaban intensificando el verde. Ya no era la Jade que había luchado contra Bellatrix en el Ministerio; ni la que había besado a Sirius en su habitación; ni la que había pasado horas sentada en el suelo de la sala común de Gryffindor riendo las bromas de los gemelos.
Una lágrima resbaló por su mejilla y se desprendió golpeando el mármol blanco del lavabo. Se separó de éste y abrió el pequeño armario que había a sus pies. Rebuscó entre los muchos artilugios de baño y sacó unas tijeras. Volvió a ponerse en pie y atrapando un mechón en una mano y alzando la otra cortó el trozo de pelo. Los mechones caían sobre el lavabo y algunos acababan en el suelo. Cada uno significaba todo lo que estaba dejando atrás.
Salió del baño abriendo y cerrando lentamente la puerta, después bajó las escaleras y siguió caminando hasta el comedor. Se sentó en una silla apoyando los codos en la mesa.
—Khelina, necesito tu ayuda —dijo en un tono de voz más bajo de lo normal.
La elfina se apareció a su lado en un instante y miró a su ama esperando una orden. Al principio, la elfina pareció indiferente, pero después una sonrisa se fue formando en su arrugada cara.
—Está muy guapa.
Jade giró la cabeza para sonreírle y después hizo una mueca.
—Creo que necesita un arreglo —susurró la morena señalándose el peinado tan irregularmente corto.
La puerta de la entrada sonó dejando entrar el incesante sonido de la lluvia al caer. Snape entró al comedor pausadamente, acababa de tener un encuentro con dos de las hermanas Black y lo habían dejado muy pensativo y preocupado. En cuanto levantó la mirada del suelo, se encontró con su hija leyendo El Profeta. Enseguida notó el cambio en su aspecto pero no dijo nada y se sentó esperando a que le sirvieran algo de cenar.
El principio de curso estaba muy cerca y, aunque no tenía ningunas ganas de ir a Hogwarts ese año, tenía que comprar los libros y demás cosas que le harían falta. Jade se puso un vestido verde, pues había amanecido un día caluroso, y bajó las escaleras hasta el salón donde estaría Severus.
—Me voy al Callejón Diagón a comprar algunas cosas, vuelvo enseguida. —La chica empezó a andar hacia la puerta.
—No deberías ir tú sola —dijo Severus—, es peligroso. Que te acompañe Khelina.
—No, quiero ir sola —se giró para mirarlo—. Además, creo que soy la única persona que puede estar segura.
Dicho eso salió y se dirigió a su destino.
Llevaba la lista de las cosas que tenía que comprar, con la cual también habían llegado sus resultados de los TIMOS. Recordó sus notas:
RESULTADOS DE JADE EILEEN PRINCE
Astronomía: Supera las expectativas
Cuidado de Criaturas Mágicas: Extraordinario
Encantamientos: Supera las expectativas
Defensa Contra las Artes Oscuras: Supera las expectativas
Runas Antiguas: Supera las expectativas
Herbología: Extraordinario
Historia de la Magia: Aceptable
Pociones: Extraordinario
Transformaciones: Extraordinario
Pensó en que a sus amigos también les había ido bien, pues Hermione le había mandado una carta diciéndole los resultados y contándole algunas anécdotas de ese verano. Ella le había contestado, pero le insinuó que prefería que no le volviera a mandar ninguna carta más.
Caminaba tan metida en sus pensamientos que no se dio cuenta de por dónde iba y chocó contra una persona que hizo que se le cayera el pergamino al suelo. Jade se agachó para cogerlo y, cuando se puso de nuevo en pie, miró a la mujer contra la que había chocado mientras se disculpaba. Al mirarla se quedó paralizada; tenía una larga melena rubia, con unos ojos azules que inquietaban. Iba muy elegantemente vestida y la miraba con dureza.
—Debería mirar por dónde anda, chiquilla —dijo en un tono muy seco.
—Ya le he dicho que lo siento —contestó Jade, que no le había gustado nada lo de "chiquilla".
La mujer pasó su mirada por la hoja que tenía la morena en las manos.
—¿Eres alumna de Hogwarts?
—Sí —contestó sin dejar de mirarla—. ¿Por qué?
—¿Conoces a Draco Malfoy?
—Por desgracia sí. ¿Por qué me lo pregunta?
Narcisa hizo una mueca al escuchar a la chica.
—¿Lo ha visto por aquí?
—No. Y espero no encontrármelo, sería muy desagradable.
—Debería ser más respetuosa con gente que está por encima de usted. —Narcisa pensaba que seguramente esa chica sería de Gryffindor, y por eso el desprecio hacia su hijo—. No me extrañaría que fuera de Gryffindor.
—Pues resulta que no, aunque no me importaría —dijo irritada por sus palabras—. Y para su información, soy de Slytherin. Y que sepa que nadie está por encima de mí y mucho menos un Malfoy.
—No voy a perder el tiempo con chiquillas como usted —dicho esto, Narcisa Malfoy pasó por un lado de Jade y siguió su camino.
—Espero que encuentre a su hijo, señora Malfoy —soltó Jade remarcando que sabía quien era—. Y que lo encierre en su casa este curso para no tener que verlo.
Antes de que la mujer ni siquiera se girara, Jade siguió con su camino hacia la siguiente tienda.
Después de comprar todo y de camino a su casa, pasó por al lado de una tienda que tenía colores muy llamativos y que era imposible no mirar. En uno de los escaparates había un cartel morado con unas letras amarillas que decían:
¿Por qué le inquieta El-que-no-debe-ser-nombrado?
¡Debería preocuparle
LORD KAKADURA,
la epidemia de estreñimiento que arrasa el país!
Jade no pudo reprimir una sonrisa al ver de quién era la tienda. Por un momento pensó en no entrar, pero podía ser que no volviera a ver a los gemelos hasta dentro de mucho y tenía que verlos.
Cuando entró estaba llena de gente, casi todos eran jóvenes y estudiantes del colegio. Pasó la mirada por las estanterías, cada una tenía algún tipo de artilugio extraño para no sabía que cosas. Pasó cerca de una especie de jaula que en su interior había unas pelusas de color rosa y morado. Vaya cosas más… dan grima, son irritantes, pensó la chica. Llegó a una sección donde había varitas trucadas y, después de coger una, una voz a su espalda la hizo sonreír.
—¿Quiere comprarla señorita? —preguntó uno de los gemelos que, por el nuevo corte de pelo de la chica, no se había dado cuenta de quién era—. ¿O prefiere una pluma autorrecargables, con corrector ortográfico incorporado y sabelotodo?
—¿Y usted no está a la venta señor Weasley? —dijo Jade lo más seductoramente posible sin girarse todavía.
—Bueno yo… Espera, esa voz me suena —Fred giró a la chica hasta que pudo verle la cara—. ¡Jade!
Se abrazaron como hacía tiempo que no lo hacían; llevaban muchos meses sin verse y ambos sonreían.
—Menudo cambio —dijo Fred una vez se separaron y pasándole la mano por el pelo—. Mmm… tranquila, me sigues gustando. —Ambos rieron y Fred buscó a su hermano entre la gente.
—¡Eh George! Mira quién está aquí.
—¡Jade! —El otro gemelo se lanzó a sus brazos igual que Fred—. ¿Qué te has hecho en el pelo?
—Estaba cansada de mi imagen y necesitaba un cambio. —Jade sonrió—. ¡Pero qué bien os va la tienda! Estoy alucinando con todo esto.
—Bueno, ¿qué esperabas de nosotros? —dijeron a la vez levantando la cabeza.
—Me alegro mucho de que estéis tan bien.
—Por cierto, Harry, Ron y Hermione estaban por aquí —dijo George—. ¿Dónde se habrán metido?
A Jade le dio un vuelco el corazón al escuchar que sus amigos estaban cerca. Desde que había decidido separarse de ellos había temido este momento y no esperaba que fuese tan pronto.
—No os preocupéis. De todas maneras tengo prisa. Ya los veré en el tren. —Jade intentó librarse y lo consiguió, a pesar de la cara de perritos abandonados que le dedicaron los gemelos por dejarlos tan pronto.
Se despidió de éstos (muy a su pesar) y sin mirar a ningún lado, salió de la tienda en dirección a su casa.
Antes de salir del Callejón Diagón, se topó con dos personas que discutían, hasta que se callaron al verla. Jade y Draco se miraron por unos segundos en los que no dijeron nada. Ella se sorprendió de ver el cambio de Malfoy en tan poco tiempo, no estaba acostumbrada a verlo sin el uniforme y ahora llevaba un traje negro que le favorecía mucho. Si no lo odiara tanto diría que hasta estaba guapo.
Él también se había sorprendido al verla, pues no esperaba ese cambio. Además, llevaba un vestido que se ajustaba a su cuerpo y resaltaba su figura.
—Pero mira quién es —dijo Narcisa sacando a los dos de sus pensamientos.
—Veo que encontró a su querido hijo —contestó Jade desviando la mirada de uno a otro—. Tenías muy preocupada a tu madre —dijo angelicalmente mirando de nuevo al rubio.
—Es que yo tengo a alguien que se preocupa por mí —soltó Draco con malicia.
—No necesito que nadie cuide de mí, Malfoy.
—Claro, tampoco hay quien lo haga. Por cierto, madre, ¿os conocéis?
—No tengo el placer de saber su nombre hijo —dijo Narcisa irónicamente.
—Ella es, nada más y nada menos, que Jade Prince, la hija del Señor Tenebroso.
Narcisa se quedó helada al escuchar a su hijo y no sabía ni qué decir.
—En realidad soy la hija de Severus Snape —corrigió Jade—. Él es el que me crió y, por lo tanto, el único al que considero mi padre.
Y sin más dejó a los dos en medio del callejón y se fue directamente a su casa intentando no pensar en nada, pues el simple hecho de nombrar a Voldemort y de tener en frente a la hermana de Bellatrix Lestrange, la hacía revivir momentos muy dolorosos.
Casi pierde el Expreso, pero logró llegar un minuto antes de que partiera. Anduvo por el pasillo mirando dentro de los compartimentos buscando un lugar donde sentarse. En medio del pasillo estaba la mujer con el carrito de comida y, para que pudiera pasar, se metió en uno de los compartimentos. Cuando se giró, la escena que tenía ante ella hizo que el estómago se le revolviera; Pansy Parkinson acariciaba la cabeza de Malfoy que tenía sobre las piernas. Había más gente, pero ni siquiera los miró. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Pansy al ver la cara de Jade, que rápidamente cambió por una inexpresiva.
—¿Quieres algo? —preguntó Parkinson todavía con la sonrisita en la cara.
—De ti nada, ya lo sabes —contestó Jade sin tono alguno.
—Pues lárgate que molestas —volvió a hablar Pansy.
—Pansy no seas maleducada —dijo Draco incorporándose—. Tal vez quieras sentarte con nosotros… Jade.
Las dos chicas lo miraron con los ojos muy abiertos, pero Jade reaccionó al sentir que alguien entraba.
—No gracias, preferiría sentarme con un escreguto de cola explosiva antes que cerca de ti, Malfoy —dicho eso salió esquivando a Blaise Zabini que estaba de pie en la puerta.
Antes de pensar en nada, una mano le rozaba el hombro, a lo que la chica se giró.
—Hola, casi pensé que no fueras tú —dijo Ginny sonriendo y la abrazó—. Estamos en este compartimento, ¿vienes?
La chica asintió casi automáticamente y saludó a Neville que iba detrás de la pelirroja. No podía alejarse de ellos de repente, lo haría de forma gradual, así que los siguió. Dentro estaban Luna, Ron y Hermione, la última se levantó y la abrazó. Después de saludar a todos y que hicieran cometarios sobre su nuevo aspecto, se sentó entre Hermione y Neville.
—¿Y Harry? —preguntó Jade.
—Dijo que tenía que hacer una cosa —contestó Neville.
—¿Qué tal la reunión?
—¿Qué reunión? —Jade volvió a preguntar.
—Resulta que el nuevo profesor, Slughorn, quería conocer a ciertos alumnos y convocó una reunión para hacerlo. A mí me tocó por casualidad —dijo Ginny con una mueca de hastío.
—¡Ah! ¡Felicidades! —gritó Hermione al acordarse de que el cumpleaños de Jade había sido ayer. Acto seguido se levantó y volvió a abrazar a su amiga.
Lo mismo hicieron los demás. Ginny sacó entonces una caja que tenía unos agujeros y se lo entregó a Jade.
—Es un regalo que te compramos de la nueva tienda de Fred y George. —Ginny le entregó el regalo.
—Gra…gracias. —Jade se quedó un poco cohibida.
Lo abrió despacio, destapó la caja y… allí estaba, una pelusa de color morado que producía un sonido muy extraño. Jade mostró la mejor sonrisa que pudo poner, pues le parecía un bicho un poco…
—Es un micropuff, ¿cómo lo vas a llamar? —preguntó Ginny—. Dean me regaló uno; lo he llamado Arnold.
—Pues… —¿Qué nombre le iba a poner a una bolita de pelo morado? Era irritante, odioso… En ese momento un nombre le vino a la cabeza—. Draco.
—¿Qué? —Ron miró hacia el pasillo.
—Que lo voy a llamar Draco.
