Harry apareció, varios minutos después de que todos estuvieran sentados, con la cara ensangrentada. Jade se preocupó, pues escuchó a Malfoy contar cómo le había golpeado en el tren. En estos momentos, viendo a sus amigos preocupados por Harry, era cuando deseaba con todas sus fuerzas olvidar el plan y acercarse a ellos. Pero no podía, debía aprender a mantenerse en su sitio, por el bien de Harry.
No tenía mucha hambre; paseaba su tenedor entre la comida pero no se llevaba nada a la boca. Levantó la vista de su plato y miró a lo largo de su mesa. Vio a Parkinson coqueteando con Malfoy, como siempre, y a Blaise ignorándolos. A un lado estaba Nott y tampoco parecía prestar mucha atención a las risas de la chica. Jade volvió a mirar a Draco justo cuando él también lo hacía, entonces dejó de hablar con Pansy y no apartó la vista de Jade. Pero ésta sí la apartó e intentó seguir comiendo.
—Escuchad, mis queridos alumnos. Os doy ánimos para que podáis enfrentar este nuevo peligro, con valentía y seguridad en este castillo. La amenaza que ronda a todo el mundo mágico…
Jade dejó de escuchar aquellas palabras del director, las sabía todas de memoria y no le hacían falta. Sabía que era la única a la que Voldemort no tocaría; su problema ahora era poder evitar a sus amigos.
—Este año tenemos el privilegio de tener a un antiguo profesor entre nosotros —continuó el director—, Horace Slughorn será el nuevo profesor de Pociones.
Un murmullo empezó a escucharse en el comedor. Jade alzó la cabeza y miró con asombro a su padre, pues Severus no le había dicho nada. Harry también se había sorprendido y miró a Jade para ver si ella lo sabía, pero la expresión de sorpresa de la chica dejaba claro que no era así. Ahora que la veía, recordó la profecía y, aunque a Ron y Hermione sí se la había contado, Dumbledore le aconsejó no decirle nada a ella, hasta que fuera necesario.
—Por lo tanto —continuó el director—, el profesor Snape dará Defensa Contra las Artes Oscuras. —Después dio por terminado el banquete.
Jade salió del comedor con la intención de esquivar a sus amigos, pero los encontró hablando con el guardabosque.
—Hola Hagrid —saludó la morena.
—Hola Jade. Bueno chicos, mañana nos veremos en clase, si venís pronto podréis ver a Buck… a Witherwings.
—Claro, allí estaremos —contestó Jade.
—¿Tienes Cuidados de Criaturas Mágicas? —preguntó Ron en murmullos después de que el semigigante se marchara.
—Sí, ¿vosotros no?
Los tres negaron con la cabeza.
La primera clase era Defensa Contra las Artes Oscuras, junto a Gryffindor. No tenía ganas de empezar el curso y se quedó unos minutos más en la cama, pero fueron demasiados y le tocó correr para poder llegar a tiempo. Recuperó el aliento y tocó a la puerta (prefirió hacerlo para que no fuese peor) y entró. Snape la miró, pero no le dijo nada y siguió hablando; si hubiera sido un Gryffindor, seguramente le habría quitado puntos.
—Como iba diciendo, os pondréis por parejas.
La sala estaba despejada y los alumnos se colocaban de dos en dos. Hermione se dirigía hacia Jade para ponerse con ella.
—Señorita Prince, usted se pondrá con el señor Malfoy, por el retraso.
—Pero… —Snape se giró sin añadir nada y ella miró a Malfoy para ver si la apoyaba con sus quejas.
—¿Empezamos? —dijo Draco mirando a su pareja que lo miraba desconcertada.
Ambos se colocaron uno frente al otro y levantaron sus varitas, debían lanzarse hechizos sin pronunciar. Draco tenía que embrujar a Jade y ella debía repelerlo con un hechizo defensivo.
Ron intentaba embrujar a Harry, pero no lo conseguía, al igual que la mayoría de los alumnos. La morena esperaba el hechizo del rubio, pero se distrajo cuando escuchó cómo Harry repelía, en voz alta, un hechizo que le había enviado Snape y como éste acababa estrellado contra la mesa. En ese instante, Draco consiguió lanzar el hechizo y antes de que le diese tiempo de reaccionar, Jade acabó cayéndose al suelo.
Ya estaba dispuesta a insultar a Malfoy cuando levantó la mirada hacia la mano que le ofrecían.
—No deberías distraerte. La culpa ha sido tuya —decía Draco retirando la mano que ella no quiso coger.
La clase se acabó con un castigo para Harry y una malhumorada Jade que no entendía qué le pasaba a Malfoy.
Hermione se acercó a Jade para que fueran juntas a la siguiente clase que tenían con el nuevo profesor, pero ella le puso la excusa de que quería hablar con Snape.
—¿Por qué no me dijiste nada sobre tu nuevo puesto? —preguntó la morena una vez el aula estuvo vacía.
—¿Desde cuando tengo que informarte de lo que hago o dejo de hacer? — contestó con su típica inexpresión.
Ella iba a contestarle, pero él se adelantó dando por terminada la conversación.
—Date prisa si no quieres llegar tarde a otra clase.
Los alumnos fueron llegando al aula de Pociones donde los esperaba Slughorn, que los hizo pasar con una sonrisa. Eran once alumnos, sin contar a Jade que todavía no llegaba. Los alumnos recorrían los calderos que había por el aula. Él ha confiado en mí y voy a lograrlo, pero odio tener que hacer el idiota con Prince. Además de que no me lo va a poner fácil… pensaba el rubio hasta que se detuvo en un caldero dorado, del cual salía un olor que lo embargó por completo produciéndole un estado de plena satisfacción. Se detuvo a oler mejor y percibió cierto aroma a… ¿jazmín?
Jade había llegado a tiempo y también miraba los calderos, reconociendo cada una de las pociones que veía. Vio a Malfoy cerca de un caldero dorado y se aproximó a él para ver el contenido. Se aproximó tanto al rubio que no se rozaban por unos milímetros. Draco levantó la cabeza al percibir la presencia de alguien y la miró.
—Prince, si te pones tan cerca no puedo oler bien el contenido —dijo Malfoy con su tono despectivo de siempre.
—Vaya, ya te echaba de menos. Pensaba que te habías vuelto loco —contestó la chica alejándose de él para mirar al resto que ya estaban sentados en sus mesas.
Los cuatro alumnos de Ravenclaw se sentaron juntos, los Slytherin en otra mesa y Harry, Ron y Hermione en la mesa que quedaba donde se les unió el único alumno de Hufflepuff que había. Jade y Malfoy se tuvieron que sentar en la mesa de las serpientes uno al lado del otro.
El profesor dijo el contenido de todos los calderos, después de que Hermione se le adelantara, pues Jade no quiso responder a nada.
—Prepararéis el Filtro de Muertos en Vida, y el que mejor lo haga obtendrá una botellita de Felix Felicis (suerte líquida).
Todos empezaron a preparar sus calderos y a seguir las instrucciones del libro. Horace Slughorn se paseaba por las mesas mientras éstos las preparaban y observaba los calderos con los líquidos de diferentes colores.
—Señor —lo llamó Draco—, seguro que conoció usted a mi abuelo, Abraxas Malfoy.
—Así es —contestó el profesor—, me entristeció su muerte.
Sin añadir nada más, siguió mirando los calderos. Jade se dio cuenta de que Draco pretendía que Slughorn lo tratara de manera preferente y al ver su fracaso, sonrió maliciosamente.
—Malfoy, no creo que el profesor quiera a alguien como tú en su Club de las Eminencias —dijo Jade mirando al rubio.
Draco se contuvo de decirle nada, pues el profesor se había acercado a la chica y miraba su poción.
—Muy bien, lo está haciendo perfectamente —alabó sonriendo—. ¿Quién es usted señorita?
—Soy Jade Prince, señor.
La sonrisa se borró de repente de la cara del hombre y ahora miraba a la morena con cierto temor en los ojos.
—Usted es…
—La hija de Severus Snape —contestó la chica antes de que él dijera otro nombre.
Únicamente asintió y continuó con su paseo, desviando la mirada hacia la chica cuando ésta no lo veía. Ya estaba enterado de que la hija de Voldemort estaba en Hogwarts, pero no esperaba tenerla en su clase. Ahora que la veía bien, tenía cierto parecido a aquel muchacho que una vez tuvo de alumno y que, en aquel entonces, consideraba uno de los mejores.
Jade preparaba su poción, ajena a los pensamientos del profesor, y le estaba quedando muy bien, pero cuando fue al armario a por otro ingrediente, Draco aprovechó para vengarse de lo de antes y echó varios ingredientes de más en el caldero de la chica.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? —se preguntaba Jade al ver su poción de color rosa.
Draco sonrió, pero no se delató, pues no le convenía que ella se enfadara.
Intentó arreglar la poción, pero era imposible si no sabía cuál había sido el problema. Al final de la clase, sorprendentemente, Harry fue el que mejor había hecho la poción, y se llevó el preciado premio.
Jade se extrañó que hubiese sido él, pues esperaba que si no era ella, sería Hermione. Pero no le dio más vueltas y salió de la clase.
—Jade, estamos aquí —dijo Hermione que caminaba junto a Harry y Ron mientras discutían sobre el libro que había ayudado a Harry a conseguir la poción. —Vamos al comedor.
—Tranquila, ahora voy yo. Tengo que… ir a por una… cosa. Nos vemos allí.
Salió corriendo hacia su sala común antes de que le preguntaran nada. No era tan fácil esquivar a alguien, y menos si son tus amigos de hace seis años.
En la sala común no había nadie más, pues todos estarían comiendo. Llegó y se dejó caer en uno de los sofás. Si le era tan difícil y sólo llevaba un día de curso, no quería imaginar lo que le esperaba. Tengo que conseguir separarme de ellos totalmente. Y si tengo que hablarles mal o ignorarlos lo haré. Es por Harry, es por Harry… se repetía Jade mentalmente con los ojos cerrados y pasándose la mano por la sien.
—Por favor Prince, sólo era una poción, no es para que te pongas así —dijo Draco irrumpiendo en la sala.
—¿Crees que no sé que has sido tú? —contestó Jade poniéndose de pie frente a Draco.
—No digas tonterías. No todo lo que te pase tiene que ver conmigo.
Después de eso, sin decir nada, ella salió de la sala dirección al comedor. Cuando llegó, no sabía a dónde ir, siempre iba con sus amigos, pero esta vez no. Caminó hasta su mesa y se sentó en el primer sitio que vio, antes de que nadie se diera cuenta de que había entrado. Poco después apareció Draco que se sentó frente a ella unos metros hacia la izquierda de donde estaba.
Varios minutos después de empezar a comer, escuchó una risa a su lado, se giró para mirar a quién pertenecía y vio a Theodore Nott, el cual le indicó que mirara hacia la mesa de los profesores. Cuando lo hizo, vio al profesor Slughorn intentando alcanzar un pedazo de muslo de pollo que estaba alejado de él y su prominente barriga le impedía alcanzarlo. Era gracioso de ver y Jade sonrió también.
—El viejo Slughorn debería adelgazar un poco —dijo de repente Nott todavía con una sonrisa.
Jade se quedó un poco extrañada, pues no recordaba haber hablado con Nott en ninguna ocasión. Era un chico alto, de pelo castaño, con un cuerpo delgaducho y con unos ojos marrón claro; no era guapo, pero tenía algo sugerente. Al ver que no contestaba, Theo siguió hablando.
—¿Tú tampoco estás en el Slug Club? —preguntó el chico.
—No. Creí que tú sí estarías. Eres bueno en Pociones, te he visto hacerlas y, aunque no eres tan bueno como yo, te salen muy bien. Además fuiste tú el primero que logró una transfiguración decente en primero.
Él sonrió, era extraño hablar con alguien que había visto durante años y que prácticamente ni se habían mirado y sin embargo sabía tantas cosas sobre él y él sobre ella.
—Bueno, es verdad, además de que mi padre fue amigo del profesor. Pero se enteró de ciertas cosas que…
—Ya. —Ella bien recordaba los nombres de las personas que estuvieron en el Ministerio, y una de ellas era el padre de Nott. —Me parece una tontería ese club, elige las personas por la familia que tiene —dijo para cambiar de tema.
—Me extraña entonces que tú no estés.
—Será que me tiene miedo —bromeó la chica. Theo sonrió.
Que raro es esto de bromear con el enemigo, pensaba la chica, pero en verdad él no es uno de los que van detrás de Malfoy.
Unos metros más allá, Malfoy desviaba la mirada hacia las dos personas que reían. ¿Qué hace Theo hablando con Prince? ¿Desde cuando son amigos? Supongo que no me importa, pero ella debe acercarse a mí, no a Nott.
Horas, días, semanas… el tiempo pasaba tan deprisa que a veces tenía la tentación de usar un giratiempos para volver hacia atrás. Los primeros días de curso quedaron atrás, al igual que la relajación que ello implicaba, pues este curso era mucho más difícil que los anteriores y tenía que dedicar más tiempo a los estudios. El plan de alejarse de sus amigos no estaba saliendo tan bien como debiera, cada vez le era más difícil poner excusas y era incapaz de hablarles mal o ignorarlos.
El hecho de que Theo y Jade eran los únicos que iban a Cuidado de Criaturas Mágicas, los hizo tolerarse más, y en el resto de clases a veces se sentaban juntos. También estaba Malfoy, que últimamente no la molestaba tanto, incluso no seguía el juego de Pansy cuando ésta se metía con Jade.
Sentada en la sala común, recordaba el primer día con Hagrid y la cara que se le quedó al enterarse de que Harry, Ron y Hermione no cursaban su asignatura ese año. Pensaba en las pruebas de quidditch que tendrían lugar dentro de dos días y cavilaba presentarse, pues hacía dos años que no jugaba y tendría una excusa para escabullirse. Tenía entre las manos el micropuff que sus amigos le regalaron por su cumpleaños, ese animalito al que cada vez le cogía más cariño.
—Hola Draco —le decía al micropuff mientras lo acariciaba con suavidad—. Ahora te veo hasta guapo, eres tan irritante que te he cogido cariño.
Jade seguía hablándole al animalito púrpura sin darse cuenta de que no estaba sola en la sala. Malfoy acababa de entrar y había escuchado a la morena diciendo su nombre. No podía verle porque estaba sentada de espaldas a él y el rubio no podía ver al animalito que se removía en las manos.
—En realidad siempre he sido guapo y entiendo que me hayas cogido cariño —susurró Draco, acercándose por la espalda, al oído de la chica. Esto hizo que ella se sobresaltara después de sentir una corriente recorrer su cuerpo al notar la respiración de Malfoy en su cuello.
—¡Malfoy! Si te acercas tanto no puedo disfrutar de mi Draquito.
El chico vio entonces el micropuff y entendió que ese bicho llevaba su nombre.
—¿Le has puesto mi nombre a ese… esa… cosa?
—Sí. Porque es odioso, me da grima, es molesto… —fue diciendo mientras se ponía de pie frente al chico.
—Vale, pero le has cogido cariño —la cortó Draco con una sonrisita en la cara acercándose más a ella—. Eso significa…
—Significa que es un animal y no un mago al que no puedo ni ver desde que lo conozco —contestó ella dando otro paso y quedando mucho más cerca de él.
—Te equivocas, en primero no nos llevábamos mal.
Esto dejó a Jade sin saber qué decir; era cierto, en primero no se odiaban, pero le sorprendió que él lo recordara. En ese momento entró Parkinson junto a Theo a la sala común y ambos se giraron.
—Hola Draco —saludó Pansy—, ¿todo bien?
—Claro. —Malfoy se acercó Pansy y le dio un beso en los labios. Después salieron por la puerta, con una sonriente Pansy.
—¿Están saliendo juntos? —preguntó Jade, con cara de asco, mirando todavía hacia la puerta por donde habían salido.
Theo únicamente levantó los hombros en señal de que, o no lo sabía, o de que no le importaba.
El campo de quidditch estaba lleno de alumnos de Slytherin esperando para pasar la prueba y formar parte del equipo. Jade llegó hasta el gentío y se dirigió al capitán, Urquhart, para que la añadiera como posible golpeadora.
Miró a su alrededor y vio a varios alumnos, entre ellos, Malfoy. Éste se acercó a ella.
—No esperaba verte aquí —dijo el rubio una vez estuvo a su lado mientras miraba al cielo viendo jugar a los posibles cazadores.
—Pues lo siento, este año me tendrás que ver más de lo acostumbrado —soltó Jade mirando al chico el cual le devolvió la mirada.
—No te estoy atacando, Prince —sin decir nada más salió volando en busca de la snitch dorada.
Jade se quedó pensativa (algo común cada vez que lo veía), no se explicaba su cambio de actitud, aunque tampoco entendía cómo se había hecho compañera de Theodore Nott.
Malfoy salió como buscador y Vaisey, junto con otros dos, como cazadores; ahora le tocaba el turno a los golpeadores. Goyle también se presentaba y, junto con otros dos alumnos más, empezaron a jugar.
Jade se empleó a fondo, pues quería entrar como fuera. Tenían que probar su puntería, por lo que debían lanzar la bludger, con el bate, y meterla en uno de los aros. Jade destacaba en esta área, por lo que sobrepasó a sus compañeros con facilidad. Pero después tenían que comprobar la fuerza y aquí ella no era la mejor. Le daba con fuerza pero no tanto como lo hacían los otros tres chicos. Esta prueba consistía en derribar a los otros tres y Jade se preparó lo mejor que pudo, se aferró con las piernas a la escoba y, sujetando con ambas manos el bate, lanzaba las bludgers hacia los alumnos. Goyle intentaba derribarla, pero su puntería no era del todo buena, así que no lograba darle.
En un despiste de ella, mientras miraba cómo había logrado desequilibrar a uno de ellos, Goyle logró lanzar la bola en la buena dirección y la bludger logró golpear el palo de la escoba de Jade haciendo que la chica se precipitara al vacío; pues al tener el bate en las manos no pudo sujetarse.
Gritaba mientras sentía el aire golpeando su cara y veía cómo se acercaba al suelo irremediablemente. Pero justo a unos metros antes del impacto, un brazo logró cogerla de la cintura y subirla a la escoba. Jade se aferró al cuello de la persona que la había salvado.
—Prince, afloja un poco si no quieres ahogarme —dijo Draco que ya le faltaba la respiración de la fuerza que ejercía la chica.
Ella liberó un poco sus brazos pero no los retiró. Malfoy la sujetaba por la cintura para que no cayera mientras descendía hasta el suelo. Una vez en tierra, bajaron de la escoba y liberó el cuello del rubio, pero se sujetaba de su brazo para mantenerse en pie y comprobar que realmente estaba a salvo.
—Yo…
—Me debes una, Prince.
Draco sonreía por dentro, justo cuando vio cómo caía, pensó que esa era su oportunidad; si la salvaba, ella se sentiría en deuda con él y eso facilitaría las cosas.
Antes de que dijera nada, la voz del capitán sonó clara.
—Goyle, serás el nuevo golpeador.
Jade abrió la boca, ya se había imaginado que ella no sería, pero ¿Goyle? ¡Pero si casi me mata! , pensó la morena.
—Tu fuerza nos será útil —continuó diciendo—. Y el segundo golpeador será Prince. Por tu puntería.
La morena todavía estaba asimilando la noticia, cuando todos empezaron a marcharse.
—Prince. —Ella se giró hacia Malfoy, al cual todavía tenía sujeto por el brazo—. ¿Me sueltas o quieres que vayamos juntos a la ducha? —dijo con una sonrisa pícara.
Acto seguido ella lo soltó y le pegó un pequeño empujón antes de marcharse a los vestuarios ruborizada.
El agua le caía sobre el cuerpo haciendo que se relajara. Era algo que no podía hacer mucho ese año, pues tenía mucha presión sobre sus hombros. Primero de todo tenía que matar a Dumbledore y ya tenía planeado cómo hacerlo. Dentro de poco habría una salida a Hogsmeade y tenía que cuidar de que no lo pillaran en su intento. Además, McGonagall le había castigado por no hacer los deberes de Transformaciones, pues no iba a perder el tiempo con estupideces mientras tuviera que planear un asesinato. Y después estaba Prince… Por lo menos hoy parecía que había avanzado con respecto a ella. Parece que la suerte está de mi parte, últimamente la veo menos con San Potter y sus amiguitos, pensaba el rubio.
La salida a Hogsmeade era al día siguiente y Jade ya no sabía qué decirles a sus amigos para no ir con ellos. Esos días se había sentado con Hermione, ya que la castaña había insistido en que ya no hablaban tanto y le había contado cómo Ron había conseguido el puesto de guardián y cómo una tal Lavender Brown coqueteaba con él. También le dijo que habían ido a hablar con Hagrid y que habían aclarado las cosas con él; esto alegró a Jade, pues ya no tendría esa cara de tristeza en las clases.
—Han registrado la casa de los Malfoy —decía Hermione leyendo El Profeta en la sala común de Gryffindor—. No han encontrado nada.
—¿Qué pretendían encontrar? —preguntó Jade que se había visto arrastrada hasta allí.
—¿No te acuerdas que te dije que vimos a Malfoy en Borgin & Burkes? —contestó Harry—. Yo se lo dije al señor Weasley. Malfoy está cumpliendo órdenes de Voldemort; es un mortífago.
—No creo que Malfoy sea un mortífago, Harry —dijo la morena.
—Eso mismo le dije yo —terminó diciendo Hermione mirando como Ron le sonreía a Lavender que pasaba por allí.
—Por cierto chicos, mañana no voy a poder ir a Hogsmeade. Severus me ha castigado por… no hacer los últimos deberes —mintió la morena.
—Pero si es la primera salida. ¿Y por qué no has hecho los deberes? —preguntó la castaña poniendo los brazos en la cintura.
—Porque… porque tenía que entrenar, sí, para el primer partido —titubeó nerviosa.
—No sabía que estabas otra vez en el equipo —dijo Ron mientras cogía una gragea.
—¿Ah, no? —puso cara de ingenua.
—Últimamente te juntas muy poco con nosotros —expuso Hermione.
—E… es que… tengo muchas cosas que hacer y…
En ese momento entró Ginny por el retrato y se sentó con ellos, al lado de Harry, el cual se tensó al momento. Por suerte su llegada hizo que cambiaran de tema, cosa que Jade agradeció profundamente.
Aburrida, esa era la palabra, aburrida. No había pensado en lo que significaba esquivar a sus amigos, pero ahora lo sabía, estar sola y aburrida. No había nadie en la sala común de Slytherin, pues la mayoría estaban en Hogsmeade y la otra mitad estaría disfrutando de los últimos rayos de sol que quedaban. Ella estaba tumbada boca abajo en el suelo frente a la chimenea. Tenía un libro entre las manos, pero no lo leía, y a Draco, el micropuff, caminando por su espalda.
—¿Aburrida? —preguntó una voz detrás de ella.
Jade miró hacia arriba para ver de quién era la voz.
—¿Por qué no has ido a Hogsmeade? —contestó sin responder a la pregunta.
El chico se tumbó a su lado en la misma posición que ella.
—¿Y tú? —Ella sonrió.
—Eres una persona solitaria ¿eh? —dijo Jade mirando a Theo.
—Más vale solo que mal acompañado. —Ella asintió y giró el cuello de nuevo hacia el libro.
Draco había subido hasta la nuca de la chica y se restregaba por su pelo, el cual le llegaba justo por encima del cuello y las puntas le salían hacia fuera. No cubría la cicatriz que surcaba su blanquecino cuello y Theo se fijó en la herida cuando ella giró la cabeza.
—¿Y esta herida? —preguntó mientras estiraba la mano y recorría la cicatriz con las yemas de sus dedos.
Draco estaba de muy mal humor, pues había tenido que soportar el sermón de McGonagall y encima estaba preocupado por el plan del collar. Iba a la sala común pensando que estaría vacía pero cuando entró vio a Prince y a Nott tumbados en el suelo mientras él le acariciaba el cuello. Algo en su estómago empezó a hervir y prefirió seguir con el plan que tenía pensado. Se acercó a ellos y carraspeó haciendo que ambos se giraran para mirarlo.
—¿Interrumpo? —preguntó el rubio.
—Siempre, Malfoy —contestó Jade. Theo y ella se levantaron del suelo.
—Os dejo, tengo cosas que hacer. —Nott salió por la puerta y se quedaron ellos dos solos.
—Prince, es hora de que me devuelvas el favor.
Ella alzó una ceja incrédula mientras acariciaba a Draco.
—Por haberte salvado la vida —le recordó Draco—, me ayudarás a hacer los ejercicios de Transformaciones.
Ella iba a replicar pero le debía la vida, qué más daba ayudarle con los deberes, además de que había dicho "ayudar", no "hacer".
—Está bien, te ayudaré.
Contento por conseguir su propósito, se sentaron en una de las mesas de la sala y empezaron. Varios minutos después, Draco estaba más que harto y empezaba a cansarse.
—¿Estás con Theo?
Jade alzó la cabeza para mirarlo con los ojos muy abiertos por la repentina pregunta.
—Claro que no. ¿Por qué crees eso? ¿Y a ti qué te importa? ¿Acaso yo te pregunto sobre Parkinson? —contestó algo enfadada.
—Tranquila, sólo era una pregunta. ¿Y por qué metes a Pansy?
—Porque… porque tú y ella… estáis saliendo, ¿no?
—¿Ahora quién es la que pregunta cosas que no le importan? —contraatacó Draco alzando una ceja y sonriendo de medio lado.
—No, no me importa. Tú y esa estúpida podéis ser y hacer lo que os venga en gana —contestó Jade.
—Gracias por tu aprobación —y dicho eso volvieron a lo que estaban haciendo.
Jade con el ceño fruncido y Draco con una sonrisa de satisfacción. Realmente no le convenía discutir con ella pero le resultaba tan sumamente divertido, que hacía que por un momento olvidara los problemas que lo rodeaban.
—¿Katie Bell? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿A quién iba dirigido el collar?...
—Vale Jade. No tengo ni idea de ninguna de esas preguntas —contestó Harry molesto por las preguntas que ni él sabía.
Harry y Jade estaban en el comedor, Ron y Hermione estaban hablando con la profesora de algo respecto a los prefectos.
—¿Y qué le pasa a Ron con Ginny y con Hermione?
Harry ante esta pregunta sintió como el estómago se le encogía.
—Bueno… nos encontramos a Ginny y a Dean muy juntos —cada palabra le revolvía el estómago al recordarlo— y empezaron a discutir. Y con Hermione…
Se calló al instante, pues el pelirrojo apareció por la puerta del Gran Comedor. Jade no pudo enterarse de todo lo sucedido pero se imaginaba lo que había pasado. Poco después apareció Hermione y empezaron a cenar.
Noviembre entró con una ola de frío y esto desanimó un poco a los jugadores. Iba a ser el primer partido de Ron ese año y estaba muy nervioso, Jade podía percibirlo incluso desde su mesa; ella también estaba algo nerviosa, pero no tanto como el pelirrojo. Miró a ambos lados de su mesa y no encontró una cabeza rubia que debía estar allí.
El campo de quidditch estaba lleno de alumnos y tanto los jugadores de Gryffindor como los de Slytherin se preparaban para empezar.
—¿Draco enfermo? Que extraño.
Harry y Ron acababan de enterarse de que Malfoy no jugaba ese partido, al igual que el cazador, Vaisey. Parecía que tenían la suerte de su parte. Jade también se extrañó, pero decidió no darle más vueltas y centrarse en ganar.
Los gritos de los Gryffindor retumbaban por todo el campo, la jugada de Ron había sido espectacular y Harry había logrado conseguir la snitch sin problemas. Jade casi derriba a Ginny en un lanzamiento pero ésta se había recuperado y había metido un punto.
En esos momentos la sala común de Gryffindor debía ser una fiesta, por supuesto que Jade no iba a estar allí, más que nada porque no iba a celebrar que habían perdido. Así que se dirigió a su sala común para buscar a Draco y saber realmente qué le pasaba. Cuando llegó, encontró a Pansy sentada en el sofá con Draco sentado en el suelo, entre sus piernas, mientras ésta le hacía un masaje en la espalda. Malfoy tenía la cabeza agachada y parecía ajeno al ambiente desolador de sus compañeros.
Al ver esa escena prefirió pasar de largo e irse a su habitación.
Las navidades estaban a la vuelta de la esquina y Hogwarts estaba revolucionado. Ya era conocido por todos la relación entre Ron y Lavender, y Jade se preocupó por el estado de su amiga Hermione, pero no debía ir a consolarla (aunque deseaba hacerlo), pues eso era todo lo contrario a lo que había planeado. Había logrado apartarse un poco más de ellos pero seguía hablando con sus amigos de vez en cuando, aunque con el hecho de que la vieran más con Theo Nott había hecho que en las clases se sentaran separados.
Draco últimamente se veía retraído, desde la primera salida a Hogsmeade, y Jade tenía curiosidad por saber qué le pasaba. Incluso Pansy pasaba menos tiempo con él y lo hacía más con sus amigas.
—¿Qué crees que le pase a Jade? —preguntó Hermione a Harry sentados en la biblioteca.
—No lo sé, pero espero que no sea nada grave.
Harry recordó la profecía y se asustó por un momento de que hubiera alguna posibilidad de que la morena se pasara de bando. Él no había pensado en eso, pues ella era su amiga desde los once años y no concebía que ella lo traicionara.
—Pero lleva todo el trimestre igual. En un principio pensé que era por la muerte de Sirius. —Harry sintió una punzada al escuchar ese nombre. —Pero, ¿has visto que últimamente se sienta mucho con Nott?
Harry asintió, pero no dijo nada, ambos se quedaron en silencio.
—¿Estas Navidades vendrás a la Madriguera? —preguntó Harry para cambiar de tema. Hermione cambió su cara a una de enfado.
—No —fue lo único que dijo.
Jade había puesto la excusa de que Snape no la dejaba irse con Harry y Ron, así que esas Navidades las estaba pasando en Hogwarts junto a su micropuff. Malfoy tampoco se había ido a su casa, algo muy extraño, pues él nunca desaprovechaba una oportunidad de salir de allí.
Jade caminaba por los pasillos vacíos del segundo piso, cuando al fondo, vio la figura de alguien que estaba apoyado contra la pared. Caminó hasta ella y se paró a unos metros al ver de quién se trataba. Malfoy estaba con los ojos cerrados y apoyaba la cabeza en el frío muro. Sintió lástima por él, era la primera vez que lo veía sin su carácter de ser superior, sin su fachada de prepotencia; algo la impulsaba a acercarse a él y abrazarlo, pero eso sería demasiado extraño, así que se quedó donde estaba.
En ese momento, el rubio abrió un ojo y miró a la chica que lo observaba con lástima.
—¿Quieres algo, Prince? —preguntó sin tono alguno.
—¿Estás bien?
El sonrió, se despegó de la pared y se acercó a la chica.
—Sí, no te preocupes.
—No… no estoy preocupada —dijo Jade algo nerviosa por la cercanía y la actitud del chico.
Volvió a sonreír.
—¿Tú estás bien?
Esta pregunta dejó en estado de shock a la morena. ¿Malfoy me está preguntando cómo estoy?, pensaba la chica mirándolo sorprendida.
—S… sí —contestó al fin.
—Pues vamos a comer algo que me muero de hambre.
Tras decir eso, Draco empezó a caminar seguido de Jade, la cual lo miraba atónita.
