Sí, definitivamente esa era una situación muy extraña. Draco Malfoy y Jade Prince comían juntos en la mesa de Slytherin, que en esos momentos estaba bastante vacía por ser las vacaciones de Navidad. Aún comiendo, la morena miraba al chico y se preguntaba cómo había acabado ahí, junto al rubio, el cual no le había dirigido la palabra todavía.

—¿Qué te pasa? ¿Tengo grindylows en la cara o qué? —preguntó Malfoy al sentir la mirada de ella.

—No, algo peor… —Draco alzó una ceja—. Te estás pareciendo a mi micropuff —ella empezó a reír. Sorprendentemente, él sonrió.

—¿Por qué ya no vas tanto con Potter?

Jade dejó de reír de repente. ¿A qué viene esa pregunta? ¿Le habría dicho algo Severus?, pensó la morena.

—No sé a qué te refieres —y desvió la mirada a su plato que ahora tenía un trozo de tarta de chocolate.

—Qué pena. Te quería proponer algo —dijo Draco intentando conseguir la atención de la chica. Ella volvió a mirarlo.

—¿Qué?

Él sonrió.

—Da igual. Era en caso de que quisieras librarte de ellos.

Ella bufó.

—No es que quiera librarme de ellos. Es que… debo alejarme. Y no me preguntes por qué porque no te lo voy a decir —indicó la chica.

—Está bien. —Draco hizo una pausa para mirar a ambos lados de la mesa y se acercó más a ella— Mi propuesta es… que me ayudes todas las tardes con las asignaturas y así tendrás una excusa para no estar con ellos, y yo gano no suspender este curso. —Aunque eso me daría igual, pensó.

Jade se lo pensó, pues eso significaba pasar demasiado tiempo junto al insoportable de Malfoy. Pero por otra parte era una buena opción para su problema.

—De acuerdo —dijo al fin—. Acepto tu oferta.

El rubio extendió la mano para sellar el trato. Jade miró su mano un segundo y luego se la estrechó; por un momento sintió cómo el estómago le daba un vuelco, y pronto rompió el contacto.

Desde la mesa de los profesores, Snape miraba a Dumbledore después de ver la escena entre esos dos, a lo que el director asintió.

El primer día de clase, fue toda una sorpresa, pues un cartel anunciaba las clases de Aparición que podrían cursar durante doce semanas los alumnos que cumplieran diecisiete años antes del 31 de Agosto.

Los primeros días pasaron y, contra todo pronóstico, las "reuniones" con Malfoy no eran tan desastrosas como ella pensaba. Él parecía atento a sus explicaciones (o al menos eso creía) y ella había logrado separarse mucho más de sus amigos, poniéndoles como excusa que Severus la había obligado a dar clases a Malfoy.

Y allí estaban, otra tarde más, en la sala común de Slytherin (pues en la biblioteca estaría Hermione) intentando explicarle a Malfoy la clase de Pociones de ese día.

—Malfoy, ¿qué te pasa? Hoy no me estás escuchando.

En realidad nunca te escucho. Además de que Pociones no se me da nada mal, pensó el rubio.

—Sí te escucho —contestó Draco.

—¿Ah, sí? ¿Qué es lo último que he dicho? —preguntó sabiendo que no lo sabría.

Draco vaciló un momento.

—Que estás aburrida y quieres terminar de una vez.

—Eso más bien era lo que pensaba —dijo Jade apoyando la cabeza en sus manos encima de la mesa.

Esa noche no había dormido muy bien, había soñado que Voldemort aparecía en Hogwarts y le tocaba decidirse en ese momento delante de Harry y sus amigos.

—Pues vamos. —Sin esperar respuesta, Draco cogió a Jade de la mano y salieron hacia el jardín.

Ese día había amanecido soleado, pero seguía siendo enero y, por lo tanto, hacía mucho frío.

Salieron a los jardines ante la mirada de varios alumnos que pasaban por allí, y, envueltos en sus abrigos, se dirigieron al árbol cerca del lago. Cuando llegaron había un grupo de niñas de primero, y Draco, sin ningún tipo de delicadeza las echó de allí.

—¿Por qué eres tan —El chico alzó una ceja. — Malfoy? —terminó diciendo la chica a la vez que se sentaba en el tronco del árbol y se apoyaba en él.

—Sólo eran unas Hufflepuff —explicó el rubio. A lo que ella bufó dándolo por perdido.

Draco se entretenía tirando piedras al lago y ella cada vez estaba más dormida. Un rayo de sol salió de entre las nubes dándole directamente a la cara y eso fue lo que necesitaba para caer rendida.

—Prince, te has quedado dormida —la despertó el chico agitando su hombro.

Ella se sobresaltó y abrió los ojos. Intentó incorporarse pero Malfoy seguía frente a ella y no la dejaba moverse.

—¿Te apartas Malfoy? —sonó como una orden.

—¿Y si no quiero? —contestó aproximándose a ella.

Jade se echó hacia atrás, pero se vio acorralada entre el tronco del árbol y el cuerpo de Draco. Volvió a mirar al chico y cuando lo hizo se encontró con la cara de Malfoy a escasos centímetros de la de ella.

—No te atrevas a besarme. —Jade intentó que sonara amenazante, pero su voz temblaba y las palabras se quedaron en el aire.

Un escalofrío la recorrió por completo y sintió un nudo en el estómago al notar la mirada de él fija en sus ojos. Jade no sabía cómo reaccionar, estaba completamente paralizada por esa mirada gris que ahora descendía hasta posarse en sus labios. La chica también lo hizo y pronto sintió cómo el cuerpo de él se inclinaba hacia ella.

—Malfoy… —fue lo único que susurró antes de que la besara.

Sus labios estaban helados por la baja temperatura, pero eso sólo intensificaba las sensaciones. Pronto el beso se profundizó y sus lenguas se encontraron produciéndole un cosquilleo por todo el cuerpo.

Su mente no quería pensar, sólo disfrutaba de aquel contacto que la hacía estremecerse. Draco puso su mano en la nuca de Jade para acercarla más a él mientras que con la otra abrazaba su cintura. Ella se aferró a la chaqueta del chico evitando que él pudiera irse, pero antes de darse cuenta, él rompió el beso. La chica todavía tenía los ojos cerrados sintiendo en su cuerpo las sensaciones que la embargaban…

—Prince.

Jade escuchaba al chico llamarla, pero sólo quería que volviera a besarla.

—¡Prince!

Abrió los ojos sobresaltada y miró a Draco, al que escasos segundos antes había besado en sueños. Maldita sea, ¿qué te pasa, Jade? Es Malfoy…, pensaba la chica intentando despejarse.

—¿Qué? —preguntó adormilada.

—Volvamos, ha empezado a oscurecer.

Ella asintió y se levantó, sintiendo más frío que antes.

—¿En qué estabas soñando? —preguntó con una sonrisita.

Jade se tensó y cierto rubor apareció en sus mejillas. ¿No sabrá Legeremancia, verdad?, se preguntaba mentalmente la chica.

—En nada —contestó lo más normal que pudo—. ¿Por qué lo dices?

—Porque has dicho "Malfoy" mientras dormías —seguía con esa sonrisa burlona.

Su rubor aumentó pero el frío evitaba que el rubio pudiera notarlo.

—Ahora que lo recuerdo, sí he soñado algo. Iba a visitar a tu padre a Azkaban —soltó caminando hacia el castillo con una sonrisa.

Draco cambió su cara por una más seria y la siguió.

Estaba tumbado en su cama. Últimamente le costaba conciliar el sueño, algo extraño tratándose de él. Todavía recordaba la conversación con Snape en la fiesta de Slughorn; el profesor le había intentado sonsacar sus planes, y le había ofrecido su ayuda. ¡Ja!, ayuda él, como si la necesitara. Es verdad que su primer intento de matar al viejo director no había salido como planeaba pero podía hacerlo, el Señor Tenebroso había confiado en él, sólo en él.

Y encima estas Navidades había perdido demasiado tiempo con su otra misión: Prince. Por suerte todo iba bien, pues había sido más fácil de lo que pensaba. La chica prácticamente sólo trataba con él, y eso era precisamente lo que quería el Señor Tenebroso (aunque Draco no supiera el porqué). Y ahora tenía que centrarse en acabar con Dumbledore y conseguir reparar el maldito armario.

Jade preparaba las cosas para la siguiente "clase" con Malfoy; colocaba los libros en la mesa de la sala común esperando a que el chico apareciera.

—¿Otra vez? —escuchó detrás de ella.

Al girarse se encontró con Parkinson que la miraba con odio.

—¿Por qué tienes que estar con él siempre? —preguntó Pansy con enfado.

—Parkinson, ¿sabes lo que son las clases particulares? —preguntó Jade como si le hablase a un niño.

—No te hagas la inocente conmigo. Sé muy bien que te gusta Draco, desde que lo viste por primera vez estás enamorada de él —Pansy subía el tono de voz cada vez más—. ¡Pero él es mío! ¡Y no dejaré que me lo quites!

—Parkinson, créeme cuando te digo que Malfoy no significa nada para mí. —La imagen del beso de su sueño pasó fugazmente por su mente. Pero sacudió la cabeza y continuó:— Y por lo que a mí respecta, puedes quedártelo —concluyó Jade tranquilamente.

—No creas que me engañas.

La morena rodó los ojos. Y sin decir nada más, Pansy salió de la sala.

—Que me gusta Malfoy, ¿en qué cabeza cabe? —se decía a sí misma la morena.

—No es la única que lo piensa.

Jade volvió a girarse y esta vez se encontró con unos ojos castaños.

—¿Quién más piensa eso? Da igual, no me respondas, me da lo mismo.

Mientras decía eso, pasaba las hojas del libro con fuerza y provocó que se cortara con el filo del papel.

—Ah. Maldita sea —maldecía mirando su dedo ensangrentado.

—Déjame ver. —Theo se acercó sujetando la mano de la chica.

—No es nada. Puedo curarme sola.

El corte era superficial pero las gotas de sangre resbalaban por el dedo. Nott sacó un pañuelo de su bolsillo y limpió la sangre.

—Gracias.

El castaño todavía sujetaba la mano de ella cuando clavó sus ojos en los de la chica. ¿Por qué me mira así? No pensará… ¿Qué hace? ¿Se está acercando o es mi imaginación?, pensaba la chica en tensión. Pero se relajó cuando el chico sonrió.

—Tranquila Prince. Puede que desprendas esa atracción característica de las veelas pero por suerte o por desgracia, hay otra chica que me quita el sueño.

Jade se quedó con la boca abierta, aún cuando Theo ya había abandonado la habitación. Este chico me cae bien, pensaba mientras se sentaba en el sofá a esperar a Malfoy.

Draco no apareció en toda la tarde y ella se tuvo que retirar. Cuando le preguntó al día siguiente el por qué de su ausencia, lo único que le contestó fue un "no te importa, Prince".

No fue la primera ni la última vez que faltó a otra de las "clases" o llegaba tarde y Jade ya empezaba a preocuparse por sus ausencias.

—No es que me importe lo que él haga —pensaba mientras lo miraba comer—, pero podría decirme algo. Ahora que lo veo mejor, parece más pálido y más delgado.

Desvió la mirada del rubio y recorrió el Gran Comedor. Se detuvo en la mesa de los profesores, sobre todo en Dumbledore y en su mano. Tenía una fea herida en ella, recordó que ya la había visto el primer día de curso pero ahora estaba más negra. Continuó y, sin poder evitarlo, se topó con la mirada de su amiga Hermione; sintió ganas de ir a hablar con ella pero no debía, pues había hecho muchos progresos. Desvió la mirada.

—Realizaréis el antídoto de cada una de estas pociones que hay sobre mi mesa —exponía el profesor Slughorn a sus alumnos—. Adelante.

Todos fueron a recoger sus frasquitos, aunque luego no sabían ni por dónde empezar. Las instrucciones eran muy complicadas, incluso para Hermione y Jade.

—Esto sí tendrás que explicármelo —le susurró Draco a Jade señalando la poción.

—Eso depende de si apareces o no —le contestó con cierto enojo.

—¿Qué pasa Prince? ¿Me echas de menos? —Una sonrisa pícara asomaba en su cara.

La chica soltó una carcajada que hizo que los de su mesa se giraran para mirarla.

—Deja de decir tonterías, Malfoy.

—Te prometo que esta tarde acudiré a la cita —dijo el chico echando un ingrediente en su caldero provocando que el líquido de dentro saltara y lo salpicara.

Jade empezó a reírse al ver la cara de asco de Malfoy intentado limpiarse. Él le dirigió una mirada severa y sin decir nada echó unos ingredientes al caldero de la chica.

—¡¿Qué haces estúpido?! —gritó Jade mirando cómo su poción (que hasta ahora estaba perfecta) se estropeaba sin remedio.

—Para que aprendas a no reírte de las desgracias ajenas —expuso el rubio.

—Te voy a… —Jade se abalanzó sobre él pero Theo la sujetó antes de que lograra alcanzar al chico.

—¡Suéltame! Sólo voy a estrangularlo —chilló Jade.

—¿Qué ocurre aquí? Señorita Prince —Slughorn se había acercado por el alboroto que se había montado. —A ver si voy a tener que quitar puntos a Slytherin.

—No hace falta señor —dijo Nott—. Ya está todo arreglado. —Miró a Jade que asintió.

—Bien. —El profesor se giró hacia la clase—. Ya se ha terminado el tiempo. Quiero ver vuestras pociones.

Todas las pociones estaban bastante mal hechas, pero a pesar de eso, Harry logró salirse con la suya de nuevo y sorprendió al profesor sacando un bezoar, el cual servía como antídoto para cualquier poción de las que allí había.

Jade lo miró entre extrañada y molesta; pues se preguntaba de dónde había sacado Harry esa astucia en Pociones.

Esa misma tarde, Jade estaba sentada en la sala común leyendo un libro cualquiera, pues no le prestaba mucha atención. Sintió la presencia de alguien que se sentaba a su lado y desvió la mirada del libro a su nuevo acompañante.

—Ya no me caes bien —dijo la chica enfadada.

—¿Te caía bien antes? —preguntó Nott con una sonrisa.

—Sí, hasta que no me has dejado ahogar a Malfoy.

—Nos hubieran quitado puntos —explicó con fingido dramatismo. La chica sonrió.

Malfoy entró por el resquicio de la puerta junto a Parkinson, que iba sujetada del brazo del chico. Jade y Theo se giraron para mirarlos y ella no pudo evitar sentir ganas de estrangular a Pansy.

—Vaya Theo, no sabía que te entretuvieras con Prince —soltó Pansy con una sonrisita dirigida a ellos.

Por alguna razón inexplicable, Draco tuvo el impulso de estrangular a Nott.

—¿Ahora te enteras, Parkinson? —empezó diciendo Jade con sarcasmo—. Theo y yo nos entretenemos mutuamente. No sabes lo bien que…

—Prince tenemos algo pendiente. —La cortó Draco no queriendo escuchar más.

—Pues ahora no me apetec…

La morena se quedó a medias, pues Draco la había cogido por el brazo y la sacaba de la sala común.

—Suéltame —gritó Jade una vez en los pasillos intentando quitar la mano del rubio de su brazo. —¿Por qué me has sacado a la fuerza? ¿Tanto te apetece que te dé clase? ¿O es que eres tú el que me echaba de menos? —preguntó eso último con una sonrisita dejando de forcejear para soltarse.

Draco se paró en seco y se giró para mirarla. En realidad no sabía por qué había actuado así pero no iba a echarse atrás ahora.

—Te recuerdo que esto es un favor que te estoy haciendo para librarte del cara rajada, la comadreja y la sangre suc…

¡Plaf! El sonido de la mano sobre la mejilla del chico sonó por el pasillo vacío con un ruido seco.

—¡No vuelvas a llamar así a nadie! ¡Y menos a mi mejor amiga! —chilló Jade antes de marcharse corriendo ya que el chico la había soltado cuando lo abofeteó.

Draco se marchó en la dirección opuesta a la chica e iba tan furioso que no se percató de una pelirroja que había escuchado toda la conversación y había presenciado la bofetada.

Corrió hasta su sala común y la traspasó hasta llegar a su habitación, lanzándose a su cama después de deshacer las cortinas para aislarse. No lloraba, pero no por falta de ganas, si no porque no estaba en su naturaleza el hacerlo. ¡Maldito Malfoy! Es un estúpido, idiota, hurón, gusarajo… ¿cómo se ha atrevido a insultar así a Hermione?.. No es la primera vez que lo hace, sin embargo, me ha dolido más que otras veces... pensaba la chica furiosa. Es porque no puedo estar con ella y me ha dolido más. Sí, es eso. Con ese pensamiento justificó su enfado. No bajó a cenar, pues no quería encontrárselo, pero mañana era viernes y tenían clases en común.

No se había dado cuenta de que al día siguiente era la primera clase de Aparición y todos los alumnos se reunieron en el Gran Comedor.

Ante ellos veían la sala completamente vacía, únicamente había muchos aros en el suelo y los profesores les pidieron que se colocaran al lado de uno. Jade se puso al lado de Nott y desde ahí pudo ver cómo Harry se alejaba de Ron y Hermione y se ponía detrás de Malfoy. Se extrañó por ello, pero recordó que Harry sospechaba del rubio y pensó que se trataría de algún plan para averiguarlo. Como si Voldemort quisiera a un niñato estúpido como Malfoy entre sus filas, pensó la chica antes de que el nuevo profesor de Aparición comenzara a presentarse.

—Me llamo Wilkie Twycross y voy a ser vuestro profesor de Aparición este curso. Primero de todo…

¿Y qué piensa que va ha hacer metido en el colegio? Continuó cavilando la chica olvidándose de la explicación del profesor. Está todo protegido por hechizos. Y además está Dumbledore, aunque a veces se marche durante un tiempo. Y Severus, él también está. Escuchó la voz del profesor diciendo algo sobre tres D, pero siguió en lo suyo. Definitivamente Malfoy no tendría nada que hacer, en caso de que fuera un mortífago, porque no lo es…

—Bien, podéis intentarlo —finalizó Twycross mirando a sus alumnos.

Jade maldijo a Malfoy por distraerla de la clase e intentó imitar a sus compañeros. Fue en vano. Ese día ningún alumno logró desaparecerse.

Draco había visto cómo Jade lo miraba de vez en cuando y se reprendió por ser tan estúpido. Por una tontería había retrocedido en su misión con ella y ahora le tocaba arreglarlo. Pero, ¿cómo?

Las clases habían terminado, por lo que prácticamente ya podían disfrutar del fin de semana. Jade paseaba por el séptimo piso mientras intentaba no llegar a su sala común y poder encontrarse a Malfoy. Pero la suerte no estaba de su parte, pues a unos pocos metros de ella estaba Draco junto a dos chicas.

—Oh, siento interrumpir tu reunión —dijo Jade irónicamente. No sabía por qué no se había dado la vuelta y se había marchado. Sin embargo allí estaba, fulminando a las dos chicas con la mirada.

—Tranquila Prince. Ya hemos terminado —contestó pícaramente. Joder, se supone que debo arreglarlo no fastidiarlo más, pensó Draco. Pero hacerla enfadar le era algo innato.

Ella prefirió no contestar nada y empezó a andar hacia las escaleras. Justo cuando las pisaba, Malfoy la alcanzó y las escaleras se movieron para cambiar de sitio.

—Prince —la llamó Draco. Ella no contestó—. Prince —dijo esta vez acercándose a ella, que se encontraba quieta en mitad de la escalera esperando que pararan.

—Déjame en paz, Malfoy.

Tendría que emplearse a fondo para conseguir que ella lo perdonara.

—Prince yo… —"Lo siento" era algo que él nunca había dicho y le estaba costando mucho soltarlo— yo… lo… —resopló, si no lo decía el plan se iría a la mierda—. Lo siento —dijo rápidamente.

Ella se giró para mirarlo. Tenía que levantar la cabeza, pues él estaba dos escalones más arriba.

—¿Qué es lo que sientes?

Maldita sea, ¿es que no le bastaba con haberle dicho que lo sentía? ¿No podía dejarlo ahí?, pensaba Malfoy mirando a la chica.

—Siento… haber llamado sangre sucia a Granger —Aunque es lo que realmente es, se dijo a sí mismo.

La morena se quedó callada durante un minuto. Las escaleras ya estaban quietas, pero ellos no se habían movido. Los alumnos pasaban por las escaleras de al lado o las de abajo.

—¿Por qué te disculpas? Nunca antes lo has hecho, al menos conmigo. ¿Por qué quieres que te perdone? —Jade necesitaba saber el motivo de ese cambio en él. No lograba entenderlo y eso la reconcomía por dentro.

Estaba preparado para cualquier pregunta, pero no para esa. ¿Qué se supone que debía decirle? ¿Que lo único que quería es que ella estuviera con él porque el Señor Tenebroso así se lo había pedido? La verdad no era una de las posibilidades, así que lo mejor sería seguir con la mentira.

—Porque quiero que seamos amigos —contestó con total tranquilidad.

—Claro. Y no tendrá nada que ver que sea la hija de… de quién soy, ¿verdad?

Tras decir eso, continuó bajando las escaleras, pero Draco se puso delante impidiéndole el paso.

—Eso lo sé desde hace mucho, así que no es por eso.

—¿Entonces?

—¿Es que no puedo querer ser tu amigo como lo ha podido querer ser Theo? —dijo a la desesperada.

—Así que es porque estás celoso de que otro Slytherin sea amigo mío y…

—Por Merlín, ¿cómo se puede ser tan desesperante? —Draco estaba a punto de darse por vencido. Pero de repente ella empezó a reír.

Malfoy alzó una ceja escudriñándola.

—Está bien, te perdono. Pero con una condición.

—¿Cuál? —preguntó Malfoy receloso.

—Que sigamos discutiendo igual —contestó con una sonrisa ante la cara de estupefacción del chico—. Es que es muy divertido fastidiarte.

—Lo mismo digo —terminó diciendo el rubio con otra sonrisa.

Realmente todavía no sé cómo lo he solucionado, pero al menos me ha perdonado. Es decir, lo que importa es que el plan sigue adelante, recapituló el mago antes de seguir escaleras abajo hasta las mazmorras.

Ser amiga de Malfoy significaba volver a darle clases por las tardes, comer cerca el uno del otro y salir a dar una vuelta al jardín cuando no soportaban estar más tiempo en la sala común. Es decir, exactamente lo mismo que antes. Con la única diferencia de que, aunque seguían discutiendo, lo hacían sabiendo que en el fondo todo se trataba de un juego, una diversión. Cada uno lo hacía por un motivo, pero les unía el hecho de que, cuando estaban juntos, se olvidaban de los problemas que sobre ellos pesaban.

El mes de febrero pasaba tan rápido como los anteriores. Habían vuelto a tener clase de Aparición y había vuelto a ser desastrosa. Jade intentaba evitar (como durante todo el año) a sus amigos, así que cada vez deseaba más encontrarse con Malfoy para no recordar el dolor que eso le creaba.

Pero un sábado por la tarde, uno de los días más lluviosos que habían tenido ese año, Hermione logró interceptar a la morena y llevársela a la sala común de Gryffindor. Era una situación muy incómoda; llevaban semanas sin hablar prácticamente y ahora estaba ahí, rodeada de sus tres amigos, además de Ginny y Neville.

—Hola, ¿qué tal todo? —preguntó Jade con cara de no haber roto un plato en su vida.

—Muy bien, estamos es…

—¿Por qué vas con Malfoy? —preguntó Harry de golpe cortando a Hermione.

Jade tragó saliva y miró al moreno. Se temía la pregunta, pero no tan brusca.

—Vamos a la misma casa y…

—Todos estos años en Hogwarts has ido a su casa —la cortó Ron desde el sofá.

La chica desvió la mirada a su amigo pelirrojo. Ella estaba de pie frente a Hermione, la cual también lo estaba. Harry estaba sentado en una de las sillas al igual que Neville. Ginny estaba sentada al lado de su hermano, frente a la chimenea.

Jade acababa de ver la solución, se acababa de dar cuenta de que si se peleaba con ellos, definitivamente rompería el contacto y todo sería más fácil. Y aunque le aterraba la idea, lo haría.

—¿Qué más os da? Sólo somos amigos.

—¿Amigos? —se escandalizaron Ron y Harry a la vez.

—Sí, amigos —afirmó la morena secamente.

—¿Qué parte de "Malfoy es un mortífago" no has entendido? —preguntó Harry sin creerse las palabras de la chica.

—Eso no es seguro. Hermione y Ron no creen que…

—Jade.

La morena se giró para mirar a Hermione y vio la cara de, ¿disgusto? ¿Decepción?

—Jade, ¿eres amiga de la persona que cada vez que se cruza conmigo me llama… sangre sucia?

Esa pregunta golpeó a la morena como lo hubiera hecho un hipogrifo enfurecido. Sin embargo, y sintiendo cómo el dolor se intensificaba por diez, dijo:

—¿A caso es mentira?

No sabría describir el dolor que reflejó la cara de Hermione al escuchar semejantes palabras. Ninguno de los presentes hizo ningún movimiento, todos miraban a la extraña que tenían ante sí.

Salió de la sala común ante la atenta mirada de todos y se llevó el recuerdo de la lágrima que recorrió la mejilla de su mejor amiga, Hermione.

Corría por los pasillos, en cualquier dirección, no le importaba dónde. Corrió hasta que no pudo más y se apoyó en el muro dejándose caer hasta quedar sentada en el duro suelo. Era de noche y ya no debería estar por los pasillos, pero eso no le importaba, es más, ni siquiera había reparado en ello. Sólo sentía un horrible dolor en el pecho; el dolor que le había causado a su amiga, sus ojos clavándose en ella después de haberle dicho algo que jamás habría jurado que diría. Quería gritar, romper algo, golpearse contra el muro hasta perder la consciencia y que el dolor remitiera.

—¿Prince?

Estaba reparando el maldito armario que llevaba meses intentando arreglar, cuando, rendido, salió de la sala de los Menesteres. Al hacerlo, escuchó varios pasos pasar cerca de donde estaba y había decidido inspeccionar. Y allí estaba, acurrucada sobre ella misma en el suelo, con la mirada perdida y una expresión sombría.

Cuando Draco la llamó, se agachó para quedar a la altura de ella. Al sentir la presencia del chico, Jade lo miró y sin decir nada, se inclinó hacia él. Draco sintió un cosquilleo cuando ella reposó su frente sobre el pecho de él. Pero un malestar se instauró en él chico cuando sintió cómo su camisa se mojaba por las lágrimas de Jade. No la había visto llorar muchas veces, o ninguna, pero sentía como una sensación extraña lo embargaba. ¿Acaso estaba preocupado por ella? Alejó ese pensamiento de su mente cuando casi por instinto la abrazó. Pasó sus brazos sobre ella y la acercó más hacia él, hasta que sus cuerpos estaban totalmente juntos. Jade tenía sus manos sobre su pecho y agradeció la cercanía de su cuerpo, pues se sintió mucho mejor.

Después de varios minutos en silencio, Draco hizo que ella se levantara, sin embargo no rompió el abrazo.

—¿Qué ha pasado? —susurró Malfoy al sentir que ella dejaba de llorar.

—Yo… yo… —intentaba decir entre sollozos con la cabeza todavía sobre el pecho del chico.

Ella se separó de Draco y lo miró a los ojos. Y antes de poder responderle volvió a llorar.

—Tranquila, no hace falta que hables ahora.

¿Se puede saber qué me pasa? Yo no debería abrazarla, ni consolarla. El trabajo está hecho, no necesito hacer estas gilipolleces. Draco intentaba convencerse de que dejara de comportarse así con ella, pero sabía que era algo más fuerte que él. Y aunque nunca lo admitiría, se sentía a gusto abrazándola.

Entonces la volvió a mirar. Ya no lloraba, pero su cara reflejaba el mismo dolor que antes. No supo cómo ni porqué, pero cuando se dio cuenta la estaba besando.

Era un beso que había empezado lento y suave, apenas un roce entre labios, pero pronto necesitaron más. Draco aprisionó el cuerpo de Jade contra el suyo, sus manos rodeaban la cintura de ella para acercarla más a su cuerpo. Pero ella tampoco se quedó atrás, pasaba sus manos sobre el pelo del chico, revolviéndolo a su paso. Jade sintió un torbellino de sensaciones cuando Draco acarició sus labios con su lengua pidiéndoles paso entre ellos; y no opuso resistencia. El beso cada vez se volvió más desesperado, más salvaje. Ella necesitaba desahogarse y lo estaba haciendo con ese beso, con él.

Fue el sonido de los pasos de algún prefecto que hacía ronda por el séptimo piso, lo que hizo que se separaran. Por un momento se sintió desorientada, pero pronto miró a Malfoy y la realidad se le cayó encima. ¿Qué se supone que había hecho? Había besado a Draco Malfoy. No era la primera vez, pero sí la única en que ambos habían estado de acuerdo en hacerlo. Y lo peor de todo era que deseaba que se repitiera.