—Es… Draco.

Hermione abrió los ojos estupefacta, Ron alzó las cejas y abrió la boca, y Harry frunció el ceño mientras preguntaba:

—¿Malfoy? Pero, ¿cómo? Él no tiene nada que ver con esto.

—Supongo que al ser hijo de un mortífago lo convierte en parte del-que-no-debe-ser-nombrado desde que nace —intentó entenderlo la castaña diciéndolo en voz alta.

Se quedaron en silencio de nuevo, procesando aquello. Todo cambiaba porque ya no dependían de que Jade estuviera de parte de ellos, sino que ahora debían esperar lealtad por parte de Malfoy para poder vencer a Voldemort. Algo impensable.

—¿Estás… estás segura? —La morena asintió mirando a Ron—. Es que no puede ser. ¿Qué pinta Malfoy en todo esto?

—Nació a un mes de diferencia de Harry —murmuró Jade intentando convencerlos—. En Junio. Fue otra de las razones por las que hice el juramento; si moría… la profecía…

Sólo pareció satisfecho Ron, porque Hermione y Harry ya pensaban en otra cosa. El moreno miró un punto indefinido de las montañas y casi cae si no llega a ser que recuperó el sentido. Miró a sus amigos y dijo:

—Tenemos que darnos prisa. Se va a poner ya en camino.

El chico metió una mano en un pequeño bolsito y sacó la capa de invisibilidad.

—¡Harry! No podemos ir al colegio sin tener un plan antes. Habrá mortífagos y no sabemos dónde…

—Eso no importa. Sólo hay que darse prisa.

Harry se acercó a Jade y a Ron y extendió la capa para cubrirse. La castaña los miraba con los ojos muy abiertos, muy asustada.

—No cabemos.

—Da igual, estará oscuro y no importará que se nos vea los pies. Jade, encógete un poco más —añadió mirando a la chica que se aferraba a su cuerpo.

Hermione se metió entre Ron y Harry, y le cogió una mano a la morena para desaparecerse con todos.

Nada más pisar el suelo, un ruido que se asemejaba a alguien gritando hizo que varias casas se iluminaran. De inmediato, un gran número de personas con capas negras y máscaras los rodearon, como si supieran dónde estaban.

Todo pareció pasar muy deprisa. Primero, un mortífago intentó convocar la capa, pero no lo consiguió; después, los cuatro jóvenes tuvieron que caminar hasta quedar pegados a una pared, arrinconados por seis mortífagos que corrían hacia ellos, y después intentaron desaparecerse, pero no pudieron. Los estaban esperando. Por eso soltaron, a continuación, a los dementores.

El frío los envolvió y todo pareció oscurecerse. Entonces los vieron; un gran grupo de dementores volaban en su dirección, como si olieran el miedo.

¡Expecto patronum! —exclamó Harry consiguiendo que las criaturas se alejasen.

—¡Es él! ¡Es Potter! ¡Está allí, he visto su patronus!

Una puerta cerca de allí se abrió, una silueta los llamó para que entraran. Pasaron por delante de un hombre mayor con pelo y barba blanca. Subieron unas escaleras costosamente, enseñando más que los tobillos, y cerraron la puerta tras de sí. Ron corrió las cortinas de la ventana antes de liberarse de la capa y se alejaron de allí para no ser descubiertos.

En cuanto el posadero de Cabeza de Puerco apareció por la puerta se dirigió a Harry con una expresión un tanto escandalizada.

—¿Cómo se os ocurre venir? ¿No veis que esto está totalmente vigilado y lleno de estúpidos mortífagos?

—Gracias por cubrirnos —le contestó el chico ante todo.

—Pero Potter, si te encuentran… Es mejor que te vayas lejos y te lleves a estos contigo, ahora que saben que te acompañan —el hombre fue bajando la voz.

—Teníamos que venir —dijo Harry percibiendo entonces el cambio en la cara del hermano de Albus Dumbledore.

Aberforth miraba intensamente a Jade, la cual parecía asustarse por aquella mirada tan penetrante. El hombre dio un paso atrás cuando la morena se puso en pie, dejando a un lado una silla.

—Es… es la hija… —empezó a tartamudear sin poder acabar de decirlo.

—Sí, es ella, pero está con nosotros —intentó tranquilizarlo Harry, pero Aberforth negó con la cabeza efusivamente.

—No, no es eso. Si la descubrieran ahora aquí casi sería peor que encontrarte a ti. Bueno, teniéndoos a los dos sería total y completamente mi fin —le explicó al moreno retrocediendo y no le quedaba mucho para chocarse con Ron.

—Pero no nos van a descubrir si nos ayuda a entrar en Hogwarts —llamó Hermione su atención.

—¿Por qué vais a querer entrar allí? Sería una encerrona.

—Su hermano me dio unas instrucciones para matar a quien usted sabe y si no entro en el castillo no podré acabarlas —dijo Harry un poco más nervioso.

—Albus, él siempre le dejaba los trabajos sucios a los demás. —El señor Dumbledore se rascó los ojos bajo las gafas y después miró a Harry de nuevo.

—El profesor Dumbledore quería a Harry —comentó Hermione para que no despotricara contra su hermano.

—Sí, quería a mucha gente —dijo irónicamente.

Aberforth empezó a relatar su vida y otras cosas más que Jade no entendía.

Giró la cabeza hacia la chimenea que había cerca de la puerta de entrada y se fijó en el cuadro que había sobre la repisa. Era de una niña rubia de ojos azules, como los de Aberforth, que parecía estar en una habitación oscura con una puerta levemente iluminada detrás de ella.

Se quedó mirando algunos detalles más de la niña, cuando se movía o parpadeaba; todo parecía distraerla de la realidad, de una guerra que cada vez se acercaba más y le comprimía el pecho.

—Ariana, ya sabes lo que tienes que hacer.

Aberforth se había acercado al cuadro y al decirle eso la niña se giró y caminó atravesando la puerta blanca. Desapareció y al rato llegó acompañada de alguien.

—¡Harry, Ron, Hermione, Jade! ¿Qué hacéis aquí? Pensé que no volvería a veros.

Neville había salido del cuadro y abrazaba a cada uno de sus amigos con entusiasmo. No tardaron mucho más en entrar por el cuadro y seguir a un exultante Neville a través de un túnel. Antes, avisó al hombre del bar que llegaría más gente.

—¿Es cierto que entrasteis en Gringotts a la fuerza? ¿Y que salisteis volando en un dragón? —preguntó ilusionado el chico mientras caminaba de espaldas. Tenía un aspecto muy deteriorado, con heridas y cicatrices por todos lados.

—Sí, pero cuéntanos. ¿Qué tal Hogwarts? —preguntó Harry.

—Bueno… Hogwarts ya no parece Hogwarts —respondió el chico borrando la sonrisa de su cara—. ¿Sabéis quiénes son los hermanos Carrow?

Jade suspiró y desvió la mirada de su amigo; ella ya sabía lo que pasaba en Hogwarts, aunque le sorprendió escucharle decir algo sobre unas torturas.

—Sí, yo me gané que me hicieran la maldición cruciatus cuando me negué a castigar a un alumno —comentó Neville con la sonrisa en la cara otra vez.

Llegaron a un tramo en que el espacio era menor y Ron y Jade tuvieron que caminar detrás de Harry y Hermione. Neville se detuvo ante una puerta y al abrirla bajó de un salto. Ayudaron a la castaña a bajar y después Ron ayudó a Jade, pero la chica no pudo salir del túnel.

—¡Es Harry! ¡Está aquí!

—¡Os dije que volvería!

—¡Es él! ¡Es él!

Neville miraba a todos los que estaban en la sala donde habían salido con una enorme sonrisa. Harry contemplaba sorprendido a la muchedumbre que se congregaba delante de él. Estaban en una sala donde se distinguían tres colores: el rojo de Gryffindor, el azul de Ravenclaw y el amarillo de Hufflepuff. Las personas que había allí eran de cada una de las casas.

—Nos escondimos aquí cuando empezaron a buscarnos, pero no para castigarnos, sino para…

—Neville, ¿qué pasa? No puede entrar —lo llamó Ron aún intentando bajar a la morena.

Entonces todos dejaron de mirar a Harry para descubrir que Jade era a la que Ron ayudaba.

—¿Qué hace aquí? ¡Ella no puede entrar!

—¡Es una Slytherin!

—¡La hija del-que-no-debe-ser-nombrado! ¡No podemos dejarla entrar!

—¡Tranquilizaos! ¡No es peligrosa! ¡Viene con nosotros! —exclamó Ron haciendo que se callaran—. Neville, ¡haz algo! —añadió mirando al chico.

El aludido dijo algo que quedó ahogado por los comentarios y entonces Jade cayó encima del pelirrojo. Ron la levantó y la chica se medio ocultó detrás de él, pues muchas miradas serían capaz de asesinarla.

Hermione fue junto a Harry, que al parecer se había mareado. Sólo ellos sabían que había entrado en la mente de Voldemort.

—Puedo pedirle a la Sala de los Menesteres todo lo que quieras, menos comida, que por eso se creó el túnel hasta Cabeza de Puerco. —Tanto Neville como los demás parecían ajenos al estado de Harry.

—Tenemos que darnos prisa —les dijo el moreno acercándose a Ron y Jade.

—Bueno, Harry, ¿cuándo empezamos a pelear? —saltó Seamus Finnigan parándose al lado de Neville. Harry lo miró incrédulo.

—¿Pelear? Yo no he dicho…

—He avisado a los demás miembros del ED. Les he dicho que lucharíamos junto a ti —se explicó Neville levantando los hombros.

Los cuatro amigos se miraron, pero al final llegaron a la conclusión de que los necesitarían para encontrar el Horrocrux.

—Bien, estamos buscando…

Fue interrumpido por un sonido que provenía de la entrada del túnel y vieron entrar a Luna con Dean Thomas. Seamus fue a abrazar a su mejor amigo y Luna saludó a todos con un gesto de la mano.

—¿Qué hacéis aquí?

—Los he llamado con el método de la moneda del ED —le explicó Neville a Harry.

En ese momento se escuchó otro ruido y aparecieron Ginny, Fred, George, Lee Jordan y Cho Chang. La pelirroja le sonrió a Harry y se alejó un poco de la entrada del túnel. Fred miró a Jade y fue a abrazarla, al igual que George; no sentían ningún rencor hacia ella, lo que alegró muchísimo a la morena.

Harry quiso continuar, pero al parecer había cambiado de opinión al ver a tantos amigos. Hermione lo miró severa y fue apoyada por Ron y Jade. Harry suspiró y miró a todos.

—Está bien, podéis ayudarnos. Pero…

—¡Vamos a pelear! —exclamó alguien al empezar a escuchar al chico.

—¡No! No he dicho eso, sólo quiero que me ayudéis a encontrar algo que pertenecía a la fundadora de Ravenclaw.

El chico miró a los componentes de esa casa y entonces Luna habló:

—Está la diadema perdida, de la que te hablé que mi padre estaba haciendo una copia.

—Pero se perdió, Luna, y nadie sabe dónde está —le dijo Michael Corner.

—Hace mucho tiempo. Dicen que daba poderes al que se la ponía, tal vez por eso desapareció —dijo Cho. Harry no parecía muy convencido. —Si quieres verla, hay una estatua de Ravenclaw que la lleva puesta.

Harry hizo ademán de ponerse a andar para ser acompañado por la chica, pero Ginny sugirió que lo guiara Luna, la que aceptó encantada. Desaparecieron por las escaleras y allí el ruido volvió.

—¿Cómo destruiremos la copa y la diadema si no tenemos la espada? —preguntó Ron mirando a las dos chicas. Entonces se le iluminó la cara—. ¡Claro, el veneno de basilisco! En la Cámara de los Secretos.

—Shh, baja la voz —le advirtió la castaña—. Iremos a buscarlos.

Miraron a Jade al ver que no se movía y la chica hizo una mueca.

—Podrías ayudarnos a abrir la cámara, como sabes hablar pársel —empezó diciendo Hermione.

—Precisamente, no puedo ayudaros a destruir a mi padre. Es posible que muera en el intento.

Los dos amigos asintieron y se marcharon a todo correr.

Jade miró a su alrededor y vio cómo los gemelos la miraban sonrientes mientras se acercaban. Los acompañaba Ginny.

—¿Dónde te habías metido? Bill nos dijo que estabas en El Refugio cuando llevó a Ollivander a casa de tía Muriel. —George le había pasado un brazo por los hombros y ella rodeaba su cuerpo con los brazos.

—Estuve en casa de los Malf…

Fue interrumpida por otro sonido proveniente de la entrada del túnel y vieron entrar a Oliver Wood, Katie Bell, Angelina Johnson y Alicia Spinnet, el antiguo equipo de quidditch de Gryffindor. Fred fue a saludar a Angelina y a Oliver, pero no le dio tiempo a volver junto a Jade porque la puerta se había abierto de nuevo. Por ella entraban los señores Weasley, Bill y Fleur, Kingsley y Lupin.

Al ver a su antiguo profesor, Jade recordó la conversación que tuvo con él mientras estaba en El Refugio.

Había entrado lleno de barro a la entrada de la casa anunciando que Nymphadora había tenido al bebé y que era niño. Lo habían celebrado con whisky de fuego y habían reído pese a saber los tiempos que corrían.

Pronto, Lupin llevó a Jade a la cocina y la sentó en una silla frente a él.

Me enteré de lo que Greyback quiso hacerte —le soltó rápidamente. Sí que tenía prisa.

Jade agachó la mirada y volvió a alzarla hasta los ojos dorados del mago.

No… no te hizo nada, ¿verdad? Quiero decir…

No, lo descubrieron antes de que llegara a hacer algo más —contestó la chica y percibió el ceño fruncido de Remus.

¿Qué te hizo? —preguntó cuando vio que algo no le habían contado.

Pues… —le costaba revivirlo, aunque fuera un recuerdo opacado por otro que la hacía realmente feliz—, me… me…

No importa. Si no puedes contármelo, no insistiré. Sólo estaba preocupado por ti —la detuvo el mago poniéndole una mano sobre las suyas que reposaban sobre la mesa.

Me desgarró la camisa y me lamió el cuello —soltó sin pararse y agachando la cabeza.

Sintió que un peso que tenía casi invisible sobre los hombros desaparecía y que volvía a respirar en paz. No se lo había contado a nadie con tanto detalle, ni siquiera le habían preguntado cómo se sentía o cómo fue.

Una lágrima cayó por su mejilla.

Siento haberte preguntado esto. Seguro que ya lo habías olvidado y yo… —empezó a decir Remus culpándose por esa lágrima.

No, te lo agradezco —lo cortó mientras una pequeña sonrisa aparecía en los labios de la chica. A esto, él también sonrió. —Hacía tiempo que quería decírselo a alguien. Muchas gracias.

El mago relajó la expresión y se pusieron en pie, caminando hacia el salón con un brazo del mago sobre los hombros de Jade.

George se había separado de Jade hacía un rato y ahora estaba contando chistes en medio de un grupo de personas, junto a su hermano. Molly había saludado a la chica, al igual que Arthur, y ahora hablaban cerca de ella. Remus y Kingsley se habían unido a la conversación de los señores Weasley y parecía que Jade no tenía nada que ver en aquello. Se sentía inútil y un estorbo.

Harry apareció con Luna por las escaleras y se resbaló en los últimos escalones. Lupin lo ayudó a ponerse en pie y seguidamente explicó la situación.

—Snape ha huido y ahora McGonagall ha convocado a todos los alumnos y profesores en el Gran Comedor. Van a organizar los grupos de batalla.

Las personas de allí dentro empezaron a moverse y a salir rápidamente por la puerta de la Sala de los Menesteres. Exceptuando a los Weasley.

—¡Ginny! Tú te vas —insistía la señora Weasley.

—¡Que no, mamá! ¡Yo quiero ir, quiero luchar! —gimoteaba la pelirroja.

—Eres muy pequeña, no podemos dejar que entres en esta lucha —dijo pausadamente su padre—. Tienes que irte a casa.

—¡Pero no puedo quedarme sola en casa sin saber qué pasa!

Alguien cayó al suelo desde la entrada del túnel y poco a poco se puso en pie. Un pelirrojo miró arrepentido a toda su familia. Percy Weasley había ido a luchar.

Remus, Fleur, Harry y Jade se apartaron de la escena familiar y hablaron del bebé de Lupin. Dijo que había nacido con un mechón de color azul en la cabeza y que se parecía a su madre más que a él. Pero…

—¡Fui un estúpido! —exclamó Percy cerrando los ojos—. Pensé que hacía lo correcto. En cuanto me di cuenta de dónde me había metido intenté escaparme, pero no he podido… hasta ahora. —Los miró todavía a una cierta distancia y añadió: —¿Me podréis perdonar?

—Es cierto —dijo de pronto Fred—, eres estúpido.

Se acercó a su hermano y le dio unas palmadas en la espalda. Molly rompió en llanto y los demás Weasley se acercaron a Percy para recibirlo de nuevo entre sus brazos.

Después, salieron en fila de la Sala de camino al Gran Comedor. Ginny intentó escabullirse entre sus hermanos.

—¡Ginny! ¡Tú vuelves a casa!

—¡Pero mamá!

—Mira, Molly —las cortó Remus mirando a la mujer—, puedes dejarla aquí y así no estará implicada en la batalla pero se enterará de lo que pasa.

Optaron por esa opción y salieron de allí. Pero antes, Harry volvió a preguntar por Ron y Hermione.

—Se fueron a… —empezó a decir Jade, pero se detuvo al ver que su amigo casi perdía el equilibrio—. Harry, ¿qué te ocurre? ¿Estás bien?

El chico volvió en sí y miró a su amiga. Su cara asustó a Jade.

—Voldemort ya está aquí.

Rápidamente salió de la Sala de los Menesteres y siguió a los Weasley por el pasillo hacia el Gran Comedor. Jade, en cambio, se quedó parada en medio de la sala sintiendo el miedo volver a su cuerpo. Seguía sin poder ayudar y sólo podía mantenerse allí, junto a Ginny que parecía sentir rabia y no miedo como ella.

—¿Por qué no has ido con ellos?

La voz de Ginny la sacó de sus pensamientos haciendo que su corazón se acelerase. Miró a la pelirroja, pero una voz no la dejó contestar.

—Entregadme a Harry Potter y no tocaré el castillo, no tendréis que llorar vuestras bajas a menos que me deis a Harry Potter.

Parecía que la voz saliera de las paredes, rebotando dentro de la cabeza de aquellos que la escuchaban. A Jade se le puso la piel de gallina y se tensó en el asiento que ocupaba.

—Tenéis hasta la media noche. Pero antes… —hubo un pequeño silencio en el cual se sintió el miedo de todos los que esperaban que continuara—, me tendréis que entregar a Deyanira en el mismo tiempo. Vuestra vida depende de sólo dos personas.

El silencio de nuevo. En el Gran Comedor se escuchó una voz preguntando que quién era Deyanira, pero Pansy la cortó diciendo:

—¡Potter está ahí! ¡Se lo podemos entregar! ¡Que alguien lo capture!

Todas las mesas excepto la de Slytherin se movieron y todos los alumnos se pusieron en pie para defender a Harry de cualquiera que se atreviera a entregarlo.

En la Sala de los Menesteres, Jade y Ginny miraban cómo se abría la puerta de la sala y entraban cientos y cientos de alumnos. Ellas se pegaron a la pared para dejar paso a los alumnos más pequeños guiados por los prefectos de sus casas. Los estaban desalojando, aunque parecía que los mayores habían preferido quedarse a luchar porque no se veía a ninguno.

Entonces empezaron a llegar los de Slytherin, tanto pequeños como mayores. Ninguno parecía querer quedarse a luchar.

Jade divisó una cabellera castaña y otra morena entre los alumnos e intentó atraerlos hasta ella. Theo la vio y arrastró a Pansy detrás de él.

—Jade, no sabía que estuvieras aquí. —El chico le dio un abrazo y miró de soslayo a Ginny.

—¿Han empezado a luchar? —preguntó únicamente la morena mirando a su amigo.

—No, pero… bueno, seguramente has escuchado lo que el Señor Tenebroso ha dicho. —Ella asintió—. Pues eso, no creo que falte mucho. Al parecer, donde sí hay batalla es en los jardines.

Entonces ya había mortífagos intentando entrar. Jade miró a Pansy y vio un reflejo del odio que siempre había sentido la chica por ella. Después volvió a mirar al chico.

—¿Dónde vais a ir?

—No lo sabemos. —Theo la miró y entendió porqué se lo había preguntado. Quería saber si se iría casa o se quedaría con su padre, con los mortífagos. —No creo que pueda quedarme muy cerca.

—Si ves a Draco… —Pansy notó el cambio en esa sola palabra. Ya no era Malfoy y era mucho más que Draco—, dile que no me busque —lo cortó e insistió en su petición—. Debes decirle que se mantenga alejado, que…

—Jade, no creo que pueda decírselo. Lo siento —dijo agarrándole un hombro a la chica.

Se despidieron y siguieron a los demás. Pronto la sala quedó desierta y ellas quedaron solas de nuevo.

Draco tenía que quedarse con sus padres, no tenía que entrar dentro de la pelea y menos estar cerca de Voldemort. Si no era así, la última esperanza de que la tercera persona no se viera obligada a pertenecer a Voldemort se iría. Al menos él no podría elegir si apoyar a su amo o a Harry, aunque las opciones no eran muy alentadoras para conseguir una victoria por parte de Harry.

Jade suspiró y miró las escaleras que subían hasta el pasillo. No podía engañarse a sí misma; sabía perfectamente que la profecía le daba igual. No podía dejar que Draco arriesgara su vida por una tontería, tanto si era por ella como si era por obedecer a su amo.

Alguien bajó desde el túnel y aterrizó en el suelo cerca de las chicas. Era Nymphadora Tonks, que las miró sonriente.

—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Teddy? —preguntó Ginny a la bruja.

—Estará bien. Es que tenía que venir —su voz sonó desesperada, pero parecía feliz.

Miró a Jade y le sonrió. No había ningún rencor tampoco en ella.

Alguien más bajó del túnel y las miró entre enfurecido y avergonzado.

—No sé cómo he logrado dejar entrar a tanta gente en mi bar sin ser descubiertos. Pero bueno, si va a empezar una batalla… —Bajó la mirada al suelo para después decir: —¿Dónde puedo ayudar?

—No lo sabemos. Es mejor que vayas tú y ayudes por tu cuenta.

Aberforth se dirigió hacia las escaleras y desapareció detrás de la pared.

Tonks se dispuso a seguirlo, pero otra aparición la detuvo. Era una anciana que, por su plante al bajar, quería pelear.

—¿Y mi nieto?

—Neville…

Ginny no pudo acabar la frase porque por las escaleras bajaban tres personas: Harry, Ron y Hermione. Los dos últimos cargaban grandes de lo que parecían dientes.

Tanto Tonks como la señora Longbottom le preguntaron a Harry sobre Remus y Neville, respectivamente, y después se marcharon a todo correr, dispuestas a luchar.

—Ginny, Jade, tenéis que salir un momento de aquí. —A Ginny se le iluminó la cara, pero Jade se preocupó. —Después volveréis.

Ginny corrió hacia la puerta y desapareció. Jade miró a sus amigos para preguntar, pero Ron la cortó.

—¡Se nos olvidaba alguien! —Miró a Harry. —Los elfos domésticos de las cocinas.

—¿Quieres que luchen? Ron…

—No, pero no podemos dejarlos ahí.

Hermione había soltado los dientes y se había abalanzado contra Ron. Se besaban entrelazando los brazos con el cuerpo del otro, ajenos a las dos personas que estaban a centímetros de ellos.

—¿Creéis que es momento? Estamos en mitad de una guerra —rompió Harry el silencio.

Jade tenía una pequeña sonrisa en la cara, pero el miedo que todavía sentía no le dejaba alegrarse más.

—Si no es ahora, ¿cuándo? —dijo Ron sin soltar a la castaña todavía.

Estaban ruborizados cuando se soltaron y se miraban de vez en cuando mientras subían las escaleras. Llegaron al pasillo, donde escucharon grandes estruendos. Corrieron hacia el pasillo de al lado y Jade los siguió, preguntándose qué buscaban. Escucharon pasos cerca de allí, pero no hicieron caso, pues en todos lados se escuchaban ruidos.

Se detuvieron delante de una pared y cuando Harry se movió tres veces por delante de esta, se abrió una puerta. El chico entró y lo siguió Ron, pero Jade detuvo a Hermione antes de dejarla entrar.

—Os espero aquí.

La castaña asintió y corrió para alcanzar a los otros dos.

La puerta se cerraba y por el resquicio veía mucha oscuridad. Se acercó un poco pero unas manos la sujetaron por detrás. Después vio a Crabbe y a Goyle abrir de golpe la puerta antes de que se cerrase del todo. La morena se giró para ver quién la sujetaba y se sorprendió al ver un cabello rubio despeinado y unos ojos grises que la miraban desesperado.

—Jade, ¿qué haces aquí? No puedes ir en contra del Señor Tenebroso y ayudar a Potter…

La chica no lo dejó terminar porque se había lanzado a su cuello, rodeándolo con los brazos y enterrando su cabeza allí. Draco suspiró y la abrazó un segundo, para después cogerla por los hombros y mirarla a los ojos.

—Draco, nosotros vamos a entrar ya —dijo Crabbe mirando al chico antes de perderse en la habitación.

Jade negó con la cabeza al ver sus intenciones en sus ojos. No quería que entrase a detener a Harry, tenía que dejar que acabara con Voldemort.

—No me sigas —murmuró el rubio cerca de su oído.

Y no podría hacer nada si entraba. Draco se alejó y cerró la puerta tras de sí.

Por favor que no peleen, por favor que no peleen, pensaba la chica apretando los labios. Si hubiera entrado tampoco habría podido hacer nada, puesto que si detenía a Draco sería atacar a un mortífago y no podía dejar que Voldemort venciera.

No sabía cuánto tardarían y tampoco podía entrar porque la puerta había desaparecido, así que se sentó en el suelo apoyándose en la pared de enfrente.

No sabía qué hacer respecto a Draco como tercera persona de la profecía. No podía convencerlo para que estuviera de parte de Harry; se odiaban y encima Draco quería que Voldemort lo venciera. Pero tampoco podía dejar que ganase su padre y menos que matase a Harry, y eso sucedería si Draco estaba de su parte durante la batalla. También estaba la opción de decírselo y exponerle las posibilidades, pero Severus ya se lo había advertido, le dijo que no se lo dijera a nadie, sobre todo a Draco.

Severus, pensó de golpe la chica. Él sabría qué hacer, pues había sido espía de Dumbledore y el profesor fue el que había trazado un plan. Debía encontrarlo, llevarle a Draco y que él decidiese lo que hacer.

Un estruendo la sacó de sus pensamientos y se levantó cuando vio que varias piedras iban hacia ella. Corrió hasta la otra pared, donde había estado la puerta, y vio correr a alguien. Iba agachándose y protegiéndose de unos hechizos. Jade lo reconoció cuando se estiró y lanzó él el hechizo. Era Pius Thicknesse.

—¡Jade! —gritó una de las dos personas que venían por el final del pasillo.

Reconoció la voz de uno de los gemelos, pero no sabía quién de los dos. Un hechizo le dio al mortífago en el brazo y la chica se dio cuenta de que se había estado acercando a ella. Entonces algo brilló en los ojos del mago y se lanzó contra Jade para cogerla y ponerla delante de él. La utilizaba de escudo.

—¡Ya no eres tan valiente! ¡Escondiéndote! —Fred soltó una carcajada sin dejar de apuntarlo con la varita—. ¡No tendré reparos en atacarla! ¡Es de los tuyos!

—No lo veo tan claro. Antes la has defendido, por eso no la atacarás ahora. Pero y si yo…

El mortífago apretó más su varita contra el cuello de la chica, con la intención de atacarla.

—¡No puede matarme! —gritó Jade mirando a Fred y a Percy.

—¡Cállate! ¿Quién dice que no? —se enfureció el mago.

—Mi padr…

No pudo acabar de decirlo porque la había empujado contra sus amigos, teniendo que parar de luchar para cogerla por el gran impulso que Thicknesse le había dado.

Los dos hermanos corrieron detrás del mortífago, aunque ahora eran dos, pues al parecer otro se le había unido.

La morena se había quedado detrás de ellos, a unos pasos de la pared por donde había desaparecido Harry y los demás. Estaban tardando mucho en salir. Justo en ese momento escuchó un estruendo que provenía de detrás de ella. Se giró y vio a Ron, Hermione y Goyle tirados en el suelo cerca de una escoba. Llevaban el pelo chamuscado, al igual que la ropa.

—¿Dónde están Harry y Draco? —preguntó Jade acercándose a Hermione para ayudarla a levantarse.

Ella señaló a la puerta que había aparecido en la pared. Ron cogió a la castaña y se alejaban un poco cuando otra escoba salió disparada por la puerta y chocó contra la pared de enfrente. Eran ellos dos.

—¿Y la diadema? —preguntó Ron mirando a su amigo.

Se habían reunido los tres para ver cómo un objeto que Harry tenía en la mano se hacía polvo.

Jade, en cambio, se acercó a Draco para ayudarlo a ponerse en pie. También estaba manchado y quemado, pero a Jade el motivo era lo último que quería saber.

—¿Estás bien? —le preguntó cuando el chico estuvo de pie frente a ella.

—Crabbe —susurró mirando hacia la puerta.

La chica sólo había visto a Goyle; al parecer el otro se había quedado dentro.

—Ha muerto —dijo Harry mirándolos.

Draco seguía tosiendo y se restregaba la mano por la frente para quitarse el pelo sudado.

Sus amigos se fueron por donde Fred y Percy habían seguido a los mortífagos, aunque no estaban muy lejos. La chica los quiso seguir, pero el rubio la sujetó fuertemente.

—No podemos quedarnos aquí —dijo a la desesperada la morena.

—Te llevaré ante él.

Jade cogió aire con fuerza; no se esperaba eso de él. La iba a entregar, iba a seguir las órdenes de su amo aunque eso conllevara romper su confianza. Quiso llorar, pero ahora no podía. Dejó de forcejear y se acercó más a él, haciendo que aflojara la fuerza en su brazo. Entonces la chica salió corriendo detrás de sus amigos, los cuales estaban justo allí.

Draco la seguía muy cerca y chocó con ella cuando Jade se detuvo al ver las piedras invadirlo todo. El rubio la rodeó con sus brazos y se tiró al suelo encima de ella, protegiéndola de las rocas. Tenía los ojos cerrados, con la cabeza pegada a la suya. Una mano protegía la cabeza de la chica y la otra la sujetaba por la cadera, para mantenerla pegada a él.

Cuando abrió los ojos vio unos verdes mirándolo desde abajo. Sus respiraciones las notaban golpear en sus rostros, en el pecho al moverse, sus corazones a lo largo del cuerpo, martilleando con fuerza la sangre.

—¡No! ¡Fred! ¡No!

Un grito desgarrador los sacó de esa burbuja donde habían estado por unos segundos. Jade alzó la cabeza mientras Draco se sentaba en el suelo. La chica se levantó y dio un paso hacia donde tres cabelleras pelirrojas se unían. El rubio estaba ahora a su lado, pero manteniéndose apartado.

Harry se acercó a Ron y se detuvo al ver lo que sucedía. Hermione abrazaba a Ginny con fuerza, como reteniéndola. Jade se acercó más a los chicos y el aire se quedó fuera de su pecho, embotándole los oídos. Los ojos se anegaron en lágrimas y deseó irse muy lejos de allí, despertar de aquella pesadilla.

Percy tenía la cabeza apoyada en el pecho del cuerpo de Fred, derramando un mar de lágrimas sobre su hermano. Ron sujetaba la cabeza del pelirrojo, del que hasta ahora había sido su hermano, pero el que sin vida sólo sería un recuerdo. Sus ojos abiertos y la sonrisa de su cara reflejaban lo que siempre había sido, la chispa de la familia, el que animaba los momentos más duros, el que veía la parte positiva de cualquier situación. Pero ahora no estaba, ahora no quedaba nadie para hacer más llevadera su pérdida, sólo quedaba el llanto, el derrumbamiento, la desesperación.

Unas manos cogieron a Jade y la arrastraron fuera de la escena, lejos de allí aunque el dolor se quedase instalado en su pecho. Quería despertar, que alguien le dijese que no había ocurrido.

—Jade, camina —murmuró una voz suave en su oído.

Agarraba con un brazo el cuello del chico, mientras él la sujetaba por la cadera. Draco la arrastraba, obligándola a caminar por los pasillos desiertos de aquel piso.

Llegaron a lo alto de una escalera de la cual provenían ruidos cercanos. El rubio la apoyó en la pared y puso las dos manos alrededor de su cara.

—Jade, debes obedecerme y así conseguiremos salir del castillo sin ser atacados, ¿vale?

—¿Por qué me haces esto? —respondió entre susurros y con los ojos cerrados—. ¿Por qué quieres que Voldemort venza? Todo será peor —dijo pensando en Fred y en los que seguramente habían muerto.

El chico suspiró y apoyó la frente en la de ella, haciendo que Jade abriera los ojos.

—Es la manera más fácil para sobrevivir —confesó Draco.

—Pero no la mejor —dijo entonces la morena alzando la voz—. Si él vence podrá morir más gente inocente como Fred. Viviremos, pero a costa de otros y esos otros son amigos míos.

El chico se quedó en silencio, buscando una excusa para rebatirle.

—Pero tú tendrás que estar del lado del Señor Tenebroso. Si voy en contra de él, voy en contra tuya.

Jade vio cómo dudaba; eso era lo mejor que podía haber hecho.

—Pero si tú ayudas a Harry, podréis con él. No te preocupes por mí, él no me expondría ante la muerte.

Draco frunció el ceño al ver tanta confianza en sus palabras refiriéndose a Voldemort. Jade acercó sus labios a los de él y depositó un pequeño beso allí. Si el rubio le hacía caso no todo estaba perdido. No sabía cómo podía influir Draco en la decisión del vencedor, pero lo importante estaba casi solucionado: dudaba con respecto a Voldemort.