Epílogo
Era muy temprano y los llantos la despertaron. Harry seguía durmiendo plácidamente en la cama; le dio un beso y se levantó. Se puso su bata y unas zapatillas de andar por casa, y salió al pasillo. Se encaminó hasta la puerta de al lado de su habitación y entró despacio. Se acercó a la cama con cara de dormida pero con una sonrisa que iluminaba hasta el último lugar de oscuridad existente, cogió a su pequeño en brazos y lo meció sobre su pecho, aunque cada vez pesara más. Los llantos ya cesaban y el niño se fue relajando, pero todavía tenía presente la pesadilla.
—Ma… mi —empezó habiendo aspirado entre las dos sílabas—. Susto.
Su madre entendió por eso que había tenido una pesadilla. Lo abrazó cariñosamente y el niño apretó más sus brazos alrededor del cuello de la mujer.
—No pasa nada. Sólo era un sueño, no era real.
Ella cerró los ojos mientras tenía la misma sonrisa encantadora, como si estuviera en el mismo cielo, flotando en una nube. El niño tenía ya la respiración calmada y había dejado caer su peso al dormirse. Unos brazos la rodearon por detrás y ella pegó un saltito.
—Me has asustado... —susurró con una sonrisa tierna en la cara.
—Lo siento, sólo que no he podido reprimir las ganas de unirme a este momento tan encantador. —Harry le besó la mejilla y ella giró la cara para besar sus labios— Ginny, déjalo dormir tranquilo y vamos... a la cama —dijo entrecortadamente.
—Está bien. —Ginny había entendido perfectamente a qué se refería. Se inclinó sobre la camita para dejar al niño y lo tapó con la sábana. Le acarició la cara antes de irse y Harry le dio un beso suave sobre la frente.
—Vamos, Albus estará bien durante unas horas.
Harry la cogió por la cintura y la empujó delante de él para que saliera antes y no se quedara adorando a su hijo. Cerró la puerta suavemente, pero al parecer no sólo ellos se habían despertado al escuchar al bebé. Harry y Ginny se giraron para ver cómo se cerraba la puerta contigua a la de Albus. James tenía los ojos casi cerrados del todo y estaba en medio del pasillo observando a sus padres.
—James, cariño, vete a dormir.
—Pero... Albus llora... —James se restregaba los puños por los ojos.
Harry se acercó a él y lo cogió en brazos. El niño apoyó la cabeza en el hombro de su padre y no le faltó mucho para dormirse.
—Ahora voy —Harry se giró para susurrarle a Ginny. Ella asintió y dio media vuelta.
Con una mano sostuvo a James y con la otra abrió la puerta. Encendió la luz al entrar y James apretó los ojos por el cambio de oscuridad a iluminación. Su cama estaba deshecha y su habitación tan destrozada que se podría esconder alguien allí y no ser visto. Harry sonrió al recordar que él fue igual, la habitación tenía toda la pinta de ser de un mago y eso que todavía no había dado señales de serlo. James tenía apenas cuatro años y medio y ya se había apropiado de la habitación, porque lo normal sería que Ginny arreglara aquello, pero James era muy propietario respecto a sus cosas; lo suyo no lo tocaba nadie. Y así estaba su cuarto.
Lo acostó en la cama y Harry se sentó en ella para darle un beso en la mejilla, pero cuando se iba a poner de pie, James le cogió la camiseta y tiró hacia él.
—Papá...
—Dime hijo —Harry se volvió a sentar.
—¿Puedo dormir con vosotros? —Estaba a punto de dormirse y Harry le acarició el pelo.
—No, James, hoy no. Ahora duérmete que mañana tienes que seguir ayudando a tu madre con Albus... lo has hecho muy bien todo este tiempo. Estoy muy orgulloso de ti...
—Vale... mamá y Albus... ahora no puedo dormir con vosotros porque tienes que arreglar lo que tiene mamá en las piernas... vale... —Harry sintió un calor en el cuerpo parecido a la vergüenza.
Sin decir nada se levantó de la cama por segunda vez y salió despacio apagando la luz y cerrando la puerta. Caminó por el pasillo y no pudo evitar el mirar por la puerta de su hijo más pequeño. Cuando comprobó que el niño dormía plácidamente en su pequeña cama se dirigió hasta su habitación. Abrió la puerta y cuando la cerró se quedó observando a su bella durmiente que respiraba pausadamente con los ojos cerrados. Se recostó junto a ella y la abrazó por detrás, apretándola más a él. Ginny sonrió y le acarició la mano que reposaba sobre su vientre y que se lo acariciaba. Se giró para quedar enfrente de su príncipe azul y apoyó la cabeza en su pecho. Harry la estrechó más y enrolló sus piernas en las de ella. La pelirroja lo envolvió en sus brazos y se lanzó a su boca. Harry le respondió tiernamente al principio, después se apoderó de él la lujuria de tener a la mujer de su vida entre sus brazos.
Ya había pasado muchas veces, mejor dicho siempre, desde la primera, justo en esa habitación, cuando Ginny tuvo que detenerlo porque no parecía Harry, era realmente un león, nunca mejor dicho. Pero esa primera vez no estaba dentro de los recuerdos dolorosos, ni de los tristes, ni de los vergonzosos, no, estaba en los más felices de su vida junto a los de sus partos o cuando por fin Voldemort cayó y así el mal con él. Harry se puso sobre la chica y sin apoyar su peso en ella la miró por un rato a los ojos. Era como mirar el sol, las estrellas, una hoguera, la oscuridad desaparecía por completo para dejar paso a la luz. Sonrió mostrando aquella sonrisa que lo cautivaba a pesar de vivir con ella un tiempo indeterminado para Harry.
Los labios se encontraron tiernamente mientras las lenguas se abrían paso hasta tocarse. Ginny le mordió el labio inferior y él soltó un leve gemido, no de dolor. El beso se fue tornando más pasional, más fogoso, cálido. Ginny atrapó a Harry entre sus piernas y éste no tuvo más remedio que dejar el peso sobre la chica, aunque no todo.
Pero a Ginny le gustaba sentir ese peso sobre ella, la protegía, y la excitaba más. Harry quería controlarse un poco más y no dejarse llevar tanto como otras veces, pero no hubo manera. Se quitó la ropa interior con la que dormía y volvió a la posición de antes. Ginny se quitó el camisón y lo que le quedaba de ropa interior y volvió a enrollar a Harry con sus piernas. Éste sentía los pechos de ella bajo los suyos, su vientre plano subir y bajar al ritmo de su respiración y de sus movimientos. El gemido de Ginny le erizó la piel al chico. Había soñado con ese sonido desde la primera vez que lo escuchó y ahora que volvía a escucharlo, como tantas otras veces, el pensamiento se le embotaba de un sentimiento de felicidad indescriptible. Sólo se le podía comparar a cuando vio nacer a sus dos preciosos hijos. Ginny intentaba silenciar los gemidos, pero era casi imposible.
Primera porque como Harry quería escucharlos pues se esforzaba más y eso provocaba más placer, igual a más gemidos. Y segunda porque simplemente no quería ocultar lo que sentía, quería que Harry supiese cómo lo disfrutaba y lo feliz que se encontraba junto a él. Al parecer los niños dormían profundamente y eso les daba más pie a hacer como si estuvieran solos.
Era treinta y uno de julio y como todos los años celebraban el cumpleaños de Harry en la Madriguera, junto a toda la familia Weasley. Harry conducía el coche por las calles del pueblo y no faltaba mucho para llegar. Ginny iba detrás junto a James y sobre ella estaba Albus dormido. James lo miraba fascinado como siempre; le extrañaba que algo tan pequeño pudiera haber sido él alguna vez y le sorprendía la manera en que se creó dentro de mamá. Al menos no se quejaba del viaje.
El coche entró en un camino envuelto de grandes árboles por ambos lados y entonces James sí prestó atención al camino. Sabía que estaban cerca y ya se le escuchaba dar pataditas al sillón, nervioso.
Había llegado a una explanada donde aparcó el vehículo y de donde se veía la casa a unos pasos. Harry cogió en brazos a Albus y caminó con él apoyado a un costado, mientras Ginny llevaba a James de la mano. Traspasaron la verja y caminaron hacia la puerta. Harry observaba la sonrisa de Ginny al recordar momentos en esos lugares. Los gnomos, el campo de quidditch, el garaje... todo era maravilloso. Llegaron a la puerta y estando en el último escalón Harry tocó con los nudillos, enseguida lo acompañó otro pequeño golpe providente de más abajo. James estaba junto a su padre pero cogiendo a su madre e imitaba a Harry. Pasos acercándose y después el crujir de la puerta al abrirse. Era la señora Weasley, tan regordeta y bajita como siempre. Los niños adoraban a su abuela.
—¡Hola! Mis queridos nietos. —Le dio dos besos a ambos. —Mi querida hija. —Ginny se inclinó para recibir un abrazo de su madre. —Mi hijo. —Tenía la costumbre de llamar así a Harry y era un poco raro ya que Ginny sería como su hermana. Que irónico. —Pasad, pasad, no os quedéis ahí fuera.
James entró rápidamente y lo primero que hizo fue, a parte de abalanzarse sobre su queridísimo abuelo, buscar a su tío preferido y cuando lo encontró... no pudieron detenerlo.
—¡Tío George! —El niño se enganchó en una de sus piernas y George sólo pudo que acariciarle el matojo de pelo; nunca habían podido soltarlo de ahí contra su voluntad.
—Hola pequeñajo.
Harry y Ginny saludaron a Arthur y a George, los únicos que allí estaban. Harry recibió felicitaciones de ellos tres y después sólo hablaron del Ministerio y esperaron.
Molly apareció por las escaleras y tras ella aparecieron Ron y Hermione con su hija Rose.
—¡Harry! —Hermione se había lanzado contra el chico y se abrazaron.
—Hola chicos —dijo mientras veía a Ron acercarse y la castaña se hacía a un lado.
—Creo que deberíamos vernos más, se echa de menos nuestros momentos. —Ron le estrechó la mano a su mejor amigo y después se dieron un abrazo, sin pudor.
Más felicitaciones.
Poco a poco se fueron sentando alrededor de la mesa mientras charlaban, la señora Weasley iba sacando algo para comer mientras esperaban a los que faltaban. Normalmente prestaban atención a lo que el señor Weasley y Harry hablaban sobre los aurores y el Ministerio.
Las mujeres hablaban más sobre Hogwarts y lo cambiado que estaba, sobre los nuevos profesores de allí, sobre Luna y su revista... Había un gran bullicio de conversaciones libres en el salón cuando escucharon que tocaban a la puerta. Algunos ni se habían preguntado quién faltaba, porque también habían llegado Bill, Fleur y Victoire hacía una media hora.
Se quedó en silencio, un silencio expectante. Molly abrió la puerta y escucharon pasos después de que ésta se cerrara. Todos miraban hacia la puerta del salón donde veían unas sombras acercarse. Entonces vieron a una chica morena, de ojos verdes inolvidables. Era Jade.
Hermione se levantó rápidamente casi tirando la silla, y fue a abrazar a la chica. Se sellaron en un gran abrazo íntimo: hacía años que no veían a Jade por allí. Las chicas derramaban algunas lágrimas pero sólo de alegría. Ron y Harry también la abrazaron tanto como Hermione había hecho, pero la castaña seguía llorando. Aún estaban en la puerta.
—Venga, siéntate a comer algo —la invitó George que se había levantado para darle dos besos. Angelina Johnson, su mujer, estaba pasando unos días en casa de su madre junto a sus dos hijos.
—Eh... no vengo sola. —Silencio total. Eso significaba una cosa: Malfoy estaba allí—. Venga, que no es para tanto, creí que ya os habríais hecho a la idea...
Se asomó por la puerta hacia la entrada y dio señas para que se acercara. Por la puerta apareció Draco, pero estaba cambiado. El pelo lo llevaba más largo y a través de su camisa corta se podía distinguir que su cuerpo ya no era el de un adolescente. Pero también apreciaron una personita en sus brazos. Era un niño rubio, pero al estar acurrucado no se distinguía el color de sus ojos. Jade sonrió ante el escrutinio de sus amigos y cogió al niño de entre los brazos de su marido.
—Éste es Scorpius, mi hijo. —A pesar de que era lo más obvio, muchos exhalaron el aire rápidamente—. Siento no habéroslo dicho antes, pero no estuve por aquí, así que no pude... —Draco no estaba muy cómodo allí, por eso sólo miraba a Jade y a su hijo.
—No pasa nada Jade, tú tampoco sabes entonces de mi hija.
—¿También tienes? Ay Hermione, qué emoción, me alegro por vosotros —miró a Ron también y le sonrió. Éste se sonrojó levemente, como siempre.
Hermione se acercó a su suegra y cogió en brazos a Rose, que dormía. Se acercó a la morena y sonrió cuando la vio de cerca.
—Harry y Ginny tienen otro hijo más.
—Espera, ¿otro más? No sabía que ya teníais uno antes.
—Pues sí. —Harry miró a Albus que dormía en los brazos de Ginny y Jade abrió la boca de sorpresa.
—Es igual que tú. —Sonrió por ese parecido tan parecido y después volvió a mirar a su amigo—. ¿Dónde está tu otro hijo?
—Aquí... —dijo mientras señalaba donde hasta hacía unos minutos se encontraba—. ¿Y James?
—No sé —George dijo irónicamente mientras con la mirada señalaba detrás suyo.
James saltó a un lado intentando asustarlos pero su grito sólo consiguió despertar a los pequeños. Harry lo miró ceñudo y el niño fue junto a su padre cabizbajo.
—James, ésta es Jade y él es Draco. Saluda. —El niño obediente miró hacia esas personas desconocidas y se quedó impactado por la belleza de la chica morena. Ésta sonrió y le revolvió el pelo, era tan parecido a su padre... Jade se agachó con el bebé en brazos y cuando estuvo a la altura de James le dijo:
—Yo soy Jade y éste es Scorpius —dijo mientras miraba a su bebé. Dejó que James se inclinara hacia el bebé para verlo mejor.
—Wau. —Todos sonrieron ante su comentario. Era muy tierno ver a un niño que se sorprende al ver a otro. Esperaban que dijera algo más—. Es... igual de feo que Albus. ¿De dónde los sacáis? Yo los denunciaría, a los que os lo venden.
El niño negó con la cabeza, apesadumbrado, y la levantó cuando vio la reacción que había causado en los demás. Todos reían y él miró a su tío instintivamente. Eso era lo que su tío George conseguía hacer cada vez que hablaba: que se rieran. Se sentó en sus piernas orgulloso de ser como su tío George.
Ya habían comido y ahora sólo conversaban de cualquier cosa. Arthur, Bill, George y Ron hablaban del Ministerio, de lo tranquilo que era trabajar allí, sin ningún mal acechando. Percy y Audrey estaban disfrutando de unos días de vacaciones junto a sus dos hijas.
—No, lo único que hacemos es ir en busca de algún mago que se le ha olvidado que los muggles no pueden saber de nosotros, o algo por el estilo. Desde que Voldemort cayó no han tenido problemas. Ni siquiera hay muertes por maldición. —Ron les explicaba cómo funcionaba ahora el Ministerio desde que Harry era el jefe de aurores.
Al otro lado de la mesa estaban Jade, Harry y Hermione recordando viejos tiempos en el colegio y poniéndose al día de las vidas de todos. Harry vivía en el pueblo donde había nacido y donde sus padres habían pensado pasar toda su vida. Él había pensado en hacer lo mismo con su familia, crecer allí, junto a su pelirroja. Ginny estaba al lado de Harry, con Albus en su regazo, pero en toda la mañana no dijo nada. Harry se inclinó sobre su cuello un momento para susurrarle.
—¿Qué ocurre?
—Nada, ¿por qué?
—Porque no has dicho nada en todo el tiempo que llevamos aquí. Más bien desde que nos hemos levantado.
—No es nada, no te preocupes. —Harry la miró seriamente y ella le acarició la cara. —Tranquilo. Si fuera algo malo te lo diría inmediatamente. —Harry miró a su hijo y suspiró. Se volvió a sentar bien en la silla para continuar con la conversación anterior.
—Nosotros no estamos muy lejos de aquí —dijo Jade mirando a Draco.
—Nosotros sí que estamos lejos. Ron no encontró nada mejor por alrededor, pero lo compensó con la casa que tenemos ahora. Es increíble. —Hermione estaba muy contenta de volver a hablar con su mejor amiga, era como retroceder en el tiempo.
Después de terminar con los temas para conversar, se sentaron en el salón, que como era tan pequeño algunos se sentaron sobre otros. Ginny estaba sobre Harry, Hermione sobre Ron y James sobre George. Jade se sentaba en el brazo del sofá, junto a Draco que sostenía al niño. Molly y Fleur estaban en la cocina, como siempre, y Arthur y Bill en los dos sillones. Harry seguía pendiente de Ginny, que seguía sin decir nada y ya se estaba preocupando. De vez en cuando jugaba con su camisón ya que sus manos estaban libres ahora. Habían acostado a Albus y a Rose en las camas de arriba. James y Victoire jugaban con George en el suelo. Sólo se escuchaban los juguetes golpear en el suelo y a Victoire patalear cuando su primo le quitaba el juguete.
—Victoire, haz el favog de compogtagte como una dama. Tienes seis años ya —Fleur le hablaba a su hija desde la cocina y la niña se cruzó de brazos y frunció el ceño. James se reía por su victoria y eso enfurecía más a la chica.
Así pasó una hora, pero no era aburrida, era un silencio roto de vez en cuando por algún comentario, pero era agradable. Aunque no para todos. Draco cada vez se desesperaba más, él no quería estar allí, pero Jade siempre conseguía manipularlo de una forma que era indiscutible. Siempre lo había hecho, desde que se conocieron, desde que se besaron, desde que pudo apoderarse de su cuerpo, pero incluso ahí fue ella la que lo dominaba. Había veces en las que no le importaba, pero otras, como ahora, le entraban ganas de desaparecerse sin decir nada. Y Jade se daba cuenta de su poder. Sabía que él no quería estar allí, que le incomodaba estar entre esas personas, pero debía aprender que ahora ésa era también su familia. Había intentado evitar ese encuentro durante años, por eso se fueron a vivir fuera, pero ya era hora y no se irían hasta que lo aceptase.
Jade estaba ahora recostada sobre Draco y éste le acariciaba el pelo, para hacer algo y controlar sus ganas de huir. Scorpius ya estaba despierto y sentado en el regazo de su padre. Lo miraba todo con unos ojos enormes y grises, jugando con el collar que su madre le había dejado. El collar de jade estaba babeado por el bebé y de vez en cuando golpeaba la pierna de Draco al emocionarse. Miraba a James y a Victoire jugar con los juguetes y estiraba las manos hacia ellos para que lo dejaran jugar.
—Yo quiero —soltó el pequeño rubio mirando primero a su padre y después a los otros niños.
James lo escuchó y se levantó con un soldadito en la mano. La extendió hacia el pequeño y éste lo cogió despacio, mirando al otro niño. Lo contempló un momento para después llevárselo a la boca y morderlo. James se asustó.
—¡Es para jugar! ¡No te lo comas! —Cogió otra vez el soldadito y frunciendo los labios volvió a su sitio. —Que asco de babas.
Scorpius hizo un puchero mientras fruncía el ceño y ya se veía venir lo siguiente. Estalló en gritos mientras golpeaba las piernas de su padre con los puños. Draco actuó rápidamente y lo giró para que quedara enfrente de él. Lo sentó de cara a él, con las piernas colgando a cada lado. Le sostenía las manos y le decía algo en voz baja.
Jade tenía una sonrisa en la cara; siempre que Draco se comportaba como un padre, la embriagaba una felicidad enorme. Hermione la observó y también sonrió, pero por lo extraño que era ver a Draco como un padre de verdad. El niño por fin se calmó y ahora volvía a estar sentado como antes y con un dedo en la boca.
—James, a la próxima te quedas en casa. —Harry había esperado a que Ginny lo regañara como siempre, pero tuvo que hacerlo él. El niño asintió lentamente y después fulminó con la mirada al rubio.
Harry ya se estaba hartando del comportamiento de Ginny, no sabía si era por la presencia de Jade o Draco, pero se estaba pasando. No miraba a nadie, miraba el suelo o su camisa. Era realmente desesperante.
—Ginny —le susurró, pero en ese silencio todo se escuchaba—. ¿Qué te pasa? Y no me digas que no es nada. —La chica suspiró, pero tardaba mucho en hablar. Entonces sin avisar se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar. Harry se asustó mucho y la sentó sobre él de una forma en que pudiera mirarla. —Ginny, lo siento. ¿Qué ha pasado?
Todos se pusieron alertas mirando a la pelirroja y Harry cada vez se asustaba más. Estaba pasando mucha vergüenza, pues él no tenía la culpa y Arthur y Bill lo miraban con un deje de acusación. Miró a Hermione y a Jade pidiendo ayuda y éstas se inclinaron para que Ginny las escuchara.
—Ginny, puedes decirnos lo que te pasa. Venga, que estamos muy preocupados. —Hermione se rindió cuando la chica negó con la cabeza.
—Venga, que seguro que no es tan grave, no te hagas la víctima. —Jade recibió una mirada fulminante por parte de Harry, pero paró cuando Ginny respiró profundamente y se enjugó las lágrimas. Harry dejó que se sentara recta y no le quitó la mirada de encima.
—Tengo que deciros algo. —Miró a todos con los ojos levemente enrojecidos. —¡Mamá, Fleur, venid! —Las mujeres se presentaron en el salón y Molly se sobresaltó cuando vio a su hija con esa cara. —Siento no haberlo dicho antes cariño, pero es que no... no estaba segura de... —Iba a comenzar a llorar de nuevo pero se controló y los miró a todos. —Estoy embarazada. —Se dibujaron sonrisas, ojos enormes y… nada.
Molly lloraba, Hermione estaba a punto de hacerlo como Fleur, Jade tenía una gran sonrisa, Ron igual que Jade, Arthur estaba orgulloso, Draco sonreía levemente y Harry... sin expresión. No se lo esperaba. Tan pronto otra vez. Con Albus fue igual, James era un bebé cuando Ginny le vino con la noticia. Lo pudo aguantar esa vez, pero ahora era demasiado.
Al parecer Ginny también lo había pensado y por eso no estaba segura de... ¿de qué? ¿De si tenerlo? ¿Era eso lo que había pensado? No, ni de broma iban a acabar con ese futuro hijo suyo. Todos lo miraban, esperando una reacción, pero no sabía todavía cómo reaccionar, sólo sabía una cosa: iban a tenerlo. Ya enfrentarían las consecuencias después, si las había. Miró a Ginny por fin y ella esperaba que dijera algo respecto a lo que había pensado en silencio.
—No pienses que voy a dejar que hagas lo que estás pensando. —Ginny agachó la cabeza y Harry se la levantó y la besó en los labios. —Vamos a tenerlo. Los dos podremos.
—Pero la que tiene que parir es Ginny. Tendrá que decidir ella, tú no sufrirás nada. —Jade levantó una ceja y sonrió cuando Ginny lo hizo.
Todos los felicitaron de nuevo. James no se enteraba de nada, aunque cuando se enterara que iba a tener otro hermano como Albus...
La tarde se hizo más animada, aunque también el tiempo cambió. Empezaba a hacer frío y eso que era julio, pero como no estaban preparados para esa temperatura tuvieron que ir a por leña. Harry y Draco decidieron a ir a buscarla, bueno, más bien Harry porque Draco fue obligado por Jade.
Salieron camino del bosque de al lado de la casa para cortar un árbol. Caminaban en silencio, nunca habían hablado directamente. Harry sabía que Draco no quería estar allí y menos con él. El rubio iba con las manos en los bolsillos mirando el suelo, pero estaba tranquilo, no le incomodaba andar junto a Potter y menos teniendo presente que por él no estaba en Azkaban.
—Entonces, aún no vais a descansar del todo, digo por el nuevo bebé. La verdad que es un agobio eso de no dormir toda la noche por los lloriqueos. —Draco sonreía malvadamente.
—Ya, pero el tenerlo en mis brazos lo compensa. —Harry recodaba los momentos en los que cogía a sus hijos por primera vez.
—Venga, no me vengas con sensiblerías. Sabes que te toca aguantar los cambios de humor y las hormonas… Suerte…—Se reía divertido por la cara de Harry.
—Tienes razón, pero bueno... tendré que tomarme las cosas con calma. —Suspiró.
—Y con tanta calma.
—Vale, déjalo ya. Me estás deprimiendo. —Se rieron y entraron al bosque más animados.
Cortaron un árbol enorme con algunos hechizos y llevaron los trozos levitando hasta el jardín de la Madriguera. Seguían conversando pero ahora de quidditch. Llegaron muy animados a la casa y todos se sorprendieron, en especial Andrómeda que acababa de llegar con su nieto. Ted, en cuanto vio a su padrino, corrió a abrazarse a sus piernas sin darse cuenta del nuevo ambiente. Draco miraba a su tía y ella a él.
Jade había entrado al salón al ver entrar a Draco y sólo lo miraba a él. Había menos gente en la habitación: Molly, Arthur, Fleur, Victoire, James, Ron y Hermione estaban en el segundo piso. Allí sólo estaba Ginny, observando la escena, Jade, con su hijo apoyado a un lado mientras éste jugaba con el pelo de su madre, Andrómeda, Ted, Harry y Draco. Él la conocía por fotos ya que era muy pequeño cuando su tía se casó con un muggle y con eso la expulsaron de la familia. Ella sí que se acordaba de ese niño rubio tan parecido a su padre. Pensó entonces que se convertiría en algo como su cuñado, pero se equivocó. Parecía que Harry y él se llevaban bien, entonces era un buen chico. O podía ser porque no le dio tiempo a cambiar ya que el Señor Tenebroso murió antes.
—Hola Draco. Cuanto tiempo. —No sonrió. Él sólo asintió, no dijo nada más.
Había escuchado que se casó con la hija de Voldemort, noticia que la inquietó. Nunca la había visto, pero el problema era si tenían un hijo. Ese niño poseería la sangre de Voldemort y se tendría que vigilar.
Percibió un cambio en la expresión de Draco, ahora miraba detrás de ella, estaba más relajado. Andrómeda se volteó y entonces reparó en una chica que cuando ella había entrado por la puerta no estaba. Llevaba un niño en brazos, de un año casi dos, rubio con los ojos grises, muy pálido. Era indudablemente hijo de Draco. Después se dio cuenta de que esa chica tenía que ser su madre porque de una forma u otra su rostro se reflejaba en los rasgos del niño. Esa era la hija de Voldemort. Entonces ese niño que tanto temía... ya estaba allí.
Jade, por instinto, aproximó a Scorpius a su cuerpo. Esa mujer la inquietaba y eso que sus amigos siempre habían hablado muy bien de ella. Era la madre de Tonks, la que durante estos diez años había cuidado al único hijo de su querido profesor y amigo Lupin. Ted Lupin, el niño que vio una vez en fotos y el que había subido a las habitaciones con los demás niños al terminar de abrazar a su padrino. Era una mujer valiente, había perdido a su marido y a su hija por culpa de Voldemort, su padre; era normal que con ella no se comportara como con los demás. Pero debía darle razones para que no la viera como a su padre.
—Hola, soy Jade Malfoy —dijo mientras daba un paso hacia adelante.
—Ya sé quién eres —dijo secamente.
—Andrómeda, no seas así. Ella no tiene nada que ver con su padre. —La mujer seguía sin confiar mucho. —Luchó en su contra. —Harry estaba delante de Draco mirando fijamente a la mujer. —Estoy en la misma situación que tú, pero yo sé a quién echarle la culpa. —La mujer suspiró derrotada por las palabras de Harry.
—Tienes razón hijo. Lo siento mucho querida, no quería...
—No pasa nada. Ya estoy acostumbrada. —Agachó la cabeza. Estaba cansada de siempre lo mismo. Draco fue junto a ella y con la mirada la calmó.
—Lo siento Draco. Tampoco quería comportarme mal contigo.
—Estése tranquila —pero sonó duro y no sonrió. Harry quería romper esa tensión antes de que los demás bajaran, por eso cogió a Ginny de la mano y la llevó junto a la mujer.
—Vamos a tener un bebé, ¿sabes? Nos hemos enterado hoy, todos —dijo mirando significativamente a su mujer.
—Que bien, enhorabuena de nuevo. Me alegro mucho por vosotros, aunque también quería pediros una cosa y ahora no sé si podréis...
—¿Qué pasa? Sabes que estamos para lo que necesites.
—Es que era sobre... Teddy. Veréis, ya estoy muy mayor y eso se nota más cuando cuidas a un niño. Por eso quería pediros que dejéis que Ted se pase más por vuestra casa. Os lo agradecería muchísimo.
—Eh... pues... no sé...
—Claro que sí. No hay problema. —Ginny se adelantó a Harry que dudaba mirándola.
—Muchas gracias, de verdad.
Ya era la hora de cenar y estaban todos en la mesa sentados. Andrómeda tuvo que irse y Harry aceptó cuando ésta le pidió que se quedara Ted a dormir esa noche en su casa. Harry se sentaba junto a Arthur y Bill, enfrente Ron y Hermione. Los hombres hablaban de varias cosas, menos Draco, que aunque prestaba atención no decía nada. Las mujeres tenían conversaciones dispersas. Jade hablaba con Hermione y Ginny, mientras que Fleur y Molly planeaban la próxima comida en familia, como ahora. Los niños jugaban en el salón y los más pequeños estaban en brazos de las respectivas madres.
Parecía una reunión de madres más que de amigas. Jade con Scorpius sentado en sus piernas, Hermione con Rose dormida y Ginny con Albus también sentado sobre su regazo.
—Ha cambiado mucho tu personalidad desde la última vez que te vi. —Hermione observaba a Jade.
—Ya, es que después de estar embarazada de Scor me planteé equilibrar mi carácter.
—¿Qué pasó? —Ginny se extrañó por eso del embarazo.
—Pues que un día estaba comiendo con Draco en casa y tuvimos una pequeña discusión, pequeña. Entonces sentí que el nudo en mi estómago salía sin control hacia afuera y... me transformé. Tiré todo por el suelo, la comida escampada en el suelo, la mesa rota, las sillas tiradas y Draco en el suelo con un arañazo en la cara. Se lo había hecho yo —dijo aún sin creérselo—. Los dos nos sorprendimos de esa alteración tan anormal y fuimos al centro de medimagos más cercano. Entonces me dijeron que estaba embarazada y que eso alteraba mi estado emocional. Durante todo el embarazo mi cuerpo actuaba como quería y a veces me veía una escama en el brazo, o el inicio de un ala asomando por la espalda, incluso llegó a salir entera. Me asusté mucho durante ese tiempo.
—Pobrecita. Y yo que me quejaba de mi embarazo. —Hermione sonrió y las chicas la acompañaron.
Cuando se dieron cuenta ya era totalmente de noche y estaban todos muy cansados. James dormía en los brazos de su padre y los pequeños también dormían. Los hombres se levantaron los primeros. Draco se puso detrás de la silla de Jade y se inclinó para susurrarle al oído. Ella le dio un beso y se levantó acomodando a Scorpius en sus brazos. Harry y Ginny salieron del comedor con los dos pequeños en brazos y Teddy cogido de la mano, y se despidieron de todos. Hermione y Ron los imitaron con Rose en brazos y también se despidieron de Molly y los demás. Les siguieron Jade y Draco hasta el jardín. Ellos habían llegado con la aparición conjunta y antes de irse también se despidieron.
—Muchas gracias Molly por haber contactado con nosotros para invitarnos. Espero que nos veamos pronto.
Y así sería, no tardarían mucho en volver a verse.
¡Se acabó del todo! Esperamos que los que hayáis llegado hasta aquí os haya gustado. Sabemos que este tipo de historias no gustan a todo el mundo pero fue nuestra primera historia y como tal tiene sus fallos pero también tendrá cosas buenas ¿no? :D
Gracias a los que habéis comentado y a todos los lectores. Todos los comentarios han sido bien recibidos, nos gusta que nos digáis qué opináis, sea bueno o malo ^^
¡Hasta que nos leamos!
