Holaaa comoo estan mis lectoras hermosas ok me demore casi una semana en actualizar pero es que me fui a un encuentro y llegue con gripa por que hacia mucho friooooooo asi que entenderan verdad? y GRACIAS a las que se preocuparón por mi tio el esta bien gracias a Dios las ptrotestas fueron en el centro de Manchester lejos de donde el vive y de la Universidad, Y SI ESTAN QUEDANDO MUY CORTOS LOS CAPITULOS PERO ES QUE LOS ESTOY PARTIENDO A LA MITAD ajajajja eso es todo Byeeee disfruten.
NI LA HISTORIA NI LOS PERSONAJES ME PERTENECEN YO SOLO ME ADJUDICO LA ADAPTACIÓN
Los siguientes días fueron un sueño. Una verdadera luna de miel. ¿Seis preservativos? Hubo muchos, muchos más, porque una vez que empezaron era imposible parar.
Isabella sentía la misma locura que había sentido a los diecisiete años, estaba tan locamente enamorada como entonces. Edward sólo tenía que mirarla para hacer que se derritiera, sólo tenía que tocarla y todo su cuerpo respondía a él de inmediato con el deseo más puro.
—Mi ardiente mujer —la llamaba él mientras la estrechaba en sus brazos una y otra vez—, mi esposa cautiva. Estoy pensando tenerte aquí prisionera para siempre.
A ella le parecía bien. El tiempo que había compartido con él en el pasado habían sido momentos robados, una pasión cargada de culpa. El miedo y la cautela la habían hecho dudar en la noche de bodas, pero una vez olvidadas ambas cosas, descubrió que no había nada de lo que preo cuparse. No existía nada más que el amor que sentía por él.
Podía hacerla suya de todas las maneras posibles, y lo hacía. Isabella también lo hacía suyo a él porque, porque, si Edward podía ser exigente, también podía serlo ella. Podía ser tierno y despertaba en ella una ternura que ni siquiera sabía que poseía.
Ashley volvió a aparecer y también lo hicieron Kellan y Felix, pero se mantuvieron en un segundo plano. Aquélla era su isla desierta, su paraíso, sólo para ellos dos.
Deefer formaba parte de su mundo, una bolita peluda y alegre que los seguía a todas partes, que perseguía a las gaviotas en la playa mientras sus amos daban rienda suelta a la pasión y al placer.
Sin embargo, aquel paraíso no podía durar siempre. Tuvieron tres días, después el cuento de hadas llegó a su fin.
Acabó con una llamada en la puerta del dormitorio. Eran las once de la mañana. Habían estado nadando y habían hecho el amor a la orilla del mar antes de volver a disfrutar de un desayuno tardío. Mientras Deefer dormía, Edward y Isabella se habían metido a la ducha con la intención de vestirse después, pero no habían llegado a hacerlo. La cama resultaba demasiado tentadora.
La llamada a la puerta llegó cuando yacían juntos, exhaustos de placer.
—Alteza, tiene una llamada del príncipe Emmett —anunció Felix desde el otro lado de la puerta, en tono de disculpa.
Maldita sea —protestó Edward al tiempo que apartaba a Isabella con un beso para poder levantarse-¿Me prometes que me esperarás aquí?
-!No tengo energía para moverme! No tardes.
Edward se vistió rápidamente y desapareció, dejando a Isabella con un mal presentimiento.
Un presentimiento que no tardó en cumplirse. Edward estuvo fuera más de media hora. Cuando volvió, Isabella ya se había duchado de nuevo y vestido, y estaba a punto de salir de la habitación en el momento que él abrió la puerta. Con sólo mirarlo a la cara, supo que la luna de miel había terminado.
—Tenemos que irnos —anunció con gesto sombrio.
—¿A Volterra? —preguntó ella, con el corazón encogido.
—Yo tengo que ir a Grecia. Hay rumores de que han vendido el diamante a un comprador privado. La gente de Forks ya está siguiendo el rastro y, si lo encuentran antes que nosotros... —no terminó frase, no era necesario—. Felix está preparando el helicóptero. Nos vamos dentro de media hora.
Eso fue todo. No le preguntó si tendría tiempo suficiente, ni le dijo que sentía que hubieran interrumpido su luna de miel. Edward estaba ya centrado en otra cosa, volvía a ser un príncipe. Y ... ¿en qué situación la dejaba a ella?
Quizá pudiera quedarse allí.
No, sabía que eso no era posible. Tenía que volver a Volterra y ver... si allí había futuro para ella.
Claro que Edward nunca había dicho que tuviera futuro como princesa,ni como su lo que él sabía, ella aún quería volver a casa. Y así era, se dijo a sí misma de inmediato. Por su puesto que quería volver a casa.
Isabella lo dejó duchándose y salió de la habitación; Ashley la esperaba con gesto ansioso.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó el ama de llaves.
—La verdad es que no lo sé, Ashley —admitió Isabella—. Por el momento sólo se me ocurre que no tengo ropa para volver a Volterra como esposa del príncipe. ¿Por qué no me ayudas a ver si encon tramos algo en ese armario que me haga parecer mínimamente respetable?
—Más que eso —dijo Ashley al tiempo que le daba un abrazo—. Necesitamos algo con lo que parezcas una princesa, algo que sirva para que Edward se dé cuenta de que no puede perderte.
—Para eso tendría que ser un armario mágico —bromeó con tristeza—. Mejor no contemos con milagros.
Debajo del agua, Edward notó que se le había revuelto el estómago. Casi lo había olvidado. Los últimos tres días habían sido mágicos, pero la lla mada de Emmett lo había devuelto a la realidad de la peor manera posible.
—Tienes que volver —le había dicho su hermano—. No puedo confiarle a mucha gente la información que tengo sobre el diamante. Tienes que ir a Grecia a buscarlo.
—No puedo dejar a Isabella.
—Ya has hecho lo que tenías que hacer con ella. El problema está solucionado. Ahora tenemos asuntos más importantes.
—Es mi mujer...
—Porque tenía que serlo —le recordó Emmett duramente—, pero tú no quieres seguir con ella —y, entonces, al no recibir una respuesta por parte de Edward,Emmett resopló—. Está bien. Reconozco que es muy guapa. Pero si quieres que siga con nosotros, tendrá que aprender a respetar las reglas del juego. Ya estamos en una situación lo bastante complicada como para que ella la empeore... Déjala en la isla o mándala a Australia —titubeó un segundo—. No, puede que sea demasiado pronto para eso. Pero si se queda, tienes que asegurarte de que se mantiene en un segundo plano.
—Ella no nos va a ocasionar ningún problema, Emmett —aseguró Edward.
—Ahora mismo cualquier cosa puede ocasionarnos problemas —respondió su hermano—. Estamos en el filo de la navaja. Tenemos que encontrar ese diamante urgentemente. Así que vuelve ya.
La conversación había terminado con esa frase y Edward se había quedado con la mirada clava da en el vacío.
La jaula de oro de la realeza... No recordaba un momento de su vida en que no lo hubiera odiado.
De pronto surgió en su mente un recuerdo no convocado y seguramente inoportuno.
A los seis años, había caído muy enfermo por culpa de una fiebre reumática. Recordaba vagamente haber pasado mucho tiempo en la cama y que su madre acudía a verlo y pasaba horas junto a él, algo excepcional porque las normas de su padre, el rey Carlisle, determinaban que la relación entre los príncipes y sus padres se limitaba a un repaso diario de lo que habían hecho los niños. Pero hubo un día especialmente en que su madre se quedó a su lado, con gesto preocupado. También recordaba las palabras mágicas que le había dicho la reina a la niñera, a Ashley:
—Muy bien, si es lo que ordenan los médicos, puedes llevártelo a casa. Voy a desobedecer a mi marido por una vez, pero no dejes que se olvide de cuáles son sus obligaciones.
Después de aquello, Edward había pasado tres meses en el pueblo de Ashley, viviendo en casa de ésta. Aquel pueblo de montaña era conocido por sus cualidades terapéuticas, especialmente en dolencias respiratorias. Ashley le había prometido al Rey que tratarían a Edward como a un príncipe, pero nada más bajar de la enorme limusina que los había llevado al pueblo, la niñera lo había abrazado y le había dicho:
—Ya te tengo conmigo, pequeño, y voy a hacer que te pongas bien. Será nuestro secreto: los próximos tres meses quiero que seas un niño. Quiero que seas completamente libre.
Y lo había sido. En cuanto su salud había mejorado un poco, Edward había corrido por todo el pueblo y había jugado con los niños del lugar como si fuera uno más. Ashley lo abrazaba y besaba a menudo, y lo acostaba cada noche en la habitación que compartía con uno de sus nietos. Nunca había dormido tan bien como en aquellos meses.
GRACIAS X LAS ALERTAS, FAVORITOS PERO SOBRE TODO A LOS REWIEWS:V,lizzy90 ,yasmin-cullen ,sthephanie9125,BkPattz ,brigitte,Chayley Costa ,sofizz01
