Hola aqui estoy con un nuevo y penultimo capitulo de UROUA! si señoritas se nos acabo la historia pero tranquilas que aqui su servidora AnithaPattz tiene va a hacer una secuela o outtakes todavia no lo se pero desde mi punto de vista Besitosss Hermosas! Byeeee
ESTE ES SOLAMENTE EL PRINCIPIO DEL OTRO LO EDITE EN UN MOMENTO EN QUE SE CAYO EL INTERNET ASI QUE PRONTO SUBIRE EL RESTO DEL CAPITULO
CHAYLEY SUBE ACA QUE LA QUIERO LEER PORFISSS TKM:ANIS
NI LA HISTORIA NI LOS PERSONAJES ME PERTENECEN YO SOLO ME ADJUDICO LA ADAPTACIÓN
Era increíble. Primero un viaje a Grecia en un barco de pesca con unos amigos de Edward. Según le dijeron, corría el riesgo de que Emmett intentara intervenir, por lo que era mejor que estuviese acompañada de gente de la confianza de Edward. Después la llevaron al aeropuerto y desde allí, Deefer y ella volaron en primera clase hasta Perth, donde tuvo que despedirse de su perro. El pobre tendría que estar treinta días en cuarentena antes de poder ser australiano. Nada más salir del edificio, Isabella se encontró con un piloto que no comprendía cómo había tardado tanto en encontrarla. La informó de que lo habían contratado para llevarla a Munwannay.
Un mes antes seguramente habría tenido que ir haciendo autostop. Debería haberse puesto contenta, pero lo cierto era que se sentía una desgraciada.
Ya en Munwannay, la esperaban más cambios. A su encuentro acudió un hombre de mediana edad, acompañado de un perro.
—Buenas tardes, señora —se presentó con una sonrisa en los labios y un acento que dejaba claro que era de la zona—. Soy Harry Cleathwater y éste es Seth —añadió señalando al perro—. Su esposo me ha enviado para que la ayude a arreglar todo lo necesario. Y, si usted, Seth y yo nos llevamos bien, su marido había pensado que quizá pudiera quedarme para ser su capataz. Podemos estar aquí tres meses a prueba a ver qué opina de nosotros. Yo ya le puedo decir que este lugar es una maravilla. Su marido dice que tiene usted muchas ideas y estoy deseando escucharlas.
Bella sonrió y Seth levantó una pata como para saludarla, sin sospechar que acababa de con quistarla.
Del mismo modo que la conquistó el ama de llaves, enviada también por su Sue Simons, una mujer rellenita y encantadora que le recordó enormemente a Ashley.
De algún modo,Edward había elegido unos empleados con buenas referencias y una personalidad que Isabella aprobó de inmediato. Debía de haber empezado a organizarlo casi antes de la boda, porque tanto Harry como Sue llevaban ya allí una semana y habían hecho verdaderos milagros con la casa y el terreno.
—Estaré encantado de ir a las ferias de ganado con usted —dijo Harry -, aunque Su-Alteza dice que usted conoce el ganado mejor que, nadie en toda Australia y no quiero entrometerme. Me dijo también que dispone de los fondos necesarios para comprar buenos ejemplares.
Así era. Isabella apenas podía creerlo cuando vio el extracto de su cuenta bancaria. Tenía dinero más que de sobra para arreglar aquel lugar y de volverle todo su esplendor.
Debería haberse sentido eufórica, pero no era así. Para empezar no tenía a Deefer, pero, sobre todo, no tenía a Edward.
Era completamente absurdo, pues sabía que si ella se hubiese quedado en Volterra, estaría echándolo de menos allí en lugar de en Munwannay, porque él seguiría viajando de un lado a otro mientras ella tomaba lecciones de decoro. Al menos, en la granja podía ensuciarse las manos, trabajar e ir donde se le antojara. Podía montar a caballo tanto como quisiera y, al llegar la noche, caer en la cama completamente rendida. Podía hacer planes para la granja. Podía volver a enseñar si lo deseaba.
Podía empezar de nuevo su vida.
Por eso no debería haber pasado las noches en vela pensando en Edward, en que si se hubiera que dado en palacio, quizá él dormiría con ella una vez cada dos semanas. Y quizá eso fuera suficiente.
Pensando que había sido una locura volver a Australia.
Intentó convencerse de que sería mejor cuando llegara Deefer, pero sabía que no sería así. Llevaba años enamorada de Edward y las últimas se manas habían hecho que el amor que sentía por él se convirtiera en un dolor que la desgarraba por dentro.
Una semana después de haber llegado a Munwannay, recibió una llamada suya. Acababa de entrar por la puerta al final de la jornada cuando vio aparecer a Sue con el teléfono en la mano y una luminosa sonrisa en los labios.
—Es su marido —anunció como si fuera lo más normal del mundo.
Pero «su marido» la llamaba desde donde él vivía a donde vivía ella. No era normal en absoluto.
—Ho... hola —dijo y se hizo un largo silencio al otro lado de la línea, tan largo que pensó que se había cortado la conexión.
—Hola —respondió él por fin, con voz cansada—. ¿Qué tal va todo?
—Bien... estupendo —era difícil mantener la calma—. Has contratado unos empleados fantásticos —lo dijo con total sinceridad—. No sé cómo los has encontrado.
—Se me da bien encontrar gente fantástica-aseguró con una especie de gruñido—. Como mi esposa, por ejemplo.
—Calla —le suplicó al tiempo que se recordaba a sí misma que aquello no era real. Él pertenecía a otro mundo—.Edward, el dinero... Es demasiado.
—Espero que sea suficiente hasta que la granja esté en marcha y dé beneficios. Harry dice que no vas a tener ningún problema para conseguirlo. Pero si necesitas más, dímelo.
—No puedes darme tanto.
Eres la madre de mi hijo. Además, yo adoro Munwannay tanto como tú y quiero que recupere su esplendor. Puedo darte lo que me plazca y tú lo aceptarás.
—Ay, tu arrogancia —dijo sin pararse a pensar.
—Veo que sigues tan irrespetuosa como siempre —replicó él con menos tensión.
—¿Quién, yo?
—Sí, tú —dijo él con voz de estar sonriendo—. Mi princesa australiana. Mi Cenicienta.
—Yo no soy tu nada, Edward —le recordó suavemente y oyó cómo desaparecía la sonrisa.
—No.
—¿Sigues a la caza del diamante?
—Isabella, eso tiene que quedar entre tú y yo. Si se supiera...
—Estoy hablando contigo en la línea de alta seguridad que tú mismo mandaste instalar —era absurdo, un príncipe llamándola Cenicienta, líneas de seguridad y dinero de sobra.
—Isabella... —dijo de pronto, con voz más seria—, ¿eres feliz?
La pregunta la agarró desprevenida.
—Claro que no —respondió instintivamente.
—¿Por qué no?
«Porque te amo, estúpido», pensó, pero no podía decirle eso.
—Echo de menos a Deefer —dijo finalmente.
—¿Cuándo puedes ir a recogerlo?
—Dentro de tres semanas, pero es justo el día que llega el ganado que he comprado, así que el pobre tendrá que estar allí un día más hasta que pueda ir a recogerlo. Sé que es una tontería, pero me disgusté mucho al ver que coincidía.
—Encárgale a alguien que vaya a buscarlo.
—No pienso encargar a nadie que va a recoger a mi pobre Deefer —declaró tajantemente—. Bueno... ¿querías algo más?
—¿Puedo hablar con Harry?
—¿Quieres controlarme?
—Sí —admitió—. Me preocupo por ti y he oído que estás trabajando demasiado.
—Tú también debes de estar haciéndolo, porque pareces muy cansado, pero supongo que no puedo hablar con tus ayudantes para que me informen.
—Yo no...
—¿Cuánto dormiste anoche?
—Eso no es...
—Asunto mío —terminó ella la frase—. No, por que no soy tu mujer, Edward, y tú no eres mi marido. Así que deja de controlarme. Gracias por todo lo que has hecho por la granja, pero, si no quieres nada más, adiós.
Gracias por los rewiews a:CaroBereCullen ,asetcba ,Chayley Costa ,conejoazul,lizzy90 ,beakis,V,Maya Cullen Masen ,yasmin-cullen ,Micky67,AleCullenn ,ISACOBO
