Aquí dejo otro capitulo otro capitulo, espero que sea de vustro agrado. Se agradecen los comentarios! Gracias por leer ^^
Capítulo 3
Eran como el día y la noche. De estatura alta para la edad que tenían, eran el vivo retrato de sus madres. Mientras que uno era moreno con el pelo liso y flequillo largo de ojos color caramelo, como los de la morena, el otro era rubio con el pelo corto y de punta, con los ojos de un color indefinido. No podría decirse si eran verdes, azules o turquesa. Eran una mezcla de todos ellos.
Dylan, alto y con la mirada perdida, se parecía cada día más a Faith. Daniel, alto y algo desgarbado, tenía la misma mirada penetrante que Buffy. El moreno con cara de niño, seguía escondiéndose detrás de su madre, de ese chico rubio de pelo pincho que lo miraba sonriente. Sin poder soportar ni un minuto más esa mirada tan penetrante, le pegó un estirón al camal de su madre para que volviera a cogerlo en brazos. Sin embargo, la morena estaba demasiado ocupada en controlar sus emociones y en articular algún sonido con sentido.
-Mami… -esta vez había tirado tan fuerte, que había desequilibrado a Faith.
-¿Cómo te llamas? –el chico rubio seguía insistiendo y se acercó un poco más- ¿Cuántos años tienes?
-Dylan –parecía que se la había pasado un poco la vergüenza, y haciendo un esfuerzo sobrehumano se había sacado el dedo de la boca. Después de todo, ese chico rubio no parecía malo e iba con la chica esa que él y su madre vieron la noche anterior en el cementerio.
Por su lado, las dos cazadoras seguían sin poder decir palabra alguna, mientras que los pequeños, después del shock, estaban hablando de sus cosas muy entretenidos. Incapaces de reaccionar, siguieron mirándose detenidamente, como mucho tiempo atrás habían hecho de manera constante. Si la noche anterior había sido un gran shock para ambas, este encuentro fortuito superaba con creces cualquier otro.
Descubrir que la otra tenía un hijo era algo que sobrepasaba sus expectativas. Y, para su desgracia, ninguna de las dos podía negarlo u ocultarlo y hacerlo pasar por hijo de alguien, debido a que los pequeños se parecían considerablemente a ellas. Con algún que otro rasgo diferente, pero la viva imagen de ellas.
Sin embargo, parecía que los pequeños habían congeniado extremadamente bien. Después de que a Dylan se le pasara la vergüenza, habían entablado una entretenida conversación sobre los Transformers. Para cuando querían haberse dado cuenta, los niños estaban levantándose del bordillo y parecían haberse hecho muy amigos. El primero en hablar fue Danny.
-Mami, ¿se puede venir Dylan?
Por su lado, el moreno había ido directo a su madre para ponerle cara de pena y que le dejara ir a jugar con su nuevo amigo. Se lo había puesto tan divertido, que estaba ansioso de ir.
-¿Puedo? –se puso a dar saltitos cuan conejo- ¿Puedo, puedo, puedo…?
-[¿Por qué ahora? Eran sólo dos días, ¿no podía esperar?] Esto… -ninguna de las dos sabía qué contestarles. Pero si no respondían rápido y lo que ellos querían oír se enfrentaban a dos posibles niños gritones-. Eso… -se arrodilló para estar a su altura, lo miró para luego dirigir la mirada a la rubia- no depende de mí.
El pequeño la miró suplicante, a pesar de que sabía que no era su madre la que tenía la última palabra en este asunto. Se giró hacia su nuevo amigo, implorándole con la mirada que lograra convencer a su respectiva madre.
Buffy sabía que esta era una oportunidad única y tenía que aprovecharla como fuera. Sin embargo, no fue la mirada suplicante de su hijo la que la convenció, sino la rápida mirada que le echó el moreno. Ver esos ojos color caramelo… era como si estuviera viendo a Faith. Por unos segundos se quedó parada sin poder reaccionar. Danny le dio un golpecito y esta, decidida le guiñó un ojo a su hijo y otro a Dylan, dándole a entender que por ella no había ningún problema en los acompañaran.
-Me prometiste que podríamos hacer lo que yo quisiera… -suplicó el pequeño.
-¿Cuándo he dicho yo algo así? Seguro que ese día no estaba yo en mis cabales –el comentario hizo reír a los dos niños.
-Por fi… te prometo que me portaré bien y que me peinaré cuando me lo digas.
-Esto… -estaba claro que iba a decir que sí, ya que la sonrisa en su rostro la delataba.
-Por mí no hay ningún problema –añadió Buffy, volviendo a guiñarle el ojo.
-¿Sí?
-[¿Por qué sólo me pasan estas cosas a mí?] Qué remedio…
-¡Bien! –gritaron los dos pequeños.
-¿Y adónde vamos?
-Mi madre y yo íbamos a ir a un castillo de bolas –aclaró el rubio.
-¿Adónde? –la morena estaba descolocada.
-A un castillo de bolas… -le repitió su hijo viendo que su madre no se enteraba de nada.
-Eso ya lo había oído… ¬¬ -lo cogió en brazos y empezó a hacerle cosquillas.
-¡Para…! Jajajajajaja
-¿Desde cuándo hay una cosa de esas aquí? Porque… que yo sepa eso no estaba hace unos cuantos años.
-No hace mucho, la verdad. Unos dos o tres años como mucho –dijo pensativa la rubia.
-Lo descubrimos el otro día por casualidad. ¿A qué sí, mami?
-Sí…
-Y como buena mamá que es, me prometió que hoy iríamos –dijo con una sonrisa en el rostro.
-Pero mira que eres pelota –el niño se encogió de hombros.
-¿Está muy lejos? –el moreno estaba deseoso de llegar.
-No, a dos calles de aquí –miró a Buffy y esta asintió- ¡Tú la llevas! –le dio en el hombro a Dylan y salió corriendo. El moreno le imitó.
Era la segunda vez que se quedaban a solas. Aunque técnicamente era la primera, ya que en la anterior estaba Dylan. Anduvieron en silencio durante unos minutos sin saber de qué hablar. De vez en cuando se miraban de reojo, para acto seguido, mirar al frente y buscar a los dos pequeños. El nerviosismo podía con ellas y eran incapaces de ocultarlo del todo. Cualquiera que las viera, lo notaría en seguida. Por suerte para ellas, ninguna de las dos parecía notarlo.
Aunque no lo admitieran, cada vez que sus miradas se cruzaban, aunque tan solamente fueran unos segundos, se ruborizaban como si tuvieran otra vez 16 años. Podían notar ese nudo en el estómago, ese nerviosismo por estar tan cerca de la otra, ese sudor frío que recorría sus espaldas, sus respiraciones entrecortadas… Parecían haber olvidado todas esas emociones y sentimientos, enterrados tanto tiempo atrás. Sin embargo, ninguna de las dos se iba a dejar llevar por ellos. Y mucho menos la morena, no podía. Simplemente no sería justo. Los sentían y los tenían, pero eso era todo. Nada más. No podían permitirse caer en esa tentación. El volver a ver a Buffy la había trastocado y empezaba a ser insoportable. Estar tan cerca de ella y no poder tocarla… la estaba volviendo completamente loca. Por su lado, la rubia no estaba en mejores condiciones que ella. Estaba muy confusa y no tenía muy claro que era lo que quería. No le gustaba estar tan contrariada. Se sentía impotente ante esta hecho. Siempre que estaba cerca de Faith le pasaba. Pensaba que ya estaba olvidado y que después de todo, estaba más que superado, pero estaba muy equivocada. Muy pronto se daría cuenta de ello.
Ambas sacudieron sus cabezas a la vez, intentado alejar esos pensamientos de sus mentes. Bastante tenían ya con cuidar a sus respectivos hijos, como para que ahora, estuvieran dándole vueltas a asuntos de tantos años atrás que, se suponía, ya estaban olvidados.
Para cuando se dieron cuenta, vieron que ya habían llegado al castillo de bolas. Ambas pusieron caras de sorpresa, ya que no se habían dado cuenta de que ya habían llegado. Era como si sus pies las hubiesen llevado hasta allí. Los que sí que no perdían el tiempo, eran los dos pequeños. Para cuando se dieron cuenta, estos ya estaban en el mostrador y a punto de quitarse las zapatillas, haciéndoles señas para que se acercaran y pudieran entrar de una vez. Después de pagar, los pequeños se quitaron sus zapatillas y se las dieron al chico que estaba en recepción. Les dio unas pulseritas con los números correspondientes a ellas; se las pusieron y echaron a correr, directos a la gran piscina de bolas que estaba en el centro de la enorme sala. Pero antes de que pudieran llegar muy lejos, sus madres le hicieron ir a donde estaban ellas.
-¿Qué pasa ahora? –se quejó el moreno, que tenía el ceño fruncido y se había cruzado de brazos.
-No vale enfadarse, ¿de acuerdo? –el pequeño medio asintió sin dejar de fruncir el ceño-. Aquí dentro hace mucho calor y si te vas con el suéter puesto cogerás la pallola. Así que, dámelo y te quedas con la camiseta.
-Tú también, Daniel.
Los niños obedecieron a las cazadoras a regañadientes, porque les estaban quitando un tiempo precioso en el que ya podrían estar tirándose las bolas de colores. Después de haberse quitado el suéter y la chaqueta echaron a correr rápidamente, no fuera que sus madres les dijeran algo más.
-¡Mierda! –la rubia se giró.
-¿Qué es lo que pasa?
-No he traído ninguna camiseta para que se cambie… -dijo más para sí que para Buffy.
-Yo he traído dos. Si quieres… -hizo una pausa y se la tendió a Faith-, te dejo una para Dylan.
-Esto… [¿Por qué, por qué, por qué…?] Gracias.
Desde donde estaban podían ver perfectamente lo que estaban haciendo sus hijos. Les encantaba verlos reírse y quitar como lo estaban haciendo. Eso sólo podía significar una cosa. Que se lo estaban pasando bien. De esta manera, evitaban tener que mirarse o hablarse. Aunque de vez en cuando, alguna que otra mirada de reojo se lanzaban mutuamente, sin que la otra se diera cuenta. Sin embargo, sabían de sobra que no podrían estar así todo el rato, hasta que se fueran. Ya que podrían estar horas ahí sentadas. Tarde o temprano tendrían que entablar una conversación. Aunque fuera sobre mesas y sillas.
Faith estaba muy nerviosa. Le sudaban las manos y no podía estarse quieta en el mismo sitio más de dos segundos. Intentaba mantenerse en constante movimiento. De vez en cuando le dirigía miradas furtivas a la rubia como si quisiera captar su atención, pero rápidamente volvía a centrarse en los quehaceres del pequeño. Ella no iba ser quien diera el primer paso.
Por su parte, Buffy parecía un poco más tranquila que la morena. Sin embargo, en su interior estaba revolviéndose inquieta por estar tan cerca de su ex compañera. Podía notar sus miradas inquisidoras. Lo único que estaba consiguiendo con eso, era ponerla todavía más nerviosa de lo que ya estaba. Solamente la tranquilizaba mirar como su hijo jugaba con el moreno. Este era uno de esos momentos en los que le hubiese gustado tener seis años y ninguna complicación. Sin responsabilidades ni sentimientos confusos. Cansada de tanto silencio, fue la primera en romper el hielo.
-Bueno… ¿qué tal todo? –hizo un gran esfuerzo por dirigirle la mirada.
-Bien… -dijo tímidamente.
-Hacía mucho tiempo que no venías a Sunnydale.
-Lo sé. Cuando salí de la cárcel me volvía Boston. Tampoco es que tuviese a muchos sitios a los que ir…
-[¡Mala idea! ¡Cambia el tema!] ¿Y cómo es que has vuelto?
La morena se quedó pensativa durante unos minutos. No tenía muy claro que iba a decirle sobre su llegada a Sunnydale. Después de todo, la verdadera razón de haber vuelto, había sido porque quería verla una última vez. Aunque esta no era la idea que tenía en mente.
-No sé… supongo que para que Dylan vea donde pasé los mejores años de mi vida adolescente. Además, que echaba de menos el cementerio de Sunnydale, ¿para qué mentir? –las dos cazadoras se rieron. La tensión empezaba a desvanecerse.
-Sí, la verdad es que no ha cambiado mucho desde que te fuiste. Siguen estando los vampiros despistados y los que intentan dominar el mundo constantemente, abrir la boca del infierno… etc, etc, etc.
-Qué tiempos aquellos… -dio un suspiro y dirigió la atención a los pequeños. Buffy hizo lo mismo.
-¿Cuántos años tiene?
-Cuatro. A finales de año hará los cinco. ¿Y el tuyo?
-Cinco. En dos meses hará los seis.
-Vaya. Se llevan el mismo tiempo que nosotras –dijo con una sonrisa-. Bueno, más o menos –añadió.
-Sí –hizo una pausa-. ¿Puedo hacerte una pregunta? –la morena alzó una ceja-. Es mera curiosidad.
-Dispara.
-Cuando nos vimos ayer por la noche en el cementerio, ¿Dylan estaba contigo?
-Sí. Se viene siempre conmigo. Es algo que le apasiona.
-¿Cómo es eso? –a la rubia le picaba mucho la curiosidad.
-Al contrario que tú, yo no he tenido la suerte de tener una hermana menor, una amiga y un vigilante tan entregados que harían cualquier cosa por mí y cuidarían de Dylan mientras yo me iba a patrullar. Por suerte, durante los primeros meses, cuando era muy pequeño, podía dejárselo a una amiga. Es una gran amiga de cuando éramos pequeñas y no tuvo ningún problema en cuidarlo mientras estaba fuera. Y sí, sabe que soy cazadora. Pero cuando cumplió un año decidí que lo mejor sería que viniera conmigo. No podía abusar tanto de ella. Desde entonces, le encanta ir a patrullar.
-¿Y su padre?
-No sabe siquiera que existe. Fue una noche fatídica. Iba muy mal y no sabía muy bien lo que hacía. Tampoco tengo interés en que lo sepa. Fue un rollo de una noche.
-¿Y nunca te ha preguntado? –empezaba a sentirse como una maruja. Cosa que, sin lugar a dudas, lo era.
-Sí, pero no ha vuelto a salir el tema. Tampoco es que tenga mucho interés en conocerlo. [La verdad es que Amy ha hecho mucho por él. Nos tiene a las dos. No necesita a nadie más]. ¿Qué hay del de Danny?
-Tampoco lo conoce –la morena moviendo la cabeza animándola a que siguiese. Vaya par de cotillas-. Estuvimos juntos un año y poco. Cuando se enteró de lo de Daniel, se largó. Ninguno de los dos estuvimos muy involucrados, pero bueno…
-¿Y Danny?
-[Que manía tiene de decir todos los nombres con diminutivos…] Durante los primeros años estuvo un poco insistente, pero al ver que no conseguía lo que quería, se olvidó del tema.
-¿Entonces lo has criado tú sola?
-Sí y no. Dawn me ha ayudado mucho. Al igual que Willow, Tara y Giles. De vez en cuando se venía y jugaba con él, lo poco que aguantaba. Es que ya está mayor… -las dos soltaron una carcajada-. Para Daniel, Giles es como su abuelo.
-¡Vaya! Quien lo iba a decir de ese británico estirado… -dijo sonriendo.
-[Si es que no cambia…] Faith… -dijo en tono de aviso.
-¡Era broma!
-Se lleva muy bien con todos. En especial con Xander. Para la edad que tiene le toma mucho el pelo.
-Es Xander, ¿qué más se le puede pedir? Siempre tan inocentón, jejeje. Por cierto –dijo ya más en su salsa-, ¿qué ha sido de ese rubio oxigenado?
-¿Spike?
-El mismo que viste y calza.
-Sigue en el sótano ¬¬
La morena fue a contestarle, cuando los dos pequeños llegaron corriendo y riéndose a donde estaban las cazadoras. Parecían estar exhaustos, pero felices. Estaban sudando la gota gorda y respiraban entrecortadamente.
-¿A qué viene tanta prisa? –Faith había visto la cara de su hijo y sabía que algo estaba tramando. Estaba a punto de pedir por esa boquita-. A ver, ¿qué es lo que quieres?
-Nada… ¿por qué dices eso, mami?
-Porque para tu desgracia, no sabes poner cara de póker. Se te ve a la legua.
El moreno se cruzó de brazos y frunció el ceño. Era su postura favorita y Faith era incapaz de negarle nada cuando se ponía así. Estaba taaaaaan mono…
-Eso significa que tú también vienes a pedir algo.
-Noooo, que vaaaaa… -dijo con una sonrisa pícara.
Faith había cogido al pequeño en brazos y se había vuelto a sentar en la silla al lado de Buffy, sentando en sus rodillas a Dylan.
-A ver pillín, ¿qué es lo que quieres ahora? –le preguntó mirándolo con una ceja alzada.
-Nada –dijo tajante. Todavía seguía indignado.
-No seas mentiroso… -empezó a hacerle cosquillas.
-Jajajajajajaja ¡Para!
-[Que monos…] Ya que Dylan no puede hablar, hazlo tú. ¿Qué es lo que andabais tramando?
-¿Podemos ir a comer al McDonald's?
-Pero si eso ya lo habíamos hablado.
-¡¿Entonces eso es un sí? –al rubio le brillaban los ojos.
-Mmmmm… -dijo rascándose la barbilla- depende…
-¡Eso no vale! –Dylan había recobrado la compostura-. Mami, habías dicho que sí –le reprochó.
-Está bien… -acabaron por ceder las dos cazadoras. Quien hubiera dicho que dos cazadoras tan fuertes acabarían por ser derrotadas por dos renacuajos de cuatro y cinco años.
-A ver, dispara –dijo la morena. El pequeño la miró sin comprender-. Sé que quieres algo más…
-Díselo tú… -suplicó Dylan al rubio.
-¿Decirnos qué? –preguntó Buffy alzando una ceja.
-¿Se puede venir Dylan a jugar esta tarde a casa? Así podrá conocer a la prima Neem.
-¿Prima? -¿Acaso Dawn también había tenido una hija?- ¿Dawn también…? –la miró un poco asustada.
-No. Se refiere a la hija que tienen Willow y Tara.
-Ammmm…. –la morena no salía de su asombro. De lo que se enteraba una en una mañana.
Después de haber convencido finalmente a los dos pequeños para cejaran en su empeño por quedarse, se pusieron en camino al McDonald's para comer, ya que a todos empezaban a rugirles las tripas. La mañana se les había pasado volando, y a la que se había querido dar cuenta ya era la hora de comer. Les había costado Jack y ayuda conseguir que Dylan y Daniel salieran del castillo de bolas sin montar ningún numerito. Por un momento casi habían tenido que meterse dentro y cogerlos ellas mismas.
El siguiente dilema al que se enfrentaban era decidir qué comer. Tardaron más de diez minutos en decidirse y otros tantos en pedir. Cuando por fin lo consiguieron, se encontraron el con su próximo problema: encontrar sitio para los cuatro. Era hora punta y el establecimiento estaba que se desbordaba. Después de estar de plantón por más de un cuarto de hora, dos bandejas y dos niños quejándose constantemente, consiguieron encontrar una mesa donde Jack perdió el gorro. Por suerte para ellas, el resto de la comida transcurrió más o menos tranquila.
Después de haber reposado durante un rato, se pusieron en camino a la casa Summers. Ninguna de las dos tenía problema alguno en mantener una conversación, siempre y cuando, los pequeños estuvieran con ellas. El problema venía cuando, como en ese mismo momento, los dos niños se adelantaban y hablaban de sus cosas, dejándolas completamente solas. Era entonces, cuando ninguna sabía qué decir o hacer para que el silencio no se apoderase de ellas. Ninguna de las dos estaba cómoda del todo, ya que, aunque por mucho que lo intentaran, los sentimientos y las emociones del pasado, volvían a sus mentes para atormentarlas.
En ese mismo momento, estaba en estado de shock. Había pasado toda la mañana con Buffy, hablando de sus cosas y de todo lo que habían hecho durante seis largos años. Si alguien le hubiese dicho, unos años atrás, que iba a estar así con la rubia, lo más probable es que lo hubiese tomado por un loco. Sin embargo, ahí estaba, caminando junto a ella, con sus hijos justo delante, de camino a su casa. Definitivamente, estaba teniendo un sueño muy, muy, muy extraño… El codazo de la rubia la sacó de su ensimismamiento, haciéndola volver a la realidad.
-¿En qué piensas? –se había metido las manos en los bolsillos de los vaqueros.
-¿Qué? –dijo medio aturdida.
-Que, qué te ronda por esa cabeza loca.
-Esto… nada… -levantó la vista al cielo-. No sé si es cosa mía, pero esto me resulta muy extraño, ¿a ti no? –miró ahora a su hijo.
-¿Por qué lo dices?
-¿No te parece extraño estar ahora hablando conmigo y con dos pequeños ahí delante?
-[No, es justo lo que quiero] Bueno… un poco sí. No es algo que me hubiese esperado ver –dijo sonriendo.
Después de una breve pausa, la morena volvió a hablar.
-Sé que no estoy en posición de pedirte nada –la rubia la miró muy intrigada-, pero… ¿podría pedirte un favor?
-Claro.
-Es por Dylan. Él no tiene la culpa de todo lo que… -Buffy le había tapado la boca.
-Sé perfectamente lo que quieres decir –la morena la miró agradecida-. No te preocupes. Eso está hecho.
-Gracias –dijo tímidamente.
-¡Ya hemos llegado! –gritó el rubio.
La rubia se puso a rebuscar la llave en una pequeña mochila. Una vez la tuvo en la mano, se dispuso a abrir.
-Esto… creo que será mejor que nos vayamos –la morena no estaba muy segura de querer entrar.
-Eso no será necesario.
-Pero mami, si acabamos de llegar… -se quejó Dylan.
-Ya lo sé cariño, pero…
-No hay peros que valgan –dijo abriendo la puerta-. Ya estamos aquí –dijo alzando la voz cuando entró por la puerta.
-Sí que habéis tardado. ¿Habéis comido fuera?
-¡Tía Willow! ¿Dónde está Neem?
-¡Hola pequeño! Está en el comedor esperándote –la pelirroja levantó la vista. No podía creer lo que estaban viendo sus ojos. Soltó a su sobrino y se incorporó-. ¿Qué haces tú aquí?
