Vaya! Que sorpresa! Pensaba que había subido este capitulo. Parece ser que no, pues nada, subire este y el siguiente. Gracias por leer ^^
Capitulo 4
Sabía que no habían hecho bien en ir a la casa Summers. Esta simple aparición iba a ser motivo para una batalla campal con la pelirroja. Nunca se había llevado bien con Willow. Ni siquiera cuando todavía estaban en el mismo bando. Tampoco es que hubiera intentado ser muy amable con ella. Lo más probable es que el hecho de que hubiera intentado matarla en varias ocasiones hubiera sido un factor detonante para ese odio que le profesaba. Pero como se había temido, la pelirroja no iba a tener ningún tipo de miramiento o a contenerse estuviese Dylan o no.
-¡¿Cómo te atreves a venir por aquí? ¡¿Cómo tienes la cara tan dura de presentarte en esta casa con todo lo que nos hiciste? –Willow estaba fuera de sí.
-Puedes gritarme, insultarme e incluso pegarme si te apetece. No voy a oponerme, pero lo que sí te pido es, por favor, que vayamos a otro sitio a hablar o a lo que sea –lo estaba intentando. De verdad que lo estaba. Pero parecía que la vía pacífica no parecía funcionar en absoluto.
-¿Qué derecho tienes tú a pedirme nada a mí? ¿A cualquiera de nosotros? Intentaste matarnos a todos. En especial a Buffy. Lo que no sé es por qué estás aquí con ella. Eres una asesina y nada de lo que hagas o digas podrá cambiarlo nunca.
La morena había aguantado el chaparrón de acusaciones de la pelirroja como buenamente pudo. Todo lo que había dicho era verdad. Aunque le doliese era así. No iba a negarlo. Sin embargo, había pasado lo que ella había estado evitando durante cuatro años y desde que habían puesto un pié en Sunnydale. No soportaba que su hijo supiera todas las cosas malas que hizo años atrás, pero algún día se lo tendría que contar. Lo que realmente no quería era que se hubiera enterado por otra persona y de una manera tan brusca. Para ella, lo más importante en esos momentos, era su pequeño y no iba a permitir que nadie le hiciera daño, ya fuera física o psicológicamente.
-Mami… -el moreno tiraba del camal de Faith- ¿Por qué dice esas cosas de ti?
-Nos vamos, Dylan.
-Vosotros no os vais a ningún lado –dijo la rubia tajantemente y con los puños apretados. Lo peor no había sido la reacción de su compañera, sino que había sido incapaz de cumplir la promesa que le había hecho.
-¿Pero qué dices Buffy? –la pelirroja no entendía nada.
-¿Qué es lo que pasa cariño? –Tara había aparecido al lado de Willow. La cara de sorpresa de la bruja al ver a Faith, lo decía todo-. ¿Faith?
-Hola Tara… -dijo en tono solemne.
-¿Cómo te atreves a mirarla siquiera? –la morena ignoró el comentario, centrándose en su hijo.
-Mami, ¿qué es lo que pasa? –Faith lo cogió en brazos- ¿Dónde está Danny?
-Cariño, sé que ahora no lo entenderás, pero te lo explicaré más tarde ¿vale? –el pequeño asintió-. Ahora será mejor que nos vayamos –sin embargo, antes de que pudiera dar dos pasos, el brazo de Buffy le impedía que se fuera.
-No. Vosotros os quedáis –Buffy levantó la cabeza-. Will, creo que le debes una disculpa a Faith.
-¡¿Qué? –la pelirroja no salía de su asombro- ¡¿Pero qué dices? Jamás me disculparía ante alguien como ella.
-¿Qué ha pasado? –Tara seguía sin entender nada. Buscó alguna respuesta en sus amigas- ¿Will? ¿Buffy?
-¡¿Qué soy yo la que se tiene que disculpar? ¿Por qué dices eso? ¿Es que ahora te has puesto de su lado? ¿Con todo lo que nos hizo? ¡¿Desde cuándo? ¡¿Qué le has hecho? –se dirigió esta vez hacia la morena.
-Ella no tiene nada que ver, al igual que su hijo tampoco. Te has pasado tres pueblos.
-Buffy, de verdad, no tienes por qué hacer esto.
-¿Su hijo? –dijo con desprecio mientras miraba al pequeño-. Seguro que es igual que ella…
-Te había dicho de ir a otro lado –dijo ignorando ambos comentarios-. No creo que fuera muy difícil haber ido a otro sitio.
-Pues si ella no se va, nos vamos nosotras. No pienso permitir que ese niño –dijo señalando a Dylan con cara de desprecio-, esté cerca de Neem y mucho menos para que tenga algún tipo de influencia sobre ella. Ves a por Neem –dijo a Tara-, nos vamos. Además, ella no está en posición de pedirme nada. No tiene ningún derecho a ello. ¿No quería que se enterara él? Pues que no hubiese venido –dijo en tono mordaz-. Solamente he dicho la verdad.
La pelirroja se cubrió el rostro. Sus ojos sólo podían mostrar la incertidumbre y el desasosiego que la inundaban en esos momentos. El desconcierto escrito en su cara, lo decía todo. Nada más acabar la última frase, la mano de Buffy se había dirigido a la cara de Willow con un contundente plafff, dejándola con la boca abierta y sin poder creérselo del todo. Era la primera vez que la rubia le ponía la mano encima. Jamás se había sentido tan traicionada como ahora. Y todo por culpa de Faith. Siempre era su culpa. Siempre que ella y Buffy discutían o se dejaban de hablar, era culpa suya. Pero esto ya rozaba el colmo de los colmos. Si antes ya la odiaba de por vida, ahora era incapaz de escuchar su nombre sin evitar querer mandarle una maldición para toda la vida.
Habiendo Tara y Neem salido de la casa, Willow echó una última mirada asesina. Primero a Faith y luego a Buffy. Todavía no entendía el comportamiento de la que creía su mejor amiga. Despidiéndose rápidamente de su sobrino, las tres se subieron en el coche y se fueron.
Era increíble lo que había hecho. Todavía no se lo creía. Le había levantado la mano a su mejor amiga por defender a la morena. ¿Estaba volviéndose loco el mundo? ¿Acababa de defender a Faith frente a Willow? Jamás se lo habría imaginado. Puede que la llegada de la otra cazadora la hubiera trastocado un poco, vale mucho. ¿Pero tanto como para llegar a pegar a su amiga de toda la vida? Estaba claro que Willow se había sobrepasado la línea con creces. Toda la culpa era de Faith, no iba a quitarle la razón. Pero el pequeño Dylan no tenía la culpa por lo que hubiese hecho anteriormente su madre. Y si ella quería decírselo personalmente, unos años más adelante, la pelirroja no era quien para soltar semejante bomba. Sin contar el hecho de que se lo había prometido y había sido incapaz de cumplirlo.
Todavía sujetaba a su hijo entre sus brazos. Era incapaz de decir o hacer nada. La escena que acababa de presenciar la había dejado en un estado de shock del que no podía salir. Miraba estupefacta a su compañera, con Dylan tirándole de la manga para que reaccionara. Estaba empezando a replantarse varias cosas. Buffy la había defendido. Eso sí que la había pillado por sorpresa, y nada menos que de su mejor amiga. No era algo que se hubiese imaginado, ni en sus mejor tiempos con la rubia. Algo en su interior se revolvía nervioso nada más pensarlo. ¿Habrían vuelto todos esos sentimientos? ¿Esos sentimientos que había creído enterrados de por vida?
-¡Mami! –el rubio se acercó corriendo- ¿Por qué se han ido la Tía Willow, la tía Tara y la prima Neem? ¿Qué es lo que ha pasado?
…
-Llevan así un buen rato… -fue la respuesta del moreno, y la única que obtuvo.
-¿Por qué? –no entendía nada.
-¿Qué? –la rubia volvió en sí.
-Mamá, ¿estás bien? –su hijo la miraba muy preocupado.
-[Podría estar mejor…] Sí… -dijo mirando a su compañera.
-¿Qué pasa?
-Cosas de mayores, cariño –dijo cogiéndolo en brazos y entrando.
La morena la siguió como si de un zombie se tratase, cerrando la puerta tras de sí. Los pequeños al ver que sus madres no reaccionaban ante nada, se zafaron de sus brazos como buenamente pudieron y se fueron corriendo al comedor a ver la tele. Mientras tanto, ambas cazadoras, en especial Faith, seguían sumergidas en sus pensamientos, sin moverse ni un ápice de donde estaban.
Después de varios minutos en silencio, la puerta se abrió dando un golpe en la espalda de la morena, haciendo que reaccionara un poco. Por ella entró una sonriente, pero crecida Dawn, que chocó contra ella. Después de sacudir la cabeza y situarse, miró a la persona con quien había tropezado. Su cara fue todo un poema.
-¿Faith? –la susodicha se giró con la mirada perdida. Sabía que habían dicho su nombre, pero no sabía quien había sido- ¿Qué estás haciendo tú aquí?
-¿Es que nadie se cansa de preguntar lo mismo una y otra vez? –la pequeña Summers la miró con el ceño fruncido y se dirigió a su hermana.
-¿Buffy? ¿Qué pasa?
-Faith ha venido a pasar el rato.
-Necesito que me dé el aire. Necesito pensar. ¡Dylan! –gritó- ¡Nos vamos!
Los dos niños al escuchar que los llamaban fueron corriendo.
-Pero mamá, me habías prometido que me podía quedar –se quejó cruzándose de brazos.
-Es verdad –dijo apoyando a su amigo-. Mami, dile algo a tu amiga.
-Vale, ahora sí que me he perdido.
-¡Tía Dawn!
-¿Qué tal, pequeño?
-Bien. Este es mi amigo Dylan. Esta es mi tía –le dijo al moreno-, la hermana pequeña de mamá.
-¡Hola! –dijo sonriendo.
-¿En serio eres el hijo de Faith?
-Esto… ¿Dawn? –la llamó su hermana.
-¿Sí?
-Ven un momentito. ¿Chicos, por qué no vais al salón a ver la tele?
-¡Sí! –gritaron al unísono.
Buffy se llevó a un lado apartado a su hermana pequeña.
-¿Qué pasa Buffy?
-Esto… ¿te podrías quedar un ratito con ellos?
Sí, claro. ¿Pero pasa algo? –preguntó mientras miraba de reojo a la cazadora morena- ¿No será…?
-No…
-Creo que lo mejor será que me vaya. Si Dylan no os molesta no me importa que se quede esta noche, siempre y cuando no haya ningún problema. Se lo prometí y me sabe mal tener que llevármelo.
-Tú también te puedes quedar –se quedaron en silencio-. Bueno… si quieres –añadió. Su hermana la miró y frunció el ceño.
-No, ahora necesito estar sola. Vendré mañana por la mañana a primera hora. Dylan es bastante madrugador.
-Esto… ¿Buffy?
-Ve con ellos. Luego te cuento –Dawn le echó una mirada de advertencia.
La pequeña de las Summers se fue directa al salón, dejando solas a las cazadoras.
-Necesito tomar el aire –dijo abriendo la puerta-. Vendré en un rato a despedirme de Dylan.
-No –la cogió por el hombro- espera, Faith. Voy contigo.
-Quiero estar sola.
-Me da igual.
Con un gesto de total desacuerdo, la morena salió de la casa seguida muy de cerca de Buffy. Ésta, dispuesta a no dejarla escapar, se dedicó a seguirla donde quiera que fuese. No iba a permitir que volviera a largarse sin decir nada. Era su oportunidad, y no la iba a desaprovechar. Estaba más que claro, que la morena quería estar a solas. Sin embargo, no era el momento más indicado. No se lo recriminaba, pero huir no era la solución correcta. Era evidente que estaba dolida por lo que había dicho Willow, ella también lo estaría. No entendía cómo Faith había sido capaz de controlarse y no haberle dado un puñetazo. Sin lugar a dudas, no era la misma persona. Tampoco entendía por qué su mejor amiga seguía sin verlo. Como bien había dicho, el pequeño no tenía culpa alguna de los actos anteriores cometidos por su madre, y comprendía perfectamente que quisiera protegerlo de su pasado. Willow también tenía una niña, ¿cómo era posible que hubiese hecho algo así? La pequeña Neem tampoco sabía lo que ella había hecho cuando se convirtió en la Willow oscura. La intentaba proteger de todo lo malo que pudiese pasarle, ¿por qué Faith no iba a poder hacer lo mismo? No veía justo la forma de comportarse de su mejor amiga. Pero, por muy raro que sonase, lo único que quería en ese mismo momento era estar con la morena y consolarla. La verdad es que no era muy propio de ella, ya que no la había perdonado del todo. Aunque eso ahora no importaba.
Después de seguirla por más de diez minutos, vio donde se dirigía su compañera. En esos instantes estaba cabreada y con ganas de dar patadas y puñetazos a diestro y siniestro, y ¿qué mejor sitio que el cementerio de Sunnydale? Era una buena manera de descargar adrenalina y desahogarse de toda la mala hostia que le recorría todo su cuerpo en ese preciso momento.
Sabía que Faith quería estar a solas, y dentro del cementerio intentó darle esquinazo un par de veces. Pero no lo consiguió. Parecía mentira que no supiese que era su cementerio, se lo conocía como la palma de su mano. Es más, se podría decir que era como su segunda casa. No iba a ser tan fácil deshacerse de ella.
Mientras andaban, se iban cargando a varios vampiros que se metían en su camino. Aquellos que se le escapaban a Faith, se los cargaba Buffy, que se sentía en plena forma. No se había divertido tanto en años. Sin lugar a dudas, la había echado muchísimo de menos, en lo que a luchar se refería. A medida que avanzaban, la rubia podía notar como su compañera iba relajándose un poco más. Se notaba que estaba más cómoda y con más confianza, pero seguía enfadada. Buffy no podía más que mirarla de reojo y sentirse culpable, a pesar de que sabía que no era culpa suya. También sabía de sobra que no iban a cruzar más de tres palabras o incluso menos. Algo que con lo que no estaba de acuerdo.
Lo que más le gustaba de ir a cazar con la morena, eran sus conversaciones y sus insinuaciones cuando luchaban contra los vampiros. Tan sumergida estaba en sus pensamientos que, a la que se había dado cuenta, un vampiro la había acorralado contra un árbol, incapaz de quitárselo de encima. Para cuando iba a sacar su estaca, ya se había convertido en polvo, quedando frente a ella Faith.
Era increíble lo que había cambiado en esos años. No tanto físicamente, como psicológicamente. Tenía exactamente la misma cara que cuando se fue. Igual de juvenil y jovial. Sin embargo, sus ojos reflejaban los años pasados y las experiencias sufridas. Y, a pesar de que sabía que estaba enfada, no podía evitar pensar en lo mucho que la atraía, en lo buena que estaba y en lo mucho que le ponía. Esa mirada salvaje que tenía pintada la morena en su rostro la estaba volviendo loca por momentos, y si no probaba esos esponjosos labios sabía que moriría. Después de todo, parecía que Dawn iba a tener razón. Esos antiguos sentimientos parecían haber vuelto para quedarse. Pero, ¿para bien o para mal? Eso era algo que todavía no sabía, pero que sin lugar a dudas, estaba deseando descubrir. Ahora mismo lo que más le preocupaba era tener a la morena tan cerca. Podía notar como su pulso se aceleraba por momentos y su respiración se entrecortaba. Apenas estaban a unos pocos centímetros la una de la otra, tocándose así sus narices. Faith la miraba fijamente. La rubia era incapaz de seguir manteniéndosela y cerró los ojos.
Cada vez parecían estar más cerca. Buffy se sentía totalmente acorralada y muy vulnerable, frente a la morena, aunque no parecía importarle demasiado. Llevaba años deseando que su compañera reapareciese y así, retomarlo desde donde lo habían dejado. Sin embargo, después de tanto tiempo, ya no estaba segura de los sentimientos de Faith. ¿Serían los mismos después de seis años? ¿Habrían cambiado? No es que lo hubiesen hablado en profundidad. Tampoco es que hubiese mucho de lo que hablar. Pero ambas sabían perfectamente que había algo. O al menos, eso creía Buffy. No pudo seguir más con sus cavilaciones, ya que la morena había desaparecido. Para cuando volvió a abrir los ojos, la cazadora estaba en el suelo forcejeando con otro vampiro, que la había agarrado por detrás y desequilibrado. Había empezado a llover.
Reaccionando lo más rápido que su cuerpo, en ese estado, se lo permitió, sacó su estaca de la chupa y se abalanzó sobre él, convirtiéndolo en polvo. Buffy cayó encima de Faith, quedando sus labios muy cerca de los suyos, casi rozándose. Sin embargo, ésta vez no se iba quedar sin hacer nada. Ésta vez, sería ella quien tomara la iniciativa. A pesar de lo decidida que estaba, el nerviosismo estaba haciendo acto de presencia, entorpeciendo su cometido. Notaba su corazón latir desbocadamente en su pecho, al igual que el de Faith. Algo que, definitivamente, no la ayudaba en absoluto. Se acercó un poco más, tentando su suerte y unió sus labios con los de la cazadora morena.
La lluvia caía, empapándolas completamente, mientras sus cuerpos, que ardían bajo sus ropas, seguían juntos. Sus lenguas mantenían una lucha incansable, dejándose llevar por la pasión del momento. Las manos de Faith rodearon la cintura de Buffy inconscientemente. Después de varios minutos, la rubia, que había sido quien lo había empezado todo, se separó lentamente de su compañera, mirándola fijamente a los ojos. A esos ojos de color caramelo que tanto le gustaban. Era como si se hablaran a través de sus miradas. Algo que, como cazadoras, les había salvado el culo más de una vez. Podían decirse todo, y a la vez nada. Pequeñas gotitas caían de su nariz, precipitándose sobre Faith, que parecía absorta en sus pensamientos, mientras que sus ojos recorrían cada centímetro del rostro de la rubia, intentando adivinar lo que pasaba en ese mismo instante por su mente.
De repente la morena se levantó de un salto, haciendo que Buffy se incorporara bruscamente y dando con su culo en el suelo. Después de salir de su estado de shock, sacudió la cabeza, se puso en pié y siguió a Faith que se había metido entre los arbustos, intentando esquivarla de nuevo, sin conseguirlo, de camino a la casa Summers. Volvieron en silencio, una al lado de la otra, mirándose de vez en cuando de reojo. A pesar de lo confusas que se encontraban en ese momento, podían notar como sus mejillas se sonrojaban inevitablemente cada vez que se pillaban mirándose mutuamente. Sin embargo, la más confusa de las dos era Faith, ya que todo la había pillado por sorpresa. Sin lugar a dudas, había sido un día de lo más extraño. Su reencuentro con Buffy, el haber pasado toda la mañana con ella y su hijo, haber comido los cuatro juntos, la disputa entre ella y Willow, la consecuente marcha de las brujas y su hija, el increíble beso… demasiadas cosas para un mismo día.
Entraron por la puerta de casa completamente empapadas y sumergidas cada una en sus pensamientos. Nada más escucharlos, los niños fueron corriendo a recibirlas. Las cazadoras iban a cogerlos en brazos, pero recordaron que estaba lloviendo y que habían estado andando bajo la lluvia todo el camino de regreso a casa, y no era plan de empaparlos a ellos también. Así que los saludaron y Buffy subió a por unas toallas al piso de arriba para que pudieran secarse. Su hermana, al verla llegar, la siguió escaleras arriba. Tenía que hablar con ella y esta no iba a escaquearse.
-¿Buffy?
-¿Sí? ¿Qué pasa Dawn? ¿Te han dado algún problema los pequeños?
-No –se quedó pensativa-. Sabes, jamás me hubiese imaginado a Faith con chiquillo.
-¿Por qué?
-No lo sé. No tengo nada en contra de ella –se apresuró a decir al ver la cara de su hermana-. Es sólo… que me resulta extraño, no sé.
-A mí también, si te soy sincera. Solamente tiene un año menos que Daniel.
-Sí, lo sé. Hemos estado hablando los tres. Es un niño encantador y muy espabilado para su edad, además de muy educado.
-Es tal cual Faith –dijo más para sí que para su hermana.
-Está muy bien educado. ¿Quién lo iba a decir? Nadie diría que Faith es su madre.
-Que ella haya hecho todo lo que hizo años anteriores no significa que se mala o no sepa educar debidamente a su hijo –hizo una pausa-. Ha cambiado mucho.
-Yo no estoy diciendo eso, Buffy. Simplemente que no me lo esperaba de ella.
-¿Es que nadie se ha dado cuenta de lo mucho que ha cambiado? –no le gustaba que hablaran mal de la morena. Era tarde y ya había discutido con Willow. No quería tener que discutir con su hermana también por el mismo tema-. Me voy abajo. Tengo que llevarle la toalla para que se seque un poco –dijo enfada y salió por la puerta.
-Buffy –fue detrás, cogiéndola por el brazo-. No quería que te enfadaras. Sólo saber qué es lo que intentas.
-¿Por qué dices eso?
-Sabes de sobra el por qué te lo pregunto. No quiero que pase como la última vez.
-No va a pasar como la última vez.
-¿Tú crees?
-Sí –dijo tajante, intentando aparentar serenidad y determinación, aunque sabía que sus piernas parecían dos flanes -. Es mejor que no te metas –cerró la puerta y bajó las escaleras para reunirse con Faith y los pequeños.
Cuando estuvo bajo, Faith y los dos niños estaban correteando por la casa riéndose y gritando a pleno pulmón. Podía ver como la morena corría detrás de ellos intentando pillarlos, mientras los pequeños se escapaban y se iban cada uno por un lado, volviéndola loca. A pesar del alboroto que estaban montando, a Buffy le daba exactamente igual, ya que hacía mucho tiempo que la sonrisa de Faith no asomaba en su rostro con tanta sinceridad, y escuchar su risa era como música celestial para sus oídos. Verla jugar y perseguirlos de esa manera, la hacía derretirse. Era algo realmente tierno.
Se acercó hasta donde estaban los tres, que habían parado para coger un poco de aire, y le tendió a Faith una toalla para que se secara un poco. Ésta la aceptó y se quedó mirándola durante unos segundos, apartando rápidamente la vista cuando Buffy se la devolvió. Se quedaron en silencio. La morena levantó la vista otra vez mientras se secaba el pelo, para encontrarse con la penetrante mirada de Buffy. Las dos se quedaron observándose detenidamente, estudiándose, hasta que los dos pequeños llamaron su atención, haciéndolas reaccionar.
-Bueno… -después de haberse secado el pelo, le tendió la toalla a Buffy- creo que ya va siendo hora de que me vaya. Y tú –se agachó para ponerse a la altura del moreno-, pórtate bien, ¿eh?
-Pero mami, ¿por qué no te quedas? –le puso cara de pena.
-Esto… –no sabía qué decirle. La verdad seguro que no.
-Te puedes quedar, ya lo sabes –le dijo la rubia.
-Es que…
-Venga mami, quédate. ¿Sino, cómo voy a dormir contigo, eh? –la morena alzó una ceja.
-¡¿Pero cómo tienes tanto morro?
-¿Eso significa que te quedas? –preguntó el pequeño haciendo caso omiso al último comentario de su madre.
-Está bien… [Va a ser una noche muy interesante] -accedió finalmente.
-Muy bien [He conseguido que se quede a dormir, bueno, técnicamente ha sido Dylan, ahora solamente falta convencerla para que duerma conmigo y en mí cama. Estoy jodida] ¿Quieres algo de cenar? –la morena asintió y se dirigieron a la cocina.
Cuando entraron por la cocina, escucharon como los pequeños se tiraban en el sofá y encendían la televisión. Buffy se dirigió a la nevera, sacando dos botellas de cerveza y algo de picar y lo dejó en el banco, mientras Faith se sentaba en uno de los taburetes enfrente de ella. Ésta le ofreció una de las botellas de cerveza y se fue en busca de algo de pan. La morena desenroscó el tapón y le dio un largo trago, apoyó los codos en el banco y escondió la cara entre sus manos. Estaba siendo un día realmente agotador. Cuando Buffy volvió, escucharon de fondo las risas de sus hijos.
-Son inagotables –dijo sonriendo la rubia, obligando a Faith a levantar la cabeza y cogiendo su cerveza-. Estamos más cansadas nosotras que ellos. ¿Quién lo iba a decir?
-Y que lo digas –dijo dando un trago-, estamos para el arrastre.
-¿Ya no fumas? –preguntó al ver que no sacaba ningún cigarrillo. Algo que acostumbraba mucho a hacer con una cerveza en la mano.
-Nop. Lo dejé por el bien de Dyl.
Las dos se quedaron mirándose con una sonrisa de oreja a oreja, enfrascadas en sus propios pensamientos, cuando la pequeña de los Summers irrumpió en la cocina.
-¿Buffy?
-¿Sí? –dijo un poco sobresaltada.
-Me voy con Aidan –Dawn le echó una mirada de advertencia al ver la situación-, nos vamos al cine.
-Está bien, intenta no llegar muy tarde.
-Cuando acabe la película, Aidan me traerá con el coche.
-No seas tan mandona –interrumpió la morena- ya es lo bastante mayorcita como para saber cuándo llegar a casa –le guiñó un ojo.
-Tú no te metas ¬¬ -le asestó un patada por debajo de la mesa en la espinilla.
-Eso ha dolido…
-Será mejor que me vaya, ya que no tengo ganas de llevarme ningún golpe de la inminente disputa.
-Qué graciosa… -dijo Buffy mientras Faith alzaba una ceja.
-Por cierto, había pensado en pasar la noche en casa de Aidan –lo dejó caer.
-Está bien…
-Gracias Buffy ^^ -le dio un beso y se fue más feliz que una perdiz.
Después de haber cenado, las dos cazadoras se dirigieron al salón con una botella de cerveza en la mano. Las dejaron en la mesita, al lado del sofá, y se dirigieron hacia los pequeños para acostarlos, ya que se había hecho muy tarde para ellos. Recogieron la cocina, y subieron los cuatro arriba, a la habitación de Daniel. El rubio le prestó uno de sus pijamas a Dylan, que tampoco le venía tan grande e intentaron acostarlos. Para ser las elegidas, les costó Jack y ayuda poder con ellos y meterlos en la cama. Cuando al final lograron que se quedaran quietecitos, las cazadoras apagaron la luz y cerraron la puerta. Bajaron al salón y se sentaron en el sofá. La morena más bien se dejó caer.
Se quedaron durante unos minutos en silencio analizando minuciosamente el ajetreado y extraño día que habían tenido. Con las piernas colgando de uno de los brazos del sofá y medio repantigada que estaba Faith, la rubia no podía más que estar sentada en una esquinita y nada cómoda para su gusto. Miraba con el ceño fruncido a su compañera que parecía no darse cuenta de nada ni darse por aludida.
A pesar de estar relativamente "cómoda" en su propio sofá, no podía quejarse. Había conseguido que la morena se quedara a pasar la noche y tampoco reprochárselo, ya que era algo tan característico suyo y lo había echado tanto de menos, que estaba más que contenta de poder volver a vivirlo después de tantos años sin verse. Parecía que el tiempo no pasaba por ella, y ya no solamente físicamente hablando, sino también psicológicamente, ya que seguía exactamente igual. Igual de cabezota, de rebelde, de acaparadora, de contestona... y una larga lista. Cuando estaba a punto de quejarse y reprenderla, la voz de Spike resonó en el vestíbulo.
-¿Buffy? -asomó su rubia cabellera oxigenada.
-Vaya, vaya... mira a quien tenemos aquí. ¿No te cansas de gorronear? -Faith se incorporó.
-¿Qué haces tú aquí? -sin embargo, cuando dirigió la pregunta a la morena, dirigió su cara de interrogación hacia Buffy.
-Ha venido a pasar el día -dijo encogiéndose de hombros.
-¿Es que no te alegras de verme? -preguntó Faith con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
El vampiro rodó los ojos y se dirigió a Buffy.
-¿Dónde están Daniel y Dawn? -la morena lo ignoró y volvió a repantigarse en el sofá.
-Dawn ha salido con Aidan, como casi todas las noches, y Daniel está arriba dur...
A la rubia no le dio tiempo a acabar la frase, ya que una estampida de búfalos, o al menos esa fue la sensación que tuvieron los allí presentes, bajaba por las escaleras en dirección al salón.
-¡Tío Spike! -el pequeño salvó los tres últimos escalones y fue directo al vampiro cuan relámpago, saltando en su regazo.
-¡Vaya! Mira quién está aquí -dijo cogiéndolo en brazos- ¿tú no deberías estar durmiendo ya, o qué?
-Es que no podíamos dormir... -puso carita de ángel, como si nunca hubiera roto un plato.
-¿Podíais? -preguntó incrédulo.
-Es verdad, que tú no conoces a mi amigo Dylan.
-¿Dylan? ¿Qué es lo que me he perdido? -preguntó levantando una ceja y mirando a la rubia.
La respuesta a su pregunta bajó los últimos escalones, donde había estado todo el rato debido a su timidez, e hizo aparición en el salón, haciendo que Faith se incorporara. El pequeño fue directamente hacia su madre, donde se subió a su regazo y escondió la cabeza en el cuello de la morena. Spike abrió y cerró la boca varias veces sin articular sonido alguno. Si sus ojos no le estaban jugando una mala pasada, estaba casi seguro de que estaba viendo al doble de Faith. Solamente que en pequeñito y en chico. Tenían los mismos ojos color caramelo y el mismo pelo, sólo que Dylan lo llevaba corto. Pero lo que más le llamó la atención a Spike, fue la pequeña nariz respingona del moreno, exactamente igual a la de su madre. Sin lugar a dudas lo más característico de los dos, junto a sus ojos, que los hacían iguales, si se les cubría la boca.
No le hacía falta preguntar la relación que compartían los dos, pero era como si necesitara la confirmación por parte de las cazadoras. Antes de que pudiera preguntar nada, el rubio saltó de sus brazos y se fue corriendo a por Dylan, que seguía en el regazo de Faith, medio dormido. Lo zarandeó un poco y lo cogió del brazo, tirando de él para que lo siguiera. Refunfuñando, el pequeño lo siguió a regañadientes, plantándose ambos delante de Spike.
-Mira tío, te presento a mi amigo Dylan -el susodicho se restregaba soñoliento el ojo con la mano, mientras miraba a ese rubio oxigenado que le devolvía la mirada.
-Es mi hijo -dijo Faith con una sonrisa al ver el rostro del vampiro.
El vampiro había abierto la boca para hacer un comentario, pero la morena había sido más rápida, ahorrándole la pregunta que le había estado rondando por la cabeza desde que había visto a Dylan y a Faith. Sin embargo, la morena tenía algo en mente más divertido que ver la cara de Spike como si intentara descifrar una ecuación de segundo grado. La cazadora llamó al pequeño y le susurró algo al oído que sólo él pudo escuchar. Acto seguido, el moreno se fue directo hacia el vampiro y le dio una patada en la entrepierna y se fue corriendo al lado de su madre.
-¡¿Pero qué coño...? -estaba sin palabras y miraba a Faith con cara de pocos amigos- ¡¿Por qué has hecho eso?
-¿Se puede saber por qué le has dicho? -Buffy la miraba con el ceño fruncido, mientras la morena se descojonaba en el sofá, incapaz de hablar.
Debido al inesperado golpe asestado por Dylan, el rubio se había transformado sin poder evitarlo, cambiándole el rostro al de vampiro. Cuando el pequeño lo vio, abrió mucho los ojos y la boca y miró a su madre, subiéndose en su regazo.
-¡Ahí va! -no podía creérselo. Lo cual era normal ya que nunca había visto a nadie convertirse en vampiro. Lo normal era verlos ya así- ¡Mami! ¡Tenías razón!
-Claro que sí -dijo, mientras intentaba coger aire-, yo siempre la tengo. Y ahora a dormir, que ya va siendo hora de que los dos descanséis. Ya habéis vivido muchas emociones para una noche.
-¡Sí! -gritaron los dos a la vez y salieron corriendo escaleras arriba.
Una vez desaparecieron, Spike miró a las dos cazadoras sacudiendo la cabeza y lanzándole una mirada asesina a Faith. Ésta no hacía más que aguantarse la risa como bien podía, mientras Buffy le pinchaba con el dedo en el costado para que recobrara la compostura. El rubio se volvió esta vez hacia la rubia, ya con su cara como humano, hizo un gesto con la mano como despedida. Antes de que saliera por la puerta Faith le lanzó un beso haciéndole la puñeta y riéndose. Abrió la puerta y salió, maldiciendo y diciendo improperios, mientras se encendía un cigarrillo.
-Estarás contenta, ¿no? -se giró hacia Faith.
-¿Por qué lo dices? -se hizo la loca.
-Por nada...
-Jajaja -no se pudo aguantar más- es que hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien -dijo con una amplia sonrisa.
-¿Se puede saber qué es lo que le has dicho a Dylan? -más que enfada, tenía curiosidad.
-Que si le arreaba una patada en los huevos le cambiaría la cara, literalmente -hizo una pausa para recordar la cara que había puesto Spike-, y vaya si lo ha hecho.
-Si es que no cambias... -dijo más para sí que para ella.
-Nope -se levantó del sofá- ¿puedo pillar otra cerveza?
-Claro, sírvete tú misma.
-Gracias, B. Por cierto, ¿te importa si hago una llamada?
-No. Ya sabes donde tienes el teléfono -siguió a la morena-. Voy a preparar la cama.
Faith no escuchó el último comentario ya que tenía la cabeza metida dentro del frigorífico, rebuscando, ya que parecía que las cervezas se habían esfumado sin más. Mientras cerrada la nevera vio, ante sus narices, que las birras estaban en la puerta. Después de maldecir y decirse lo inútil que era, cogió una y se fue al salón, directa a coger el teléfono. Dejó la botella y se dispuso a marcar el número. Sin embargo, había algo que se lo impedía. Su cuerpo no reaccionaba ante las indicaciones que le dictaba su cerebro. Sólo podía verse temblar de pies a cabeza, y nada tenía que ver con la ingesta del poco alcohol que tenía en sangre. Estaba sobria, o todo lo sobria que se podía estar con un par de cervezas. No entendía el por qué de ese estado. No estaba haciendo nada malo, no tenía el por qué sentirse culpable por nada. Vale, tenía que admitir que esos sentimientos que, años atrás había enterrado en lo más profundo de su ser, habían vuelto y empezaba a sentir cosas por Buffy, otra vez. Esos malditos sentimientos tocando los huevos, como siempre. Sin embargo, intentó tranquilizarse. Respiró hondo varias veces y descolgó el teléfono un poco más tranquila. Marcó el número y dio tono de llamada.
-Sí, soy yo. Nada, decirte que en dos días saldremos para allá -hizo una pausa. Seguía temblando como un flan. Estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para que su voz no siguiera el tembleque de su cuerpo. Lo que no sabía era que la rubia la estaba escuchando, justo al otro lado de la puerta-. No, estoy en casa de una amiga. Sí, hemos tenido un pequeño contratiempo. Pero ya está todo solucionado -se apresuró a decir-. Pasaremos aquí la noche y en dos días nos veremos. Sí, en el sitio de siempre -la morena sonrió-. Yo también. Nos vemos. No te preocupes, se lo diré. Adiós -dijo en apenas un susurro.
Faith se quedó con el teléfono en la mano, indecisa de si colgarlo o no. Por su mente fluía un gran reguero de pensamientos y sentimientos, entrelazados entre sí, volviéndola loca. No entendía por qué no era capaz de mantenerlos bajo control como lo había estado haciendo todo este tiempo. Estaba más confusa que en toda su vida, y no le gustaba ni un pelo esa sensación. Tan sumergida estaba en sus pensamientos que no escuchó entrar a Buffy.
-¿Va todo bien? -entró en la estancia con una botella de cerveza en la mano, poniéndose a su lado-. ¿Faith?
-...
-Faith -le cogió el teléfono de la mano y lo colgó- ¿Estás bien?
-¿Eh? -volvió en sí un poco desorientada-. Sí, sólo un poco aturdida.
-Ha sido un día muy largo y lleno de emociones.
-[No tienes que jurarlo...] Vaya que sí.
-Será mejor que durmamos un poco.
-Voto a favor -en el rostro de Buffy se dibujó una sonrisa.
-Entonces, vamos -dijo dirigiéndose hacia los escalones.
La morena se quedó justo donde estaba sin saber qué hacer. ¿La seguía o no? Su mente decía que no. Sin embargo, su cuerpo le decía todo lo contrario y deseaba seguirla.
-¿Te pasa algo? -se giró la cazadora al ver que Faith no iba detrás de ella.
-Mmmm esto... ¿dónde voy a dormir? [No lo digas, no lo digas...] -cruzó los dedos por detrás de su espalda.
-En mi cuarto.
-[¡¿Por qué? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Definitivamente, esto no va a salir nada bien] Yo... pen-pensaba que i-iba a dormir... en el so-sofá.
-En ese artefacto de tortutra es imposible dormir. Te lo digo por propia experiencia. A no ser que quieras, claro, ir al hospital para que te recoloquen la espalda. Además -añadió dirigiéndose hacia ella-, no hay más camas disponibles. No creo que a Dawn le importe mucho, la verdad, pero lo más probable es que vengan aquí, como casi siempre...
-Pero si ha dicho que se iban a casa del tal Aidan -la cortó.
-Sí, pero al final acaban aquí, porque la madre de Aidan no los deja dormir en la misma cama y además, aquí están más cómodos y más anchos, ya que la cama es más grande.
-Que hermana más moderna, ¿no? -dijo de cachondeo.
-Mira que eres pelota ¬¬
-Cosas que pasan. ¿Qué decías?
-Pues eso, que la de Dawn imposible. En la de Willow y Tara, visto lo visto esta tarde, ni de coña -Faith no pudo estar más de acuerdo, asintiendo-. Y no creo que quieras dormir en el sótano con Spike -a la morena se le puso la piel de gallina con sólo pensarlo. Negó efusivamente con la cabeza poniendo cara de asco.
-Está bien, me has convencido [De aquí no va a salir nada bueno, como si lo viera. ¿Quién me manda quedarme?] -las dos subieron las escaleras de camino al cuarto de Buffy. La primera con una sonrisa de oreja a oreja, y la otra con cara de susto.
Faith no sabía si reír o llorar. Desde que se habían conocido, había soñado con poder dormir en la misma cama que Buffy, pero ahora las cosas eran diferentes. No es que no quisiera, porque lo estaba deseando, aunque no lo admitiera. Pero teniendo en cuenta su historia, no era muy buena idea. Eso sin contar los malditos sentimientos que habían aparecido recientemente para tocarle los huevos. El haber visto a Buffy, conocido a su hijo, y ella al suyo, y haber pasado el día juntas, era más que suficiente para un mismo día. Pero claro, ahí estaba el maldito karma para meter el dedo en la yaga, si cabía un poco más. ¿Acaso podría ser peor? Esa era la pregunta que le rondaba por la cabeza a la morena mientras entraba en el cuarto detrás de Buffy.
Pero claro, siempre que se hace esa pregunta, siempre, siempre, las cosas van a peor. Y en esta ocasión no iba a ser diferente. Su respuesta llegó cuando se sentó en el borde de la cama y vio como la rubia empezaba a despelotarse justo delante de sus narices, quedándose en ropa interior y acercándose a ella. Pudo notar perfectamente como sus bragas se humedecían ante la espectacular vista que se extendía ante sus ojos. Un ardiente deseo empezó a recorrer su cuerpo a medida que sus pensamientos iban tomando un giro mucho más caliente. Buffy cogió la toalla que estaba en el respaldo de la silla y se envolvió con ella. Acto seguido, Faith vio como las bragas de la rubia caían al suelo y con ellas el sujetador. La morena no sabía qué era mejor, si mantener sus pensamientos a raya y dejar de pensar en lo que le haría en ese momento, que no le ayudaba en absoluto, o simplemente, ignorarla por completo, y hacer como si todo fuera lo más normal del mundo. Sin embargo, era su cuerpo el que hablaba por ella. Su corazón se aceleraba por momentos, retumbando los latidos en sus oídos. Estaba casi segura de que Buffy podía escucharlos sin ningún problema. Un sudor frio recorría su cuerpo y la hacía estremecerse. Mira que había estado con gente en su vida, ya fueran chicos o chicas, pero era la rubia la que hacía que pareciese una adolescente en celo con todas las hormonas remoloneando por todo su ser.
Tan sumergida estaba en intentar controlar su furia interna y no tirarse encima de ella, que no se enteró de lo que le decía.
-Me voy a dar una ducha rápida, ¿necesitas algo? -la morena , como si de un acto reflejo y algo automático se tratase, negó con la cabeza. Sin saber muy bien que le habían dicho-. Muy bien, no tardaré -acto seguido, desapareció por la puerta de baño que, para colmo, estaba dentro de la habitación. ¿Desde cuándo Buffy tenía baño propio? Eso era nuevo. Aunque, después de seis años, era normal que algunas cosas hubieran cambiado. Aun así, esa situación no la ayudaba en absoluto con su pequeño "problema".
Mientras escuchaba correr el agua en la puerta contigua, su mente ya volaba libre por el país de Buffyland, donde tantas veces había estado y con el que tanto había soñado en sus años de instituto y en años posteriores. Podía ver claramente a la rubia completamente desnuda ante ella, mirándola lascivamente y llamándola a que se acercara, con su dedo índice y guiñándole un ojo. Si ya estaba mojada de por sí, después de esa imagen mental, cierta parte de cuerpo empezaba a reclamar un poco de atención.
Aprovechando que la rubia acababa de meterse en la ducha y que estaría por lo menos de quince a veinte minutos (después de tantos años, la conocía demasiado bien) y que los pequeños estaban en sus respectivas camas y durmiendo, se tiró en la cama, deshaciéndose rápidamente de sus botas, pantalón y camiseta, quedándose en ropa interior. Sabía que no era el mejor sitio, ya que la rubia podría pillarla en cualquier momento, pero su cuerpo se lo pedía a gritos y, después de la patrulla de hacía unas horas, el beso que habían compartido las dos cazadoras y el desnudo casi completo de Buffy, hacía que se corriese. Sobre todo el último acontecimiento. Además, solamente de pensar que su compañera estaba justo al lado, completamente desnuda, bajo la ducha, hizo que, una vez más, acabara mojando más sus bragas.
Cerciorándose que, ambas puertas, tanto la del baño como la de la habitación de Buffy, estaban cerradas, se acomodó en la cama, dejando apoyada la espalda en la cabecera, medio recostándose y doblando las rodillas, se bajó las ya de por sí húmedas bragas y todo en su interior vibró de puro placer. Su cuerpo reaccionaba ante sus pensamientos más calientes de la rubia, mientras que sus manos hacían su trabajo, rozándole de vez en cuando su susceptible clítoris y su entrada. Cada vez más excitada, introdujo lentamente su dedo índice, haciéndola gemir involuntariamente. Su mente no hacía más que volar libre, imaginándose a una Buffy completamente desnuda y desprotegida ante sus caricias, bajo la ducha. Su dedo se movía dentro de ella. Sin embargo, su cuerpo pedía más y obedeciendo a sus deseos, introdujo el segundo y comenzó a moverlos a un ritmo más marcado, disfrutado de la sensación que la embriagaba en esos momentos. Podía notar como la palma de su mano, rozaba de vez en cuando el clítoris, haciéndola estremecerse. Eran sensaciones que disfrutaba de verdad. Las había vivido muchas veces, pero siempre que tenía que ver con Buffy, eran muy diferentes. Eran realmente especiales.
Al ver que ya estaba a punto, movió sus dedos a un ritmo más frenético. Cada vez se corría más, mientras una abrumadora sensación de placer la sobrecogía y se apoderaba de ella. Estaba al límite. Empezaba a no poder controlarse y sabía que sus gemidos se hacían cada más audibles. Sabía que no tardaría en llegar al clímax.
Tan concentrada estaba, que no se había dado cuenta de que el agua había dejado de correr en la puerta de al lado. Lo que significaba que Buffy ya había acabado, y no tardaría en salir. La rubia abrió la puerta con mucho sigilo, pensando que Faith ya estaría dormida, ya que hacía rato que no la escuchaba. Sin embargo, a medida que iba abriendo la puerta, una respiración entrecortada se hacía cada vez más audible. Preocupada, la abrió por completo, encontrándose a la morena en el momento cumbre de su orgasmo. Conforme había abierto la puerta la cerró, casi dando un portazo. Se apoyó contra ella y se dejó caer en el suelo, quedándose sentada. ¡No era posible lo que acababa de ver! ¡Faith estaba masturbándose en su cama! ¡Sin ella! Las imágenes iban y venían en su mente. Un calor empezó a sobrecogerla. Las bragas limpias que acababa de ponerse, estaban para tirar a lavar y la ducha que se había dado no le había servido de nada. Pero lo peor de todo había sido ver como llegaba al orgasmo.
Eso había sido superior a sus fuerzas. Sus manos temblaban y su cuerpo reaccionaba ante las imágenes. Se deshizo torpemente de sus ropas, tirándolas al suelo y metiéndose de nuevo en la ducha. Se sentía húmeda y cachonda. Tan pronto empezó a correr el agua, se penetró.
La morena se desplomó en la cama, respirando entrecortadamente y con los ojos cerrados. Estaba realmente cansada y con motivo. Mientras un agradable hormigueo recorría su cuerpo de arriba abajo, una sonrisa se le dibujó en el rostro. Jamás se hubiera imaginado que estaría en la cama de Buffy y mucho menos, que acabara de masturbarse en ella. Ahora mismo se sentía en las nubes. Con mucho pesar, se subió las braguitas, no fuera que saliera su compañera, y se recostó.
Iba a dormir como un bebé... A pesar del calor que tenía, se tapó con la sábana y esperó a que llegara la rubia. No sabía exactamente cuánto hacía que la cazadora había desaparecido por la puerta del baño, pero no era muy normal que siguiera dentro. Se levantó de un salto y se acercó, pegando la oreja. Al no escuchar nada, llamó a la puerta.
-¿Buffy? -no hubo respuesta- ¿Estás bien?
Después de esperar unos minutos y no obtener respuesta alguna, volvió a hablar.
-Voy a entrar
-¡NO! -la morena frunció el ceño-. Es decir, ahora salgo -dijo medio ahogada. Acto seguido, se abrió la puerta y por ella salió Buffy con una camiseta rosa muy ajustada y unos shorts a juego. A la morena se le cayó la baba nada más verla. Tanto que casi no podía articular palabra.
-¿Y... e-esa... ca-cara? -tartamudeó- ¿ha... pasa-sa-do algo?
-(Pues... déjame que piense. ¡Ah, sí! Que por tu culpa me ha tocado ducharme y cambiarme de ropa, otra vez, sólo por el mero hecho de haberte visto masturbándote en MÍ cama y, por supuesto, haber tenido que acabar el trabajo. Nada del otro mundo) Nada... -salió, pasando por su lado, con la toalla en el hombro.
Faith se quedó clavada donde estaba, sin poder moverse. Notaba cómo ese calor abrasante tan conocido, la envolvía por completo, haciendo de las suyas, otra vez. Sacudió la cabeza y se puso a pensar en otras cosas. No podía estar en ese estado, ya que iba a dormir con ella y tenía que controlarse un poco o se le echaría encima. Lo mejor sería ir al baño y lavarse la cara.
Mientras estaba en el baño, escuchó cómo Buffy cerraba la puerta del cuarto y la llamaba. Debía haber vuelto de tener la toalla. Con la fuerza de voluntad de la que fue capaz e intentando que la voz no le temblase, le dijo que ya salía, mientras cerraba el grifo y se sentaba en la taza del váter a meditar. No podía dejar que le afectara tanto. No estaba bien. Estaba claro que los sentimientos seguían ahí, pero ella ya había pasado página, al igual que Buffy. Bastante había tenido ya con el "problemilla" de antes como para dejar que esto fuera a más. El problema que tenía era que la conexión que tenían seguía ahí, tan fuerte como el primer día, y eso era algo, que no la ayudaba en absoluto. Había veces que parecía sentir lo mismo que la rubia, y era realmente chocante. Después de respirar profundamente durante varios minutos, se levantó y se dispuso a salir del baño.
Cuando abrió la puerta, Buffy ya estaba en la cama, esperándola, ya que le había dejado un hueco a su lado. Se recostó, dándole la espalda e intentó no pensar en lo realmente cerca que estaban la una de la otra y que, con el mínimo movimiento, sus cuerpos entraban en contacto, provocándole pequeños escalofríos que le ponían los pelos de punta.
Cuando ya estaba más o menos calmada, notó cómo la mano de Buffy se posaba suavemente en su cintura. Era un tacto agradable y sentía su piel arder bajo su roce. La rubia hacía pequeños círculos con su dedo pulgar, haciéndole cosquillitas. Se sentía en el cielo, pero a la vez en el infierno. Estar en esa situación y no poder tocarla como a ella le gustaría, la estaba matando.
-¿Estás bien? -dos gotas de sudor frio surcaron su frente. Estaba segura, Buffy había notado lo tensa que se había puesto cuando esta había pasado su mano por su cintura.
-(Solamente de pensar que te tengo al lado y no poder tocarte, me está matando. Sin contar que me encantaría poder abalanzarme sobre y follarte hasta quedar exhaustas. Pero sí, estoy genial) Sólo cansada...
-Durmamos entonces -dijo apagando la lamparita de noche y tapándolas a las dos mejor con el cubre.
-(Habla por ti...) Hmmmm
La morena se despertó con el olor que desprendía el champú de Buffy: melocotón. Le encantaba ese champú. Después de tantos años y seguía utilizando el mismo. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Se estaba tan a gustito y calentito bajo las sábanas... Enseguida supo el por qué de esa sensación. Pero antes de poder hacer nada, llamaron al timbre, despertando así a la cazadora rubia. Ésta gruñó y se acomodó más en el regazo de Faith. Mentiría si dijera que no estaba disfrutando el momento. Se estaba tan a gustito... El timbre volvió a sonar. Bajo las sábanas se escuchaban los quejidos de la rubia, que asomó la cabeza con los ojos medio cerrados. Estaba taaaaaaaaaaaan mona... A Faith se le caía la baba. Iba a necesitar un buen pozal para poder recogerla toda.
-¿Quién podrá ser a estas horas? -se incorporó un poco, o por lo menos lo intentó. Le costó unos segundos darse cuenta en la posición que estaba.
La cara que puso cuando vio la situación, embobó a la morena de mala manera. Con el ceño fruncido y cara de no entender nada, se dirigió a su compañera, que estaba haciendo acopio de todas sus fuerzas por no besarla de lo adorable que estaba.
Habían dormido toda la noche abrazadas, con Buffy en los brazos de Faith. Con razón se estaba tan a gusto. Ya sabía por qué no había pasado frío. La morena era como una estufa. Se separaron rápidamente al ver cómo la puerta de la habitación se abría de par en par y, por ella, aparecían los dos pequeños. Se quedaron parados en el umbral sin saber qué hacer. Faith sonrió a Dylan y con un movimiento de cabeza le dijo que se acercase. Éste obediente, fue con su mejor sonrisa.
-¿Qué pasa, pequeño? ¿Te ha despertado el timbre? -lo subió a su regazo.
-Un poquito... -dijo mientras ponía el dedo índice y el pulgar muy juntos.
-¿Un poquito? -la morena alzo una ceja.
-Es que estábamos viendo la tele -dijo sonriendo con complicidad el rubio. El timbre volvió a sonar.
-Será Dawn, que se habrá dejado las llaves, otra vez -puso los ojos en blanco.
-No, la tía Dawn está en su cama con Aidan.
La rubia puso cara de póker. Spike era imposible que fuera, ya que por las horas que eran, ya debía estar durmiendo en el sótano y Willow... estaba claro que no iba a volver a pisar la casa hasta que estuviera segura de que Faith había desaparecido para siempre. Intrigadas como estaban, bajaron las escaleras con los pequeños en sus brazos y abrieron la puerta. Cuando ésta se abrió, la mandíbula de Faith se desencajó por completo y su cara fue todo un poema.
-¿Amy? ¿Qué haces aquí?
-Faith, ¿quién es? -la rubia no entendía nada.
-Es la novia de mi mamá -aclaró el moreno.
