Bueno... sé que han pasado mil años desde que actuliazara algo de este fic, pero al final he tenido inspiracion de nuevo y aqui estoy con un nuevo capitulo. Se que no es mucho, pero mas vale eso que nada. Solo decir, que tengo uno nuevo que, espero, no tardare mucho en subir el primer capitulo. En cuanto a este, decir que lo que esta en cursiva, a excepcion de la parte final, son los pensamientos de Faith. En fin... eso es todo, os dejo de aburrir. Gracias por leer ^^


Capitulo 5

Todos se quedaron en silencio. Un silencio que, a medida que se hacía más largo, se hacía más incómodo para las tres chicas. Buffy estaba en estado de shock. Faith no podía más que abrir y cerrar la boca sin articular sonido alguno y Amy pasaba su mirada de una a otra. Parecía que las cazadoras no se habían percatado que iban vestidas conforme se habían ido a dormir. Es decir, en paños menores, por lo menos en lo que respectaba a la morena.

-Te vas a constipar –dijo Amy todavía en el umbral de la puerta.

A la morena le costó unos minutos procesar la información que se le estaba ofreciendo. Acto seguido, bajó la mirada un poco despistada hacia sus pies y, poco a poco, fue subiendo hasta llegar a su pecho. Fue entonces cuando comprendió el comentario de Amy. Después de oír el timbre habían bajado conforme se habían levantado y no se había puesto nada encima, con lo que solamente llevaba la camiseta de tirantes blanca y la ropa interior.

Se encogió de hombros mientras el pequeño saltaba de sus brazos a los de la recién llegada. Faith se quedó donde estaba sin saber muy bien qué contestar a Amy. Después de todo lo que le había contado sobre Buffy y ella, toda su historia, todo lo que habían pasado juntas… con lo que llevaba puesto, o mejor dicho, lo que no llevaba, no reforzaba en absoluto la frase de "esto no es lo que parece". Pero poner como escusa que la rubia si que llevaba su pijama (compuesto básicamente por unos shorts y una camiseta), no era una idea muy brillante. Además que, por la cara de Amy, no parecía muy de su gusto el pijama extremadamente corto de Buffy.

-Voy a cambiarme –dijo Faith.

Antes de que nadie pudiera decir o hacer algo, la morena se había perdido al final de las escaleras, escabulléndose de todo el meollo. Muy propio de ella, pensaron ambas chicas. Y no iban mal encaminadas. Lo último que quería la morena era una confrontación delante de Buffy. No entendía por qué se había presentado allí, sin más, de esa forma y sin avisar. No era propio de ella. Hablaron anoche y quedaron que en dos días Dylan y ella volverían a Boston. ¿Qué necesidad había para presentarse tan repentinamente?

Después de que Faith se hubiera esfumado, Buffy bajó a Daniel, dejándolo en el suelo e invitó a Amy a entrar, acompañándola al salón. Acto seguido, se disculpó, diciendo que tenía que subir a cambiarse. Estaba claro que la inesperada invitada no parecía estar muy de acuerdo en que se fuera, ya que sabía de sobra que iba a ver a Faith y no le hacía ninguna gracia. Pero estaba en su casa y podía hacer lo que quisiera. Con unas sonrisas de lo más forzadas, asintieron con la cabeza y Buffy desapareció por el mismo sitio que lo había hecho la morena hacía unos minutos. Antes de entrar en su cuarto se asomó al de su hermana y comprobó que, tanto Dawn como Aidan, seguían durmiendo. Cerró la puerta y se dirigió a su habitación.

Dentro, encontró a Faith sentada en el borde de la cama, con la misma ropa con la que se había ido a dormir. Tenía los codos apoyados en sus rodillas y el rostro escondido entre sus manos. Lo único en lo que podía pensar era en ir y abrazarla, consolarla y decirle que todo iba a salir bien, pero eso era completamente imposible. Llamó con los nudillos en la puerta abierta para que así, la morena supiera de su presencia, aunque lo más probable es que ya lo supiera. Asintiendo, entró y se sentó a su lado. Durante unos minutos se quedaron en silencio. Últimamente era lo que más compartían. Silencio. De todas formas no es que hubieran sido nunca muy habladoras, ya que siempre eran sus puños los que acababan hablando por ellas. Sin embargo, se estaba bien y no se podían quejar. Faith fue la primera en hablar.

-Necesito que te quedes con Dyl. Sólo será por unas horas –levantó su rostro y miró a Buffy fijamente.

-Sin problemas. Tanto como necesites –le mantuvo la mirada. Como si le hubiese leído la mente, Faith le contestó a la pregunta que le había estado rondando por la mente desde que Amy había aparecido en escena.

-Es una vieja amiga de Boston. Nos conocimos hace muchos años, cuando éramos unas niñas. Nuestros padres trabajaban juntos y solíamos quedar a menudo –hizo una pequeña pausa-. Durante unos años, cuando vine a Sunnydale y pasó todo lo demás: la traición, el cambio de cuerpo, la cárcel…, perdimos el contacto. Pero cuando me quedé embarazada, acudí a ella. No sabía a quien más podía pedir ayuda. Para entonces, toda mi familia ya había muerto. Le conté todo sobre la elegida, los vampiros, mi destino y toda la mierda esa. Al principio flipó bastante –recordó con una tímida sonrisa-, pero luego me ayudó mucho. Sobre todo en lo referente a Dyl, y él la quiere mucho. Supongo que siempre hubo algo entre nosotras –dijo en apenas un susurro.

La morena no pudo evitar el escalofrío que recorrió su cuerpo de arriba abajo. Sus miradas no se habían apartado en ningún momento. Se había perdido en esos ojos verdes otra vez y la sensación de paz que la inundaba cada vez que los miraba, le recordaba que los sentimientos que había creído olvidados y enterrados, volvían para darle la patada en el culo y confundirla aún más si se podía. Todavía recordaba las miradas que compartían cada vez que entrenaban en la biblioteca. Miradas que pasaban desapercibidas a todos los que estaban a su alrededor. Incluso los zumbidos que recorrían su espina dorsal cada vez que la veía aparecer por el umbral de la puerta cuando iba a recogerla para la patrulla nocturna. Zumbidos que, a pesar de los años transcurridos, seguían igual de fuertes que el primer día. Una avalancha de sentimientos se entremezclaba en su ser, consiguiendo hacer un gran coctel que estaba a punto de estallar. Por un lado estaba Amy, su amiga de la infancia y pareja (más o menos) en la actualidad. Y por otro estaba Buffy, su gran amor de juventud, a la que, aún queriendo negarlo, seguía queriendo después de tantos años.

Su mente se quedó completamente en blanco, ignorando toda orden que dictaba su cerebro. Notaba cómo su cuerpo se movía, también haciendo caso omiso de lo que se le decía, sin que ella pudiera hacer nada al respecto. Podía verse, como si de un espectador se tratase, cómo se inclinaba y cómo Buffy hacía lo mismo. Cómo sus labios se juntaban con los de la rubia en un tierno beso, y cómo pequeños escalofríos recorrían todo su cuerpo. El beso era lo más tierno y tímido que nunca antes había experimentado. Era un beso por el que había esperado más de seis años. Y ahora que por fin estaba pasando, ambas notaron como un gran peso se les quitaba de encima, quitándoles la tensión que durante tantos años, se había ido acumulando.

La rubia notaba como la lengua de Faith le pedía permiso para entrar, lamiéndole el labio inferior. Ésta le permitió el acceso abriendo un poco los labios y dejando la vía libre a la morena. Ambas lenguas se encontraron, juntándose en un baile sin fin, compitiendo por ver quién obtenía el control. Sin presiones ni obligaciones, solamente disfrutando de los pocos minutos de que disponían. Ninguna de las dos sabía quién lo había empezado todo. Eso era algo que no importaba mucho. Como tampoco contaba mucho el beso que habían compartido en el cementerio, ya que ese había sido todo tensión. Éste era diferente a todo lo que habían vivido y demostraba muchas cosas nunca dichas. Muchas cosas que se habían ignorado durante muchos años.

Poco a poco, se fueron separando hasta quedarse a escasos centímetros. Habían juntado sus frentes, con los ojos todavía cerrados, intentando recuperar el aliento y que su ritmo cardíaco volviera a la normalidad. Sus mentes daban vueltas, sin entender del todo lo que acababa de pasar. Faith levantó su mano derecha y acarició la mejilla de Buffy. La calidez que irradiaba la piel de la rubia hacía que se sintiera como en casa. Era lo más cercano a la comodidad que hubiese estado en mucho tiempo y era algo a lo que no quería renunciar. Sin embargo, por mucho que le doliese, no era posible. Habían pasado muchas cosas desde que se conocieran. Cosas imposibles de borrar o de hacer desaparecer, y eso era algo que jamás se perdonaría. Por desgracia no podía volver atrás y hacer borrón y cuenta nueva. Se separó de Buffy por completo y la miró intensamente.

-Quédate con Dyl. Volveré en unas horas –acto seguido, se puso los pantalones y las botas. Antes de salir se acercó a la rubia, puso sus manos sobre su cabeza y dejó un tierno beso en la frente de esta.

Cuando Faith salió por la puerta de la habitación, Buffy supo que esa era la última vez que iban a compartir algo más que no fuera una simple amistad. Después de la situación vivida minutos atrás, estaba claro lo que sentían la una por la otra, pero la morena ya había dejado claro que, por mucho que se quisieran, no iban a poder estar juntas de la manera que ambas querían. Buffy sabía que no sólo estaban ellas dos, sino que también estaban Amy y el pequeño Dylan, que parecía adorarla. Sólo esperaba que, al menos, se quedara los dos días como en un principio planeaba. Quería disfrutar lo que se le negaba. Aunque con la aparición de esa tal Amy iba a ser difícil. Quería darle a Faith una razón convincente y de peso para que se quedara, pero cada minuto que pasaba lo veía más complicado.

La morena bajó las escaleras y se dirigió al salón donde estaban Amy y los dos pequeños viendo la televisión. En cuanto Dylan la vio aparecer por el umbral, se puso de pie de un salto, y fue corriendo hacia ella para subirse en sus brazos. Ésta le correspondió con la mejor sonrisa que pudo, ya que no estaba para dar saltos de alegría. y lo cogió. El pequeño que no tenía ni un pelo de tonto, notó a su madre algo distante.

-¿Qué te pasa, mami? –le puso las pequeñas manos en las mejillas.

-Nada, cariño. Sólo que estoy un poco cansada –miró a Amy y le hizo un gesto de cabeza para que se levantara-. Vamos a hacer una cosa –se dirigió ahora al pequeño-, ¿qué tal si te quedas jugando un rato con Danny? –el moreno se lo pensó durante un momento.

-¿Y tú y Amy que vais a hacer?

-[No se le escapa ni una, ya no sé si me gusta que sea tan perspicaz, la verdad… ¬¬] No… nosotras… tenemos que ir a mirar una cosa –no sabía qué más decirle. El pequeño frunció el ceño, pero parecía que después de todo seguía siendo un niño y fue un argumento convincente.

-¡Vale! –le dio un abrazo y un beso en la mejilla y se bajó para seguir jugando con el rubio.

Las dos chicas salieron por la puerta principal, no sin antes despedirse de los niños. La cerraron y se quedaron paradas en el poche. Se miraron a los ojos y se quedaron unos minutos en silencio. Sabía que Amy había venido porque no se acababa de fiar del todo. Tampoco era de extrañar, aunque hacía años que ya no era esa persona. Sabía que no tenía que haberle dicho donde estaba. Sólo era cuestión de tiempo que le entrara la paranoia, y así había sido. Aunque no podía haber nada entre ella y Buffy, le gustaba disfrutar de su compañía. Pero teniendo a Amy cerca, eso iba a resultar imposible. El haber recuperado esa amistad que se vio truncada años atrás, había sido un gran paso en su relación y más teniendo en cuenta que se trataba ni más ni menos que de Faith y Buffy. No quería perderla por otro estúpido error. Pero también era verdad que tampoco quería perder a Amy. Al final, lo más probable es que tuviera que elegir entre una y otra. Lo que no le gustaba ni un pelo.

Se ajustó bien la chupa y con un gesto de cabeza, le dijo a su compañera que ya tenían destino al que ir. Hacía un día bastante bueno para las fechas que eran y sería una pena desperdiciarlo quedándose en casa. El sol lucía brillante en lo alto de un cielo despejado, exceptuando dos o tres nubes que pasaban campantes. Se dirigieron hacia el centro de Sunnydale, buscando un sitio donde poder desayunar, ya que Faith estaba hambrienta. Llegaron a una cafetería muy sencilla y poco concurrida y se sentaron en una mesa al aire libre, pidiendo dos cafés y dos tostadas respectivamente. Una vez la camarera tomó nota y desapareció dentro, Amy fue la primera en hablar.

-¿Os habéis acostado?

-[¡¿Qué coño…?] Pero qué… ¡NO! –si hubiese estado tomando café, ahora mismo Amy estaría totalmente bañada en él- ¡¿Qué gilipolleces estás diciendo?

-¿Gilipolleces? –estaba realmente tensa-. Faith, nos conocemos desde hace muchos años, ¿crees que no sé que cuando se mete algo entre ceja y ceja eres capaz de hacer cualquier cosa para conseguirlo?

-No me vengas con esas ahora, sabes de sobra que ya no soy esa persona. Además, he cambiado y creo que te lo he demostrado con creces.

-No en lo que se refiere a ella –la camarera trajo el pedido. Dijeron gracias con sonrisas forzadas y siguieron mirándose fijamente con el ceño fruncido.

-No estás siendo justa…

-¿Así que lo admites?

-¿Qué se supone que admito?

-Que sigues enamorada de ella –afirmó más que preguntó.

La morena no supo qué contestar. ¿Qué podía decir? ¿Qué no? Eso era mentirse a sí misma y había decidido dejar de hacerlo. Durante muchos años estuvo enterrando sus sentimientos y los había creído olvidados, pero ahora que la había vuelto a ver, todo había cambiado. Era como si la caja de pandora se hubiera abierto en su mente y corazón, confundiéndola y metiéndola en problemas, como en ese momento.

-Tu silencio es más que suficiente… -bajó la vista-. Cuando os he visto esta mañana, con los niños, la situación en sí… estaba claro que algo pasaba.

-No ha pasado nada –se inclinó sobre la mesa dándole un beso fugaz- ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

-Sí que pasa, Faith –hizo una pausa-. Aunque no sea físico, está claro que hay algo entre vosotras. Esa química se ve a leguas de distancia. Lo que no entiendo es porque no me había dado cuenta antes. Me resultaba extraño que quisieras venir a California, siendo que vivimos en la otra costa, y en especial a Sunnydale. Cuando llamaste ayer, en seguida lo vi todo claro –le puso la mano en la boca a Faith-. Aunque no lo hicieras conscientemente, tu mente y tu cuerpo te trajeron hasta ella. O más bien esa conexión tan extraña que tenéis.

-Yo te quiero… -dijo no muy convencida.

-Pero la quieres más a ella…

-No –se mintió a sí misma-. Te quiero a ti y quiero estar contigo. Quiero estar con los dos, contigo y con Dyl. Ahora sois mi familia y no lo cambiaría por nada. Hemos pasado cosas peores que esta, ¿por qué no íbamos a poder superarlo?

-Porque no se puede luchar contra los sentimientos, Faith. Aunque lo niegues, Buffy ha estado siempre en tu mente. Durante todos estos años, has estado como en trance, aún cuando estabas conmigo. Sin embargo, con Dylan eres diferente. Además –hizo una pausa-, ahora el pequeño Dyl tiene un amigo de su edad y parece feliz, al igual que tú.

-Pero si apenas llevas aquí unas horas, ¿cómo vas a saber eso? –preguntó escéptica.

-Lo veo en tus ojos. Cada vez que la miras te brillan. Al igual que las risas de Dylan. Hay veces que sois muy transparentes, por mucho que quieras evitarlo o negarlo. Eso lo ha sacado de ti. Sois como dos gotas de agua –se acabó el café de un trago-. Será mejor que vuelva a Boston.

-¡No! –se levantó bruscamente-. Quédate. Déjame que te demuestre lo mucho que te equivocas. Tenemos dos días más antes de tener que volver. Aprovechémoslos, pasémoslos los tres juntos: tú, Dyl y yo. Solamente nosotros.

-¿Y qué pasa con Buffy?

-¿Qué pasa con ella?

-¿No vas a volver a hablar o quedar con ella?

-Si es necesario, no –dijo tajante, cogiéndola por la cintura y dándole un beso en la mejilla.

Amy no pudo más que sonreír, correspondiendo al abrazo y girando a Faith para juntar sus labios. Sin embargo, su rostro no podía más que expresar tristeza y abatimiento. No quería perder a la única persona que tanto le había ayudado durante casi toda su vida y, sobretodo, en los momentos más difíciles de esta. Pero tampoco podía seguir soñando con algo que estaba perdido desde hacía tantos años. Sino pudo ser entonces, ¿por qué iba a ser diferente ahora? Siempre había sido muy complicado entre las dos y no iba a dejar a Amy por algo que no estaba segura de que pudiera llegar a algo. Amy era su futuro y no iba a dejarla escapar así como así, y Buffy era su pasado, algo que nunca pudo ser.

Después de desayunar, pagaron y, aprovechando que Dylan iba a estar todo el día en casa de la rubia, decidieron que lo mejor sería pasarlo juntas y así, Faith podría enseñarle la ciudad de Sunnydale. Aunque tampoco había mucho que ver, la verdad. Por la tarde noche podrían ir a recoger al pequeño, cenar e ir al cine o algo, como en un principio le había prometido. A pesar de que iban a quedarse dos días más, lo más probable es que durmieran una noche en el motel y salir temprano el día siguiente hacia Boston. De todas formas, tenían que hablarlo una vez estuvieran todos juntos.

Después de pasar un día genial con Amy, las dos volvieron hacia la casa de Buffy para recoger al pequeño. Habían estado hablando y haciendo planes de futuro y estaban deseando contárselo todo a Dylan. Por mucho que Faith estuviera deseando salir de patrulla con la rubia, le había prometido a Amy que todo eso se iba a acabar. Al menos, de momento. No podía darle la espalda a su destino. Sin embargo, a medida que se acercaban al domicilio, los zumbidos se hacían cada vez más fuertes. Cuando la puerta principal se abrió, se escuchó el griterío de los pequeños.

-Hey… ¿cómo ha ido el día? –preguntó Buffy, mientras se apartaba de la puerta y las dejaba pasar a las dos.

-Bastante bien, la verdad –contestó Amy, quien estaba demasiado animada para el gusto de la rubia.

-Hey… -dijo en apenas un susurro la morena. Si no llega a ser por el súper oído de cazadora, habría sido incapaz de escucharla.

Faith entró detrás de Buffy, cerrando la puerta tras de sí. No hacía más que moverse inquieta por toda la estancia, con las manos en los bolsillos y manoseando un papel que tenía en uno de ellos. Aprovechando el momento en que todos estaban en el salón y parecía que nadie le prestaba atención, se escabulló escaleras arriba y se metió en el dormitorio de la rubia. Durante un minuto, se sentó en el borde de la cama y suspiró, dándose un momento para pensar, y mirando todo lo que había a su alrededor. Sacó el trozo de papel con el que habían estado ocupados sus dedos y lo miró detenidamente. Cerró los ojos y se llevó la mano libre a sus labios, intentando recordar el tierno beso que habían compartido las dos cazadoras. Ojalá todo fuera diferente. Ojalá todo fuera más fácil…. Se levantó y dejó dicho papel en la mesita de noche de Buffy. Estando ya en la puerta, se dio la vuelta y dio un último vistazo al dormitorio. Después bajó al salón, donde no parecía que la hubiesen echado de menos, a excepción de la rubia.

-¿Dónde te habías metido? –le susurró lo suficientemente bajo para que sólo ella pudiera escucharla.

-He ido al baño –contestó en el mismo tono-. ¿Ya estamos todos listos? –se dirigió ahora a Dylan y Amy. Ambos asintieron-. Entonces, pongámonos en marcha.

Después de que hubieran salido ambos al porche, Faith se dirigió a Buffy, mirando que no estuvieran a la vista de Amy, y le dio un abrazo que ni ella misma había visto venir.

-Cuídate, B –le dijo mirándola intensamente.

-Tú también, Faith -¿eso lo había dicho ella? No parecía su voz.

Cuando la puerta se hubo cerrado, lágrimas silenciosas empezaron a escapar de sus ojos y bajaron por el rostro de Buffy sin que pudiera hacer nada al respecto. Intentó por todos los medios contener el sollozo que se estaba formando en su garganta, fallando estrepitosamente. Antes de darse cuenta, Daniel estaba a su lado abrazándola y consolándola.

-Mami, no llores –ésta lo cogió en brazos y forzó una sonrisa. Con sus pequeños deditos le limpió las lágrimas que seguían cayendo. Por suerte, estaban solos y no tenía que darle ninguna explicación a Dawn, no se sentía con fuerzas- ¿Qué te pasa? ¿Es por tu amiga, la mamá de Dylan? ¿Te ha hecho llorar?

-[Es increíble lo perspicaz que es de vez en cuando, ha dado en el clavo…] No pasa nada, cariño. Sólo estoy triste…

-¿Por qué? –insistió.

-Cosas de mayores.

-Pero yo ya soy mayor, tengo casi 6 años –dijo moviendo las manos con seis dedos alzados. Buffy sonrió tiernamente y lo abrazó.

-[Lo mejor será cambiar de tema…] ¿Qué quieres hacer esta noche? Estamos solos tú y yo –fue hacia la cocina. Tendría que improvisar algo, ya que no es que hubiera mucho donde elegir- ¿Qué te apetece cenar? No hay mucho, pero algo se podrá hacer.

-Podemos hacer unos bocatas y luego ver una peli –se encogió de hombros.

-Me parece una idea genial –lo bajó y se dispuso a preparar la cena. Sin embargo, en lo único que podía pensar era en Faith y en el beso que habían compartido esa mañana-. Cariño, ves y pon la mesa.

-Sí –salió corriendo. Le gustaba que Daniel estuviera con ella, hacía que el dolor fuera más llevadero.

Durante muchos años había estado ciega ante todas las señales que Faith le había ido mandando. Sabía que la morena había flirteado con ella y que, en alguna ocasión, le había seguido el juego. Parecía estar más ciega de lo normal, ya que más de una vez, sus amigos le habían dicho que Faith parecía sentir algo por ella. Pero no hacía más que negarlo una y otra vez, alegando que ese era el comportamiento habitual de su compañera y que era muy normal entre las dos. Sin embargo, sí que había notado que, cuando estaba con ella, todo era diferente. Se había sentido libre, segura y feliz a su lado, pero tampoco le había dado mucha importancia. Ahora se daba cuenta de que por aquel entonces ya había empezado a sentir algo por Faith. Que, aunque les hubiera traicionado, nunca había sentido odio o rabia, sino tristeza y abatimiento, ya que todo ese mal trago podría haberse evitado. Si hubiera sido capaz de haber visto todos esos sentimientos antes, las cosas hubieran sido muy distintas. Después de tantos años, era ahora cuando se había dado cuenta de que estaba enamorada de Faith y que lo único que quería era estar con ella. Pero parecía que eso no iba a ser posible. Había llegado tarde, como siempre. Ahora la morena estaba con Amy y parecía estar feliz con la vida que había formado junto a ella y a Dylan.

Después de haber preparado una cena que se podía calificar como "muy pobre", madre e hijo se dirigieron al salón, donde se sentaron en el sofá y se dispusieron a comer los bocatas. De vez en cuando, Daniel contaba alguna anécdota y conseguía, aunque no se diera cuenta, arrancarle una sonrisa a Buffy. Una vez pasada la pequeña lucha sobre qué película iban a ver, que acabó ganando el pequeño, se acomodaron en el sofá, con una mantita y un bol de palomitas.

Varias horas más tarde, Buffy se levantó con un dolor de cuello horrible. No recordaba que ningún vampiro o demonio le hubiera hecho tanto daño. Se habían quedado los dos dormidos en el sofá. Hasta se habían acabado todos los títulos de crédito. Cogiendo al pequeño con ternura e intentando no despertarlo, se dirigió escaleras arriba hacia la habitación de Daniel, donde lo tumbó con cuidado y lo tapó. Cuando estaba a punto de salir por la puerta, el rubio la llamó.

-Mami… -dijo medio dormido.

-¿Sí, cariño? –se acercó.

-Quédate conmigo esta noche.

-Pensaba que ya eras mayor para eso.

-Es para que no estés sola y te pongas aún más triste. Así estás conmigo –la rubia sonrió tiernamente y usó todas sus fuerzas para no desmoronarse y que le saltaran las lágrimas. Lo último que quería era llorar enfrente de su hijo. Bastante preocupado estaba ya por ella, como para preocuparlo aún más.

Sin decir nada más, Buffy se metió en la cama del pequeño, quien le había hecho un hueco, abrazándolo por detrás y dándole un beso en la cabeza. Daniel se lo devolvió y le susurró un "te quiero", cerrando los ojos y durmiéndose casi al momento que su cabeza rozó la almohada. Le relajaba escuchar la pausada respiración de su hijo. Era el mejor sonido del mundo. Más de una vez, cuando estaba inquieta, triste, se sentía sola o enfadada, se metía en su habitación y lo observaba dormir plácidamente durante horas. Hacía que sus pensamientos se mantuvieran en espera durante un rato, dándole un respiro. Eso era lo que necesitaba en ese momento. Después de varias horas de lucha interna, consiguió dormirse.

Los rayos de sol entraron libremente por la ventana del dormitorio de Daniel, bañando toda la estancia y despertando a la rubia. Con un ojo medio abierto y restregándose el otro con la mano, levantó la cabeza, mirando el despertador: 6.00 a.m.

-Es demasiado pronto como para levantarse aún –gruñó. Volvió a acurrucarse junto a su hijo, cerrando los ojos.

La puerta principal se cerró con un golpe sordo, seguido del sonido de pasos torpes amortiguados por la alfombra y risitas ahogadas. Subiendo las escaleras con sumo cuidado para no hacer ruido, Dawn se dirigió a la habitación de su hermana, mientras Aidan se dirigía a su cuarto. Al ver que Buffy no estaba en su cama, se fue a la de su sobrino, encontrándolos allí, a los dos acurrucados y abrazados, durmiendo plácidamente. Nunca había visto una imagen tan tierna. Sonriendo y viendo que todavía eran las 8.30 a.m., se fue con Aidan a dormir un poco. Lo necesitaba después de una noche de fiesta.

-Mami, despierta –el pequeño la zarandeó.

-Mmmh ¿qué hora es? –la rubia levantó la cabeza de la almohada con los ojos entrecerrados.

-Es casi la hora de comer.

-¡¿Qué? –gritó, levantándose de un salto y mirando el reloj de la mesita de noche: 12.15 p.m.-. Pero si sólo es medio día –miró al rubio que estaba aguantándose la risa como bien podía-. Serás… ¡ven aquí!

-¡NO! –salió corriendo y riéndose por toda la casa.

Después de cinco minutos persiguiendo a Daniel, Buffy consiguió pillarlo y se tiraron los dos en el sofá, haciéndose cosquillas mutuamente. Luchando por ver quién era el más fuerte. La casa se inundó de carcajadas, despertando a Dawn y Aidan, que bajaron refunfuñando con la mano en la cabeza.

-¿A qué viene tanto griterío? –susurró la pequeña de las Summers-. Todavía es muy pronto…

Aidan secundó la moción asintiendo.

-¿A qué horas has llegado, Dawn? –la miró con el ceño fruncido.

-Mmmmh, esto… -dijo rascándose la cabeza. Miró a su novio en busca de ayuda- ¿sobre las ocho y algo? –se aventuró, encogiéndose de hombros.

Buffy suspiró, cogiendo a Daniel en brazos y dirigiéndose a la cocina. Puso al pequeño en el banco, quien se puso a balancear alegremente los pies. A pesar de lo mucho que había dormido, se sentía como si le hubiesen dado una paliza y, sin poder evitarlo, su mente reprodujo todos los sucesos que tuvieron lugar el día anterior.

Después de prepararle el desayuno a Daniel, subió las escaleras y se metió en el baño. Necesitaba una ducha y relajarse. Olvidarse de todo y de todos durante un rato. Media hora más tarde, salió del baño y, enrollada en la toalla, se dirigió hacia el dormitorio, sentándose en el borde de la cama. No podía dejar de darle vueltas a todo lo sucedido con Faith y en lo mucho que empezaba a echarla de menos. Sabía que Amy no iba a dejar a la morena acercársele, pero tenía que ir a hablar con ella. Ya la había perdido en dos ocasiones y no quería que volviera a pasar. Todavía iban a estar, por lo menos, un día más en la ciudad. Se visitó a toda prisa y se dispuso a salir de casa.

Durante todo el día estuvo buscándolos sin éxito alguno. Cuando cayó la noche, después de una rápida patrulla para desahogarse y deshacerse de toda la frustración que sentía, volvió a casa, donde encontró a Dawn y Daniel viendo la televisión animadamente. Intentando pasar desapercibida, se escurrió escaleras arriba, queriendo estar a solas. Ahora mismo no se sentía con fuerzas para estar con nadie más. Lo que buscaba, necesitaba era la soledad que empezaba a invadirle. Se sentía totalmente vacía por dentro. Se tumbó en la cama, mirando fijamente al techo. Lágrimas silenciosas empezaron a bajar por su rostro. Durante una hora, lloró en silencio, dejando que el dolor la inundara y se apoderara de ella por completo. Al mirar la hora en su despertador de la mesita, algo le llamó su atención. Intrigada se incorporó. Había un trozo de papel que no recordaba haber dejado en ningún momento. Extrañada, alargó el brazo y lo cogió. Estaba arrugado y dentro había letras escritas. Era la caligrafía característica de Faith, desordenada y destartalada.

Hey, B

Sé que cuando leas esto yo ya no estaré en Sunnydale, sino en un avión de camino a Boston y sé que esto es de cobardes, pero al fin y al cabo es lo que he sido toda mi vida y, por lo que se ve, lo sigo siendo. Una cobarde. Siempre huyendo y escondiéndome de todo aquello que me superaba o no acababa de entender. Como ahora. ¿Pero sabes qué es lo más gracioso? Que puedo luchar y matar a todo tipo de monstruos, demonios y vampiros. Y, sin embargo, soy incapaz de decirle a la persona más importante de mi vida, lo mucho que la quiero y lo enamorada que estoy. ¿Por qué? Porque me aterra la idea de ser rechazada por esa persona. Me aterra la idea de todo lo que significan estos sentimientos con lo que llevo luchando ya muchos años, y los que no puedo seguir evitando.

Desde el primer día que te vi a la salida del Bronze, en ese mugriento callejón, supe de antemano que iba a tener problemas. Porque me enamoré en ese momento de ti, aún a sabiendas que nunca te iba a poder tener. Pero ya sabes lo que dicen, no eliges de quien te enamoras. Ese día tocaste mi corazón y mi alma, si es que tenemos una y, desde entonces, no he sido capaz de olvidarte. Te has metido tan dentro de mí, que allá donde voy, lo único en lo que puedo pensar es en ti. Desearía que las cosas fueran distintas a como son, pero por desgracia no es así y no hay nada que podamos hacer. Tengo que seguir con mi vida. No puedo seguir anclada en mi pasado, duele demasiado y, sobre todo, a algo que sé que no va a poder pasar nunca. Sé que tendría que estar diciéndote todo esto a la cara, pero no tengo el valor para hacerlo.

Espero que algún día seas capaz de perdonarme todos los errores que he cometido en mi vida, ya sean pasados y futuros, porque sé que volveré meter la pata. Es mi destino.

Siempre vas a tener un hueco en mi corazón; tú y Daniel. Sé que Dylan os va a echar de menos, y no va a ser el único. Habían hecho buenas migas. Pero así es más fácil. O al menos eso quiero pensar. No quería irme y salir de tu vida sin que supieras todo esto. Es mucho que digerir, lo sé y lo siento. Cuidaos mucho los tres. No me olvides.

Te quiero, B

Faith