Gomen por la demora, pero es que de veras que no tengo tiempo T.T, muchas gracias por los reviews.
Segunda parte: El anillo
Qué más da, debo admitirlo, en el momento en que sus labios tocaron los míos inesperadamente, una descarga eléctrica indescriptible recorrió todo mi cuerpo. A pesar de que fue una sorpresa, sólo atiné a cerrar los ojos y dejarme llevar por el instante. Fue…
Fue suave.
Fue dulce.
Sublime.
Literalmente fueron unos segundos los que duró aquel beso. De repente, se separó bruscamente de mí, me empujó hacia atrás y sin decir nada en lo absoluto, me cerró la puerta en la cara.
Caí sentado delante de su puerta, solo en la compañía de las palabras que nunca salieron de mis pensamientos.
Me quedé unos momentos ahí, en el suelo, no sé si esperando que abriera o tratando de entender lo que acababa de suceder.
Las cosas no habían salido precisamente como lo imaginaba: Yo fui para pedirle disculpas, pero terminé abrazándola; ella se molestaría, pero en lugar de eso, me besó; luego debería haberme dicho algo, pero me echó fuera sin pronunciar una sola palabra.
¡Primero me besaba con esos labios, que ahora me resultaban sumamente tentadores, y luego me empujaba como si hubiera sucedido por mi culpa!
Eso fue totalmente desconcertante e injusto.
Pasaron diez minutos o tal vez una hora o dos hasta que reaccioné y me fui a mi habitación.
Pasé la noche pensando en Rukia, sí nuevamente no dormí nada bien, ¿Por qué me había besado así repentinamente? ¿Seguía molesta conmigo? ¿Me hablaría por la mañana? ¿Volvería a estar todo normal? Generalmente no pensaba en esa clase de cosas, pero me fue imposible no hacerlo. Desde que sus labios tocaron los míos, no podía sacarme a la enana de la cabeza. La tenía como si fuera un sello, allí, grabado permanente. Quería estar con ella en ese momento, abrazarla y disculparme por haberle dicho esa estupidez de que me estorbaba. "¿Cómo me iba a estorbar? ¿En qué idioteces pensaba cuando le dijo semejante burrada? ¡Claro que no me estorba! Nunca lo ha hecho, por el contrario, me hace feliz tenerla junto a mí." De veras que hasta ese momento no sabía que ella sentía algo por mí diferente a amistad, y lógicamente, tampoco sabía lo que yo sentía por ella.
Me puse a contar mientras intentaba dormir. Recuerdo haber llegado hasta ocho mil.
Cuando desperté, me di cuenta de que estaba tirado en el piso, ¿cómo demonios llegué ahí?, no lo sé a ciencia cierta, pero de lo que sí estaba segurísimo, era de que tenía un terrible dolor de cabeza.
Di gracias a todos los cielos porque era sábado.
No tenía ganas de ver a nadie, así que salí de casa. Quería caminar y despejar mi cabeza, para luego poder hablar con Rukia tranquilamente y aclarar lo sucedido.
Deambulé por la calle durante un rato, hasta que llegué al centro comercial. Sin saber qué hacía, entré y comencé a ver los escaparates. Cada cosa me recordaba a Rukia: los peluches, las revistas, los llaveros de conejos que abundaban.
De pronto nos imaginé caminando juntos por ahí, hablando de algún asunto sin importancia, ella sonriéndome con esos encantadores gestos, mientras yo disfrutaba de su compañía.
Me había enamorado sin darme cuenta.
Quise correr hacia casa en ese instante, pero entonces se me ocurrió una idea mejor. Quería darle algo: un regalo.
Era una buena idea; después de todo, nunca le había dado nada a Rukia, y tal vez podría ser una buena oportunidad para entregárselo, no sé, de repente como motivo de disculpa o algo así.
Pero qué podía comprar…
Me encaminé de nuevo hacia donde iniciaba la hilera de tiendas del centro comercial. Caminé y caminé, y no me decidía por nada. Sí, sabía que me veía realmente estúpido con esa cara de emoción, buscando algo para una chica, pero no pude evitarlo.
Seguí caminando por un buen rato, hasta que lo vi. Mis ojos quedaron clavados en él. Estaba en un escaparate, brillando, como si estuviera intentando llamar mi atención. Era de un color extraño, un púrpura intenso con un toque de brillo espectacular. Cuando lo vi tras el vidrio, pude verla con el anillo entre sus manos, combinando perfectamente con sus ojos. "Perfecto". Entré a la joyería.
Imbécil. En esos momentos de mi vida, estaba completamente feliz, pero definitivamente tenía la cara de un completo imbécil.
Bien, ahora tenía el regalo - según yo, perfecto -. Cuando regresé a casa, como de costumbre, Yuzu estaba haciendo la cena, Karin se había ido a jugar fútbol y el viejo trabajando, gracias a Dios.
Recuerdo que Yuzu me habló.
- Onii-chan, ¿sucede algo especial?
- Nop – respondí.
- Hmm, ¿entonces por qué llevas esa cara de felicidad?
- No lo sé - le sonreí.
Después subí y supuse que Rukia estaría en su habitación, porque fui directamente hacia allá.
Toqué la puerta y esperé un momento. Nada. Toqué nuevamente. Nada.
Entonces bajé rápidamente y le pregunté a Yuzu por ella.
- Un pelirrojo vino diciendo que era amigo de Rukia-chan, le avisé y ella bajó de inmediato, me dijo que era un amigo suyo y que tenía que irse, que tal vez se demoraba porque tenían algunas cosas que hacer.
- "Renji" – pensé.
- ¿Pasa algo malo Onii-chan?
- No, Yuzu. No te preocupes, ya vuelvo.
Salí de prisa hacia la Tienda de Urahara, tal vez había pasado algo en la Sociedad de Almas, él debía de saber.
- Sí, Renji-san pasó por aquí para recoger su gigai – me informó cuando llegué. – Que yo sepa, no pasa nada grave, sólo vino a buscar a Rukia-chan porque ella lo llamó.
- ¿Y para qué lo llamó?
- No sé, no son mis asuntos, Kurosaki-san – me respondió sonriendo.
¿Renji había venido a buscar a Rukia porque ella lo había llamado? Me extrañó un poco. Mientras caminaba metí las manos en los bolsillos y me topé con algo, recordé el anillo que había comprado. Tendría que esperar para poder entregárselo. Francamente me molesté en esos momentos, me invadieron una especie de "celos", no quería que estuviera con Renji. No era justo, ¡yo no la había visto desde la mañana y ella se iba con "ese" sin decir nada! ¡Sin decirme nada! ¿Acaso ese beso que me dio no significaba nada?
Ya estaba oscureciendo y cada vez estaba más disgustado. Regresé a casa y me encerré en mi habitación. "Demonios".
Ni siquiera iba a poder dormir. Caminé de un lado a otro tratando de hacer pasar al tiempo, pero cada vez que volteaba a ver el reloj, habían pasado menos de cinco minutos.
Así estuve durante un buen rato, hasta que escuché que la puerta sonó. Salí de mi habitación y bajé rápido por las escaleras.
- ¿Qué hacías con Renji? – le pregunté con un tono de "propiedad".
- Tengo algo para ti – me dijo.
Enfoqué mi mirada en sus manos y vi algo colorido, estaba envuelto.
- Ven conmigo – salió nuevamente echándose la bufanda que traía, hacia atrás. – Tenemos que hablar.
Yo simplemente la seguí.
Continuará.
