Hello everybody~

Segundo capítulo? En serio? Creía que nunca lo escribiría, de verdad. Pensaba que lo dejaría al primer capítulo por alguna razón desconocida… Pero aquí estoy, tecleando sin parar, esperando que el resultado sea decente, yo que sé, al menos que se pueda leer.

Bueno, tras pasar muchas horas viendo vídeos, imágenes, y tomando nota de algunas cosas para inspirarme, me decidí a presentar la continuación, espero que os guste!

Muchas gracias por los comentarios (a los que ya respondí) y por los favs~ I love you sooo much! ^/^

Disclaimer: Axis Powers Hetalia no me pertenece, ni tampoco ninguno de los personajes. Todo es propiedad de su creador, Himaruya Hidekaz.

— Está bien, vais a ver que Gilbert Beilchsmidt siempre gana en los juegos. — Aceptó mientras se levantaba, el timbre había vuelto a sonar.

Mientras los chicos tenían su propia conversación en la azotea del instituto, también Elizabeta decidió contarle a su pequeño grupo de amigos lo ocurrido por la mañana, claramente indignada pero con un ligero tono que la hacía ver algo avergonzada. Mientras lo relataba ante la mirada atenta de sus amigos pensaba en que podría haberlo derribado si se lo hubiera propuesto y se arrepintió de no hacerlo, ya lo había hecho otras veces, con una sola patada o un fuerte puñetazo, pero simplemente esa mañana le fallaron las fuerzas.

"Seguro que fue por no desayunar… sí, debió ser eso" pensaba auto convenciéndose a sí misma.

Entre sus amigos, el que menos entendía del asunto era Feliciano, que la miraba fingiendo atención mientras pensaba en su comida favorita: pasta; o molestaba a su hermano, Lovino, que no mostraba ningún interés por la conversación. Elizabeta lo sabía y solo les sonreía de vez en cuando, centrándose más en contárselo a sus otras dos amigas. Éstas por lo contrario estaban tremendamente atentas y de vez en cuando soltaban alguna que otra risita. Tanto Mei como Emma eran las típicas chicas que disfrutan hablando de ese tipo de temas.

— …Y creo que me ha frustrado un poco, sé que puedo con él. Aunque fuera Roderich… no necesitaba que viniera nadie a salvarme. Terminó de comentar la castaña, tomando un sorbo de su zumo. Mirando con sus grandes ojos verdes hacia sus amigas, observando su reacción.

— ¿Sabes? Lo que más me sorprende es que lloraras… Dijo Emma pensativa, pero sin perder la sonrisa de sus labios. Quiero decir, será idiota pero… yo no lloraría precisamente en esa situación. Su sonrisa se ensanchó aún más, de todas ella siempre fue la más experimentada en esos temas.

— ¡Emma! Deja a un lado tus fantasías extrañas… Tu primo ejerce una influencia extraña sobre ti… Exclamó Mei entre risas, siendo algo más comprensiva al ver el ceño fruncido de Elizabeta. Eliza se sentía incómoda, es normal que necesitara desahogarse. En el fondo te alegras de que llegara Roderich, ¿verdad?

— Sí, claro. En el momento justo, como siempre. Respondió agachando la mirada, algo sonrojada.

Mei y Emma se lanzaron una mirada de complicidad. Pero dejaron de hablar del tema al oír la campana que marcaba el regreso a las clases, se despidieron rápidamente, yendo cada uno a su respectivo asiento o a su aula.

En poco tiempo los pasillos se llenaron de gente, completamente diferente a hace unos segundos. Ahora todos tenían prisa por volver a sus aulas antes de que llegara el profesor correspondiente.

Elizabeta observaba fijamente hacia la puerta esperando ver entrar a quien esperaba, esperando encontrarse con esos ojos lilas que tanto le gustaban, que lograban tranquilizarla y sacar lo mejor de ella.
Inmersa en su mundo seguía mirando en esa dirección, sobresaltándose cuando la puerta se abrió de repente. Pero lo que vio no fue lo que esperaba, en su lugar fue esa arrogante sonrisa que tan bien conocía, quiso apartar la vista pero ya era demasiado tarde, esos ojos tan rojos como la sangre se habían encontrado con los suyos. La miraba tan intensamente que podía sentir que estaba leyendo sus pensamientos. Él seguía caminando hacia su mesa mientras hablaba con Antonio, pero sin dejar de mirarla. Igual que ella a él.

No eran miradas cualquieras, casi parecía que se enfrentaban en una dura batalla.

— ¿Elizabeta? Una voz conocida hizo que mirara rápidamente hacia delante con el ceño fruncido.

— ¡Ah! Rod… Dijo cambiando su expresión por una leve sonrisa, mientras tomaba un mechón de su pelo entre las manos, algo que demostraba su repentino nerviosismo. No me he dado cuenta de que habías entrado. Observó al chico sentarse justo en el pupitre a su lado, el sitio que le había sido asignado.

Gilbert observaba la escena desde su sitio justo dos filas detrás, le parecía desagradable lo obvio que era su cambio de actitud. En su opinión, era mucho más atractiva la Elizabeta natural, pero fue un pensamiento que rápidamente expulsó de su mente. Prefirió dedicarse a pensar como lo haría para ganar la apuesta.

Pero los minutos pasaban y por su brillante mente, según él claro, no aparecía ni una sola idea. Apoyó el codo en la mesa aguantando su cabeza con la mano y comenzó a mirarla de nuevo, esperando aprovechar los últimos 15 minutos en que se le ocurriera alguna idea genial. Pero para su sorpresa tan solo pudo llegar a imaginarse a él mismo con ella, llegando hasta donde Francis le había dicho que tenía que llegar. Puede que incluso más allá, y que incluso le gustara esa imagen.

Salió de su trance al notar un ligero golpe en la cabeza, miró hacia la mesa donde pudo ver una pequeña bola de papel. La miró extrañado mientras se frotaba el pelo, para después leer lo que había escrito. No tuvo que esforzarse demasiado en abrir la nota, quien fuera que la hubiera escrito no se había preocupado demasiado en doblarla como era debido. Él siempre lo hacía, por si la nota caía en la mesa equivocada…

Leyó el papel, adivinando al instante que era su buen amigo Toño quien se la había enviado. En él ponía: "Pareces idiota con esa sonrisa. Deja de pensar guarradas". Acompañado de un tomate sonriente.

No perdió ni un segundo en contestarle. Se conocían bien y Gilbert no necesitaba haber estado mirándole para saber que había estado haciendo durante la clase. Aprovechó que el profesor anotaba algunas cosas en la pizarra para lanzar la pelota de vuelta por donde había venido.

Antonio la recibió con ambas manos y se dispuso a leerla rápidamente. "¿Por qué no sigues mirando a la rubita y me dejas tranquilo?" Sonrió ampliamente y se giró hacia su amigo, mirándolo con complicidad. Ambos soltaron una pequeña risa ante eso.

Y a la hora de siempre sonó al fin la esperada campana de final de las clases. Todos suspiraban aliviados mientras el profesor mandaba los deberes para el día siguiente. Gilbert dejó caer su cuerpo sobre la mesa, esperando que salieran todos para comenzar a recoger sus cosas tranquilamente. No pudo evitar escuchar algunas conversaciones a su alrededor, pero solo una llamó realmente su atención.

— Roderich debe de estar ciego. Es más que obvio que Eli está por él. Comentaba Mei con su amiga Emma. Creo que va a necesitar ayuda…

— Así es… Respondía Emma caminando hacia el frente mientras miraba una revista con mucho interés. Oye, ¿crees que me quedaría bien esta falda?

— ¡Emma! Te estoy hablando de Eli Se quejó la asiática.

— ¿Y qué quieres que hagamos? No conocemos casi a Roderich, no podemos ayudarla con él… Contestó Emma, dejando a su amiga algo pensativa.

Gilbert levantó rápidamente la cabeza con una alegre expresión en la cara, dejando escapar un pequeño murmuro que solo él mismo pudo escuchar. ¡Ya está!

Mientras Elizabeta seguía algo atrasada copiando aún algunos apuntes de la pizarra, ese desde luego era un final perfecto para su "fantástico" día. Pudo adivinar que sus amigas se acercaban a ella, distinguió sus voces hablando de ropa de las del resto de alumnos.

— Eli~ ¿Nos vamos? Preguntó Mei observando lo que estaba escribiendo con tanta prisa. Te puedo dejar la libreta si quieres.

— Tranquila, no hay problema, acabo ya. Respondió con una sonrisa, dejando de mirar un momento al cuaderno para dirigirse a ellas. Esperadme abajo, ¿vale? No tardaré demasiado.

Antes de volver la vista a su cuaderno observó el pupitre de su lado, Roderich ya se había ido, dejando el sitio completamente vacío. Sonrió para sus adentros y retomó su tarea.

Al fin el aula se había vaciado lo suficiente como para que nadie le prestara atención, algo que según él era bastante difícil. Se dirigió a Antonio, diciéndole que se fuera con Francis y ya se verían después y tomó sus cosas, guardándolas en la cartera.

Se acercó silenciosamente a Elizabeta en el momento en que parecía que había terminado lo que estaba haciendo y se disponía a recoger. Arrastró la silla de enfrente a su mesa estruendosamente sin importarle demasiado quien se sentaba ahí y se sentó, saludándola con la mano.

— Ey, hola. ¡Cuánto tiempo! Exclamó expresando alegría y despreocupación en su tono de voz. Como si no se diera cuenta de las gélidas miradas que ella le dirigía. ¿Sabes? Podrías saludarme al menos.

— Podría… Murmuró ella totalmente indiferente, centrándose en recoger sus cosas y no dejarse nada olvidado.

— Vaaamos… No me digas que no se puede bromear contigo. Comentó Gilbert, esta vez más serio que la anterior. Se levantó del asiento sin colocar la silla en su sitio. Ya me disculpé, y ahora vengo a proponerte algo en compensación.

— Mmm… Fingió quedarse pensativa. Lo siento, por más que lo intente no se me ocurre nada que pueda yo querer de ti.

Dicho esto, comenzó a andar lentamente hacia la salida, sin volver a mirar al albino.

— Te ayudaré a gustarle a Roderich. Dijo simple y secamente, esperando que con eso se replanteara ignorarle de esa forma.

Elizabeta abrió los ojos como platos y se paró en seco. Debatiendo en su interior si hacer caso de lo que le decía el chico o seguir su camino. Pensó en los escasos avances que había conseguido ella sola y en la relación que ellos dos mantenían. Había oído por ahí que eran primos o algo parecido. Se comenzó a morder el labio indecisa.

Él bufó sonoramente y caminó pasando por su lado hacia la puerta. Supongo que de todas formas no estás interesada. Te deseo suert- No le permitió terminar de hablar.

— Está bien, trato hecho. Seguiré tus consejos. Cortó decidida al chico mientras hablaba, que la miró sonriendo complacido.

— Entonces mañana hablamos. Dijo mientras caminaba dándole la espalda y despidiéndose con la mano.

Elizabeta le miró alejarse, no demasiado convencida, pero esperando sacar algo bueno de eso, aunque fuera mínimo.

Por otra parte los pensamientos de Gilbert eran algo diferentes.

"Ya dije que yo nunca pierdo un juego".

Bueh, he decidido dejarlo aquí, algo más corto que el anterior. Y lo siguiente ya dejarlo para el próximo.

Por si alguien tiene alguna duda:

· Mei: Taiwan

· Emma: Bélgica, que por cierto, es la prima de Francis.

Más cosas que decir sobre este capítulo… La chica a la que mira Toño NO es Emma. Aviso antes de que alguien piense que sí y luego decida tirarme tomatazos.

Y… no diré nada más acerca de nada xD.

*-* Dejaaaad comentarios, añadid a favs, lo que sea, amo leeros y saber si os gusta, srly.

Bye bye be~