Acá les dejo otro capítulo del Duque Rebelde, sé que les va a gustar :) Comentarios y demás abajo...Recuerden que esta historia le pertenece a Long Julie Anne, sólo la adapté. La mayoría de los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi :3


Capítulo 13

El baño fue una idea de Darien.

—¿Sabes nadar, pequeña Sere? —preguntó riendo cuando ella salió tambaleándose de la alcoba por la mañana mientras arrugaba el entrecejo e intentaba alejar el sueño parpadeando.

Por suerte, el pabellón de caza tenía dos alcobas, en la principal había dos literas y una cama propiamente dicha, una chimenea, una mesa y bancos, y la cabeza bastante mustia de un ciervo colgada en la pared. La segunda alcoba era pequeña y parecía estar destinada a guardar cosas útiles, como escobas, trampas y viejos cuernos de pólvora, pero también estaba provista de una cama. Aparentemente, los anteriores duques de Dunbrooke habían sido partidarios de que todo su grupo de caza estuviera cómodo.

Serena había limpiado el polvo de manera superficial y había perseguido arañas con la escoba mientras Darien dormía el día anterior. Además, les había dado a las camas unos buenos azotes con la escoba, con lo que al menos el polvo había cambiado de sitio. Por fortuna, la estructura era bien segura y no había evidencias de que los roedores hubieran hurgado en el colchón.

Aunque si lo hubieran hecho, apenas habría importado. Serena había caído en la cama como una roca poco después de que ella y Darien compartieran una de las tortas de carne; y había dormido, a pesar del sonido de los impresionantes ronquidos de Darien en la habitación contigua.

Darien ya había preparado té y cortado la segunda torta de carne en un trozo para cada uno. Nunca tímida cuando se trataba de comida, Serena casi se abalanzó a su mitad.

—¿Nadar? —preguntó por fin, entre mordiscos. Y luego, dejó de masticar. —Darien, has dividido esta torta en partes iguales. Deberías haberte quedado con un trozo más grande.

—¿Y eso por qué, pequeña Sere?

—Necesitas alimentarte para curarte con rapidez.

Darien la miró por un momento, perplejo. Era una sensación dulce y curiosa sentirse abrumado de atenciones.

—Muchas gracias, pequeña Sere, pero creo que Dios está a favor de aquellos que comparten de manera desinteresada, ¿no es verdad?

Serena resopló. Lo observó con objetividad por un momento.

—En realidad tienes mucho mejor aspecto esta mañana, Darien. Tus ojos están claros y el color de tu semblante es bueno.

Las comisuras de la boca de Darien se curvaron.

—Gracias, doctora Tsukino. Aunque como puedes ver, el color de mi semblante a través de la barba es totalmente indescifrable.

—¿Cómo está?

—¿El brazo? Como si se fuera a desprender. —Rápidamente se corrigió cuando Serena palideció—. Mejor, en realidad está mejor ahora. Me curaré rápido, lo prometo —agregó, incapaz de resistirse a mofarse de ella—. Mis ojos están claros y el color de mi semblante es bueno, ya sabes.

Ella le hizo una mueca.

En realidad, el dolor en el brazo había adquirido el rito de una marea tormentosa: entraba a toda prisa para torturarlo, luego menguaba de manera engañosa y después regresaba a toda prisa otra vez. Era un sufrimiento constante. Sin embargo, había experimentado peores dolores. Tener cuidado con el brazo parecía ayudar; hablar sobre él, no.

—Esta tarde atraparé una liebre para la cena, pequeña Sere. Prometo que comeré la mejor parte, si eso te tranquiliza. Incluso podemos preparar un guisado, si encontramos algunos hongos comestibles.

—¿Caza furtiva? —Serena sonaba mitad horrorizada, mitad contenta.

Darien casi ríe. Evidentemente, la lista de delitos se alargaba, aunque en rigor, no era un delito atrapar liebres en su propia tierra.

—Sin duda no echarán de menos a una liebre, y nosotros a nuestra cena sí, si es que tenemos una.

—¿Me enseñarás cómo poner una trampa?

—Ah, sí, ¿por qué no? Aunque, pequeña Sere, te convertirás en un auténtico muchacho, con la pistola en la bota y los pantalones.

En lugar de reír como había esperado, para su asombro, Serena se sonrojó y bajó la cabeza.

De repente, fue consciente de haber cometido un error con sus palabras, aunque no tenía idea de su precisa naturaleza ni de cómo arreglarlo. De algún modo, él suponía que haciendo bromas acerca de convertirla en un muchacho era su manera de intentar convencerse a sí mismo de que de verdad se parecía a uno. En realidad, a lo último que sé parecía era a un hombre, y eso no se debía en absoluto a los pantalones. Era preferible que volviera a ponerse un vestido, así, él no podría mirar precisamente dónde comenzaban y terminaban sus piernas.

«Observaciones ociosas, nada más». Intentaba apartar esos pensamientos, pero el agotamiento y la cercanía hacían que fuera casi imposible.

Se aclaró la garganta con torpeza.

—Sí, nadar. Conozco un lugar para bañarse, si quieres estar un poco más limpia y tal vez, cambiarte de ropa.

La mirada que cruzó el rostro de Serena resultó ser tan anhelante que Darien estalló en risa. El rubor nervioso abandonó las mejillas de ella ante el sonido alegre, y también rió.

—Pero antes de que nos bañemos, pequeña Serena… sabes nadar, ¿no es verdad?

—Sí —respondió arrastrando las palabras—. Robbie Denslowe me enseñó.

—Por supuesto —dijo Darien—. Creo que deberíamos guardar el relicario en un lugar seguro, para que no se vaya flotando por el río. ¿Aún lo llevas puesto?

A modo de respuesta, Serena rebuscó dentro de su camisa y sacó el relicario.

—Conozco un sitio muy seguro para guardarlo —aseguró Darien y meneó los dedos de su mano extendida hasta que Serena desabrochó el relicario y lo depositó en ellos.

El calor del suave metal le sorprendió; arrugó el entrecejo, confundido. Y luego, comprendió: «Está caliente por su piel». Concretamente, por la piel que se encuentra entre sus senos.

Darien miraba fijamente el relicario, sin hablar.

«Dios querido. No es como si estuvieras sosteniendo un seno verdadero». Pero de repente, el suave calor del relicario parecía arderle.

«Estoy débil. Estoy cansado. Estoy herido. Es la debilidad. Eso es todo».

Cuanto antes regresaran a Escocia y antes se marchara a Norteamérica; antes, ambos estarían seguros.

Esperó un momento antes de levantar la cabeza porque no podía garantizar lo que Serena vería en sus ojos en ese momento. Tomó aire de manera profunda y continua antes de hablar.

—Tengo el lugar perfecto para él, pequeña Sere. —Se acercó a zancadas hasta uno de los sólidos maderos que bordeaban la chimenea, corrió el que cubría la parte superior, dejó caer el relicario dentro y volvió a ponerlo en su lugar—. Un pequeño descubrimiento que hice anoche —le comentó al rostro asombrado de ella. Era una mentira. Sabía lo del madero desde que era niño. De hecho, todos los herederos de Dunbrooke conocían ese escondite en particular—. Desafío a cualquiera, en especial a un bobo salteador de caminos, a encontrarlo aquí.

—¿Puedo darte mi billete de una libra para que lo guardes también? —Serena lo sacó de sus pantalones. Darien, pensando con rapidez, lo enrolló formando un cilindro y lo introdujo en el interior de la puntera de su bota.

—Sólo un verdadero valiente, o un verdadero perverso pensaría buscarlo ahí —dijo Darien con satisfacción.

Después del desayuno, salieron a caminar para tender las trampas para su ansiada cena.

—Una vez conocí a un gitano —comentó Darien— que había entrenado a sus perros para que le ayudaran a cazar furtivamente liebres con una red. A un perro le enseñó a esperar en un extremo del campo, mientras que el otro perro perseguía a la liebre hacia el interior de la red, en el otro extremo del campo. La liebre, en realidad, no tenía otra opción adonde ir. Eran perros listos.

—¿Alguna vez le pillaron? —preguntó Serena, que miraba a Darien mientras él ponía con habilidad las trampas que estaban guardadas en el pabellón de caza—. Quiero decir, al gitano.

—Sí, pero no lo castigaron —aclaró Darien mientras pensaba cómo le gustaría a Serena conocer a Artemis—. ¿Sabes, pequeña Sere, que si eres muy paciente puedes atrapar a un pez acariciándole la barriga?

—¿Acariciándole la barriga? —Estaba fascinada.

—Dejas la mano floja de manera que flote en el agua, cerca del lugar en el que les gusta estar a los peces, de esta manera, el pez se acostumbra a verla allí. Debes ser paciente. Y cuando los peces se acercan, rozas sus barrigas como lo harías con un perro. Eso sí que les gusta. Cuando los hayas calmado, podrás cogerlos y sacarlos del agua, y luego disfrutar de tu cena.

—No parece ser precisamente justo para los peces. —Serena sonaba escéptica.

—Ah, pero tómalo como una lección, pequeña Sere. Nunca dejes que un extraño te acaricie la barriga.

Después de colocar las trampas buscaron a los caballos, que habían pasado una noche agradable en la pequeña caballeriza detrás del pabellón de caza, y los cargaron con el mosquete, prendas limpias y mantas, y juntos se dirigieron hacia el lugar en el que el arroyo se ensanchaba.

El día era cálido y los árboles, a ambos lados de la orilla, formaban un arco elegante por encima del remanso, dando sombra y luz en partes iguales.

—Así es como lo haremos, pequeña Sere —le informó Darien—. Puedes quitarte la ropa debajo de la manta y meterte en el agua. Yo tendré esta manta sobre la cabeza hasta que lo hayas hecho; después, estaré atento a los depredadores, lobos, salteadores de camino y demás, mientras te bañas. Cuando termines, será mi turno.

Serena se puso color carmesí, pero Darien mantuvo la expresión apenas risueña y desafiante, y extendió la mano para darle el jabón.

—¿Lobos? —dijo por fin, de manera burlona, y cogió el jabón—. Cúbrete la cabeza.

Obediente, se cubrió la cabeza y oyó el suave sonido de sus prendas al caer en la orilla, luego el correteo de sus pies y un chapoteo cuando ingresaba al agua.

—¡Ah! —chilló ella con regocijo—. ¡Esto es maravilloso!

Darien se quitó la manta de la cabeza.

Todo pensamiento huyó de su mente.

—¡Darien! ¡Es estupendo!

Él no podía respirar.

Su cuerpo era sólo un difuso contorno plateado que relucía bajo de la superficie del agua, pero entonces sacó los delgados brazos blancos y los hombros fuera del agua, se retiró el cabello mojado del rostro y sonrió. Sus ojos brillaban. La imaginación de él completaba la simetría de su cuerpo. De repente, el contorno difuso fue una tortura.

—Nunca me he sentido tan feliz por Tomar un baño —declaró, y caminó con suavidad hacia un parche de luz en el agua.

El deseo de Darien había abdicado. Sólo podía mirar sin poder hacer nada.

—¿Algún lobo? —le gritó ella.

Él abrió la boca. No podía hablar.

—¿Darien?

—No hay ningún lobo —logró decir por fin, con voz ronca.

Se sentó con pesadez en la orilla y brevemente acunó su cabeza entre las manos. ¿Qué demonios le sucedía? Casi parecía que las mujeres eran un misterio para él; ni siquiera era porque se hubiera privado de ellas durante mucho tiempo, gracias a Mina Gilhooly. Aunque eso era diferente. Desde hacía días, algo inmenso se le había estado acercando con sigilo; y ahora por fin lo había dejado anonadado. No podía ponerle un nombre, ni siquiera podía dominarle para mantenerle inmóvil en su mente y determinar si era algo provechoso o perjudicial. Lo había superado hasta tal punto que acabó siendo eso, y ahora sólo podía acobardarse como un niño en la orilla. Se sentía expuesto, confundido y dolorido, con una necesidad tan absoluta que parecía desmedida.

Al menos todo ese asunto hacía que se enfadara, lo cual era un alivio; el enfado al menos le resultaba familiar. Intentó controlar el enfado. Lo masticó hasta que se sintió bien y a la vez, irritable.

—¿Vas a estar ahí todo el día, Serena? —Oyó el mal genio en su voz. No le importó.

Serena se deslizó por el agua hacia él. Parecía exactamente una sirena.

—¡Lo siento, Darien! ¡La manta, por favor! —le exigió con alegría.

Se refugió debajo de la manta mientras ella se movía con ligereza en la orilla del río. Darien identificaba los sonidos en la mente mientras ella se movía: «Ahora, se está secando el agua de la piel; ahora, se está sacudiendo la cabeza. El cabello mojado le golpea con suavidad contra la espalda desnuda. Ahora, se está poniendo el vestido». Él permanecía inmóvil y en silencio; aparentemente, lo más seguro en ese instante era que no se inmutara ante esa situación en particular. Estaba dolorosa y terriblemente excitado; el género de sus pantalones se estiraba con tirantez, provocando su piel sensible.

El agua le refrescaría los pensamientos, sin mencionar su vibrante miembro, abultado y rebelde.

—¡Listo! —gritó Serena.

Darien se quitó la manta de la cabeza, vislumbró instantáneamente su brillante cabello, sus ojos chispeantes y un vestido de muselina marrón, y de inmediato dejó caer la manta sobre la cabeza de Serena. Se desvistió en cuestión de segundos y tocó el agua con los chillidos de protesta de ella.

—¡Has olvidado el jabón! ¡Cuidado con el brazo!

Darien se había olvidado por completo del brazo. Lo quitó del agua de golpe, justo a tiempo para evitar que se mojara la venda.

—Arrójame el jabón, sé una buena chica. ¿Quieres?

Lanzó la pastilla al aire y de milagro Darien la atrapó con una mano antes de que resbalara al agua. Serena aplaudió en señal de reconocimiento y Darien hizo una pequeña reverencia dentro del agua. Su humor mejoraba con rapidez.

Movió un poco el cuerpo dentro del agua, con cuidado de mantener el brazo herido levantado. Era maravilloso; los primeros treinta centímetros del agua estaban tibios por el sol; desde sus caderas hacia abajo, el agua estaba fría, aterciopelada. Sumergió la cabeza y escupió. Se frotó el jabón por el rostro mugriento y por el pelo. Se sumergió otra vez, con tanta alegría como un pájaro en un charco de lodo.

—¡Manta! —gritó por fin Darien regocijado. Se sentía mucho más aliviado.

Obediente, Serena se cubrió la cabeza. Darien caminó con dificultad hacia la orilla, se sacudió como un pato, se frotó con fuerza para secarse y se vistió.

—¡Muy bien! —anunció con júbilo.

Serena dejó caer la manta de su cabeza. Le sonrió. Los ojos de Darien brillaban y serpentinas de cabello húmedo flotaban sobre su rostro.

Y debido a que de repente le pareció inconcebible no hacerlo, Darien la besó.

Eso les asombró a ambos; no sabía lo que hacía hasta que perpetró el acto. Se sentía extrañamente incorpóreo; tenía la cabeza inclinada y sus labios tocaban los de ella. Sintió que Serena quedó paralizada y respiró sorprendida. Él sintió la voz distante, débil y nerviosa de su mente que le sugería detenerse, por el amor de Dios. Sin embargo, el beso tenía su propio ímpetu.

Apretó el labio inferior de ella entre los suyos, y su sabor, el juego de texturas, era explosivo: fría seda, una dulzura adictiva y calor, enloquecedor. Perdido, Darien gimió y subió una mano para ahuecarla en su rostro, tanto como para sostenerse a sí mismo como para tocar la piel de Serena. Se acercó más, hasta que su sensible excitación dolorosa casi roza los muslos de ella. No se atrevió a acercarse más. Su boca se movía sobre la de ella con suavidad, saboreando la seda de sus labios, intentando abrirlos. Y entonces sintió el esplendor de los esplendores: sus labios temblaron y se abrieron; lo invitan a entrar. Con indecisión, su lengua le acarició el interior de su boca, y entonces, cuando la cabeza de ella se volvió hacia atrás, le acarició aun más profundo.

—Serena. —Fue mitad gemido, mitad suspiro.

Deslizó la mano desde su rostro hasta su garganta. Los dedos encontraron la piel delicada debajo de su mandíbula. Su pulso brincaba allí. Los deslizó por el cuello, por los delicados huesos de la clavícula, y luego bajaron, bajaron, hasta llegar justo por encima de donde sus pechos se abultaban contra su corsé. «Ay, Dios, sólo unos centímetros más…»

Serena suspiró. Fue quizás el sonido más dulce que había oído jamás. Sintió que ella se debilitaba contra su cuerpo rígido y afiebrado; su asombro se había deshecho en ansias. Ella levantó las manos para tocarlo.

Y de repente eso lo aterrorizó.

En el que quizás fue el acto de voluntad más grande de toda su vida, Darien se alejó de Serena de manera abrupta. Ella se tambaleó un poco hacia adelante, sobresaltada.

Y luego, con lentitud e indecisión, levantó la mirada hasta él. Sus ojos estaban empañados con asombro. Con ligereza y de manera distraída, ella se llevó la yema de los dedos hasta sus propios labios.

Darien volvió a mirarla. Respiraba como si hubiera corrido toda la longitud del río. Sus manos estaban cerradas en puños a ambos lados.

—Lo siento, Serena. Parece que sólo soy un hombre, después de todo —admitió con una especie de amargo sarcasmo.

Serena observó a Darien recoger sus cosas. Sus movimientos eran rígidos y parecía casi molesto. Luego, se dirigió a zancadas y con determinación hasta el caballo, y lo montó. Bajó la mirada hacia ella con una especie de desenfreno interno en los ojos.

Serena volvió a mirarlo fijamente, aún aturdida. Había olvidado cómo hablar; de cualquier manera, parecía una habilidad sin importancia cuando se daban tales besos, cuando se podía construir un mundo entero de un beso. No le hubiera molestado en absoluto quedar paralizada para siempre para conmemorar el momento.

«Deseo». Sabía que eso era lo que había ardido y latido en ella durante días, lo que quería liberar. Unas diminutas llamas candentes la lamían. Parecían restos de una conflagración avivada y luego sofocada abruptamente.

Darien se había alejado.

«Uno no enciende el fuego y luego se aleja de él».

La mirada fija de Darien por fin penetró en la bruma que rodeaba su razón. Le miraba como si fuera una extraña que lo volvía desconfiado. Ella no podía pensar en nada adecuado que decir. Su perspectiva de vida acababa de cambiar de manera radical; se sentía como si ahora entendiera absolutamente todo y, a la vez, absolutamente nada, y sentía que tiraban de ella en direcciones opuestas.

Serena se liberó de su ensueño con un sobresalto. Luego, caminó con dificultad hasta su yegua marrón y la montó, dado que eso era aparentemente lo que Darien quería que hiciese. Él espoleó su caballo para que caminara. No la miraba. Tampoco hablaba. Su espalda era un muro que parecía impedir una conversación. De esa manera, cabalgaron de regreso al pabellón de caza, en silencio.


HOLA CHICAS, PERDON, TENGO PRISA EN ESTUDIAR PARA MIS EXAMENES...MIREN, PRIMERO ME ENFERME DE MI COLO, LUEGO ME DIO GRPA, Y AHORA TENGO EXAMENES XD ANDO MUY AGITADA XDXD RESPONDO REVIEWS RAPIDO, GRACIAS A ELSY82 POR PREOCUPARSE MUCHO POR MI, CREO QUE RECIBI COMO 4 O 5 MENSAJES TUYOS...PERDON...COMO ME TARDE 6 DIAS EN ACTUALIZAR, LES DEJO OTRO CAPI :) QUE LOS DISFURTEN, SON MIS CAPIS FAVORITOS :D Y DESPUES SIGUE LO BUENO :)

Elsy82: perdooooooon, es que estoy en epoca de examenes y no he tenido tiempo para actualizar :/ perdon por darte preocupacion :´)

gigichiba: pues...pasara que...uyy que no puedo decirlo XD besos

ciakira: si :) me acuerdo todavia de ti XD pronto sabras lo ke pasa de verdad ;) espero que me apoyes en mi fic nuevo que pronto subire...ese no lo actualizare seguido :P besos

marceila: siiiii, todos nos morimos por darién, apuesto ake todas nos lo imgainamos acostadote asi XDXD o.o comentariototototote XP esa lita y ese drew ¬¬ se pasan XDXD de hecho estamos en el siglo 21 :P besotesss eres mi seguidora NUMERO UNO :D

isabel120: Gracias por el review :D

GRACIASSSSSS, NO HE VISTO A Princess Rei of Mars :/ pero ya que...tengo a Elsy82 :3

Atte.: MONI 3