Acá les dejo otro capítulo del Duque Rebelde, sé que les va a gustar :) Comentarios y demás abajo...Recuerden que esta historia le pertenece a Long Julie Anne, sólo la adapté. La mayoría de los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi :3


Capítulo 15

—…Y en Georgia, viven en el agua enormes monstruos escamosos con grandes bocas llenas de dientes. Son capaces de engullir un ciervo de un solo bocado.

—¡Mientes!

—Es verdad —dijo Darien con seriedad—. Nadan en ríos iguales a este, sólo que un poco más turbios, y de vez en cuando se arrastran hacia la orilla para disfrutar del sol, como nosotros hacemos ahora.

Darien y Serena estaban recostados uno al lado del otro sobre una manta junto al agua, desnudos y completamente blancos bajo el sol de la tarde, cubiertos de pequeñas perlas de agua. Serena había querido darse otro baño, y aunque al principio Darien se había mostrado reacio a satisfacer su impulso, alegando que ya deberían estar en camino, al menos aceptó el argumento de que bien podría ser la última oportunidad que tendrían de retozar desnudos y juntos en un lugar como ese.

—En realidad es un buen argumento —le había dicho a Serena, con seriedad.

Y ahora la entretenía con historias sobre Norteamérica.

—¿Comen personas? —preguntó Serena después de un momento.

—Sólo en raras ocasiones —le respondió de manera despreocupada—. Se llaman «caimanes». ¿Te gustaría ver uno algún día?

Hubo un momento de silencio.

—Sí, desde luego —afirmó Serena con vacilación.

—¿Estás segura? —La voz de Darien temblaba con regocijo contenido.

—Desde luego que quisiera ver una criatura tan importante —reiteró con firmeza.

Aun así, no podía evitar mirar hacia el agua con una especulación inquietante. Hubo otro silencio breve entre ellos.

Y luego Darien le cogió un muslo y rugió.

Serena brincó casi directamente en el aire, emitiendo una serie de chillidos.

—¡Eres una bestia! —Se abalanzó sobre él e intentó darle un puñetazo en el pecho mientras Darien reía sin poder hacer nada.

—¡Mi brazo! ¡Mi brazo! ¡Ten cuidado con mi brazo! —Se ahogaba entre risas mientras intentaba capturarla de las muñecas. Ella reía y se retorcía para que no la cogiera, pero pronto pudo agarrarle ambos brazos y darle la vuelta.

Permanecieron inmóviles por un instante, extasiados por el regocijo perfecto e insondable que veían uno en los ojos del otro.

—Hola —dijo Serena en voz baja.

—Hola —respondió Darien con amabilidad. Luego lamió una perla de agua de su pecho. Serena vio que sus ojos se volvían casi negros por el deseo, y sintió un aumento repentino de gozo.

Darien levantó los brazos de ella por encima de su cabeza y los sujetó allí, mientras sonreía con picardía. Serena deslizó los pies a lo largo de las pantorrillas de él en una suave caricia y trabó las piernas a su alrededor. Él bajó con cuidado y se introdujo en ella. Fue una presión larga y pausada. Luego se mecieron juntos muy lentamente. Disfrutaban al sentir sus cuerpos fríos y resbaladizos por el agua y calientes por el sol. «Precioso». La palabra llenaba la mente de Serena. Inclinó la cabeza hacia atrás. Darien le mordisqueó la garganta.

Arrastró su mejilla con barba contra la suavidad de la piel de ella. Buscó sus labios y los volvió a perder mientras la cabeza de ella se agitaba por el deseo. La observaba y saboreaba el ritmo primario de sus caderas mientras entraba y salía de su cuerpo. Una llama blanca se encendió y serpenteó por sus venas hasta dejarla incandescente, desesperada por la urgencia. «Precioso. Precioso. Precioso». Serena gritó, fue un agudo sonido salvaje. Se arqueó debajo del ritmo acelerado de los empujes de él y luego su piel se disolvió en mil estrellas brillantes y ardientes y quedó temblando debajo de su cuerpo.

Darien se desplomó contra ella, estremeciéndose. Ella acunó su cabeza, acarició esa gruesa mata de cabello negro maravillosamente rebelde y le retiró las mechas ondeadas de la frente. Guardaron silencio hasta que la respiración de ambos se volvió más tranquila y regular.

Finalmente, Darien se apartó de mala gana, pero inmediatamente después extendió las manos hasta ella y la envolvió entre sus brazos.

Permanecieron recostados, juntos, hasta que él comenzó a adormilarse mientras Serena miraba a través de los árboles. Fragmentos de cielo azul brillaban entre el verde luminoso de las hojas. Era como estar acostada debajo de un techo de cristal de colores. Llevó la mirada hasta el brazo que la envolvía y con delicadeza siguió con el dedo el rastro del camino azul pálido de sus venas, agradecida más allá de las palabras por la vida que corría a través de ellas.

Estaba impresionada por el mismo hecho de hacer el amor. Por la manera en la que sus intentos por saciar el apetito el uno por el otro sólo aumentaba el propio, por el estimulante momento aterrador de completa rendición en medio del éxtasis, cuando ya no podía descifrar dónde terminaba su cuerpo y comenzaba el de Darien y no podía imaginar que alguna vez volviera a importarle. Disfrutaba de todo eso: del peso del cuerpo de Darien sobre ella, de la manera en que su contacto hacía que él enterrara el rostro, indefenso, en la curva de su cuello y murmurara con voz ronca su nombre, de su mirada caliente y distante, ciega incluso aunque nunca abandonara su rostro, cuando se movía en su interior hasta llegar a su liberación. Y ahora le dolía todo el cuerpo, de manera deliciosa, como si por fin lo hubiera utilizado para el propósito para el que había sido creado.

De alguna manera, todo eso hacía que aprender a tocar el pianoforte pareciera tener mucho menos sentido.

Y, ay, Dios, cómo lo amaba. Pero había algo que debía saber. Mientras que el tiempo y el distanciamiento de las caballerizas enriquecían el toque irlandés de Darien, algo que parecía más inalterable quedaba al descubierto. Veía los cambios en su comportamiento, en su voz, y veía cómo se adecuaban a su cuerpo de manera más auténtica. Peleaba y disparaba como un caballero, hablaba como un caballero, se vestía con prendas de caballero. Pero había algo más, algo casi intangible: su elegancia, su ingenio, las palabras que utilizaba, la facilidad de reflexión para dominar una situación. Ella necesitaba saber.

—¿Darien?

Darien abrió un ojo y lo dirigió hacia ella.

—¿Sí?

—¿Me dirás quién eres en verdad?

Tenía habilidad para preguntar las cosas más inesperadas en los momentos más inesperados. Ahora, bien despierto, Darien se sentó y se pasó una mano nerviosa por el cabello, pero sin hablar.

Serena continuó, titubeó un poco.

—Es sólo que… me haces recordar lo que le ocurrió una vez a mi padre. Tropezó con algo que había en la tierra del jardín de atrás después de una lluvia que duró días y días, llovió a cántaros, literalmente. Lo frotó con su pañuelo y vio que era un pequeño cofre, y cuando hizo que Tom, el jardinero, cavara para extraerlo, resultó estar lleno de monedas romanas. Encontró cosas bonitas y de bastante valor. Pero bien pudo haber quedado enterrado y nunca hubiéramos sabido que existía de no haber sido por la lluvia.

Darien lanzó una risa compungida.

—Ah. ¿Entonces te recuerdo a algo que ha estado enterrado durante siglos, pequeña Sere? —dijo él, torciendo una comisura de su boca con ironía—. Me doy cuenta de que necesito afeitarme, pero no estoy seguro de comprender la comparación.

Sin embargo miraba hacia el agua y más allá, pero no a ella.

Serena no respondió. Envolvió con firmeza los brazos alrededor de sus rodillas. Darien se volvió hacia ella y su corazón se oprimió ante la tirantez pálida que había en su rostro.

—Por favor, perdóname, pequeña Sere —dijo en voz baja—. Sé que te preguntas qué encontrarás en el cofre cuando por fin hayas desenterrado todo, ¿no es verdad?

—Sí —respondió con suavidad.

Él volvió a mirar hacia el remanso.

—¿Quizá tienes problemas con la ley, Darien?

—No los tenía antes de conocerte, pequeña Sere, te lo juro por mi honor —contestó de inmediato—. No obstante, ahora es diferente.

Ella sonrió un poco al oír eso.

—Entonces, ¿eres… eras… alguien… importante?

Darien aún no se enfrentó a su mirada. Observaba el curso del río. En algún lugar, el alcance de su visión encontraba el mar, y al otro lado de ese mar, estaba Norteamérica, una nueva vida. Ojala los zarcillos de la vieja vida no lo estrangularan antes de alcanzarla.

—Sí —confesó por fin.

La palabra parecía caer entre ellos con el peso de un monumento.

Serena respiró breve y bruscamente. Y luego asintió con la cabeza una vez, como si confirmara algo que ya sabía.

Ambos guardaron silencio por un momento, pensativos, y entonces Darien se puso de pie y comenzó a caminar de un lado a otro con impaciencia. Al hablar, sus palabras salían desordenadas y deprisa.

—Cuando resulté herido en la guerra, pequeña Sere, vi mi oportunidad. Odiaba la vida que había llevado, y la vida que me esperaba al regresar de la guerra. Todo proscrito, establecido, asfixiante. En realidad, había ido a la guerra para escapar de eso. Y entonces, sólo lo dejé atrás. Te juro que no hubo ningún escándalo. No dejé esposa, ni hijos. Todos los que me conocían creyeron que había muerto, asesinado en Waterloo, y entonces fue fácil comenzar una vida nueva.

—Yo lo hubiera sabido —dijo ella en voz baja.

—¿Cómo lo hubieras sabido, pequeña Sere?

—Eres mi corazón, Darien. Sabría si mi corazón dejara de latir.

Lo dijo con mucha simpleza, de manera muy realista. Y una vez más, Serena Tsukino lo había dejado sin palabras.

Darien dejó de caminar. «Siempre hará esto», pensaba él. «Y la necesito a mi lado siempre». Bajó la mirada hacia ella, con ojos tiernos, suplicantes.

—Pues, ellos lo creyeron, pequeña Sere. Si hubieras estado en Waterloo, comprenderías lo fácil que era creer en algo. He dejado atrás un inmenso deber, y también riquezas, y no me enorgullece eso. Pero no lo quiero de vuelta. Que Dios me ayude, ahora me siento más feliz de lo que nunca me he sentido. Te ruego que no pienses mal de mí por esto.

Serena volvió a mirarlo con incredulidad.

—¡Por el amor de Dios! —exclamó con ternura.

—¿Perdón? —dijo Darien, un poco sobresaltado.

—También he dejado atrás mi deber, Darien. Era mi deber casarme con Furuhata y tocar el pianoforte y bordar, y muy probablemente vivir con tristeza sola en el campo, mientras mi esposo se iba a las mesas de juego de Londres; y tú no piensas mal de mí por renunciar a eso, ¿no es verdad? No podría soportar la vida que me esperaba, por lo que elegí otra por mí misma, sólo tuve que pensarlo un segundo. Con tu ayuda. ¿Cómo puedo pensar mal de ti, Darien, cuando, de todas las personas que formaban parte de mi vida, tú siempre has cuidado de mí, a tu manera? No puedo imaginar que hubieras dejado a alguien que de verdad te necesitara.

«Ah, sí, pero tú no has abandonado el banco que tu familia tuvo en el Parlamento durante cientos de años, pequeña Sere. No has abandonado la tierra en la que descansamos en este momento. No has dejado que tu familia y que tus amigos lloraran la pérdida de tu muerte. No has dejado a una amante sin decirle adiós».

Casi dice todo eso en voz alta.

—Serena, no es tan simple. El deber es algo diferente para los hombres que para las mujeres… —comenzó a decir con suavidad.

—¡Tonterías! —Serena lo interrumpió con una sonrisa—. Ambos somos egoístas y me importa un bledo. No me importa mientras esté contigo.

Darien bajó la mirada hacia ella con asombro. Se preguntaba si alguna vez llegaría el día en el que Serena dejara de asombrarlo. No había un solo hueso de timidez en su cuerpo; había hecho el amor con gusto y una ternura ejemplar. Gozar con ella en el descubrimiento de su propio cuerpo había sido el placer más grande de su vida.

Pero qué cruel y único podía ser el nuevo amor que no reconocía nada fuera de su propia burbuja, pensaba Darien. Sabía que a ellos sí les importaría un bledo las demás cosas, llegado el momento. Aunque la versión de sí mismo que veía a través de los ojos de ella era seductora. Deseaba que fuera así de simple, deseaba ser egoísta y que no le importara serlo. Tal vez creía que al haber sobrevivido la violencia y las guerras en su vida tenía derecho a un poco de egoísmo, y en ese egoísmo estaba incluido el hecho de que no deseaba contarle a Serena toda la verdad sobre sí mismo; aún no. No hasta que fuera suya por completo, ante la ley. No hasta que verdaderamente le resultara extremadamente difícil alejarse de él a causa del desengaño y la desilusión, si es que alguna vez se enteraba de toda la verdad.

La palma de las manos se le enfriaron y humedecieron. ¿Cómo podía haber llegado a la edad madura de veintinueve años sin siquiera pensar en el matrimonio? Desde el momento en que cumplió dieciocho años, pusieron delante de él una heredera aristocrática tras otra. En los bailes y las veladas había visto verdaderos racimos de atractivas mujeres que revoloteaban a su alrededor. Ninguna de ellas había quedado registrada en su mente más de un momento. Se había sentido enfadado y egocéntrico, ocupado en poner a prueba los límites de su libertad y la paciencia de su padre. Perpetuar el antiguo linaje Dunbrooke parecía un deber desagradable que pertenecía a un futuro lejano.

Pero desde el momento en el que había despertado con Serena en sus brazos, el matrimonio era lo único en lo que podía pensar. ¡Dios lo ayude! ¿Y si Serena no contrajera matrimonio con él? ¿Y si le preguntara, y ella vacilara, o necesitara que la persuadiera? Sabía lo que haría: por primera vez en la vida, se lo rogaría. La amenazaría, si fuera necesario; la asustaría diciéndole que quizá ya estaba embarazada. Por Dios, contraer matrimonio con ella era el único deseo verdadero que tenía desde que había nacido. Y luego, la compensaría, haciéndola feliz el resto de su vida.

—¿Darien? —dijo Serena de manera burlona—. ¿Te encuentras bien?

Darien nunca antes había oído que alguien se hubiera declarado desnudo. Sin duda habría un precedente, como lo había para casi todo, si se buscaba.

—Serena… —salió en un gruñido seco. Vaya, todo un comienzo prometedor.

—Darien, por favor, siéntate a mi lado. No tienes buen aspecto. ¿Es tu brazo? ¿Puedo echarle una mirada?

—¡No! —le gritó con nerviosismo.

Serena se estremeció.

—Quiero decir…

Quizá funcionaría mejor si se arrodillaba. Con determinación, se arrodilló ante ella, pero ella se apartó deprisa en una pequeña muestra de desconfianza. Debía dejar de farfullar una risa histérica. ¿Cómo hacía alguien que estaba enamorado para continuar con ese momento con elegancia? ¿Cómo era posible que se hiciesen declaraciones, si eran una forma exquisita de tortura?

—Darien…

—Silencio, Serena —soltó, con más mal humor del que quería—. Intento proponerte matrimonio.

Su boca cayó abierta por el asombro y por un momento lo miró fijamente sin comprender. Luego, comenzó a reír.

Darien arrugó el entrecejo de manera enigmática.

—Vaya, sí, sí, sí —respondió con voz entrecortada mientras aún reía sin poder hacer nada—. ¡Por supuesto! Lo siento, lo siento. Es sólo que… «Silencio, Serena» —se reprendió con dureza, haciendo vibrar la voz—. ¡Ay, caramba! Qué romántico…

El entrecejo de Darien comenzó a temblar y se curvó en los bordes frente a las carcajadas de ella, y luego, por fin, abrió la boca para reír y dejar salir un gran grito de victoria. Suponía que importaba poco que hubiera hecho la propuesta de matrimonio más torpe del mundo, siempre que, después de todas las risitas, obtuviera la respuesta que deseaba.

Serena se lanzó a sus brazos, y él los cerró a su alrededor con tanta fuerza como pudo.

—Tengo muy poco dinero, Serena, pero quizá pueda trabajar para mi tía algún tiempo y, sin duda, nos prestará dinero y podremos contraer matrimonio en Gretna Green mañana; aunque deberíamos marcharnos pronto para llegar allí. Tú sí quieres ir a Norteamérica, ¿no es verdad? Quizá puedas dedicarte a la medicina allí… —farfullaba con alivio, felicidad desenfrenada y pánico ante la magnitud de lo que acababa de hacer.

—Sí —murmuró ella contra su pecho—. Sí a todo. Siempre que estemos juntos.

Darien la abrazó y enterró el rostro en la dulzura de su cabello, inspirándola. Pero sin importar lo cerca que la tenía, las imágenes de Patricia Kino, su hermano Tom, su padre y el hijo menor de los Pickering jugaban al borde de su conciencia como vestigios de un sueño.


Marie Mademoiselle Chiba: :D

Elsy82: -.-U jajaja :3 subir ambos no es problema, es mi tiempo en estas semanas que no me dejas abrir la compu XD

isabel120: :P

DeepNiobe: Grax! espero que sigas leyendo :)

Princess Rei of Mars: Ahhh! Volviste :´D ya estaba preocupada por ti te extrañaba XD éxito con tus finales :P

aby: holaaaaas, bienvenida :D

marceila: Jajaja, espero actualiza más pronto, ya casi termino mis examenes ^.^