Estos personajes no pertenecen, si no a Stephenie meyer…
Cap 2
Sobreviviendo
El silencio en la habitación es perturbador, por primera vez en mucho tiempo me he quedado solo en casa, todos han aprovechado el fin de semana y se han ido el fin de semana de compras, de visita a Alaska o simplemente a pasear. Según Alice, quien nunca se equivoca, predijo que tanto el lunes como el martes estarían soleados.
Como siempre que me distraigo, mi mente evoca su nombre, no el de la mujer que me ha abandonado dejando hecho pedazos este corazón, si no el nombre de la chica que con su sola presencia reaviva cada uno de ellos.
-Lucía- repito una y otra vez tu nombre desde el día que lo conocí, me vuelve loco tu indiferencia, tu lejanía y la poca importancia que das a mi existencia.
Me gusta verte, tu rostro expresivo cautiva mis sentidos, tus pensamientos, que son como un consuelo a esta soledad a la que me tienes encadenado. Eres tan diferente a las demás, tu mente es tan extraña, tan inocente, me encanta esa claridad y frescura, encuentro un confort placentero en ella, tu voz me arrulla como el susurro del viento, y sin embargo me duele, duele no estar en tus pensamientos.
-Soy un egoísta- me digo a mi mismo al verte ir el viernes por la tarde- pero no puedo evitarlo.
En mi casa me siento perdido, busco algo en que distraerme para evitar pensar en ti, me acerco al piano y entonces la recuerdo a ella- ¿Por qué me traicionas así?- aunque mi corazón no latía, el vacío en mi pecho se hacía más grande. La ira me invade, y el banquillo del piano se destroza bajo mis manos. Siento el apuro de correr, si no hago algo para liberarme y con mi familia tan lejos de aquí no se que sería capaz de hacer.
El viento en mi rostro me calma, conforme aumento la velocidad mi enojo disminuye, me siento libre al correr por los límites del bosque, entonces su aroma me llama, tan sutil como el de las rosas al amanecer e igual de hipnotizante, lo sigo cauteloso hasta una casa de madera no muy grande, con un bello jardín.
-Helena te aseguro que estoy bien, mira ya lo controlo mejor.
-No me importa en absoluto- la voz de la mujer sonaba estricta pero maternal- sabes que eso no es natural, no debes…
-Te prometo que el es bueno- me sorprendía al ver mi rostro- lo se…
-No dudo de tu juicio, pero sabes bien la historia entre…
-Lo se- su tono de voz se volvía suplicante- pero ellos son diferentes, en otro caso yo… - la escuché atragantarse … la escuche…
Hasta ese momento no caí en cuenta que solo había escuchado su plática en mi mente, el sonido de su garganta me hizo reaccionar. No entiendo lo que sucede en ese lugar, ella no mira a nadie en específico, solo se pasea por la sala, muebles, una lámpara, un gato, una ventana, no veo a nadie ahí.
-No importa, creo que tomare mis riesgos.
-Lu…
-Helena, por favor.
Un gato bufó y salió disparado hacia las escaleras, - lo siento- fue el único pensamiento que pude recibir de Lucía antes de verme de nuevo en su mente, así que después de todo ella pensaba en mi. Aunque tenía a alguien sensato a su lado que le pedía que no se acercara a mi, o eso fue lo que logré entender.
El sol se ocultaba en el horizonte, mientras yo seguía indeciso en retirarme del lugar o esperar a tener la oportunidad de entrar a verla, el deseo de tocarla me mantenía ahí, quieto como estatua, pero el miedo a lastimarla me pedía a gritos que me retirara y le permitiera vivir.
-Saldré un rato- la mujer que vivía con ella le avisó, escuchaba sus pensamientos mas no veía lo que ella veía, extraño sin duda- asi que por favor ten cuidado- su voz sonaba más tranquila, con un dejo de resignación.
Ahí estaba la oportunidad que tanto había esperado, la luna era lo suficientemente gentil para ocultarse entre las nubes y permitirme permanecer oculto en la oscuridad de la noche. Mas no me atrevía a atravesar el umbral.
-Edward- ella me llamaba- lo lamento.
Me retire del lugar, no soportaba verla así, tan apesadumbrada y disculpándose de algo que no había hecho. Entre en mi casa con mucha pesadez, el piano está ahí reluciente ante los tímidos rayos de luna y los restos del banquillo aún reposan en el suelo.
Me sonreí, como es que deseaba tenerla para mí, ser el único en su mente si yo no podía ofrecerle lo mismo. Me senté en el suelo, aun lado del piano, escribiendo notas en mi mente, hacia tiempo que lo deje de hacer, pero aun podía.
-Lucía- llevé un nuevo asiento al lugar donde estaban las astillas y levanté la tapa, mis dedos se deslizaban por las teclas frenéticamente, como si el momento más ansiado estuviera sucediendo, tocaban tu canción, así como algún día tocaron la de ella. Entonces te escuche en un susurro y seguido de eso tocaste a mi puerta.
Espero les guste. Kukuku…
Les prometo que reescribi este capitulo como 5 veces pero bueno ia quedo… que lo disfruten
