La Esencia del Dragón

Capítulo 13: "Tras la pista de Kaiba"

El tren marchaba imparable con sus doscientos kilómetros por hora suspendido sobre los rieles. Poco a poco los pasajeros podían distinguir la figura del puerto de Osaka. El sol matutino bañaba con sus blancos dedos los grandes edificios alineados de manera casi marcial disfrazándolos de torres de oro iguales a las de las fábulas antiguas. Aún así el inspector Fujima estaba más interesado en sus notas que en el paisaje. Era toda la información que había obtenido sobre Usui Kaiba, el científico que supuestamente había participado en la creación de las criaturas que habían azolado Juuban durante varios meses. La búsqueda fue intensa y lo hizo dar vueltas por todas partes durante un mes hasta que finalmente encontró su rastro en la ciudad costera de Osaka. Según sus pesquisas Kaiba era un hombre que había nacido cincuenta y ocho primaveras atrás y desde muy temprana edad mostró una inteligencia prodigiosa; tanto así que cuando cumplió los diecinueve años obtuvo una beca para estudiar en una importante universidad europea donde permaneció quince años hasta obtener varios postgrados en áreas relacionadas con la Biología, siendo el más notable el de investigación genética. Regresó luego al Japón siendo toda una eminencia consiguiendo una plaza como catedrático en una universidad de Osaka y cuantiosos fondos para sus investigaciones. Durante un periodo de diez años hizo importantes descubrimientos en relación a la genética, sin embargo, comenzó a tener problemas con la dirección de su facultad debido a supuestas investigaciones que rebasaban la línea de lo ético, por lo cual le fueron retirados sus fondos limitándose únicamente a impartir su cátedra. Así continuó hasta que, seis años atrás, inexplicablemente renunció y desde entonces no se había vuelto a saber nada de él.

Fujima cerró la carpeta donde tenía todos esos papeles. Los había leídos varias veces durante el trayecto. Ahora su mente comenzaba a trabajar de forma acelerada. Se preguntaba qué tipo de investigación realizaba para que la hubiesen suspendido tan abruptamente. Tal vez intentaba crear bestias con las cuales dominar el mundo pensó el policía, aunque inmediatamente sonrió y desechó la idea. Por otro lado suponía que si dejó su empleo como catedrático era quizá porque alguien le ofreció financiar su trabajo y que posiblemente esa investigación dio como resultado los monstruos que habían atacado Tokio. Pero todo eso eran meras especulaciones debía seguir indagando para obtener certezas.

El tren finalmente arribó a su destino. En la estación encontró a un uniformado, el cual le indicó que un auto-patrulla lo esperaba afuera. Fujima le ordenó al agente que lo condujese primero a la comandancia antes de llevarlo a su hotel para reportarse con el jefe de la policía de Osaka y explicarle su misión. El jefe era un viejo oficial que había conocido en sus años de novato por lo que la charla fue en un tono bastante informal. El inspector le explicó escuetamente que se encontraba en Osaka siguiendo una pista relacionada con los monstruos que habían aparecido en la capital de Japón. El jefe hizo algunas bromas relacionadas con la labor de Toshiro preguntándole si ahora en vez de atrapar criminales se dedicaba a cazar platillos voladores y hombrecillos verdes. Después de aquella plática tan animada se retiró a su hotel para tomar un tardío almuerzo antes de ir a visitar al director de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Osaka, con quien se citó a las once treinta.

A la hora marcada el policía se hallaba sentado frente al Dr. Konichi Sato, director de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Osaka. Sato era un hombre alto y enjuto, rostro alargado, de ojos profundamente negros y vivaces; una abundante, aunque canosa, melena coronaba sus rostro, que sorprendentemente presentaba pocas arrugas para sus casi sesenta años.

"La verdad no entiendo por más que lo pienso que desea un policía de Tokio con un simple profesor como yo" dijo el director.

Pese a sus palabras Fujima opinó que quizá sí lo sabía.

"A decir verdad necesito localizar a un antiguo profesor de este plantel" informó el inspector "Su nombre es Usui Kaiba, según tengo entendido usted trabajó a su lado durante más de cinco años"

"¡Ah!" exclamó de forma curiosa el doctor "Conque se trata del viejo Kaiba, ¿eh?"

Estaba claro que no le sorprendía para nada la mención de dicho nombre. El agente continuó.

"Sí, necesito su opinión profesional para un caso que estoy investigando en estos momentos" mintió "Y según me dijeron él es toda una autoridad en cuanto a ingeniería genética"

"Bueno, el Dr. Kaiba es una autoridad en muchas áreas" dijo sonriendo, como si se sintiera complacido por las palabras de su interlocutor.

El inspector estaba seguro de eso. Pero también estaba seguro de que estaba evadiendo el tema saliéndose por la tangente.

"Sí, bueno, ¿sabe dónde puedo encontrarlo?" le apremió Fujima.

"Me temo que no" replicó Sato "La última vez que vi a Usui fue hace seis años cuando renunció a la facultad"

"¿Y no supone a dónde pudo haberse marchado, ya sabe, que usted diga: 'tal vez se marchó a vivir con su madre', o algo parecido?"

"Pues no se me ocurre ningún sitio" negó Konichi.

El policía frunció ligeramente el ceño a causa de la frustración. Dicha acción no pasó inadvertida para el Dr. Sato quien en contraste sonrió y lanzó una mirada divertida a su acompañante. Fujima sospechaba que el director no le estaba diciendo todo lo que sabía. Decidió pues cambiar de estrategia.

"Dr. Sato, ¿por qué razón suspendieron las investigaciones que realizaban usted y el Dr. Kaiba en esta institución?" quiso saber el policía.

La sonrisa se borró del rostro del director.

"¿Qué tiene que ver eso con su investigación?" preguntó a su vez el interpelado en tono áspero.

"Bueno, creo que dicha situación debió dejar muy descontento a su colega y quizá eso contribuyó para que tomara su decisión de marcharse cuatro años más tarde" conjeturó Toshiro "Lo más probable es que se haya ido a un lugar donde pudiera continuar su investigación, si sé de que se trata quizá me sirva para encontrarlo"

"Lo siento pero eso es un asunto confidencial y no puedo revelar absolutamente nada al respecto"

El inspector no quiso preguntar nada más. Estaba claro que su interlocutor sabía muchas cosas pero no estaba dispuesto a decirlas. Se levantó de su asiento, hizo un gesto de despedida y se dirigió a la puerta. Cuando tomó la perilla y la giró la voz de Sato se escuchó a sus espaldas.

"¿Por qué busca realmente a Usui?" preguntó sin rodeos el director "No creo que sea para pedir su 'opinión profesional' ¿o sí?"

Fujima lo miró por encima del hombro. Una sonrisa irónica se trazó en sus facciones.

"Lo siento pero eso es un asunto confidencial y no puedo revelar absolutamente nada al respecto" replicó el policía antes de abrir la puerta y abandonar la habitación.

El Dr. Konichi Sato lanzó un bufido en señal de enfado.

. . .

Fujima retiró un cigarrillo de la cajetilla, lo encendió, le dio un par de chupadas y arrojó una bocanada de humo. Se hallaba sentado en una banca de los jardines exteriores del campus. Se había topado con un muro al charlar con el director Sato pero también abría una nueva gama de posibilidades. Sospechaba que ese hombre sabía perfectamente donde estaba Kaiba y qué estaba haciendo. Sólo debía presionarlo lo suficiente y seguramente obtendría las respuestas que necesitaba.

En eso meditaba cuando un hombre se acercó a él. Vestía un traje café de corte italiano, camisa rosa y corbata color marrón, era de complexión gruesa, cara redonda, ojos grises y de cabello castaño corto. Por el maletín que portaba el policía opinó que se trataba de uno de los profesores de aquella escuela. El individuo se paró frente a él y le extendió la mano.

"Hola, mucho gusto, mi nombre es Hideaki Katagiri" se presentó el hombre "Y supongo que usted es el agente de la policía de Tokio que visitó a nuestro director"

"Así es" confirmó el policía "Soy el inspector Toshiro Fujima de la Policía Metropolitana de Tokio"

"¡Excelente!" exclamó complacido el profesor "Dígame, inspector, ¿está aquí para investigar al director Sato?"

El agente encontró aquella pregunta muy curiosa.

"Lo lamento pero no puedo discutir sobre eso" dijo en forma evasiva Fujima.

"¿Y si le digo que tengo información 'interesante' sobre el Dr. Sato?"

El sujeto había logrado captar la atención de policía. Sin embargo prefirió no demostrarlo.

"¿Qué clase de información?"

El otro sujeto sonrió.

"De la clase que los defensores de la ley y el orden siempre quieren encontrar"

"Hable" exigió el inspector.

"Este no es el lugar indicado mejor vayamos a un café que está aquí cerca y ahí podremos hablar sin ser molestados"

Fujima accedió y ambos hombres abandonaron los terrenos de la Universidad.

El Dr. Konichi tamborileaba con nerviosismo sobre su escritorio a la vez que terminaba su quinto Whisky. De cuando en cuando echaba una mirada indecisa al aparato de teléfono que tenía frente a él. La visita de aquel policía lo había dejado sumamente intranquilo. Estaba seguro que no sabía mucho sobre su verdadero trabajo pero también se dio cuenta que dicho individuo no era tonto y que si había llegado hasta ahí preguntando por su colega Kaiba entonces sería capaz, tarde o temprano, de averiguar la verdad. Era mejor deshacerse de él antes de que se convirtiera en un peligro.

Dio un suspiro profundo y tomó el auricular con aire resuelto. Marcó lentamente los dígitos. Tuvo que esperar un par de segundos en la línea antes de que alguien le contestase.

"Tenemos problemas" fue lo primero que dijo.

Ambos hombres se encontraban sentados en una pequeña mesa de un cafetucho ubicado a tres calles del campus. Luego de ordenar (un café negro si azúcar para Fujima y un té para Katagiri), estaban listos para dar comienzo a la conversación. El policía no quiso apresurar las cosas, se había dado cuenta que su acompañante estaba ansioso por contarle lo que quiera que sabía. Eso lo asustó un poco porque cabía la posibilidad de que no tuviera relación con el caso que investigaba y sólo se tratase de algún chisme escandaloso del director. No obstante, con los años había aprendido que no se debía descartar ninguna pista o indicio pues en ocasiones los rastros menos probables eran los más aclaradores.

Dio trago a su café y esperó a que el profesor iniciara la conversación.

"Me doy cuenta que usted es un hombre ocupado y por eso seré breve en lo que tengo que decirle" inicio Hideaki "Tengo la sospecha que el director está metido en negocios ilegales"

El rostro del policía se mantuvo imperturbable.

"¿Qué clase de negocios ilegales?"

"¡Pues no lo sé!" respondió el profesor con impaciencia ante la indiferencia demostrada por su interlocutor "Eso es lo que le corresponde averiguar a usted, yo sólo sé que está metido en algo sucio"

Ahora Fujima comenzó a pensar que después de todo sí estaba perdiendo el tiempo. Frunció el ceño y miró fijamente al hombre sentado frente a él.

"Señor Katagiri, si sólo está aquí para lanzar una acusación sin fundamento sobre otro hombre por que simplemente no le agrada o por cualquier otra razón entonces será mejor terminar esta charla antes que lo arreste por calumniar a un conciudadano suyo"

El agente de la ley y el orden se levantó y se dispuso a marcharse pero fue detenido inmediatamente por Katagiri. En su expresión denotaba lo avergonzado que estaba por su falta de tacto al hablar. Ofreció disculpas y le suplicó a Fujima que volviese a sentarse.

"Me disculpo por no darme a entender bien, inspector" se excusó el profesor "Lo qué quise decir es que el Dr. Sato ha estado realizando actividades bastante sospechosas desde que tomó el cargo hace tres años"

"¿Actividades sospechosas?"

"Sí. Desde que está al frente de la Facultad ha estado 'reclutando' a los alumnos más brillantes aunque con exactitud no sé para qué, pero dado el hermetismo alrededor de este asunto me hace tener mis dudas sobre la 'ética' del mismo"

Ahora el policía volvió a sentir interés en el asunto, por ello se atrevió a hacer una conjetura.

"¿Usted cree que el Dr. Sato está reclutando a estos jóvenes para que trabajen en investigaciones científicas ilegales?"

El profesor Katagiri meditó la pregunta unos segundos como si fuese la primera vez que pensara en dicha posibilidad.

"Puede ser, aunque como dije son sólo sospechas" replicó con cautela.

Al parecer se había dado cuenta que quizá no fue tan buena idea hablar con aquel policía. Fujima imaginó que si le dijo todo aquello fue tal vez porque Katagiri era un enemigo político de Sato y si lograba descubrir algo sucio de éste último con que manchar su reputación lograría obtener una mejor posición en la institución o quizá el puesto de director. Pero ahora había notado que su pequeña indiscreción podría derivar en un escándalo que afectaría no sólo al director sino a toda la escuela. Toshiro sonrió, ¡Dios bendiga a los ambiciosos! pensó el agente. Por otra parte comenzó a ver la posible relación entre el director y Kaiba. Éste último se marcha al conseguir quien financie su trabajo y Konichi Sato desde su posición de poder consigue empleados de apoyo de primer nivel. Un buen plan en opinión del policía.

"Señor Katagiri, ¿sabe algo acerca de las investigaciones que el Dr. Sato realizaba al lado del Dr. Usui Kaiba hace como diez años?"

El aludido se puso pálido con la mención de todo aquello.

"Pues... no se supo mucho de dicho asunto, únicamente hubo rumores sobre lo que en verdad sucedió"

"¿Qué rumores?" inquirió el agente.

"Cosas absurdas como que Kaiba quería hacer experimentos de ingeniería genética con humanos para crear una especie de superhombres y cosas así" explicó "Puras idioteces si me pregunta"

Pero Fujima no estaba tan convencido. De cualquier manera había conseguido que Katagiri se pusiera a la defensiva y era muy posible que se negara a seguir cooperando. Por ello decidió terminar con aquella reunión.

"Bueno, profesor, creo que ya he perdido mucho tiempo y aún tengo cosas que hacer es mejor que me retiré" explicó el policía.

"¿Qué piensa hacer ahora, inspector?" preguntó con cierta aprensión Hideaki.

"Adiós, señor Katagiri" dijo Fujima ignorando la pregunta y se marchó.

Mina Aino se secó el sudor de la frente por tercera ocasión, dejando empapado su pañuelo. Indudablemente el sol de las dos de la tarde era el más fuerte. Por ello no pudo disimular su alegría al llegar al restaurante Crown's. Hasta el calor del astro rey puede ser vencido por un delicioso helado de chocolate. Al entrar inmediatamente vio a Unazuki, su amiga y encargada del lugar.

"¡Hola, Mina!" saludó la pelirroja.

"¡Qué hay, Unazuki!" dijo a su vez la aludida "¿Qué dice el negocio?"

"Pues como puedes darte cuenta el día de hoy se encuentra bastante tranquilo"

Y era cierto la gran mayoría de las mesas estaban vacías, con excepción de una ubicada al fondo del lugar. En ella se hallaba un joven de cabello negro y vestido con una gabardina de color gris, camisa y pantalón negro. La diosa del amor lo identificó inmediatamente como el chico que había conocido en el parque hacía unas semanas.

"¡Es él!" exclamó la rubia.

"¿Acaso lo conoces?" le preguntó Unazuki sorprendida.

Pero Mina ya no se encontraba a su lado, caminaba con paso firme donde el chico. Steve Dashwood contemplaba el exterior a través de la ventana del restaurante. Se volvió a la mesa para tomar su taza de té y fue en eso que notó la presencia de la rubia. Mina lo miraba con una sonrisa irónica dibujada en su bello rostro.

"Un helado doble de chocolate"

"¿Disculpa?" preguntó confundido el americano.

"Si quieres que te perdone por la grosería que me hiciste en el parque el otro día tienes que invitarme un helado de chocolate"

Sus ojos azules se clavaron en la joven Aino. A diferencia de su rostro inexpresivo éstos eran como dos soles cerúleos capaces de quemar cualquier cosa. Toda la seguridad de la sailor del amor se esfumó ante dicha mirada obligándola a ceder en aquel duelo de vistas.

"Yo... no quise... es decir..." balbuceó Mina.

"Mesera, traiga un helado doble de chocolate para la señorita"

Unazuki miró alternadamente a Steve y a Mina con expresión perpleja. Sin embargo la mirada imperativa del joven la hizo salir del trance e inmediatamente fue a cumplir la orden. Mina por su parte desvió la mirada para evitar la de Dashwood mientras trataba de entender porqué ese chico la ponía tan nerviosa con sólo mirarla.

"Oye sólo era una broma no era para que te lo tomaras en serio" dijo la rubia.

"Pues no pareció que bromearas cuando lo dijiste" replicó él secamente.

"¡Qué genio!" exclamó Mina recuperando los ánimos para bromear "Pobrecita de tu novia"

"Yo no tengo novia" dijo Steve con frialdad.

"Bueno no me sorprende con ese carácter tan huraño que tienes" dijo Aino para después sonreír coquetamente y guiñarle el ojo "Aunque para tu fortuna eres bastante guapo y eso compensa tus defectos de personalidad"

El joven Dashwood simplemente la miró. La sailor trató de adivinar sus emociones tratando de mirar sus ojos, ya que su rostro no revelaba nada, pero a diferencia de la vez anterior ahora estos se mostraban igual de fríos que su faz. Si estaba enfadado o no era imposible saberlo. La adolescente desvió la mirada del chico y puso su atención en un objeto colocado sobre la mesa. La ocarina que había oído en el parque descansaba en uno de los extremos de la tabla. Al verla Mina evocó la dulce, y triste, melodía que había escuchado esa vez. Le parecía que las notas le eran susurradas al oído por un instrumento invisible, y como antes, se sintió embargada por una profunda melancolía. Ahora comprendía.

"Esa pieza que interpretabas en el parque..." empezó a decir Mina con aire ausente y semblante serio "...era para una persona especial, para... una mujer ¿no es así?"

Había dicho aquello sin pensar, producto de sus emociones más que de un proceso cognitivo conciente. Rápidamente miró a Steve y se sorprendió de ver él un ligero rastro de sorpresa. Pero sólo fue un segundo. De nuevo era el frío hombre que conocía. Él pasó la mirada de Mina a la ventana, tomó su taza y bebió un sorbo. La chica iba a darle una disculpa por su impertinencia pero la voz de él se le adelantó:

"Ella compuso esa melodía cuando su familia murió, pero nunca se atrevió a ponerle un título" dijo Steve casi susurrando. Era como si hablara para sí. "Cuando estaba agonizando me pidió que la tocara como despedida y fue entonces que decidió nombrarla como la Elegía del Dragón, pues decía que prefería que llorara notas musicales que lágrimas"

Se produjo un largo silencio. Steve seguía mirando a través de la ventana. Mina no atinaba a decir nada, aquella revelación había sido demasiado para ella. En ese momento Unazuki apareció con el helado pero tampoco dijo nada, evidentemente se dio cuenta que había sucedido algo entre aquella pareja. Lo sirvió frente a Mina y se marchó. Ésta tomó la cuchara por mero reflejo y comenzó a comer.

Sin decir una palabra Dashwood se levantó, fue hasta la caja, pagó su té y el helado de Mina y se marchó.

. . .

El joven de gabardina gris se detuvo al bajar el último escalón. ¿Qué había sido toda esa escena? No comprendía como es que esa chica había logrado saber que esa melodía era para... la única mujer que había amado. Tampoco lograba explicar su propio comportamiento. La confesión salió de sus labios de forma involuntaria, como un acto reflejo ante las palabras de esa chica Mina. ¡Vaya! Hasta recordaba su nombre. Cuando la conoció en ese parque le había parecido una chica bastante insulsa y tonta. Ahora no estaba tan seguro. Quizá era más especial de lo que creía.

Decidió olvidarse de esos pensamientos y continuar con su camino. Después de todo tenía cosas más importantes en que pensar.

El olor a lubricante escalaba a través de su nariz. Aún cuando a muchos les disgustaba de sobremanera él siempre disfrutaba bastante aquella fragancia como si se tratase del perfume más caro de París. Fujima retiró la botella de aceite y y colocó el cilindro metálico junto con el resto de las partes que tenía encima de un pañuelo de terciopelo. Con gran pericia fue tomando una a una las piezas de aquel rompecabezas de metal hasta armar una reluciente pistola CZ-75, calibre 9 mm, primera edición. Muchos lo habían criticado innumerables veces por usar aquella antigüedad como arma de servicio. Y no era rara su desconfianza pues la CZ-75 era una pistola que se fabricaba en la extinta Checoslovaquia, por lo que probablemente era más vieja que él mismo. No obstante él sabía que la '75 era mucho más de lo que aparentaba. Eso le hizo recordar una conversación con su subordinado, el sargento Akagi.

. . .

"La verdad no entiendo porque no se consigue otra arma, inspector" dijo Akagi mientras miraba a su superior limpiar su pistola "El Departamento le puede conseguir una nueva y mil veces mejor"

"Es probable que consigan una nueva pero dudo que mejor, sargento" replicó tranquilamente Fujima.

"¿Pues qué tiene de especial esa reliquia?"

"Por que no vamos al campo de tiro para que lo averigües"

Varios minutos después ambos se encontraban en el campo de tiro. Luego de descargar su arma contra figuras de papel ambos tiradores atrajeron los blancos. El de Akagi presentaba varios orificios en el círculo central pero bastante alejados unos de otros, incluso algunos lejos del centro; en el de Fujima en cambio todos se tocaban formando un hoyo mucho más grande.

El inspector mostró su hoja al sargento.

"En un rango de 20 yardas tienes una probabilidad del 50 de error" explicó Toshiro "Incluso el mejor tirador no puede dar en el blanco el 100 de las veces"

"Pero eso es porque depende mucho de la oportunidad" objetó Akagi.

"Por eso uno sólo puede confiar en la vista rápida y en conocer los factores del golpe y el cañón"

"Pero... ¿me está tratando de decir que eso lo puede evitar con la CZ-75?" preguntó escéptico el subordinado.

"20 yardas, hasta 25 yardas... tiene una mira casi perfecta y es difícil errar el blanco"

"Hmmm... ¿y cómo logra ser tan especial? Está descontinuada"

"El diseño comienza en la cacha, que permite un agarre más firme" explicó el inspector "Al mantenerla firme ganas un rango de 8 a 15 metros, ¿no lo había notado, sargento?"

El aludido negó con la cabeza.

"Pero lo más importante de la CZ lo verá ahora" Fujima entonces tomó el arma por el cañón y se la tendió a Akagi.

Éste tomó la pistola con su mano izquierda mientras sostenía la suya con la derecha. No pudo evitar el lanzar una exclamación de asombro.

"¡Se siente más ligera!"

"¿Ahora lo entiende, sargento?" dijo el superior con una sonrisa satisfecha "Primero tiene un agarre más firme añadido a un peso menor... eso permite sostenerla más fácilmente"

"Ya veo" dijo admirado Akagi.

Sin embargo las ventajas de la CZ no terminaban ahí.

"Sargento, mire su pistola" solicitó el inspector "Su riel de descarga es externo. Sáquelo con cuidado y golpee el cañón con él"

El policía hizo lo que le pidió su jefe. Después hizo lo mismo con la CZ-75. Una vez más lanzó una exclamación de asombro por lo que escuchó. Aquella pistola sonó con si estuviese hecha de vidrio.

"¡Increíble!" dijo admirado el sargento "Debe estar hecha de un metal muy puro"

Fujima asintió.

"Es una de las razones por la que prefiero esa arma. Tiene las características principales de una pistola de alto calibre. Tiene una cacha hecha completamente de metal, lo que hace que se mantenga firme al golpe de regreso. Pero no sólo eso, sino que además su cañón es más largo de lo normal, permitiendo que la bala siga una trayectoria más directa; además su riel es interno, no externo, lo que le da fluidez al movimiento. A pesar de que fue descontinuada por una versión de gatillo más redondo, el gatillo largo y la capacidad de mantenerse armada, pero con seguro hace que me sea más fácil traerla siempre lista para emergencias"

"Tómala, y yo que pensaba que la tenía por mero valor sentimental" dijo el Akagi.

. . .

En ese momento el teléfono de la habitación sonó sacando a Fujima de sus pensamientos. Éste apartó la pistola y tomó el aparato. Se trataba del recepcionista del hotel quién le informó de una llamada de Tokio. El policía de inmediato le dijo que la pasara a su cuarto. Al cabo de unos segundos escuchó la voz del sargento Akagi.

"Inspector, le tengo noticias" -informó el subordinado- "Una buena y una mala, ¿cuál quiere primero"

"Dígame la buena"

"Encontramos a su hombre, Kaiba"

"¿Y la mala noticia?"

"Que está muerto"

Fujima guardó silencio. Era de suponerse que, él o los, que dirigen la operación se sintieran intranquilos al verse parcialmente descubiertos y en consecuencia trataran de borrar todas las huellas que los llevaran a ellos. El policía se preguntó si Sato estaría enterado de la muerte de su colega. Lo creía improbable. Tal vez ya tenía la manera de conseguir la forma de hacerlo hablar.

"Sargento, ¿cuál fue la causa de la muerte?"

"El informe del médico forense indica intoxicación por cianuro de potasio" -indicó Akagi- "Además de eso encontramos una nota de suicidio, aunque el inspector Megure piensa que es falsa"

"Megure siempre ha sido muy cauto, no se deja impresionar tan fácil" comentó Fujima en forma aprobatoria "¿Y dónde encontraron el cadáver?"

"En un edificio de apartamentos en Juuban, los vecinos se quejaron del mal olor y llamaron a la policía" -informó el sargento- "Según la autopsia el tipo debía llevar muerto entre tres y cuatro semanas, curioso, ¿no?"

"Mucho, es más o menos cuando Shiryu me pidió que lo investigara" observó Fujima "Por cierto, no encontraron indicios de donde trabajaba el interfecto, identificaciones, papeles o algo"

"Temo que no" -negó el sargento- "El lugar estaba limpio, no encontramos ni las notas del supermercado, es por eso que Megure se negó a declararlo como suicidio"

El inspector no se sorprendió con la respuesta de su subordinado. Le quedaba claro que estaba tratando con profesionales y éstos no iban a dejar rastro. Aún así, Kaiba todavía le podía ser útil.

"Sargento, necesito que me envíe por fax las fotografía del cadáver de Kaiba en la escena del crimen"

"Muy bien" -accedió Akagi- "¿Algo más, inspector?"

"Sólo mantenga los ojos abiertos e infórmeme de cualquier cosa nueva que averigüe sobre Kaiba"

"Entendido, señor"

Fujima colgó el teléfono.

Setsuna penetró con calma en el viejo santuario. El templo Ryuzaki llevaba abandonado cerca de quince años y pese al deterioro natural éste aún conservaba un poco de su antigua dignidad como casa de la espiritualidad. El edificio principal estaba bastante derruido, parte del techo había desaparecido y su interior estaba lleno de maleza. La Guardiana de la Puerta del Tiempo se sintió bastante relajada en aquel lugar. La naturaleza dotaba de paz y belleza aquel sitio edificado por el hombre.

"Pareces cómoda con el lugar que elegí para nuestra entrevista" dijo alguien desde algún punto del templo.

A pesar de lo repentino de aquellas palabras la joven no perdió la compostura.

"¿Por qué no vas al grano de una vez, Ruikal?"

Tras el tronco de un árbol apareció una enorme figura. Medía dos metros de altura, cabello corto y muy rubio, al igual que su bien recortada barba. Vestía una túnica blanca con detalles en dorado. Bajo los velos dorados del medio día aquel hombre lucía como el mismísimo Dios del Sol.

"Has desobedecido las órdenes y has permitido que las Sailor Scouts se involucren en esta batalla" le reprochó Ruikal.

"He tenido mis razones" se defendió la guerrera de Plutón.

La gigantesca silueta se acercó a Pluto hasta que la gran sobra que proyectaba cubrió completamente al fina figura de las sailor. Aún así, Setsuna no se inmutó por ese intento de intimidación.

"¿Qué razones?"

"La corriente del tiempo se ha detenido y tanto el Pasado como el Futuro se han detenido" declaró la chica con solemnidad "Está claro que quienquiera que esté amenazando nuestra planeta está tras el orbe y mis visiones de la corriente indican que los Dragones Legendarios no serán capaces de protegerlo sin ayuna" tras esto su rostro adquirió un semblante duro "¡No puedo creer que ni tú ni los otros Vigilantes no se hayan dado cuenta del peligro!"

Ruikal le dedicó una mirada de indiferencia. Eso irritó aún más a la scout, aunque no se permitió el lujo de demostrarlo.

"Escucha bien, Sailor Pluto, la corriente del Tiempo es un flujo inestable y constantemente está cambiando. Eres demasiado joven para conocer todas las variables de un fenómeno tan complejo" señaló el individuo de blanco "Los Vigilantes sabemos lo que hacemos, hemos hecho nuestro trabajo durante eones y tu apenas has vivido un par de vidas como Guardiana de la Puerta" Setsuna frunció el ceño bastante molesta por el comentario. El Vigilante continuó "Los Dragones podrán con cualquier cosa que venga, y de no ser así, aún quedan nuestros mejores soldados"

El rostro de la joven se ensombreció al oír aquellas palabras.

"¿Te refieres a... los Pacificadores?"

Ruikal simplemente asintió.

"Sí ellos vienen entonces... ese sí será el fin de la Tierra" comentó Setsuna con ironía.

No quiso seguir con aquella discusión inútil. Dedicó una reverencia al Vigilante, dio media vuelta y comenzó a alejarse del viejo templo.

"¡Espera, Sailor Pluto!" la detuvo Ruikal "No me has dicho si obedecerás las órdenes"

Setsuna se detuvo y sin mirarlo dijo: "Sabes bien cuál es mi respuesta"

Y sin decir nada más se marchó de ahí.

"Necia" dijo simplemente Ruikal.

El inspector Fujima lanzó una última bocana de humo antes de depositar su cigarrillo en el cenicero de la barra. Y al hacerlo dio, por quinta vez, una breve mirada al individuo sentado en una mesa del fondo. Llevaba una traje gris bastante caro, sin embargo su corte tipo militar le chocó bastante con la opulencia de su atuendo. Pero no sólo era eso, además notó que en su oreja llevaba un pequeño aparato. Probablemente un comunicador. De ello dedujo que alguien más lo acompañaba. Con toda seguridad el sujeto sentado en el ángulo opuesto de la barra que leía el New York Times, y que lo había estado mirando desde que se sentó beber un martini. Además de esos dos, detectó a un tercer sospechoso que se encontraba comiendo un buen plato de pescado con arroz frito y que también le había lanzado una mirad de vez en cuando.

Parece que causé una mayor impresión a Sato de lo que pensé se dijo Toshiro mentalmente.

El policía se levantó y se dirigió a la salida que conducía hacia el estacionamiento del hotel. Estaba seguro que esos tres sujetos estaban ahí para silenciarlo y sabía que no harían nada en un lugar tan público. Era necesario un poco de privacidad para obligarlos a actuar. Como era de esperarse al poco rato de entrar en el estacionamiento escuchó la puerta abrirse y el sonido de tres pisadas diferentes.

Lentamente los tres individuos que lo seguían introdujeron sus manos en la chaqueta y sacaron sus pistolas. Unas relucientes Berettas 9 mm. El leve chasquido metálico del martillo fue todo lo que Fujima necesitó para actuar. A la velocidad del relámpago metió su mano en su chaqueta, sacó su CZ-75, se arrojó al piso dando un giro de 180º en aire y disparó un par de rondas. Las balas surcaron el aire con furia asesina y se clavaron, una en la pared del aparcamiento, la otra justo en la frente de uno de los matones. Éste se desplomó sin vida. Sorprendidos por el policía los otros dos asesinos abrieron fuego, pero por la sorpresa sus tiros fueron imprecisos y dieron tiempo a Fujima de ocultarse tras un automóvil. Sus predadores hicieron lo propio ocultándose tras una gruesa columna de concreto. Se produjo entonces un intenso intercambio de fuego. Las balas iban y venía rugiendo como leones hambrientos sedientos de carne fresca que saborear. El inspector de inmediato se vio en desventaja; no sólo por ser atacado por dos armas sino además su refugio no era tan seguro como el de sus adversarios. Las balas no hacían mella en el soporte mientras que algunas balas habían logrado atravesar la carrocería del auto donde estaba pasando muy cerca de él.

Fujima disparó las últimas tres rondas de su arma. Se ocultó de nuevo tras el vehículo, se esculcó en su cinturón y sacó un nuevo cargador. Mientras lo introducía en la pistola se dio cuenta que a su corbata le faltaba un pedazo. Muy probablemente lo perdió cuando alguna bala le pasó cerca. Era una pena pues era una de sus corbatas favoritas y ahora estaba arruinada. En eso le ocurrió una idea. La corbata quizá podría serle útil por última vez.

Pasaron varios segundos sin que hubiera ningún disparo más. Los dos matones observaban detenidamente el auto en el que se ocultaba su víctima. Para su mala fortuna el ángulo desde donde se encontraban les resultaba imposible saber si Fujima seguía oculto ahí o se había movido. Podría tratarse de una trampa del policía para hacerlos salir, no obstante, el que dirigía la operación decidió arriesgarse y mandó a su compañero a cerciorarse de que su presa había escapado mientras el lo cubría. El mercenario avanzó con suma cautela con el cañón de su arma siempre apuntando al auto; al llegar al sitio indicado dio un pequeño brinco y viró hacia el escondrijo. El lugar estaba vacío. Estaba por decirle a su compañero que ya no estaba cuando en eso notó un objeto que se quemaba. Con horror comprendió que era un trozo de tela metido en el tanque del combustible. No pudo ni dar media vuelta cuando el vehículo fue abrazado por una bola de fuego que rugió con ferocidad por todo el estacionamiento. Su cuerpo fue lanzado violentamente hasta terminar sobre el parabrisas de un coche que se encontraba más atrás. La explosión provocó que los cristales de los vehículos cercanos estallaran produciendo una filosa lluvia de esquirlas; el lugar se llenó de humo y fuego además de un endiablada sinfonía de alarmas de automóvil que corría velozmente por todas parte convirtiéndolo en un auténtico pandemónium.

Él tercer sujeto se reincorporó con dificultad. Los oídos le zumbaban a causa del estridente sonido. Después de quitarse algunos trozos de cristal de su antebrazo y mano empuñó su pistola y se dirigió a buscar a su víctima (o victimario, ya no estaba seguro). Trató de buscarlo con la vista pero sus ojos los tenía demasiado irritados por el resplandor de la explosión y por el humo que inundaba el sitio, por lo que apenas podía ver, sin mencionar que su oído tampoco funcionaba y aunque lo hiciera las alarmas no lo ayudarían tampoco. Aquella jugada había sido endiabladamente astuta. Se había topado con un rival más temible de lo que imaginaba.

Su brazo estalló en ese momento al ser atravesado por una bala, salpicándose el rostro con su propia sangre. Soltó la pistola y antes de poder voltear hacia el sitio donde provino el proyectil otra pieza de metal se incrustó en su muslo derecho. Herido se derrumbó sobre el piso. Fujima avanzó lentamente apuntando su arma hacia su 'atacante'.

"¿Quién te envió?" preguntó el inspector secamente.

El aludido sonrió en forma sardónica, pero no dijo nada más. El policía sabía que los asesinos a sueldo por lo general no preguntaban mucho, sólo les interesaba una buena paga y nada más. De todas formas era mejor interrogarlo en una sala de la estación de policía. Sin dejar de apuntar ni un segundo buscó su celular en el bolsillo de su chaqueta.

Viendo que su blanco se había distraído (levemente, pero distracción al fin y al cabo) movió bruscamente el brazo derecho hacia Fujima activando un mecanismo que hizo surgir de su manga un pequeña pistola calibre .22. Sin pensarlo dos veces tiró del gatillo y la pequeña arma escupió una bala a toda velocidad. Sin embargo el inspector alcanzó a mover la cabeza hacia un costado y la bala le pasó rozando la mejilla izquierda. Instintivamente contraatacó con dos disparos que se alojaron en el pecho de su atacante. Éste lanzó un último suspiro antes de expirar.

El policía bajó el arma lentamente mientras contemplaba el inanimado cuerpo. No hace ningún gesto simplemente lo mira. Enfunda su pistola, saca su teléfono móvil, marca el número de la policía y explica lo sucedido. Después cuelga, saca un cigarrillo de su cajetilla, lo enciende y lanza una última mirada al cadáver antes de marcharse fuera del estacionamiento en espera del apoyo.

. . .

El doctor Konichi Sato aparcó su automóvil frente a la entrada de su cochera. Se apeó del vehículo y se dirigió hacia la puerta de su casa. Esta era una amplia casa de doble piso con una fachada pintada en blanco con azul. Justo cuando estaba por insertar la llave en el picaporte escuchó una voz que lo sobresaltó. Como consecuencia su manojo de llaves escapó de sus manos.

"Buenas tardes, Dr. Sato" saludó Fujima en tono cortés.

Con cierto titubeo el aludido se volvió para observar la figura del inspector. Lucía un traje de corte ingles, color azul pálido, camisa blanca y corbata azul marino. Lo qué más llamó la atención del catedrático fue una pequeña bandita que llevaba el policía en la mejilla izquierda.

"Buenas tardes, inspector" replicó Sato.

"Parece sorprendido de verme" observó el policía.

"Naturalmente, lo vi apenas hace unas horas, la verdad no esperaba verlo de nuevo tan pronto" replicó el doctor con nerviosismo.

Más bien no esperabas verme nunca más pensó Toshiro "Bueno es que olvidé preguntarle un par de cosas"

El científico pareció contrariado por las palabras del policía.

"¿Es necesario que me las haga ahora mismo?"

"Indispensable"

"De acuerdo" accedió de mala gana "Pase por favor"

Sato recogió las llaves, abrió la puerta e hizo pasar al inspector. El interior no era como lo imaginaba Fujima; estaba decorado al más puro estilo europeo, tanto muebles, cuadros, el tapiz de las paredes y hasta la alfombra. Aún cuando el policía no sabía de decoración todo aquel mobiliario se le antojo bastante feo y, sobretodo, muy caro. Era un hecho, Konichi Sato ganaba una buena cantidad de dinero. En la pequeña sala los recibió una mujer ya entrada en años, cincuenta tal vez, robusta, no más de un metro sesenta de estatura; llevaba el cabello corto de color grisáceo, ojos negros, nariz aguileña y de grandes pómulos. Fujima juzgó por su atuendo que se trataba del ama de llaves.

"Yuriko, estaré en mi despacho conversando con el caballero" señaló a Fujima "No quiero que nos molesten así que si alguien llama a la puerta o habla por teléfono di que no me encuentro, ¿está bien?"

"Muy bien, señor, ¿desea algo más?"

"No, eso es todo"

La mujer hizo una reverencia y se marchó. Sato condujo al inspector a una habitación que estaba cruzando la salita. En el interior había tres libreros cuyos títulos versaban, principalmente, sobre temas científicos aunque había un pequeño espacio dedicado a obras de carácter literario. Además de los libreros había un que otro cuadro y un par de candelabros con una bombilla eléctrica en la base rodeados de una cúpula de cristal; una pequeña vitrina de licores y un sólido escritorio de roble, tras éste una gran silla tapizada con cuero guinda, y al frente un par de sillas de madera. Sato lo invitó a tomar asiento y le ofreció alguna bebida. Fujima le aceptó un vaso de Escocés. Una vez cómodos el doctor fue directo al grano.

"¿Qué es lo que desea preguntarme, inspector?"

"Deseo que me de su opinión sobre esto..."

El policía se registro el bolsillo del saco hasta obtener un papel, lo desdobló y se lo tendió al doctor. Éste se puso unos anteojos y estudió el trozo de papel. Se trataba de una fotografía impresa en una hoja de fax, estaba algo borrosa, pero aún así se notaba que era un cuerpo, tendido sobre el piso. Sato la revisó con ojos de fría profesionalidad. Después de un rato se la devolvió a Fujima.

"¿Y bien?" quiso saber el policía.

"Pues no hay mucho que pueda decirle, la foto es poco clara, pero diría que se trata de un cadáver, y que se encuentra en un avanzado estado de descomposición"

"Su apreciación es acertado, doctor" confirmó Toshiro "Lo que no se dio cuenta es que le acabo de mostrar la fotografía del cadáver de Usui Kaiba"

El rostro de Sato se puso mortalmente pálido. Comenzó a jugar nerviosamente con sus lentes mientras mantenía la boca abierta temblándole la mandíbula. Era claro que su mente quería proferir algún mensaje pero su cuerpo se lo impedía. Indudablemente la noticia lo había tomado por sorpresa, eso, era un excelente actor. Fujima opinó que era azoramiento genuino.

"¿¿Qué ha dicho??" exclamó por fin "Que... que... Usui está..."

"Muerto" completó el inspector "Encontraron su cadáver hace dos noches, pero llevaba muerto como un mes" informó. Luego su voz tomó un tono áspero "Dr. Sato, su colega fue asesinado porque descubrí que estaba involucrado en la creación de armamento biológico ilegal. Hace unas horas tres matones intentaron liquidarme a mi también. Estoy seguro que usted está metido en esto e igualmente seguro de que intentarán silenciarlo a usted pues es la única conexión entre ellos y Kaiba. Si me dice todo lo qué sabe le prometo que recibirá inmunidad como testigo protegido"

Konichi Sato no respondía. Su mente se hallaba lejos, tratando de asimilar el discurso de Fujima. Bajó la mirada hacia la superficie de su escritorio y se tomó la frente con la mano derecha. Sabía que las palabras del inspector era verdaderas y que tarde o temprano los asesinos de Sheppard vendrían por él. Pero aún así dudaba, no de la promesa del policía, sino de si sería capaz de protegerlo de su ahora enemigo. Debía tomar una decisión. Tomó su vaso lleno de Escocés y lo bebió de un sólo sorbo. Tras terminarse el licor se quedo viendo el recipiente vacío.

"Hace seis años..." empezó a decir sir apartar la vista del vaso "...se presentó ante Usui y yo un hombre, un americano llamado Maxuell Sheppard. Mi colega había intentado por cuatro años conseguir fondos para sus investigaciones sobre la manipulación genética a fin de conseguir crear a humanos perfectos pero sin mucho éxito. Sheppard no estaba interesado en nuestro trabajo anterior, al menos no directamente"

"¿A qué se refiere con eso de 'no directamente'?"

Sato levantó la vista y la dirigió al un punto en el vacío.

"Sheppard era un hombre de negocios bastante acaudalado dueño de una compañía farmacéutica llamada Cherious Medical" a Fujima le sonó el nombre, era uno de los tres laboratorios que aún investigaba "Según nos dijo, recientemente se había hecho con una nueva tecnología en ingeniería genética y cómo él no era científico deseaba nuestros servicios para poner a funcionar dicha tecnología"

"Entonces ¿no tenía nada que ver con su trabajo en la Universidad de Osaka?"

"No mucho" confesó el doctor "A decir verdad nos necesitaba para echar a funcionar un sofisticado laboratorio; no le miento al decir que dichos aparatos estaban adelantados a nuestro tiempo por siglos. Y no sólo tenía equipo ultramoderno, también tenía una gigantesca base de datos llena de conocimientos que jamás hubiéramos imaginado, aquello era como el Edén científico. Tanto así que muy pronto me di cuenta que aquello podría darnos un poder de creación sólo superado por Dios. Sin embargo, mi capacidad era muy limitada compara con la de Usui, por ello opté por quedarme en la universidad para buscar entre los alumnos personal de apoyo a la altura del trabajo. Gracias a Usui se logró crear especimenes sumamente desarrollados dotados de una gran capacidad bélica"

"Los mismos que han aparecido en Tokio durante los últimos meses" observó Fujima.

Sato asintió.

"Lo que no entiendo es de dónde sacó ese tal Maxuell Sheppard esa súper tecnología genética"

"Jamás nos quiso decir mucho al respecto, simplemente decía que la adquirió al comprar una pequeña compañía en bancarrota" informó el doctor.

"No creo que alguien pueda estar en bancarrota con algo como eso"

"Sheppard es un misterio por si mismo, él es..."

El Dr. Sato ya no pudo seguir hablando. Intempestivamente resonaron por toda la casa dos detonaciones de arma de fuego. Una bala atravesó la frente del catedrático y la otra su pecho. La sangre salpicó todo el escritorio frente al que se hallaba sentado e incluso algunas gotas cayeron sobre el policía. Fujima hizo gala de reflejos felinos y rápidamente saltó de su asiento hacia atrás del escritorio donde se resguardó de dos nuevos proyectiles. De inmediato desenfundó su CZ-75, se levantó y contraatacó disparando seis rondas consecutivas. Las balas viajaron a través de la puerta. Tras esto escuchó el sonido de un cuerpo caer.

Con suma cautela salió de su escondite y avanzó lentamente hacia la puerta sin dejar de apuntar su arma. Antes de salir de la habitación echó una mirada al doctor. Su cuerpo se hallaba desparramado en la enorme silla; daba la sensación de ser una marioneta cuyo titiritero había soltado los hilos. Abundante sangre surgía de sus dos heridas bañando el asiento. Apartó la mirada del cadáver y se dirigió de nuevo hacia la maltrecha puerta. Lentamente la abrió y tras ésta encontró derribada sobre el piso a Yuriko, el ama de llaves. Dos balas habían conseguido darle en el torso, una de ellas en el corazón. Traía puesto unas sofisticadas gafas de visión térmica. Así fue como había conseguido atinar los disparos a través de la puerta. Además de esto en su mano derecha portaba una Desert Eagle Mágnum .44. Al parecer nunca habían confiado en Sato y por ello lo mantenían vigilado con aquella espía disfrazada de ama de llaves. Fujima miró a la mujer con furia. Esa maldita asesina no sólo le había arrebatado de las manos a un testigo valiosísimo sino además iba a hacerlo pasar un mal rato cuando tuviera que explicarle al jefe de la policía de Osaka como es que nuevamente llamaba para darle dos nuevos cadáveres en menos de cuatro horas. Sacó su celular y llamó a la policía local por segunda vez en el día.

Dio un profundo suspiro, sacó un cigarrillo y lo encendió. Mientras la sensación de la nicotina recorría su cuerpo comenzó a reflexionar sobre sus próximos pasos a seguir. Había hecho un avance muy importante al ir a Osaka. Conocía por fin la identidad de su enemigo. Ahora lo difícil era encontrar la manera de detenerlo. Con la muerte de Konichi Sato todo se complicaba pues no tenía forma de iniciar un proceso en su contra ni siquiera una investigación pues carecía de pruebas.

Lanzó una bocanada de humo. No debía perder los ánimos. Sabía muy bien que no existían los crímenes perfectos y que éste no debía ser la excepción. Sólo debía enfocarse en buscar pruebas en contra de Cherious Medical y tarde o temprano las conseguiría. Por muy bien que se cubriera las espaldas ese tal Sheppard debía haber cometido algún otro descuido y él se encargaría de aprovecharlo.

"Muy bien, señor Sheppard, ahora voy tras de usted" dijo Fujima con renovado entusiasmo.

-Fin del Capítulo 13-

...SEE YOU SPACE COWBOY.