La Esencia del Dragón
Capítulo 17: "Reunión y despedida"
Una tenue luminosidad inundaba la habitación dotándola de un cálido ambiente, como el seno de una madre que acoge a un hijo. Amy abrió los ojos con lentitud tratando de acostumbrarse a la brillantez matutina. Observó detenidamente su habitación tratando de retener todos los detalles en su memoria. Una semana antes estuvo al borde de la muerte y tras aquella experiencia le invadieron unas ganas enormes de redescubrir el mundo... o quizá era otra cosa además de la cercanía del fin lo que la hizo sentirse más viva que nunca. Sonrió a la vez que se frotaba los labios con su índice y su mente voló siete días en el pasado al instante en que, como ahora, regresaba a la vigilia tras una larga inconciencia...
. . .
Lo primero que vio fue la expresión de alivio de León. Su rostro contraído inmediatamente se suavizó en una gran sonrisa al percatarse de que la sailor había recobrado el sentido. Amy se puso de pie con dificultad, dio un paso y trastabilló. Hubiera caído de no ser por la oportuna intervención de Almeida que la sostuvo entre sus brazos.
"Hey, tómalo con calma" sugirió el dragón "Okko curó todas tus heridas pero no restauró del todo tu fuerza porque aún necesita sanar al resto del grupo y tiene que ahorrar energía" explicó "Por eso aún estás débil"
La joven no contestó. Era tan agradable estar en medio de aquellos brazos tibios que no pudo pensar en nada más. Ni siquiera se percató de que ya no estaban en la isla sino en el templo Hikawa.
"Por cierto..." continuó hablando el chico "Quiero agradecerte por... tú sabes... salvar mi trasero"
"No... no fue nada" respondió simplemente Amy.
Un profundo silencio se hizo presente durante unos minutos hasta que fue el dragón marino quien se atrevió a romperlo. Tenía una duda que no dejaba de molestarlo.
"¿Por qué te arriesgarte de esa forma por mi?" dijo y casi al instante se arrepintió de hacer esa pregunta. Él conocía a Amy lo suficiente para saber que era algo que haría por cualquiera de sus amigos, incluso por cualquier persona, pero desde que vio cómo su cuerpo se desplomaba frente a él se preguntó si aquel gesto significaba algo más...
"No lo sé" respondió la chica de cabello azul con franqueza. Luego sonrió tristemente antes de continuar "Supongo que piensas que soy completamente heroica y que el lanzarme a salvar a una persona arriesgando mi vida es algo natural para mi"
Estas palabras sorprendieron a Almeida. Comenzó a preguntarse si sólo Minerva tenía la capacidad de leer la mente.
"Te equivocas si lo crees" prosiguió Mizuno "Siempre que salgo a combatir siento un poco de miedo. Miedo de morir, de no volver a ver a mis padres o de perder a alguna de mis amigas. En cierta forma es lo que me hace esforzarme más para evitar que cualquiera de esas cosas suceda. Sin embargo, cuando desperté y te vi a merced de ese hombre... pues... tuve miedo igualmente pero jamás lo había experimentado con tal intensidad. Era como si todo perdiera su sentido. Simplemente no podía permitir que murieras..."
Amy guardó silencio. León la tomó gentilmente de los hombros y la apartó un poco de sí para mirar hacia sus ojos. Parecía mirar en ellos al Universo reducido a un par de círculos azules.
"Cuando te vi caer frente a mi y pensé que habías muerto todo lo que pude pensar fue en lo estúpido que fui" dijo el mexicano al mismo tiempo que bajaba la mirada "Me odié a mi mismo por no poder protegerte, pero más aún por ser tan idiota y no decirte lo que siento, lo que he sentido desde que nos vimos aquella vez en el lago del parque número 10" en ese momento volvió a mirarla directamente a los ojos. Lucían acuosos, pugnando por no dejar escapar el llanto "Nunca antes tuve miedo, jamás... hasta hoy. Creo que en ningún momento le temí a la muerte porque siempre pensé que no tenía nada que perder. Pero ahora que te miro, que miro eso ojos hermosos, puros, cálidos, llenos de bondad y amor, es que siento temor. Temor de que exista la posibilidad de no ver más ese rostro, de no escuchar tu voz..."
"León..."
Él deslizó con suavidad sus manos a través de los brazos de ella. Luego, tomándola gentilmente de la cintura, la atrajo hacía sí. Ambos se miraron frente a frente. Su ritmo cardiaco se había vuelto uno. Un torrente de magma corría por todas las venas de sus cuerpos. Poco a poco sus labios se fueron acercando como atraídos por un campo magnético. Suavemente, sin resistirse, dejándose llevar por lo que la emoción les dictaba se unieron en un largo e intenso beso.
. . .
Nuevamente una sensación de calor recorrió todo su cuerpo. No necesitaba mirarse en un espejo para saber que en ese momento se hallaba completamente ruborizada. No le importó. Se encontraba feliz, muy feliz. Como no lo había estado en... en realidad creía que nunca se había sentido tan bien. ¿Eso era el amor? Su cabeza no podía responderle pero su corazón sí, y la respuesta era afirmativa. Ese sentimiento de sólo desear el bien de esa persona y a la vez la necesidad de estar a su lado siempre. De sentir una felicidad infinita con sólo escuchar su voz, mirar su rostro o tocar sus labios.
Lanzó un largo suspiro. Arrojó las sábanas a un lado y saltó de la cama. Era un hermoso día y no deseaba pasarlo en cama, sino que quería salir y disfrutar de él. Se dirigió al baño y tomó una ducha. Después de salir de la regadera se cambió y tomó un ligero desayuno compuesto de cereal, juego y fruta. Mientras mordisqueaba una manzana sonó el teléfono. Levantó el auricular y al instante pudo oír la voz de su amiga Rei.
-"¿Amy?"
"Sí soy yo" confirmó.
-"¡Buenos días! Te llamo para avisarte que Minerva y yo estamos organizando una pequeña fiesta para hoy en la noche, ¡así que no se te ocurra faltar!"
"¿Una fiesta?"
-"Sí, es que por lo general nos juntamos para entrenar o cuando hay problemas por eso pensamos que sería agradable hacerlo por diversión"
La joven Mizuno sonrió.
"¡Suena grandioso!" dijo con entusiasmo "¿Y dónde es? ¿En tu casa?"
-"No, esta vez Minerva nos prestó la suya" -aclaró la sacerdotisa- "No lo creerías, su jardín es como dos o tres veces más grande que el templo, es perfecto para una fiesta"
"Ya veo"
-"Bueno, la fiesta es a las nueve, nos vemos ahí"
"Muy bien, ahí nos vemos"
León se detuvo frente a la puerta sólo para cerciorarse de que era el lugar indicado. Una vez seguro, llamó con los nudillos. Casi de inmediato escuchó movimiento en el interior y unos segundos después la puerta se abrió, dando paso a la figura del inspector Fujima. Por un breve instante mostró una expresión de sorpresa que de inmediato desapareció. Invitó al chico a entrar. Almeida observó con detenimiento el pequeño apartamento. Lucía limpio y ordenado, eso concordaba perfectamente con su habitante, no obstante, la minuciosa decoración y la esmerada combinación de colores de la misma (en tonos opacos, como reproduciendo el paisaje otoñal), parecían inspirados por un espíritu de naturaleza y gustos delicados, y no por un razonador preciso y frío como el policía. Era indudablemente el producto de una mente femenina. Sin embargo, el joven latino no detecto ninguna presencia en el interior además de la del agente y no recordaba que hubiera hablado de esposa o siquiera una novia o amante. Claro que... Fujima jamás hablaba de esas cosas.
"¿Cómo supiste dónde vivo?" quiso saber el inspector mientras se dirigían a la sala de estar.
"Bueno, usted tiene sus maravillosas facultades detectivescas, yo, tengo mi habilidad para detectar el Ki"
"Toma asiento" invitó Toshiro señalando un sillón con la mirada "¿Gustas algo de beber?"
León dirigió una rápida mirada a la vitrina de licores que dominaba la habitación.
"¿Tiene vodka?"
"Me refería a si quieres un refresco, té o café" aclaró el anfitrión en tono seco.
"Entonces no tiene" concluyó el mexicano decepcionado "Bueno, un vaso de Borbón con hielo estará bien"
Fujima lo miró por un segundo y luego sonrió. Se dirigió a la cocina y trajo un par de vasos con hielo. Sacó una botella y vertió parte de su contenido en los dos recipientes, para luego alargarle uno a su invitado. Éste lo tomó y dio un breve sorbo. Tras tragarlo lanzó una pequeña exclamación de satisfacción.
"¡Ah, qué bien se siente!"
"¿No eres muy joven para beber?"
"Si tengo la edad para salvar el mundo, ¿no la tengo acaso para echarme un trago de cuando en cuando?"
El policía prefirió no responder al silogismo.
"¿Y qué te trae por aquí?"
León puso el vaso sobre la mesita de centro y sonrió.
"¡Ah!, siempre el detective" dijo en tono divertido "¿Acaso no puede abandonar ese rol aunque sea por un segundo y comportarse como un ser humano?"
Fujima sonrió avergonzado y bebió el también un sorbo de licor.
"Sólo quería saber cómo estaba" aclaró "Como no he sabido nada de usted desde hace una semana y en los periódicos, además de la explosión de la isla, no ha salido nada relacionado con Cherious Medical pues comencé a preocuparme"
Tras beber de un trago el resto de su bebida Fujima encendió un cigarrillo antes de hablar.
"He estado ocupado" replicó. Lanzó un bocanada de humo y continuó "La investigación de asuntos internos continua, pero con los documentos que me entregó esa chica llamada Alexia estoy seguro que podré salir sin problemas del trance"
"Entonces es un final feliz" comentó León en tono jocoso.
"Ni tanto" dijo el policía en tono sombrío "En los papeles que conseguí también viene la lista de los implicados que trabajan para el gobierno y la fuerza, ahora nuestros encantadores amigos de asuntos internos andan a la caza de éstos últimos mientras que los agentes especiales van por los miembros del gobierno, por lo que todo esto se está convirtiendo en un asunto político" explicó "No puedo estar seguro que todos los cómplices de Sheppard vayan a recibir su merecido, incluso creo que varios van a lograr escapar de todo haciendo uso de su influencia"
El mexicano se percató del tono amargo en la voz de su interlocutor. Para Fujima eso no era una victoria.
"Y para colmo..." prosiguió "Por ser una transnacional la INTERPOL también ha intervenido en el asunto y ahora investiga las sucursales de Cherious en otras partes del mundo, por lo que hay el peligro de que alguien logre obtener la tecnología para fabricar más de esas criaturas"
En eso el alter ego de Shiryu recordó una duda que tenía.
"¿Y no logró averiguar quién le dio esa tecnología a Sheppard?"
Fujima frunció el ceño.
"No" contestó malhumorado "Ni siquiera Alexia sabe cómo se hizo con ella y los documentos tampoco revelan nada al respecto"
Al ver la expresión de fastidio del policía León optó por no hablar más del asunto. Sabía que lo que más odiaba un detective era no saber la verdad y ésta en particular parecía negarse a ser revelada.
"¿Y qué pasó con esa tal Alexia?"
"Se marchó de Japón" explicó Toshiro "A cambio de dejarla escapar me entregó los archivos secretos de la compañía"
"Fue un buen trato" fue todo lo que atinó a decir el mexicano.
"Supongo" dijo simplemente Fujima para poner fin al asunto. Después miró con expresión maliciosa a León "Pero al menos hubo alguien que sacó algo bueno, ¿cómo está la joven Mizuno, por cierto?"
León rió nerviosamente, tomó su vaso y lo vació de un trago, pero no pudo evitar sonrojarse.
"Hacen bonita pareja" opinó el agente.
"Eso creo" dijo simplemente el latino sirviéndose más Borbón. El ligero temblor de sus manos reveló su nerviosismo ante el tema.
"Ella debe amarte mucho si se arrojó de esa manera para salvarte" observó Fujima, pero Almeida pareció incómodo con sus palabras "¿Hay algún problema?" preguntó al notar la reacción de su acompañante.
"No, es sólo que..." se interrumpió, meditaba las palabras mientras veía fijamente el líquido dentro de su vaso "Creo que yo también estoy enamorado de ella... por primera vez en mi vida y..."
"¿Y...?"
"Y... yo... bueno, creo que... estoy asustado" reconoció León.
El policía rió divertido.
"¿Asustado? Creo que no te comprendo"
"Escuche, cuando me volví el Dragón del Mar mi primera reacción fue: ¡Genial! ¡Ahora soy un maldito superhéroe!" explicó "Creía que iba a ser muy divertido andar por ahí pateando el trasero de los malos, ¿y sabe qué?, pues era cierto. Me divierto mucho siendo Shiryu" hizo una pausa para dar un sorbo a su copa "Por eso me asusta el estar enamorado de Amy, porque ahora cuando vaya nuevamente a enfrentarme a algún peligro pienso en el riesgo que implica, en que tal vez uno de estos días aparezca algún malo y ponga fin a mi carrera de héroe, y eso, por vez primera, me asusta. Me asusta que eso me asuste" nuevamente dejó el vaso vacío de un trago "Suena estúpido, ¿no es así?"
Fujima lanzó una última bocana de humo y arrojó la colilla al cenicero. Luego miró a León con expresión seria.
"Cuando tenía veinticinco años conocí a una chica" comenzó a decir el inspector ante el azoro del chico "La mujer más hermosa que haya visto, yo en ese entonces era un simple patrullero que ambicionaba cosas importantes en el departamento, sin embargo cuando la conocí, ella era en ese entonces una abogada recién salida de la escuela de leyes. Fui testigo en su primer caso" Toshiro no pudo evitar sonreír al recordarlo "Fue un desastre, el otro abogado, más experimentado, la hizo polvo en la corte. Después del juicio la invité a salir. La relación se profundizó y al cabo de un año nos casamos" esta parte sorprendió a León "Ambos seguimos con nuestros respectivos trabajos y fuimos mejorando en ellos; ella consiguió un puesto en un bufete importante y yo conseguí que me ascendieran a teniente-inspector en la división de homicidios. Todo fue bien por un tiempo hasta que comencé a pensar demasiado en mi trabajo. También comencé a experimentar miedo por mi esposa, de que le ocurriera algo, de que me ocurriera algo a mi y que ya nunca más volviera a verla" tomó la botella y llenó de nuevo el vaso "¿El resultado? Terminé alejándola, me aislé y eso provocó que me dejara" tomó la copa y la bebió de un sorbo. Sonrió con tristeza "¿Es irónico, no crees? Me daba miedo perderla y al final, por dejarme dominar por ese temor, fue exactamente lo que conseguí"
El joven mexicano permaneció mudo ante su anfitrión. El rostro del inspector permanecía impasible pero supuso que debajo de aquella máscara se escondía una profunda amargura.
"La razón por la que te cuento todo esto es para que comprendas que es normal estar asustado, pero que no es bueno dejarte dominar por ese sentimiento o de otro modo ese miedo se hará realidad"
León estaba completamente serio mirando fijamente al policía. Estuvo así durante un minuto o dos hasta que finalmente estalló en él una profunda carcajada. Esta vez fue el turno de Fujima para quedarse perplejo.
"¡Dios! Es la última persona en la que hubiera pensado para pedir un consejo de este tipo" dijo León divertido.
El agente se dio cuenta de que aquella reacción fue la manera de admitir que sus palabras tenían razón. Almeida se puso de pie listo para abandonar el apartamento.
"Bueno, inspector, creo que ya debo irme. Fue un placer echarme un trago y charlar con usted"
El policía lo acompañó a la puerta. Una vez en el umbral León recordó algo más que debía decirle.
"Casi lo olvido, mis amigas están organizando una pequeña fiesta para esta noche y me pidieron que lo invitara" informó "No espere alcohol porque las chicas son personas sanas pero estoy seguro que se va a divertir"
"Gracias, pero mejor no, somos aliados pero realmente yo no formo parte de su equipo"
"¿Ah, no? Entonces por qué disparó contra Sheppard?"
Fujima no respondió.
"Bueno, si cambia de opinión aquí está la dirección" dijo León entregándole un papel.
El policía lo tomó y leyó mientras su amigo se alejaba. Cuando ya estaba a diez metros se detuvo y sin volverse dijo: "Por cierto, gracias por sus palabras, no sabe cuanto necesitaba oír algo así"
"De nada"
León siguió su camino. Fujima cerró la puerta y regresó a la sala de estar. Llenó una vez más su vaso con Borbón, lo tomó y se sentó. Una sonrisa se dibujó en sus labios.
"Es increíble lo que uno tiene que hacer por los amigos" se dijo bebiendo un sorbo del licor "Lo bueno es que siempre he podido mentir convincentemente, aunque me falta algo de imaginación, eso de la esposa que se harta del trabajo está muy gastado, es una suerte que se lo haya creído"
Esbozó una ligera sonrisa antes de beberse el contenido completo del vaso.
Cada uno de los músculos de su cuerpo se estremecían con cada golpe de shinai que arrojaba hacia un oponente imaginario. Cada vez que Musashi necesitaba pensar iba al dojo y practicaba durante horas algunas katas. En esta ocasión su mente se ocupaba en un sólo tema: Maxuell Sheppard. A pesar de que había transcurrido una semana no podía apartar de su mente la imagen del, hasta entonces, peor enemigo al que habían enfrentado. Sin embargo eso no era lo que realmente le molestaba, sino el hecho de que su poder fuera la esencia del dragón. ¿Por qué? No tenía ningún sentido. ¿Quién más aparte de él, León y Minerva podría poseer ese poder en el mundo? Y más preocupante aún era que si alguien más fue capaz de otorgarle ese poder a Sheppard seguramente también lo posee y es mucho más poderoso. La idea lo asustaba, pues habían logrado vencer al americano no porque lo hubiesen superado sino porque éste no sabía luchar.
"Pareces perturbado, Musashi" dijo una voz acabando con el silencio del dojo.
El joven samurai de inmediato reconoció a su visitante.
"Preocupado, más bien" replicó volviéndose para encarar a Okko "¿Aún no haz averiguado nada sobre como es que nuestro enemigo posee la esencia del dragón?"
"No" replicó el tigre con enfado "Es algo que sencillamente es imposible, nadie en este mundo puede tener ese poder además de ustedes y..." se detuvo.
La pausa dejó desconcertado a Hayabusa.
"¿Y quién más?"
"Y los Dioses Creadores"
"¿Los Dioses Creadores?" repitió desconcertado "¿Quiénes son ellos?
"Son los seres supremos del Universo, los que crearon la vida y cuyo poder dictan las leyes que la rigen" contestó en tono solemne "Y quienes también crearon a los Dragones Legendarios"
El Dragón del Cielo se quedó meditando una idea que no le gustaba mucho.
"¿Y si fueron esos dioses los que le dieron ese poder a Sheppard?"
"¡No seas absurdo!" exclamó indignado Okko "¡Ellos jamás intentarían destruirlos porque los necesitan para proteger el o..." hizo una pausa dándose cuenta de que estaba hablando de más. Se tranquilizó antes de continuar "El planeta, ustedes son los encargados de velar por este mundo, jamás se atrevería a intentar dañarlos. En todo caso no necesitarían de alguien como Sheppard para destruirlos si realmente eso desearan"
El espadachín no respondió. León pensaba que Okko les ocultaba algo y ahora él comenzaba a tener la misma impresión. Había muchas cosas que su guía no les había dicho, de eso estaba seguro. Pero no entendía porque tanto misterio, si algo estaba pasando creía que el estar informados era la mejor forma de afrontar las dificultades venideras.
"Además no estamos seguros de que realmente lo que percibieron en ese hombre sea la esencia del dragón"
"Lo era" afirmó categóricamente Ryu "Aunque no era él exactamente quien la poseía"
"¿Qué quieres decir?"
"León me contó que a través de la herida hecha por mi Amakakeru Ryu no Hirameki logró observar una especie de roca que estaba unida al cuerpo de Sheppard y que al parecer era la que emitía la energía que sentimos"
El tigre escuchó aquella información con cierta sorpresa y preocupación.
"Entonces es posible que esa piedra sea un objeto de poder" conjeturó el felino.
"¿A qué te refieres? ¿Qué es un objeto de poder?"
"Algunos hechiceros pueden dotar a objetos inanimados de poderes sorprendentes por medio de sortilegios" explicó Okko "Por ejemplo tu espada, fue creada por medio de la magia y dentro de ella existe también la esencia del dragón, es la fuerza que le dota de poder y la que la une a ti"
Entonces Musashi entendió la razón por la cual la Ryuken había reaccionado al Ki de León la primera vez que se encontraron. Era el poder de la esencia que reaccionó a su igual.
"¿Eso significa que podemos crear objetos de poder usando nuestra energía?"
"No" descartó el guía "Estos objetos no pueden ser creados más que con magia y usando como fuente de poder la esencia del dragón" después dirigió su mirada al final de salón "Tu espada fue creada por magia hace siglos, es posible que a petición de una encarnación anterior del Dragón del Cielo, probablemente a hechiceros humanos de aquel entonces"
"¿Lo que quieres decir es que tal vez la piedra que tenía Sheppard fue creada por magos en el pasado a petición de los Dragones Legendarios anteriores y que en esta época alguien la encontró y se la entregó para que pudiera combatirnos?"
"No lo sé, pero es la mejor posibilidad que se me ocurre" admitió Okko.
Pero Hayabusa no estaba muy convencido. La fuerza que poseía esa piedra era inmensa, mayor que la de él, Shiryu, Shoryuki y las Sailor Scouts juntos. No creía que sus encarnaciones anteriores fueran tan tontos como para crear un objeto que pudiese destruirlos. No tenía sentido.
"¿Y existen más de esos objetos de poder?" quiso saber el samurai.
"No lo sé, en teoría sólo debería de existir tu espada, pero creo que a estas alturas ya no podemos estar seguros"
La expresión seria del rostro de Musashi se acentuó aún más.
"Sin embargo..." continuó el tigre "tenemos un problema más inmediato y grave que resolver"
"¿De qué se trata?"
"Sailor Pluto ha desaparecido"
"¿Qué cosa?" exclamó Hayabusa.
"Desde un día antes de que fueran a la isla traté de contactarla pero me fue imposible y lo he estado intentando desde entonces sin resultado alguno" informó el felino.
"No crees que te estás precipitando en tu preocupación" dijo Musashi "Las chicas me han dicho que Setsuna tiene la costumbre de desaparecer durante días, semanas o incluso meses sin dar ningún tipo de explicación. Tal vez es lo que está pasando ahora"
Pero el felino negó vehementemente con la cabeza.
"No, yo mantengo un lazo psíquico con Sailor Pluto y no importa dónde o cuándo se encuentre, ese lazo jamás se desvanece"
"Entonces estás convencido de que algo le ha sucedido"
"Así es, si no puedo detectarla es porque alguien bloquea nuestro enlace mental" aseguró Okko "O peor aún, tal vez Sailor Pluto está..."
"No hay que hacer conjeturas" se apresuró a decir el dragón celeste "Mejor debemos investigar más y averiguar realmente lo que sucedió con ella"
"Tal vez tengas razón"
Se hizo una larga pausa. Okko permaneció mirando el vacío como meditando en la acciones que debía tomar. Luego miró a Hayabusa.
"Creo que mejor me voy" informó "Seguiré investigando y les informaré en cuanto averigüe algo más"
El tigre dio media vuelta alejándose del joven espadachín. Éste permaneció largo rato en completo silencio tratando de asimilar la nueva información que su guía le había dado. Sintió una enorme frustración pues parecía que entre más averiguaban más nebuloso se volvía aquel asunto. ¿Qué era lo que sucedía? ¿A qué demonios se estaban enfrentando? Como samurai no soportaba la idea de tener un oponente que no diera la cara y que se ocultara en la oscuridad, eso lo hacía enfadar. Pero entonces recordó que era el líder de los Dragones Legendarios y como tal debía ser el que diera el ejemplo de calma y tranquilidad a sus compañeros. Dio largo suspiro y se tranquilizó un poco.
"Sea lo que sea a lo que nos enfrentamos no permitiré que nos derrote" se prometió antes de reiniciar su práctica con renovados ánimos.
Mansión Ravencroft.
Hace un día.
"La señorita Ravencroft la recibirá en la biblioteca" indicó Richard, el mayordomo "Sígame por favor"
Rei fue conducida por el viejo sirviente hacia la habitación señalada. La mansión de su amiga le producía una sensación de escalofrío. Recordaba que León la había descrito como el castillo de Drácula que aparecía en las películas. Por una vez en la vida estuvo de acuerdo con él. Comenzaba a entender por que Minerva siempre tenía aquel humor sombrío. Su mente dejó de divagar en cuanto llegaron a la biblioteca. Ésta era un cuarto enorme, con macizos libreros de roble atiborrados de libros en ediciones de lujo con pastas cubiertas de cuero. La joven sacerdotisa reconoció algunos nombres como Dickens, Stevenson, Milton, Scott y Shakespeare. Al parecer la familia Ravencroft era una gran amante de la Literatura.
Minerva se encontraba sentada en un mullido sillón de caoba, estilo victoriano, tapizado de cuero color vino junto a un enorme ventanal que daba al jardín de la casa. En cuanto se percató de su presencia la británica apartó a un lado el libro que estaba leyendo. Rei pudo leer en la cubierta: El cuervo y otros poemas, Edgar Allan Poe. La joven Ravencroft le indicó con la mirada un sillón frente al suyo para que se sentara.
"Richard, puedes traernos un poco de té, por favor" ordenó la inglesa.
"Enseguida"
El mayordomo desapareció tras la puerta de la estancia.
"¿Y que te trae por aquí?"
"Pues simplemente vengo a invitarte a una pequeña fiesta que estoy organizando para festejar que salimos vivos de aquella isla"
"Festejar..." murmuró lentamente Minerva.
Rei la miró desconcertada por su actitud. El alter ego de Shoryuki se puso de pie y miró a través de la ventana dándole la espalda a su invitada.
"Rei, ¿alguna vez haz leído el poema El cuervo de Edgar Allan Poe?" preguntó la rubia.
"Claro que sí, es un poema muy famoso" replicó Hino aún más perpleja "Habla sobre un hombre que ha perdido a su amada, llamada Leonora"
Minerva asintió.
"Sí, en un primer plano esa es la historia del texto" convino la británica "Sin embargo, el poema va más allá. En él se habla de una ruptura con el pasado. El busto de Palas Atenea representa el estilo clásico del arte: lleno de equilibrio, sobriedad y dominado por el control; la imagen de un cuervo superponiéndose sobre dicha figura y repitiendo incesantemente la frase «Nunca más» quiere decir que esa idea de belleza, esa idea de vida ha dejado de tener significado y ahora es reemplazada por una estética oscura, adusta y dominada por el desenfreno"
La expresión de desconcierto de Rei se hizo más acentuada. No entendía a qué venía toda esa perorata literaria. En ese momento Minerva recitó:
"Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas,
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!"
Un denso silencio invadió la habitación tras concluir con la declamación. Minerva se volvió y miró a Rei.
"Es eso exactamente lo que está ocurriendo con mi vida" continuó la joven Ravencroft "Hubo una ruptura en mi vida en el momento en que me convertí en la Dragona de la Tierra. La tranquilidad de mi vida fue trastocada completamente. Ya no hay paz, sólo un intenso miedo a que aparezca otro enemigo y que esta vez no sea capaz de salir viva" unas leves lágrimas corrieron por sus mejillas "La última vez lo logramos casi de milagro y eso me demostró que no soy lo suficientemente fuerte para ser una guerrera" caminó hasta el sillón y nuevamente se sentó en él, a la vez que ocultaba su rostro entre sus manos y sollozaba un poco más "Y ni siquiera puedo huir de todo esto porque es mi estúpido destino. Shoryuki se ha convertido en mi cuervo y proyecta su sombra sobre mi, vedándome toda posibilidad de escapar"
La guerrera de Marte la contempló por unos momentos en completo silencio. Luego se puso de pie y colocó sus manos sobre los hombros de Minerva. Ésta al sentir aquellas manos levantó la vista encontrándose con los cálidos ojos de Rei.
"Sabes, creo que te presionas demasiado" opinó la sacerdotisa "Eres muy poderosa e inteligente a la hora de luchar pero eso no significa que no puedas ni debas fallar de vez en cuando"
"Pero..."
"Nada de peros" la interrumpió gentilmente "Escucha, tu conoces a Serena y sabes que es un desastre la mayoría del tiempo, incluso cuando se convierte en Sailor Moon comente muchas torpezas. Aún así nunca se desanima y como puede siempre ha conseguido salir adelante de todas las situaciones peligrosas en las que se ha metido" Rei le guiñó el ojo "Comparada con ella tu tienes muchas más posibilidades de mejorar como guerrera así que no te desanimes y sigue luchando con la misma intensidad que lo hiciste hace una semana y te garantizo que te convertirás en la mejor guerrera de todas nosotras"
Minerva no supo que decir ante las palabras de aliento y lo único que pudo hacer fue abrazar fuertemente al alter ego de Sailor Mars. Lloró aún más, sólo que en esta ocasión no fueron lágrimas de frustración sino de felicidad. Felicidad por sentir por primera vez en mucho tiempo que no estaba sola.
Después de un rato logró calmarse. Luego de secarse el llanto miró a Rei.
"Sobre la fiesta..."
"¿Qué hay con ella?" preguntó Rei.
"¿Podríamos hacerla aquí?"
"¿En tu casa?"
Minerva asintió.
"Hay más espacio y además mi hermana siempre se queja de que nunca hay nada qué hacer en este país" replicó la joven Ravencroft "Le encantará tener una fiesta en casa"
La sacerdotisa sonrió.
"Por supuesto, creo que es una gran idea"
"Entonces tendremos una fiesta mañana en la noche" anunció la británica.
Mansión Ravencroft.
Hoy, 9:42 PM.
Una brisa tímida agitaba levemente las copas de los árboles que pululaban por el jardín de la enorme residencia. Éstos fungían muy bien como postes desde los cuales se habían colgado los cables de los que pendían una serie de lámparas que proporcionaban una iluminación más que perfecta para el festejo. En el centro del jardín se había montado un mini-escenario en el que una banda tocaba una buena variedad temas musicales. En uno de los extremos del jardín se encontraba una gran mesa que hacía las veces de barra de bufete en los que había una variedad sorprendente de platillos y bebidas, que incluso incluían una buena dotación de vino que se veía bastante caro. Las chicas encontraron extraño aquello, pero Rebeca les explicó que en Inglaterra bebían vino desde muy jóvenes y que era algo completamente natural. Esto no las convenció del todo. León por otro lado estaba gratamente sorprendido, aunque no era un gran fan del vino tinto pensó que dadas las circunstancias era una verdadera suerte, y alegremente se sirvió una copa a la que le siguieron varias. Musashi, a pesar de ser el único que tenía edad para beber optó por no hacerlo ya que no lo acostumbraba. Al mexicano lo acompañaron Rebeca, Minerva, Haruka y Michiru. El resto prefirieron obedecer sus costumbres abstemias. De esta forma, con suficiente comida y bebida se dedicaron a disfrutar del concierto privado que se daba en el jardín de la enorme casa.
"¿No crees que todo esto fue un poco... excesivo?"dijo Rei al oído de su anfitriona para poder ser escuchada "Digo, con unos sándwiches y un estéreo habría bastado"
Minerva sonrió.
"No te preocupes, mi familia tiene suficiente dinero para hacer este tipo de fiestas a diario y seguir viviendo cómodamente" aseguró la británica "Además creo que esta es la primera vez que se usa para algo realmente bueno"
"Sí tú lo dices" fue todo lo que replicó la sacerdotisa.
Después de una hora la banda decidió tomar un descanso lo que fue aprovechado por los espectadores para alejarse del escenario y así poder platicar más a gusto. Rebeca Ravencroft de inmediato monopolizó a Musashi, quién se había convertido en el nuevo foco de su atención ya que León estaba ocupado con Amy; Haruka y Michiru también se apartaron del grupo y fueron a admirar la enorme cantidad de flores que pululaban por todas partes, destacando una sección llena de Rosas de Castilla que atraparon la atención de la scout de Neptuno; Serena y Darien igualmente decidieron irse por su lado para tener un pequeño momento romántico, dejando solas a Lita, Mina, Rei, Hotaru y Minerva.
"¡Qué mala suerte!" se quejó Mina "Tenía la esperanza de poder hablar con Musashi"
"Sí, pero al parecer Rebeca resultó más lista que nosotras" dijo Lita.
"Creo que tu hermana está muy interesada en Musashi" observó Rei.
La inglesa hizo un gesto de impaciencia.
"¡Bah! No creo que sea tanto así, es sólo que León está demasiado ocupado con Amy como para prestarle atención y se tuvo que conformar con Hayabusa"
Eso le hizo pensar en la recientemente formada pareja y por mero reflejo volteó hacia el extremo hacia donde se habían apartado. Se preguntó de qué estarían conversando. ¿Su compañero le estaría proponiendo ser su novio a la sailor? Le sería fácil averiguarlo haciendo uso de sus poderes psíquicos pero su estricto sentido de la etiqueta le impedía hacerlo. Todo mundo tenía derecho a la privacidad.
. . .
León contemplaba a Amy mientras ésta admiraba el cielo nocturno. Las finas formas de sus facciones parecían haber sido esculpidas por las manos del mismísimo Miguel Ángel a causa de su bella perfección. Sus ojos recordaban a esas noches mediterráneas en las que el brillo de Artemisa baña tímidamente las aguas del mare nostrum romano.
"¿No es hermosa?" dijo Amy refiriéndose a la Luna que brillaba en todo su esplendor. Había un dejo de nostalgia en su voz.
"Sí, mucho" replicó León y en ese momento sonrió al recordar unas palabras que había aprendido hacía mucho tiempo y que apenas ahora cobraban un auténtico significado:
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo aliento
con que trina el ruiseñor,
de sus copas morador,
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y en cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor ()
Amy lo miró entre apenada, perpleja y sorprendida. Reconocía la declamación: era un parlamento de la obra teatral Don Juan Tenorio de un escritor español llamado José Zorrilla. Lo que más le sorprendía es que León lo supiera de memoria pues hasta donde sabía él no era un muy afecto a la lectura, salvo de novelas policiacas. Más aún, su declamación había sido perfecta, como si se tratase de un actor profesional representando el papel en un escenario auténtico.
León sonrió al notar el desconcierto de Amy.
"Te dejé apantallada ¿verdad?" se ufanó.
"¿Cómo es que te sabes ese diálogo del Don Juan?"
"Es porque, cuando estaba en secundaria, tenía una maestra genial de español (muy guapa por cierto), que nos hizo representar esa obra para un festival de la escuela ¿y adivina a quién le tocó ser don Juan?" dijo el latino con una sonrisa pícara "En realidad ya no me acuerdo de ningún diálogo, salvo el que te acabo de recitar. Por alguna razón se me quedó grabado"
"Supongo que porque lo debes de usar a cada rato en tus conquistas" bromeó la joven Mizuno.
"En realidad no" replicó Almeida para sorpresa de la chica "A decir verdad eres a la primera chica que se lo digo"
"¿En serio? ¿Y por qué?"
"Pues porque no tienes idea de como se burlaron de mi mis amigos por andar metido eso" replicó León recordando el embarazo que sintió en ese entonces. Después de eso su rostro adquirió un semblante serio "Pero ¿sabes una cosa? En este momento siento una gran identificación con el personaje de don Juan"
Amy lo miró desconcertada por la declaración.
"La historia de don Juan se trata de un aventurero, un tonto, que se redime al final de su vida por el amor de una mujer" dijo el mexicano en tono reflexivo "Yo, antes de conocerte hacía el trabajo de superhéroe sólo por vanidad, pues me hacía sentir especial e importante. Ahora me doy cuenta de que era una actitud bastante frívola y estúpida" miró a Amy "No tenía verdaderos motivos para luchar, pues eso de proteger a la humanidad y cosas por el estilo no me importan tanto como a ti y a al resto de las chicas. Sin embargo, ahora tengo un verdadero motivo para pelear con toda mi fuerza"
"¿Un motivo?"
León asintió.
"Ese motivo eres tú"
"¿Yo?"
"Sí, cuando te vi tendida en mis brazos, agonizando, sentí un dolor indescriptible; como una llamarada que me quemaba las entrañas. Pensé que nunca más te vería de nunca más" confesó León "No quiero volver a sentir ese dolor de nuevo. No quiero ver morir a la persona que más amo. Así que de ahora en adelante voy a esforzarme el doble que antes para no tengas que hacer algo como lo que hiciste de nuevo"
"León..."
El joven bajó la cabeza un poco avergonzado. Sus mejillas se habían tornado carmesí.
"Soné bien cursi ¿verdad?"
Sin que se lo esperara Amy rodeó su cuello con sus brazos y le dio un largo beso en la boca. Esto tomó desprevenido a León pues era la primera vez que Amy tomaba la iniciativa. Sin embargo rápidamente le correspondió tomándola de la cintura. Una vez que recordaron que debían respirar se separaron y la joven Mizuno miró al latino sonriente.
"¿Y eso porqué fue?" preguntó León un poco confundido.
"Eso fue para agradecerte tu preocupación" replicó Amy "Pero debo decirte que yo tampoco pienso dejar morir a la persona que amo, así que yo seré la que se esfuerce más para que tú no tengas que hacerlo"
"¡Ah! Estas mujeres feministas que siempre quieren hacerlo todo y nos quitan nuestro lugar como machos dominantes" bromeó León.
"Pues mejor acostúmbrese, señor don Juan" advirtió Amy aunque claramente también bromeaba.
"Sabes bien que soy tu esclavo, bellísima Inés" dijo el chico con fingida solemnidad.
Y una vez más sus labios se unieron en un beso.
. . .
La banda inició su segunda ronda con una balada que atrajo la atención de todos. Nuevamente el grupo se reunió entorno al escenario para escuchar la interpretación. Aprovechando que los músicos se habían convertido en el nuevo foco de interés Minerva decidió apartarse hacia uno de los extremos del jardín y observó desde lejos a los congregados. Contempló con satisfacción que el público parecía disfrutar intensamente el espectáculo. No era el tipo de música que le gustaba escuchar pero de alguna forma la experimentación de este nuevo repertorio le estaba resultando igualmente agradable que las piezas de Tchaikovsky, Handel o Strauss.
"Disfrutando de un momento de privacidad, ¿eh?" dijo alguien de repente sobresaltando a la inglesa.
Minerva miró a su costado izquierdo. Musashi estaba parado entre los árboles mirándola divertido.
"Eres tú, casi me matas de un susto" se quejó.
"Lo siento"
"Veo que por fin te pudiste librar de Rebeca" observó la británica.
El joven samurai sonrió.
"Le dije que necesitaba ir al baño"
"Hay ocasiones en que llega a ser una verdadera molestia"
"No es para tanto" repuso Hayabusa "Sólo quiere ser amable"
"Si tú lo dices"
Nuevamente volvió a mirar hacia el grupo.
"La fiesta es un éxito, felicidades" comentó Musashi al notar hacia dónde tenía los ojos su amiga.
"Es extraño..." dijo repentinamente Minerva en tono pensativo.
"¿Extraño? ¿Qué es extraño?" preguntó el japonés desconcertado.
"Todo esto" replicó sin apartar la vista del punto de reunión "Nunca antes había hecho una fiesta. A mis padres nunca les interesó el festejar nada relacionado conmigo" cerró los ojos y agachó la cabeza "Nunca había entendido el sentido de las fiestas; por qué la gente las hace y por qué las encuentra entretenidas" abrió nuevamente los ojos, miró a Musashi y sonrió. Sin embargo no era su sonrisa habitual, cargada de tristeza y desencanto, era distinta: era una expresión de alegría. "Son para compartir nuestro aprecio, nuestro amor por esas personas que están junto a nosotros y las razones que damos para estas reuniones son meros pretextos"
Dio un par de pasos y apoyó la mano derecha sobre el tronco de un árbol. Su semblante volvió a ser serio.
"Sabes, cuando íbamos rumbo a la isla hace una semana le prometí a Rei que pelearía con todo mi poder para que ella no perdiera a sus amigas porque entonces noté el gran amor que se tienen unas a otras y me dije a mi misma que algo tan hermoso como esa amistad no debía ser destruido y que debía protegerlo" sonrió con tristeza "Pero... igualmente me di cuenta que yo no formaba parte de aquel lazo y quizá como nunca antes descubrí cuán grande era mi soledad"
"Minerva..."
"Pero después de ayer en que fue Rei a mi casa y de todo esto..." dijo señalando al grupo junto al escenario con la vista "...siento que ya no estoy al margen sino que soy parte de ese círculo al que ellas están inscritas. Por vez primera siento que pertenezco a algo. Eso me resulta extraño pero... también me hace sentir feliz y fue por eso que hice esta fiesta; más que para festejar que saliéramos vivos fue para compartir mi dicha y agradecerles a ellas por darme la oportunidad de pertenecer a este grupo"
Los ojos se le llenaron de lagrimas, no de tristeza sino de emoción. Musashi rodeó sus hombros con su fuerte brazo, gesto que sorprendió a la Dragona de la Tierra y la hizo ruborizarse. Miró al espadachín con expresión desconcertada y éste, a cambio, le devolvió una sonrisa.
"Lo entiendo" dijo Musashi "Me doy cuenta de lo importante que son para ti y te prometo que sea lo que sea que estemos enfrentando usaré toda la fuerza que poseo para permitirte seguir disfrutando de esta felicidad que haz encontrado"
"Musashi, tú..."
"Bueno, ahora seca esas lágrimas y volvamos a la fiesta que se disfruta más estando cerca que viéndola de lejos, ¿no crees?"
"Gracias" fue todo lo que dijo Minerva mientras se secaba las lágrimas con la manga se su suéter.
Ambos caminaron abrazados de regreso a la fiesta.
La noche había refrescado. León lo notó al sentir un escalofrío recorrerle la espalda. Le había cedido su chaqueta a Amy una vez que ambos abandonaron la mansión Ravencroft y caminaron rumbo al edificio de apartamentos de la joven Mizuno. Era una hermosa noche en la que el cielo estaba despejado y permitía a las estrellas sonreír con su destello distante; la Luna lucía como un lejano faro que guiaba a los caminantes por el camino correcto como a los marinos de tiempos remotos. La joven iba tomada del brazo de León mientras caminaban en silencio. Era como si el simple contacto transmitiera los pensamientos de cada uno haciendo las palabras innecesarias.
"Ya llegamos" dijo Amy repentinamente rompiendo con la muda conversación.
Un enorme complejo habitacional se erigía frente a la pareja. León lo observó con detenimiento y pensó que si la casa de Minerva era lúgubre y fea como un castillo medieval, la vivienda de Amy lucía como uno de los edificios ultra-modernos de esas películas de ciencia ficción donde el mundo estaba bajo un régimen totalitario a lo George Orwell; lo que finalmente resultaba igualmente desagradable para él.
Decidió olvidarse de sus divagaciones arquitectónicas y acompañó a Amy hasta la entrada. Ahí ambos se abrazaron y se dieron otro largo beso de despedida.
"Bueno, nos vemos mañana" se despidió Almeida.
"Sí, adiós" correspondió Mizuno.
León dio media vuelta y comenzó a alejarse lentamente. Amy lo observó mientras se retiraba y de pronto experimentó una extraña sensación de angustia. Sintió como si esa fuera la última vez que iba a ver al dragón en mucho tiempo. Sin poderlo reprimir lo llamó cuando ya se había alejado varias decenas de metros. El chico volteó y sonrió, aunque había un leve gesto de desconcierto.
"¿Sí?" preguntó León.
"Cuídate mucho" fue todo lo que atinó a decir Amy.
La expresión de perplejidad se acentuó en el rostro del latino pero no quiso indagar más en la actitud de la chica.
"Descuida, siempre lo hago y ahora más" replicó guiñándole el ojo.
Hizo un ademám de despedida y se alejó cobijado por las constelaciones y demás astros celestes.
. . .
León vago por las calles varios minutos después de dejar a Amy en su casa. Por alguna razón no tenía ganas de volver a su hogar, algo lo llamaba hacia el este de la ciudad. No sabía qué era, pero sí sabía que no podía resistirse. Justo cuando caminaba bajo la luz de uno de los faroles del alumbrado público dos figuras descendieron de los cielos lo que de inmediato lo alarmó. Adoptó su guardia de Karate y se preparó para luchar. Sin embargo, la pareja no parecía tener intenciones de pelear. Avanzaron hacia la claridad de la luz eléctrica lo que permitió a León reconocerlos: eran Minerva y Musashi. El mexicano se relajó y bajo los brazos.
"¡Cielos! Chicos, que susto me dieron" admitió León. Luego los miró detenidamente. Iban vestidos con su armadura de dragón "Por cierto, ¿qué hacen con sus armaduras puestas? ¿Acaso hay problemas?" preguntó alarmado.
"¿Acaso no lo sientes?" cuestionó Shoryuki.
"¿Te refieres a... el este?" inquirió el Dragón del Mar.
La joven asintió.
"Sí, percibimos algo en el este de la ciudad y decidimos ir a investigar" informó Ryu "No es un Ki ni nada parecido pero es como si algo nos llamara a ese sitio"
"Sí, también lo percibo" convino el latino. Acto seguido hizo estallar su aura y sobre él apareció la armadura de Shiryu, Dragón de Mar "En ese caso dejémonos de charla y vayamos a echar un vistazo"
Los tres se miraron como estableciendo el acuerdo en la acción con los ojos y rápidamente dieron un gran salto hacia la azotea de un edificio cercano. Así avanzaron de techo en techo rumbo al lugar donde sentían ese misterioso llamado sin saber que estaban por embarcarse en la aventura más grande y peligrosa de su vida. Una aventura en donde no sólo está en juego el destino de su universo sino el de muchos universos más...
Estaban por enfrentar una... ¡¡Crisis Universal!!
-Fin del capítulo 17-
