Capítulo 3: "Eso tú no lo sabes, no eres Slytherin"

Severus siempre salía el último del aula. Fuera cual fuere la asignatura. Lo hacía para completar sus apuntes. Helena lo sabía, porque ella antes hacía lo mismo. Mucho antes.

Ese día también salió el último del aula de Transformaciones. Iba cargado de libros y pergaminos. Curiosamente, él le daba a todo ello una sensación de orden; aunque pesara mucho lo que cargaba.

Y así se encaminó el joven Severus a su siguiente clase, que era Encantamientos.

Helena sabía eso, porque lo había escuchado y memorizado.

Aquel día de 1972, Helena no se limitó a observarlo tras su columna, su habitual armadura o su esquina.

Quería hablar con él, e iba a hacerlo. Había dado el primer paso en la batalla para vencer a su timidez. Un paso chico, pero un paso.

Lo seguía en silencio, esperando al momento oportuno, cuando Pelo azabache, Larguirucho, Arrogante y Regordete volvieron a meterse con él y Helena tuvo que apartarse. Un fantasma poco puede hacer en esos casos.

También tuvo que esperar a que acabara Encantamientos para poder hablar al fin con Severus. Aunque estuviera enfadado y hubiese corrido hasta el aula sin dar margen a la Dama a aproximarse, Helena sabía que Severus jamás de los jamases se saltaba una clase.

Por eso, lo buscó más tarde, en su habitual rincón en la biblioteca. Ese que no le gustaba a nadie, porque olía a humedad y estaba lleno de polvo todo.

Estaba leyendo, como de costumbre. Más ceñudo que las otras veces.

A causa del buen tiempo y la lejanía de los exámenes, la sala estaba vacía, a excepción de ellos dos y la señora Pince. Pero la señora Pince dejaba a Helena estar ahí, porque era silenciosa y educada. Os otros fantasmas eran o muy ruidosos, o muy siniestros o muy pomposos y quejicas.

Helena esperó.

A Severus le relajaba la lectura, y cuando vio que la arruga de su frente se había suavizado (una hora más tarde) decidió acercarse.

Helena era muy silenciosa. Incluso la señora Norris se asustaba a veces, por no haberla visto llegar.

Por eso, Severus también se asustó un poco, cuando la Dama lo saludó, no con un simple hola. Sino con un:

-Eres mejor que ellos, ¿sabes?

Se miraron. Por primera vez, los ojos del joven Severus Snape se posaron en los de la Dama Gris. Y ella pensó que eran preciosos, pero tristes.

El silenció que los abordó ahora fue más largo de lo esperado, ya que él se había impresionado de verdad.

-Eres la Dama Gris, ¿verdad? El fantasma de Ravenclaw. – dijo él al fin.

Helena sonrío y asintió, ciertamente ilusionada con que él la conociera. Sin embargo, él no le devolvió la sonrisa.

-No deberías meterte en los asuntos de los demás. Ni espiarlos. – reprendió él, ciertamente molesto. No quería ayuda de nadie con ese tema.

-No te estaba espiando –mintió ella- Es que… Los he oído, a uno de los cuatro, hablar de ello.

-A cuál? –estaba claro que Severus parecía tener una escala de odio más o menos profundo hacia los cuatro Gryffindors.

-No lo sé, al arrogante.

Al oír como Helena llamaba a Sirius Black, Severus se sonrió unos segundos. Pero ella lo vio y sonrió también. Era la primera vez que oía a alguien meterse con Sirius, además d a Lily.

-Aún así, no quiero hablar de esto, y menos contigo. No te conozco de nada.

-Bueno, sabes quien soy, eso ya es un buen comienzo, ¿no Severus Snape?

Y una vez más, volvió a impresionar al imperturbable Severus Snape. El fantasma de una chiquilla solitaria.

-¿Cómo sabes mi nombre?

-Eso da igual, sé muchas cosas. Tengo muchos años de edad, y me sé más nombres de alumnos.

-No necesito tu ayuda aún así, Dama Gr…

-Helena. Me llamo Helena.

Severus guardó silencio, mirándola. Helena se había aproximado un poco más, y viéndola con menos luz, se fijó en que debió de ser una chica reamente guapa en vida.

-Helena –rectificó él. – No necesito que me ayudes, los Slytherin no necesitamos ayuda de otras casas. Ni tampoco que nos recuerden algo tan obvio como que somos mejores que los Gryffindor.

-Claro que lo necesitáis. Los Slytherin siempre necesitáis eso.

-Eso tú no lo sabes, no eres Slytherin. –replicó él, comenzando a enfadarse.

Helena enmudeció, mirándolo. Entonces, se dio cuenta de lo poco que conocía la gente su historia. Solo era el fantasma de la torre de Ravenclaw y ya está. Solo Severus sabía su nombre ahora. Tal vez, debería contarle más sobre ella, tal vez todos deberían conocerla un poco más.

Mirándolo en silencio, se atrevió a responder:

-Estás muy equivocado. De nuevo lo estás.