Capítulo 6: Desearía no haber dudado.

Severus estaba convencido de que morir asesinada por alguien obsesionado contigo era horrible. Estaba convencido de que, probablemente, era lo más terrible que le había sucedido a la joven. Pero estaba equivocado. De nuevo volvía a estarlo con ella.

Casi podría decirse, que aquella puñalada había liberado a Helena de muchas cosas. Cosas que le fue contando frente a Oesed.

-Supongo que me enteré demasiado tarde de quién era mi padre.-el fantasma hablaba con claridad y en orden, pero Severus estaba confundido, o no quería entender lo que Helena le estaba contando.- Supongo que tuve envidia de mi madre y de cómo él le recordaba una y otra vez lo maravillosa que era. Rowena era preciosa… Siempre pensé que jamás habría otra mujer tan guapa como ella; y se merecía estar junto a alguien como él. Pero era tan malditamente injusto…. Siempre viviendo a la sombra de la gran Rowena Ravenclaw, reconocida únicamente como su hija….

-Helena, ¿adónde quieres llegar?

-Se fue…-continuó ella, sin hacer caso a su pregunta. Como si en un momento de soledad, recordara en voz alta.-Se fue cuando yo me enteré del secreto de ambos. Para mi Salazar no tenía más relación conmigo que el amante de mi madre y fundador de Slytherin. Un hombre que iba y venía a sus anchas, pero que amaba y respetaba a Rowena. Por eso, tenía todo el derecho a tener esos sentimientos hacia él, antes de enterarme.

Hasta los 17 años yo había vivido sin padre, nadie hablaba de el, y jamás me atreví a terminar mis preguntas sobre él, porque Rowena se enfadaba. Se enfadaba mucho.

Ya tenía a Salazar en su vida.

Y yo lo quería en la mía también. Eso no podía ser, pero ya era tarde.

Él se fue, dejando a Rowena con la palabra en la boca… y a mí enamorada.

La expresión de Snape se tornó de asombro, como nunca antes había sucedido. Casi notaba tirantez en el rostro por la falta de expresividad a la que estaba habituado.

-Helena…

-Me arruinó la vida, nos la arruinó. ¿Es que no era bastante para ser su hija? ¿Necesitaba sólo a Rowena con él? –Helena hablaba diferente ahora…. Hablaba su Slytherin.- Por eso robé la diadema, por eso huí con ella. Iba a ser más que mi madre, y Salazar lo reconocería…. Y después la diadema me destruyó, y el Barón. Y todo.

Era terrible. Terrible que nadie más conociera esa historia. Terrible que Helena tuviera tanto que contar y sólo una persona que la escuchara. Pero Severus sabía escuchar. Había aprendido siendo tan callado y reservado. Y Helena merecía ser escuchada.

-Perdóname, Helena. –dijo él, de pronto. El espectro se extrañó ante esa disculpa. Severus apenas había abierto la boca en la narración de aquella historia. ¿Por qué se disculpaba? – No sé qué pretendo, quejándome de mis tonterías continuamente. Cuando tú lo pasaste mucho peor que yo. Lo siento si te he ofendido en algún momento.

-Severus…-ella sonrió sincera, por primera vez desde que se aproximó al espejo. Su Ravenclaw había vuelto.-Me gusta escucharte. Soy tu amiga, los amigos se escuchan, ya sean lamentos, alegrías o la mayor sandez del mundo. ¿Por qué iba a ser distinto?

-No hay punto de comparación. Mis problemas giran en torno a cuatro Gryffindors ridículos. ..

-Y a que tu padre te pegaba.-terminó ella. Era una frase muy brusca, pero no había otra forma de decirlo.

-Y el tuyo jamás se fijó en ti, os abandonó, estando las dos… Enamoradas de él. –cuanto le costó decir eso último. Él no lo sabía, pero Helena se había sentido así de mal hacía apenas minutos, cuando salió el tema de Lily.

-Se fue, sí. Pero trató bien a Rowena, durante mucho tiempo. Jamás la vi llorar por una paliza, como viste tú a Eileen en más de una ocasión.

-Ella estuvo siempre conmigo. Tú no tenías a nadie.

Helena enmudeció y se volvió hacia el espejo frente a ella.

-Ahora te tengo a ti. Eso basta para dejar de lamentarme. Las banshees se lamentan, los fantasmas no. –sonrió ella, relajando un poco el ambiente.

Sev esbozo media sonrisa, que para él era mucho.

Helena acortó distancias con el espejo, y al hacerlo parecía más humana.

-Creo que desearía no haber dudado.

-¿Dudado? –Severus se levantó. Tenía los pantalones llenos de polvo, pero no se molestó en sacudirlos. -¿Por qué dudaste?

-Antes de que el Barón se sobrepasara, me dijo que madre había caído muy enferma. Yo desconocía que su salud anduviera en estado de fragilidad. Y desde que yo me fui, había empeorado mucho.

También me dijo que ella quería volver a verme, al menos una última vez. Rowena era muy consciente de todo, siempre. Y en aquel momento, lo era de su muerte.

Trató de convencerme, de que estaba así por mí, y así llevarme de vuelta al castillo sana y salva.

Pero yo sabía que aquello no era cierto. Se estaba muriendo por Salazar, porque jamás se imaginó quererlo tanto. La oí decir eso cuando él se marchó.

Yo necesitaba liberarme, olvidarme. Estaba confundida, odiaba a Rowena por ser mejor que yo, y a Salazar por enamorarme. Odiaba ser consciente de que si él volvía, sería por ella. Y yo me quedaría atrás.

Ansiaba libertad. Pero el Barón no quiso entenderlo, y se ocupó de arrebatarme esa libertad de una puñalada.

Se pasó los dedos por el pecho blanquecino, pensando. En ocasiones, tenía la sensación de que la huella del puñal aún le dolía.

-Moribunda, dudé. Dudé y pensé que tal vez, no debería haberme escapado. Que Rowena mejoraría conmigo a su lado. O al menos, me tendría para despedirse.

Tal vez dudé porque me invadió un enorme deseo de volver al castillo y contárselo todo. Y encontrar a Salazar y echarle en cara todo lo que nos había hecho.

Y por esa duda, me quedé así. Tal vez no debería haberme puesto a pensar y limitarme a morir.

Al regresar al castillo, Rowena ya había muerto y no volví a ver a Salazar.

El espejo reflejaría mi muerte sin más…. –silencio- o…. O no.

Se volvió hacia él, ya en pie.

-Porque… si no hubiese dudado, no te habría conocido. Habría muerto sin nadie.

Sev sonrió agradecido. Poco, pero sincero.

-¿Sabes? No tengo ni idea de lo que el espejo me mostraría.

-Si acabas por descubrirlo, me gustará saberlo, Helena.