De la autora: Siento haberme demorado tanto con el fic, pero estoy bastante ocupada con la universidad estos días. De todas formas, os agradezco el apoyo a todos y vuestros alentadores comentarios, ¡un saludo y espero que disfrutéis de los nuevos capítulos!

Capítulo 7: Dice que le encanta tu vestido.

Severus ya formaba parte en la "no vida" de Helena. El chico había sido presentado de manera formal al resto de fantasmas que su amiga conocía. Y algunas cosas habían ido muy bien… Y otras muy mal.

En plena temporada de exámenes parciales, Helena salió de la biblioteca tras haber estado hablando con Severus y ayudándolo a estudiar. Ahora, Sev tenía que finalizar un trabajo de casi dos metros de pergamino para Historia de la Magia (completamente voluntario, obviamente) y la Dama pensó que sí lo dejaba solo, se concentraría mejor. Quedaron en verse más tarde, y el fantasma abandonó la biblioteca.

No se dio cuenta de la sonrisa que esbozaba hasta que una voz fría y dolorosamente conocida se lo hizo saber.

-Una sonrisa estúpida por un estúpido motivo….

De haber estado viva, se le habría helado la sangre en las venas. Llevaba casi mil años sin escuchar esa voz, pero era imposible olvidarse de ella.

El fantasma se giró lentamente, con cara de absoluta circunstancia.

Recordaba al Barón pelirrojo, de pelo largo y poco lustroso. Gesto austero, piel de mármol y ojos apagados. Alto y delgado como un junco. Nunca había sido feo, pero asustaba. Era Barón de alguna parte que Helena no llegaba a recordar. Era un nombre largo y germánico.

También recordaba su tono de voz, siempre monótono y vacío, como de narrador triste. De todas las veces que la había escuchado, Helena solo recordaba arrepentimiento en ella una única vez. Cuando estaba moribunda y desangrándose.

Y tras casi mil aós, el Barón volvía a pronunciar palabra y volvía a acercarse a ella.

-¿De qué estáis hablando…? – la pobre Helena puso todo su empeño en sonar fría y no atemorizada.

-Sois una mujer de continuos errores, Helena… ¿Es que no aprendéis a no enamoraros de la persona equivocada?

Diciendo esto, el ensangrentado fantasma levitaba a su alrededor y Helena sintió un profundo escalofrío, por primera vez en incontables años.

-No sé a qué os referís.-la voz de la pobre Helena sonaba de todo menos convincente, provocando una carcajada del siniestro Barón. Una carcajada que hizo retumbar el castillo.

-Enamorada de un vivo… Sois patética. Enamorada de alguien que jamás os va a corresponder, ni aunque quisiera hacerlo. Sí, helena, he estado observando…. Y por cosas así, no sois digna hja de vuestra madre…

-¡No mencionéis a Rowena! –bramó el fantasma, colérica. No estaba segura de si su rabia se debía a lo dicho por el Barón o porque no soportaba que mancillara así el nombre de su madre una boca tan sucia.

Sorprendentemente, el siniestro espectro guardó silencio. Pero apenas segundos. Vivo o muerto, el llamado ahora Barón Sanguinario era una figura violenta. Motivo por el cual, lleno de rabia, se abalanzó sobre Helena, agarrándola del cabello.

Los fantasmas y los humanos no pueden tocarse, pero entre fantasmas, estando hechos de la misma materia, podían llegar a hacerse verdaderas incomodidades.

Y Helena sentía una considerable en aquellos momentos. De miedo y por la fuerza empleada por el otro fantasma.

-No… volváis a gritarme, niña estúpida.- dijo él entre dientes, provocando gemidos de dolor en Helena.

Estando así, y tal vez por pavor, la joven visualizó su muerte una vez más. La misma sensación, de impotencia y debilidad. El Barón tenía ventaja física, sí. Pero ella contaba con una mayor, no podía morir de nuevo.

-Te… tenéis envidia –musitó ella, con un hilillo de voz.

- ¿Qué?

-Tenéis envidia de él… Porque yo en vida jamás quise pasarun minuto con vos, maldito enfermo obsesivo.

- Qué decís….-debilidad.

-Nunca he sentido, siento, ni sentiré por vos lo que siento por Severus. Y eso os corroe…porque tenéis constancia de que es absolutamente cierto.

-No… habléis… ¡más!

Ganas de llorar, por parte de los dos.

-Sois ridículo, Barón. Me dais lástima…

-Os mataré del todo, Helena Ravenclaw… ¡Juro que…!

-¡Eh! –una voz masculina los detuvo a ambos.

Con la varita enarbolada y gesto serio y confiado, se encontraba un prefecto de séptimo curso que Helena reconoció como Lucius Malfoy.

Sintió alivio. Lucius siempre se portó bien con Severus.

-Es usted pésimo cortejando, Barón Sanguinario.-diejo el joven rubio, serio. No dejaba ver lo sorprendido que estaba de oír hablar al arisco fantasma.

-Lárgate de aquí, humano.

-En cuanto suelte a la Dama Gris. No parece estar cómoda en su presencia.

Helena forcejeó inutilmente. El Barón no soltaba.

-¿O qué…?

-Daré parte al director. No sin antes haberlo petrificado por problemático.-tenía preparada su respuesta.

Eso eran palabras mayores. Despetrificar a un fantasma era una tarea costosa.

Helena era libre, y el Barón tardó poco en escabullirse.

Avergonzada, murmuró un "gracias" y se encaminó a desaparecer del lugar lo antes posible.

Él la detuvo.

-Helena, ¿verdad?

El fantasma se giró, con sorpresa. No estaba acostumbrada a oír su nombre de otro que no fuera Severus.

-Así es.

-Severus me lo contó.. Habla de ti… Dejemoslo en mil veces al día.

Helena sonrió muchísimo, sin rastro de miedo ni vergüenza. Lucius sonrió también, educado.

-Tú eres Lucius Malfoy, ¿verdad? Severus también habla de ti. Y de… Narcissa, ¿se llama así?

El joven volvió a sonreír con orgullo cariñoso.

-Tiene ganas de conocerte también. Dice que le encanta tu vestido.