Capítulo 9: Lo diferente da asco.
- Lily, ¿a quién buscas?
La voz de James Potter llegaba a ser irritantemente arrogante.
-A Severus, hace días que lo veo sólo de pasada y quiero hablar con él. Parece nervioso, me preocupa.
Pelo Azabache resopló de forma exagerada, provocando que varios mechones de su flequillo desordenado revolotearan.
-Tengo una pregunta, ¿por qué sigues siendo amiga de Snivellus? En serio, ¿qué le ves a alguien que parece un alma en pena?
-Para empezar, no lo llames así. Es un mote cruel. Y en segundo lugar, es amigo mío. Lo es desde antes de entrar aquí. Que a ti no te caiga bien me trae sin cuidado.
Lily Evans no era la única que había visto poco a Severus aquella semana. Lucius y Narcissa también le perdían la pista continuamente. Al igual que Helena, pero el fantasma no le veía por voluntad propia.
Desde que acordaron hablar el uno con la otra, tanto Severus como Helena se habían estado evitando. Parece evidente que aún habiendo accedido a hablar, no acordaron cuando. Y aquello derivó en dejarlo y dejarlo para otro día, durante toda una semana. Ninguno de los dos frecuentó sitios comunes durante siete días.
Helena no salió apenas de la sala común de Ravenclaw, ni Severus de la de Slytherin.
Pero hay que saber que las águilas son menos cabezotas que las serpientes. Y al final, fue Helena la que decidió dar el primer paso e ir a hablar con él.
Estaba tan nerviosa, que sentía cosas físicamente imposibles, como mariposas en el estómago. Sin embargo, el fantasma no escogió el momento propicio, para decidirse a hablar con Severus. Y en cuanto se encontró con él, en uno de los amplios pasillos de Hogwarts y se dispuso a llamarlo, alguien se le adelanto por un segundo.
-Sever…
-¡Sev! –exclamó Lily aproximándose al muchacho. James Potter a su espalda, con cara de aburrimiento.
Severus parecía sobresaltado, pero recibió el saludo serio.
-Buenos días, Lily…
-¡Al fin te encuentro! –exclamó la muchacha con una sonrisa radiante.
-He estado estudiando…. –respondió el chico. Pareció sonrojarse con esa sonrisa. -¿Vienes a comer? Me apetece estar contigo….
Helena, que estaba de espaldas a los tres, frunció el ceño. No, de eso nada, ahora que se había atrevido a hablar con él.
-¿Qué hace aquí Potter? –inquirió Severus, ceñudo.
-Cazar dragones, Snivellus…
-James, vale ya. Ven, Sev…-dijo Lily, enganchándose a su brazo- Vayam….
-Severus. –llamó Helena aproximándose. Se juntó tanto a Lily, que la chica soltó a Severus de la impresión. Haciéndolo adrede, claro.
-¿Helena? –el chico parecía tan poco preparado para el encuentro, como el fantasma.
-¿Podemos hablar?
Antes de poder si quiera abrir la boca, Pelo Azabacha ya había soltado una carcajada.
A cambio de tran estridente gesto, recibió tres miradas ceñudas.
-Vaya Snape, así que es cierto….
-¿De qué demonios hablar, Potter? –preguntó Severus con rencor profundo en la voz.
-Que eres tan pésimo relacionándote con la gente viva, que te vas con los muertos.
Helena se quedó boquiabierta. ¿Cómo se atrevía aquel mocoso bravucón…?
Severus estaba perplejo también.
-¿A ti qué te importa lo que hago o dejo de hacer? Céntrate en el quidditch, el cerebro no te da para más.
La Dama Gris quiso intervenir, pero Lily volvió a adelantarse.
-James, eres muy desagradable. –comentó primero al arrogante Gryffindor, quien respondió con una sonrisa de suficiencia.- Y tú, Severus, sabes que soy tu amiga y te aprecio, pero sí que es cierto que relacionarse con… Espíritus, no está siendo bien visto.
Eso era ya el colmo. El colmo que acabó con la paciencia y amabilidad infinitas de Helena. Antes de que Severus pudiese replicar, cn el entrecejo exageradamente arrugado, Helena saltó:
-Al menos se está relacionando con alguien dispuesta a apoyarlo en todo. SIN excepciones y a preocuparse por él.
Ninguno se esperaba esa respuesta del tranquilo fantasma. Pero Helena se había mosqueado de verdad.
Sin embargo, como buena Gryffindor, orgullosa y competitiva, Lily no iba a callar ante la rebelión de Helena.
-Si tanto te preocupa y te consideras su amiga, deberías saber que no le ayudas juntándote tanto con él. No eres una buena influencia, Dama Gris. Ni tú, ni los Slytherin con los que se junta últimamente.
Helena estaba, literalmente, furiosa. Y sin duda, dispuesta a dejarlo todo claro, sacando su lado más Slytherin.
-Eres una hipócrita, niña. Hablas de buenas y malas influencias, cuando tú te ves con alguien que le hace la vida imposible a Severus. –replicó el espectro mirando a James con desprecio.
Este estaba tan embobado con la disputa, que ni se molestó en contestar. Severus, por el contrario, callaba por mera incomodidad. Sus dos mejores amigas gritándose no era una imagen agradable.
Lily se había puesto del mismo color que su pelo.
-¡Al menos yo intento relacionarme con gente que no son ni fantasma, ni interesados en magia peligrosa!
La Dama Gris parecía a punto de estallar. Se estaba poniendo de un color grisáceo oscuro, que tendía casi a negro.
-¡Bonita forma tienes de relacionarte, Evans! ¡Besándote con este arrogante!
Silencio. Caras de desconcierto. Horror e incredulidad.
Helena sonrío triunfal, había ganado con el golpe más duro.
Severus balbuceó.
-Lily, ¿qué…?
-Los vi el otro día, Sev. No quise decirte nada para no herirte. Pero está claro que las cosas acaban saliendo a la luz.
Severus se había puesto del color de la cera. Escuchaba a Helena sin dejar de mrar a Lily, ojiplático. No podía creerse que ella, su mejor y más antigua amiga, le hubiese hecho eso.
La cara de Lily era un poema. La de James, mostraba una leve sonrisa despreocupada.
-¿¡Cómo has podido espiarnos! –acabó por reprochar Lily, con una mezcla de ira e incredulidad en la voz.- ¡Es…es… una falta de respeto!
-No me hables de respeto en esta situación, sangre sucia.- respondió Helena, con asco en la voz.
Jamás le había importado el estatus de sangre de un mago, no como a sus padres. Pero la parte Slytherin del fantasma había aflorado, y atacaba.
Tanto Lily como James enmudecieron ante ese insulto. Llamar así a alguien era gravísimo.
Por una milésima de segundo y con los ojos verdes anegados de lágrimas por el orgullo herido y la situación en su contra, Lily buscó el apoyo de Severus con la mirada.
-Sev…
Pero Severus estaba tan furioso como lo estaba Helena. No quería, no podía creerse que la chica de la que llevaba años enamorado se hubiese besado con Potter. Con alguien tan cobarde y despreciable como Potter.
Sentía demasiadas cosas. Repugnancia, ganas de llorar, de destrozar cosas, de salir corriendo. Y ni los ojos de Lily podían apaciguar tantísimo… Asco.
-Helena tiene razón…-habló al fin, con voz ronza- Eres una hipócrita sangre sucia.
Y toda la amistad derrumbada. Y Lily echó a correr, y James la siguió y…. Y todo dio un giro de 180 grados… Pero para Helena.
Contarlo al detalle nos quitaría demasiado tiempo, pero digamos que Severus recapacitó sobre lo que había perdido con esas palabras y corrió a suplicar el perdón de Lily, que se lo negó firmemente.
James había ganado, y él volvió junto a Helena, casi llorando, enfurecido.
-Todo ha sido tu culpa, Helena.
-Pero… Severus..
-La he perdido por tu culpa, y sabías lo que Lily sgnificaba para mí. Te creía sensata, podrías haber impedido la pelea… La he insultado por tu culpa.
No me convienes Helena… Lily tiene razón. No me haces mejor, no me ayudas. Somos tan diferentes que me asquea.
Y tras palabras en vano de la Dama, Severus giró sobre sus talones como tenía costumbre hacer, y se alejó sin querer escucharla.
Los dos habían perdido algo muy importante.
Y Helena se refugió en la Sala Común de Ravenclaw, donde la única compañía que encontró fue la de la estatua de Rowena. La miraba con los mismos ojos fríos que tenía en vida.
-Todo esto es culpa tuya…-espetó el fantasma, incapaz de llorar y deseando hacerlo por encima de cualquier otra cosa. –Todo es culpa de los dos…. ¡¿Por qué cometistéis un error así? ¿¡Cómo te resignaste a ser tan mala madre!
La estatua respondía con inexpresividad fría de marco y una cara hermosa e intimidante.
Helena se sintió aún más ridícula por gritarle a algo que mostrará tanto sentimientos hacia ella como había hecho Rowena años atrás.
Se sentó junto a ella. O lo que sea que hacen los fantasmas para sentarse.
-Tal vez Severus tenga razón, y seamos tan diferentes que estar juntos de… Asco.-aquello dolía, como un puñal en plena espalda. Recordaba su voz diciéndolo.-Tal vez su lugar esté junto a esa "Señorita Vivaz" –dijo, con retintín- Con sus sonrojadas mejillas y su… Palpitante corazón.
Silencio. Miró a la Rowena de mármol, que tenía la vista en el suelo.
-No me vas a dar soluciones, madre, ¿verdad? Tú nunca has sido la respuesta a nada.
Y dejó sola a la estatua, atravesando la pared, en dirección a cualquier sitio que no le recordara ni a su vida, ni a su muerte.
De la autora: De nuevo, siento la demora publicando más capítulos y además, haciéndolo de uno en uno. Estoy liadísima y con falta de inspiración estos días :S
Aún así, os agradezco a todos: Lils, Aroa, Iss, ana, Samantha, Herla-king, Ai-chanosa y RadioActive Shev vuestros comentarios. Me alegra muchísimo que disfrutéis con la historia :D
