Capítulo 2: Sobre el Amor y el Egoísmo

¡CRASH!

Me lancé enfurecido contra la maldita máquina, el mejor carro de mi colección, mi Aston Martin Vanquish v12.

Uno, dos, tres... Golpeaba el metal abollándolo, atravesándolo hasta dejar la carcasa irreconocible. Quebré los vidrios, haciendo volar pedazos en todas direcciones y con mi mano los tomaba a puñados y los convertía en polvo. Enterré los dedos en lo que quedaba de la brillante cubierta y como si fuera papel la arrancaba en tiras. Las piezas del poderoso motor ahora estaban al descubierto, las iba arrancando sin consideración y convirtiéndolas en chatarra dentro de mi puño. Las mangueras rotas echaban chorros de aceite y gasolina que saltaban sobre mí, se sentían casi como agua. Estaba a punto de comenzar a destrozar el esqueleto metálico cuando fui interrumpido.

"Edward, ya basta! A la pobre cosa ya solo le quedan las llantas!" escuché la voz de Emmet atrás de mí.

Yo no le volteé a ver. Comenzó a respirar pesadamente, sentía las ansias destructivas dentro de mí. Traté de ignorar a Emmet y continuar con lo que hacía.

Arranqué lo que quedaba de la defensa del carro y como si fuera un bate comencé a azotar lo que quedaba del pobre automóvil. Con cada golpe se compactaba y pequeñas piezas de metal salían disparadas de él. Continué haciendo esto hasta que el depósito de gasolina estalló.

"Wow, wow!" exclamó Emmet, echándose para atrás al ver al ver una llamarada surgir del carro "Suficiente Edward, baja eso, le sacaras un ojo a alguien..." dijo acercándose para arrebatarme la defensa del carro de las manos. En cuanto se apoderó de ella la dobló y la lanzó a varios metros.

Yo no le dije nada ni me opuse, estaba totalmente absorto contemplando al Aston Martin consumirse en las llamas.

"Bueno... si ya terminaste con eso..." dijo Emmet tomándome por el hombro y volteándome hacia él casualmente "te venía a invitar a cazar un rato, porque veo que ya te hace falta. Las primas me estaban contando de un buen sitio donde podemos encontrar unos osos negros enormes, los más feroces de Alaska" aplaudió y luego se frotó las manos con anticipación. Pareció desesperarse un poco ante mi falta de entusiasmo "Vamos, Ed, será divertido. Que dices, un par de osos para cada uno?" Hizo un gesto de que luchaba con un oso invisible y luego me dio una palmada en el hombro para animarme a responder "¿O que, planeas seguir con el Volvo?"

"Lo siento, Emmet. No tengo mucho apetito" le mentí. Él hizo una mueca y puso los ojos en blanco.

Dio un suspiró exasperado y pasó su brazo sobre mis hombros, haciéndome caminar con él lejos de la pila de chatarra humeante que había sido mi auto de lujo.

"Mira, hermano, si quieres destruir tus carros, esta bien; tu colección de discos, bien; tu cuarto, perfecto. Ja! Sabes que siempre estoy a favor de meterle unos buenos golpes a las cosas para sacar la tensión... pero forzarte a no comer?" todo esto lo decía en un tonó de hermano mayor responsable que no era muy común oír usar a Emmet "Cuantas semanas hace ya que no haz comido, Edward? Eso no esta bien, no pruebas nada haciendo eso. Lo único que logras es preocuparnos a todos y lo único que pruebas es que eres un idiota." En su mente pude ver recuerdos de la familia reunida hablando sobre mí, sus rostros afectados y preocupados por mi comportamiento.

"No quiero probar nada" dije meneando la cabeza de un lado a otro lentamente. Traté de ignorar las imágenes de la mente de Emmet "Simplemente me lo merezco. Le mentí a Bella y la hice sufrir. Merezco sufrir de igual manera. Merezco ser miserable. Es lo justo."

"Mírate, hermano. Creo que ya cumpliste tu cometido. Ya te vez lo bastante miserable, no crees?" comentó Emmet que señalaba a una de las ventanas de la casa del clan de Denalí.

En la ventana, me vi a mi mismo reflejado con una mirada lívida, mi cabello y mi ropa estaban hechos un desastre por la gasolina y el aceite. Incluso la piel blanca parecía sucia y oscurecida. Mi mirada parecía demente y los ojos estaban negros y ensombrecidos por la falta de alimento.

Rosalie, a quien podía ver por la ventana sentada en un sofá, volteó a verme e hizo una cara de disgusto, se levantó y se fue. Pude leer en su mente algo sobre la vergüenza ajena.

Rose se preocupa por ti, pero ya la tienes un poco harta. Ya sabes como es. Pensó Emmet en lugar de decirlo en voz alta, de manera que su comentario quedaba en privado entre nosotros dos.

Más allá del sofá donde estaba sentada Rosalie pude ver a Esme organizando unas muestras de telas sobre una mesa, tratando de no lucir demasiado obvia que nos estaba observando. Podía sentir en su mente su amor y su preocupación de madre.

Sacudí la cabeza enérgicamente. De repente me pareció totalmente insoportable mi poder de leer la mente, el poder percibir de una manera tan palpable todo el cariño que profesaba mi familia hacia mí. No lo quería, no lo merecía.

Caminé unos pasos hacia adelante para zafarme del brazo de Emmet y luego eche a correr. Me fui lo más rápido que pude temiendo que Emmet pudiera seguirme. A unos cuantos kilómetros más abajo en la montaña, me detuve.

Miré a mi alrededor tratando de despejarme un momento. A pesar de la carrera, aun me hallaba a bastante elevación, podía ver desde aquí las colosales nubes sobrevolando el valle, cruzándolo hasta impactarse con las montañas opuestas. Más allá de las faldas nevadas de la montaña, los ríos se derretían formando diversos caminos que llevaban hasta lagos de aguas azul verdosas, a su alrededor se levantaban largas praderas alfombradas de hierbas enanas, ni un solo árbol se levantaba sobre estas hasta donde alcanzaba la vista. Esta superficie árida de la tundra, aunque hermosa a su propia manera, palidecía ante los frondosos y eternos bosques de la Península Olímpica. Mi mente de inmediato voló hasta allá, sobre los arboles gigantes parados firmes y orgullosos sobre las rocosas e irregulares superficies. Gigantescos pinos, impasibles como guerreros ante el clima, fuese viento, nieve y lluvia. A sus pies, la vegetación invadía cada rincón que se le permitía. En medio de aquella tierra fértil se encontraba la ciudad de Forks... y en ella se hallaba...

Por fin te encuentro.

El sonido de un pensamiento muy cercano me sacó de mi ensueño. No era Emmet esta vez.

"Tanya" dije, solo para afirmar que reconocía su presencia.

Ella se encontraba a unos 20 metros más arriba en la ladera, le tomó un segundo llegar a donde yo estaba.

Es hermoso, verdad? Pensó Tanya parándose a mí lado a contemplar el paisaje.

"Lo es" respondí sin mucha emoción.

Levantó su mano señalando un punto en la pradera donde se distinguían un enorme grupo de animales moverse, a esta distancia parecían hormigas. A que puedo atrapar a ese caribou antes de que tu logres llegar. Apuesto a que no eres tan rápido como siempre presumes Dijo poniéndose en la pose de corredora, luego soltó una risita.

"No, gracias" dije secamente.

"Edward tiene miedo de que le gane una chica?" dijo ella haciendo un rostro de puchero tan fingido que me hizo sonreír.

"Sabes que no puedes ganarme" Le dije sonriendo orgulloso "Emmet te envió?"

"No puedes culparlo por intentarlo, esta preocupado por ti." admitía ella.

"No le hagas caso. Estoy bien solo" le dije borrando lo que quedaba de mi sonrisa. Ella no pareció perder su alegría.

"Vamos. No te molestara que me quedé viendo el paisaje contigo. Nada de comer Caribúes" dijo haciendo una seña de que lo juraba.

"Supongo que no..." le dije sin muchas ganas.

Nos quedamos mucho tiempo en silencio, observando a las manadas de caribúes correr por las praderas. Había miles de estos animales. Me distraje a mí mismo contándolos y pude distinguir al menos 16,042 individuos antes de que desaparecieran todos en el horizonte.

Nunca te he visto tan mal, Edward. Me duele verte así. Dijo Tanya en su mente. Estaba consciente de que ella me había estado observaba de reojo todo el rato, pero decidí ignorarlo.

"No es de la incumbencia de nadie más que mía" dije con un poco de enfado. Comenzaba a desear que Tanya se fuera. Podía sentir sus pensamientos revoloteando alrededor de la idea de convencerme de volver a la casa.

No puedes quedarte todo el día aquí viendo caribúes pensó Tanya.

"Si puedo, el paisaje es hermoso ¿recuerdas?" insistí con un tonó grosero y terco.

Tanya volteó a ver a la pradera de nuevo y sonrió. El paisaje es aún mejor desde la azotea de nuestra casa. Tenemos la mejor vista de Denali.

Su alegría e insistencia estaban comenzando a hacerme perder la paciencia. No quería la belleza del paisaje ni la compañía de mi familia. Quería estar solo y sentir este sufrimiento, castigarme por lo que había hecho.

"Veté" le dije sin voltear a verla. Ella suspiró, pero no se movió.

Vamos a casa Edward. Todos están preocupados por ti.

Sentí la mano de Tanya buscando la mía, pero yo la retiré y la escondí en el bolsillo de mi saco.

"Fue un error venir aquí" dije alejándome de ella a través de la nieve. No quería que nadie intentara calmarme, y más que nada no quería verme reflejado en sus pensamientos. No quería ver a ese Edward que ella imaginaba, el Edward que merecía compasión.

Aceleré el paso esperando que ella entendiera que no quería su compañía, pero pude ver en su mente que me venía siguiendo a cierta distancia.

Cuando estaba muy cerca de mí, cerró los ojos y se dejó guiar por el sonido. Sabía que me costaría más trabajo calcular cuando esquivarla si no podía ver lo que ella veía.

Cuando estaba pensando en cómo perderla, se lanzó contra mí, los dos caímos por la falda de la montaña cubierta por nieve, rodando colina abajo mientras yo intentaba liberarme sin lastimarla. Cuando al fin caímos hasta una zona menos empinada, me quité a mi prima de encima de una patada en el vientre y me levanté para huir, pero antes de que pudiera darme la vuelta ya la tenía colgada de mi brazo izquierdo como un ancla. Volteé mi rostro abruptamente hacia ella y le siseé mostrando los dientes en señal de advertencia. Decidí que no me importaría herirla un poco si con eso conseguía mi libertad.

A pesar de mi actitud agresiva ella no me atacó, ni se mostró defensiva. Me miró fijamente sin dejarme ir. Espera, por favor. Solo escúchame. Luego te dejaré hacer lo que quieras, puedes irte a donde quieras. Yo distraeré a Jasper por ti, pero déjame hablar.

Sabía que Alice había mandado a Jasper a cuidar que no intentara nada precipitado. Estos días ella había sido constantemente invadida con visiones de mi futuro incierto, no todas de ellas agradables. Jasper me seguía el paso a donde iba, desde la distancia, sus pensamientos eran lejanos y trataba de mantenerse distraído para que no lo descubriera, pero sabía que estaba allí y sabía que estaba listo para detenerme si intentara escapar. Y a pesar de que yo soy más veloz, Jasper contaba con la ventaja de Alice.

Me relajé un momento, considerando la proposición de Tanya, quizás si necesitaría a alguien que distrajera a mi hermano para escapar.

Al ver mis facciones relajarse, Tanya me soltó el brazo. Los dos nos quedamos parados un momento en silencio, uno frente al otro, estábamos hundidos hasta la cintura en la nieve, pero no podíamos sentir el frio.

"Habla entonces" le dije con hostilidad e impaciencia.

Ella caminó hasta una saliente rocosa que se veía sobre el mar de nieve. Era una enorme roca oscura que se levantaba más grande que la altura dos hombres. Tanya dio un salto para subirse y se sentó. Hizo una seña cuando vio que yo no subía. Le obedecí, pero no me puse a su lado sino un poco más alejado.

Pude ver en su mente una repentina carrera de pensamientos. Estaba decidiendo que decir.

"Okey, déjame entender primero la situación" dijo al fin. Luego continuó hablándome en su mente Porque vinieron aquí, porque hay tanto conflicto, Edward? Que es lo que te tortura tanto? Que ocurrió exactamente?

Sin muchos detalles le relaté lo sucedido en el cumpleaños de Bella. Le hablé de mi decisión de alejarme de ella, y le hablé de como la terminé hiriendo con mi indiferencia y como tuve que asegurarme ser definitivo con una mentira: que ya no la amaba.

Dices que temes por tu familia y por la seguridad de ella. Pero creo que ella estaría más segura cerca de ti... la vida humana es tan frágil...

Yo negué con la cabeza "No soy como ustedes, Tanya" ella y sus hermanas sabían, al igual que yo, lo que era desear a un humano por algo más que su sangre: por su alma y su cuerpo "No tengo el autocontrol necesarios. Si dejara que esto siguiera, estoy seguro que terminaría perdiendo el control y jamás podría perdonarme si fuera yo el que acabara con su vida."

Yo creo que eres lo suficientemente fuerte para resistirlo. Te he visto hacer sacrificios increíbles en el pasado por motivos menos importantes dijo Tanya

"También he perdido el control por motivos aún menos importantes" respondí yo con amargura recordando antiguas victimas de mis años en los que me separé de Carlisle.

Transfórmala dijo ella, se imaginó de inmediato cual sería mi respuesta.

"Veo que sabes lo que pienso al respecto. Sé que para mi familia, para todos ustedes, suena absurdo pero para mí convertirla en vampiro es lo mismo que sacrificar su alma o su vida por mi propia felicidad" Sentí su desaprobación a esa idea, ninguno de ellos compartía mi manera de pensar, pero eso no cambiaba nada "Es un precio muy alto que no estoy dispuesto a pagar. Prefiero..." pensé un momento recordando lo que había querido para Bella desde el principio, cuando trataba de asustarla para que se alejara de mí "...Prefiero que encuentre a alguien que le dé una vida feliz y completa. Una vida humana que yo no puedo ofrecerle."

Que tal si ella no quiere esa vida, Edward. Que tal si lo que ella quiere es solo a ti?

"Tal vez eso piensa ahora..." un débil suspiro se mezcló con mis palabras "Con el tiempo se olvidara de mí. En un par de décadas yo solo seré una historia que no contara a nadie porque le será difícil creer que siquiera paso, solo una fantasía de juventud..." Estaba totalmente convencido de esto. En mi vida había visto demasiadas mentes humanas, sabía que eran cambiantes y sabía que los recuerdos, incluso los más preciados, podían llegar a desgastarse.

Subestimas los sentimientos humanos... quizás llegara a amar a alguien más, pero eso no significa que se olvidara de ti En ese sentido Tanya era la única que podía comprenderme. Ella también conocía el poder de los sentimientos humanos y no los despreciaba como inferiores.

"Eso es aceptable. Pero no cambia mi postura. Deseo que viva una vida humana, y eso solo puede ser si no vuelve a verme" repetí neciamente.

Tanya se puso de pie sobre la roca y con una mirada distraída contempló el paisaje.

Esta bien. Tú no regresas a Forks. Bella encuentra la felicidad con uno de su misma clase. ¿Qué pasa contigo entonces?

"Nada. ¿Qué hay de mí?" le dije un poco desconcertado. No me parecía una pregunta importante.

Puso los ojos en blanco. Y es por eso que todos aquí, yo y tus hermanos, no te dejamos nunca en paz, Edward. También es importante lo que te suceda a ti. Vas a seguir sintiéndote miserable por el resto de tu existencia? Vas a seguir buscando maneras de torturarte? Vas a seguir sin comer por la próxima centuria? Se sonrío un poco Vas a comprar todos tus automóviles favoritos para hacerlos pedazos?

Yo no compartí su sonrisa. Era mi deseo hacerme daño, era mi castigo. Pero cuando se trata de los inmortales no es tan fácil cumplir ese deseo, por eso había destruido todos los objetos materiales que me importaban. Me merecía ese dolor.

"Porque te hagas sufrir a ti no va a cambiar nada." dijo en voz alta. Luego continuó en su mente Piénsalo de esta manera, si ella hubiera hecho lo mismo que tú decidiste hacer, por razones similares... te haría sentir mejor que se castigara a sí misma, que fuera miserable, que intentara dañarse a ella misma?"

"Por supuesto que no!" exclamé sin siquiera pensarlo dos veces.

Ella tampoco debe desear lo mismo sobre ti. Querías que Bella pudiera tener una vida normal y feliz, pero ella no podría ser feliz a costa de tu propio bienestar. No es así como funciona el amor.

Lo que quedaba de su sonrisa desaparecía y puso una mirada severa.

Te alejaste para salvar su vida, para salvarla de convertirse en vampiro. Okey, eso tiene sentido. Pero quiero que aceptes que el torturarte a ti mismo no lo haces por ella. Ella no cree que lo mereces, si te ama nunca desearía que lo merecieras. El torturarte lo haces para ti, te gusta ser un mártir, Edward. Es un deseo egoísta, lo haces ignorando lo que ella desearía de verdad, que es tu felicidad.

Desvié la mirada de sus ojos acusadores. Me incomodaba escucharlo porque sabía que había mucha razón en sus palabras. Siempre me había sabido un egoísta. Era la principal razón por la que me había acercado a Bella, a esa humana que su sangre era más tentadora para mí que para nadie más. Cualquiera con un poco de razón que quisiera salvarle la vida, hubiera huido. Yo ya sabía de antemano que solo existían dos posibilidades para mí: que la asesinara o que me enamorara de ella, Alice había visto ambas posibilidades como reales, aun así me arriesgue... por mi propio interés.

Este era el resultado de ese egoísmo.

Cerré los ojos con dolor y arrepentimiento. Tanya tenía razón, aun cuando estaba convencido que había hecho lo correcto en abandonarla para salvarla, todavía seguía pensando solo en mi propio interés. Esta autodestrucción mía no era sincera, no lo hacía por Bella, este sacrificio inútil no corregiría todo el daño que le había causado. Era esclavo de esta maldita arrogancia que me había llevado a perturbar la vida de mi amada. Si hubiera tenido el valor de liberarme de esta sombra ególatra, Bella nunca hubiera tenido que correr ningún riesgo, su vida hubiera seguido un curso normal. No hubiera estado a punto de morir con James aquel día, no hubiera estado a punto de morir con Jasper esa tortuosa noche, nunca hubiera corrido peligro cada momento que estuvo a mi lado, no hubiera tenido que yo que mentirle en mi partida...

Tanto dolor, mío y de ella, que se pudo haber evitado. Tan simplemente, y aun así...

Sentí el arrepentimiento abrumarme y sin pensarlo me cubrí el rostro con una mano, un reflejo humano, inútil ahora que ninguna lagrima caería jamás de mis ojos. Tanya puso su mano en mi hombro.

"Si le das tiempo, podrás aprender a olvidar" susurró en voz alta.

Me descubrí el rostro y esbocé una sonrisa sin humor ante aquel consejo "Sé que eso es lo que le dices a tus amantes humanos... pero sabes cómo somos los de nuestra clase, Tanya. Los sentimientos de los vampiros no son caprichos pasajeros, el amor y el dolor no son algo que puedas simplemente olvidar."

"Créeme, yo lo sé" Dijo ella con cierta amargura. En su mente por un instante pude ver una imagen de mí mismo, pero la reprimió de inmediato. Continuó dirigiéndose a mí en sus pensamientos. Tienes razón... no podrás olvidarla nunca. Pero tienes que aprender a aceptar que ella seguirá viviendo, y que tú y ella no estarán juntos. Pero estará viva, y con un poco de suerte, seguro llegará a encontrar la felicidad otra vez. Y debes aprender que esa felicidad no será completa si tú la sufres.

Ella se había puesto en cuclillas sobre la roca, ahora estaba a mi lado. Me ofreció su mano "Regresemos a casa"

Una parte de mí no deseaba aceptar tan fácilmente, deseaba escapar y estar solo. Ansiaba sufrir. Pero otra parte había sido movida por los argumentos de Tanya, deseaba volver a aprender a ser feliz, deseaba dejar el egoísmo a un lado. Ahora solo era cuestión de decidir cuál lado ganaría.

Sentí a la distancia los pensamientos de Jasper relajarse. Debía estar con Alice, y probablemente me había visto tomar mi decisión.

"Esta bien... por ahora está bien. Vamos a casa"