Capítulo 3: Las voces más allá de la oscuridad

El día siguiente a la partida de Edward me desperté en el sillón de la sala adolorida y confundida, me tomó más de 10 minutos darme cuenta de que todo lo que había ocurrido no fue una simple pesadilla, que todo había sido real. La realización de ese hecho fue devastadora. Me sentí llena de temor y desolación.

En sueños seguí visitando aquel terrible bosque en el que estuve por varias horas la noche que Edward se fue, aquel del que no estaba segura si mis recuerdos eran todos sueños o realidades. Entre aquellos arboles solo quedábamos yo, la oscuridad y el silencio. En estos sueños, ya no intentaba buscar a la luz escondida más allá de la espesura como antes lo había hecho. Sabía que ya no había manera de encontrarla, no volvería. Me acurrucada sobre el suelo del bosque, frio y húmedo. De vez en cuando, como murmullos muy lejanos, oía voces que gritaban mi nombre. Ya ni siquiera podía recordar de quienes eran esas voces, no las reconocía. No tenía la fuerza ni el valor de cruzar la noche e ir a buscar a quien fuera que estuviese más allá de las sombras. Tampoco podía responderle, decirle donde me encontraba, mi garganta estaba ronca y adolorida. En aquel bosque, no solo se me había privado de la luz, sino también de la voz y de la fuerza. Ya no había manera de salir. Era imposible.

No había una noche que no tuviera ese sueño, al final siempre despertaba gritando.

Para mi desgracia, después de un tiempo mi pesadilla comenzó a escaparse a la realidad. La sensación de abandonó e impotencia estaban presentes siempre, ya no había distinción entre los días y las noches, no había refugio de las pesadillas en las horas de vigilia. Había días, cuando Charlie no me obligaba él mismo a levantarme para ir a la escuela, que me quedaba en cama, incapaz de ponerme en pie y caminar.

En la escuela, en el trabajo, en la casa. Todo el tiempo me sentía atrapada en la densa oscuridad, alienada del mundo exterior.

Una noche, mientras me hallaba recostada en mi cama intentando ahogar el dolor en mi pecho, llegó un momento en el que simplemente ya no pude más y fue como si me desconectaran. Me sentí petrificada, incapaz de moverme. En la pesadilla ya no intente buscar la salida del bosque, había perdido todo rastro de voluntad. El dolor emocional era constante, y el dolor de mi pecho iba poco a poco volviéndose insoportable.

Más allá de las sombras oía voces que hablaban. A Charlie lo oía frecuentemente, oí a Reneé, a mis amigos de la escuela... había más voces que aparecieron después, pero no todas las reconocí.

A veces trataba de responderles, pero no parecían ser capaces de escucharme.

Cuando no oía las voces que me distrajeran, me ponía a pensar y a recordar. Era muy doloroso acordarse de Edward y hacerme consciente de su ausencia. Recordar a los demás Cullen era un poco más fácil.

Descubrí que las pesadillas iban de la mano con mis sentimientos. Comencé poco a poco a formar una barrera alrededor de mi mente y mi corazón. Una muralla que me permitiera protegerme de mis propios sentimientos.

Me di cuenta pronto de que mi único deseo era que el dolor producido por el agujero en mi pecho se detuviera. Poco a poco fui recuperando la voluntad, y mi conciencia del mundo más allá de la pesadilla se volvió más clara.

Seguía atrapada en ese extraño estado de estupor, solo me abrí al mundo exterior lo suficiente para funcionar normalmente. Podía levantarme, ir a la escuela, trabajar. Ya no tenía ningún interés ni afición en nada, no había nada por diversión o entretenimiento porque temía que cualquier sentimiento pudiera hacerme caer de vuelta en aquel dolor.

Comencé a ir a la escuela otra vez regularmente. Mi desempeño académico comenzó a mejorar, al menos en cuanto a notas se refería. Los maestros poco a poco dejaron de referirse hacia mí en clase, o fuera de ella. Eso estaba bien, porque cuando estaba concentrada en no sentir nada me costaba trabajo comunicarme con nadie más.

Los días comenzaron a pasar para mí como largos periodos de estupor. A veces en casa, Charlie preguntaba acerca de mi día y yo era incapaz de responder porque las únicas recolecciones que tenía de ellos eran imágenes y sonidos vagos, como cubiertos por una niebla. Charlie también dejo de preguntar después de poco tiempo.

Me dormía lo más tarde posible, distrayéndome con tareas de la escuela y de la casa. Hubo días incluso que prefería no dormir en lo absoluto. Luchaba con mi cuerpo por mantenerme activa porque tenía miedo de ceder al cansancio, porque los sueños eran el único lugar donde no podía escapar del bosque de la pesadilla y del dolor del agujero en mi pecho.

Descubrí que podía levantarme y caminar a través de ese bosque, pero daba igual que si me quedará acurrucada, no importa cuánto me moviera, jamás parecía llegar a ningún lugar.

Cuando mi agotamiento ganaba la batalla volvía a hundirme en la oscuridad de mi bosque onírico, estos sueños seguían terminando entre gritos. Charlie ya no se molestaba en venir a auxiliarme, los gritos eran parte de la rutina. Cuando me despertaba muy temprano en la madrugada, me quedaba acurrucaba entre las sabanas un poco más, intentando imaginarme en esa oscuridad impenetrable del bosque de mi sueño, pero en lugar de quedar atrapada... quería disolverme en ella. Era un pensamiento extraño y muy mórbido, pero la idea de simplemente desparecer de la existencia era ligeramente más reconfortante que la idea de levantarme y afrontar la realidad de la ausencia de Edward...

El tiempo siguió su curso hacia adelante. Incluso pareció volverse aún más lento para mí, como una burla del tiempo mismo por haberle desafiado, por haber estado tan cerca de alcanzar la inmortalidad al lado de mi amado. Ahora con rencor por mi atrevimiento las manecillas del reloj me torturaban con su lentitud, en la que cada minuto parecía convertirse en una hora de la ausencia de él.

Una noche durante la cena, cuando yo intentaba concentrarme en la voz del comentarista de la televisión, Charlie alzó su voz y dijo:

"Ya es suficiente" golpeó la mesa para despertarme de mi estupor "No lo soporto más"

"¿Eh?" balbuceé.

"Ya no soportó verte así, Bella" explicó Charlie. Al ver que yo no respondía, se pasó la mano por la cara con frustración y dijo "Bella, tu mamá y yo estuvimos hablando la otra noche… y pensamos que tal vez te podría hacer bien ir a Jacksonville con ella"

"No me iré a Jacksonville, estoy bien aquí" dije con un tono inmutable.

"Solo por un tiempo. Para distraerte" insistió él.

"No… estoy bien" repetí.

Charlie tiró su cubierto en el plato, causando un pequeño estruendo.

"Basta de decir eso" aunque no elevó su voz, sonó estricto y un poco exasperado.

Mire a mi plato, que apenas y había tocado, tenía las manos bajo la mesa, de repente no podía dejar de acariciar mis dedos en un intento de distraerme. Me sentí incomoda. Como una niña pequeña recibiendo un regaño.

"No quería… tener que hablarte de esto…" Charlie continuó, su voz volvió a ser calmada, pero había un ligero tono de nerviosismo en ella "… pero El doctor Porter…"

"¿Quién es el doctor Porter?" interrumpí.

Charlie pareció desalentado.

"Te vino a visitar varias veces en el periodo que no quisiste dejar tu cama por varios días."

"El Doctor Porter dijo que si seguías sin presentar mejoras" Charlie continuó retomando lo que había estado diciendo "quizás necesitarías más ayuda…"

Charlie se levantó de su asiento. Con un movimiento lento sacó algo de uno de los cajones del mueble de la cocina y lo puso sobre la mesa junto a su plato. Era un frasco de medicinas.

"No estoy enferma ni tampoco estoy loca" dije subiendo demasiado el volumen de mi voz al darme cuenta de lo que sugería.

"No. Yo sé que no, Bella." tomó el frasco y pareció revisar la etiqueta "Hay mucha gente, que no esta enferma, que toma medicinas para superar este tipo de experiencias cuando se vuelven demasiado difíciles..." yo sabía que él nunca había estado de acuerdo con esa idea, los dos éramos del tipo de personas de los que sufren solos y sin ayuda. Era demasiado extraño oírlo hablar así, sonaba como un testimonial de un comercial de TV: ensayado y falso.

Me sentí muy molesta con Charlie de repente. No podía entender porque no podía dejarme sola con este asunto. Yo deseaba sufrir, era algo que había decidido que me merecía, él debía respetarlo.

Sentí que no quería discutir más el asunto, me pareció ofensiva la sugerencia. Sin decirle nada, ni voltear a verlo, me levante ruidosamente de la silla y subí corriendo a mi cuarto, luego cerré la puerta de un golpe. Aun así oí los pasos de Charlie al subir las escaleras.

Me senté en la cama con mi espalda contra la cabecera y me abrasé las piernas. Sentía el dolor del pecho aumentar, aunque solo muy tenuemente comparado con la intensidad con la que me ardía en las noches, cuando me sentía verdaderamente sola.

No entendía como podía sugerir curar este estado. Desde mi punto de vista, esto no era algo pasajero, no había luz al final de este túnel. Nadie en el mundo podía entender lo que estaba sintiendo, porque así de única había sido mi experiencia, era algo sobrenatural, me parecía inútil pensar que pudieran haber desarrollado un cura para algo que solo podía estarme sucediendo a mí.

"Bella, cariño, escucha..." podía oír claramente a Charlie hablando a través de la puerta cerrada "No te pido que te olvides de...de Edward, eso no va a pasar. Tampoco quiero que finjas ser feliz si no lo eres. No se trata de eso tampoco..."

Se detuvo, no estuve segura si estaba esperando una respuesta. Yo permanecí inmutable.

Me pregunté cuanto tiempo había estado escondiendo ese frasco. Me imaginé que él también había intentado evadir el tener que dármelo, él tambien quería pensar que podía superarlo yo sola. Pero yo había agotado su paciencia. Me sentí culpable.

"Mira… al menos déjame hablar. Sabes que no te voy a forzar a hacer nada que no quieras"

Suspiré, me levanté y abrí la puerta. Él estaba parado ahí, con un rostro muy serio, pero podía ver una arruga de preocupación en su frente.

"Bella…"

"Papá, estoy bien. De veras. Estoy bien" lo interrumpí, esperando poder terminar la conversación antes de que comenzara de nuevo "No necesita ayuda. De ningún tipo. Especialmente no de ese tipo"

"Bella. No" Charlie pareció muy frustrado "Basta de decir eso… Mira" Para mi sorpresa, Charlie me agarró por la espalda y me empujó hasta un espejo que estaba puesto en una pared de mi habitación. Ahí me sostuvo para que viera mi reflejo.

Mi rostro estaba aún más pálido que de costumbre, mis ojos estaban hundidos y marcados con sombras muy pronunciadas. La ropa me quedaba bastante holgada. Era fácil ver porque Charlie había reaccionado como lo había hecho, pero aun así me negué a reconocerlo.

"¿Que quieres probar, papá?" le dije, desviando la mirada. La verdad es que era difícil ver esa imagen.

Me soltó los hombros e hizo un gesto de que me sentara en la cama, él también se sentó y cruzó una de sus piernas poniendo su talón sobre la rodilla.

"Bella lo que yo quiero decir es que..." dejo de hablar de repente y suspiró, su mano restregó su cara, luego se detuvo un momento a la altura de la boca. Charlie no podía decidir cómo expresarse y se notaba que le costaba trabajo. Yo lo mire sin expresión "...debes intentar. Eres muy joven para esto, Bella... Eres muy joven para... abandonar tu vida por algo así. Esta bien sentirse triste, llorar, enfadarse... pero ese no es tú caso. Te comportas como si ya no sintieras nada... como si estuvieras..." se detuvo antes de terminar la frase "Cuando, algo así sucede, toma tiempo volver a la vida normal" noté que Charlie parecía hablar por experiencia propia. Sentí entonces remordimiento y me pregunte si habría sido así de horrible para él cuando mamá se fue, llevándome con ella "...Edward era parte de tu vida... pero no lo es todo, todavía habemos gente aquí que se preocupa por ti y te ama. Tu mamá y yo, para empezar..."

"Ya lo sé..." murmuré, negándome a verlo a la cara.

"...también Phil, tus amigos. También nos lastima a nosotros verte así. Si decides dejar de vivir, "

Estaba tan alterado que casi me pareció que tenía los ojos un poco enrojecidos, el mismo desvió la mirada.

"Por favor" suplicó y extendió su mano de nuevo y volvió a ofrecerme la píldora.

"No me gusta la idea de necesitar medicinas. No estoy enferma" repetí neciamente. La simple idea de depender de alguna sustancia para cualquier cosa me molestaba. Yo era de esa clase de personas que evadían los medicamentos si pensaba que no eran estrictamente necesarios. Dolores de cabeza, resfriados y trastornos intestinales los había sufrido y superado sin la ayuda de nada... aunque, cierto era que esto no se trataba un simple dolor de estómago, pero tampoco estaba lista para admitir que era algo que simplemente se pudiera curar con una píldora.

"Yo tampoco soy fanático de la idea, pero ya estoy dispuesto a intentar lo que pueda funcionar. El Doctor dice que no es físicamente adictiva, así que si la tomas por unos meses y vemos que no funciona nos olvidamos del ella y ya" agregó con un débil movimiento de la mano como si sugiriera que tiraba la píldora al suelo.

Volteé a ver la medicina y luego a él. Su rostro era serio pero podía sentir una tensión reprimida en sus facciones, le costaba mucho trabajo tener que pedirme esto con tanta insistencia. Él nunca había tenido que obligarme a hacer nada, nunca habíamos tenido muchos problemas, y dolía verlo tan afectado por esto.

Suspiré resignada, luego dije de mala gana "Esta bien... solo por un tiempo"

Tomé la píldora de su mano y simplemente me quedé viéndola por un momento. Sentí la mano de Charlie acariciar mi cabello.

"Gracias" dijo Charlie, una ligera sonrisa de esperanza de dibujo en su rostro.